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Sobre los verdaderos límites de la vida y la muerte humanas

25 marzo, 2014

alzheimer_2.0 diario de un ateo enfermedad conciencia muerte cerebroAhora que el expresidente de gobierno español Adolfo Suarez ha fallecido corporalmente es quizás hora de hacer una pequeña reflexión sobre conciencia, identidad, vida y muerte.

Adolfo Suarez llevaba padeciendo desde hace tiempo la terrible enfermedad de Alzheimer, de tal manera que desde hacía años su cerebro estaba destruido y no recordaba prácticamente nada de quién había sido, no reconocía ni a familiares, amigos o políticos con los que se ha relacionado durante décadas y era incapaz hasta de alimentarse por sí mismo. Es decir, que a efectos prácticos este político había fallecido hace años, puesto que únicamente era una pobre envoltura corporal vacía de todo lo que nos hace humanos: nuestros sentimientos, pensamientos, anhelos y recuerdos.

Por ello, quizás sea hora de que abandonemos esa arcaica visión sobre la vida y la muerte humanas, arrastrada de nuestro más remoto pasado y anclada en viejas y equivocadas tradiciones culturales y religiosas y empecemos a asimilar los descubrimientos de la neurología entendiendo que la vida humana está completa, exclusiva e indisolublemente unida a nuestro cerebro, de tal manera que cuando éste deja de funcionar y se degrada totalmente (fases avanzadas de Alzheimer, coma irreversible, etc.) la persona en cuestión ha fallecido de facto por mucho que nos duela. Y en ese caso, no deberíamos alargar innecesariamente el sufrimiento tanto del paciente como de sus allegados (familiares y amigos que le aprecian), porque si no con los cada vez más avanzados tratamientos y cuidados paliativos existentes en la actual medicina moderna puede que acabemos manteniendo una legión de cuerpos vacios carentes de toda sombra de humanidad, pululando cual zombis por hospitales y geriátricos sin futuro ni dignidad ningunos. Y yo personalmente no querría ser uno de ellos.

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  1. 25 marzo, 2014 en 9:05

    Bueno, yo tampoco querría ser uno de ellos, pero creo que, llegando a un punto tan dramático como el que relatas, cada uno debe tener la libertad de hacer lo que crea conveniente. Si el propio paciente, mientras comprende lo que se le viene encima, y posteriormente su familia quiere que el camino a seguir sea continuar hasta que el corazón se pare, no veo porqué alguien debe coartarle esa libertad.

  2. Aviador
    25 marzo, 2014 en 9:45

    Estoy de acuerdo con Manuel, pero además está el problema de que, ¿cuando podemos considerar que es lícito hoy y no ayer acabar con la vida de una persona con Alzheimer?.
    Pero Creo además que no hay nada de malo en mantener viva una persona, si por ejemplo, la persona está en un coma profundo, ¿que más da acabar con su vida si está no se entera de nada? Sin embargo contra más tiempo aguante más tiempo tiene la tecnología en encontrar un remedio para ese mal, los avances médicos van a nuestro favor.

  3. Pocosé
    25 marzo, 2014 en 10:16

    En cuanto a no alargar artificialmente la vida, cuando el afectado esta en condiciones de decidir no debiera plantear ningun problema etico.
    Pero la biología no es una ciencia exacta. Los problemas éticos empiezan a establecerse a medida que los limites empiezan a difuminarse, incluido el de la capacidad de decidir.
    Si me diagnosticasen alzheimer mi intención seria suicidarme, pero seria facil que se me olvidara hacerlo. Aunque hubiera expresado mi voluntad y la eutanasia activa no estuviera penada, le quedaría a quien me tutelase la penosa tarea de decidir cuando.
    En los dos casos en que he tenido que pedir a los médicos una sedación total (eutanasia activa neurológica) para mis seres queridos, la cosa estaba muy clara, aún así, siempre quedan dudas. En mi caso, afortunadamente, solo la de si haberlas adelantado unas pocas horas.
    Son muy complejos los casos que pueden llegar a darse.
    Lo que mas razonable y ético me parece es siempre ser generoso con los limites y evitar todo el sufrimiento que sea posible.

  4. Renzo
    25 marzo, 2014 en 10:22

    Coincido plenamente con la opinión de Manuel. Cada cuál debe poder elegir, sin interferencias ni sociales, ni familiares, ni religiosas, como quiere terminar su vida. Por eso debería hacerse el testamento vital y que tuviera valor legal.

    Saludos.

  5. 25 marzo, 2014 en 12:10

    Por supuesto que nadie debería (excepto los iluminados religiosos de siempre) cuestionar a estas alturas la existencia de testamentos vitales, pero aunque suene polémico lo que voy a decir, la idea de la entrada es otra tal y como he comentado. Y es que quizás deberíamos plantearnos aplicar los conocimientos de la neurología al derecho ¡ya!. Es decir, aprobar leyes en las que se establezcan límites razonables y tan amplios como se quiera, pero que delimiten cuando una persona ha dejado de serlo. Porque yo ahora que estoy sano no he hecho testamento vital, pero mañana tengo un accidente de tráfico y quedo como un vegetal irreversible y empiezan los problemas. Puede que mi padre o mis hermanos estén de acuerdo en desconectarme, pero a lo peor mi madre, mi pareja o uno de mis hijos son fundamentalistas vitales al estilo de los obispos y entonces ¿qué pasa? Largos enfrentamientos familiares y legales sobre un asunto en el que la ciencia debería tener la última palabra a través de los expertos.

