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De cómo el trigo domesticó al ser humano

3 noviembre, 2015

neolithicLos libros de historia enseñan que gracias a su perspicacia e inteligencia el ser humano paso de ser una especie más, un simple cazador-recolector (bueno al principio mucho menos, sólo un insignificante carroñero-recolector), a señorear la naturaleza cuando aprendimos a poner a nuestro servicio a diferentes especies animales y vegetales mediante la agricultura y la ganadería allá por la ya lejana Revolución Neolítica. Pero esta narrativa puede que no sea cierta si se analiza la cuestión desde el prisma evolutivo.

Desde su antropocéntrico punto de vista el ser humano tiende a clasificar a los animales como “superiores” a las plantas, de entre los animales evidentemente los insectos son siempre “inferiores” a los peces, y estos a su vez lo son frente a los reptiles o por supuesto a los mamíferos, hasta llegar como no a los primates y a su cúspide inalcanzable, nuestra especie. Y este erróneo pensamiento jerárquico tiende a contaminar, aunque sea de forma subconsciente, cualquier estudio de la naturaleza, y sobre todo si éste incluye al Homo sapiens.

Sin embargo los investigadores del mundo natural, que llevan siglos desentrañando las complejas relaciones existentes entre las diferentes especies que interaccionan en un determinado ecosistema, han encontrado que la regla simple de que la especie más “compleja” o “superior” manipula a otra especie más “primitiva” es errónea en innumerables ocasiones.

Así por ejemplo, un simple protozoo es capaz de convertir a todo un señor mamífero como es el ratón (y quizás también al todopoderoso ser humano) en un zombi suicida sin voluntad propia y sujeto a los caprichos reproductores del humilde microorganismo.

Otro caso muy llamativo es cómo las plantas consiguen (a cambio de un pzun-zun-cuba-06oco de agua azucarada y unos vistosos colores) que infinidad de especies de insectos y hasta de bellos colibríes se conviertan de facto en sus sirvientes evolutivos, dándose la magnífica paradoja de que son los seres desprovistos de sistema nervioso los que manipulan para sus propios fines reproductores a unas aves con cerebros bastante complejos.

Pues bien, si se analiza la Revolución Neolítica desde el punto de vista estrictamente evolucionista, quizás no quede más remedio que reconocer humildemente que la épica narrativa de inteligencia, perseverancia y progreso de la Humanidad que se nos ha enseñado desde la más tierna infancia no sea más que eso, un bonito cuento que intenta enmascarar una cruda y poco digerible realidad para esos primates henchidos de orgullo y autosatisfacción que somos los sapiens: que quizás solo seamos como esos ratones infectados por toxoplasma o esos hermosísimos colibríes que para poder libar un poco de agua azucarada han tenido que alterar sus picos y lenguas, muchas veces hasta dimensiones grotescas. Pero mejor que yo, dejo que desarrolle este argumento el historiador Yuval Noah Harari, en un capítulo extraído de su interesante libro “De animales a dioses“.

La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia. ¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron estas plantas las que domesticaron a Homo sapiens, y no al revés.

Pensemos por un momento en la revolución agrícola desde el punto de vista del trigo. Hace 10.000 años, el trigo era solo una hierba silvestre, una de muchas, confinada a una pequeña área de distribución en Oriente Próximo. De repente, al cabo de solo unos pocos milenios, crecía por todo el mundo. Según los criterios evolutivos básicos de supervivencia y reproducción, el trigo se ha convertido en una de las plantas de más éxito en la historia de la Tierra. En áreas como las Grandes Llanuras de Norteamérica, donde hace 10.000 años no crecía ni un solo tallo de trigo, en la actualidad se pueden recorrer centenares y centenares de kilómetros sin encontrar ninguna otra planta. En todo el mundo, el trigo cubre 2,25 millones de kilómetros cuadrados de la superficie del planeta, casi diez veces el tamaño de Gran Bretaña. ¿Cómo pasó esta hierba de ser insignificante a ser ubicua?

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El trigo lo hizo manipulando a Homo sapiens para su conveniencia. Este simio había vivido una vida relativamente confortable cazando y recolectando hasta hace unos 10.000 años, pero entonces empezó a invertir cada vez más esfuerzos en el cultivo del trigo. En el decurso de un par de milenios, los humanos de muchas partes del mundo hacían poca cosa más desde la salida hasta la puesta de sol que cuidar de las plantas del trigo. No era fácil. El trigo les exigía mucho. Al trigo no le gustan las rocas y los guijarros, de manera que los sapiens se partían la espalda despejando los campos. Al trigo no le gusta compartir su espacio, agua y nutrientes con otras plantas, de modo que hombres y mujeres trabajaban durante largas jornadas para eliminar las malas hierbas bajo el sol abrasador. El trigo03_agr_maler_der_grabkammer_des_sennudem_001directmedia-publishing-gmbh enfermaba, de manera que los sapiens tenían que estar atentos para eliminar gusanos y royas. El trigo se hallaba indefenso frente a otros organismos a los que les gustaba comérselo, desde conejos a enjambres de langostas, de modo que los agricultores tenían que vigilarlo y protegerlo. El trigo estaba sediento, así que los humanos aportaban agua de manantiales y ríos para regarlo. Su insaciabilidad impulsó incluso a los sapiens a recoger heces de animales para nutrir el suelo en el que el trigo crecía.

agriculturaEl cuerpo de Homo sapiens no había evolucionado para estas tareas. Estaba adaptado a trepar a los manzanos y a correr tras las gacelas, no a despejar los campos de rocas ni a acarrear barreños de agua. La columna vertebral, las rodillas, el cuello y el arco de los pies pagaron el precio. Los estudios de esqueletos antiguos indican que la transición a la agricultura implicó una serie de dolencias, como discos intervertebrales luxados, artritis y hernias. Además, las nuevas tareas agrícolas exigían tanto tiempo que las gentes se vieron obligadas a instalarse de forma permanente junto a sus campos de trigo. Esto cambió por completo su modo de vida. No domesticamos el trigo. El término «domesticar» procede del latín domus, que significa «casa». ¿Quién vive en una casa? No es el trigo. Es el sapiens.

¿De qué manera convenció el trigo a Homo sapiens para cambiar una vida relativamente buena por una existencia más dura? ¿Qué le ofreció a cambio? Desde luego, no le ofreció una dieta mejor. Recordemos que los humanos son simios omnívoros que medran a base de una amplia variedad de alimentos. Los granos suponían solo una pequeña fracción de la dieta humana antes de la revolución agrícola. Una dieta basada en cereales es pobre en minerales y vitaminas, difícil de digerir y realmente mala para los dientes y las encías.

El trigo no confirió seguridad económica a la gente. La vida de un campesino es menos segura que la de un cazador-recolector. Los cazadores-recolectores se basaban en decenas de especies para sobrevivir, y por lo tanto podían resistir los años difíciles incluso sin almacenes de comida conservada. Si la disponibilidad de una especie se reducía, podían recolectar y cazar otras especies. Hasta hace muy poco, las sociedades agrícolas se han basado para la mayor parte de su ingesta de calorías en una pequeña variedad de plantas domésticas. En muchas áreas se basaban en una única planta, como el trigo, las patatas o el arroz. Si las lluvias fallaban o llegaban plagas de langostas o si un hongo aprendía cómo infectar a esta especie alimentaria básica, los campesinos morían por miles y millones.

X.X_Independent_Neolithic_VillageEl trigo tampoco podía ofrecer seguridad contra la violencia humana. Los primeros agricultores eran al menos tan violentos como sus antepasados cazadores-recolectores, si no más. Los agricultores tenían más posesiones y necesitaban terreno para plantar. La pérdida de tierras de pastos debido a las incursiones de vecinos podía significar la diferencia entre la subsistencia y la hambruna, de manera que había mucho menos margen para el compromiso. Cuando una banda de cazadores-recolectores se veía acosada por un rival más fuerte, por lo general podía marcharse. Era difícil y peligroso, pero era factible. Cuando un enemigo fuerte amenazaba una aldea agrícola, la retirada significaba ceder los campos, las casas y los graneros. En muchos casos, esto condenaba a los refugiados a morirse de hambre. Por lo tanto, los agricultores tendían a quedarse en su tierra y a luchar hasta las últimas consecuencias.

