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Carlos Hernández: “Los historiadores negacionistas son herederos de aquellos que gritaban «Viva la muerte» mientras quemaban libros en el centro de Berlín”

5 marzo, 2015

ch1Entre las innumerables y descabelladas teorías conspiranoicas, existe una que resulta especialmente indignante y dolorosa: el negacionismo del holocausto. Esta corriente afirma que el exterminio sistemático de millones de personas realizado por el III Reich alemán desde 1933 a 1945 no existió, cuestionando o directamente negando los asesinatos en masa y achacándolos a propaganda de guerra aliada que posteriormente fue potenciada por una supuesta conspiración sionista.

Para tratar este tema, os presentamos una entrevista exclusiva realizada por LCYD al periodista y escritor Carlos Hernández de Miguel, que acaba de publicar «Los últimos españoles de Mauthausen» (Ediciones B), un libro con el que pretende rendir homenaje a la memoria de los 7.532 hombres, mujeres y niños españoles que pasaron por el temible campo de concentración austriaco de Mauthausen, de los que perecieron un total documentado de 4.816.

LCYD.- Aunque con una gran variedad de matices, el negacionismo del holocausto es una corriente de pensamiento que cuestiona el genocidio cometido contra el pueblo judío y los asesinatos en masa perpetrados contra otros colectivos bajo el III Reich. ¿De dónde surge y a qué obedece este movimiento negacionista?

CH.- La realidad de las cámaras de gas, los crematorios y los asesinatos en masa de millones de hombres, mujeres y niños son hechos imposibles de justificar. Así que quienes profesaban y profesan una ideología fascista tenían y tienen que intentar reescribir la historia para tratar de legitimar su militancia. Si no puedes justificar los asesinatos de tus “líderes”, dedícate a negarlos. Ese es la estrategia de los negacionistas.

 

Prisioneros muertos junto a la alambrada de Mauthausen

Prisioneros muertos junto a la alambrada de Mauthausen

LCYD.-¿Todos los promotores del negacionismo del holocausto son nazis o hay algún otra motivación/ideología que subyace tras esta postura?

CH.- Hay dos grupos bien definidos. El primero es el de los nazis, fascistas, ultraderechistas… Pongámosles el adjetivo que queramos pero no dejan de ser variedades de una misma ideología. El segundo grupo de negacionistas está formado por diferentes corrientes antisemitas que, sin embargo, no profesan unas ideas de extrema derecha. Entre estos negacionistas encontramos a “defensores” de la causa árabe y, especialmente, de la causa Palestina.

LCYD.-Siempre se ha asociado al negacionista con movimiento anti-judios. Sin embargo en esta dicotomía se obvia que el holocausto fue sufrido por opositores alemanes (socialistas y comunistas), soldados aliados (especialmente rusos), republicanos españoles, miembros de la resistencia de los países ocupados o gitanos. Todos ellos han relatado las mismas escenas horror de los campos. ¿Qué opinan de ello los negacionistas?

CH.- ¡Claro! El nazismo/fascismo persigue no solo al judío, persigue al diferente, ya sea por motivos raciales, físicos o ideológicos. El antisemitismo es la faceta más conocida del III Reich porque se cobró un elevadísimo número de víctimas. Pero igual o aún más intenso era el odio que los nazis sentían por los gitanos, por los discapacitados o por los comunistas. No debemos olvidar que fueron los soviéticos los que más pérdidas humanas tuvieron durante la II Guerra Mundial: más de 25 millones de muertos, en su mayoría civiles. El negacionismo mete a todas las víctimas en el mismo saco, ya sean judíos o no lo sean y se limita a decir que no fueron tales víctimas. Hay que dejar claro un elemento fundamental en todo este tema: el negacionismo no es una corriente histórica ni nada parecido. No basa sus conclusiones en estudios “científicos” ni en pruebas documentales, sino en datos manipulados, testimonios sesgados y todo tipo de trucos baratos para llegar a la conclusión que desean llegar.

