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El increíble y poderoso efecto placebo aun cuando deja de ser placebo

23 diciembre, 2014

diario de un ateo efecto placebo curacion homeopatia terapias naturales estafa engañoExisten multitud de investigaciones en donde se ha estudiado el famoso efecto placebo, es decir las capacidades de autosugestión curativa o enmascaradora de los síntomas de una enfermedad. Así se sabe de hace mucho tiempo que esta sugestión va a asociada a las expectativas (o más bien a las creencias) de curación del sujeto paciente.

Entonces tomar dos pastillas en lugar de una, o una pastilla más grande, más llamativa o que nos dicen que cuesta más dinero que otra aumenta el efecto placebo de la primera. También la idea de “eficacia” del envoltorio es relevante a la hora de potenciar este efecto sugestivo. Así la pastilla funciona peor que la cápsula, que a su vez es inferior en efectos a una inyección, y todas ellas son superadas por un supuesto tratamiento en una máquina que cuanto mayor sea su espectacularidad tenderá a crear mayor efecto placebo. Por supuesto este conocimiento es amplia y eficazmente utilizado por todos aquellos sanadores, curanderos, magos, terapeutas naturales y demás embaucadores para conseguir generar la máxima teatralización del supuesto tratamiento curativo para obtener el mayor efecto placebo posible.

 

Pero para que surgiera el efecto placebo parecía que se tenía que dar la consabida (pero no por ello menos eficaz) mezcla de fe del paciente hacia el supuesto remedio y una cierta puesta en escena más o menos elaborada por parte del sanador. En resumen, ignorancia crédula en el supuesto tratamiento junto con el deseo de ser curado por parte del enfermo y todo ello unido el engaño del timador-curandero, es decir el efecto placebo necesitaba de ignorancia intencionada.

Pues bien, un sorprendente artículo publicado hace unos años por investigadores de Harvard demuestra que ni siquiera es necesario engañar al paciente para que aparezca el efecto placebo. En este estudio, a un grupo de pacientes se les indicó que tenían que tomar dos pastillas al día. Pero también se les explicó adecuadamente que esas pastillas eran inertes, que únicamente contenían azúcar aunque diversos estudios habían demostrado que ello mejoraban los síntomas de su enfermedad por autosugestión. Es decir a los pacientes se les contó toda la verdad sobre el efecto placebo y sus causas. Tal es así que en el frasco de las pastillas se leía claramente la palabra “Placebo”. Y para asegurarse de su compresión, a los pacientes se les preguntó específicamente sobre la naturaleza de las pastillas y todos ellos dijeron que sabían que las pastillas no curaban. Pues aun con todo ello los pacientes que tomaron las pastillas que no curaban nada, indicaron mejorías en su enfermedad frente al grupo control que no tomo ninguna de estas pastillas de mentira. No solo eso, también algunos de los pacientes que tomaban el placebo indicaron efectos secundarios negativos como problemas respiratorios o dolor que ellos asociaron al “tratamiento” aun cuando sabían que esas pastillas eran menos efectivas que los caramelos de menta. Increíble a más no poder.

Los investigadores indicaron en su trabajo que el efecto placebo se estaría desarrollando por el propio ritual de tomarse las pastillas cada día a una hora determinada y que ello podría abrir las puertas al uso terapéutico controlado del efecto placebo ya que si no hay engaño, la administración de estas pastillas de azúcar sería éticamente admisible y positiva para pacientes con enfermedades sin curación posible o de fuerte contenido psicosomático. Y todo ello redundaría es un ahorro del gasto farmacéutico sin menoscabo de la ética médica.

P.D.

Esta entrada fue publicada en mi blog personal hace tiempo, pero por su interés dentro del ya interminable debate entre ciencia y pseudomedicina la reproduzco en CyD esperando que sirva al menos para que los defensores de las supercherías pseudomédicas se lo piensen un poco antes de intentar convencernos de que su agua/azúcar/compuesto mágico y maravilloso cura todo tipo de enfermedades.

