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¿Por qué no se enseñan método y pensamiento científicos en las escuelas?

6 octubre, 2015

enseñanza ciencia infanciaVivimos en un mundo en el que un individuo que no comprenda la ciencia está casi al mismo nivel que un habitante del Medievo que no supiera leer ni escribir. Es por ello que los informes de los expertos recalcan que la enseñanza de la ciencia debe ser prioritaria y que es un elemento fundamental para poder conseguir el desarrollo de una sociedad o de un país. Sin embargo, pasan los años, se modifican y reforman los planes de estudio y la enseñanza de la ciencia en la educación obligatoria sigue consistiendo poco más que en una mera descripción bastante superficial de algunos de los más importantes logros científicos, analizados casi siempre como simples hechos históricos. Y sin embargo el método científico y sus grandes aliados: el pensamiento crítico y el racionalismo siguen alejados (cuando no desterrados) de las aulas. ¿Es sólo pura incompetencia o hay algo más detrás de este decepcionante fracaso educativo?

Y la verdad es que no sería nada difícil ni costoso enseñar racionalismo, puesto que no se trata de que nuestra infancia repita complejos experimentos con el Gran Colisionador de Hadrones, sino que bastaría con aplicar el exitoso método de la enseñanza de los deportes: entrenar el órgano correspondiente en condiciones reales, que en el caso que nos ocupa no son las piernas ni los brazos sino el ya de por sí poderoso cerebro.

Así además de explicar los conceptos, y en lugar de obligar a los alumnos a memorizar como papagayos interminables listas de datos que se encuentran accesibles en la Wikipedia, bien se podría fomentar que los alumnos reflexionaran sobre los hechos, buscaran pruebas y experimentos que apoyaran o refutaran una serie de cuestiones planteadas por el profesor y que al final comprendieran como se validan los descubrimientos y se separa el verdadero conocimiento científico de la supercherías varias, en una palabra que se fomentara en las escuelas el desarrollo de un espíritu crítico basado en el racionalismo.

Este enfoque centrado en la reflexión y alejado de la memorística tendría una evidente ventaja. Las fechas, datos, detalles de lo estudiado en cualquier asignatura se suelen olvidar, muchas veces tan rápidamente que no dejan ni siquiera poso aun cuando el alumno haya sacado una nota excelente. Sin embargo, los modos de pensar permanecen en el tiempo. La inmensa mayoría de los alumnos no van a acaban haciendo un doctorado en biomedicina o astrofísica, sino que después de la enseñanza obligatoria van a intentar conseguir un empleo normal (bueno menos en el caso de España, ya que muy lamentable pero seguramente tendrán que emigrar) o hacer una carrera de las llamadas de Letras y por tanto no van a estar directamente relacionados con la ciencia. Sin embargo el haber creado hábitos de pensamiento racionalistas sí que les pueden servir a estas personas a lo largo de toda su vida para poder diferenciar ciencia de pseudociencia, medicina efectiva de “medicinas” alternativas, conocimiento de supercherías y con este bagaje ser inmunes (o más resistentes) a esa legión de timadores tanto terrenales como espirituales que muy desgraciadamente abundan entre la población.

¿Y cuál es el principal escollo para llevar a cabo este inaplazable cambio de paradigma educativo? Pues muy desgraciada (o afortunadamente, según se mire) que este tipo de enseñanza trasciende el propio marco de la ciencia y tiende a expandirse a todas las facetas de la vida. Es un caso quizás similar al ya famoso proverbio chino de:

proverbio chino

Mientras los individuos no saben pescar se les puede dar de comer salmón, atún o sardinas en la cantidad que se quiera puesto que son dependientes, ahora bien, si se les enseña a pescar ellos mismos conseguirán el pescado que deseen y en las cantidades que puedan y ya no necesitarán ayuda, ni sobre todo y más importante, controles externos.

