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De ratones y hombres: amor, fidelidad, familia y cuidados parentales

3 abril, 2014

la_quimica_del_amor oxitocinaTradicionalmente el ser humano ha tendido a considerarse la cúspide de la vida, totalmente aislada del resto de las especies por supuestas barreras infranqueables para el resto de los animales. Y así la tendencia habitual es a definir casi cualquier comportamiento humano, sobre todo los más “elevados” como el amor tanto en su variante de pareja como en la parental como exclusivo de nuestra especie, pero ¿es eso cierto?

Pero antes de entrar en cuestión, déjenme presentarles a dos especies de pequeños roedores emparentados. A la izquierda de la fotografía se encuentra el ratón de campo norteamericano (Microtus ochrogaster) y la derecha el ratón de monte (Microtus montanus) también norteamericano

A la izquierda de la fotografía se encuentra el ratón de campo norteamericano (Microtus ochrogaster) y la derecha el ratón de monte (Microtus montanus) también norteamericano

Especies que a pesar de estar muy emparentadas presentan comportamientos sociales muy diferentes. Así mientras los ratones de campo viven formando parejas monógamas en donde ambos progenitores cuidan exhaustivamente de las crías durante muchas semanas y son animales sociales, los ratones de monte son mamíferos más al uso ya que la hembra se aparea con un ratón macho de paso, del que no vuelve a saber nada, pare a sus crías en soledad y pocas semanas después las abandona a su suerte para que se valgan por sí mismas mientras que el padre lleva ya tiempo buscando una nueva hembra que fecundar. Estas diferencias son también observables en el entorno controlado del laboratorio, de tal manera que las parejas de ratones de campo se miran a los ojos o acicalan y bañan a sus crías, mientras que las parejas de ratones de monte tratan a sus respectivos cónyuges como a otros ratones extraños excepto durante el momento del coito.

Buscando el origen de estas acusadas diferencias de comportamiento tanto sexual como parental, investigadores estadounidenses del NIH examinaron los cerebros de animales pertenecientes a ambas especies. Aunque los cerebros de ambos tipos de roedores eran muy similares el estudio mostró una importante diferencia. Los ratones de campo (monógamos y padres responsables) tenían muchos más receptores para una hormona llamada oxitocina (encargada de regular los más diversos procesos fisiológicos) en diversas partes de su cerebro que los despreocupados padres polígamos pertenecientes a la especie de monte. Los investigadores confirmaron que estas diferencias asociadas al comportamiento también aparecían en otras dos especies relacionadas, el monógamo ratón de los bosques (Microtus pinetorum) y el polígamo ratón de la pradera (Microtus pennsylvanicus), dando validez a su descubrimiento previo. Además mientras las hembras de las especies menos cuidadosas con su progenie mantenían altos niveles de receptores de oxitocina sólo tras un breve periodo de tiempo tras el parto, las hembras de las especies más maternales tenían siempre elevados estos niveles en sus cerebros. Inyecciones de oxitocina en el cerebro de ratones de campo aumentaban los síntomas característicos de la monogamia y el cuidado maternal mientras que no tenían efecto en los ratones de monte (ya que carecen de los receptores en las partes del cerebro adecuadas) y la inyección de agentes bloqueantes de los receptores de oxitocina impedían la conducta monógama y la conducta social de los animales. Posteriores experimentos con animales a los que se había inutilizado el gen de la oxitocina antes del nacimiento mostraron un problema de amnesia social puesto que estos ratones eran incapaces de recordar a los ratones que ya habían conocido previamente, aunque la inyección de la hormona en la amígdala medial del cerebro de estos animales que no sintetizaban oxitocina les devolvía su memoria social.

En resumen, que en ratones silvestres la monogamia, los cuidados paternos y la habilidad social están controlados básicamente por una hormona ridículamente pequeña, de tan solo nueve aminoácidos (recordemos que generalmente las proteínas son mucho más grandes, por ejemplo la hemoglobina de la sangre está compuesta por cerca de 600 aminoácidos). Y estos estudios se han corroborado en diferentes especies: rata, hámster, pez cebra, conejo o marmota.

Pero ¿estos resultados en diferentes animales se pueden extrapolar a seres humanos? Pues bien, diversos ensayos de doble ciego de administración de oxitocina frente a placebo en humanos han demostrado que esta sustancia aumenta la confianza entre individuos, mejora la selección de aliados dentro de un grupo, incrementa la cooperación entre personas del mismo grupo [1 y 2], facilita la interacción social y también la interacción padre-bebe. Todavía nadie se ha atrevido a diseñar (o no ha recibido los permisos oportunos) un experimento en el que se pruebe el papel de la oxitocina en la elección de pareja, pero a la vista de todos los datos anteriores podemos suponer con bastante certeza que esta hormona (entre otras muchas) estará implicada también en mayor o menor medida en la modulación de los sentimientos humanos.