Muchos estudios antropológicos y arqueológicos indican que en las sociedades agrícolas simples, sin marcos políticos más allá de la aldea y la tribu, la violencia humana era responsable de un 15 por ciento de las muertes, incluido un 25 por ciento de las muertes de hombres. En la Nueva Guinea contemporánea, la violencia explica el 30 por ciento de las muertes de hombres en una sociedad tribal agrícola, los dani, y el 35 por ciento en otra, los enga. ¡En Ecuador, quizá hasta el 50 por ciento de los waorani adultos sufren una muerte violenta a manos de otro humano! Con el tiempo, la violencia humana se puso bajo control mediante el desarrollo de estructuras sociales mayores: ciudades, reinos y estados. Pero hicieron falta miles de años para construir estas estructuras políticas enormes y efectivas.

La vida en las aldeas aportó ciertamente a los primeros agricultores algunos beneficios inmediatos, como una mejor protección contra los animales salvajes, la lluvia y el frío. Pero para la persona media, las desventajas probablemente sobrepasaban a las ventajas.

¿Qué es, pues, lo que el trigo ofrecía a los agriculturalistas? No ofrecía nada a la gente en tanto que individuos, pero sí confirió algo a Homo sapiens como especie. Cultivar trigo proporcionaba mucha más comida por unidad de territorio, y por ello permitió a Homo sapiens multiplicarse exponencialmente. Hacia el año 13000 a.C., cuando las gentes se alimentaban recolectando plantas silvestres y cazando animales salvajes, el área alrededor del oasis de Jericó, en Palestina, podía sostener todo lo más una tropilla errante de 100 personas relativamente saludables y bien alimentadas. Hacia el 8500 a.C., cuando las plantas silvestres habían dado paso a los campos de trigo, el oasis sostenía una aldea grande pero hacinada de 1.000 personas, que padecían mucho más de enfermedades y desnutrición.

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La moneda de la evolución no es el hambre ni el dolor, sino copias de hélices de ADN. De la misma manera que el éxito económico de una compañía se mide solo por el número de dólares en su cuenta bancaria y no por la felicidad de sus empleados, el éxito evolutivo de una especie se mide por el número de copias de su ADN. Si no quedan más copias de ADN, la especie se extingue, de la misma manera que una compañía sin dinero está en bancarrota. Si una especie puede alardear de muchas copias de ADN, es un éxito, y la especie prospera. Desde esta perspectiva, 1.000 copias siempre son mejores que 100 copias. Esta es la esencia de la revolución agrícola: la capacidad de mantener más gente viva en peores condiciones.

Pero ¿por qué les habría de importar a los individuos este cálculo evolutivo? ¿Por qué habría cualquier persona sana de reducir su propio nivel de vida simplemente para multiplicar el número de copias del genoma de Homo sapiens? Nadie consintió este trato: la revolución agrícola era una trampa.

El auge de la agricultura fue un acontecimiento muy gradual que se extendió a lo largo de siglos y de milenios. Una banda de Homo sapiens que recolectaba setas y nueces y cazaba ciervos y conejos no se estableció de repente en una aldea permanente, labrando los campos, sembrando trigo y acarreando agua desde el río. El cambio tuvo lugar por fases, cada una de las cuales implicó solo una pequeña alteración de la vida cotidiana.

Homo sapiens llegó a Oriente Próximo hace unos 70.000 años. Durante los 50.000 años siguientes, nuestros antepasados medraron allí sin agricultura. Los recursos naturales del área eran suficientes para sostener a su población humana. En épocas de abundancia, la gente tenía algunos hijos más, y en tiempos de carestía unos pocos menos. Los humanos, como muchos animales, poseen mecanismos hormonales y genéticos que ayudan a controlar la procreación. En los tiempos buenos, las mujeres alcanzan antes la pubertad, y sus probabilidades de quedar embarazadas son algo mayores. En los tiempos malos, la pubertad se demora y la fertilidad se reduce.

A estos controles naturales de la población se añadieron mecanismos koishan babyculturales. Los bebés y los niños pequeños, que se desplazan lentamente y requieren mucha atención, eran una carga para los cazadores-recolectores nómadas. La gente intentaba espaciar sus hijos en intervalos de tres a cuatro años. Las mujeres lo hacían amamantando a sus hijos continuamente y hasta una edad avanzada (dar de mamar continuamente reduce de manera significativa las probabilidades de quedar embarazada). Otros métodos incluían la abstinencia sexual total o parcial (reforzada quizá por tabúes culturales), el aborto y ocasionalmente el infanticidio.

Durante estos largos milenios, los humanos comían ocasionalmente granos de trigo, pero esto era una parte marginal de su dieta. Hace unos 18.000 años, la última época glacial dio paso a un período de calentamiento global. A medida que aumentaban las temperaturas, también lo hicieron las precipitaciones. El nuevo clima era ideal para el trigo y otros cereales de Oriente Próximo, que se multiplicaron y se expandieron. La gente empezó a comer más trigo, y a cambio y sin darse cuenta extendieron su expansión. Puesto que era imposible comer granos silvestres sin aventarlos previamente, molerlos y cocerlos, las gentes que recogían estos granos los llevaban a sus campamentos temporales para procesarlos. Los granos de trigo son pequeños y numerosos, de modo que algunos caían inevitablemente en el camino al campamento y se perdían. Con el tiempo, cada vez más trigo creció a lo largo de los senderos favoritos de los humanos y alrededor de sus campamentos.

Cuando los humanos quemaban bosques y malezas, esto también ayudaba al trigo. El fuego eliminaba árboles y matorrales, lo que permitía que el trigo y otras hierbas monopolizaran la luz solar, el agua y los nutrientes. Allí donde el trigo se hacía particularmente abundante, y también lo eran los animales de caza y otras fuentes de alimento, las tropillas humanas podían abandonar de manera gradual su estilo de vida nómada y establecerse en campamentos estacionales e incluso permanentes.

Al principio pudieron haber acampado durante cuatro semanas, durante la cosecha. Una generación más tarde, al haberse multiplicado y extendido las plantas de trigo, el campamento de cosecha pudo haber durado cinco semanas, después seis, y finalmente se convirtió en una aldea permanente. A lo largo de todo Oriente Próximo se han descubierto indicios de estosmolinos de mano poblados, en particular en el Levante, donde la cultura natufia floreció entre 12500 y 9500 a.C. Los natufios eran cazadores-recolectores que subsistían a base de decenas de especies silvestres, pero vivían en aldeas permanentes y dedicaban gran parte de su tiempo a la recolección y procesamiento de cereales silvestres. Construían casas y graneros de piedra. Almacenaban grano para las épocas de escasez. Inventaron nuevos utensilios, como guadañas de piedra para la recolección del trigo silvestre, y morteros y manos de mortero de piedra para molerlo.

En los años posteriores a 9500 a.C., los descendientes de los natufios continuaron recolectando y procesando cereales, pero también empezaron a cultivar de maneras cada vez más refinadas. Cuando recolectaban granosarado neolitico silvestres, tenían la precaución de dejar aparte una fracción de la cosecha para sembrar los campos en la siguiente estación. Descubrieron que podían conseguir resultados mucho mejores si sembraban los granos a una cierta profundidad del suelo y no repartiéndolos al azar sobre la superficie. De manera que comenzaron a cavar y labrar. Gradualmente empezaron también a eliminar las malas hierbas de los campos, a impedir la presencia de parásitos, y a regarlos y fertilizarlos. A medida que se dirigían más esfuerzos al cultivo de los cereales, había menos tiempo para recolectar y cazar especies salvajes. Los cazadores-recolectores se convirtieron en agricultores.