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  1. 23 diciembre, 2014 en 1:19

    Muy interesante. Desconocía ese artículo sobre el efecto placebo informado.

    Mi pregunta es, ¿que enfermedad se trataba en ese estudio? Hay enfermedades donde únicamente con la rutina de pastilla de azúcar se puede mejorar, por autosugestion. Pero en otras los dudo.

    Muchas gracias por el aporte, realmente interesante.

  2. 23 diciembre, 2014 en 7:30

    Javier

    El síndrome del colon irritable.

    El efecto placebo por supuesto que funciona mejor con las enfermedades psicosomáticas, pero aún así incluso enfermos de los cánceres más agresivos indican mejorías (por supuesto totalmente subjetivas y temporales) cuando piensan que se les está tratando adecuadamente. El cerebro tiene una inmensa capacidad de autoengaño. Es por ello que muchos charlatanes dicen que curan el cáncer, el SIDA y hasta el ébola con sus magias, lo importante para ellos no es curar sino mantener en una ilusión pasajera al inocente mientras le exprimen el dinero.

  3. 23 diciembre, 2014 en 7:55

    Y cogiendo su vaso de agua gritó: “ya tengo la panacea”. Ah, y no hay que olvidarse de que casi siempre existen remisiones expontaneas, las cuales el charlatan se las atribuirá. Un saludo

  4. Andres
    23 diciembre, 2014 en 8:09

    Una pregunta un poco fuera de lugar: La página cienciakanija cerró ? desde hace tiempo que no puedo acceder.

  5. 23 diciembre, 2014 en 9:46

    A ver, primero de todo, reviso la fecha… 23 de diciembre. OK.

    Me lo creo totalmente que sea así, y trayéndolo a mi propio caso anecdótico, es probable que sea la causa de las “mejorías” transitorias que he tenido al iniciar alguno de los tratamientos “alternativos” que seguí los primeros años de mi enfermedad.
    Esta mejoría transitoria la he escuchado en varias ocasiones de boca de otros enfermos en iguales condiciones.
    Ninguna de ellas ha durado más de unos pocos días, pero sí que es curioso comprobar que el fenómeno existe.
    Por otro lado, también pasa, e igualmente, lo sé por experiencia propia y ajena, que cuando le dices esto al “sañador” (pun intended) enseguida te contesta que “es buena señal, hace falta modificar/añadir alguna cosa”

  6. Abraham
    23 diciembre, 2014 en 11:46

    ¡Queremos placebo! ¡Mirad, allí hay placebo!

    (Los Simpson)

  7. congreve
    24 diciembre, 2014 en 6:49

    Respecto del artículo en sí y el comentario de arrancaboinas: En los casos que he leído sobre el efecto placebo, invariablemente la mejoría se da en el cuadro sintomático, según referencias del propio paciente: se alivia el dolor o el malestar. ¿Hay experiencias que demuestren capacidad del placebo para lograr o al menos facilitar la efectiva recuperación? ¿Puede la autosugestión remitir, por ejemplo, una inflamación o infección? Perdón si no empleo los términos médicos adecuados. Saludos.

  8. Batiscafe
    24 diciembre, 2014 en 7:27

    ¿Entonces el placebo y la homeopatía funcionan, al menos en algunos tipos de dolencias o enfermedades? Muy interesante. Misterios del cerebro y del cuerpo humano.

  9. 24 diciembre, 2014 en 8:41

    Pues sí Batiscafe, la homeopatía en algunas dolencias puede funcionar. Y rezar o no hacer nada también. Todo ello puede funcionar dependiendo de las dolencias. El problema es que ese puede que tú mismo indicas significa que no sabes con quién va a funcionar y con quién no (pese al marketing de algunos productos que te aseguran que curan). Y tampoco sabes si la eficiencia será del 1% o del 25%. Y pese a la lotería que los placebos suponen, algunos los venden a precios desmesurados. En ese sentido rezar sale más barato.

