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La revolución neolítica: ¿el peor error de la historia de la humanidad?

29 agosto, 2015

aldea_neolitica_600Desde siempre se ha enseñado la historia como una sucesión de logros y hazañas que han ido catapultando al ser humano a cotas cada vez más altas de progreso. Y aunque la lista de descubrimientos e invenciones, las grandes construcciones, el desarrollo de las artes y el resto de resultados de la fértil inventiva humana parecen impresionantes, quizás toda esta épica narrativa sobre nuestro devenir en la Tierra, desde esos primates bípedos y sin pelo que se aventuraron a salir de nuestra sabana africana ancestral en un viaje sin fin, hasta la actual sociedad hiperdesarrollada del mundo occidental puede estar construida sobre una monumental falacia.

En este ya antiguo (pero no por ello menos válido), muy provocativo y hasta demoledor ensayo (que debería ser de lectura obligada no sólo para los estudiantes de historia sino incluso en la enseñanza secundaria) el prestigioso biólogo evolutivo Jared Diamond cuestiona con diferentes pruebas esta idílica visión “desarrollista” sobre ese evento crucial en nuestra historia que ocurrió hace unos 10.000 años con la aparición de la agricultura y la ganadería, lo que los libros de texto llaman con mayúsculas “La Revolución Neolítica”. Espero que sirva como reflexión ahora que se han agotado las vacaciones (en el hemisferio boreal al menos) y empieza un nuevo curso académico.

A la ciencia le debemos cambios dramáticos en nuestra autocomplaciente imagen. La astronomía nos enseñó que la tierra no es el centro del universo, sino simplemente uno de mil millones de cuerpos celestes. De la biología aprendimos que Dios nos no creó especialmente sino que evolucionamos al mismo tiempo que otros 11 millones de especies. Ahora la arqueología derrumba otra creencia tabú: que la historia humana de los últimos millones de años ha sido una larga serie de progresos. En particular, recientes descubrimientos sugieren que la adopción de la agricultura, supuestamente nuestro paso más decisivo hacia una vida mejor fue, en muchos sentidos, una catástrofe de la cual nunca nos hemos recuperado. Con la agricultura vinieron las graves desigualdades sociales y sexuales, la enfermedad y el despotismo, que maldicen nuestra existencia.

En un primer momento, las evidencias contra esta interpretación revisionista les parecerán a los americanos del siglo XX como irrefutables. Estamos en mejor situación, en casi todos los aspectos, que la gente de la Edad Media, que a su vez, estaban mejor que los hombres de las cavernas y estos estaban mejor que los monos. Veamos nuestras ventajas. Gozamos de alimentos más abundantes y más variados, de mejores herramientas, de bienes materiales, algunos gozamos de las vidas más largas y saludables de la historia. La mayoría de nosotros estamos a salvo de las hambrunas y de los depredadores. Realizamos la mayor parte del trabajo con la energía del petróleo y de las máquinas, no con nuestro sudor. ¿Qué neoludita actual cambiaría su vida por la de un campesino medieval, con la de un hombre de las cavernas, o la de un mono?

Durante la mayor parte de nuestra historia nos hemos valido de la caza de animales y la recolección de plantas silvestres, una vida que los filósofos tradicionalmente consideran desagradable, embrutecedora y corta. Puesto que los alimentos no se producen y apenas se almacenan, no hay en esta forma de vida ningún descanso en la lucha diaria para encontrar alimentos silvestres y evitar morir de hambre. Salimos de esta miseria hace solo 10.000 años cuando en diversas partes del mundo la gente comenzó a domesticar las plantas y los animales. La revolución agrícola se extendió gradualmente hasta hoy en que es casi universal, y sólo unas pocas tribus cazadoras/recolectoras han sobrevivido.

Desde la perspectiva “desarrollista” en la que me eduqué, la pregunta: ¿Por qué la práctica totalidad de los cazadores recolectores adoptaron la agricultura? es una pregunta estúpida. Es evidente que la adoptaron porque es una manera más eficiente de conseguir más alimento con menos trabajo. Las cosechas de cultivos rinden muchas más toneladas por acre que la recolección de raíces y bayas. Solo hay que imaginar una horda de cazadores primitivos, agotados por la búsqueda de frutos silvestres y la caza de animales salvajes, descubriendo de repente, por primera vez, un huerto lleno de frutales o un pastizal lleno de ovejas. ¿Cuántos milisegundos piensa usted que tardarían en apreciar las ventajas de la agricultura?

La ortodoxia “desarrollista” a veces va tan lejos como para asociar la agricultura con el notable florecimiento del arte que ha tenido lugar durante el último milenio. Dado que los cultivos pueden ser almacenados, y que lleva menos tiempo recoger alimentos de un huerto que encontrarlos en la naturaleza, la agricultura nos dio tiempo libre, cosa que los cazadores/recolectores nunca tuvieron. Por lo tanto, fue la agricultura la que nos ha permitido construir el Partenón y componer la Misa en Si Menor.

Aunque pareciera que el punto de vista “desarrollista” es aplastante, en realidad es difícil de probar. ¿Cómo demuestra usted que la vida de la gente de hace 10.000 años mejoró cuando abandonó la caza y la recolección para cultivar? Hasta hace poco, los arqueólogos han tenido que recurrir a pruebas indirectas, cuyos resultados (sorprendentemente) no apoyaban el punto de vista “desarrollista”. Aquí hay un ejemplo de una prueba indirecta: ¿En realidad los cazadores/recolectores del siglo XX están peor que los agricultores? Dispersos a través del mundo, varias docenas de tribus de gente supuestamente primitiva, como los bosquimanos de Kalahari, continúan viviendo de esa manera. Resulta que esta gente tiene un montón de tiempo libre, duerme mucho y trabaja menos duramente que sus vecinos que cultivan. Por ejemplo, el tiempo medio que dedican cada semana a obtener el alimento es solamente de doce a diecinueve horas para los bosquimanos y los Hadza de Tanzania sólo ocupan catorce horas o menos. Un bosquimano, cuando fue preguntado por qué no habían emulado a las tribus vecinas adoptando agricultura, contestó: “¿Por qué deberíamos hacerlo habiendo tantas nueces del mongongo en el mundo?”.

Mientras que los agricultores se concentran en cultivos ricos en carbohidratos, como el arroz y las patatas, la mezcla de plantas y animales silvestres en las dietas de los cazadores/recolectores proporcionan más proteínas y un mejor equilibrio de nutrientes en general. En un estudio, el promedio de la ingesta diaria de comida de los bosquimanos (durante un mes en el que el alimento era abundante) era de 2.140 calorías y 93 gramos de proteína, considerablemente mayor que la dieta diaria recomendada para la gente de su tamaño. Es casi inconcebible que los bosquimanos, que comen más o menos 75 plantas silvestres diferentes, pudiesen haber muerto de hambre como cientos de miles de agricultores irlandeses y sus familias tal y como ocurrió durante la hambruna de la patata de 1840. Así pues, la vida de los actuales cazadores/recolectores no es tan mala ni embrutecedora, a pesar de que los agricultores les han empujado a quedarse con algunas de las peores tierras del mundo.

Pero las modernas sociedades de cazadores/recolectores, que se codean desde hace miles de años con las sociedades agrícolas, no nos dicen nada acerca de las condiciones antes de la revolución agrícola. El punto de vista “desarrollista” está haciendo una suposición sobre la historia pasada: que la vida de la gente primitiva mejoró cuando cambiaron la recolección por los cultivos agrícolas. Los arqueólogos pueden fechar el momento en que esto ocurrió distinguiendo en los restos de la basura prehistórica las plantas y animales salvajes de los domesticados. ¿Cómo se puede deducir la salud de los productores de la basura prehistórica y probar directamente de ese modo la hipótesis “desarrollista”? Esa pregunta ha podido ser respondida solo recientemente, en parte con nuevas técnicas procedentes de la paleopatología: el estudio de los síntomas de la enfermedad en el restos humanos primitivos. En algunas situaciones afortunadas, el paleontólogo tiene casi tanto material para estudiar como el patólogo de hoy. Por ejemplo, los arqueólogos han encontrado en los desiertos de Chile momias bien conservadas, cuyas condiciones médicas en el momento de la muerte pueden ser determinadas por una autopsia. Y las heces de los indios muertos hace mucho tiempo, que vivieron en cuevas sin humedad de Nevada, siguen estando suficientemente bien preservadas como para ser examinadas en busca de anquilostomiasis y otras parasitosis.

Pero por lo general, los únicos restos humanos disponibles para su estudio son los esqueletos, aunque estos permiten un número sorprendentemente alto de deducciones. Para empezar, un esqueleto revela el sexo de su dueño, el peso y su edad aproximada. En los pocos casos donde hay muchos esqueletos, uno puede construir tablas de mortalidad como las que usan las compañías aseguradoras para calcular la esperanza de vida y el riesgo de muerte de un individuo a una edad dada. Los paleopatólogos pueden incluso calcular las tasas de crecimiento midiendo los huesos de las personas de distintas edades, examinar los defectos en el esmalte de los dientes (signo de desnutrición en la infancia) y reconocer los signos dejados en los huesos por una anemia, tuberculosos, lepra y otras enfermedades.

Este es un ejemplo sencillo de lo que han descubierto los paleopatólogos sobre los cambios en altura de los esqueletos a lo largo de la historia. Esqueletos de Grecia y Turquía muestran que la altura media de los cazadores/recolectores hacia el final de las glaciaciones fueron unos generosos 175 cm para los hombres y 166 cm para las mujeres. Con la adopción de la agricultura, la altura disminuyó y para el 3000 AC había alcanzado un mínimo de solo 160 cm para los hombres y 152 cm para las mujeres. En la época clásica la altura comenzó a subir muy lentamente otra vez, pero los griegos y los turcos modernos todavía no han recuperado la altura media de sus antepasados lejanos.