No hubo un solo paso que separara a la mujer que recolectaba trigo silvestre de la mujer que cultivaba trigo domesticado, de manera que es difícil decir exactamente cuándo tuvo lugar la transición decisiva a la agricultura. Pero, hacia 8500 a.C., Oriente Próximo estaba salpicado de aldeas como Jericó, cuyos habitantes pasaban la mayor parte del tiempo cultivando unas pocas especies domesticadas.

Con el paso a aldeas permanentes y el incremento de los recursos alimentarios, la población empezó aumentar. Abandonar el estilo de vida nómada permitió a las mujeres tener un hijo cada año. Los hijos se Zoonosisdestetaban a una edad más temprana: se les podían dar de comer gachas y avenate. Las manos sobrantes se necesitaban perentoriamente en los campos. Pero las bocas adicionales hicieron desaparecer pronto los excedentes de comida, de manera que tuvieron que plantarse más campos. Cuando la gente empezó a vivir en poblados asolados por las enfermedades, cuando los niños se alimentaban más de cereales y menos de la leche materna, y cuando cada niño competía por sus gachas con más y más hermanos, la mortalidad infantil se disparó. En la mayoría de las sociedades agrícolas, al menos uno de cada tres niños moría antes de alcanzar los veinte años de edad. Sin embargo, el aumento de los nacimientos todavía superaba el aumento de las muertes; los humanos siguieron teniendo un número cada vez mayor de hijos.

Con el tiempo, el «negocio del trigo» se hizo cada vez más oneroso. Los niños morían en tropel, y los adultos comían el pan ganado con el sudor de su frente. La persona media en el Jericó de 8500 a.C. vivía una vida más dura que la persona media en el Jericó de 9500 a.C. o de 13000 a.C. Sin embargo, nadie se daba cuenta de lo que ocurría. Cada generación continuó viviendo como la generación anterior, haciendo solo pequeñas mejoras aquí y allá en la manera en que se realizaban las cosas. Paradójicamente, una serie de «mejoras», cada una de las cuales pretendía hacer la vida más fácil, se sumaron para constituir una piedra de molino alrededor del cuello de estos agricultores.

¿Por qué cometió la gente este error fatal? Por la misma razón que, a lo largo de la historia, esta ha hecho cálculos equivocados. La gente era incapaz de calibrar todas las consecuencias de sus decisiones. Cada vez que decidían hacer un poco más de trabajo extra (cavar los campos en lugar de dispersar las semillas sobre la superficie del suelo, pongamos por caso), la gente pensaba: «Sí, tendremos que trabajar más duro. ¡Pero la cosecha será muy abundante! No tendremos que preocuparnos nunca más por los años de escasez. Nuestros hijos no se irán nunca más a dormir con hambre». Tenía sentido. Si trabajabas más duro, tendrías una vida mejor. Ese era el plan.

La primera parte del plan funcionó perfectamente. En efecto, la gente trabajó más duro, pero no previó que el número de hijos aumentaría, lo que significaba que el trigo excedente tendría que repartirse entre más niños. Y los primeros agricultores tampoco sabían que dar de comer a los niños más gachas y menos leche materna debilitaría su sistema inmunitario, y que los poblados permanentes se convertirían en viveros para las enfermedades infecciosas. No previeron que al aumentar su dependencia de un único recurso alimentario en realidad se estaban exponiendo cada vez más a la depredación y a la sequía. Y los granjeros tampoco previeron que en los años de bonanza sus graneros repletos tentarían a ladrones y enemigos, lo que les obligaría a empezar a construir muros y a hacer tareas de vigilancia.

Entonces, ¿por qué los humanos no abandonaron la agricultura cuando el plan fracasó? En parte, porque hicieron falta generaciones para que los pequeños cambios se acumularan y transformaran la sociedad, y a esas alturas nadie recordaba que habían vivido de forma diferente. Y en parte debido a que el crecimiento demográfico quemó las naves de la humanidad. Si la adopción del laboreo de la tierra aumentó la población de la aldea de 100 personas a 110, ¿qué diez personas habrían aceptado voluntariamente morirse de hambre para que las demás pudieran volver a los buenos y viejos tiempos? La trampa se cerró de golpe.

 

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  1. 3 noviembre, 2015 en 2:27
  2. Pocosé
    3 noviembre, 2015 en 8:42

    Y las herramientas indujeron en los “Homo …” una gran dependencia de ellas para poder evolucionar hasta las complejísimas e inteligentes maquinas actuales, que sin duda seguirán utilizándonos para llegar a ser ellas las definitivamente “… sapiens”.

    Si en evolución introducimos la finalidad y o la intencionalidad, estaremos introduciendo sesgos, que en el mejor de los casos, nos llevarán a conclusiones absurdas.

    El empecinamiento de unas cuantas moleculas en replicarse sin poder hacerlo siempre de forma perfecta seguido de: mucha contingencia, diversificación, evolución, coevolución, multinivelidad, variable grado de interdependencia, et,. etc, etc.
    Añadiendo a la lista finalidad y o intencionalidad: ¿No habríamos de al menos cuestionarnos la posible veracidad del primer párrafo?

  3. Edgar
    3 noviembre, 2015 en 8:53

    Interesante.
    (dar de mamar continuamente reduce de manera significativa las probabilidades de quedar embarazada).

  4. 3 noviembre, 2015 en 9:39

    Me encanta. Una explicación muy plausible. Genial artículo.

  5. Anónimo
    3 noviembre, 2015 en 12:16

    El homo sapiens considero, y no soy docto en la materia, que no dejó nunca de lado conseguir proteínas animales para añadir a su dieta. Si lo hubiera hecho, seguro que habría sucumbido. No dejó de ser cazador ocasional. Con el paso del tiempo fue consiguiendo domesticar o domar animales en sus aldeas, que fueron una despensa adicional y una ayuda muy valiosa como fuerza bruta en las labores del campo.

  6. 3 noviembre, 2015 en 12:40

    Me encanta este articulo. Por lo general me encanta cualquier posura no-antroocentrica que tira por tierra la soberbia del Homo-Sapiens de creer que el domina el entorno. Desmond Morris decía que el sexo había moldeado a la Civilización antes que ésta al sexo y este articulo donde el trigo moldea una conducta humana es pura maravilla ¡Gracias!

  7. Manuel
    3 noviembre, 2015 en 12:58

    Me gustaría que se aportara las fuentes de este artículo porque en principio parece un magufo para combatir magufos. No me ha parecido demasiado riguroso, y la verdad, le hace un flaco favor al fin que supuestamente persigue esta web. Hablas, por ejemplo, de la historia de la domesticación de la papa, cuanto esta está siendo ensamblada lentamente a través de la consideración conjunta de los hallazgos realizados por distintas disciplinas científicas. Y la conclusión a la que llegan todos es que para su domesticación fue indispensable el asentamiento de una población estable de cazadores, pescadores y recolectores, localizada en regiones con abundantes recursos disponibles de caza o pesca. Entre otras cosas porque su asombroso desarrollo sólo era posible gracias al estiercol de los animales. Y por cierto, muchas sociedades se salvaron gracias a su consumo, y no hace tanto (tenemos el ejemplo de Irlanda). En mi opinión este artículo sólo recoge un montón de interpretaciones dirigidas con poca objetividad. No hay una sola frase que plantee la posibilidad de que exista otra versión de esta historia. Magufo.

  8. 3 noviembre, 2015 en 13:30

    Muy buen artículo!

  9. 3 noviembre, 2015 en 14:58

    MANUEL

    Tal y como indico es un capítulo de un libro, y los argumentos se encuentran entrecomillados.

