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Mala farma: las inevitables consecuencias del libre mercado

19 septiembre, 2016

farmafiaEl problema del mundo actual es que cualquier faceta se tiene que supeditar al pensamiento único neoliberal, en donde el dogma del libre mercado y la búsqueda de beneficios a cualquier precio imponen una lógica perversa y muchas veces hasta criminal. Y por supuesto, ni siquiera aspectos tan sensibles como la salud y hasta la vida de los seres humanos pueden escapar de esta tiranía, cuyo más que inevitable resultado es lo que los críticos denominan Mala Farma o incluso Far(ma)mafia.

tipos-de-industriaDesde el punto de vista económico las diversas empresas se suelen clasificar por el tipo de producto que venden, así tenemos el sector de la automoción cuyo supuesto objetivo sería el de fabricar automóviles, las empresas informáticas aparentemente se dedicarían a vender ordenadores, las editoriales libros y las farmacéuticas medicamentos. Sin embargo, cuando se amplía el horizonte y se dejan de lado pequeños detalles se obtiene una visión de conjunto mucho más homogénea y también mucho más prosaica, porque en realidad todas las empresas tienen el mismo objetivo final: obtener beneficios y cuantos más mejor.

Así Apple, Pfizer, Volkswagen, McDonald´s, Exxon Mobil, Merck, Samsung, Boeing o Bayer cotizan en los mismos mercados de valores en donde únicamente se deben a sus accionistas, de tal manera que todas estas empresas ansían el favor de los inversores, los cuales además muchas veces son los mismos en todas ellas y únicamente esperan los mayores rendimientos independientemente del producto específico que oferte cada multinacional. Además y como prueba de que en el fondo todas ellas se dedican a lo mismo se encuentra el hecho de que suelen intercambiar sus altos ejecutivos casi como si de cromos en el patio de un colegio se 605860_bolsa-de-nueva-yorktratara, de tal manera que un Director General o un “CEO” (como se dice ahora en la jerga empresarial) pueden estar 3 años dirigiendo la fabricación y venta de aviones de pasajeros o incluso de combate, trabajar durante un lustro en el sector alimentario para ser contratado después por una multinacional farmacéutica, ser fichados posteriormente por una tabaquera o petrolera, para acabar finalmente su etapa laboral en una empresa de software. El resultado de toda esta sorprendente “capilaridad” empresarial es que los objetos fabricados o los servicios ofertados por cada empresa pasan a tener el mismo y secundario valor para los altos ejecutivos de las multinacionales, puesto que únicamente son meros instrumentos para conseguir un único objetivo final, ya que lo transcendental en cada transnacional es la cuenta de resultados.

Pero existe un problema con esta tan simple como economicista visión de la vida, y es que mientras uno puede elegir comprase o no un Smartphone y si lo desea pagar más de mil euros por el nuevo iPhone 7, los medicamentos son un asunto más serio en donde las “libertades” de decisión y de elección del “consumidor” no existen. Además, mientras es relativamente sencillo saber por ejemplo si las características ofertadas por Apple se corresponden con los componentes de nuestro flamante teléfono “inteligente” y si esta novedad es mejor o peor que los aparatos de la competencia, en el caso de los medicamentos los pacientes (que no consumidores) no tienen en la práctica capacidad alguna de conocer la calidad y seguridad de lo que se les está administrando y por tanto, deben delegar inicialmente en su médico y en última instancia en las autoridades sanitarias.

n-drug-fraud-628x314Y si la cultura empresarial empapa también al sector farmacéutico, pues no hace falta ser muy perspicaz para comprender que existe un gigantesco problema, pues en la invariable pelea por aumentar la cuenta de resultados e incrementar los beneficios de manera constante (y si se puede casi exponencial) para satisfacer así a los por otra parte insaciables mercados internacionales, el resultado final conlleva inexorablemente la aplicación del famoso dicho de “el fin justifica los medios”. Y por tanto las multinacionales de los medicamentos utilizan las mismas “sucias” estrategias que cualquier otra gran empresa.

 

mala-farmaAsí los más que combativos investigadores Ben Goldacre y Peter Christian Gøtzsche han mostrado en sus respectivos y más que recomendables libros (“Mala farma” y Medicamentos que matan y crimen organizado”) la panoplia de estrategias (aunque sería mucho más acertado hablar directamente de delitos) que sistemáticamente utilizan las diferentes compañías del sector para conseguir aumentar esos tan ansiados beneficios empresariales.

