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Toma de decisiones ¿reflexión o pura coincidencia?

29 abril, 2014

reflexionLos seres humanos tendemos a pensar que tomamos nuestras decisiones de manera racional, libre, con poco o ningún tipo de influencias externas y que cuanto más importante es la cuestión, mucho más reflexivos y cuidadosos somos en nuestras decisiones. Pero ¿es eso cierto?

 

¿Qué les parecería si les dijera que los humanos podemos acabar eligiendo a nuestra pareja o trabajo simplemente por una azarosa coincidencia alfabética? ¿O que podemos elegir nuestro lugar de residencia por mera casualidad con nuestra fecha de nacimiento? Pues no se sorprendan, pero en muchas ocasiones la simple coincidencia de nombres o fechas es suficiente para que tomemos importantes decisiones vitales de la manera más irreflexiva.

Pero mejor les dejo con el neurocientífico David Eagleman para que les explique algunos ejemplos de este tipo de irracional toma de decisiones:

Consideremos qué ocurre cuando dos personas se enamoran. El sentido común nos dice que su ardor crece a partir de un número de semillas, incluyendo las circunstancias vitales, el sentido de la comprensión, la atracción sexual y la admiración mutua. Seguramente la maquinaria encubierta del inconsciente no participa en su elección de pareja. ¿O sí?

Imagine que se topa con su amigo Joel, y éste le dice que ha encontrado el amor de su vida, una mujer llamada Jenny. Qué curioso, piensa, pues su amigo Alex acaba de casarse con Amy, y Donny está loco por Daisy. ¿Por qué se da este emparejamiento de iniciales? Concluye que es absurdo: las decisiones importantes de la vida –como por ejemplo con quién vas a pasar la vida– no pueden estar influidas por algo tan caprichoso como la inicial del nombre. Quizá todas estas alianzas aliterativas son mero accidente.

Pero no lo son. En 2004, el psicólogo John Jones y sus colegas examinaron quince mil actas matrimoniales públicas en el condado de Walker, Georgia, y en el de Liberty, Florida. Averiguaron que, de hecho, la gente se casa más a menudo con personas cuyo nombre tiene la misma inicial de lo que dictaría el mero azar.

¿Y por qué? No es algo que tenga que ver exactamente con las letras: se trata más bien de que sus cónyuges de algún modo les recuerdan a sí mismos. La gente tiende a amar su propio reflejo en los demás. Los psicólogos lo interpretan como un inconsciente amor hacia uno mismo, o quizá con la comodidad experimental de las cosas conocidas, y lo denominan egoísmo implícito.

El egoísmo implícito no tiene que ver sólo con la vida en pareja, también influye en los productos que uno prefiere y compra. En un estudio, a los sujetos se les presentaban dos marcas (ficticias) de té para que las probaran. Una de las marcas compartía las tres primeras letras del nombre del sujeto; por ejemplo, a Tommy se le daban dos muestras, una llamada Tomeva y la otra Lauler. Los sujetos probaban el té, chasqueaban los labios, los consideraban detenidamente, y casi siempre decidían que preferían el té cuya marca encajaba con las primeras letras de su nombre. No es sorprendente que un sujeto llamado Laura eligiera el té llamado Lauler. No eran explícitamente conscientes de la relación con las letras; simplemente creían que sabía mejor. De hecho, en ambas tazas había té de la misma tetera.

El poder del egoísmo implícito va más allá de su nombre o de cualquier rasgo arbitrario de su persona, como por ejemplo su fecha de nacimiento. En un estudio universitario, a los alumnos se les dio a leer un ensayo acerca del monje ruso Rasputín. Para la mitad de los estudiantes, la fecha de nacimiento de Rasputín se mencionaba en el ensayo, y estaba amañada para que «casualmente» resultara ser la misma que la del lector. Para la otra mitad de los alumnos se incluía una fecha de nacimiento diferente de la suya; por lo demás, los ensayos eran idénticos. Al final de la lectura, a los alumnos se les hacían algunas preguntas que tenían que ver con lo que pensaban de Rasputín como persona. Aquellos que creían compartir con él la fecha de nacimiento lo evaluaban con más generosidad. Simplemente les caía mejor, y no tenían ningún acceso consciente al motivo.