    Y no me vale que un individuo diga que su “libertad de elección personal” está por encima de todo y a él hay que mantenerle conectado a un respirador artificial y a una sonda gástrica aunque tenga el cerebro licuado por la encefalopatía espongiforme o aunque lleve una década sin saber cómo se llama porque el Alzheimer ha llegado hace años a su máxima extensión. Ese individuo tenía unas ideas o creencias mientras estaba vivo cerebralmente, pero cuando ya no tiene cerebro no tiene idea o creencia alguna que defender, es decir que “está más muerto que la mojama” tal y como dice el dicho popular.

    Porque esa reticencia a legislar sobre el fin de la vida (cuando por otra parte hay miles de leyes sobre asuntos menos importantes) es simplemente una imposición del punto de vista religioso sobre la sociedad civil, imposición además basada en supuestas revelaciones divinas de una época en la que se pensaba que el corazón o el alma o vaya usted a saber qué eran los receptáculos de la conciencia y en donde el cerebro no era más que un bulto en la cabeza.

  6. Aviador
    25 marzo, 2014 en 12:46

    Si si, pero si ya es difícil poner frontera cuando es lícito que una mujer aborte y cuando ya no lo es, imagínate poner frontera a cuando aplicamos eutanasia y cuando no, pero además quizás alguien pueda decir que está sufriendo muchísimo en la vida y que su sufrimiento le crea un malestar tal, que, a su juicio es más conveniente que le ayuden a acabar con su vida que acabar con la vida de uno en coma profundo irreversible, en última instancia este no siente nada y el que sufre si.
    A mi juicio sino hay sufrimiento no hay que hacer leyes para aplicar en ese caso la eutanasia.

  7. 25 marzo, 2014 en 13:11

    Ateo, varios puntos:
    1. El negarse a redactar un testamento vital no está ligado necesariamente a una visión religiosa del tema. He oido a José Luis Sampedro (al cual no considero religioso) varias veces, cuando su salud declinaba fuertemente, afirmar que él no quería una solución final drástica para él mismo, sino que estaba dispuesto a aguantar lo que viniera.
    2. No veo porqué se ha de negar “una decisión personal”. Hay quien se suicida al enterarse que le viene algo incurable y que causa sufrimiento atroz, hay quien no quiere medicarse, incluso hay quien se hace congelar justo después de morir. Habrá quien esté de acuerdo, quien no lo esté o quien considere estrambóticas esas posturas. Para mí da igual, en ningún momento invaden mi libertad por lo que considero que dar a ellos la libertad de tomar esa decisión personal es jugar limpio con ellos.
    3. Ya hay testamento vital, ¿qué aportaría una legislación sobre el fin de la vida y en qué sentido la harías?

    PD: Si tú tienes muy claro tu decisión, escribe ya tu testamento vital, como dices no sabes lo que hay a la vuelta de la esquina. Si te pilla una desgracia tal como la que describes sin haberlo hecho no puedes responsabilizar a otros de lo que pase; igual ocurre con las herencias, si no hay testamento igual no se reparte lo que queda de la forma que le hubiese gustado al fallecido.

  8. Landman
    25 marzo, 2014 en 13:14

    Terminar con la Vida de otra persona, por muy mal que esté o sufra es simplemente asesinato, lo demás son formas de no querer afrontar la Vida por muy dolorosa que sea en casos extremos. Y un ser humano será un ser humano mientras esté vivo, sea en el estado que sea. Es lamentable leer cosas como las que ha escrito #5.

  9. 25 marzo, 2014 en 15:27

    Manuel

    Contestando a tus preguntas, por el mismo motivo que desde hace tiempo en los países civilizados la defunción la certifica un médico (y si es necesario un juez) y no depende de los deseos del futuro finado (a mí que nadie me entierre aunque me esté pudriendo que yo no me voy a morir nunca) o de los familiares y amigos (si nuestro padre está muerto ya, aunque todavía respire y empezamos a repartirnos la herencia o por el contrario la abuela sigue viva aunque no mueva un músculo ni se alimente desde hace años y seguimos cobrando la pensión de viudedad mientras aguante el ambientador de pino).

  10. 25 marzo, 2014 en 15:37

    Landman

    Entramos en el farragoso terreno de los absolutos: un zigoto es un ser humano con todos sus derechos inalienables, un enfermo terminal de Alzheimer sin neuronas es una persona aún cuando lleve décadas como un vegetal.

    Un “asesinato” (estaba ya tardando en aparecer la famosa palabra en estos comentarios) de un cuerpo vacío es muchísimo más ético y piadoso que condenar a una “vida” vacía, si se puede llamar vida humana a algo que tiene los mismos pensamientos que una ameba, porque pareces olvidar que perder el cerebro no es lo mismo que perder el bazo o un riñón.

    Y con respecto a tu dogmática e irracional frase de

    “Y un ser humano será un ser humano mientras esté vivo, sea en el estado que sea.”

    espero por tu bien de todo corazón, que no te encuentres nunca en la tesitura de tener que desdecirte de tus palabras.

  11. 25 marzo, 2014 en 15:47

    Ateo, un médico certifica si alguien está clinicamente muerto, gravemente enfermo o incluso terminal. Y pienso que es la persona más adecuada para ello. Pero, ¿qué relación tiene eso con lo que te he preguntado?

  12. 25 marzo, 2014 en 15:48

    Continuando con la contestación a Landman y entrando en el terreno de la ciencia ficción (pienso que no tan lejana) podremos llegar a un punto de desarrollo científico en donde en un enfermo terminal de cáncer por ejemplo, cuyo cuerpo presente metástasis incompatibles con la vida pero que mantenga sano su cerebro, en el que seamos capaces de extirpar el cerebro de ese cuerpo agónico y ser preservado en un entorno adecuado (con conexión de banda ancha a Internet incluso) y en ese momento muy probablemente la ley dictaminará que esos cerebros siguen siendo seres humanos con todos sus derechos. Pero un cuerpo sin cerebro nunca será un ser humano.