El escritor negacionista británico David Irving

El escritor negacionista británico David Irving

LCYD.- Algunas figuras de cierta relevancia, como el polémico escritor e historiador David Irving apoyan estas teorías negacionistas. Para algunas personas, el simple hecho de que una persona relativamente conocida exprese una opinión, contribuye a hacer más creíble su tesis. ¿Qué opinas de estos “historiadores revisionistas”, como ellos mismos se denominan?

CH.- Me provocan un profundo desprecio porque, en el fondo, lo único que busca la mayoría de ellos es legitimar y ensalzar el régimen nazi. Son fascistas que esconden sus cruces gamadas debajo de una capa de falsa intelectualidad.

LCYD.-  ¿Ha habido alguna vez un careo o una opinión de un negacionista sobre el testimonio de algún superviviente que tuvo que cargar con los cadáveres que salían de las cámaras de gas o que vio morir a judíos o soldados rusos por miles? ¿qué dicen sobre eso, que esos testigos mienten?

CH.- No me consta que haya existido tal careo. Sin embargo los negacionistas no solo cuestionan el testimonio de los supervivientes del Holocausto, se mofan de ellos y les tachan de mentirosos. Según su perversa teoría, ellos están haciendo frente a una conspiración mundial en la que miles de hombres y mujeres se han puesto de acuerdo para relatar el horror de los campos y describir la forma en que los SS asesinaron a sus madres, padres, hermanos o hijos. Su estrategia es siempre la misma: buscar una laguna o una contradicción en el testimonio del superviviente y, a partir de ahí,  tratar de deslegitimar todo su relato. Una táctica burda pero que les sirve para alimentar ideológicamente a sus jóvenes cachorros.

LCYD.-  Varios líderes nazis y dirigentes de la SS escribieron memorias (caso del comandante de Treblinka, Franz Stangl, del comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, o del propio Eichmann en su proceso en Jerusalén) donde detallaron los horrores que cometieron. ¿Cómo pueden obviar esos relatos los negacionistas?

CH.- De forma igualmente burda. En este caso, o los oficiales nazis se habían pasado a la conspiración mundial judeomasónica o habían sido presionados y torturados por los Aliados para que realizaran esas declaraciones. Insisto en que hablamos de supuestos historiadores que solo buscan manipular la historia para llegar a las conclusiones deseadas. Al no utilizar un método científico, un método riguroso, pueden despreciar los testimonios y evidencias que no les interesan y quedarse con los pocos elementos que supuestamente juegan a favor de sus teorías.

Antiguos prisioneros en el crematorio de Mauthausen tras la liberación del campo

Antiguos prisioneros en el crematorio de Mauthausen tras la liberación del campo

LCYD.-  Los negacionistas siempre han argumentado que los fallecidos en los campos se debían al exceso de trabajo y los brotes epidémicos que a veces aparecian, pero niegan la existencia de las cámaras de gas. Es conocido que es uso de gas (primero monóxido carbono) empezó con el programa de eutanasia que asesinó a miles de enfermos psíquicos. Los documentos desclasificados por la antigua URSS ha permitido conocer los planos de Auschwitz, que detallan las cámaras, las memorias de Höss hablan de los ensayos con Zyklon B para asesinar en masa y en los juicios de Nuremberg se demostró el papel de IG Farben en la fabricación y distribución de dicho gas. ¿Cömo pueden negarse tantas evidencias?

CH.- Los historiadores negacionistas son herederos de aquellos que gritaban “Viva la muerte” mientras quemaban libros en el centro de Berlín. Creo que con eso está todo dicho. El aluvión de documentos, fotografías, imágenes de cine, pruebas físicas y testimonios constituyen una realidad contra la que solo se puede luchar desde el fanatismo y la irracionalidad.

LCYD.-  Hay un negacionismo “moderado”, no niegan que se cometieran atrocidades en los campos, pero tratan de minimizar el número de fallecidos. ¿Cómo valoras este tipo de negacionismo?

Cadáveres junto al muro de Mauthausen

Cadáveres junto al muro de Mauthausen

CH.- Creo que solo son la cara más “amable” de la misma negra moneda. Ante la falta de eficacia real del negacionismo más ortodoxo, surge esta corriente menos radical. Podemos resumir su estrategia en una frase: manipulan menos que sus “hermanos mayores” pero con el mismo fin, dulcificar la imagen del nazismo/fascismo.