El poder magnético del inconsciente amor por uno mismo va más allá de qué y a quién prefieres. De manera increíble, puede influir sutilmente en dónde vives y a qué te dedicas. El psicólogo Brett Pelham y sus colegas analizaron unos archivos públicos y descubrieron que la probabilidad de que las personas que habían nacido el 2 de febrero (2/2) se mudaran a ciudades con alguna referencia al número dos en su nombre, como Twin Lakes, Wisconsin, era desproporcionadamente alta. La gente nacida el 3/3 estaba estadísticamente sobrerrepresentada en lugares como Three Forks, Montana, y la gente nacida el 6/6 en lugares como Six Mile, Carolina del Sur, y lo mismo ocurría con todas las fechas de nacimiento y las ciudades que los autores del estudio pudieron encontrar. Consideremos lo asombroso que resulta: las asociaciones con los números de las arbitrarias fechas de nacimiento de la gente pueden influir lo bastante como para que cambien de lugar de residencia, aunque sea ligeramente. Y de nuevo es algo inconsciente.

El egoísmo implícito también puede influir en qué decide uno hacer con su vida. Al analizar las páginas amarillas de la guía telefónica, Pelham y sus colegas descubrieron que nombres como Denise y Dennis figuran en número desproporcionado entre los dentistas, mientras que nombres como Laura o Lawrence tenían muchas probabilidades de hacerse abogados (lawyer en inglés), y gente con nombres como George o Georgina de ser geólogos. También descubrieron que los nombres de los propietarios de las compañías de materiales para techar (roofing) solían empezar más por R que por H, mientras que entre los propietarios de ferreterías (hardware store) abundaban más aquellos cuyo nombre empezaba con H en lugar de R. Un estudio distinto exploró las bases de datos profesionales online de dominio público y descubrió que los médicos poseen apellidos en los que de manera proporcional aparecen las sílabas doc, dok o med, mientras que los abogados poseían sílabas como law, lau o att (del inglés law, ley, o attorney, abogado) en sus apellidos.

Por absurdo que parezca, todos estos hallazgos resultaron ser estadísticamente significativos. No es que tengan grandes consecuencias, pero son verificables. Nos influyen impulsos a los que tenemos poco acceso, y en los que nunca creeríamos de no haberlos revelado la estadística.

 

 

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  1. tarupak
    29 abril, 2014 en 9:36

    Hombre ateo666666, que tomemos decisiones por lógica subconsciente no significa que éstas sean al azar, más bien son puramente deterministas, patrones fijos que ante el mismo estímulo generan el mismo resultado, como bien saben los conductistas. El que no seamos capaces de darnos cuenta de cómo funcionan los patrones subconscientes de elección no nos habilita para invocar el “cajón de sastre” del azar.

    De hecho, el argumento del artículo es que se encontraban resultados “estadísticamente significativos”, lo que descarta el azar. Conclusión que no hace más que reforzar el acierto del antiguo aforismo “conócete a ti mismo” al que podemos añadir, ‘para no sorprenderte al verte repitiendo siempre el mismo patrón subconsciente en el que juraste no caer’.

    Nos pensamos que nuestra capacidad racional consciente tiene más peso en el sistema evaluativo del cerebro que el que realmente tiene. Solo en momentos de bajo estrés los lóbulos frontales son capaces de parar las respuestas automáticas emocionales (patrones) del sistema límbico. Cuando aumenta el estrés el riego sanguíneo a los lóbulos frontales disminuye, llegando incluso a bloquearse si este es muy elevado, lo que explica los comportamiento “irracionales” (crisis de pánico por ejemplo).

  2. 29 abril, 2014 en 9:45

    Tarupak

    Yo digo “azarosa coincidencia” que no es lo mismo que azar. Y Eagleman también comenta que las coincidencias númericas o alfabéticas hacen que algunos individuos tomen decesiones irreflexivas.

  3. tarupak
    29 abril, 2014 en 11:48

    Recalco la palabra azar (azaroso u otros derivados), porque culturalmente se tiene asociado el concepto a algo que no es controlable y, por tanto, no puedes hacer nada para cambiarlo. Algo así como una sentencia del dios de la providencia.

    El funcionamiento de los patrones subconscientes es una realidad identificable y modificable (de otro modo no seríamos capaces de cambiar nuestro comportamiento), y que estos patrones lleguen a favorecer decisiones como las que comentan en el artículo pone de manifiesto lo fácilmente influenciables que somos ante estímulos que nos generan confianza o bienestar, como demuestra la lectura de cualquier manual de ventas o propaganda.