  10. 24 diciembre, 2014 en 10:08

    Además del efecto placebo, se conocen otros múltiples factores que pueden hacer creer que un tratamiento parezca efectivo aún cuando no lo sea:

    Predisposición del observador, efecto Rosenthal, efecto de reinterpretación, distorsión de la memoria, disonancia cognitiva, ilusión de agencia, regresión a la media, efectos del estudio y abandono del estudio.

    http://www.med.nyu.edu/content?ChunkIID=126679#confounding

  11. 27 diciembre, 2014 en 2:59

    Muchas gracias por la respuesta.

  12. Verdelimon
    5 enero, 2015 en 22:48

    Yo como enfermera, he conocido el efecto placebo, una que funcionaba de vez en cuando era en un frasco de medicamento introducir agua y decirle al paciente, que funciona, no veáis las verrugas que he visto curarse, claro que no siempre funcionaba
    En el caso de pacientes con cáncer , es importantísima la esperanza, si y me direis que la alegría tambiény, pero es que sin esperanza no hay alegría

  13. 5 enero, 2015 en 23:16

    Verdelimon

    No te entiendo. ¿estas proponiendo que a enfermos graves se les engañe conscientemente para que tengan esperanza y alegría?

  14. 6 enero, 2015 en 10:28

    @Verdequetequieroverde

    ¡Qué chachi! ¿Se podría hacer un medicamento mejunje homeopático a base de lágrimas de tristeza? ¿O de sudor frío, de ese que se siente cuando se pierde la esperanza? ¿De la esencia de la soledad? ¿Quizá con algún acumulador orgónico que capte la energía del enfermo?

    Si es que… si el pensamiento tuviera puños…

  15. luciano
    18 enero, 2015 en 18:37

    Disculpad si me equivoco, pero tengo entendido que el objetivo de la medicina es curar. Por tanto algo tendrá valor o no en la medida que consiga ese objetivo, independientemente de cómo lo haga o por qué. Aqui parece que si alguien se cura por efecto placebo eso no vale, no cuenta, y eso es así aun cuando nadie sabe muy bien por qué se produce exactamente ese efecto placebo. Un medicamento tan increible y poderoso no puede ser desdeñado. Si un hechicero bantú, maestro de la sugestión, consigue curar un cáncer mejor que un médico administrando la más moderna quimioterapia pero que mire al enfermo con cara de “mejor que vaya encargando su ataud” Es mejor médico y punto. ¿Por qué? porque si la sugestión provoca algún tipo de reacción interior en el que tenga algún tipo de papel algún tipo de sustancia, el hechicero de una forma u otra es el que se la ha administrado. Si no es así y en el poder de la sugestión no participa ninguna sustancia… ¿por qué entonces se le da tanto valor a lo material y no a lo que pueda haber detrás?

  16. 18 enero, 2015 en 19:14

    Luciano, vamos a poner en contexto el efecto placebo. Los estudios realizados en los ensayos clínicos que lo incorporan, dan en el mejor de los casos una tasa de curación del 3%. Creo que con un dato como ese, el placebo está lejos de el “medicamento tan increible y poderoso” que supone tu comentario.
    Ahora imagina que eres un médico y entra un paciente. Conociendo este dato, ¿podrías recetar algo así? Ahora imagina que eres responsable del sistema de salud. ¿Permitirías que haya médicos recetando productos que sólo curan al 3% de los casos? Con todo esto no trato de despreciar el efecto placebo, simplemente trato de ponerlo en contexto.

    PD: Y todo eso sin contar con el problema ético. ¿Qué le dices al paciente, que se va a curar o que está tomando un placebo? Si le dices que se va a curar y no lo hace, ¿te hace eso responsable?

  17. 18 enero, 2015 en 19:27

    Luciano

    Con el efecto placebo el paciente se siente mejor (aunque no se esté curando) puesto que confía en la efectividad del tratamiento, del médico o del chamán bantú. Ahora bien, de ahí a que ante una enfermedad grave el efecto placebo cure algo va un abismo. Si hay una infección bacteriana y se necesitan antibióticos, el engañar al paciente con pastillas de azúcar o pases mágicos es simple y pura estafa médica, cuando no criminal negligencia profesional punible bajo cualquier sistema legal mínimamente eficiente.