  10. 3 noviembre, 2015 en 16:40

    Hombre tocayo, creo que deberías leerte el artículo antes de lanzarte de la yugular de esa forma, ya que:
    1. Es un artículo de un blog, por tanto primero has de entender si es un artículo de opinión (por ejemplo comentando un capítulo de un libro) o de divulgación (en el que se dan datos científicos con referencias).
    2. Como Ateo te ha comentado, la referencia la da el propio texto que describe.
    3. Si pides referencias deberás referenciar tu argumentación, la cual por cierto tampoco me ha quedado demasiada clara.
    Saludos

  11. 3 noviembre, 2015 en 18:03

    Nada, yo tengo un huerto e invito a todos los románticos del mundo que dicen sandeces como las del libro mentado a que lo ocupen y se despiojen ellos solos y que realicen magia para curarse y que coman raíces y que se hielen de frío en invierno y que soporten estoicamente todas las enfermedades sin quejarse, y les deseo mucha felicidad.

  12. 3 noviembre, 2015 en 18:47

    Lo único poco debatible de este tema sería el que la gran cantidad de calorías disponibles, disparó la cantidad de la especie que podía tener acceso a la supervivencia. El asegurar que la calidad de la vida de una forma de civilización (sean simple o compleja dejados aparte) es mejor en una que en otra, no solo me huele a primer capítulo del Génesis, sino a un sesgo parecido al que pretende descalificar (la cualificación antropocéntrica de la felicidad y el confort vital). La agricultura hizo posible la sociedad, la guerra y la tecnología, y quien sabe si será responsable alguna vez de la supervivencia de la especie fuera de este planeta.

  13. 3 noviembre, 2015 en 19:17

    F. Joya

    Parece que no has entendido mucho de los argumentos presentado por Harari. Por si no lo has leído todo te vuelvo a extraer uno de ellos basado en la antropología forense de nuestros antepasados:

    “La persona media en el Jericó de 8500 a.C. vivía una vida más dura que la persona media en el Jericó de 9500 a.C. o de 13000 a.C.”

    Entonces hablando en plata ¿qué narices les importa a esos pobres desgraciados del 8500 AC (o ya puestos a cualquier campesino de la gleba o esclavo de cualquier época), que se deslomaron únicamente para satisfacer a sus egoístas genes que sólo querían medrar y duplicarse hasta el infinito, que ahora mismo algunos pocos privilegiados del occidente del siglo XXI podamos haber obtenido la calidad de vida de la que disponemos?

    Tal y como lo comentó Jared Diamond en su famoso ensayo, el argumento al que hay que responder es:

    ” A los habitantes de los países ricos como EEUU les suena ridículo exaltar las virtudes de la caza y la recolección, pero los americanos son una élite, dependiente del petróleo y de los minerales, que a menudo deben ser importados desde países con una salud y una alimentación más deficiente. Si se pudiese elegir entre ser campesino en Etiopía o un cazador/recolector bosquimano en el Kalahari ¿Cuál cree que sería la mejor opción?”

    https://lacienciaysusdemonios.com/2015/08/29/la-revolucion-neolitica-el-peor-error-de-la-historia-de-la-humanidad/

  14. Abraham
    4 noviembre, 2015 en 12:58

    Estoy con Pocosé en que no habría que atribuir tanta intencionalidad en el comportamiento del trigo. La mayoría de las plantas sigue una estrategia de permitir que otros animales se alimenten de ellas para lograr más éxito reproductivo. La suerte del trigo fue ser uno de los alimentos favoritos de un animal capaz de cultivarlo. No me imagino a la planta salvaje de trigo estudiando a los varios animales que pasaban por allí y decidir que iba a ser más palatable para esos monos erguidos, que tenía pinta de que con ellos le iba a ir mejor que con las cebras.

    El mecanismo de cómo poco a poco nos vamos haciendo dependientes de la nueva tecnología es muy plausible. Cada vez que descubrimos una nueva tecnología suele traer sus propios inconvenientes, pero como nos hacemos muy dependientes de ella, acabamos por desarrollar nuevas tecnologías para luchar contra los efectos adversos en lugar de abandonar la tecnología. Lo de huir hacia delante.

    Me parece que F.Joya no ha entendido bien algo. No me parece que el texto abogue por volver a comer raíces, sino que da una explicación de por qué, si comer raíces salvajes en su momento era mejor que cultivarlas, elegimos la opción menos saludable.

  15. 4 noviembre, 2015 en 13:41

    La interacción entre las diversas especies animales y vegetales en el ámbito de la evolución y la selección natural es un proceso multidireccional, por lo que parece un tanto excesivo afirmar eso de que determinadas plantas “domesticaron” al homo sapiens. Como todas las especies animales, el ser humano se adaptó a su entorno tanto como lo fue modificando, de modo que algunas especies vegetales, como las mencionadas, también fueron evolucionando en función del uso que de ellas hacían nuestros ancestros. Les recomiendo a este respecto una muy interesante serie documental de la BBC : “How To Grow A Planet” (Cómo Cultivar Un Planeta), presentada por el biólogo Iain Stewart.

  16. 4 noviembre, 2015 en 15:14

    Me parece una hipótesis muy traída por los pelos. Para empezar, se asume que los cazadores/recolectores tenían una salud mejor que los agricultores, lo que es muy discutible. Y segundo, siguiendo el razonamiento que implica, se acaba con una megaconspiración planetaria de plantas, ya que el trigo no ha sido la única planta que ha seguido ese curso. Tenemos el maíz, el arroz, la yuca, la cebada…

    Para mí, no es más que un caso de co-evolución y simbiosis.

  17. 4 noviembre, 2015 en 15:39

    Javi

    “se asume que los cazadores/recolectores tenían una salud mejor que los agricultores, lo que es muy discutible”

    Los datos de antropología forense y paleopatología que comenta Harari de los natufios y los que comentó Diamond en una entrada previa sobre los habitantes de la zona de Grecia y Turquía en Europa y los indios de Illinois y Ohio en América muestran que en todos los casos la transición a la agricultura fue un drama sanitario y nutricional. Y eso junto con los estudios de las últimas décadas comparando aportes calóricos, horas de trabajo y condiciones sanitarias entre tribus o grupos de cazadores/recolectores frente a grupos similares de agricultores vuelven a reafirmar esa idea.

    El Arconte y Abraham

    Por supuesto que en evolución no hay intencionalidad, ni del trigo ni de los sapiens. Lo que ocurre es que la historia se nos ha contado como si nuestros antepasados hubieran tomado decisiones conscientes y racionales cuando en realidad únicamente estaban siguiendo sus instintos biológicos más primarios: reprodúcete lo máximo posible y al precio que sea.

  18. 4 noviembre, 2015 en 17:27

    Ateo : Comparto desde luego que debe desestimarse de plano, por absurda, cualquier interpretación “antropocéntrica” de la naturaleza y el cosmos, tanto como la ridícula fantasía de que los seres humanos estamos llamados a cumplir algún destino especial o superior al de las demás especies. Es perfectamente claro que la existencia de la especie humana es tan “accidental” como la de cualquier otra forma de vida y que no se le puede asignar ningún valor ni propósito intrínsecos. También lo es el hecho de que debajo de todas las pautas de conducta humana subyacen nuestros instintos más primarios, los cuales simplemente hemos ritualizado y sublimado gradualmente hasta construir esta gran farsa que llamamos “civilización” – lo cual entiendo sin embargo que no nos hace menos responsables en cuanto respecta al impacto que nuestras acciones tienen sobre nuestro entorno y nuestra propia historia.

  19. Pocosé
    4 noviembre, 2015 en 21:23

    La agricultura y la ganadería surgieron, siempre de tribus cazadoras recolectoras, en lugares diversos e inconexos, en distintas épocas y con distintos tipos de especies. Llegados a un cierto punto de evolución sociotecnológica, parece que podría ser inevitable. Es evidente que los agrícola/ganaderos,se impusieron sobre los cazadores recolectores estrictos, sobre los cazadores recolectores semiagrícolas e incluso sobre los ganaderos estrictos. También es evidente que el tipo de sociedades que alcanza mas complejidad se da en aquellas agroganaderas cuyo principal cultivo es cereal. Que el cultivo del cereal tenga gran relevancia en la estructuración social que permite el surgimiento y la permanecía de unas élites extractivas, tambien me parece evidente, pero tambien me parece evidente que el sobre esfuerzo que las personas medias tienen que realizar para sobrealimentar a estas élites extractivas, podría tener mas relevancia en la merma de su calidad de vida, que el mero cambio de sus hábitos alimenticios.
    Y puestos a elegir (siempre que sea unos cuanto siglos atrás) que tal: sami, mongol, yanomami o polinesio. Y puestos a retroceder y prescindir de toda tecnología, yo a lo que me apuntaría sería a bonobo.