  13. Anónimo
    25 marzo, 2014 en 15:52

    Algunos ignoran que el cuerpo deja de vivir cuando el Alma lo abandona y no al revés, y ahora me podéis decir todo eso que repetís continuamente de que el alma no existe porque no se ha probado en laboratorio.

  14. 25 marzo, 2014 en 15:54

    Manuel

    Mis ejemplos iban relacionados con tus preguntas 2 (sobre la decisión personal de seguir “vivo” aunque tu cerebro se haya podrido) y 3 (sobre que aporta al testamento vital) y que debido a las cada vez mejores ayudas médicas, para no tener que acabar como comento en la entrada con hospitales y geriátricos llenos de zombis, porque si algo nos enseña la vida es que la mayoría de nosotros nos podemos agarrar a un clavo ardiendo para no reconocer la triste y dolorosa verdad de que mi padre o mi hijo ha muerto.

  15. 25 marzo, 2014 en 16:10

    Anónimo, creo que estamos intentando mantener una conversación entre adultos fuera de ideas esotéricas. Hablar sobre espíritus e un tema tan serio como éste me parece fuera de lugar.

    Ateo, dado que el Alzheimer es una enfermedad tan extendida (y cada vez más), supongo que lo habrás sufrido en tu familia o lo habrás hablado con otros familiares de enfermos. ¿Cuál crees que es la causa última de su apego al ser querido que ya no les reconoce? Sin querer obviar el sentimiento religioso que seguramente subyace en alguna persona, por encima de ello está la esperanza a que se encuentre una cura contra este mal. Desde el momento en el que un enfermo deja de reconocer a personas conocidas, hasta su fallecimiento pueden pasar años. Años que no son homogéneos, hay momentos de lucidez esporádica (y desgraciadamente corta) en medio de la niebla que te demuestran que lo que hay ante tí es un ser humano vivo. ¿Quién te asegura que en esos años no llega la solución? Esa es la esperanza por la muchos siguen luchando, y lo seguirán haciendo porque no creo que haya sistema judicial de un pais democrático que elimine esa facultad.

  16. 25 marzo, 2014 en 19:39

    Manuel

    En fases avanzadas del Alzheimer prácticamente no hay momentos lúcidos. Las personas se apegan al moribundo lo mismo que muchas personas son incapaces de reconocer hasta mucho tiempo después del fallecimiento que su familiar ha muerto aún cuando lleve semanas, meses o años enterrado. Sospecho que tiene que ver con la famosa disonancia cognitiva, que nuestro cerebro puede funcionar en modo multitarea manteniendo compartimentos estancos.

    Con respecto a la esperanza de cura hasta el último momento es básicamente porque no entienden el proceso y extrapolan los avances médicos de otros campos al cerebro. Cuando te estás muriendo porque te falla el corazón o el páncreas o lo que sea siempre puedes esperar un nuevo tratamiento médico que te salve susituyendo el órgano dañado, pero cuando tu cerebro está literalmente licuado

    quest2c

    no hay avance médico ni milagro que valga.

  17. 25 marzo, 2014 en 19:53

    No me había dado cuenta de anonimo #13 pero sobre lo que comenta siempre me he hecho una gran pregunta. ¿Porqué aquellos que piensan que van a vivir eternamente en el cielo maravilloso de su religión sea ésta la que sea son tan reacios a dejar esta vida, por otra parte tan llena de miserias y sufrimiento? Yo por mi parte si fuera creyente de verdad estaría deseando dejar este triste mundo.

  18. 25 marzo, 2014 en 20:04

    Ateo, el principal problema que tiene una postura radical es que no siempre hay fronteras. En el caso del Alzheimer, la capacidad cognitiva se degrada poco a poco y hay rebrotes de lucidez a veces. Como dice Aviador, ¿dónde ponemos la frontera?

    Si la persona ha dejado clara su voluntad antes de perder sus capacidades, el asunto está claro, pero si no, ¿qué criterio seguimos?

  19. greentip
    25 marzo, 2014 en 20:39

    Pues no, ateo. Los enfermos de Alzheimer no son carcasas vacías. No lo son, como tampoco lo son los comatosos, los que padecen otras deficiencias mentales severas o los drogadictos de larga duración bajo los efectos de la droga. Son seres humanos, y como tales, tienen el derecho supremo a la vida. Y hago las comparaciones porque en casi todos estos casos, la voluntad y el entendimiento está profundamente limitado, las probabilidades de mejora son escasas y suponen una “carga económica” (o incluso a veces un perjuicio) para la sociedad. El ser humano lo sigue siendo desde que nace hasta que muere, con las limitaciones o discapacidades que tenga o le sobrevengan.

    Por otro lado, a un enfermo de Alzheimer no se le deja morir en unas pocas horas retirándole el tratamiento médico, sino que para acabar con su vida habría que provocar activamente la muerte. Y la muerte no está prevista -que yo sepa- como tratamiento para nada, por lo que su aplicación NO PUEDE SER una decisión médica. Es una decisión puramente social o jurídica, y por tanto, debe atribuirse a quien pueda interpretar y aplicar la voluntad socio-jurídica (que en España sería un juez, supongo que con mecanismos para contar con la propia voluntad del enfermo o en su defecto de la familia y los informes médicos correspondientes). Los médicos no son los señores de las vidas de sus pacientes.

    Por último, el asesinato no tiene por qué tener motivos espúreos (dinero, venganza, machismo). Puede muy bien ser por compasión, que está bastante estudiado por la ciencia jurídica. Caso paradigmático es el de quien mata a una doncella para evitar su deshonra. El que mata cree (profunda y sinceramente) que la doncella prefiere morir a verse deshonrada. ¿Ves el paralelismo?