Sin entrar en detalles porque la información de ambos libros es abrumadora y daría lugar a decenas y decenas de entradas en CyD (por lo que invito a todo el mundo a sus más que interesantes lecturas) la lista principal de tácticas de estas corporaciones se puede resumir en los siguientes puntos.

El primero de todos es la publicidad abusiva y muchas veces engañosa tanto al público en general como a los profesionales sanitarios (a través de los siempre más que sospechosos visitadores médicos), mera propaganda con sobrevaloración interesada y tergiversación tramposa de los datos y los estudios realizados, que se hace pasar por información científica veraz y que induce a los médicos a recetar dosis más altas de los medicamentos existentes en el mercado (con el consiguiente aumento del gasto sanitario y el peligro para el paciente al potenciarse los siempre inevitables efectos secundarios), a prescribir fármacos para enfermedades para cuyo tratamiento no ha sido aprobado por las agencias pertinentes y a creerse que la nueva medicina recién aprobada (que en general suele ser mucho más cara que los medicamentos más antiguos) tiene una efectividad mayor y/o menores efectos secundarios que los fármacos ya presentes en el mercado.

medicamentos-que-matanEl segundo es la influencia indirecta (mediante invitaciones a congresos o pagos por charlas, asesoramiento o consultorías) o directamente el soborno puro y duro de profesionales médicos, periodistas o incluso autoridades sanitarias tanto de agencias reguladoras como de políticos, que junto con la más que sospechosa financiación de asociaciones de pacientes, que pasan a convertirse de facto en simples marionetas de las farmacéuticas para poder ser usadas como herramientas de presión para la pronta y favorable aprobación de medicamentos más que dudosos, describen un panorama desolador tal y como narró en una entrevista hace algún tiempo Peter Rost, un médico que trabajó durante años como alto ejecutivo de ventas de dos grandes farmacéuticas:

Da miedo cuántas similitudes existen entre esta industria y la mafia. La mafia gana obscenas cantidades de dinero, como hace esta industria. Los efectos secundarios del crimen organizado son los homicidios y muertes, y los efectos secundarios son los mismos en esta industria. La mafia soborna políticos y a otros, y lo mismo ocurre con la industria farmacéutica… La diferencia es que todas estas personas de la industria farmacéutica (bueno, yo diría que el 99 por ciento de ellos) tienden a considerarse a sí mismos como ciudadanos respetuosos de la ley, no como ciudadanos que podrían robar un banco… Sin embargo, cuando se reúnen como grupo y gestionan estas corporaciones, es algo que parece suceder.

Y la prueba de todos estos comportamientos ilegales es que sólo en EEUU y durante el periodo de tiempo comprendido entre los años 1991 y 2010 las autoridades estadounidenses impusieron multas por todo tipo de delitos a multitud de empresas del sector por valor de unos 20.000 millones de dólares y que lejos de solucionarse, el problema sigue en aumento ya que tan sólo entre 2010 y 2012 en ese mismo país se ha castigado a 26 farmacéuticas a multas por otros 10.000 millones de dólares adicionales. Y dentro de estos comportamientos cuasimafiosos hay que destacar la presión hacia investigadores independientes y a las revistas científicas que osen publicar estudios en los que se muestre que uno de estos medicamentos tiene mayores efectos secundarios o menor eficacia terapéutica que los admitidos inicialmente en los documentos oficiales de la empresa.

Pero quizás la peor de todas estas infracciones sea la manipulación de los ensayos clínicos, puesto que ello pone en riesgo toda la estructura del sistema y cuestiona la seguridad y la eficacia de los medicamentos. Ello es posible porque a medida que han clinical-trial-stagesido pasando los años el poder de las farmacéuticas sobre estos ensayos ha ido creciendo hasta prácticamente llegarse a un control casi absoluto. Así no sólo es que en la actualidad la mayor parte de los ensayos clínicos son patrocinados por esa misma industria tanto en la UE como en los EEUU, sino que la proporción de los proyectos que las farmacéuticas encargan a los centros médicos académicos ha disminuido dramáticamente, desde un 63% en 1994 hasta un escaso 26% en 2004. De tal forma que en la actualidad la gran mayoría de los ensayos clínicos son realizados por empresas especializadas (privadas por supuesto y con el mismo ánimo de lucro que las farmacéuticas que las contratan) denominadas “organizaciones de investigación por contrato” (CRO por sus siglas en inglés), que ejecutan todo el proceso desde el reclutamiento de los enfermos hasta el marketing y la publicidad del nuevo medicamento, ofertando un más que cómodo y eficiente servicio completo a la farmacéutica de turno. Este trasvase ha venido dado por la evidente dificultad de las multinacionales de controlar un ensayo clínico dirigido por un centro de investigación de prestigio (a pesar de las abusivas cláusulas de control y limitaciones legales de todo tipo que siempre han impuesto estas empresas a ese personal investigador que muchas veces tenía la osadía de solicitar poder analizar el ensayo completo o modificar el proyecto con nuevos controles, aun cuando sólo hubiera participado de forma parcial), hecho que por supuesto no ocurre en la actualidad con las CROs que tienen más que claro quién es el que paga los más que millonarios emolumentos de cada ensayo, y que por supuesto no tienen esos tan poco empresariales conceptos de rigor científico y prestigio académico que tanto nos preocupan a esas ratas bípedas de laboratorio que somos los investigadores.