Otro ejemplo de investigación paleopatológica es el estudio de los esqueletos indios de los túmulos sepulcrales en los valles de los ríos Ohio e Illinois. En Dickson Mounds, situado cerca de la confluencia de los ríos Illinois y Spoon, los arqueólogos han exhumado unos 800 esqueletos que dibujan un panorama de los cambios en la salud que se produjeron cuando, alrededor del 1150 DC, se adoptó el cultivo intensivo del maíz por parte de una cultura de cazadores/recolectores. Los estudios de George Armelagos y sus colegas de la universidad de Massachusetts muestran que estos primeros agricultores pagaron un precio por su cambio en el estilo de vida. En comparación con los grupos de cazadores que les precedieron, los agricultores presentaban un aumento de casi un 50% de defectos en el esmalte, indicativo de desnutrición, el cuádruple de anemia por deficiencia de hierro (evidenciada por una enfermedad de los huesos llamada hiperostosis porótica), el triple de lesiones óseas, que refleja el incremento de enfermedades infecciosas en general y un aumento en la morfología degenerativa de la columna vertebral, que refleja probablemente un excesivo trabajo físico. Comparando con los cazadores/recolectores que les precedieron, estos agricultores tenían menor esperanza de vida. La “esperanza de vida al nacer en la comunidad preagrícola era cerca de veintiséis años,” dice Armelagos, “pero en la comunidad agrícola era de sólo diecinueve años”. Por lo tanto, los episodios de estrés nutricional y de enfermedades infecciosas afectaban seriamente a su capacidad de supervivencia.” La evidencia sugiere que los indios de Dickson Mounds, como muchos otros pueblos primitivos, decidieron cultivar no por gusto sino por la necesidad de alimentar a una población en constante crecimiento. “No creo que la mayoría de los cazadores/recolectores haya entrado en un modo de vida agrícola hasta que no tuvieron más remedio que hacerlo, y cuando lo hicieron ellos cambiaron cantidad por calidad.” dice Marca Cohen de la universidad del estado de Nueva York en Plattsburgh, coeditora con Armelagos de uno de los libros fundamentales en su campo, “Paleopatología en los orígenes de la agricultura”. “Cuando inicié esta discusión hace diez años, la mayoría de la gente no estaba de acuerdo. Ahora se ha convertido en un respetable, aunque polémico argumento”, comenta Cohen.

Hay al menos tres tipos de razones que explican los desastrosos resultados de la agricultura para la salud. Primero, los cazadores/recolectores gozaron de una dieta variada, mientras que los primeros agricultores obtuvieron la mayoría de su alimento a partir de uno o muy pocos cultivos ricos en almidón. Ganaron calorías de mala calidad a costa de una nutrición pobre, apenas tres plantas ricas en carbohidratos: trigo, arroz y maíz proporcionan actualmente el grueso de las calorías consumidas por la especie humana, pero cada una de ellas es deficiente en ciertas vitaminas o aminoácidos esenciales para la vida. En segundo lugar, debido a la dependencia de un número limitado de cosechas, los granjeros corrieron el riesgo del hambre si alguna fallaba. Por último, el mero hecho de que la agricultura permitiese a la gente agruparse en sociedades populosas facilitaba la extensión de parásitos y de enfermedades infecciosas, muchos de los cuales eran luego transportados a otras sociedades también populosas con las que mantenían contactos comerciales; algunos arqueólogos piensan que es el hacinamiento (en vez de la agricultura) el responsable de las enfermedades, pero se trata del problema de quien fue antes, el huevo o la gallina, porque el hacinamiento fomenta la agricultura y viceversa. Las epidemias no pueden arraigar cuando las poblaciones se encuentran dispersas en pequeños grupos que están desplazando constantemente sus campamentos. La tuberculosis y las enfermedades diarreicas tuvieron que esperar al surgimiento de la agricultura, el sarampión y la peste bubónica a la aparición de grandes ciudades.

Además de la malnutrición, el hambre y las enfermedades epidémicas, la agricultura ayudó a traer otra maldición a la humanidad: las profundas divisiones de clase. Los cazadores/recolectores tienen poco o ningún alimento almacenado, y tampoco fuentes concentradas de alimento, como una huerta o una manada de vacas: viven de las plantas salvajes y de los animales que obtienen cada día. Por lo tanto, no puede haber reyes, ni ninguna clase de parásitos sociales que engordan con el alimento sustraído a otros. Solamente con la agricultura puede vivir saludablemente una élite no productora, a costa de una población acosada por las enfermedades. Los esqueletos de las tumbas griegas en Micenas del 1500 AC sugieren que los reyes gozaban de una dieta mejor que sus súbditos, puesto que los esqueletos reales eran dos o tres pulgadas más altos y tenían mejor dentición (en promedio les faltaba una, en vez de seis piezas). Entre las momias chilenas de hace 1000 años, la élite se distinguía no solamente por los ornamentos y las pinzas de oro del pelo, sino también por un índice cuatro veces menor en el número de lesiones óseas causadas por enfermedad.

Similares contrastes en la nutrición y la salud persisten en la actualidad a escala mundial. A los habitantes de los países ricos como EEUU les suena ridículo exaltar las virtudes de la caza y la recolección, pero los americanos son una élite, dependiente del petróleo y de los minerales, que a menudo deben ser importados desde países con una salud y una alimentación más deficiente. Si se pudiese elegir entre ser campesino en Etiopía o un cazador/recolector bosquimano en el Kalahari ¿Cuál cree que sería la mejor opción?

La agricultura también pudo fomentar la desigualdad entre los sexos. Liberada de la necesidad de transportar a los bebés durante una existencia nómada, y bajo la presión de producir más manos para trabajar el campo, las mujeres campesinas tienden a tener embarazos más frecuentes que sus homólogas cazadoras/recolectoras, con los consiguientes problemas de salud asociados. Entre las momias chilenas, por ejemplo, más mujeres que hombres tenían lesiones óseas provocadas por enfermedades infecciosas.

A veces en las sociedades agrícolas se convirtió a las mujeres en bestias de la carga. En las comunidades agrícolas de la actual Nueva Guinea, a menudo me asombro de ver a mujeres que se tambalean cargadas de verduras y leña mientras que los hombres caminan con las manos vacías. Una vez durante un viaje de estudio sobre aves pagué a algunos aldeanos para llevar los suministros desde una pista de aterrizaje a mi campamento en la montaña. El objeto más pesado era un fardo de 110 libras de arroz, que até a un palo y asigné a un equipo de cuatro hombres para que lo llevaran a hombros. Cuándo por fin alcancé a los aldeanos, los hombres llevaban las cargas ligeras mientras una pequeña mujer, que pesaba menos que el fardo de arroz, estaba doblada bajo el, sosteniéndolo a la espalda mediante una cuerda alrededor de sus sienes.

En cuanto a la afirmación de que la agricultura facilitó el florecimiento del arte al darnos más tiempo libre, los modernos cazadores/recolectores tienen por lo menos tanto tiempo libre como los agricultores. Poner el énfasis en el tiempo libre como factor crítico me parece un error. Los gorilas han tenido mucho tiempo libre para construir su propio Partenón, pero no les apeteció. Aunque los avances tecnológicos postagrícolas permitieron nuevas formas de arte y facilitaron su conservación, los cazadores/recolectores de hace 15.000 años produjeron geniales pinturas y esculturas y los Inuit y los indios del noroeste del Pacífico todavía las producían en fechas tan recientes como el siglo pasado.

Así, con el advenimiento de la agricultura, una élite llegó a estar mucho mejor, pero para la mayoría de la gente fue peor. En vez de aceptar la hipótesis “desarrollista” de que elegimos la agricultura porque era lo mejor para nosotros, más bien deberíamos preguntarnos cómo fuimos atrapados por ella a pesar de sus inconvenientes.

Una salida a la controversia puede ser “Es cierto, la agricultura puede alimentar a muchas más personas que la caza, aunque con una peor calidad de vida” (la densidad de las poblaciones de cazadores/recolectores son rara vez mayores de una persona por cada diez millas cuadradas, mientras que los agricultores tienen densidades medias 100 veces mayores). En parte esto se debe a que un campo enteramente sembrado de cultivos comestibles permite alimentar muchas más bocas que un bosque con plantas comestibles dispersas. En parte es también porque los cazadores/recolectores nómadas tienen que tener los niños espaciados en intervalos de cuatro años mediante el infanticidio y otros medios, puesto que una madre debe llevar a su hijo hasta que es lo suficientemente mayor para caminar con los adultos. Las mujeres agricultoras no tienen esa carga y pueden tener hijos más a menudo, cada dos años.

Como las densidades de población de los cazadores/recolectores se incrementaron lentamente al final de la edad de hielo, las tribus tuvieron que elegir entre alimentar más bocas dando los primeros pasos hacia la agricultura, o bien encontrar la forma de limitar el crecimiento. Algunas tribus eligieron la primera solución, incapaces de anticipar los males de la agricultura, seducidas por la abundancia transitoria que gozaron, hasta que la población se incrementó gracias a la producción creciente de alimentos. Estas tribus desbordaron su territorio original y mataron o desplazaron a las tribus que eligieron seguir siendo cazadores/recolectores, porque cientos de agricultores subalimentados pueden dejar fuera de juego a un cazador sano. No es que los cazadores/recolectores abandonaran su estilo de vida, pero los que no eran lo suficientemente sensatos para renunciar a él, fueron forzados a salir de todos los territorios excepto aquellos que los agricultores no deseaban.

