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Discriminación académica o como la universidad en EEUU es cosa de hombres blancos

3 marzo, 2015

feminism radicalNO_RacismLa preponderancia en el mundo académico en general y en el estamento científico en particular del varón caucásico ha sido utilizada habitualmente en el mundo occidental como demostración de una supuesta superioridad intelectual sobre mujeres y miembros de otras etnias. Pero ¿existen datos objetivos que apoyen esta aseveración o nos encontramos ante un caso más de pura y simple discriminación por prejuicios?

Un reciente estudio realizado en EEUU ha analizado la selección de candidatos para el primer paso de la carrera académica: los programas de doctorado, momento clave en donde se empieza a desarrollar el futuro profesional, puesto que el recién licenciado necesita ser tutelado por un profesor en activo, de tal manera que si un estudiante no encuentra este tipo de aval no puede inscribirse en la mencionada etapa educativa, independientemente de sus calificaciones académicas previas. Para ello, los investigadores enviaron el mismo mensaje de correo electrónico de un hipotético aspirante solicitando una entrevista a 6.500 profesores de 89 disciplinas académicas distintas impartidas en 259 de las mejores universidades del país con una única salvedad: el nombre del candidato. De tal manera que profesores de la misma disciplina de conocimiento recibieron una misiva firmada por un candidato/a inequívocamente anglosajón (Brad Anderson o Claire Smith), afroamericano (Lamar Washington o Latoya Brown), hispano (Carlos López o Juanita Martínez), chino (Dong Lin o Mei Chen) o indio (Raj Singh o Indira Shah), mensaje que fue enviado el mismo día y a la misma hora local (recordemos que en los EEUU hay varias horas de diferencia entre las ciudades más orientales del país y Hawái, el estado más occidental). Y esperaron las respuestas.

Y sorprendentemente (o no, según como se mire) el grado de contestación fue muy diferente según el nombre del supuesto candidato. Así, mientras que no hubo prácticamente diferencias entre el número de respuestas a los diferentes aspirantes en los campos de humanidades y ciencias sociales

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en todas los demás áreas de conocimiento (salvo una) hubo un sesgo de respuestas que favorecían a los solicitantes con nombre de varón “blanco” (tal y como se entiende en los EEUU), diferencia que oscilaba entre unos moderados 5 puntos (Física y Matemáticas) hasta unos elevados 17 y 20 puntos en Educación y Economía, respectivamente. Sorprendentemente, en Bellas Artes el sesgo fue el contrario, ya que en este campo las solicitudes de varones anglosajones fueron descartadas con una diferencia de 16 puntos con respecto a minorías raciales y mujeres.

Estos datos indicarían que bastantes de los profesores universitarios desestiman consciente o inconscientemente a candidatos mujeres o miembros de minorías, sin ningún elemento de juicio racional y mucho antes de entrar siquiera a valorar las cualidades objetivas (como el currículo) o subjetivas (cómo se desenvuelve el candidato en una entrevista, etc.) del solicitante, salvo en el caso de las Bellas Artes (Historia del Arte, Música, Literatura, Danza), carreras generalmente consideradas como “secundarias” y “bien vistas” históricamente para que por ejemplo una mujer obtenga el prestigio de un título universitario, pero sin obligación alguna de continuar una posterior carrera profesional. Hecho este último que encajaría perfectamente dentro del mismo patrón de sexismo y racismo académicos aunque en este caso implícito, ya que entonces esa discriminación hacia el varón anglosajón en este campo sería algo así como decirle de manera subliminal “no pierdas el tiempo en estas disciplinas de salón y dedica tus esfuerzos a algo productivo, que para eso eres un hombre blanco, un macho alfa”.

Además los autores analizaron si este fenómeno estaba repartido por igual entre todas las universidades y encontraron sin embargo, que había una fuerte correlación entre el grado de discriminación hacia mujeres y minorías y el salario de los profesores, que en EEUU es una medida bastante fiable del prestigio del departamento o la universidad en cuestión. Es decir, que la discriminación racial y sexual era mayor en los departamentos/universidades de élite, cantera en EEUU de los profesionales mejor valorados y que estadísticamente tienen mayores probabilidades de sobresalir en su posterior carrera profesional.