    Yo lo siento, pero este artículo me ha cabreado bastante.

  20. 25 marzo, 2014 en 23:00

    greentip

    Veo que no has entendido nada de la entrada. Si el cerebro está muerto, el individuo no existe y entonces ¿en donde queda el “asesinato”?. Todo lo demás es pura ceguera. Y si “los médicos no son los señores de la vida de sus pacientes”, entonces de facto esa responsabilidad (que se convierte en inoperancia) se traslada a personas mucho menos capacitadas y el sufrimiento individual del paciente y colectivo de quienes le rodean aumenta. Pero claro, con ello nos quedamos tan tranquilos cerrando los ojos y metiendo la cabeza debajo de tierra como los avestruces, a ver si con un poco de suerte el problema desaparece mientras repetimos el mantra de la “sacralidad de la vida”.

  21. 25 marzo, 2014 en 23:08

    greentip

    Por cierto deberías hablar con los familiares (algunos incluso creyentes) de esos enfermos totalmente degradados y entonces podrás observar (indignado por supuesto, faltaría más) como bastantes de ellos al ver el terrible sufrimiento de sus parientes y comprendiendolo en toda su extensión ruegan (por lo bajo, casi en silencio y sintiéndose fatal) para que su dios, la naturaleza o quien sea se apiade del enfermo y se lo lleve cuanto antes al otro mundo o que simplemente descanse en paz. Pero claro para ello hay que estar muy, pero que muy cerca de la situación. Así que tú a lo tuyo, no dejes de repetir siempre el mantra de la “vida es sagrada bajo cualquier circunstancia”.

  22. 25 marzo, 2014 en 23:41

    Es muy bonito y queda muy bien defender la integridad de la vida en todos sus aspectos y bajo cualquier circunstancia pero hay que bajar a la calle y observar que al menos en España las personas que se encargan de cuidar a los enfermos terminales son casi siempre amas de casa de pocos recursos, en edad de jubilación que después de décadas de trabajo (muchas complementado limpiando casas ajenas) están casi para empezar a ser cuidadas ellas mismas. Pero no pueden rendirse ya que deben cuidar a sus progenitores sin ayuda de nadie (porque ley de dependencia cero y lo de ingresarlos en clínicas especializadas ni soñar porque las públicas prácticamente no existen y las privadas son inalcanzables). Y van pasando los años, teniendo que levantar, lavar, limpiar, acostar y cuidar 24 horas al día a sus enfermos y poco a poco su salud tanto física como mental se resiente, pero como son así lo hacen en silencio a costa de todo y pase lo que pase. Y claro nadie se entera porque para eso hay que visitar los barrios más humildes de nuestras ciudades dormitorio, esos que solo salen en las noticias en la crónica de sucesos. Es tal y como comenté sobre las pomposas declaraciones del ministro Gallardón defendiendo que

    “hubiera tenido un hijo con malformaciones graves sin dudarlo ya que es una convicción personal.”

    que a lo mejor si él directamente cuidara año tras año cristianamente (pero eso sí con sus propias manos y su propio esfuerzo, sin ayuda de nadie) a un pobre niño de estos seguramente podría reflexionar sobre sus irrenunciables principios teniendo verdaderos elementos de juicio. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2013/12/los-irrenunciables-principios-del-nuevo.html

  23. Darío
    25 marzo, 2014 en 23:49

    Un “asesinato” (estaba ya tardando en aparecer la famosa palabra en estos comentarios) de un cuerpo vacío es muchísimo más ético y piadoso que condenar a una “vida” vacía, si se puede llamar vida humana a algo que tiene los mismos pensamientos que una ameba, porque pareces olvidar que perder el cerebro no es lo mismo que perder el bazo o un riñón.

    :mrgreen: Pues, médicamente, nada que alegar, solamente que desde la ética ya me gustaría ver cómo convences a otros de que lo que planteas es humano y adecuado. El aborto terapeútico para preservar la vida de la madre o en caso de embarazos producidos por violaciones solamente es atacado por la fanaticada religiosa pero difícilmente alguien aceptará la muerte de la madre o de ésta y el feto cuando es posible realizarlo un aborto que salve la vida de la primera. ¿Cómo convences a la mayoría de que tu postura es más ética y humana que la de tener vivos a seres incapaces de hacer todo lo que nos distingue como humanos cuando padecen enfermedades degenerativas tan irreversibles como esta del Alzheimer?

    Y guárdate de pensar que la postura de quienes se oponen a tu punto de vista es equivocada: me parece que quieres decir que estaba limitada a los conocimientos humanos de la época en la que fueron forjadas, como quizás dentro de 200 años, los seres humanos que vivan entonces considerarán muchas de las cosas que hacemos y sostenemos ahora como barbaridades limitadas de nuestra época. A riesgo de generalizar y sin conocer a los debatientes, pensar que alguien considere como asesinato lo que tú consideras como humanismo no los pone, automáticamente, ni a aquel en le papel de fanático cerril en el que pareces ponerlo, ni a ti en el del humanista preocupado, como pudieras creerlo.