  20. 5 noviembre, 2015 en 18:35

    El libro de Harari es espléndido, mucho mejor y más ecuánime que los del tan celebrado Jared Diamond. Por otra parte, en el tránsito entre el paleolítico cazador y recolector y el agricultor y ganadero neolítico se puede observar una disminución de talla y un incremento de enfermedades (de las que pueden detectarse en restos óseos. En realidad aquí hay un caso típico de confusión entre la primacía de la gallina y el huevo (el huevo, el huevo!!), porque no es tanto que el éxito en el cultivo de alimentos permitiera un incremento demográfico, como justo lo contrario, que las primeras explosiones demográficas impidieran mantener la antigua vida cazadora recolectora y obligaran a asentarse y cultivar. Como casi siempre ‘la verdad’ tiene un pie en cada lado.

  21. Sardaukar
    5 noviembre, 2015 en 18:54

    Últimamente te estoy leyendo una serie de artículos muy favorables a la “paleodieta” y teorías similares. Ten cuidado, porque bordeas muy curiosamente la magufería.

    Niego la mayor: “en todos los casos la transición a la agricultura fue un drama sanitario y nutricional”. Un análisis de la Revolución Industrial nos llevaría a decir lo mismo. Un análisis forense del Puerto Exterior de A Coruña, que realizásemos dentro de mil años, podría descubrir los cadáveres de varios obreros muertos durante su construcción. ¿Sostendría un antropólogo que fue un error su construcción, que además llevó a que felices surferos vieran reducido su espacio natural?

    Cuidado con los análisis desde una óptica actual, y cuidado con los análsis de “mejor o peor”, de “acierto o error”.: Un análisis de los cuerpos de esclavos en las minas de cobre nos llevaría a afirmar que el desarrollo de la metalurgia fue un error. La ciencia es un error porque Maria Curie murió por culpa de lo que investigaba. ¿No hubiese tenido una vida mejor, sin radiactividad, si la mujer no accediese a la educación? ¡Las mujeres en la cocina, y la pata quebrada, como bien decían los sabios de la era anterior, antes de la revolución que permitió a las mujeres acceder a la cultura!

    Hay una tendencia a despreciar a nuestros antepasados inmediatos y, en cambio, a idealizar actitudes anteriores. Quizá forme parte de la leyenda de la pérdida del Paraíso Terrenal, pero es un terreno abonado para muchas actitudes científicas que, en realidad, no se sostienen. Hay gente que desprecia a nuestros campesinos y labriegos de hace 70 años pero se les cae la baba cuando ven aldeas en el Amazonas con taparrabos. “que libres son”, dicen, sin pararse a pensar que hay en ellas tantos caciques como los había en las aldeas del noroeste peninsular hasta no hace mucho. Y tantos chamanes-meigas-brujas en un lugar como en el otro.

    Si fuese un “drama” cada transición, simplemente no se habría dado. También era una fiesta. Fiestas que seguimos celebrando hoy en día (hace poco el día de los muertos, dentro de poco el solsticio de invierno al que llaman “Cumpleaños de un tal Jesús”. También había fiestas antes, cuando se salía de caza, pero nada que ver con la abundancia de la agricultura. Porque, además, la agricultura no excluía a la caza. Simplemente, nos hizo crecer y multiplicarnos más, lo que nos llevó a pasarlo mal.

    El infanticidio es una solución, claro, pero está mal vista.

    En cuanto a que “las mujeres de las sociedades agrícolas no daban el pecho tanto tiempo como antes, con lo que se aumenta la natalidad”, francamente, no sé en qué estudios estadísticos se basa tal afirmación. Siempre se contó que mi abuela daba de mamar a los hijos hasta que no podía evitarlo. El último tenía seis años cuando dejó de mamar. Y no era un caso extraño. Incluso una mujer tan inculta como mi abuela lo sabía.

  22. 5 noviembre, 2015 en 20:50

    Sardaukar

    En ningún momento he defendido la paleodieta, aunque si paleodieta significa comer alimentos los más variados posibles, en cantidades razonables y sin exceso bienvenida sea (sobre todo para esos pobres miles de millones de hambrientos que todavía quedan en el mundo, pero también para los cientos de millones de obesos del mundo desarrollado) porque es para lo que la selección natural nos seleccionó, valga la redundancia.

    Con algunos de mis últimas entradas simplemente he dado la palabra a algunos autores que basándose en diferentes estudios de las más variadas disciplinas cuestionan la historiografía heredada de una ya lejana época precientífica y bastante racista por cierto.

  23. 5 noviembre, 2015 en 21:06

    Sardaukar

    “Niego la mayor: “en todos los casos la transición a la agricultura fue un drama sanitario y nutricional”.

    Como inmunólogo puedo asegurarte que el drama sanitario para nuestros antepasados fue de proporciones épicas. Te comento, los humanos tenemos un conjunto de proteínas del sistema inmune llamado HLA del que escribí hace tiempo una entrada:
    https://lacienciaysusdemonios.com/2013/12/03/la-exhuberante-evolucion-del-complejo-principal-de-histocompatibilidad-de-clase-i-humano/
    Pues bien, mientras todos los estudios genómicos realizados en los últimos años indican que la variabilidad genética en conjunto entre un esquimal, un aborigen australiano, un mongol o un habitante de la Patagonia es menor que la que se encuentra entre chimpancés que viven en la selva a unos 50 km de distancia , estas proteínas han evolucionado en el ínfimo espacio temporal de alrededor de diez mil años, justo cuando se produjo la revolución neolítica de manera asombrosa, de tal forma que a día de hoy se conocen más de 11.000 variantes alélicas y los estudios sugieren que estamos lejos de haber identificado todas. ¿Y sabes cuál es su función? Pues la de presentar al sistema inmune los antígenos patogénicos y así poder crear una respuesta inmune protectora. ¿Puedes entender la increíble presión evolutiva ejercida sobre nuestros antecesores por parte de esos patógenos que tan eficientemente hemos ido adquiriendo en nuestra irresponsable mezcla de humanos y los más diversos animales de granja en condiciones de casi total insalubridad para que este inmenso polimorfismo se haya desarrollado en tan poco tiempo?

  24. 5 noviembre, 2015 en 22:33

    Ateo:

    Los datos de antropología forense y paleopatología que comenta Harari de los natufios y los que comentó Diamond en una entrada previa sobre los habitantes de la zona de Grecia y Turquía en Europa y los indios de Illinois y Ohio en América muestran que en todos los casos la transición a la agricultura fue un drama sanitario y nutricional. Y eso junto con los estudios de las últimas décadas comparando aportes calóricos, horas de trabajo y condiciones sanitarias entre tribus o grupos de cazadores/recolectores frente a grupos similares de agricultores vuelven a reafirmar esa idea.

    Esos datos son parciales y sesgados. Por ser específicos, cuando se compara la salud de los natufios con los de poblaciones neolíticas de la misma zona, los cambios en las enfermedades sufridas no son tan claros como los que expones en la entrada:
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20564538

    Y aunque eso fuera cierto, sigue sin justificar mi segundo punto y el hecho de que cultivar trigo supuso una ventaja evolutiva.

  25. 5 noviembre, 2015 en 23:11

    Javi
    Los mismos autores del artículo que indicas dicen

    “These results indicate that in the southern Levant the Neolithic transition did not simply lead to an overall deterioration in health but rather resulted in a complex health profile which was shaped by 1) an increase exposure to disease agents, 2) changes in diet, 3) population aggregation in larger and denser settlements, 4) changes in activity patterns and the division of labor, and possibly 5) a higher resistant immunological system and response capacity to environmental aggressions (mainly infections).”