LCYD.-  Después de más de 70 años y de miles de investigaciones, podemos decir que los crímenes cometidos por los nazis durante el III Reich están comprobados más allá de toda  duda razonable. ¿Queda no obstante algún resquicio que nos pueda hacer pensar que las cosas no son exactamente como se cuentan en los libros de historia?

CH.- En lo referente al Holocausto y a la política represiva del III Reich, rotundamente no. Podremos afinar más nuestro relato gracias a la aparición de nuevos documentos o al trabajo de los investigadores, pero, en general, podemos decir que conocemos muy bien la realidad de lo ocurrido.

LCYD.-  Al hablar de los horrores de los campos de exterminio, de la deportación, de los asesinatos y del sufrimiento de millones de seres, a veces se olvida que entre ellos había un importante contingente de republicanos españoles

CH.- ¡Claro! Es que también hay negacionismo en España. Yo diría que un doble negacionismo. El más minoritario, casi marginal, es el que niega el Holocausto. Pero tenemos un negacionismo muchísimo más grave porque está extendido en nuestra sociedad, que es el negacionismo de los crímenes del franquismo. Y ese negacionismo, que tiene los mismos burdos métodos, se ha encargado y ha conseguido que en este país se mantenga en el olvido a los más de 9.000 españoles que pasaron por los campos de concentración nazis. Volvemos al principio de esta entrevista: ¿a qué obedece el movimiento negacionista?, me preguntabas. Pues bien, podemos aplicar al caso de España la misma respuesta: la realidad de la profunda alianza entre Franco y Hitler, la estrecha relación entra la Gestapo y la policía franquista, la represión realizada de forma coordinada entre Madrid y Berlín, la decisión del “Generalísimo” de pedir a Hitler que enviara a esos 9.000 españoles a los campos de la muerte… Todos son hechos imposibles de justificar, así que la estrategia es negarlos.

Llegada de las tropas estadounidenses a Mauthausen. Se puede apreciar la pancarta realizada por los prisioneros republicanos españoles.

Llegada de las tropas estadounidenses a Mauthausen. Se puede apreciar la pancarta realizada por los prisioneros republicanos españoles.

Las pruebas documentales y los hechos son igual de incontestables que los que demuestran la existencia de las cámaras de gas y del Holocausto. Tenemos el documento de los acuerdos entre la Gestapo y la policía española; tenemos los listados de líderes republicanos enviados desde Madrid a Berlín para que fueran capturados en la Francia ocupada; tenemos el protocolo secreto que Franco firmó con Hitler tras reunirse en Hendaya en el que expresó su compromiso de que España entrara en la II Guerra Mundial; tenemos la Orden que salió de Berlín el día en que el ministro de Franco, Ramón Serrano Suñer, visitaba la capital del Reich y en la que se ordenaba a la Gestapo sacar a los prisioneros españoles de los campos de prisioneros de guerra y enviarlos a Mauthausen; tenemos los documentos que demuestran que Franco medió para sacar de los campos de concentración a algunos prisioneros cuyas familias tenían contactos con su Régimen; tenemos la evidencia de que España mandó a la División Azul para combatir codo con codo con los genocidas; tenemos los telegramas que demuestran que Franco pudo haber salvado a decenas de miles de judíos de origen sefardí y que, sencillamente, le importó un pimiento que los mandaran a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau… Tenemos miles de pruebas irrefutables, pero los negacionistas españoles zanjan el tema con una serie de frases hechas y con falsas conclusiones que durante 40 años grabaron a fuego en las mentes de nuestros padres y abuelos. Hay un negacionismo español tan o más peligroso que el del Holocausto porque de él forman parte políticos, periodistas, empresarios e historiadores de este país. Esa es la cruda realidad.

«Los últimos españoles de Mauthausen» de Carlos HernándezLCYD.-  En tu libro «Los últimos españoles de Mauthausen», publicado recientemente por Ediciones B, relatas la historia de estos deportados españoles que no solo fueron abandonados a su suerte durante la guerra, sino también después de ella. Este sí representa un episodio poco conocido de la historia reciente: ni el régimen Franquista ni las fuerzas aliadas se preocuparon demasiado por nuestros compatrioras.