En resumen ¿podemos seguir defendiendo por ejemplo que la atracción hacia nuestras parejas o hijos es una muestra exclusiva del más puro y elevado amor humano o tiene algo (o quizás mucho) que ver con mecanismos ancestrales de supervivencia de nuestra especie, modulados por la selección natural a lo largo de millones de años?

Por cierto, ahora que proliferan las más variadas empresas ofreciendo el oro y el moro biotecnológico para resolver todo tipo de problemas personales, espero con ansiedad la aparición de una de ellas que comercialice oxitocina para mejorar las relaciones humanas:

¿Su jefe es un tirano?¿su pareja está perdiendo interés por usted?¿el otro progenitor se desentiende y no hace caso a los niños? No se preocupe. La solución, Oxytocin-Plus Forte y adiós al stress social. Y por supuesto, rechace imitaciones porque sólo Oxytocin-Plus Forte es la única y auténtica hormona de la felicidad.

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  1. 3 abril, 2014 en 12:38

    Buen articulo ateo 😉 No se si lo habras leido y es un poco bestia, pero en los ultimos 20 años uno de los experimentos para evaluar la responsabilidad parental son los estudios de preferencia. El clasico fue un experimento con dos palanquitas magicas: una soltaba crias y otra cocaina. Curiosamente aunque fuesen adictas a esta sustancia, los roedores suelen escoger preferentemente crias durante las primeras semanas de lactancia.

  2. EmilioG
    3 abril, 2014 en 14:09

    ¿Habrá que incluir en el premio nobel de la Paz a los ratones?

  3. 3 abril, 2014 en 15:17

    Valeraguillermo

    Pues no conocía esos estudios, si puedes envía el link y les echo un vistazo.

  4. 3 abril, 2014 en 16:29

    Interesante artículo ateo6666666.

    Sería gracioso que apareciese una empresa vendiendo la oxitocina porque el resultado no iba a ser muy bueno según los experimentos. Si no eres “amoroso” es que tienes pocos receptores y por más que suban la dosis de oxitocina no cambiará el comportamiento. Mal negocio.

    “Inyecciones de oxitocina en el cerebro de ratones de campo aumentaban los síntomas característicos de la monogamia y el cuidado maternal mientras que no tenían efecto en los ratones de monte (ya que carecen de los receptores en las partes del cerebro adecuadas) ”

    Lo realmente interesante es saber si es posible hacer que aumenten el número de receptores (cosa no descartable dada la plasticidad neuronal), con lo que sí se cambia el comportamiento. Aunque no se si será más rentable hacer que disminuyan los receptores para crear humanos no-empáticos. Guerreros perfectos 😉

  5. Natasha
    3 abril, 2014 en 18:27

    Muy interesante artículo! la oxitocina es una sustancia maravillosa y tal como dijo Tarupak, no es sólo “inyectarla”, si no tenemos receptores, estamos fritos. Comparto con ustedes otra particularidad de la oxitocina:

    “La adrenalina, una hormona de emergencia liberada ante una situación de peligro, puede frenar la oxitocina. El hecho de que la oxitocina y la adrenalina sean antagonistas explica que la necesidad básica de todos los mamíferos a la hora de parir es sentirse seguros. En la jungla, la hembra no podrá dar a luz mientras exista un peligro, como por ejemplo la presencia de un depredador. En este caso, la segregación de adrenalina es una ventaja, pues los músculos que sostienen el esqueleto recibirán más sangre, y la hembra dispondrá de energía suficiente para luchar o huir; en este caso, es una ventaja poder frenar la producción de oxitocina y posponer el parto.”

    El miedo es el peor enemigo de la mujer que va a dar a luz. ¿Podría ser alguna respuesta de por qué a veces no avanzan los trabajos de parto?

  6. 3 abril, 2014 en 19:18

    Here it is:

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11439457

    Creo que lo he mezclado con otros estudios de palancas magicas, lo que hacen estos señores es testar la preferencia por camaras.

    Y aquí una review que parece chula, aunque no la he podido mirar bien aun:

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/?term=Evaluating+the+rewarding+nature+of+social+interactions+in+laboratory+animals

  7. 3 abril, 2014 en 21:42

    Claro que otras especies desarrollan lazos parentales estrechos. Es más, hay especies que tienen estas emociones más agudizadas que los seres humanos. Tal es el caso de orcas y delfines. Las orcas, sobre todo, son una especie altamente social. Todo lo que hacen lo hacen juntos. Las familias no se separan nunca. Los humanos tienden a distanciarse de sus padres, y en algunos casos llevar una vida solitaria. Pero una orca permanece junto a su madre más tiempo que un humano, y las familias son serteramente inseparable. Tan es así, que cuando quedan varadas en una playa, quedan TODAS varadas. Ninguna abandona la familia, ni siquiera para salvarse.