Pues ese mismo proceso ocurre cuando se enseña a razonar a un niño y se le entrena año tras año en los métodos de la ciencia. Al principio, el racionalismo y el espíritu crítico de los alumnos se pueden mantener dentro del estricto marco de las clases de ciencia: física, biología, etc. Pero poco a poco, a medida que vayan sucediéndose los cursos académicos (si la enseñanza ha sido eficaz) los estudiantes irán desarrollando sus capacidades de raciocinio, e inexorablemente llegará un momento más tarde o más temprano en el que los alumnos caerán en la cuenta de que pueden aplicar esas mismas reglas, ese pensamiento racionalista, ese espíritu crítico, en resumen ese conjunto de herramientas que han visto y comprobado que son tan poderosas y efectivas, a otros marcos de su propia actividad académica y por extensión de su vida y sus relaciones sociales.

Y entonces, en ese momento es cuando se destapa la “peligrosa” Caja de Pandora del raciocinio, porque ¿cómo esos ya creciditos adolescentes (entrenados y curtidos en la reflexión, la investigación y la crítica constructiva pero también demoledora basada en los hechos) pueden cerrar sus libros de ciencia al cambiar de clase y escuchar dócilmente mientras en la siguiente hora lectiva un nuevo profesor con alzacuellos, con túnica o con tirabuzones les “explica” que en el “más allá” existe un señor barbado que ha creado todo el universo, aunque por supuesto ese “docente” no presente prueba corroborable alguna (aparte de un parloteo vacuo y sin sentido) de sus increíbles afirmaciones en todo el curso escolar? ¿cómo estos alumnos racionalistas van a permanecer impasibles y callados cuando estos mismos “profesores” les indiquen que ese “ente” todopoderoso (del que por ciento ni ellos ni nadie sabe nada a ciencia cierta) les quiere tanto y es tan infinitamente compasivo que si ellos le dejan de querer, entonces ese benevolente ser especial les castigará a toda una eternidad de sufrimiento y horror en un lugar que no está ni en el espacio ni en el tiempo, que no es ni materia normal, ni materia oscura, ni tampoco energía oscura, ni nada que se le parezca, y que además todo ese tan particular “conocimiento” no entra ni con calzador en ninguno de los descubrimientos científicos realizados en los últimos siglos y ni siquiera se tiene en cuenta en los modelos cosmológicos desarrollados por los más prestigiosos astrónomos y físicos de la humanidad? Y es por ello que cuando se enseña ciencia de verdad, el choque con la religión es absolutamente inevitable.

Y ya no digamos si se abandona el tema de la superstición y se entra en otros campos: sanidad, economía, etc. ¿Cómo se puede por ejemplo convencer a ciudadanos reflexivos y entrenados en la búsqueda de pruebas que el sistema sanitario público español es ineficiente y derrochador, mientras que el mercado y la libre competencia bajo una gestión empresarial encaminada a la obtención del máximo beneficio puede acabar generando una sanidad más eficiente y además más barata? Es más, estos individuos ¿no cuestionarían en masa la vergonzosa apropiación de los conocimientos públicos por parte de grandes corporaciones para enriquecerse con la necesidad de los enfermos?

¿Individuos acostumbrados al análisis y a la reflexión podrían ser convencidos fácilmente de que el actual sistema económico imperante es tan maravilloso como nos lo pintan, cuando todas las pruebas empíricas indican que únicamente es una forma de perpetuar el secular expolio de los grupos sociales y naciones más poderosos hacia los sectores y países más débiles? ¿Trabajadores racionalistas que cobraran el salario mínimo podrían llegar por sí mismos a la curiosa conclusión de que la exención de impuestos a las grandes fortunas y a las multinacionales es una decisión económica racional, sensata y avalada científicamente? Y así sucesivamente con cualquier otra parcela del conocimiento, la sociedad o las relaciones humanas.