    Yo defiendo, como entiendo que tú haces, que las decisiones basadas en la razón son las más eficaces, pero si no explicamos cuáles son los mecanismos que permiten mantener nuestra “mente clara”, estaremos ante una exposición de hechos que pueden ser interpretados como inamovibles. Por ejemplo, nadie cambia de ideas políticas o religiosas e incluso falla en operaciones matemáticas si el resultado va en contra de sus creencias, como aparecía en un artículo que publicaste hace poco.

    Si entendiésemos que la toma de decisiones es realmente un proceso no consciente, que depende fundamentalmente del estado emocional, dejaríamos de intentar convencer a los demás a través de razonamientos lógicos que disparan sus defensas y no llevan a ningún lado

    (http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/367/1589/754.short?rss=1&cited-by=yes&legid=royptb;367/1589/754)

    , e intentaríamos un cambio emocional en el otro que le genere confianza, sacándole del estado de “amenaza” que supone un conocimiento que va en contra de lo que el creía. Ése será el momento en que se vuelva “razonable”.

    Lo dejo, que me enrollo mucho.

    De todos modos, gracias ateo666666 por el trabajo que te tomas en difundir el conocimiento.

  4. salador
    29 abril, 2014 en 13:23

    “Pero no lo son. En 2004, el psicólogo John Jones y sus colegas examinaron quince mil actas matrimoniales públicas en el condado de Walker, Georgia, y en el de Liberty, Florida. Averiguaron que, de hecho, la gente se casa más a menudo con personas cuyo nombre tiene la misma inicial de lo que dictaría el mero azar”.

    Cuidado con el azar, en ese caso la inicial de los nombres propios no se distribuye con la misma frecuencia. . Hay mas nombres que empiezan por A que por B, por C que por T, etc, por lo que es lógico que la asociación A-A o la C-C sea mas frecuente que una A-N o una C-D.
    Si lo han tenido en consideración no tengo nada que objetar.

  5. 29 abril, 2014 en 13:49

    Salador

    Los autores tuvieron en cuenta ese factor y vieron que A-A o C-C eran mas comunes que A-C o C-A por ejemplo.

  6. Abraham
    29 abril, 2014 en 13:52

    La “azarosa coincidencia” es que te encontraras con alguien con tu misma inicial. Lo que ya no tiene nada de azaroso es que esa persona te guste tanto como para querer casarte.

    Al menos es lo que yo he entendido.

  7. 29 abril, 2014 en 13:59

    Tarupak

    “Si entendiésemos que la toma de decisiones es realmente un proceso no consciente, que depende fundamentalmente del estado emocional,..”

    No es tanto emocional sino automatizado, lo que Kahneman llama el sistema 1. Pensar racionalmente implica hacer un esfuerzo (y además consume mucha energía), de tal manera nuestro cerebro ha evolucionado para responder a la mayoría de las cuestiones de manera rápida usando ese sistema automático, que en las condiciones de nuestro pasado de cazadores-recolectores era suficiente. Lo que ocurre es que en nuestras sociedades actuales ya no hay esa necesidad de tomar decisiones rápidas de vida-muerte, podemos (y debemos) pararnos a reflexionar las cosas. Quizás habría que empezar cambiando todo el sistema educativo, en el que se sigue primando el hecho de responder a un montón de preguntas en un tiempo muy limitado y sustituirlo por evaluaciones a más largo plazo en donde se favoreciera el uso del racionamiento y la lógica.

  8. Renzi
    29 abril, 2014 en 15:31

    No sé cómo funcionarán las cosas del amor en USA, pero aquí y por lo que yo conozco, se empieza por el atractivo físico, el gustarse “anónimamente”, antes de empezar a conocerse y saber los nombres.
    Me da la sensación de que es el típico estudio que busca lo que quiere encontrar, con las estadísticas no es difícil encontrar correlaciones y significados si te empeñas en encontrarlos y además te lo “pones bien”.
    Más lógica me parece la cuestión de los apellidos y determinadas profesiones. Sobre todo cuando se trata de profesiones o negocios con tradición familiar, mucho más habitual en épocas pasadas que actualmente, y apellidos que tuvieron su origen precisamente vinculados a esas profesiones u ocupaciones.

    Saludos.