En este punto es instructivo recordar la habitual crítica de que “la arqueología es algo superfluo porque se ocupa del pasado remoto y no ofrece lecciones para el presente”. Los arqueólogos que estudian el origen de la agricultura han reconstruido una etapa crucial en la que cometimos el peor error en la historia de la humanidad. Obligados a elegir entre la limitación de la población o tratar de aumentar la producción de alimentos, escogimos la última opción y obtuvimos más hambre, la guerra y la tiranía.

Los cazadores/recolectores practicaron la forma de vida más duradera, acertada y larga de la historia humana. Por el contrario, todavía estamos luchando con el problema en el que la agricultura nos ha metido, y no sabemos si podremos solucionarlo. Supongamos que un arqueólogo extraterrestre que nos haya visitado intenta explicar la historia humana a sus compañeros extraterrestres. Puede que él ilustre el resultado de su investigación mediante una analogía, usando un reloj de 24 horas, en el que cada hora representa 100.000 años de tiempo real. Si la historia de la especie humana comenzó en la medianoche, ahora casi estaríamos en el final de nuestro primer día. Hemos vivido como cazadores/recolectores casi la totalidad de ese día, desde la medianoche, pasando por la madrugada, el mediodía y la puesta de sol. Finalmente, cuando sólo faltan seis minutos para la medianoche, adoptamos la agricultura. Cuando se acercan las 12 campanadas de la segunda medianoche ¿Se extenderá gradualmente la difícil situación de los campesinos afectados por la hambruna hasta engullirnos a todos? ¿O de alguna manera lograremos esas seductoras ventajas que imaginamos detrás de la brillante fachada de la agricultura, y que hasta ahora se nos han escapado?


  1. Pocosé
    29 agosto, 2015 en 8:09

    No se hace referencia aquí a la competencia entre las tribus de cazadores recolectores por los mejores recursos, ni a como se controla su demografía. No todo va a ser idílico.
    Tampoco se hace referencia a que entre los cazadores recolectores también hay élites extractivas. Los chamanes no suelen compartir sus cocimientos, sino utilizarlos para mantener sus privilegios.
    También hay que tener en cuenta que ningun cazador recolector desechará una nueva herramienta que ie facilite más su vida. Con la exención de la botella de CocaCola en ” Los dioses deben de estar locos”
    Mucho más amplio y muy interesante este debate, Ya iremos viendo.

  2. 29 agosto, 2015 en 9:10

    Interesante artículo, aunque no comparto todos los puntos de vista del texto. Sería interesante relacionarlo con, por ejemplo, la mitología del paraíso perdido de Adán y Eva. Las culturas anteriores ya tenían una idea similar sobre la pérdida de su <>
    Por otra parte con el neolítico nace, a una escala muy reducida, el capitalismo, y desde entonces hasta hoy. Primeras propiedades, primeras clases sociales, primeras transacciones económicas, primeras especializaciones laborales…

  3. 29 agosto, 2015 en 9:11

    La pérdida de su paraíso… Se ha colado el móvil 😉

  4. 29 agosto, 2015 en 9:46

    Pocosé

    Diamond también muestra la difícil vida del cazador/recolector: infantico, control de natalidad, etc. Lo que resalta en este texto es la diferente escala del sufrimiento: individual y desorganizado en los cazadores y colectivo y estructurado en las sociedades posteriores. El ejemplo más extremo es quizás la guerra: los cazadores/recolectores la hacen de forma esporádica y muy brevemente porque en realidad tienen que seguir buscando comida y cuidando de sus hijos, mientras que en las sociedades más desarrolladas esta puede llegar a los terribles ejemplos que todos conocemos. De todas formas su incisiva pregunta de que

    “Si se pudiese elegir entre ser campesino en Etiopía o un cazador/recolector bosquimano en el Kalahari ¿Cuál cree que sería la mejor opción?”

    es para reflexionar mucho.

    Respecto a los chamanes, por lo que he leído de antropología los bosquimanos y similares no tienen tal y como nos los imaginamos del cine. Las labores de intermediación animista son compartidas por todo el grupo aunque dirigidas por los ancianos, que son los depositarios de todo el conocimiento acumulado del grupo, tanto el material como el espiritual.

  5. Anónimo
    29 agosto, 2015 en 15:15

    Pocas personas se han detenido en tan importante reflexión, sin embargo, la filosofía popular lo ha expresado “todo tiempo pasado fue mejor”… mal interpretada también la frase, pudo referirse al impacto de esos saltos “progresistas”.

  6. Hhhhhooooohhhh
    29 agosto, 2015 en 15:26

    «desde siempre», no. Desde «Hegel»

  7. 29 agosto, 2015 en 15:33

    En este aspecto, concuerdo con Pocosé. Es cierto que la agricultura ha tenido inconvenientes, pero omite y distorsiona muchos aspectos. Por ejemplo, los bosquimanos siempre han tenido jefes hereditarios, aunque con menos poder que en las sociedades europeas. Tampoco sé cómo calcula el número de horas trabajadas, cuando una de sus prácticas de caza más conocidas consiste en perseguir a los animales que hieren, a veces durante días.

    Y en cuanto a que los cazadores-recolectores no padecen hambrunas, mucho me temo que es directamente falso, incluyendo a los San actuales:
    http://www.thestandard.co.zw/2013/03/24/san-community-on-the-verge-of-starvation/

  8. Vicente Perez
    29 agosto, 2015 en 16:37

    Buen artículo. Gracias por compartirlo

  9. 29 agosto, 2015 en 19:00

    Este argumento, que también desarrolla el profesor Yuval N. Harari en su libro ‘De animales a dioses’ en el capítulo “El mayor timo de la Historia” tiene a mi juicio un error de partida, y es el de suponer que el desarrollo de la agricultura pudo ser una elección libre del homo sapiens. Como él propio Harari muestra en su libro, la agricultura se desarrolló hasta nueve veces de forma independiente en diferentes lugares y épocas, y por tanto cabe suponer que el debate sobre su oportunidad y ventajas pueda ser tan ocioso como el de decidir si las sociedades que forman las hormigas disfrutarían de mejor existencia si no estuvieran organizadas de forma jerárquica. En mi opinión introduce un elemento subjetivo (vivir mejor o peor, alimentarse de forma más sana respecto de avanzar culturalmente y adquirir conocimiento…) que es muy oportuno para crear debates apasionados donde todo el mundo puede opinar, pero con un escaso valor científico. Sencillamente, esa opción no se dio. En el cambio genético que propició la revolución cognitiva, la agricultura y todas sus consecuencias estaban implícitas y eso es lo que hay. Corresponde a los científicos estudiar las condiciones en que se produjo y las circunstancias biológicas y ambientales que condujeron a ella, y dejar las especulaciones sobre si aquella vida era mejor o peor a desocupados tertulianos, ya que en nada afectan estos juicios a los hechos. Por otro lado, tampoco el profesor Harari ni Jared Diamond han decidido recuperar la forma de vida de nuestros ancestros; antes bien han decidido utilizar las consecuencias de la revolución agrícola y la tecnológica subsiguiente para escribir exitosos e interesantes best sellers, aunque contengan alguna trampilla que otra.

  10. 29 agosto, 2015 en 20:17

    Los argumentos del texto de Diamond me han recordado el libro del antropólogo americano Marvin Harris “Canibales y Reyes. El origen de las culturas” de 1977, con el coincide ampliamente.
    ¡Estupenda entrada!

  11. 29 agosto, 2015 en 22:17

    Interesante.
    Creo recordar que la agricultura se ha descrito como “el mayor acierto y el peor error” de la historia de la humanidad. Categoría en la que también podría puntuar la revolución industrial.

  12. G
    30 agosto, 2015 en 1:21

    Creo que el autor del texto no se da cuenta que con cada ventaja siempre viene aparejada una serie de desventajas, eso es de “cajón”, es tonto suponer que la agricultura y las sociedades sedentarias serían las excepciones; si muchas sociedades a lo largo de la historia han desarrollado la agricultura es porque las ventajas superan las desventajas, así de sencillo.

    Y me parece muy simplista su visión de que las sociedades recolectoras/cazadoras viven como en una especie de armonía consigo mismas y su ambiente, hay algunas que tal vez sí, si es que viven en una especie de paraíso tropical o algo parecido, pero hay otras que por el contrario tienen una vida muy brutal, eso de estar a expensas de la suerte para encontrar comida, o gastar tu tiempo siguiendo hasta por días a tu presa que muy bien podría revirar y matarte no me parece francamente la mejor opción de vida (algunos documentales del National Geographic pueden ser muy ilustrativos lol), gracias a ese “error” histórico el fulano está muy posiblemente bien alimentado y a salvo de animales salvajes y alimañas, que lo suelten en una selva o con los bosquimanos a buscar su comida, arriesgándose a morir de hambre o terminando herido o muerto sin medicina moderna, a ver si nos sigue contando que la agricultura o las sociedades sedentarias las sigue viendo como un “error”.

    Por último una sociedad de cazadores/recolectores sólo es sustentable para un número pequeño de individuos, y es una sociedad básicamente estancada (¿A poco una sociedad así hubiera puesto un hombre en la luna o inventado el internet o desarrollado la ciencia moderna que disfrutamos?) Peor aún, si entra en contacto con una sociedad “agrícola” mucho más avanzada tecnológicamente básicamente está a su merced, y adiós “paraíso” terrenal, si es que deveras vivían en él. A mi me parece que el autor especula mucho y muchos de sus comentarios me parecen fuera de la realidad.