    Esos cambios produjeron un nuevo perfil sanitario para el que el ser humano no estaba evolutivamente preparado y como le he comentado antes a Sardaukar la presión de los patógenos se volvió cada vez más agobiante.

  26. 6 noviembre, 2015 en 12:52

    Ateo, no es eso lo que significa. Los autores especifican claramente que la transición neolítica no produjo simplemente un empeoramiento de las condiciones sanitarias, sino un cambio de estas, en la que las enfermedades infecciosas aumentaron, los problemas artríticos no cambiaron mucho y los traumatismos disminuyeron.

    Como ves, el cambio fue mucho más complejo que “las condiciones sanitarias empeoraron”. Y como te he dicho, incluso aceptando esta premisa infundada, sigue sin estar justificada la hipótesis que planteas. Porque igual que el trigo, deberías aceptar que también nos domesticaron el maíz, el arroz, las vacas, las cabras, los gatos, las gallinas…

  27. 6 noviembre, 2015 en 13:38

    Javi

    De lo que te olvidas es que ambos casos no son comparables. Las infecciones de nueva aparición (que se convirtieron rápidamente en pandemias) y la ausencia de medidas higiénicas en condiciones de hacinamiento produjeron una mortalidad que excede en mucho la debida a traumatismos. Por poner sólo un ejemplo, cada vez que aparecía la viruela en un pueblo o aldea la tasa de mortalidad oscilaba entre el 30 y el 90% de los habitantes que no habían conocido la epidemia previa de viruela acaecida en el lugar 5, 10 o 20 años antes. Únele a esto todos y cada uno del resto de patógenos que nos vienen asolando desde el neolítico y luego compara con los accidentes mortales que tienen por ejemplo los bosquimanos; para igualar las tasas de mortalidad debidas a las pandemias los cazadores-recolectores del Paleolítico deberían haber estado despeñándose ritualmente por los barrancos en masa cada lustro.

    https://www.google.com/url?q=http://digitalcommons.unl.edu/cgi/viewcontent.cgi%3Farticle%3D1186%26context%3Dnebanthro&sa=U&ved=0CAQQFjAAahUKEwiVw_m75_vIAhXC6xQKHYoAB_E&client=internal-uds-cse&usg=AFQjCNFz34nUOLc8iQ2Dh9vSIZTWsei0Zg

  28. Sardaukar
    6 noviembre, 2015 en 14:21

    Comprendo lo que dices -aunque no es mi especialidad- pero esa escasa diferenciación genética, y el riesgo que supone, a la vez muestra el éxito que hemos tenido como especie. Nuestros genes se han multiplicado por todo el mundo, y eso es índice de éxito, gracias a la agricultura. ¿Es correcto o no? Quiero decir, que lo que señalas como elemento “dramático” puede ser evaluado como un índice de éxito. Depende del punto de vista (y no es por discutir, ni porque me salga la vena gallega, pero “depende” es la respuesta más sincera).

    Comprendo tu punto de vista, y te agradezco mucho que lo publiques, pero planteo un punto de vista diferente. Es más: si el artículo fuese una teoría científica debería llevarnos a propuestas sociales… digamos no muy civilizadas. Volveríamos a ser pequeños grupos, intercambiaríamos a las mujeres -los estudios genéticos han demostrado que ha habido más difusión de las mujeres que de los hombres-… pues quizá no esté mal para pasar unas vacaciones, pero no es “serio”. De verdad que me asustaría un poco cuando hablas de que tenemos genes demasiado iguales, y que sería mejor diferenciarnos, si en vez de decirlo tú lo leyese en otros foros.

    Volviendo al tema: El caso es que tú lo ves desde el punto de vista de diversidad genética como un peligro. Yo lo veo desde el punto de vista de animal social: la cultura que hemos creado -incluyendo uno de sus productos últimos, la ciencia- nos ha permitido triunfar.

    Un saludo. Y muchas gracias por tus artículos. Suelen ser muy interesantes, incluso cuando no estoy de acuerdo con ellos me hacen pensar, y eso es bueno. Gracias.

  29. 6 noviembre, 2015 en 14:33

    Nuestros genes se han multiplicado por todo el mundo, y eso es índice de éxito, gracias a la agricultura. ¿Es correcto o no?”

    Es correcto pero si recuerdas lo escrito por Harari en esta entrada

    “La moneda de la evolución no es el hambre ni el dolor, sino copias de hélices de ADN. De la misma manera que el éxito económico de una compañía se mide solo por el número de dólares en su cuenta bancaria y no por la felicidad de sus empleados, el éxito evolutivo de una especie se mide por el número de copias de su ADN.”

    Por lo que magro consuelo es ese de que el sufrimiento de los millones de esclavos y siervos de la gleba de toda época demuestra el éxito evolutivo de nuestra especie. Siguiendo el símil económico que plantea Harari: quien es el valiente que va al Tercer Mundo a explicarles a esos niños esclavizados de sol a sol que su esfuerzo es una muestra del increible desarrollo económico alcanzado por el hombre y que deberían sentirse orgullosos porque los juguetes que ellos fabrican con su sudor y muchas veces con su sangre, hacen felices a otros niños occidentales durante al menos 5 minutos.

  30. 6 noviembre, 2015 en 14:48

    “si el artículo fuese una teoría científica debería llevarnos a propuestas sociales… digamos no muy civilizadas.”

    No estoy de acuerdo, podemos aplicar este conocimiento y el resto que hemos ido atesorando a lo largo de estos siglos de ciencia para diseñar una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa con el medio ambiente y con el resto de las especies que pueblan (eso sí cada vez en menor número) este tan maravilloso planeta.

    Respecto a tu comentario de “…intercambiaríamos a las mujeres…” ten cuidado porque suena un poco machista. Pero siguiendo con tus miedos en

    “De verdad que me asustaría un poco cuando hablas de que tenemos genes demasiado iguales, y que sería mejor diferenciarnos, si en vez de decirlo tú lo leyese en otros foros.”

    es un hecho de que los humanos , al haber pasado hace muy poco tiempo por uno o varios cuellos de botella evolutivos, somos muy homogéneos lo cual no es bueno ni malo desde el punto de vista de un individuo en particular (ya que hemos llegado hasta aquí) sino algo ligado al concepto de especie. Lo de “diferenciarnos” siempre lo comento dentro del contexto de la xenofobia: las mezclas son siempre mejores a la hora de tener hijos ya que cuanto más próximos genéticamente hablando son los padres mayor es el riesgo de enfermedades genéticas. Pero por supuesto que no defiendo que se instaure ningún tipo de leyes reproductoras.

  31. Pocosé
    7 noviembre, 2015 en 8:54

    De acuerdo: Peor alimentados, más enclenques, mas expuestos a todo tipo de enfermedades. con más trabajo y más duro, con más mortalidad infantil, con menos esperanza de vida, etc. Y todo gracias a las tecnologías agropecuarias.
    Pero aún así no solo no hemos intentado volver a ser cazadores recolectores, sino que hemos llevado a estos al borde de la extinción.
    No, ni me cuadra una tecnologia con responsabilidad, ni una especie con intencionalidad más allá que la de hacer trascender sus genes.
    ¿No será que las tecnologías agropecuarias dieron mayor facilidad al establecimiento de unas estructuras sociales, mal que nos pese, más eficientes?
    ¿No serán estas estructuras, que tampoco responsables, artífices en mayor grado que cualquier tecnología?
    ¿No será que seguimos echando de menos aquellas otra forma de estructura social?
    ¿Y no será que no está bien visto que la Ciencia se meta en política?

  32. 7 noviembre, 2015 en 13:12

    Pocose

    ” ¿No será que las tecnologías agropecuarias dieron mayor facilidad al establecimiento de unas estructuras sociales, mal que nos pese, más eficientes?”