    Aunque podemos estar de acuerdo tú y yo en alguna definición de ser humano con base en los conocimientos científicos que tenemos hasta ahora, no podemos estar seguros de que estemos totalmente en el camino correcto: no estamos hablando de física. Que alguien, dentro de su limitación cognitiva, diga que el alma siempre existe independientemente del cuerpo, refleja, no solamente sus carencias cognitivas, como ya lo he escrito, sino también su incapacidad de definir claramente la idea del ser humano independientemente de la metafísica de Dios. Pero si la idea del hombre es algo que se me escapa cada vez que la defino (Nicol), no creo que tú y yo estemos mejor que el que defiende el alma … salvo por el hecho de que tenemos algo más tangible que ofrecer(le) al hombre, sobre todo en su sufrimiento, con base en los conocimientos médicos y científicos con los que estamos totalmente de acuerdo en principio. Pero no veo, sobre todo en el sufrimiento y en la búsqueda de respuestas, que lo que ofrecemos sea ontológicamente mejor que lo que da la idea de un dios abstracto, salvo por la morfina 😈

    Disculparás el tono pseudo-filosófico de mi discurso. Yo he puesto todo (legal y legítimamente hablando) para que no se me tenga en un estado que choca con mi idea de ser humano (que por lo demás, estoy seguro, se acerca mucho a la tuya), y confío en la sensibilidad de mis seres queridos para respetar mi voluntad. Y si bien es cierto que mi acto es una elección, y que toda elección es un acto de mi para mi y para el mundo (Sartre), tampoco me atrevería a decir que quienes tomaran la decisión de mantener(se) en estado que llamamos genéricamente vegetativo, estén tomando una decisión equivocada. No al menos mientras no exista un concenso de la idea de ser humano, y que en lo que se llama Occidente llevamos mas de dos mil años buscándolo infructuosamente, y no parece ser que avancemos mucho más que los primeros griegos que filosofaron sobre el asunto (porque, estarás de acuerdo conmigo, estamos hablando de la idea de ser humano, no si existe una cura cercana o no a una enfermedad en particular). Para desgracia humana (o quizás no), no hay puto Dios o esoterismo barato que facilite una respuesta mejor que la dada hasta ahora.

    Saludos.

  24. Aviador
    26 marzo, 2014 en 8:20

    Ateo :

    Creo que tu postura es muy comprensible, está claro que nadie quiere acabar así, de esa forma tan desoladora, ahora bien, si hay que terminar con la vida de alguien con Alzheimer, no sería más lógico terminar con el, cuando inicialmente le diagnostican la enfermedad y por ello sufre y mucho y no cuando éste ya ni se entera ya que no es consciente de si mismo, me refiero que la frontera, si hay que ponerla, tendrá que ser cuando el individuo sea consciente de su sufrimiento, no?, porque claro si después no se entera prácticamente de nada, porque quitarle la vida?? Por egoísmo de sus familiares que no quieren verle sufrir?, lo lógico sería acabar con la vida antes, pero claro, eso si que conlleva problemas éticos.
    Creo que el quid de la cuestión está en el terror que uno siente de terminar de esa forma tan desvalido y eso impulsa a pensar en terminar con la persona.
    También hay que pensar que las personas que lleguen a los 100 años en una situación física lamentable, también habrá que practicarle la eutanasia, no? .
    En definitiva el Alzheimer, es uno de los muchos posibles síntomas de la vejez y claro hay que aceptarlos como algo natural, no nos podemos cargar a todos los ancianos porque tarde temprano acabarán muy desvalidos física y mentalmente, no queda otra que cuidarlos, y asegurarles el mejor estado posible para que no sufran.
    Ahora bien si realmente llega alguien a un sufrimiento extremo y crónico, si que entiendo que la única forma de calmar su agonía sea la eutanasia.

  25. 26 marzo, 2014 en 9:35

    En base al comentari de Greentip:”Son seres humanos, y como tales, tienen el derecho supremo a la vida.”, quería hacer un pequeño apunte. Me da la sensación que se tiende a equivocar el derecho a vivir con la obligación de vivir. Entiendo que el artículo habla del segundo concepto, y no del primero.

  26. 26 marzo, 2014 en 10:14

    Aviador

    “… no sería más lógico terminar con el, cuando inicialmente le diagnostican la enfermedad y por ello sufre y mucho y no cuando éste ya ni se entera ya que no es consciente de si mismo, me refiero que la frontera, si hay que ponerla, tendrá que ser cuando el individuo sea consciente de su sufrimiento, no?”

    No ves la diferencia fundamental, el enfermo mientras piensa es un ser humano con sus derechos y tiene capacidad propia para decidir sobre su vida (si quiere sufrir o no) y cuando llega a fase terminal a efectos reales ha muerto. Tal y como comenté antes, imagina que un individuo ordena que al morir no se le entierre y se le mantenga como a los faraones en su casa pudriéndose. Las autoridades sanitarias no permiten ese deseo y pienso que llegará el momento (cuando la sociedad comprenda que somos el resultado de nuestro cerebro sin intervenciones “extrañas” espirituales) en que se dictaminará el fallecimiento por la pérdida de funciones cognoscibles independientemente de cómo esté el resto del cuerpo en cuestión.

    “En definitiva el Alzheimer, es uno de los muchos posibles síntomas de la vejez y claro hay que aceptarlos como algo natural, no nos podemos cargar a todos los ancianos porque tarde temprano acabarán muy desvalidos física y mentalmente, no queda otra que cuidarlos, y asegurarles el mejor estado posible para que no sufran.”

    El problema es que la medicina científica permite (cada año que pasa más) alargar la vida (de forma artificial) aún cuando no existe horizonte alguno de esperanza o de calidad de vida y en algún momento tendremos que poner un límite, porque si no podremos enchufar a todos los ancianos a máquinas cada vez más complejas (respiradores artificiales, sondas nasogástricas, etc) para únicamente alargar nuestro (ya todos esperamos llegar a ancianos) sufrimiento.

    “Ahora bien si realmente llega alguien a un sufrimiento extremo y crónico, si que entiendo que la única forma de calmar su agonía sea la eutanasia.”

    Bueno, pues yo incluyo en este sufrimiento extremo el hecho de haber dejado de ser un ser humano para convertir(nos) en simples vegetales.