  13. 30 agosto, 2015 en 10:11

    Javi

    Sobre el poder en las sociedades de cazadores/recolectores te comento una anécdota que leí hace ya muchos años aunque no recuerdo el título del libro. El antropólogo en cuestión, tras haber pasado una larga temporada con uno de estos pueblos, decidió obsequiar al clan con lo que más les gusta: una opípara comida a base de abundante carne. Para ello se desplazó bastantes kilómetros hasta una aldea que tenía un mercado y allí compró el cerdo más grande y cebado que encontró. Se organizó la pantagruélica comida y aunque el investigador observaba que toda la tribu estaba comiendo hasta saciarse, diferentes miembros del clan se dedicaron a menospreciar al cerdo, a criticar que había poca comida para tantos y demás incompresibles puyas. Al día siguiente muchos de los que casi no se podían ni levantar de la indigestión siguieron con sus críticas diciendo que el animal estaba en los huesos y que habían pasado hambre. Perplejo ante este comportamiento y pensando que tras su largo estudio parecía que algo había hecho mal, que quizás había ofendido a alguien o que en realidad había sido incapaz de comprender a esta cultura, nuestro antropólogo fue a hablar con el miembro del grupo con el que había intimado más, para que le explicara dónde se encontraba el problema. Entonces su amigo aborigen le indicó que esa cena había sido la mejor de su vida y de los anales del grupo, puesto que lo habitual era que la caza fuera de animales débiles, enfermos y por tanto con poca o nula grasa (que a diferencia de nosotros, privilegiados del primer mundo para ellos es una exquisitez por su ausencia). Pero que en su tribu era habitual menospreciar los logros de los cazadores y que el número de críticas estaba en consonancia con la abundancia y calidad del animal, porque la experiencia les demostraba que como todos compartían la comida, los cazadores que llevaban las mejores piezas empezaban a creerse superiores y aparecían los problemas, de tal forma que muchas veces para evitar esa superioridad cuando se cansaban, la mayoría del grupo abandonaba al orgulloso e insoportable cazador con suerte. Y para evitar ese desgarro en el grupo era por el que sabiamente (como aquella costumbre romana de hacer subir al carro de la victoria a un esclavo que no paraba de repetir al victorioso general lo breve y fútil que era la vida) se perseguía tan mordazmente cualquier tipo de protagonismo. Esto junto con los estudios de Marvin Harris (que comenta lagarto astuto) habla muy claramente sobre la casi nula capacidad de imposición que existe en grupos en donde cada uno puede levantarse e irse, y hace que en la práctica en estas sociedades no existan jefes tal y como los conocemos. Y es por ello que todos los antropólogos que han estudiado estas culturas se asombran de la cantidad de horas al día (por encima de cualquier otra actividad) que dedican estos individuos a hablar, a chismorrear, a discutir, a negociar en una palabra, porque en estas únicas y verdaderas sociedades democráticas todo debe hacerse por acuerdo ya que en cuanto hay disensión, el grupo se dispersa y hay que volver a empezar de nuevo.

    Respecto a que estos pueblos pasen hambre eso no es extraño, lo sorprendente es que hayan sido capaces de sobrevivir durante siglos o milenios en los entornos más hostiles del mundo (desiertos, zonas polares, etc.) sin esquilmar los escasísimos recursos de los que disponen. Lo que es también llamativo es que lo que consideramos las grandes civilizaciones de la antigüedad Egipto, Mesopotamia, China, etc., que han vivido en las zonas más fértiles del planeta, los valles del Nilo, del Éufrates, del río Amarillo, etc. hayan padecido recurrentes y terribles hambrunas que ha matado a millones de personas.

  14. 30 agosto, 2015 en 10:27

    Octavi Soler y G

    Me considero un privilegiado porque al ser científico me pagan (aunque poco y cada vez menos) por hacer lo que más me gusta: pensar, discutir y aprender. Puedo comunicarme bien directamente o a través de libros, conferencias, documentales, exposiciones, etc. con las mentes más privilegiadas que ha dado la Humanidad. Imagino que un director de orquesta, un filósofo, un historiador, un matemático o ya puestos como dice Diamond cualquier habitante de un país desarrollado (siempre que tenga un trabajo digno y no haya sufrido los brutales recortes de estos últimos años) está en mi misma situación.

    Ahora bien, pienso que mi situación sería totalmente diferente si hubiera sido uno de los cientos de millones de personas que a lo largo de la historia han sido esclavos, siervos de la gleba o que murieron a millones por las diferentes pandemias que (aunque indirectamente) fabricamos. ¿Qué ventajas ha tenido para ellos la civilización?

    Es más ni siquiera hay que irse al lejano pasado, a día de hoy viven en el mundo cientos de millones de niños (y adultos) que trabajan esclavizados en minas o cosiendo la ropa que tan alegremente desechamos porque nos cuesta unos pocos euros. ¿Qué les aporta de positivo a ellos la decisión que tomaron nuestros antepasados de hace diez milenios? Ellos nunca van a poder visitar El Partenón, ni escuchar una sinfonía de Bach, no van a deleitarse con las imágenes del Hubble, ni a comprender jamás la maravillosa belleza del Universo o de la Evolución porque no tienen fuerzas para poder leer un libro.

    Lo que hace Diamond simplemente es exponernos ante esta provocadora verdad y sugerir que quizás deberíamos ser un poco más humildes y realistas a la hora de interpretar nuestro pasado. Ello quizás, si aprendemos estas lecciones, nos puede ayudar a la hora de diseñar nuestro futuro y el de nuestros descendientes.

  15. 30 agosto, 2015 en 12:11

    Ateo, comprenderás que una anécdota, y además sin fuente, no es prueba de nada. Lo que sí es prueba es que todos los pueblos conocidos, incluso los que siguen siendo cazadores-recolectores, tienen clases sociales. Y lo de “vivir sin esquilmar los recursos”, es una sobresimplificación. Como cualquier otro animal en un ecosistema, si una población ejerce demasiada presión sobre sus fuentes de alimentación, se produce una hambruna que reduce el número de individuos o los obliga a emigrar. No tiene ningún misterio.

  16. 30 agosto, 2015 en 17:28

    Javi

    No te preocupes buscaré la fuente. A mí también me gustaría conocer la fuente de tu afirmación de que todos los cazadores tienen clases sociales cuando todos los estudios que recuerdo dicen lo contrario:
    “A diferencia de otros tipos de sociedades, y sobre todo de las estatales, en las sociedades de cazadores recolectores no hay grupos ni personas, en general, que tengan un acceso diferenciado a los recursos y al poder. La imposibilidad de acumular riqueza y la ausencia de una jerarquización permanente parecen ser las claves que nos permiten interpretar el carácter igualitario de estas sociedades forrajeras.”
    http://ocw.unican.es/humanidades/introduccion-a-la-antropologia-social-y-cultural/material-de-clase-1/tema-5-antropologia-politica/5.2-las-sociedades-de-cazadores-recolectores

  17. 30 agosto, 2015 en 17:37

    La anécdota que conté es del profesor Richard Lee en su convivencia con los bosquimanos en el desierto del Kalahari y lo narra Marvin Harris en uno de sus libros, Vacas, cerdos, guerras y brujas, concretamente en el capítulo titulado Potlatch.

  18. Sardaukar
    30 agosto, 2015 en 18:57

    Aunque no comparto totalmente la afirmación de Yuri de que “el pasado era una mierda” http://lapizarradeyuri.blogspot.com.es/2010/03/el-pasado-era-una-mierda.html sí creo que su punto de vista es mucho más acertado que el que reflejas en este -interesante- artículo. Evidentemente el aumento de población propició el surgimiento de organizaciones de control y de dominación, y la polarización de la sociedad en un sistema de clases (que ya existía en las sociedades de cazadores, pero atenuado). ¿Eso es malo? Para mí, sí, desde luego. Pero si no existiera ese sistema de clases no existiría una “clase científica” (puteada en la actualidad, pero esa es otra historia), ni existiría ciencia, ni descubrimientos. SI no existiese una sociedad compleja de algún tipo no existiría siquiera la escritura (todas las formas de escritura se han producido en sociedades estructuradas y con agricultura y/o comercio).

    ¿Seríamos más felices hablando y contando historias a la luz de una hoguera? Puede que sí. Pero ¿qué posibilidades habría de que hubiésemos nacido? La natalidad y los infanticidios -Marvin Harris hablaba incluso de “infanticidios a niñas disimulados por medio de la alimentación” (no recuerdo el nombre que le daba)- están muy presentes en tribus actuales de cazadores-recolectores. Hablar al calor de la hoguera debe ser agradable, pero que te maten de niño debe ser tan desagradable como trabajar para una multinacional en Bangla-Desh, o incluso algo más.
    Sobre lo de la talla, la verdad, no le veo la ventaja a la altura, salvo para hacer atletismo -y sólo en algunas pruebas-. Conozco individuos bajitos más listos que yo, y más aptos incluso para el combate cuerpo a cuerpo, incluso más aptos para correr largas distancias, y con menos posibilidades de lesión por menor peso y menor longitud de sus huesos.