    La “eficiencia” es un término muy ambiguo y pienso que muy contaminado con nuestro antropocentrismo. Está claro que al aumentar la densidad de población aparecieron estructuras sociales nuevas puesto que cien o mil personas juntas en una aldea no pueden convivir de la misma manera como lo hacían 20-30 individuos relativamente emparentados que se desplazan por el campo. Ahora bien, ¿esas nuevas estructuras: jerarquización, sometimiento, control militar, etc. son mejores o peores que el igualitarismo de los cazadores/recolectores? Pues está claro que desde el punto de vista evolutivo de la especie (al permitir el exponencial incremento de copias de DNA en estos últimos milenios) son mejores, pero la gran pregunta que queda (y es lo que plantean Harari o Diamond entre otros) ¿debemos seguir siendo todavía ahora esclavos de nuestros genes egoístas? o ¿podemos empezar a utilizar el conocimiento que hemos acumulado para liberarnos de ese yugo milenario?

  33. Pocosé
    7 noviembre, 2015 en 17:51

    Si Ateo66666,
    Sería muy conveniente librarnos de algunas de las tiranías que nos imponen nuestros genes, especialmente de aquellas de las que las estructuras usan y abusan para afianzarse y perpetuarse. Pero para ello habrá primero que identificarlas y no lo haremos inculpando a una u otra tecnologia, por mucho que también sean usadas y abusadas por las mencionadas estructuras con el mismo fin.

  34. 7 noviembre, 2015 en 18:19

    Lo plantearía de otra forma: Si seguimos dominados por el criterio del gen egoísta, ¿Es posible que el resultado sea morir de éxito? ¿Qué la propia presión reproductiva nos lleve a la autodestrucción?

  35. 7 noviembre, 2015 en 23:12

    Eduard

    Hace no tanto tiempo, en la época de la guerra fría y la disuasión nuclear, estuvimos a punto de morir de éxito. Ahora con nuestra ceguera neoliberal sobre el crecimiento exponencial, pase lo que pase y cueste lo que cueste quizás nos lleve a un desastre ecológico que nos destruya a nosotros y a innumerables especies.

  36. Pocosé
    8 noviembre, 2015 en 8:14

    Esta claro que aquellas estructuras han evolucionado hasta la ya bien establecida, neoliberal, apátrida, amoral. global y descabezada y que esta usa y abusa de todas las tecnologías a las que pueda sacar cualquier tipo de provecho, siendo especialmente hábil usándolas para contaminar con los memes que crea que más le favorecen.
    ¿Pero cuales de nuestras tiranías genéticas son las más propensas a ser usada y fomentadas con el fin de tener un gran respaldo ciudadano, incluso democrático, allí done este le sea necesario?

  37. 8 noviembre, 2015 en 16:25

    De lo que te olvidas es que ambos casos no son comparables. Las infecciones de nueva aparición (que se convirtieron rápidamente en pandemias) y la ausencia de medidas higiénicas en condiciones de hacinamiento produjeron una mortalidad que excede en mucho la debida a traumatismos.

    No los estoy comparando, te estoy diciendo que la transición neolítica produjo unos efectos sanitarios mucho más complejos que la simplicidad en la que basas esa hipótesis. Y en cuando a lo de la mortalidad que excede la de los traumatismos, me temo que eso te lo has sacado de la manga, porque no creo que haya ningún estudio que apoye eso.

    Únele a esto todos y cada uno del resto de patógenos que nos vienen asolando desde el neolítico y luego compara con los accidentes mortales que tienen por ejemplo los bosquimanos; para igualar las tasas de mortalidad debidas a las pandemias los cazadores-recolectores del Paleolítico deberían haber estado despeñándose ritualmente por los barrancos en masa cada lustro.

    https://www.google.com/url?q=http://digitalcommons.unl.edu/cgi/viewcontent.cgi%3Farticle%3D1186%26context%3Dnebanthro&sa=U&ved=0CAQQFjAAahUKEwiVw_m75_vIAhXC6xQKHYoAB_E&client=internal-uds-cse&usg=AFQjCNFz34nUOLc8iQ2Dh9vSIZTWsei0Zg

    Pues mira, de tu propio enlace:
    “The increase of infectious disease associated with the adoption of an agricultural lifestyle did not necessarily increase mortality

    Y aquí tienes un estudio de tasas de mortalidad en cazadores-recolectores que pinta un panorama muy diferente:
    http://www.anth.ucsb.edu/faculty/gurven/papers/GurvenKaplan2007pdr.pdf

    Y sigues sin responder a mi segunda objeción: incluso asumiendo que tu mundo idílico de cazadores-recolectores fuera cierto, eso no apoya tu hipótesis.

  38. 8 noviembre, 2015 en 21:06

    Javi

    El paso de vivir en tropillas de 20-40 cazadores/recolectores a asentamientos agrícolas de 100-1000 individuos por supuesto que no produjo la aparición inmediata de las epidemias todas de una vez, tuvo que pasar un tiempo para que esos asentamientos cada vez más numerosos y más interconectados entre sí sirvieran de caldo de cultivo para que primero un patógeno diera el salto a nuestra especie por ejemplo en la creciente fértil, luego otro (quizás 100 o 500 años después) en China y luego otro en India y así sucesivamente hasta llegar a tener un mundo asolado por la viruela, el sarampión, la tos ferina y las docenas de terribles patógenos que nos llevan diezmando desde hace milenios. Pero el decir que los traumatismos de los cazadores pueden producir una mortalidad similar a la que produjeron los patógenos hasta ayer mismo en Europa o incluso hoy en día en el Tercer Mundo es desconocer totalmente todo el proceso evolutivo y la epidemiología.

    Como he comentado ya previamente la prueba más fehaciente de ello (aparte de los miles de millones de muertos) es la existencia de la poderosa presión selectiva que ha sido el inmenso polimorfismo de HLA que a día de hoy estamos todavía muy lejos de conocer en toda su extensión: https://lacienciaysusdemonios.com/2013/12/03/la-exhuberante-evolucion-del-complejo-principal-de-histocompatibilidad-de-clase-i-humano/

  39. 9 noviembre, 2015 en 15:46

    A ver, Ateo, nadie ha dicho que las enfermedades aparecieran todas de golpe, sino que las consecuencias sanitarias fueron mucho más complejas que simplemente “todo el mundo tuvo peor salud”. Ya has visto en los enlaces que fue mucho más que eso, aumentaron las enfermedades infecciosas, pero disminuyeron los traumatismos, un mayor número de bebés alcanzaron la edad adulta, etc.

    El polimorfismo de HLA no demuestra nada más que estamos expuestos a una gran variedad de patógenos en diferentes partes del mundo, por lo que es esperable que una población expuesta a los patógenos del sudeste asiático tenga un HLA diferente de alguien expuexto a los patógenos ecuatoriales africanos.

    ¿Por qué te centras en discutir algo que ya te he mostrado que no está claro e ignoras mi segunda objeción?

    Ateo, por muy atractiva que sea esa hipótesis, no puedes criticar a magufos y vendemotos por aferrarse a sus ideas en contra de toda evidencia y tú aferrarte a la tuya de la misma manera.

  40. 9 noviembre, 2015 en 15:51

    Como he comentado ya previamente la prueba más fehaciente de ello (aparte de los miles de millones de muertos) es la existencia de la poderosa presión selectiva que ha sido el inmenso polimorfismo de HLA que a día de hoy estamos todavía muy lejos de conocer en toda su extensión: https://lacienciaysusdemonios.com/2013/12/03/la-exhuberante-evolucion-del-complejo-principal-de-histocompatibilidad-de-clase-i-humano/

    Pues mira lo que tú mismo escribiste en esa entrada:
    ” estas migraciones humanas que nos han llevado desde nuestro local entorno africano hasta los confines de Tierra: selvas, desiertos, islas perdidas en medio del océano, etc. han sido (al exponernos a nuevos y desconocidos patógenos para nuestro sistema inmune) las que han servido de motor para generar la extraordinaria cantidad de proteínas diferentes de HLA de clase I que han sido identificadas en un ya clásico ejemplo de coevolución […]”

  41. nestor
    9 noviembre, 2015 en 18:44

    Me quedé pensando en el comentario de Eduard,”.es posible que el resultado sea morir de éxito?.”si fuere por las noticias del accionar de los halcones, creo que se respondería afirmativamente.