    Tal y como comento en la entrada el efecto placebo sólo podría estar justificado en casos de que no exista un tratamiento efectivo siempre y cuando sirviera como paliativo de los síntomas y mejorara la calidad de vida subjetiva del paciente. Pero habria que regular muy finamente los aspectos éticos.

  18. luciano
    18 enero, 2015 en 20:00

    Los medicamentos habitualmente son específicos para una enfermedad o un tipo de ellas, por ello, aunque la cure en un 99%, este medicamento solo tendría incidencia sobre el tanto por ciento de la población que padeciera dicha enfermedad. En tanto el efecto placebo aunque tenga una efectividad mucho menor, la tiene en gran número de enfermedades, por lo que su incidencia real quizá sea mucho mayor que el anterior medicamento. No conozco ningún otro “medicamento” con tal rango de actuación, por ello hablo de algo tan poderoso. Lo de increible es por la forma en que lo logra, la cual desconocemos. Yo no creo que haya “magia” en ello, el pensamiento científico dice que todo efecto tiene su causa y que la causa precede al efecto en el tiempo. Por tanto si hablamos del “efecto placebo” tenemos que hablar tambien de su causa y de sus mecanismos, y puesto que los desconocemos, podemos estar ante una… no sé como definirlo, capaz de depurarse y mejorarse hasta llegar a una efectividad entre mayor y algo realmente revolucionario y espectacular.

  19. 18 enero, 2015 en 20:13

    A ver Luciano, igual no me he expresado bien con lo que quería decir. Quizás te lo pueda aclarar si me contestas a lo que te he preguntado:
    1. ¿Recetarías placebos si fueras médico? ¿En qué casos? ¿Qué le dirías al paciente cuando le das un placebo o se lo ocultarías? ¿Qué responsabilidad estás dispuesto a asumir si el paciente no se cura?
    2. Si fueras un responsable sanitario, ¿recomendarias a las sociedades médicas que recetasen placebos? ¿Aceptarías las responsabilidades que esa decisión puede acarrear?

    Sobre la última parte de tu texto, la comparto. El efecto placebo se está investigando, se quiere saber más del por qué a a unos pocos afortunados les funciona. Pero mientras no se sepa más, se parece a jugar a la lotería. La lotería siempre le toca a alguien, pero potenciarla como mecanismo para ganarse la vida quizás no sea lo más adecuado, ¿no?

  20. 18 enero, 2015 en 20:18

    Luciano

    Te vuelvo a recordar que el efecto placebo no cura, simplemente el paciente se autosugestiona y cree haber mejorado, pero sólo en los síntomas mientras que la enfermedad sigue su curso, de tal manera que si es grave a la larga el enfermo empeorará y morirá pensando que se encuentra más sano que una manzana.

  21. luciano
    18 enero, 2015 en 20:47

    Tú mismo dices que los estudios realizados en ensayos clínicos dan como mucho una tasa de curación del 3%, más atrás una enfermera también afirma que llegan a curar. De hecho si su acción se limitara a los síntomas, dudo mucho que se hablara tanto de ello. En cualquier caso, yo lo enfoco todo de un modo práctico; si me preguntas qué recetaría yo, pues evidentemente lo más efectivo. Hoy en día, y mientras nada demuestre lo contrario, es la ciencia médica moderna. Lo cual no implica que no pueda mejorarse, ni que las demás sean inefectivas. Ni que puedan ni deban desdeñarse. Y no deben despreciarse porque para alguien tan práctico como yo, pocas cosas producen tanta rabia o tristeza como que se desprecien logros como los del doctor Asuero por el simple hecho de que ni él mismo lograba explicar por qué su técnica tenía tales efectos. Hay muchas cosas que desconocemos, y en el futuro nos pasará como nos pasa ahora con las civilizaciones del pasado; ellos tomaban tal o cual planta para tal o cual enfermedad, sin saber porqué les curaba, y sólo ahora sabemos el principio activo que había detrás de ello. Todo efecto tiene su causa, y así te digo que por ello yo estudiaría hasta los milagros a pesar de que pocos habrá más ateos que yo.