  9. 29 abril, 2014 en 15:35

    Abraham

    El egoísmo implícito es que a un individuo le caen mejor las personas que tienen cualquier coincidencia con el mismo: fecha de nacimiento (caso del experimento con la biografía de Rasputín) o compartir iniciales (caso de las parejas). Y también eligen su profesión o lugar de residencia en base a coincidencias de fechas o letras.

    Es decir de todas las personas con las que te encuentras, haces más caso (o te casas) a las que comparten contigo algunas coincidencias.

  10. 29 abril, 2014 en 17:13

    Renzi

    Pero también muchas parejas surgen de un entorno conocido: compañeros de bachillerato, universidad, trabajo, etc. Lo que está cada vez claro es que tomamos nuestras decisiones movidos muchas veces por influencias que no conocemos y que ni siquiera suponemos que están ahí: https://lacienciaysusdemonios.com/2014/01/28/el-local-electoral-influye-en-el-resultado-de-las-votaciones/

  11. KC
    29 abril, 2014 en 18:58

    Lo que está cada vez claro es que tomamos nuestras decisiones movidos muchas veces por influencias que no conocemos y que ni siquiera suponemos que están ahí:

    Ateo, ¡te estás convirtiendo en un freudiano! Y sí, la Psicología es curiosamente una ciencia (sí, ciencia aunque no exacta) que lo impregna todo y sobre la cual, curiosamente, no tenemos ni puñetera idea. Algunos ni siquiera en su parte más elemental, que vendría a ser la del cazador-recolector de cerebro automático al que aludes en otro de tus comentarios. Es lo que yo llamo técnicamente un imbécil, que es mucho más fácil de resumir, y de entender, aunque suene peor.
    Pero que existen doscientos mil factores que ignoramos en muchísimas acciones es algo que iremos entendiendo y probablemente nos asuste bastante por muy distintas razones.

    Saludos.

  12. 29 abril, 2014 en 19:07

    KC

    Yo simplemente comento que los estudios indican que nuestro cerebro se deja influenciar por múltiples factores, algunos de los cuales he comentado en diversas entradas. Nada que ver con la caja negra de Freud y su pseudociencia.

    Y sí, a medida que vayamos conociendo más del cerebro se nos irán cayendo (como siempre ha sido en ciencia) los mitos heredados de la filosofía, la religión, etc. y mucho me sospecho que poco va a quedar de nuestra actual visión de nuestra conciencia. Un ejemplo: https://lacienciaysusdemonios.com/2013/11/26/alteracion-de-la-conducta-humana-por-parasitos-y-el-libre-albedrio/

  13. KC
    30 abril, 2014 en 1:39

    Pues para ser pseudociencia Freud escribía ya por 1912 -más o menos- cosas con las que estoy seguro que te sientes identificado…

    http://www.elortiba.org/pdf/freud_masas.pdf

    Qué cosas tenía este Freud.

    Saludos.

  14. Renzo
    30 abril, 2014 en 5:47

    Ateo, en eso no veo nada especial, ya sabes lo de que “el roce hace el cariño”. También comparto lo de las influencias “inconscientes” en la toma de decisiones. Lo que me parece muy cogido por los pelos es lo de la primera letra del nombre y tal. Será que tengo un nivel de escepticismo muy elevado o que me quedé fijado con las imposturas de Sokal, pero hay algunos “estudios” y “estudiosos” que me rechinan bastante.

    Saludos de Renzo (que no Renzi, dichosos teclados táctiles y minúsculos)

  15. 30 abril, 2014 en 8:23

    KC
    Se ve que no has entendido bien, o yo no he sido capaz de expresar en las diversas entradas de este blog dedicada al tema, mi postura sobre que el cerebro es un órgano más y que nuestra conciencia, libre albedrío y demás supuestas características superiores son el resultado (todo lo complejo que se quiera) de la regulación neuronal, sin misterios más allá de la intrincada regulación de este órgano.

  16. 30 abril, 2014 en 8:30

    Renzo

    Las estadísticas siempre que se hagan bien, son buenas para encontrar relaciones que pasan inadvertidas. A mí estos datos me parecen buenos y además encajan con otros muchos estudios de neurociencia en donde está cada vez claro que nuestro cerebro actua habitualmente dirigido por sistemas automatizados de toma de decisiones que se basan en la primera asociación que encuentra, aún cuando la pregunta o el tema sea complejo.