No es por casualidad que las personas racionalistas, apegadas a los hechos y exigentes en relación a la verificación de las pruebas sean el grupo social menos proclive a dejarse llevar (o más bien engañar) por las consignas establecidas, estén basadas estas en la tradición o sean de nuevo cuño.

En resumen, un mundo en donde todos los niños fueran educados en los valores del racionalismo, la reflexión, el pensamiento crítico, el empirismo y el método científico es muy probable que fuese un lugar muy diferente (y por supuesto mucho mejor y más justo) que en el que vivimos en la actualidad. Y esa posibilidad tan aterradora es la que por supuesto quita el sueño a unos pocos en número, pero muy poderosos en autoridad e influencia.

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  1. congreve
    6 octubre, 2015 en 3:35

    Como entusiasta de la lectura, la música, y hasta en ocasiones pésimo músico amateur, considero con cierto temor y esperanza de equivocarme, que habría que incluir entre los ogros anti pensamiento racional a los artistas. Aún cuando no sean religiosos, la convicción romántica de poseer un alma, espíritu sensible o como quieran llamarlo, poseedoras de una profunda percepción de las cosas y sabiduría innata que les dicta sus obras -parecería ser que sus cerebros no intervienen para nada- es irreducible. La creatividad y espiritualidad están de un lado, y el pensamiento frío, mecánico y calculador de otro. Ya me pregunto si es posible ser artista y no creer en los espíritus.
    En fin, como dice el tango, la lucha es cruel y es mucha.
    Saludos.

  2. Anónimo
    6 octubre, 2015 en 5:46

    Excelente

  3. Juan
    6 octubre, 2015 en 8:43

    Buenos días,
    No siempre estoy de acuerdo con lo que escribe o cómo lo escribe, pero esto me ha gustado mucho.
    Gracias,
    Cdt
    Juan

  4. Abraham
    6 octubre, 2015 en 8:50

    La última vez que se enseñó racionalismo de verdad, acabaron cortando las nobles cabezas de los que habían estado mandando durante siglos. Normal que los gobernantes no quieran que algo así se repita.

  5. 6 octubre, 2015 en 11:20

    A día de hoy la inversión en ciencia en España está a niveles del año 2000 y si se excluyen las partidas destinadas a préstamos a empresas se retrocede hasta el equivalente al año 1983.

    http://www.eldiario.es/sociedad/ciencia-presupuestos-politica_cientifica-Rajoy_0_438156927.html

  6. SeranEh?
    6 octubre, 2015 en 13:48

    Mención aparte para los planes de estudio “bilingües” en primaria, donde se sacrifica la ciencia (social y natural) en pos del pretendido alto nivel idiomático. Una auténtica carnicería cerebral en la edad crítica para inculcar la duda, la imaginación y la experimentación.
    Consecuencia: los niños siguen sin tener ni puñetera idea de inglés, porque les aburre, y de paso ceden el conocimiento en ciencia a la que les cuentan en Phineas y Ferb y similares.
    Eso sí, saben decir escarabajo y cerebro en inglish, al menos hasta mañana o pasado, que se les olvide.
    Y si hablamos de artes, apaga y vámonos.

    Conclusión: si los padres no pilotan algo de inglés para reforzar, o no se encargan o no pueden encargarse (por ejemplo por desconocimiento) de la formación científica y/o artística de sus hijos, la desventaja en el futuro (por no llamarla directamente mutilación) puede ser ya insalvable.

  7. 6 octubre, 2015 en 15:15

    En un artículo titulado: “A Stupidity-Based Theory of Organizations” (Una teoría basada en la estupidez de las organizaciones), escrito por Mats Alvesson, profesor de la School of Economics and Management (Lund University, Suecia), y por Andre Spicer, profesor de comportamiento organizacional en la Cass Business School (City University of London), los autores desarrollan un concepto que denominan: Teoría de la Estupidez Funcional. Básicamente consiste en eliminar la reflexión crítica de las personas, que es de lo que se encarga la educación.