  22. 18 enero, 2015 en 21:20

    Luciano, no es sólo que recetaría sino cómo lo recetarías. Te pongo el caso extremo, el más dramático. El cáncer de páncreas avanzado es incurable, aún no hemos encontrado nada capaz de detenerlo. En poquísimos casos (que se pueden contar en unos pocos por miles) se puede dar remisión, pero lo normal es la muerte en poco tiempo.
    Á. ¿Cómo actúa un médico en un caso así?: mire usted padece algo incurable y sólo tenemos tratamientos que pueden alargar la vida unos meses con fuertes efectos secundarios. También puede a entrar a formar parte de un programa experimental prometedor, pero no garantiza curación, todavía está en fase de prueba.
    B.¿Cömo debería actuar un médico dando un placebo? Tómese esta medicina que seguro que le hará sentir mucho mejor y se curará (potenciar la sugestión, tal y como tú mismo indicas).

    En este caso tan dramático el placebo no cura el 3%, de hecho en los ensayos experimentales, los que reciben placebo también fallecen de cáncer. ¿Qué haría un familiar si se entera de que el médico le prometió salvación?, ¿qué hará el paciente con el médico cuando compruebe que no mejora?
    ¿Ves ahora el problema ético?

    Con el “doctor” Asuero no me meto, eso mejor se lo dejo a Iker Jiménez.

  23. 18 enero, 2015 en 23:00

    Luciano, cuando habláis de los poderes curativos de las plantas en el pasado, o de cualquier otro método, en el pasado, siempre se os olvida que en el pasado a pesar de que el efecto placebo, y la voluntad de curarse existían, la gente que enfermaba de según que cosas se moría. Me vienen a la cabeza la sífilis, el cólera, el tétanos…
    Y que aún hoy, el mejor camino para curar o al menos, luchar contra una enfermedad pasa por conocer qué la provoca. Algunos medicamentos se “descubrieron” por accidente, pero cuanto más se afina en el conocimiento de la fisiología y bioquímica, menos a ciegas se va.
    Así que pretender desviar ese esfuerzo hacia “investigar” el mejoramiento del placebo, me parece a mí, personalmente, como enfermo que confía en que se encuentre un tratamiento, una defraudación de mi esperanza.
    Me puedes contar a mí lo que te ha preguntado, dos veces, Manuel.

  24. luciano
    19 enero, 2015 en 0:40

    Yo siempre digo que no miro el problema, sino la solución. Asimismo podría decir que no miro la enfermedad, sino la sanación. Cuando hablo del pasado, trato de decir que la gente se curaba sin saber exactamente por qué, sin entender la mecánica de la enfermedad ni de la curación. Si hubieran dicho: “como no sé por qué cura, es más propio de la hechicería que de la ciencia, por tanto que se lo tomen los panolis que creen en esas cosas”, pues igual no estariamos aquí. Ahora mismo hay cosas que no sabemos por qué curan, pero lo hacen, y mientras lo hagan, lo más racional es estudiarlo. Odio los fundamentalismos, no se puede ser talibán de nada, ni siquiera de la ciencia, o mejor dicho, menos aún de la ciencia. Porque esta se supone que busca la verdad.
    Se suele llamar doctor a quien tiene la licenciatura o el doctorado de medicina. Por lo que no sé a que viene entrecomillarlo cuando se habla de alguien que cuenta con ese doctorado. Y mucho menos aún cuando se trata de alguien que lo ha ejercido con mucho más éxito que la mayoría de los que no los entrecomillais. Imaginaos que en la antiguedad llegara un doctor que curara esas enfermedades que poneis como ejemplo, la sífilis, el cólera, el tétanos… y que los médicos de ese tiempo en vez de tratar de aprender cómo hacerlo, lo ridiculizan y dejan extinguirse ese conocimiento. O se lo dejan al Iker Jimenez de turno

  25. 19 enero, 2015 en 8:44

    Por partes Luciano.