    Como ya apuntó alguien, las tribus de cazadores-recolectores no están libres de las hambrunas. Es cierto que el hambre de una tribu de un par de cientos de individuos siempre va a ser menor que el hambre de toda Irlanda, además esos aborígenes tienen más habilidades para poder sobrevivir en su medio que un campesino irlandés sometido al catolicismo y siendo sistemáticamente aniquilado por la ocupación inglesa. (Con eso quiero decir que habría que hacer muchas lecturas de esas “hambrunas”, y no usarlas para comparar una época y otra).

    Otro apunte más: el ayuno, pasar hambre -moderadamente-, es algo bueno según algunos estudios médicos (pruebas con ratas en laboratorio lo sustentan, al menos) y el ayuno ritual forma parte de muchas religiones -e incluso de prácticas de curanderismo para enfrentarse a ciertos problemas -o sea, que es algo que se cree “bueno” desde siempre, aunque esto no quiera decir que lo sea, en este caso sonó la flauta por casualidad-.
    Otra cosa es que, a la hora de alimentarnos, reconozcamos que el cuerpo humano ha evolucionado para pasar períodos de hambre, consumiendo menos carbohidratos de los que consumimos y con menos comida de la que comemos, por lo que ahorra todo lo que puede en forma de michelines que son, además de antiestéticos, insalubres. Se pirra por los alimentos con mucha energía concentrada, aunque no la necesite. ¿Por qué? Porque debimos pasar mucha hambre cuando éramos cazadores-recolectores.

  19. Sardaukar
    30 agosto, 2015 en 19:02

    Sobre lo de las clases sociales, existen -atenuadas- en los pequeñas sociedades de primates. Recuerdo incluso un estudio donde etólogos afirmaban que una hembra “de las más bajas” en la “clase social” (no usaban esa palabra) animaba a sus crías a jugar con las crías de las hembras dominantes. ¿No es eso ya un indicativo de clase social?

  20. 30 agosto, 2015 en 20:28

    Sardaukar

    Como ya he comentado antes a mí personalmente me compensa este modo de vida. Ahora bien, debido a que provengo de una familia trabajadora muy normal es poco probable que por mis venas corra sangre azul o similar, a no ser por la bastardía impuesta por el famoso derecho de pernada, por lo que no se si mi larga lista de ancestros de los últimos diez milenios estarían de acuerdo conmigo sobre este asunto.

    De todas maneras pienso que nos hemos ido desviando del tema fundamental que no es si el modo de vida ancestral de los sapiens es mejor o peor que el derivado de la revolución neolítica (ya que ambos tienen sus pros y sus contras) sino la forma en la que la mayoría (si no todos) hemos sido educados bajo la premisa de que antes los humanos eran unos salvajes y que la “civilización” derivada de la agricultura y la ganadería permitió el desarrollo de las facultades humanas. Está claro que Altamira no es peor que la Capilla Sixtina, los mitos chamánicos son tan literatura de ficción como el Corán, las “epopeyas” de los inuit objetivamente no son inferiores a la literatura del siglo XXI y las canciones de los aborígenes australianos son tan importantes como la sexta de Beethoven. Quizás lo único verdaderamente diferente que nos ha dado la “civilización” y que no tienen los cazadores/recolectores (pero tampoco la inmensísima mayoría de las sociedades agrícolas posteriores) ha sido la ciencia y para ello hemos tardado 9.500 o 9.700 de estos últimos diez milenios en desarrollarla. Quizás sea poco bagaje para tanto sufrimiento.

  21. 30 agosto, 2015 en 22:36

    Acaba de fallecer el neurólogo y divulgador científico Oliver Sacks.

  22. Abraham
    31 agosto, 2015 en 8:16

    Hace un par de años leí en un libro de texto sobre Historia de la Economía sobre esto mismo. Apuntaban que el desarrollo de la agricultura, parejo a la ganadería, propiciaba sobre todo un aumento de la población, a costa de una peor calidad de vida. Aunque al hacinamiento añadía el hecho de estar en contacto permanente con animales al desarrollo de nuevas enfermedades.

    Y que el éxito de la agricultura se debió, básicamente, a que una mayor población es capaz de imponerse y expandirse, expulsando a los cazadores/recolectores de sus territorios.

  23. Pocosé
    31 agosto, 2015 en 8:40

    Estaría de acuerdo en que porcentualmante somos igual de salvajes.
    Las artes, las tecnologías, las supersticiones, las estructuras sociales y las identidades culturales, han evolucionado en ambos casos, con mayor complejidad y rapidez donde la demografía ha podido ser mayor y las contingencias lo han permitido.
    Si las sociedades (tribus) de cazadores recolectores estrictos están a punto de extinguirse habremos de reconocer que su eficacia evolutiva es inferior.
    Por primera vez en el devenir de la humanidad tenemos conocimiento lo suficientemente fiable como para prever que de seguir como vamos hay muchas probabilidades de autoextinguirnos. Si no hiciéramos nada al respecto quedaría grabado, en el registro fósil, que fuimos los más
    salvajes.
    De todas formas el debate es interesantisimo y quedan muchos aspectos por reseñar y debatir.

  24. 31 agosto, 2015 en 10:57

    La mayor fuerza del ser humano es el grupo, cuanto más grande y potente mejor, malo para ser recolector, pero fantástico para defenderse de aquellos que te atacan y roban lo poco que has logrado recoger, si no resulta que te usan como plato principal para la cena.

    Pienso que para defenderse de esos enemigos te unes en grupos grandes, pero poco móviles y con necesidades de alimentación que no le logran con la caza/recolección y menos en esas condiciones de hostilidad permanente, así que la agricultura y la ganadería eran una buena solución, seguramente estas eran conocidas a pequeña escala y para complementar la dieta, pero llega un momento en que la situación se invierte.

  25. 31 agosto, 2015 en 15:44

    Hay una razón médica por la cual los humanos nos decantamos por la agricultura. Una investigación mediante escaneo cerebral puso de manifiesto que algunas personas pueden en verdad ser adictas a determinados tipos de carbohidratos, como las patatas, el arroz o el trigo (pan).

    Cuando el gluten del trigo es digerido, es transformado en una serie de polipéptidos que son capaces de atravesar la barrera sangre-cerebro. Y allí, son capaces de actuar como opiáceos. De ahí que les bautizaran a estos polipéptidos como exomorfinas, ya que actúan como si fuera morfina; de ahí la sensación de hambre constante que nos tiende a producir y consumir trigo. Para muchos, el trigo es como una droga, por eso cuesta tanto dejarlo, como muestra el síndrome de abstinencia, que sufren no pocos que lo intentan.

    La dopamina es un neurotransmisor y una hormona que afecta el centro de placer y recompensa del cerebro. Esta área de placer y recompensa puede ser estimulada por los carbohidratos presentes en las patatas, el arroz o el trigo, del mismo modo en que puede ser estimulada por otras sustancias a las que consideramos como drogas.

    Los alimentos con un puntaje de índice glucémico de 50 o más se consideran altos y adictivamente peligrosos, mientras que los alimentos con un puntaje de índice glucémico de menos de 35 son considerados alimentos de bajo índice glucémico, y son seguros. Los situados entre 35 y 50 varían según la naturaleza del individuo.
    Por ejemplo, la tabla de índice glucémico de la Harvard Medical School muestra que una manzana tiene una puntuación de 48, una tortilla de maíz tiene una puntuación de 52, mientras que una rebanada de pan 100% integral tiene 51.El arroz blanco registra en 89 y la puntuación de las patatas asadas es la asombrosa cifra de 111.

    Nuestra adicción es la verdadera razón de la agricultura.

  26. 31 agosto, 2015 en 16:27

    a mí me recordó mucho una pelicula de Tin Tan, una parodia de tarzan, llamada el hombre mono, donde al tratar de convencerlo de que la civilización es mejor tintan le demuestra que así como esta vive mucho mejor quien diría que estaba adelantado a las teorías que apenas se discuten 😀

  27. 31 agosto, 2015 en 17:54

    epicoach

    La verdad es que me has sorprendido, no conocía esta teoría. Por favor danos alguna referencia de quien la propuso o alguna referencia para echarla un vistazo.

    Saludos

  28. kikedak
    31 agosto, 2015 en 20:09

    Epicoach, así que la especie humana se hizo adicta hace 10000 años de repente tras 90000 años sin adicciones? O ya era “adicta” a otros péptidos y carbohidratos antes? No estaremos confundiendo estimulación con adicción?
    Volviendo a Diamond, lo interesante de sus teorías apuntan hacia la explotación racional de los recursos y el control de la población como las únicas vías de evitar el desastre. Ver Colapso y Armas, gérmenes y acero.

  29. kikedak
    31 agosto, 2015 en 20:12
  30. 31 agosto, 2015 en 23:04

    Bueno las adicciones siempre tienen un inicio, y se prefiere, con el tiempo, se puede hablar, o no, de adicción a la estimulación.

    Solo son teorias, y cada cual puede tomar la que más le apetezca.

    Un artículo muy ilustrativo al respecto se encuentra en:

    http://es.sott.net/article/10982-La-Formacion-del-Suelo-el-Agua-la-Agricultura-y-el-Comportamiento-Humano

    Del que extraigo los siguientes párrafos:

    Los fenómenos de la agricultura y civilización humana son etológicamente interesantes porque virtualmente ninguna otra especie vive de esta manera, y los humanos no vivieron de esta forma hasta relativamente recientemente.

    […]Ahora está claro que la agricultura fue adoptada a pesar de ciertas desventajas de ese estilo de vida (e.g. Flannery 1973, Henry 1989). Hay literatura sustancial (e.g. Reed 1977), no solamente sobre como empezó la agricultura, sino porqué.