    Las premisas fundamentales de la escolarización obligatoria, esto es, qué es lo que queremos que los niños aprendan y por qué; hay que buscarlas en la despótica Prusia, con el único propósito de asegurar la obediencia pasiva hacia la clase dominante y la idea de que los niños pertenecen al Estado en lugar de a sus padres.

    “Queremos una clase de personas que tengan una educación liberal, y queremos otra clase de personas, una clase mucho más grande, que surge de la necesidad, en todas las sociedades, que renuncie a los privilegios de una educación liberal y se capacite para realizar tareas manuales específicas”. – Woodrow Wilson. “El significado de una educación liberal”, Discurso a la Asociación de Profesores de Escuela Secundaria de Nueva York (9 de enero 1909).

    Quizás esto forme parte del: ¿Por qué no se enseñan método y pensamiento científicos en las escuelas?

  8. nestor
    6 octubre, 2015 en 15:21

    “Eureka”. Si ;ahí esta la clave del porqué estamos como estamos, en todos los ordenes de este homínido.Como siempre muy buen artículo.Luego será difícil que en los comentarios no se entreveren los ingredientes del futuro “plato”.

  9. Anónimo
    6 octubre, 2015 en 16:48

    Genial! Me ha encantado tu artículo y coincido plenamente en cada uno de sus puntos. Ojalá como padre sea capaz de formar a mis hijas en base al pensamiento racional.

  10. claraperegrin
    6 octubre, 2015 en 21:10

    Estoy en éxtasis leyendo esta entrada. Resume absolutamente todo mi pensamiento. Soy fundadora de la asociación sin ánimo de lucro Planeta Ciencias que tiene como objetivo desarrollar el espíritu crítico mediante la práctica del método científico entre niños y jóvenes…. Y cuando nos presentamos a subvenciones de la fecyt nos dan con la puerta en las narices. Nadie entiende el calado del método científico en la educación, nadie….

  11. 6 octubre, 2015 en 21:56

    Pues por las mismas razones que explican que los chavales acaben sus estudios sin tener ni pajolera idea de los principios más elementales del Derecho: cuanto menos formados en materias que fomenten su autonomía personal, mejor.

  12. Tobaga
    6 octubre, 2015 en 22:08

    Cuando los gobernantes, (que son los que hacen las reformas educativas), se preocupaban por el bien de la sociedad, no llevaron la Ciencia a las escuelas, ahora, que solo se preocupan de enriquecerse a costa del pueblo, lo tenemos crudo.
    Además, a todos los grupos de poder siempre les ha convenido un sociedad ignorante y sin criterio, digamos…, que es mas manipulable.

  13. 6 octubre, 2015 en 22:14

    claraperegrin

    He visitado vuestra web y me parece que haceis una labor muy interesante. ¡Ánimo con vuestra iniciativa!

  14. Pocosé
    7 octubre, 2015 en 5:34

    claraperegrin:
    “Nadie entiende el calado del método científico en la educación, nadie….”
    Probablemente sea que algunos lo entienden demasiado bien…
    Inteligencia y coraje, sobra, así que: ¡Mucho animo!

  15. Abraham
    7 octubre, 2015 en 8:28

    Clara, lograr subvenciones tiene un poco de arte y un poco de politiqueo, pero en los tiempos que corren muchas ong han tenido que abandonar proyectos porque les cerraron el grifo.
    De todas formas, para futuros intentos:
    – Trata de maquillar tu proyecto para que se adapte al apartado que se pretende subvencionar, por ejemplo, si son ayudas a la integración pues dices que estás trabajando con personas en riesgo de exclusión para ayudarlas a integrarse, o algo así, y con ese material lo amplias para que llegue a más gente, a ser posible con fondos propios.
    – Ayuda mucho conocer a algún/a concejal/diputado provincial al que le puedas contar tu proyecto (se lo pintas de un color que creas que le pueda gustar). La política es el arte de conseguir poder, y el poder sirve para hacer cosas, no necesariamente egoístas.