Adicionalmente los autores del estudio analizaron el patrón según el tipo de universidad. Y encontraron que la discriminación en las públicas era menor que en las privadas, de tal manera que en las primeras sólo se producía discriminación frente a personas de origen chino o varones indios, mientras que en las privadas prácticamente todos los grupos analizados fueron discriminados frente a varones blancos tal y como se muestra en la siguiente figura.

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Y por supuesto como se puede suponer este comportamiento sólo es el principio de toda la posterior carrera de obstáculos que se encuentran las mujeres y las minorías raciales en el desarrollo de su carrera profesional. Por ejemplo y ciñéndose únicamente al mundo científico, un estudio publicado hace algunos años en la prestigiosa revista Science indicó que a igualdad de currículo y méritos científicos, los investigadores de origen asiático y sobre todo los afroamericanos obtenían peor financiación por parte del NIH (la columna vertebral del sistema científico estadounidense) que sus equivalentes blancos anglosajones. De tal manera que, incluso a día de hoy el problema sigue vigente, y el propio NIH comenzará un estudio en profundidad sobre el tema de la discriminación racial y sexual dentro de su sistema de financiación de proyectos.

Así que finalmente, cuando las estadísticas indiquen por ejemplo que hay menor número de mujeres o que los asiáticos o afroamericanos destacan poco entre los miembros de la Academia de Ciencias estadounidense que nadie se extrañe, y sobre todo que no se usen estos datos para argumentar sobre una supuesta superioridad intelectual del varón, anglosajón por supuesto.

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  1. 3 marzo, 2015 en 9:39

    Reblogueó esto en jagabaldondominguez.

  2. Socioideas
    3 marzo, 2015 en 21:27

    Ya había visto estudios de este tipo, y sus resultados resultan interesantes, pero aún me parecen insuficientes. Creo que haría falta alguna hipótesi mas sociológica para intentar explicar este tipo de diferencias. Así, exceptuando el rubro de bellas artes, se podría argumentar que la causa de la menor discriminación en las áreas de ciencias sociales (antropología, sociología, historia, ciencia política, etc) y de humanidades (filosofía, literatura, historia del arte, etc) se debe a que en estas facultades se ve al ser humano como un ser social independientemente de su condición étnica o “racial”, y es en estas mismas facultades donde se debaten mas abiertamente sobre temas como el racismo, la discriminación, el colonialismo, etc. por lo que el egresado de estas carreras ya sale con la cabeza CASI totalmente desmitificada y desprejuiciada. Esto a diferencia de facultades donde su fin es mas “instructivo” como las de ciencias empresariales o ingeniería donde el estudiante va a recibir INSTRUCCIÓN sobre como llevar a cabo su profesión y no se le insta a debatir sobre problemáticas sociales que están arraigadas en forma de prejuicios.

    En conclusión, la propuesta de política derivada de una hipótesis como la que menciono sería implementar ciertos seminarios o talleres sobre problemáticas sociales en algunas de estas carreras para que el egresado no solo sea mano de obra super calificada sino también un ciudadano mas desprejuiciado que el resto.

  3. Emmanuel
    4 marzo, 2015 en 8:29

    no se le insta a debatir sobre problemáticas sociales que están arraigadas en forma de prejuicios

    Como a los de sociología, “ciencias” políticas, bellas artes, “ciencias” empresariales,… no se les insta a aprender la diferencia entre casualidad y causalidad.

  4. Emmanuel
    4 marzo, 2015 en 11:29

    Otra objeción: donde el estudiante va a recibir INSTRUCCIÓN sobre como llevar a cabo su profesión

    En todas las facultades se recibe instrucción sobre como llevar a cabo su profesión. Quizás lo estés confundiendo con el hecho en que mientras en la ingeniería o ciencias exactas prime la calculadora, el razonamiento racionalista y la evidencia empírica, en “ciencias” políticas, sociología, filosofía, etc. prime la oratoria o el razonamiento abstracto.

  5. 4 marzo, 2015 en 23:42

    Reblogueó esto en equidadEducación .

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