  27. Aviador
    26 marzo, 2014 en 10:34

    Pues mira te voy a decir una cosa, al margen de los prejuicios éticos, tampoco es tan descabellado mantener una persona una vez muerta disecada en tu casa,(yo no lo haría) porque en definitiva lo que queda de esa persona sólo son sus restos inertes.
    Veo más descabellado la eutanasia activa que disecar a alguien ya fallecido, no deja de ser un recuerdo, como lo es un video o una fotografía.
    Si si que veo la diferencia, entiendo que tu entiendes que la vida de uno es totalmente suya, y por tanto uno puede hacer lo que le plazca con ella siempre y tanto no afecte negativamente a los demás, pero entonces también estarás de acuerdo en que ya que la vida pertenece al que la vive, es totalmente lícito el suicidio por el motivo que sea, y no habría que impedirlo si éste no genera problemas graves a los demás, ¿supongo que entonces estas de acuerdo en que alguien pueda terminar con su vida teniendo el sus razones de peso ante el mismo? nadie se lo ha de impedir ya que es su vida. Si opinas que si, entonces estoy de acuerdo contigo en lo que expones.

  28. 26 marzo, 2014 en 12:57

    Aviador

    Hombre “restos inertes” no, más bien un foco potencial de enfermedades infecciosas ya que en las momias crecen todo tipo de microorganismos y necesitan unos cuidados muy especiales para que no se degraden.

    Respecto al suicidio, siempre y cuando fuera una elección verdaderamente libre y meditada del individuo no habría objeción alguna. Pero el problema es que salvo en ciertos casos puntuales (por ejemplo que se tenga una enfermedad orgánica irreversible y dolorosa) las personas que se plantean el suicidio suele ser por problemas mentales y entonces lo razonable es tratarles su enfermedad psíquica en lugar de dejarles que se tiren por un puente.

  29. Pocosé
    26 marzo, 2014 en 12:59

    Ya somos muchos los que pensamos que solo somos nuestro conectoma, pero si el 80% esta adscrito a alguna religión, ni nos acercamos al 20%.
    De todas formas el problema estaría en: ¿A partir de que cantidad de conexiones deterioradas desconectamos el resto?
    Y eso suponiendo que no haya terapia reparadora de conexiones, de manera natural ya vemos en casos de accidentes que se pueden recuperar muchas o rediseñar las funciones de las que quedaron.
    Cuando llegue el momento, habrá que hilar muy fino.

  30. 26 marzo, 2014 en 13:16
  31. Pocosé
    26 marzo, 2014 en 18:01

    ateo666666 :
    Una noticia que viene muy al caso: http://blogs.publico.es/estacion-termino/2014/03/25/una-vida-sin-vida-no-es-vida/

    Este caso para mi no es representativo, se plantea solo una desconexión pasiva. Tampoco tiene muchos problemas ya que los limites parecen estar muy generosamente rebasados. Tampoco me plantearía problemas una desconexión reversible (coma inducido, sedación integral).
    El problema está en el planteamiento de una eutanasia activa. Con o sin testamento vital, si el afectado ya no puede decidir el cuando, alguien tendría que decidirlo por el. Y repito. en biología los limites pueden ser muy difusos y muy a menudo inexistentes.

  32. 26 marzo, 2014 en 18:36

    pocose

    Espero que no sea solo desconexión pasiva porque entonces el cuerpo tardará en morir varios dias por sed y hambre. Imagino que se le medicará de alguna forma para acelerar el proceso.

  33. Pocosé
    26 marzo, 2014 en 23:51

    Estimado ateo66666
    Una sedación total o coma inducido siempre aceleran algo. Sin sufrimiento unos cuantos días mas son perfectamente asumibles. Si hubiera respiración asistida solo se trataría de minutos.
    Estamos en el caso del tranvía, no asimilamos de la misma forma, pulsar un botón, que empujar a un fulano, por muy equivalentes que racionalmente sean.
    Y siempre el menor sufrimiento posible, tanto para el a desconectar, como para el desconectador.
    Un empático saludo.

  34. 27 marzo, 2014 en 0:10

    Manuel :
    Ateo, dado que el Alzheimer es una enfermedad tan extendida (y cada vez más), supongo que lo habrás sufrido en tu familia o lo habrás hablado con otros familiares de enfermos. ¿Cuál crees que es la causa última de su apego al ser querido que ya no les reconoce? Sin querer obviar el sentimiento religioso que seguramente subyace en alguna persona, por encima de ello está la esperanza a que se encuentre una cura contra este mal. Desde el momento en el que un enfermo deja de reconocer a personas conocidas, hasta su fallecimiento pueden pasar años. Años que no son homogéneos, hay momentos de lucidez esporádica (y desgraciadamente corta) en medio de la niebla que te demuestran que lo que hay ante tí es un ser humano vivo. ¿Quién te asegura que en esos años no llega la solución? Esa es la esperanza por la muchos siguen luchando, y lo seguirán haciendo porque no creo que haya sistema judicial de un pais democrático que elimine esa facultad.

    No te ofendas pero reconozco que sinceramente algunas veces llegas a sorprenderme Manuel. Que quede claro que reconozco tu derecho a tener tu opinión sobre el tema, por muy incoherente que me parezca, pero te invito a hacer un pequeño ejercicio de reflexión e intentes traducir lo que acabas de decir al contexto en el que se pronuncian los anti-abortistas: la obligación (no el eufemismo de aplicar el término derecho) de la vida en cuanto a su funcionalidad en vez de a su calidad poniendo a la sociedad por encima del individuo en la toma de decisiones personales.