    Cohen (1977:141) resumió el problema preguntando : ‘Si la agricultura no provee ni una dieta mejor, ni una mayor fiabilidad en la dieta, ni es más fácil, sino que controversialmente parece proveer de una dieta más pobre, menos fiable, con mayor costo de esfuerzo, ¿porqué alguien llega a ser agricultor?

    Han sido ofrecidas algunas explicaciones, normalmente centradas alrededor de un factor particular que forzó la adopción de la agricultura, tal como el medio ambiente o la presión poblacional (para revisiones vea Rindos 1984, Pryor 1986, Redding 1988, Blumler & Byrne 1991). Cada uno de estos modelos ha sido extensivamente criticado, y en estos momentos no hay una explicación generalmente aceptada del origen de la agricultura.

    Un problema similar esta representado por la aparición post-agricultural de ciudades y estados por todo el mundo y de nuevo hay una gran cantidad de literatura devota a explicarlo (e.g. Claessen & Skalnik 1978). Los cambios de comportamiento principales hechos para adoptar el estilo de vida civilizado ruegan explicación. Bledsoe (1987:136) resumida la situación por lo tanto: ‘Nunca ha habido y no hay ahora acuerdo sobre la naturaleza y significado del nacimiento de la civilización. Las preguntas presentadas por el problema son simples, aun fundamentales. ¿Cómo vino la civilización?

    Descubrimientos recientes de sustancias potencialmente psicoactivas en ciertos productos de la agricultura – cereales y leche- sugiere una perspectiva adicional sobre la adopción de la agricultura y el cambio de comportamiento (‘civilización’) que le siguió.

    Grupos dirigidos por Zioudrou (1979) y Brantl (1979) encontraron actividad opiácea en el trigo, el maiz .y la cebada. (exorfinas), y en la leche bovina y humana (casomorfina), tambien como actividad estimulatoria en estas proteinas, y en la avena, el centeno y la soja.

    La exorfina del cereal es mas potente que la casomorfina bovina que en cambio es más fuerte que la casomorfina humana. Mycroft et al. (1982, 1987) encontraron un análogo de MIF-1, un peptido dopaminérgico que se encuentra naturalmente en el trigo y la leche. Esto no sucede en cualquier otra proteína exógena (En secciones subsecuentes usamos el término exorfina para cubrir las exorfinas, casomorfinas y el análogo MIF-1. Aunque las sustancias opiáceas y dopaminérgicas funcionan de forma distinta, ambas ofrecen ‘recompensas’ , y por lo tanto más o menos son equivalentes para nuestros propósitos).

    Desde entonces, los investigadores han medido la potencia de las exorfinas, mostrándolas comparables a la morfina y encefalina (Heubner et al. 1984), determinado sus secuencias de aminoácidos (Fukudome &Yoshikawa 1992), y mostrado que son absorbidas desde el intestino (Svedburg et al.1985) y pueden producir efectos tales como la analgesia y reducción de ansiedad que son usualmente asociados con derivados opiáceos (Greksch et al.1981, Panksepp et al.1984). Mycroft et al. estimaron que 150 mg del análogo MIF-1 prodrían ser producidos por la ingesta diaria de cereales y leche , notando que tales cantidades son oralmente activas, y la mitad de esta cantidad ‘ha inducido cambios de humor en sujetos clínicamente deprimidos'(Mycroft et al. 1982:895). (Para revisiones detalladas vean Gardner 1985 y Paroli 1988.)

    Las drogas adictivas mas comunes son tanto los opiáceos (por ejemplo la heroína y morfina) como las dopaminérgicas (por ejemplo la cocaína y anfetaminas), y funcionan activando los centros de recompensa en el cerebro. Por o tanto debemos preguntar, ¿estos hallazgos significan que los cereales y la leche son químicamente recompensantes?¿Son los humanos adictos de algún modo a estos alimentos?[…] ¿Pueden las exorfinas estar teniendo un efecto sobre la humanidad en grandes proporciones?[…]

    La investigación sobre la intolerancia alimenticia sugiere que los cereales y la leche , en cantidades normales en la dieta, son capaces de afectar el comportamiento en muchas personas. Y si los efectos severos de comportamiento en esquizofrénicos y celiacos puede ser causado por una absorción de péptidos mas alta de lo normal, entonces mas efectos sutiles , que incluso no son vistos como anormales, podrían ser producidos generalmente en la gente.

    La evidencia presentada sugiere la siguiente interpretación: La ingestión de cereales y leche,[……], activa los centros de recompensa del cerebro.

    Los efectos de las exorfinas son cualitativamente los mismos que aquellos producidos por otras drogas opiáceas y/o dopaminérgicas , que son, recompensa, motivación, reducción de la ansiedad, una sensación de bienestar, y quizás incluso adicción.[…]

    Los síntomas de abstinencia son similares a aquellos asociados con la adicción a las drogas[….]. Un deseo por la droga , incluso ansias o sindrome de abstienencia, pueden ser confundidos con el hambre.

    [..]Los investigadores de las exorfinas, quizás por la falta de una perspectiva histórica más amplia, generalmente no han investigado la posibilidad de que estos alimentos en realidad sean como drogas.

    […..] Esta recompensa química fue el incentivo para la adopción del cultivo de cereales en el Neolítico. La auto-administración regular de estas sustancias facilitaron los cambios de comportamiento que condujeron a la subsecuente aparición de la civilización.

    [….]El hecho de que la salud declinó cuando fueron incorporados en la dieta sugiere que su rápido, casi total reemplazamiento de otras comidas fue debido más a la recompensa química que a razones nutricionales[….]

    […]Entonces parece razonable sugerir que la civilización humana no solamente nació de la auto-administración de una recompensa artificial, sino que es mantenida de esta forma entre los humanos contemporáneos[…]

    Si estais interesados, no dejeis de visitar el articulo original:

    http://www.sott.net/article/144687-Origins-of-Agriculture-Did-Civilization-Arise-to-Deliver-a-Fix-

    De Greg Wadley & Angus Martin Department of Zoology, University of Melbourne con una excelente bibliografia al respecto.

  31. Pocosé
    1 septiembre, 2015 en 8:40

    “Los fenómenos de la agricultura y civilización humana son etológicamente interesantes porque virtualmente ninguna otra especie vive de esta manera, y los humanos no vivieron de esta forma hasta relativamente recientemente.”
    al menos son varias la especies de hormigas que practican la agricultura y la ganadería, probablemente desde mucho antes que nosotros, lo de civilización… no se, pero sociedades complejas también.

  32. 1 septiembre, 2015 en 9:05

    En el fondo creo que, mas o menos, todos hablamos de lo mismo.

    La “revolucion neolítica” parece que ha sido la incuestionable razón por la que el ser humano ha “triunfado” en la lucha por la supervivencia. Sin embargo, creo que debemos verlo desde dos planos distintos: Por un lado nuestros genes como especie, sin duda han triunfado, han pasado de pender de un hilo a mediados del paleolítico a habitar todos los rincones del planeta. El otro plano es el del individuo (esa cobertura consciente que tienen nuestros genes). Aquí, como dice el articulo el coste ha sido mayor (para nosotros y para el planeta)

    La tecnología (de la que la agricultura es una expresión) es lo que, a falta de fauces o garras, nos ha facilitado el triunfo genético. Digamos que nuestros genes encontraron la solución al hambre, primero con el silex y luego con el arado. Sin embargo, dicha solución ya no tiene una relación clara con la supervivencia, al haber entrado en juego la economía y la lucha por los recursos y el poder (posiblemente efectos secundarios no “deseados” -vale, la selección natural, si podemos aplicarla al concepto de la revolución neolítica, no desea nada, pero es una forma de hablar) Digamos que, al igual que las plumas de la cola del ave del paraíso, evolutivamente le permiten aparearse más, no dejan de ser un incordio, pues la revolución neolítica sea de ese estilo. La agricultura y las sociedades nos han permitido aparearnos mas (lo que los genes quieren), pero no significa que en el tiempo entre apareamientos, estemos mejor.

    Sin embargo, en el ultimo siglo, el tataranieto del silex y de la agricultura (la ciencia y la tecnología) ha permitido que parte de la humanidad viva mejor que nunca, lo que, si excluyemos del debate el hecho de que solo el primer mundo se beneficia de ello (lo que no es baladí) puede enturbiar y esconder la realidad de un mundo de m… durante milenios de civilización.

    Tampoco creaís con esto que soy optimista en que la actual “civilización” ilustrada, supuestamente científica y tal tenga opciones de que el mundo sea mejor en el futuro. Toffler planteaba que tercera gran revolución (la actual) nos traería a un eden natural, pero con las ventajas de la tecnología. No creo. Teniendo en cuenta que ahora solo vivimos en una edad media en technicolor (donde el derecho de pernada y el señor feudal solo han cambiado de nombre) veo un futuro mas proximo a Blade Runner o Neuromancer, donde la tecnologia será una cagada mas en nuestra evolución.

  33. 1 septiembre, 2015 en 12:31

    Las especies de hormigas que practican la agricultura y la ganadería, probablemente desde mucho antes que nosotros, demuestra que no somos la única sociedad compleja que puebla la Tierra. Lo de sociedades civilizadas, en el sentido humanístico en que se suele emplear, es discutible, incluso para muchas de las actuales sociedades humanas.

    A mi modo de ver, lo más perturbador de la Teoría de la adicción a la agricultura, es el párrafo final:
    […]Entonces parece razonable sugerir que la civilización humana no solamente nació de la auto-administración de una recompensa artificial, sino que es mantenida de esta forma entre los humanos contemporáneos […]

    De este modo, nuestro actual sometimiento al azúcar, presente en casi todos los alimentos elaborados por la industria agroalimentaria, no es sino la versión moderna y ampliada de esa recompensa artificial que formaría parte “del pan y el circo” para mantener nuestra “civilización”.