    Por cierto no sé que ha pasado pero los comentarios externos están cerrados en todas las entradas. Espero que a lo largo del día podamos solucionar el problema.

  17. 30 abril, 2014 en 9:02

    Los comentarios se han cerrado porque estamos sufriendo un ataque de spam de miles de correos basura ¿será que hemos molestado a alguien? O simplemente ¿que los robots publicitarios han encontrado un par de palabras clave que les han gustado?

  18. 30 abril, 2014 en 12:00

    Ya hemos vuelto

  19. Renzo
    30 abril, 2014 en 13:43

    Hola de nuevo ateo.
    Sin pretender que tenga valor alguno, he buscado en una de esas web donde te dan sugerencias para elegir el nombre de tu hijo, y he encontrado, en nombres de niñas, estos números. Son el número de casos por inicial, no he mirado todas las letras.

    Para la “R” , 43 nombres.
    Para la “M” , 135 nombres
    Para la “J”, 42 nombres
    Para la “E”, 154 nombres

    Si extrapolamos estos datos a su versión masculina, supongo que deben ser bastante similares dado que muchos nombres tienen versión para los dos sexos: No sé tú, pero a mi me parece que hay una probabilidad nada despreciable de que alguien que tenga un nombre que empiece por “M” o “E” se encuentre con que su pareja tiene la misma inicial y no creo que si el emparejamiento se hiciera por puro azar, por sorteo, fuesen a variar mucho las cosas.

    Saludos.

  20. 30 abril, 2014 en 14:05

    Me parece muy interesante y significativo cuanto parece revelar o hacia lo que parece apuntar el estudio. Espero que sirva para estimular estudios que profundicen más en el tema de la toma de decisiones y os pido que publiquéis más entradas de ello en el blog a medida que se publiquen cosas sobre el tema, para facilitar su seguimiento a los visitantes asiduos a este blog.

    Lo que no termino de ver claro es el denominar a este fenómeno como “egoísmo implícito”, ya que no es implícito, sino totalmente explícito, porque el egoísmo, en sus diversas acepciones, hace referencia a poner los intereses y el beneficio propios por encima de los ajenos. Y al tomar como referencia decisiones que afectan de manera directa al sujeto que toma la decisión (elección de las propias pareja, profesión, lugar de residencia, marca favorita de té, etc.), no hay otra manera de hacerlo que tomando como referencia y criterio para decidir los propios intereses y beneficio, pues eso es lo que busca el sujeto, precisamente, a la hora de decidir en los casos mencionados en el estudio.

    Habría que comprobar si esas “coincidencias por encima de lo azaroso” se dan con ese mismo “egoísmo implícito” cuando se trata de tomar decisiones que buscan afectar los intereses y el beneficio de otros (como ayudarle a elegir pareja, profesión, tratamiento médico, lugar de residencia, etc.) que no son uno mismo, para ver si se basan en criterios de “egoísmo implícito” o en otros criterios no egoístas, tanto conscientes como inconscientes.

    En cualquier caso, sí es muy interesante el que se comprueba cada vez más claramente que no hay nada “libre” por completo en este mundo, ni siquiera el supuesto “libre albedrío” ni la voluntad, sino que todo está condicionado y hasta generado por causas y condiciones tanto subjetivas como objetivas, no siempre dentro del alcance de la conciencia individual, y que sólo el conocer esos condicionamientos (con lo que empiezan a dejar de ser inconscientes) permite aumentar los grados de libertad al posibilitar manejar de manera más consciente las leyes que intervienen en los condicionamientos. Es el conocimiento correcto (esto es, no erróneo) lo que “libera”, siempre de manera relativa.

  21. 30 abril, 2014 en 14:41

    Renzo

    Lo importante no es si la inicial da lugar a más o menos nombres. Si no si se emparejan por encima de lo estadísticamente esperado de tal forma que como comentas si E es el más común (un 20% del total de nombres, es un suponer no digo que esa sea la cifra) hay que ver si el emparejamiento E-E está por encima de ese dato. Y lo mismo con las iniciales que son más raras. Así a todos estos estudios se les aplican los valores estadísticos adecuados para ver si hay algo que se expresa por encima de lo esperado.

  22. 30 abril, 2014 en 14:51

    Josemanuel

    “…y os pido que publiquéis más entradas de ello en el blog a medida que se publiquen cosas sobre el tema…”

    Yo ya llevo varias en CyD y no te preocupes que intentaré ir publicando todo lo que me vaya pareciendo interesante.