    ¿Por qué no contestas alguna de mis simples preguntas? ¿Te resultan incómodas? Son los problemas éticos con los han de lidiar cada día los médicos y las autoridades sanitarias. Para poder pedir cambios de forma legítima hay que solucionar y tener respuesta a los problemas éticos que esos cambios pueden plantear.

    Dices que buscas la solución, es justamente lo que hace la medicina. Pero no para unos cuantos casos al azar, sino para la mayor cantidad de gente posible. Te repito la analogía: la lotería es un sistema de enriquecimiento. ¿Declaramos este sistema como el óptimo para ganar dinero? Pues lo mismo pasa con la medicina, hay que intentar conocer la frecuencia con la que cura y por qué cura. Esto último sería ideal ya que permite entender el mecanismo de la enfermedad (aunque no siempre se puede), pero el primer caso es muy importante también, no se desprecia en absoluto. A todos nos gusta lanzar las noticias positivas a los cuatro vientos. Eso tiene el efecto secundario de camuflar los fracasos, aunque éstos sean más numerosos. ¿Alguien sale el televisión renegando de la lotería? Por eso es tan importante hacer estadísticas y controles. Esto parece que no gusta, y lo entiendo, en este mundo lo peor que hay es ser un aguafiestas. Pero a algunos eso lo llamamos realismo.

    No confundas control de calidad con fundamentalismo. ¿Controlar la calidad del agua que bebes el fundamentalismo? No, es higiene. Se ha demostrado que hacer eso salva millones de vida cada año. De igual manera hay que controlar las medicinas que se liberan al servicio público, es política sanitaria.

    Hay un aspecto sobre el placebo que no debes olvidar: toda medicina que se receta incluye su dosis de efecto placebo. Cuando un médico receta una medicina con la confianza de que va a curar, le trasmite ésta al paciente. Luego en un medicamento va el principio activo + el efecto placebo (que se pone de manifiesto de forma independiente en los ensayos clínicos). Si el medicamento es efectivo, sus números siempre seran superiores al placebo. Si no sirve curará tanto como cualquier placebo. ¿A qué contado así el placebo parece menos importante?

  26. 19 enero, 2015 en 9:48

    “Cuando hablo del pasado, trato de decir que la gente se curaba sin saber exactamente por qué, sin entender la mecánica de la enfermedad ni de la curación.”

    En el pasado lo único que funcionaba era nuestro propio sistema inmune, pero los remedios salvo algunas excepciones eran más dañinos que curativos. Ahora tenemos unas muy buenas herramientas para determinar si un tratamiento es efectivo o no.

  27. luciano
    19 enero, 2015 en 10:08

    No respondo porque yo no hablo de problemas éticos, sino científicos, y no hablo de loterías porque las cosas no pasan porque sí. Tienen una razón. Y el azar es para todos, no sólo para algunos. Me da rabia que tomen a la gente por idiota. En los pueblos de la zona donde vivo siempre se ha dado la figura de “La mujer” con lo que se referían a una persona, generalmente mayor que tenía un don o una facilidad especial para solucionar problemas sencillos, o no tanto, particularmente en asuntos de huesos y articulaciones. Yo mismo, de pequeño me tocó ir dos o tres veces a una mujer, creo que incluso analfabeta, que solucionaba en minutos sin precisar radiografías ni escayolas lo que a un médico con años de estudios le costaría bastantes días. Pero claro, a mí me toco la lotería, y mis padres eran unos irresponsables, porque en el pueblo se da lo que se llama el “cumplir” que es preguntar al que ha tenido algún problema de salud, y entre ellos había muchos que también habían ido a esa mujer. Mi madre no tenía las estadísticas en un papel, hablaba con ellas y las miraba cara a cara. Y a pesar de todo ello me llevaba. ¿O sería precisamente por eso?
    ¿Qué tenía esa mujer?, ¿un conocimiento? pues entonces supongo que habría que aprenderlo, ¿no? ¿Una “magia”? Yo soy el primero que piensa que la magia no existe. ¿Una casualidad afortunada detrás de otra? Es posible, pero esa posibilidad puede medirse. Ya no, por supuesto, pero este hecho se pondrá en mi contra cuando soy yo el que pone en contra de la sacrosanta ciencia los años que estuvo esa y tantas otras mujeres ayudando a la gente ante el desdén de ésta.