CH.- En el caso del régimen franquista puede ser hasta comprensible ya que se trataba de opositores políticos a los que había intentado eliminar. Más triste es el papel de las democracias porque pensaron más en sus intereses políticos y económicos que en la defensa de la libertad. Los hechos son innegables: Estados Unidos y el Reino Unido ya solo miraban a su nuevo enemigo, Stalin, y en esa lucha que se avecinaba preferían tener en España un dictador anticomunista con el que pactar, que una República democrática que tuviera la tentación de coquetear con la Unión Soviética. Cosas de la geopolítica que podemos aplicar al día de hoy: Sadam Hussein fue derrocado porque dejó de ser “amigo” de Occidente; sin embargo, la monarquía saudí que es aún más radical, intolerante y dictatorial que el antiguo régimen iraquí, sigue gozando del beneplácito del “mundo civilizado”. Sin palabras.

LCYD.-  Después de entrevistar personalmente a la mayor parte de los supervivientes españoles de aquel horror, ¿Qué se siente, personalmente, al oír negar  aquellos hechos y justificar el comportamiento de la Alemania Nazi?

CH.- Rabia, miedo y motivación. Rabia porque nos toman por tontos; miedo porque mirando a Grecia o a Francia podemos darnos cuenta de que la amenaza fascista vuelve a ser una realidad; motivación para seguir aportando pruebas con las que combatir su discurso.

LCYD.-  Los movimientos de ultraderecha están ganando de nuevo presencia en los parlamentos de varios países europeos, y en el oriente de Europa obtienen muchos votos. ¿Olvidar la historia, minusvalorar la catástrofe humanitaria que supuso el Tercer Reich puede devolvernos a esa etapa negra de la historia europea?

CH.- Sin duda. No hay que olvidar. Esa es la frase que más me han repetido los pocos supervivientes españoles de los campos de concentración nazis. Hay que conocer y recordar para tener más opciones de que aquel horror nunca se repita.


  1. CapitánSwing
    5 marzo, 2015 en 7:11

    Esto pasa, fundamentalmente, por la resistencia de muchos a considerar ciencia a la Historia. No existe una comunidad científica fuerte y con la autoridad suficiente como para deslegitimar a estos otros “magufos” que, por cierto, pueden hacer tanto daño o incluso más que los que se dedican a vender presuntos medicamentos (dando una pátina de intelectualidad a actitudes discriminatorias, prejuicios, etc., lo cual puede derivar en graves problemas sociales). Para no poca gente, si no hay bata blanca y estantes llenos de probetas, no es ciencia, y así campan a sus anchas legiones de individuos sin ningún conocimiento sobre los procesos históricos y las técnicas rigurosas de procesamiento de fuentes, ni gana alguna de tenerlos, que consiguen sentar cátedra. La mayor parte, periodistas, por cierto, como este señor.

  2. Emmanuel
    5 marzo, 2015 en 8:41

    miedo porque mirando a Grecia o a Francia podemos darnos cuenta de que la amenaza fascista vuelve a ser una realidad

    No es el único populismo que está creciendo, también creciendo preocupantemente un populismo de estilo comunista.

    La lista de perseguidos era aún mucho más grande: Alemanes que disfrutaban del jazz, liberales, homosexuales,