    Respecto al nombre, te explico. Egoísmo a secas es cuando tomamos conscientemente una decisión porque simplemente nos favorece o nos gusta. Entonces el comportamiento del que habla la entrada se llama egoismo “implícito” porque el sujeto toma una decisión “egoista” influido por su propio yo, pero lo hace sin darse cuenta: la gente que opinaba mejor de Rasputín porque se hacía corresponder las fechas de nacimiento, la que elige el té de la marca que se parece a su nombre, la que se va a vivir a un pueblo con connotaciones personales o los que eligen una profesión que coincide con sílabas de su nombre o apellido no saben que están eligiendo por esas coincidencias consigo mismo. Si les preguntáramos porque actúan como lo hacen nos darían múltiples respuestas pero ninguno diría “lo hice porque coincide con mi fecha de nacimiento o mi nombre”, porque ellos no son conscientes de su particular elección.

  23. josemanuel238
    30 abril, 2014 en 15:17

    O.K. Ateo. Muchas gracias por tus aclaraciones.

    No termianba de comprender esa denominación del fenómeno como “egoísmo implícito”, pero ahora me lo has aclarado por completo.

    Cierto es que yo, que soy muy “tiquis miquis” con las palabras, lo hubiera denominado algo así como “autoreferencia inconsciente”; pero ahora entiendo qué quería expresar el autor del texto con “egoísmo implícito”.

  24. Blueoriol
    30 abril, 2014 en 15:20

    Lo cierto es que el estudio muestra los resultados que muestra, así que, siempre que el estudio se haya realizado correctamente, los resultados ponen un hecho de manifiesto.

    La verdad es que lo encuentro sorperendente y muy inesperado (para mi), pero no me hace dudar del libre albedrio. En el caso del te, por ejemplo, me parece hasta razonable, porque siendo realmente el mismo te para todos, los catadores solo disponen del nombre para hacer la elección (porque el resto es lo mismo). Habría que ver si esta circumstancia se da en caso de que los tes sean diferentes puesto que entonces el sabor y el aroma tendrían mucha mas relevancia.

    Lo que me flashea es lo de las iniciales, me asombra que algo tan nimio pueda tener tanta relevancia a nivel subconsciente. Con las fechas lo mismo.

    Pero lo de los apellidos no lo entendí. El sujeto ¿escoje su apellido?

  25. 30 abril, 2014 en 15:41

    Blueoriol

    “La verdad es que lo encuentro sorperendente y muy inesperado (para mi), pero no me hace dudar del libre albedrio.”

    Mira mi comentario a Renzi, somos más o menos conservadores según estemos más o menos cerca de una iglesia.

    “El sujeto ¿escoje su apellido?”

    Si los apellidos tienen silabas que recuerdan a una profesión (médico, abogado, etc) entonces algunas personas escogerán su carrera en base a esta coincidencia.

  26. KC
    30 abril, 2014 en 16:00

    la que elige el té de la marca que se parece a su nombre, la que se va a vivir a un pueblo con connotaciones personales o los que eligen una profesión que coincide con sílabas de su nombre o apellido no saben que están eligiendo por esas coincidencias consigo mismo. Si les preguntáramos porque actúan como lo hacen nos darían múltiples respuestas pero ninguno diría “lo hice porque coincide con mi fecha de nacimiento o mi nombre”, porque ellos no son conscientes de su particular elección.

    Si esto lo hubiera escrito Freud en 1912 nos estaríamos riendo. Pero al parecer tenía razón cuando intuía que había cosas de las que no somos conscientes que alteran nuestras conductas. Claro que por aquella época la metodología científica no era la de ahora por razones obvias. Pero es admirable este tipo de intuición, que no tiene nada que ver con la magia (el tal Cronopio que pasea por este blog las confunde incluso). Sería la misma intuición por la que Sagan, Hawking, Feyman y algunos otros “aseguran” que hay muchas probabilidades de que exista vida fuera de la Tierra. Lo cual no tiene nada que ver con un alucinado que dice hablar con Dios o extraterrestres. Lo primero es ciencia, porque sigue un método, analiza y compara hechos y antecedentes. Lo segundo es…. Pseudoloquesequiera. La Ciencia no es Ciencia porque dé unos resultados exactos, sino porque analiza unos hechos, unos objetos y extrae conclusiones. Confundir esto es confundir partes elementales (lo digo por el ya manido debate de ciencias exactas Vs ciencias sociales). Es impresionante que alguien espere de las ciencias sociales la exactitud milimétrica de las matemáticas. Freud no ha sido nunca un pseudonada, simplemente el método aplicable en su época no le daba para más. Pero es obvio que hacía Ciencia y es obvio que no era un lunático. Un lunático, o pseudoalgo, no escribe el libro que puse en el enlace anterior.