    El dilema radica en que no hay una distribución arbitraria en la que ambas posturas se satisfagan. La “ética” o la “moral”, como más te plazca llamarla, se decantára hacia una de las dos vertientes, quedando siempre una de las dos descontenta pero en el contexto que estamos tratando la decisión personal quedaría totalmente desvirtuada. En otras palabras, si MI decisión de como afrontar MI vida queda en TUS manos dada mi incapacidad de decisión, hoy por hoy la ley refrendaría tu opinión considerando punible la cooperación al suicidio, por mucha intención que demostrara mientras gozara de la capacidad de razocinio.

    Ahora te voy a pedir por favor: deja a un lado el discurso “aborto/eutanasia para todos o aborto/eutanasia para ninguno” y convénceme de que estoy equivocado.

    Sun salud☼.

  35. 27 marzo, 2014 en 8:10

    David, no sé lo que te sorprende en ese texto, lo único que hago es trasdalar lo que veo en muchos familiares de enfermos de Alzheimer.
    Tienes razón, ni la eutanasia ni el aborto son comparables al caso del Alzheimer, éste muestra una característica propia que parece que obviamos: no se presenta del golpe. El diagnóstico de la enfermedad llega en un momento en el que todavía se tiene capacidad de decisión, es entonces cuando se tiene que decidir qué hacer. Yo no opongo a que si alguien realiza un testamento vital que diga que llegado un determinado punto médico de no retorno, se ponga fin a su vida; pero pido la misma libertad para que quienes decidan seguir adelante hasta el final puedan hacerlo.

  36. 27 marzo, 2014 en 11:27

    Manuel, no creo que nadie aquí se esté oponiendo a la decisión personal y voluntaria de abrazar la esperanza. El problema radica en abrazar falsas esperanzas de una recuperación basada en una cura todavía no descubierta. Esto, amigo Manuel, sabemos perfectamente tu y yo que es un acto de fe. No una fe en algo imposible, pero si una fe en algo improbable.

    No es cuestión de imponer voluntades sino más bien de ofrecer opciones, y sobre todo ofrecer los medios para poder tomarlas de manera responsable. No creo que Ateo666666 esté proponiendo que el Estado asuma el papel de decidir sobre la vida y la muerte sino de habilitar las herramientas necesarias para poder ser tratados como adultos a la hora de decidir si queremos seguir peleando o tirar la toalla de la manera más digna posible.

    Este es un tema que en nuestra cultura es dificil de abordar porque no parece que acabemos de entender que la muerte es un proceso tan natural como el de la vida. Tal vez por esta razón es por la que desgraciadamente más de los que deberían creen que la voluntad de lo que se dispone con sus vidas radica en otro lado diferente a su arbitrio. Por eso creo que no es morboso sino muy cuerdo el hablar de este tema cuando se tiene la oportunidad, para poder apilar argumentos y pruebas para poder discernir entre lo posible, lo imposible, lo probable y lo improbable por muy doloroso que sea el resultado.

    Sun salud☼.

  37. 27 marzo, 2014 en 12:22

    Es evidentemente un tema muy complejo. Aún más por el entorno social en el que vivimos que dificulta seriamente la toma de decisiones razonadas y razonables.

    Entiendo perfectamente la postura de ateo66666 y la comparto en buena parte. Ciertamente hay cuestiones en esta enfermedad que conllevan situaciones límite, tanto para el enfermo como para sus familiares, porque no debemos olvidar que el sufrimiento no solo es atribuible al paciente, sino que también es padecido por las personas de su entorno, lo que complica seriamente la toma de decisiones en una sociedad de moralidad hipócrita y que se desentiende sistemáticamente de las necesidades de sus integrantes.

    Por otra parte Manuel tiene su parte de razón cuando dice que el enfermo, cuando aún tiene capacidades cognoscitivas, es quien tiene el derecho real de decidir sobre su futuro, tanto en favor de un proceso eutanásico como en contra. Quizás un primer paso a dar sería en esta dirección. Es decir que como protocolo establecido se pidiera al paciente que quiere para su futuro.

    Es cierto que existen muchos y variados motivos para la toma de esta importante decisión, tanto en un sentido como en el otro. Y en la postura de la prolongación de la vida, desde quienes tienen un apego irracional a la misma (no siempre por motivos religiosos) hasta quienes estando convencidos de que lo mejor es no llegar ciertos grados de degradación vital, pueden sentirse tentados de prolongar artificialmente su vida en un afán de protección de sus inmediatos allegados. Hoy, desgraciadamente vivimos una época en que se da con excesiva frecuencia el hecho de que hijos, incluso nietos, puedan sobrevivir gracias a las pensiones de los más ancianos ¿Acaso es criticable que una persona esté dispuesta a prolongar artificialmente su sufrimiento si con ello salva de caer en la marginación a sus seres más queridos? Puede parecer absurdo y tomado por los pelos tal planteamiento, pero estoy convencido de que en las actuales circunstancias se está dando.

    El problema del Alzheimer es doble. Por un lado debería ser respetada la decisión del afectado sobre que desea para su futuro. Por otro debería poder ser una decisión en la que lo único que importara fuera la concepción propia de cómo debe ser el final de la vida, sin injerencias externas de ningún tipo (preocupaciones de como la decisión finalmente tomada pueda afectar a los familiares, en un sentido o en otro, y que estuviera libre de injerencias morales de terceros). Pero para ello, tan importante es la libertad de decisión del afectado, como que existan los medios necesarios para que esta se cumpla sin que se den efectos colaterales indeseados.