  42. 9 noviembre, 2015 en 21:50

    Javi

    Lo que tú no pareces entender es que cuando los autores que comentas dicen “situaciones más complejas” no quieren decir que se puedan igualar las consecuencias de los traumatismos con los muchísimo más graves y letales enfermedades infecciosas de nuevo cuño.

    Y sí, al desplazarnos a nuevos continentes fomentamos la exposición a nuevos patógenos pero otra vez eso no sería demasiado problema para la especie en conjunto si hubiéramos seguido viviendo como cazadores/recolectores agrupados en tropillas de 20-40 individuos, poco relacionados con nuestros vecinos y con densidades de población de 1 habitante/km2. ¿Qué les importa para su supervivencia a los inuit que se mueran 40 bosquimanos por una nueva enfermedad muy contagiosa? ya que en la práctica nunca les podría llegar a ellos si por el camino todos los humanos fueran cazadores/recolectores.

    Incluso a día de hoy siguen apareciendo ese tipo de situaciones ¿qué ha pasado con el ébola? mientras se infectaba un individuo en una aldea perdida de la mano de dios, aislada del resto los resultados eran peligrosos a nivel muy local, moría el 20 o el 50% de los 60 habitantes de la zona y el brote se autoextinguía por falta de nuevos portadores y el resto de la humanidad seguía a salvo y el microorganismo NO pasaba permanentemente a convertirse en un patógeno humano. Y así han pasado las décadas sin mayor problema. Ahora bien, el mismo brote ocurre en un mundo más interconectado y ¿y qué ocurre? pues que llega a pueblos más grandes, a ciudades y entonces como ahora tiene multitud de hospedadores se convierte en una pandemia que a punto ha estado de convertirse en global. ¿Es esa mortalidad equivalente a la que pueden sufrir los habitantes de zonas remotas por accidentes?

    Y con pocos individuos expuestos a un nuevo patógeno es casi imposible (por las bajas tasas de mutación en humanos) que se produjera una variante en el HLA, sea esta ventajosa o no. Para ello se necesitan que los números de humanos aumenten y así pueda aparecer un fondo aleatorio de mutaciones sobre las que pueda trabajar la selección natural. Y eso mismo ocurre incluso con los patógenos, mientras infectó a pocas personas el virus del ébola se mantuvo genéticamente estable por falta de replicación, porque tras cada brote el virus volvía al principio; ahora que ha infectado a decenas de miles de personas estamos empezando a ver nuevas variantes del virus.

    Pues esas situaciones son las que estamos comparando: la viruela, el sarampión, la difteria. etc. de cuando empezamos a sentar las bases del comercio, las naciones y los imperios frente a los accidentes (todo lo mortales que se quiera, pero individuales y aleatorios) que ocurrían cuando nuestros antepasados salían de caza o a recoger setas en el bosque.

  43. 11 noviembre, 2015 en 12:41

    Lo que tú no pareces entender es que cuando los autores que comentas dicen “situaciones más complejas” no quieren decir que se puedan igualar las consecuencias de los traumatismos con los muchísimo más graves y letales enfermedades infecciosas de nuevo cuño.

    ¿Y quién ha dicho que se igualen? Lo que significa simplemente es que la realidad es mucho más compleja que “y su salud empeoró”, que es la base de esta hipótesis.

    Y sí, al desplazarnos a nuevos continentes [etcétera, etcétera]

    Muy bonita explicación que es inútil porque no contesta a la crítica. El polimorfismo de HLA tiene múltiples causas y por mucha explicación que pongas, no está claro cómo de importante fue la agricultura que, te recuerdo, implica muchas más plantas además del trigo.

    Ateo, ¿por qué te empeñas en ignorar mi segunda crítica?

  44. victor
    27 noviembre, 2015 en 19:42

    cuanto licenciado… me gustaría saber que títulos, doctorados y cuantos artículos o libros han publicado todos los que se dedican a criticar basando su opinión en una mala interpretación del texto en la mayoría de los casos, y dejando ver una ávida necesidad de protagonismo en otros.
    El artículo muy bueno como los que abundan en esta web, y el libro es excelente, lo recomiendo. La mayoría de cuestiones están tratadas con una lógica aplastante, como esta en concreto, y respaldadas por mucha evidencia. El autor saca conclusiones y da su opinión en muchos aspetcos, pero siempre siguiendo un razonamiento excelente que convence.

  45. José Luis
    18 abril, 2016 en 4:17

    Saludos, veo varios comentarios interesantes pero el debate que ha mantenido Javi con Ateo ha estado sobresaliente. En la entrada: https://lacienciaysusdemonios.com/2015/08/29/la-revolucion-neolitica-el-peor-error-de-la-historia-de-la-humanidad/ nos cuentan, aunque si en un tono algo regañon el del autor citado por Ateo, que la revolución neolítica tuvo su precio y lo pagaron los primeros agricultures con un poco de su salud, esto resumiendo y por decir lo más importante. Ya que aquí y en aquella entrada algunos parece que no lo vieron así.

    Javi dice que Ateo “se aferra a su idea”, yo diría que ese es tu caso. En aquella época grupos de personas pasaron de tener una dieta variada de animales y especies de plantas, a un menú mas reducido que como ventaja ofrecia una mayor cantidad y producción. No es necesario ser un experto para saber que una alimentación así no es muy saludable y menos si es la misma desde la infancia hasta que te mueres, que seguro fue el caso de muchos en aquellas poblaciones.

    ¿Cómo puedes decir que el cambio fue solo de “condiciones sanitarias mas complejas”? Obviamente si fueron condiciones mas complejas, pero no sin ignorar que una dieta de menor calidad les afectó la salud.

  46. 18 abril, 2016 en 22:01

    @Jose Luis,
    El efecto del cambio de dieta durante la revolución Neolítica es todavía materia de debate. Como detalle del problema de lo que planteas “No es necesario ser un experto para saber que una alimentación así no es muy saludable”, eso es cierto asumiendo dos condiciones que no se dan. La primera, que la diversidad dietética se redujera hasta el punto de que hubiera deficiencias nutricionales. Y la segunda, que la cantidad de alimento fuera la misma. Por muy diversa que sea tu dieta, si sólo encuentras comida una vez a la semana, ya te digo yo que muy sano no vas a estar.

  47. José Luis
    19 abril, 2016 en 21:45

    Sobre el efecto del cambio de dieta Diamond en su ensayo menciona que en los restos de los primeros agricultores se nota un deterioro de su salud, aparte de este ensayo lo único que he encontrado sobre el tema ha sido este enlace: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21507735, “Author information: 1Department of Anthropology, Emory University, 207 Anthropology Building, 1557 Dickey Drive, Atlanta, GA 30322, United States” aunque es solo el resumen, en el que se habla del tema en cuestión.
    Si este asunto aún es materia de debate, me parece bien ya que como sabemos en la ciencia hay un rigor y métodos. Pero hay estudios sobre los que se apoya Diamond, y no al revés.

    Donde encontré este enlace fue en una página en la cual se analiza el ensayo, por lo que leí Diamond escribe a otros autores sin mencionarlos, entre ellos a Richard Lee (ese de la anécdota del cerdo y los bosquimanos), pero en ese artículo le hacen un análisis a este ensayo, recomendado para leerlo con calma, yo no lo leí con suficiente calma, debería acerlo luego.

    Pero en fin, al menos una parte del debate sobre el efecto del cambio de dieta, he encontrado un resumen de un estudio, si uds pudieran profundizar sería genial. Pero tal parece hasta que se demuestre lo contrario, que en estos primeros grupos si hubo una deficiencia nutricional.

  48. José Luis
    20 abril, 2016 en 20:28

    Por cierto, olvidé colocar el enlace del análisis del ensayo de Diamond http://www.livinganthropologically.com/anthropology/agriculture-as-worst-mistake-in-the-history-of-the-human-race/.

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