    Saludos.

  27. 1 mayo, 2014 en 0:58

    A mí me chirrían esas coincidencias del estudio. Sin desmerecer que inconscientemente realicemos ciertas acciones o elecciones en base a algunas experiencias propias, o conforme a la correlación casual con algún dato. No sé, veo demasiado recorrido a un asunto.Muy retorcido por decirlo de alguna manera.

  28. Blueoriol
    1 mayo, 2014 en 1:01

    “Si los apellidos tienen silabas que recuerdan a una profesión (médico, abogado, etc) entonces algunas personas escogerán su carrera en base a esta coincidencia.”

    Pues lo cierto es que me recuerda mucho a un cuento de Asimov en donde un matematico-futurologo para que un sujeto triunfe en su vida le sugiere que cambie una letra de su nombre.

    Y me genera una pregunta. ¿Que sucede con el resto del razonamiento? Es decir, por lo general, cuando alguien te explica sus razones para estudiar medicina o cualquier otra cosa, al menos, en mi experiencia personal, esas razones suelen estar bastante meditadas. Entonces, ¿que sucede?. Estos razonamientos ¿son justificaciones a posteriori o el egoismo implicito simplemente influye sumandose a ellos?

  29. aviador
    2 mayo, 2014 en 14:49

    Y es que el poder del inconsciente sobre el consciente es terrible, se busca las cosas en función de similitudes que aporta el inconsciente, recuerdo algo de un estudio que se hizo en donde la conclusión era que nuestros gustos físicos hacía que eligieramos hombres o mujeres en función de nuestros parecidos con ellos, es decir uno elige lo que ya conoce de antemano, y lo que uno más conoce o le es más familiar es uno mismo.

  30. KC
    6 mayo, 2014 en 18:04

    A mí me chirrían esas coincidencias del estudio. Sin desmerecer que inconscientemente realicemos ciertas acciones o elecciones en base a algunas experiencias propias, o conforme a la correlación casual con algún dato. No sé, veo demasiado recorrido a un asunto.Muy retorcido por decirlo de alguna manera.

    ¿Retorcido? Retorcido es preferir darle una explicación que calce más con lo que queremos leer que con lo que pueda ser la realidad.

    Y es que el poder del inconsciente sobre el consciente es terrible, se busca las cosas en función de similitudes que aporta el inconsciente, recuerdo algo de un estudio que se hizo en donde la conclusión era que nuestros gustos físicos hacía que eligieramos hombres o mujeres en función de nuestros parecidos con ellos, es decir uno elige lo que ya conoce de antemano, y lo que uno más conoce o le es más familiar es uno mismo.

    Esto forma parte del mundo psicobiológico en el que nos encontramos, está perfectamente estudiado por la Psicobiología y la biología evolutiva y además uno lo ve perfectamente en todo tipo de animales si se detiene a observar la mecánica natural. Sucede también en humanos, así que imagínate. De hecho, en realidad me atrevería a decir que la función es mas homogénea cuanto menor es la información en la cabeza del sujeto y por supuesto dependiendo del ambiente en el que se haya creado. ¿Le asusta a alguien que esto sea así? Pues las quejas al “de arriba”.

    Saludos.

  31. Bazarov
    7 junio, 2014 en 12:28

    La toma de decisiones es un tema que se trata en la “Psicología del Pensamiento”. Más que de irracionalidad o racionalidad creo que se habla de atajos o heurísticos que debemos usar ante la imposibilidad de disponer y/o manejar toda la información necesaria para llevar a cabo o elegir la “mejor” de las alternativas posibles. Y esos heurísticos con los sesgos que conllevan en el procesamiento de la información nos llevan a cometer errores constantemente.

    Teorías como la del valor esperado o de la utilidad esperada o del portafolios podrían ser de vuestro interés si lo tenéis por este tema.

    Enjoy

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