    Aunque actualmente seguimos autoadministrandonos la recompensa artificial, cabe preguntarse por los orígenes del descubrimiento o introducción de tal recompensa.

    Es curioso que la revolución neolítica corre paralela al denominado “problema Sumerio”, con su hasta ahora inexplicable aparición, si hacemos caso omiso a las propias fuentes sumerias. Pero si nos atenemos a lo que nos cuentan los escritos de la tablillas sumerias, adentrándonos en las oscuras teorías de las conspiraciones, la historia parece sugerirnos una intervención de los dioses para crear una humanidad actual dopada, subyugada por un sistema de civilización piramidal para beneficio de unos pocos.

    Con esta visión conspiranoica se hace más fácil responder a la pregunta de ¿porqué alguien llega a ser agricultor, si la agricultura no provee ni una dieta mejor, ni una mayor fiabilidad en la dieta, ni es más fácil, sino que controversialmente parece proveer de una dieta más pobre, menos fiable, con mayor costo de esfuerzo?

    Entonces parece razonable sugerir que si la humanidad fue la obra de los dioses, como mano de obra, la agricultura fue su imposición, como fuente de alimento, pero también como fuente de la recompensa de las exorfinas, que la civilización humana precisaba para un funcionamiento sin mayores problemas para los dioses; algo así como el bromuro, que según las conspiraciones dicen, se mezclaba en la alimentación de los soldados en los cuarteles.

  34. 1 septiembre, 2015 en 13:10

    La anécdota que conté es del profesor Richard Lee en su convivencia con los bosquimanos en el desierto del Kalahari y lo narra Marvin Harris en uno de sus libros, Vacas, cerdos, guerras y brujas, concretamente en el capítulo titulado Potlatch.

    Y es muy bonita pero apesta a reedicion del mito del buen salvaje. ¿No te parece extraño que a un antropologo estudiando el comportamiento social de una tribu durante meses se le escape el “pequeño” detalle de que se menosprecia el fruto de la caza?

    A mí también me gustaría conocer la fuente de tu afirmación de que todos los cazadores tienen clases sociales cuando todos los estudios que recuerdo dicen lo contrario

    Permiteme que te contradiga, pero eso no es cierto. Las desigualdades en los grupos cazadores recolectores son menores, pero existen. Y los grupos sociales son menos marcados, pero existen. No tienes mas que ir a la wiki para ver que los San tienen jefes tribales, aunque con mucho menos poder que los de otras sociedades:
    https://en.wikipedia.org/wiki/San_people
    Los aborigenes australianos tienen una compleja organizacion social:
    http://www.aboriginalculture.com.au/socialorganisation.shtml
    Los ache, antes del contacto europeo, solian identificar a la tribu o grupo con el nombre del miembro (masculino, por cierto) mas destacado de la tribu.

    Y eso son solo algunos ejemplos. Que no quiere decir que las sociedades cazadoras no fueran mas igualitarias que las sedentarias, pero eso es simplemente porque en una sociedad de cazadores recolectores, despues de proveer para la subsistencia, quedan pocos excedentes que puedan ser distribuidos de manera desigual. Una vez que se empieza con la agricultura y la ganaderia, las clases bajas reciben porcentualmente menos excedentes que las clases altas, con lo que las diferencias se disparan.

  35. 1 septiembre, 2015 en 13:42

    “Y es muy bonita pero apesta a reedicion del mito del buen salvaje.”

    Pues denuncia ante el comité de ética de los antropólogos a Harris y a Lee por mentir. Por cierto, está bastante mal poner en entredicho la profesionalidad de un científico sin pruebas.

    ” ¿No te parece extraño que a un antropologo estudiando el comportamiento social de una tribu durante meses se le escape el “pequeño” detalle de que se menosprecia el fruto de la caza?”

    Parece que a ti se te olvida que el cerdo gordo no era fruto de la caza, ni había sido aportado por un miembro de la tribu, sino por un extraño que no sabía cazar y que se iba a marchar. Por eso se extrañó tanto Lee, porque le habían aplicado las “reglas” de control social cuando estaba claro (al menos para él) que él no era ningún aspirante a “rey” de la tribu.

  36. 1 septiembre, 2015 en 15:17

    Respecto a las jefaturas en antropología hay que tener cuidado con los significados, lo mismo que nadie equipara una abeja reina a una monarquía humana algo parecido ocurre con el término “jefe”. Un jefe o un líder en las sociedades agrícolas y posteriores implica dos cosas: poder y sobre todo coerción, es decir si un inferior incumple las órdenes del jefe eso tiene graves consecuencias; y privilegios, el jefe suele trabajar menos y recibir más que los subalternos. En cambio en las sociedades de cazadores/recolectores esto no ocurre, un “jefe” no tiene poder en la práctica para obligar al resto del grupo, es por ello que como comenté anteriormente estas sociedades dedican la mayor parte de su tiempo en interaccionar y negociar, porque hay que convencer a todos y cada uno de los miembros del grupo para hacer cualquier cosa que implique coordinación. Y curiosamente, tal y como mostró Marvin Harris en varios de sus libros, un “jefe” tribal de cazadores/recolectores no sólo no recibe más por menos trabajo sino que en la práctica es el miembro del grupo que más se esfuerza y se expone, y por ello, por su perseverancia y dedicación hacia las necesidades del grupo su opinión es tenida en cuenta más habitualmente, pero ello puede cambiar en cualquier momento, en cuanto los otros miembros del grupo consideren que se excede.

  37. 2 septiembre, 2015 en 13:36

    Me parece un texto muy sesgado. En pos de criticar el sesgo “desarrollista”, el autor cae en sesgos aún más absurdos. Por empezar, atribuye a la agricultura cuestiones que podrían deberse a otros factores: por ejemplo, ¿la guerra es producto de la agricultura o del crecimiento demográfico? ¿La tiranía es producto de la agricultura o de la acumulación de poder?

    Además, deja de lado cuestiones que son muy relevantes. Nuestra civilización, que desciende de los primeros agricultores, ha obtenido logros muy superiores a los de tribus que aún continúan siendo cazadores/recolectores. Sí, tuvimos guerras, tiranía, esclavitud. También tenemos ciencia y tecnología. Tenemos un entendimiento del universo que supera enormemente a las mitologías de los cazadores recolectores.

    ¿Y que hay de la estabilidad? ¿Qué tan susceptibles a los vaivenes del clima son los cazadores/recolectores en comparación con los agricultores? ¿Qué hay de la posibilidad de producir alimento en exceso y almacenarlo? ¿No consideró el autor la comparación “comer esporádicamente vs comer todos los días”?

    Me parece que el autor sólo busco explotar el éxito que tienen en llamar la atención los que dicen lo contrario de lo que dice todo el mundo. El mismo lo expresa: “Estas tribus desbordaron su territorio original y mataron o desplazaron a las tribus que eligieron seguir siendo cazadores/recolectores, porque cientos de agricultores subalimentados pueden dejar fuera de juego a un cazador sano”. Evidentemente, de alguna forma, la agricultura debe resultar beneficiosa para la población.

    De la misma forma, el autor podría plantear que fue un gran error que las serpientes perdieran sus patas o que las ballenas transformaran las suyas en aletas. Seguramente, algún argumento para llamar “errores” a estos eventos debe haber.

  38. 2 septiembre, 2015 en 17:19

    Guillermoe

    Como ya he comentado antes el principal mensaje de Diamond es que al igual que hicimos con la evolución biológica, en la hisotira de la humanidad debemos dejar de usar el término progreso. Lo que vino después del neolítico es diferente, pero no mejor.

  39. Pocosé
    2 septiembre, 2015 en 17:44

    Hay otro sesgo importante en esto: “La evolución tiende a la perfección y ala complejidad”
    Según yo aprecio, a la evolución le basta con la mediocridad (la excelencia y la deficiencia siempre se encuentran en los extremos de una Campana de Gauss para cualquier parámetro biológico que valoremos), además la evolución puede tender tanto a la complejidad, como a la simplificación. Y todo siempre con un alto grado de contingencia.

  40. Pocosé
    2 septiembre, 2015 en 18:18

    “Como ya he comentado antes el principal mensaje de Diamond es que al igual que hicimos con la evolución biológica, en la hisotira de la humanidad debemos dejar de usar el término progreso. Lo que vino después del neolítico es diferente, pero no mejor.”
    Pero esto me parece muy subjetivo habiendo sociedades agropecuarias que pasan de los 85 en esperanza de vida y siendo tan palpable el enorme progreso tecnológico de estas.
    ¿Son o eran más felices los cazadores recolectores?… Pues el concepto de felicidad sigue siendo bastante subjetivo.
    Y aunque las tecnologías de unos y otros han evolucionado con unas más que evidentes diferencias, genéticamente, diez o veinte mil años no son significativos: Seguimos siendo todos el “Homo tecnotribalis” que inauguró el Neolítico. Y visto como vamos tambien podemos afirmar que somos un gran error evolutivo (Otro gran sesgo adjudicar finalidad al proceso evolutivo)

  41. 2 septiembre, 2015 en 19:22

    “La evolución tiende a la perfección y ala complejidad”

    Como bien dices esta afirmación es errónea, la evolución tiende a la adaptación y esta mucha veces consiste en tomar el camino más corto y fácil hacia la reproducción.