  8. 3 abril, 2014 en 22:09

    tarupak

    Lo del anuncio final era una pequeña broma sobre cómo funcionan las pseudomedicinas: se coge un estudio que indica algo, se le manipula o se le saca de contexto y después de envolverlo en un lenguaje críptico al final se vende un producto que no tiene porqué tener el efecto final supuesto. Pero no importa porque siempre aparecerán crédulos que afirmen que el producto funciona.

  9. salador
    5 abril, 2014 en 0:00

    Si hay estudios de que administrando oxitocina incluso en humanos se mejora la empatía y las relaciones sociales (“a la vista de todos los datos anteriores podemos suponer con bastante certeza que esta hormona (entre otras muchas) estará implicada también en mayor o menor medida en la modulación de los sentimientos humanos”), es cuanto mínimo sorprendente.

    Entiendo la broma final porque es sabido que de inmediato aparecen vendedores de panaceas, pero me falta algún eslabón para entenderla del todo porque parece contradecir lo anterior.
    Los que padecen diabetes carecen del mecanismo para regular la insulina, y los médicos los tratan convenientemente. Gente que a todas luces tiene una empatía nula por los demás, ¿no sería susceptible de recibir tratamiento médico si se demostrara que no producen esa hormona (entre otras muchas como dices), en cantidades digamos normales? Debería demostrarse, claro está, pero si así fuera sería una cuestión de salud pública.

    No me masacres, ateo, no creeré jamás en en ninguna “droga de la bondad” de ningún mundo feliz, en sí la idea me repugna y me ha recordado a nefastos pseudoexperimentos en este sentido efectuados por regímenes de los que no quiero acordarme. Yo no tengo idea de biologías, era un preguntar.

  10. 5 abril, 2014 en 10:17

    Salador

    Es muy interesante tu reflexión. Aunque los comportamientos humanos suelen ser bastante complejos y depender en general de múltiples factores genéticos, hormonales, culturales, etc. a medida que vamos sabiendo más sobre cómo funciona el cerebro tenemos más posibilidades de diseñar fármacos que regulen las funciones cerebrales. El ejemplo más claro es el de la psiquiatría de las últimas décadas, ya que hasta hace relativamente poco tiempo no disponía de prácticamente nada salvo las terapias de diván (o los exorcismos) y ahora con los avances de la bioquímica y la neurología se pueden tratar diversas enfermedades mentales en diferentes grados.

    Por tanto, pienso que a medida que avancemos más en ese conocimiento iremos encontrando formas de regular diversas funciones cerebrales ¿hasta dónde?¿dónde poner los limites de lo que se considera normal y qué patología mental? pues como siempre, hasta donde la sociedad quiera y permita, porque la ciencia es una simple herramienta.

    Aunque a la vista del pasado sospecho que muy lejos, recuerda el caso del Prozac en EEUU en donde millones de niños normales fueron medicados (y no sé si se sigue haciendo) simplemente porque se podía y sus padres o profesores consideraban que eran demasiado hiperactivos, ruidosos o molestos.

  11. Abraham
    7 abril, 2014 en 10:34

    La hormona de la empatía…

    Comparto el miedo de salador. Hacer a todas las personas empáticas puede resultar perjudicial, lo mismo que si en una colmena de abejas todas fueran obreras.

    Es como lo de ser prudente o temerario. A veces hace falta gente temeraria que se lance a lo desconocido y se sacrifique para que la gente prudente pueda beneficiarse de sus descubrimientos. Si todos fuéramos prudentes avanzaríamos muy despacio, mientras que si todos fuéramos temerarios nos extinguiríamos en breve. Pues con lo de la empatía lo mismo, ser empático está muy bien, pero seguro que los sociópatas también tienen su función. Que una cosa es aplicar el control hormonal con individuos que han demostrado ser peligrosos y otra aplicarlo a personas potencialmente peligrosas que aún no han cometido ningún delito (a lo Minority Report).

  12. quimera
    7 abril, 2014 en 15:54

    la falta de empatía es un problema para el que la padece, y si una persona es consciente, y sufre por ello, es un logro disponer de tratamientos que su médico le pueda recetar…
    saludos

  1. 5 abril, 2014 en 17:04
  2. 6 abril, 2014 en 7:50
  3. 6 abril, 2014 en 8:40
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