  3. 5 marzo, 2015 en 9:28

    CapitánSwing, creo que mezclas varias cosas:
    (i) La historia es una ciencia social. ¿Alguien lo pone en duda? Articula mecanismos parecidos a las ciencias naturales, en tanto en cuanto cuenta con Academia, marco curricular, método de validar datos y revistas donde comunicar sus descubrimientos.
    (ii) Te informo que muchos historiadores usan la bata blanca y las probetas en su trabajo. Lo importante es el método, que puede ser aplicado a cualquier disciplina. La arqueobotánica, la datación de la edad de los objetos, el análisis químico de las muestras y mil técnicas más están al alcance de cualquier historiador.
    (iii) A mí me gusta la definición de periodista como la del “narrador de la historia contemporánea”. Evidentemente te puede venir a la mente un enorme listado de periodistas que son de todo menos eso, pero ello no quita para deslegitimar toda una profesión. Incluso muchos de los que llamamos periodistas y admiramos por sus crónicas o reportajes de investigación no han pisado nunca una facultad de periodismo, son filólogos, historiadores, filósofos, etc y ejercen de periodistas. De nuevo aquí, lo importante es el método, no la profesión. Un historiador puede hacer revisionismo histórico mediante textos que no se apoyan en documentos que lo demuestren, mientras que un periodista puede hacer un estudio histórico de gran valía gracias al acceso a documentos que haya descubierto en su investigación. Y esto ocurre en muchas profesiones: hay médicos que emplean todo menos el método científico en su trabajo, mientras que hay químicos o matemáticos que hacen más por la salud de los pacientes que esos médicos. Pero de nuevo, eso no ha de servir para descalificar la profesión de médico, en todo caso descalifica a personas poco capaces.
    (iv) Y ligando el tema del artículo con el punto (iii): en el negacionismo del holocausto participan historiadores, que han sido descalificados por historiadores y por la academia debido a que han construido sus ideas en base a prejuicios y no a documentos. Y en el conocimiento que tenemos de la reciente historia de Europa han contribuido muchos filósofos o periodistas. Y si su trabajo tiene mérito es porque han empleado las técnicas científicas que emplean un historiador o cualquier otro investigador. Y ese es el caso del periodista entrevistado en este artículo.

  4. J.M.
    5 marzo, 2015 en 10:35

    Efectivamente, conozco de primera mano a historiadores que trabajan con un método que no se podría distinguir del de un bioquímico. Por supuesto, también hay “historiadores” poco serios, de igual forma que bioquímicos creacionistas. Como dice Manuel, la diferencia no está en la titulación, sino en el método.

    Lo mismo ocurre con el periodismo. Hay periodistas sin los cuáles no hubiéramos tenido conocimiento de los crímenes cometidos en sitios tan remotos y peligrosos que jamás hubiéramos movido nuestro culo hasta allí para enterarnos de nada. Los asesinatos en Palestina o Irak prácticamente no existirían para nosotros sin periodistas ni ONGs, como el entrevistado en este artículo. Por supuesto, también conocemos todos a “piriodistas” que antes se hacen el hara-kiri que perder el tiempo contrastando una noticia, y cuya mayor aportación a la sociedad ha sido elucubrar sobre el nombre de la amante del hijo de la suegra de Bertín Osborne. De nuevo, la diferencia está en el método.

    Ahora bien, estos métodos, sean científicos o periodísticos, no se eligen al azar. El entorno político es determinante. En España, después de la guerra del 36 y la victoria de los golpistas, el sesgo científico académico que impuso el régimen franquista durante casi 40 años, no beneficiaba precisamente ni a estudiosos del holocausto ni a biólogos evolutivos. Y así estamos todavía: con muertos en las cunetas y con una investigación científica en precario.

    Saludos.

  5. CapitánSwing
    5 marzo, 2015 en 19:05

    No pretendía deslegitimar el periodismo, pero conozco muy de cerca el tema del revisionismo histórico, y es cierto que una importante proporción de los autores que se adscriben a él vienen del periodismo (otra cosa es que ellos se autodenominen historiadores y los editores que simpatizan con ellos les sigan el rollo y también los definan así en sus biografías y reseñas).
    Por lo demás, claro que es la metodología lo que define a una disciplina científica y a un científico como tales, y, evidentemente, no se trata de pedir la titulación a todo el mundo y el que no sea licenciado o graduado en Historia no pueda escribir sobre temas históricos. Sin embargo, la Historia existe como ruta académica por algo, y es que en su estudio se aprenden ciertas cosas que tienen que ver, sobre todo y precisamente, con la metodología. Si cogéis un libro de un historiador (que sea realmente tal) y otro de alguien que no lo sea sobre un mismo tema veréis, por ejemplo, que en el segundo, muy probablemente, habrá un uso mucho más laxo de las fuentes. En las obras sobre historia de muchos periodistas se hacen a menudo aseveraciones, en ocasiones graves, que no citan ninguna referencia, y uno no sabe de dónde salen, lo cual las convierte en una suerte de “magister dixit” que ni siquiera es tal, ya que el autor no es ninguna voz de autoridad reconocida en la materia. Simplemente hay que creer lo que dice porque lo dice él, y punto.
    Por ejemplo, es muy frecuente entre los no historiadores que escriben sobre historia el culto a las fuentes orales. Hay incluso quienes escriben un libro entero, cargado de atrevidas hipótesis (cuando no afirmaciones rotundas), con los testimonios orales como única fuente. Un historiador sabe que esas fuentes son las más peligrosas, y que es muy poco riguroso tomarlas automáticamente como ciertas o usarlas en la investigación sin el apoyo de otras más fiables.
    Salud.