    “Pero esto me parece muy subjetivo habiendo sociedades agropecuarias que pasan de los 85 en esperanza de vida y siendo tan palpable el enorme progreso tecnológico de estas.”

    Durante los últimos 10.000 años la esperanza de vida se ha mantenido o como bien indica Diamond bajó drásticamente tras el Neolítico y sólo en los últimos 100 o 150 años ha aumentado y principalmente en las sociedades desarrolladas occidentales porque muy desgraciadamente miles de millones de personas siguen viviendo en condiciones infrahumanas en multitud de países.

  42. Emmanuel
    3 septiembre, 2015 en 7:38

    Muchos consideran que la revolución industrial fue un error de la humanidad.

  43. 3 septiembre, 2015 en 9:49

    Si se mira en perspectiva la revolución industrial fue sólo uno de la larga cadena de pasos inevitables desde el momento en que dejamos de ser una especie más que se intenta adaptar a su entorno para convertirnos en una especie que modifica deliberadamente el medio ambiente.

  44. 3 septiembre, 2015 en 12:06

    El análisis de Jared Diamond es interesante, plantea cuestiones que no habían sido discutidas antes, pero a la vez es incompleto.

    En mi opinión, el principal error clásico en el análisis de la historia humana es entenderla como un camino de progreso permanente, lento pero continuado, cuando en realidad es una sucesión de avances y retrocesos, entendiendo como avances todos aquellos cambios que mejoran la calidad de vida de las personas, a lo que hay que añadir la incapacidad humana de crear estructuras sociales coherentes.

    Esta última afirmación puede parecer errónea o fuera de lugar, pero no lo es, porque en las decisiones humanas priva lo individual sobre lo colectivo, incluso cuando el hecho individual puede llegar a ser negativo para todo el conjunto social (incluido quien toma la decisión). Los instintos más básicos, convenientemente adornados (patriotismo, defensa de las libertades individuales, triunfo social manifestado por la acumulación de riqueza) nos han llevado (y nos llevan) a modelos sociales condenados al fracaso (en cuanto al establecimiento de una sociedad estable, próspera y enriquecedora). Hemos sido incapaces de entender que para conseguir un modelo social realmente positivo, las libertades individuales de cada uno deben estar limitadas por las propias libertades individuales de los demás, y que en el concepto de tales libertades deben incluirse los recursos necesarios para garantizar las condiciones mínimas deseable a cualquier persona (el mero enunciado legal de las libertades es papel mojado si se carece de recursos para ejercerlas). Y ello ha desencadenado la inestabilidad social y los permanentes conflictos, tanto internos en el seno de una sociedad determinada como externos entra distintas sociedades humanas.

    La agricultura habría podido ser un gran invento, sino hubiera sido viciada su práctica por los factores antes expuestos. Y lo mismo ocurre con la revolución industrial. Son revoluciones que aportaban nuevos recursos y que correctamente aprovechados habrían provocado un verdadero avance en el modelo social (repito, la palabra avance debe ser entendida como mejora en la calidad de vida de los individuos, no como un fin último pre-escrito en la naturaleza y de inevitable conclusión). Si a todo ello añadimos el tercer factor de la ecuación, la visión teológica del mundo que siempre ha acompañado a la humanidad, verdadero peso muerto cuya carga aun hoy es un claro estorbo para la constitución de sociedades ideales, podemos entender que el desarrollo de la agricultura no era, en principio, negativo por sí mismo, sino que su negatividad es fruto de los factores que conforman el ser humano.

  45. guilleemas
    7 septiembre, 2015 en 17:07

    Ateo:

    “en la hisotira de la humanidad debemos dejar de usar el término progreso. Lo que vino después del neolítico es diferente, pero no mejor.”

    1) ¿Qué término deberíamos usar, entonces?

    Ojo: según RAE, progreso es “Avance, adelanto, perfeccionamiento”. Ninguna de estas cosas implica NECESARIAMENTE mejor.

    2) Aún así, me parece muy tirada de los pelos la idea de que la culpa es de la agricultura, que no ha hecho más que generar males.

    Insisto en que el autor le achaca a la agricultura males que no provocó la agricultura y que deja de lado los efectos positivos que la agricultura tuvo en la humanidad.

    Ejemplos del sesgo absurdo del autor: “Los cazadores/recolectores practicaron la forma de vida más duradera, acertada y larga de la historia humana.”

    ¿Alguien me puede explicar que quiere decir “acertada” en esa frase?

  46. 7 septiembre, 2015 en 19:24

    “Avance, adelanto, perfeccionamiento”

    Bueno, no se para tí pero para mi “perfeccionamiento, avance y adelanto” tienen un claro significado positivo y de mejora. Y también para la RAE:
    Perfeccionamiento: Acción y efecto de perfeccionar. Perfeccionar: 1.-Acabar enteramente una obra, dándole el mayor grado posible de bondad o excelencia. 2.-Mejorar algo o hacerlo más perfecto.

    Respecto al significado de “acertada” en el contexto de Diamond quizás sea el hecho de que durante unos 150.000 años los sapiens hemos sobrevivido incluso en los entornos más hostiles y ahora después de tan solo 10.000 años de revolución neolítica estamos al borde de la extinción por agotamiento de todos los recursos del planeta Tierra y sin esperanza de encontrar otro similar al que desplazarnos.

  47. Pocosé
    8 septiembre, 2015 en 7:48

    ¿Es el mayor error de la humanidad el uso de herramientas?
    Pues claro, de no haber sido así viviríamos todos felices y en equilibrio ecológico. como nuestros primos chimpancés y mucho mejor aún como nuestros otros primos, los bonobos.
    Bromas a parte, aprecio sesgos muy considerable,.

  48. 8 septiembre, 2015 en 9:56

    Los chimpancés también usan herramientas. Por cierto hablando de felicidad (y ya que estamos de broma) sería conveniente que les explicaras a esos cientos de millones de personas (niños incluidos) que viven atados a una herramienta (por ejemplo a una máquina de coser o a un martillo en una mina) durante 16 o 20 horas al día y esclavizados por todo el tercer mundo lo maravilloso que es disponer de herramientas.

  49. 8 septiembre, 2015 en 10:41

    No puedo estar mas de acuerdo con Diamond. El Neolítico es una adaptación a los cambios climáticos acontecidos durante el Oligoceno hace unos 12.000 años y que condujeron a un periodo de sequía y aridez que se mantiene y se está acentuado como consecuencia de esa primera “revolución”, hablo de Oriente Próximo.

    Tenemos la tendencia a pensar que el Neolítico fue la panacea para el ser humano porque nosotros somos la última consecuencia socio-política y religiosa de esos primeros cambios.

    Existe un concepto preclaro que define y es la “necesidad”, y que apunta Diamond. El hombre del Paleolítico no necesita para su supervivencia esto y aquello, mientras que el formato neolítico si. Así, y por ejemplo, la estructura productiva agro-ganadera tiene directas consecuencias sobre la estructuración social, debido a una necesidad de división y organización del trabajo. Por otro lado, la necesidad de un incentivo para esta adaptación social, como dicta Childe, crea, a partir de los rituales – como fuente de perdura del conocimiento – y la reverencia hacia los antepasados – como fuente de cohesión cultural -, la castas religiosas que se alzarán con el poder económico y político.

    Los hombres del Paleolítico, no cultivaban porque no lo necesitaban, aunque posiblemente conocieran tales técnicas, como también es posible que conocieran las técnicas de domesticación, pero como afirma Diamond ¿Quien quiere ser agro-ganadero a tiempo completo cuando uno puede ser cazador-recolector a tiempo parcial y dedicarse a otras actividades mas placenteras…? Nadie.

  50. Pocosé
    9 septiembre, 2015 en 7:02

    Son muchas las especies que usan herramientas, pero entre las que se hicieron dependientes de ellas solo queda una.
    La broma iba por la inteligente y eficaz manera de solucionar sus problemas sociales que tienen los bonobos.
    No, no es para tomarse a broma la situación de los miles de millones de explotados o directamente esclavizados. Pero no tengo ningún inconveniente en explicarles que su situación no es culpa ni de la tecnología textil, ni de la minera, ni de la digital, ni tampoco de la agrícola, Que la culpa de su situación es de la tribalidad con que la evolución ha marcado a nuestra especie y el uso y abuso que intereses de posesión y dominio hacen de ella apoyándose en nuestra predisposición a la superstición. Que la tribalidad puede que este en gran medida implantada a nivel genético (entiéndase por tribalidad la necesidad de adquirir una identidad cultural y serle fiel) pero el desmedido afán de posesión y dominio es más claramente memético (no en todas las tribus está presente). Que este “Homo tecnotribalis” (lo de sapiens salvo honrosas mutaciones no esta nada claro) tiene ahora el conocimiento y los medios par ir sustituyendo superstición por conocimiento, posesión por disfrute y dominar por convencer, también para relegar nuestra tribalidad exclusivamente a lo folclórico y o lúdico. Que si se tomara este camino, esas situaciones irían desapareciendo, nos iríamos ganando lo de “sapiens” y podriamos llegar a ser una diversa pero única “Humanidad”.

  51. daniscience
    23 septiembre, 2015 en 16:23

    Así es, gracias a blogs como el tuyo o el mío podemos ir erradicando esa adicción que tiene la gente por los hidratos de carbono (especialmente el trigo) y que tan dañinos son. UN saludo.

  52. 20 abril, 2016 en 15:35

    Muchas gracias por tan fantástico post. Poco a poco vamos desmitificando la tan afamada Revolución Neolítica y colocando los cereales en el lugar que deberían ocupar dentro de la dieta humana.

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