  38. homeopatutia
    27 marzo, 2014 en 16:47

    Ateo, te metes en un berenjenal porque intentas justificar un argumento con una generalización totalmente innecesaria y que toca de refilón el tema. Que el cerebro define lo que es estar vivo y que si el cerebro no funciona no hay vida. Totalmente de acuerdo. Que una persona queda vegetal irrecuperable o sufre una enfermedad irreversible y tanto la familia como el afectado tengan derecho a recurrir a la eutanasia (y quiero añadir algo, a veces si se posterga o se decide seguir a pesar de todo no es por catolicismo, tambien puede ser por esperanza o simplemente duda). Es terriblemente triste pero no puedo hacer otra cosa que estar de acuerdo si respeto los derechos ajenos. Que el grado de consciencia define al ser humano. Eh, mal. Hay grados, hay casos, hay demencias, hay perdidas de memoria, hay problemas genéticos.
    No puedes eutanasiar a tu abuelo porque ya no te cuenta cuentos, ya no es el ciudadano Antonio Perez, pero es una persona, viva, afrontanda a unas limitaciones. Aunque no se acuerde de tu nombre, aunque “ya no sea lo que era”, aunque no presente declaración de la renta. Toca un poco las narices como en esta sociedad se esconde al enfermo y al anciano, como se objetifica, se crea una imagen de eterna juventud y salud fácil de conseguir para mantener todo un sistema capitalista mientras el viejo al que en sociedades antiguas se consideraba el “sabio” y la fuente de origen de la familia, en vez de asimilarlo e integrarlo a la familia se le esconde lo más lejos posibles para poder hacer “vida normal”, es decir, la esclavitud de un trabajo orientado a la sobreproducción y al sobreconsumo, y cuando dejas de consumir pierdes hasta el lugar en tu familia, porque no puedes cumplir las expectativas de una sociedad “del (grado de) conocimiento (prefijado y arbitrario)” con un sindrome de Peter Pan totalmente artificial. Donde voy a parar con esto, con que cada sonrisa, cada tarde de sol, cada momento de cuidado a una persona, voy a poner el caso de Suarez (suponiendo que no estuviera en un estado vegetal absoluto, privado de funciones cerebrales) ha formado parte de su presente, del segundo que estaba viviendo en ese momento dentro de sus limitadas percepciones, como las que pueda tener una persona con sindrome de Down en grado alto. Nada del individuo histórico, la persona narrativa que nos inventamos (el sistema 1 que diría Daniel Kahneman) y que no es real en unos seres que viven un pasado narrativo y del ciudadano, un constructo mental, etiquetado, numerado y definido por la imagen que construyen los demás sobre él. Somos animales del presente, de la realidad, y por mucho que el raciocinio pueda llevarnos más allá de nuestras fronteras, nuestras narrativas no pueden anular nuestro presente, solo distraernos de él. Lo veo un tema tan complejo que confundirlo con la discusión simplista de “eutanasia no” de los católicos solo hace que ponernos al mismo nivel…

  39. 27 marzo, 2014 en 23:50

    Homeopatutía, creo que sería conveniente no caer tampoco en la idea romántica de que un instante de felicidad justifica una vida de sufrimiento. Esta es la excusa en la que se amparan los anti-abortistas para justificar su deseo de estipular el futuro de una persona sin tener que responsabilizarse de su presente: “toda vida es sagrada, incluso la que no es consciente de si misma”.

    Insisto en que entiendo que para la mayoría este tema es muy duro de digerir pero es que la vida no se mide en longitud sino en intensidad. Precisamente el problema del síndrome de Peter Pan es pensar que una situación se va a poder prolongar eternamente, no es desear de conservar la juventud sino el miedo al cambio, al decidir nuestro sitio en la vida y sus consecuencias, entre las cuales está aceptar el hecho de que disponemos un tiempo limitado de existencia. De la misma manera tampoco podemos imponer nuestra voluntad en los demás individuos por su funcionalidad, como ya he mencionado en mi primer comentario, aunque esta se reduzca al acto de presencia, o más bien, cuando esta se reduce al acto de presencia sin importar las consecuencias.

    Si de verdad se quiere honrar el legado intelectual de una persona, nuestra labor es la de compartir lo aprendido gracias a esa persona en vez de considerarla un recurso a explotar. Por no extenderme demasiado no quiero profundizar en mi opinión sobre la validez del consejo de ancianos (busca la etimología de Senado, por cierto) en función de sus componentes en vez de sus decisiones por el riesgo de desviarnos totalmente del tema que estamos tratando.

    Sun salud☼.

  40. Paprivi
    28 marzo, 2014 en 1:56

    Creo que este tipo de temas no se puede tratar solamente desde un punto de vista racional y aséptico. Nuestra humanidad está formada por una mezcla de raciocinio y sentimientos, y no podemos prescindir de estos últimos a la hora de plantear una cierta legislación al respecto.

    Si bien es cierto que en algunas enfermedades mentales a partir de cierto nivel, se puede decir que la personalidad del individuo deja de existir, creo que una vez llegado ya a ese momento al que menos le va a preocupar va a ser al propio individuo. Y el regular el final de la vida en este tipo casos de una forma que vaya más allá de la propia decisión personal del enfermo, de la familia o del criterio médico, puede dar una sensación en muchas personas de falta de falta de ética por parte de los legisladores.

    A mi entender, y habiendo pasado por un caso similar, sería más tranquilizador, consolaría más al entorno familiar del enfermo y se aceptaría más socialmente, el ayudar a las familias de los enfermos económica y asistencialmente, que el legislar en este sentido.

    Saludos.

  41. Pepe
    3 abril, 2014 en 14:44

    El único que ha entendido este tema fué Groucho Marx:

    Cuando le preguntaron si creia en la vida despues de la muerte,
    contestó que tenia muchas dudas de que hubiese vida antes de la muerte.

  1. 25 marzo, 2014 en 9:45
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