  28. 19 enero, 2015 en 10:40

    Luciano, no quiero polemizar. Ni tampoco entrar en temas más propios de Iker Jiménez que del tema que trata este artículo.
    El problema de ética es muy importante, aunque no quieras dársela. ¿Nombramos a la “sanadora” de tu pueblo ministra de sanidad? Para responder esa pregunta hay tener en la cabeza los conceptos de ética y responsabilidad.

    Dices Y el azar es para todos, no sólo para algunos

    Esto define muy bien el verdadero sentido que tiene lo que comentas.

  29. luciano
    19 enero, 2015 en 11:35

    La ética no es medible. En ese campo nada es demostrable ni absoluto, cualquier discusión en ese campo puede ser interminable. Yo te hablo de hechos. De hechos que no quieren ser medidos ni razonados. Y no querer medir o razonar unos hechos me parece poco razonable, y si Iker Jimenez con el que pareces tener obsesión es más razonable que los que defienden la ciencia, pues igual eso no es decir mucho a favor de la ciencia.
    Por otra parte, llevar un argumento a la exageración para ridiculizarlo es propio de los que no tienen argumentos. Y volvemos a las comillitas: “sanadora” es algo o alguien con facultad de curar, lo dice el diccionario, no yo, y puesto que de primera mano puedo asegurar esa facultad de curar, las comillitas parecen una falta de respeto.
    Y claro que el azar es para todos. ¿Por qué no puedo yo meterme a “sanador”? ¿porque no tengo “suerte”. Pues digo yo que igual es porque no tengo conocimientos.

  30. 19 enero, 2015 en 11:52

    Luciano, no te pongas tenso. Estamos intercambiando ideas, igual que tu critica lo que yo escribo, ten temple para leer lo que yo critico de tus argumentos.

    Mira un concepto importante en ética es la responsabilidad. Voy a usar ese concepto y a un “sanador” imaginario, a ver si así puedo hacerte llegar el argumento que parece que no consigo hacerte ver. Y de paso así intentas ver por qué te hice las preguntas que, por cierto, te niegas a contestar.

    OK; imagino que ahora yo tomo el papel de responsable sanitario. Tomo tu “sanadora” o a tí mismo a ver si tienes “suerte” y te doy una consulta. Pero ojo, darte una consulta en la mismas condiciones que se las daría a cualquier profesional sanitario. Eso significa que controlaré la efectividad de los procesos y pediré a los pacientes su grado de satisfacción. Al fin y al cabo, como responsable sanitario que soy debo responder ante los ciudadanos, por lo que yo a mi vez tendré cuidado para asegurarme que los profesionales que trabajan bajo mi supervisión también son responsables y no me han a montar un expolio del yo seré responsable último. Esa cadena de responsabilidades están basadas en un compromiso ético de servicio al paciente. Y eso es perfectamente mesurable: o se tiene o no se tiene.
    ¿Crees que los “sanadores” están dispuestos a ese tipo de control? Los pocos testimonios que conozco argumentan que tienen que hacerlo en un lugar determinado porque necesitan “un entorno” especial, lejos de controles. Ahí es donde la ética (junto a la capacidad de evaluación) se viene abajo y sólo se aboga a la fe. Y en cuanto aparece la palabra fe todo lo racional deja de tener sentido y empezamos a jugar a la loteria.

  31. nestor
    22 junio, 2015 en 1:26

    Una duda, mirando el video de la Dra.Ma.Teresa Llari sobre el agua de mar, me pregunto como deberiamos tomar el encuadre que realiza la citada doctora, en relación a las bondades del agua de mar?

  32. 26 octubre, 2015 en 15:31

    La Seguridad Social británica financia curaciones espirituales: http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2015/10/la-seguridad-social-britanica-financia.html

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