  16. Romu
    7 octubre, 2015 en 9:42

    Hola, Clara.
    Mi hija estuvo en vuestro primer campamento. Una lesión le impidió ir al segundo pero no tiene ninguna duda de que acudirá a todos los que organicéis.
    ¡Felicidades por vuestro trabajo! ¡Las subvenciones no lo son todo!

  17. 7 octubre, 2015 en 16:21

    Es que los científicos son unos plastas que no hacen más que tirar mitos abajo. El último del que tengo noticia: ¿os acordáis de la fábula de la cigarra y la hormiga?, pues bien un reciente estudio publicado en Science muestra que sólo el 3% de las hormigas trabajan sin parar, el resto se escaquea cuanto puede: http://news.sciencemag.org/plants-animals/2015/10/most-worker-ants-are-slackers?rss=1 🙂

  18. Anónimo
    8 octubre, 2015 en 19:00

    congreve

    “Ya me pregunto si es posible ser artista y no creer en los espíritus.”

    http://ateismoparacristianos.blogspot.com.ar/2010/08/ateos-y-agnosticos-famosos-del-mundo-de_23.html

  19. Trueno
    13 octubre, 2015 en 19:52

    Dice la escritura bíblica en el libro de proverbios.

    “Instruye al niño en el camino, y ni aun de viejo se apartará de él”
    Proverbios 22:6

  20. Trueno
    14 octubre, 2015 en 0:13

    Para que no se malentienda mi comentario anterior:

    Creo que no hace falta mas que decir. El versículo anterior creo yo, es la piedra angular del adoctrinamiento judeocristiano.

    Saludos

  21. Desesperao
    22 octubre, 2015 en 20:07

    Soy profesor.
    Un compañero biólogo está en contra de los transgénicos y a favor de la homeopatía.
    Un compañero teleco está en contra de usar el microondas.
    Un compañero ingeniero agrónomo está a favor de la homeopatía, contra los transgénicos y a favor de la osteopatía a muerte.
    Otro compañero con dos carreras, una de filosofía, defiende la homeopatía a muerte.
    Una médico compañera se hace un master de acupuntura.
    Después de haberles explicado con detalle yo que todo esto son pseudociencias.
    ¡Qué narices van a enseñar!

    ¿Qué hacemos con esto?
    El problema ya no está en los institutos sino en las universidades. Propongo una asignatura obligatoria de Historia de la Ciencia o algo así en el primer año de carrera de todas las universidades, sobre todo las de Ciencias.

  22. Cienciasmundo
    31 octubre, 2015 en 16:20

    Seguro que una Historia de la Ciencia en la universidad sería una buena idea pero para empezar estaría bien que volviera a ser obligatoria la materia de Ciencias para el Mundo Contemporáneo en Bachillerato.

  23. Anónimo
    31 octubre, 2015 en 19:24

    Un antiguo compañero, doctor en electrofisiología vegetal y hermano mayor de una santa cofradía, cree que podría haber cooperado en milagros por intercesesión mariana.

    Altamente contingentes y enreversadisimos los productos “Homo …” de nuestro proceso evolutivo geneticomemético.
    En los puntos suspensivos parece que lo de “sapiens”, demasiado prematuro.

  24. 11 noviembre, 2015 en 14:52

    Abraham, creo q el segundo punto es el que nos falta…. y no sé cómo conseguirlo. Las subvenciones no lo son todo pero, sin duda, sólo de los talleres y los campamentos no podemos vivir 😦

  25. 13 noviembre, 2015 en 12:37

    España lidera los recortes en materia de educación dentro de Europa: http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2015/11/sin-educacion-publica-de-calidad-es.html

  26. 26 enero, 2016 en 0:17

    El triste resumen de la situación educativa y laboral en España:

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    Sin comentarios.

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