  6. AURI
    6 marzo, 2015 en 22:44

    Siguiendo con la “cadena” de nominaciones, he nominado a tu blog al premio “Very inspiring Blogguer Award”….. https://lacienciaysusdemonios.com/ ….. Un Blog de divulgación científica y escepticismo, en donde se puede encontrar de todo..
    Te invito a visitar el link:
    https://centroauri.wordpress.com/2015/03/06/premio-very-inspiring-blogger/
    ¡Enhorabuena!
    Saludos,
    AURI

  7. Ben Smith
    25 julio, 2015 en 21:19

    La verdad es que no he leído el libro, creo que la entrevista es demasiado reveladora respecto de la calidad del mismo. Pero en todo caso, si alguno de los testimonios hiciera mención alguna de cámaras de gas no dice la verdad. Y si se molesta u ofende siempre puede enfadarse, no con uno de los mejores historiadores de la 2 GGMM, David Irving, sino, por ejemplo, con el historiador judio Yehuda Bauer. Hace ya más de tres decadas que admitió que nunca hubo gaseamientos en Mauthausen (“A History of Holocaust”, Hebrew University of Jerusalem, 1982, pag. 209). Demasiada literatura, negocio seguro, en contraposición a una carencia descomunal de investigación forense. Probablemente este es el motivo fundamental, ni mucho menos el único, por el cual el holocausto resulta un hecho histórico más que cuestionable desde el punto de vista de la ciencia histórica.

  8. 29 julio, 2015 en 20:15

    Ben Smith, varias cosas:

    1. David Irving dijo: “Hitler fue la mayor fuerza unificadora europea desde Carlomagno”. Esa persona puede tener el título de licenciado en historia (no lo sé), pero es un nazi y se comporta como tal. Cualquier escrito de historia de Goebbels tiene el mismo valor.
    2. No sé si Yehuda Bauer afirma en su obra lo que dices de Mauthausen o es una interpretación tuya como la de calificar a Irving de gran historiador, pero te recuerdo que el complejo era Mauthausen-Gusen y fue en Gusen donde se realizaba el exterminio de los que ya no tenían fuerzas para seguir trabajando.
    2 bis. Durante años los exterminios por gaseado en Mauthausen se realizaron en el NS-Tötungsanstalt Hartheim (Hartheim Euthanasia Center) o en camiones con el tubo de escape apuntando hacia el interior de la carga. Fueron ensayos de lo que después de la conferencia de Wannsee se extendió a decenas de campos de exterminio por toda la Europa ocupada por los nazis. Mauthausen-Gusen no fue una excepción.
    3. El holocausto no es cuestionable. Algunos afirman que lo fue porque la cifra de 6 millones de judío masacrados es excesiva. El dato numérico es irrelevante, ya que los nazis pusieron en marcha una maquinaria de exterminio de opositores, judíos, gitanos, soldados rusos…, en general de todos aquellos que les molestaban, que no admite justificación de ningún tipo. Negar eso es negar la realidad, y normalmente no se hace en favor de la ciencia histórica, sino para lavar la imagen de un regimen atroz que hundió a Europa en una de las etapas más negras de su historia.
    4. Si desconoces los análisis forenses realizados en Treblinka en 2014 es que quizás no leas en los lugares adecuados.

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