Y una vez detectados y analizados los problemas, las soluciones. Desde mi humilde punto de vista de simple investigador de a pie hay dos formas complementarias de atajar este problema.

La primera consistiría en una formación más científica del estamento médico durante su etapa universitaria focalizada en el análisis crítico de los estudios, formación que debería ser continua durante toda su futura carrera profesional mediante cursos reglados de perfeccionamiento, en donde las novedades científicas y farmacológicas que en la actualidad se suceden cada vez a mayor ritmo fueran expuestas de una manera científica, rigurosa y veraz, junto con la prohibición total de publicidad corporativa, incluidos por supuesto los visitadores médicos y las más que interesadas charlas y muy parciales seminarios patrocinados por la industria farmacéutica, que en la actualidad son la mayor (si no única) fuente de información rápida y asequible para muchos de esos esforzados médicos, que se encuentran sobresaturados de carga de trabajo por los continuos recortes en materia sanitaria y la cada vez mayor masificación del sistema de salud pública, al menos en España.

Y la segunda sería el despojar de todo control sobre los ensayos clínicos a las farmacéuticas, con la creación de instituciones científicas públicas e independientes, dedicadas en exclusividad a la realización de este tipo de pruebas, centros que cobrarían por adelantado y en efectivo el justo precio del coste de los ensayos a la farmacéutica independientemente del posterior resultado, estudios que deberían ser indexados en una base de datos de libre acceso para cualquier investigador o ciudadano interesado en el tema. Y por supuesto el personal de estas instituciones tendría prohibido mantener ningún tipo de relación económica con ninguna de las empresas interesadas.

Solo con medidas de este calado se podrá garantizar en el futuro una medicina científica de calidad, en donde los medicamentos sean efectivos y seguros, porque de lo contrario, de seguir con esta deriva hacia una sanidad neoliberal la bola de nieve irá creciendo hasta arrollarnos a todos, con el resultado final de llegar a que no exista diferencia alguna entre los fármacos aprobados por las respectivas agencias del medicamento y las pastillas azucaradas de la homeopatía.

Aunque vista la cada vez mayor imbricación entre el mundo empresarial y la política ¿quién es el valiente que pone el cascabel al gato? sobre todo cuando desde que las farmacéuticas adoptaron sus agresivas “técnicas” son las multinacionales con mayor tasa de beneficios de todas tal y como muestra la siguiente figura

beneficios-empresariales

señal de que en este mundo neoliberal no sólo no deben ser controladas de ninguna manera, sino que por el contrario son el ejemplo a seguir por el resto.

P.D.

Y por supuesto este gigantesco problema no parará de crecer mientras las grandes corporaciones farmacéuticas sigan creciendo y absorbiendo empresas y haciéndose cada día más poderosas.

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  1. Capitán América
    19 septiembre, 2016 en 1:55

    Y qué demonios tiene que ver el libre mercado con las políticas mercantilistas de los malos empresarios (si es que de verdad las hay)? Al contrario: Viva el libre mercado y la libertad en todas sus expresiones!!! Y no al Estado fascista o comunista que desea controlar los medios de producción con la farsa de que el Estado y sus burócratas saben mejor que le conviene a la gente. Este post tiene ese tufillo rancio del socialismo cubano aderezado con las influencias del descerebrado presidente de Venezuela

  2. 19 septiembre, 2016 en 8:12

    Para aportar algo más en la cadena de la mafia de las farmaceúticas, sólo mencionaría la venta al público en la oficina de farmacia. Muchas veces nuestro trabajo como boticarias se hace muy difícil, porque aunque podemos abstraernos y no dejarnos influenciar por la industria, el paciente llega a la farmacia con “necesidad” imperiosa de llevarse algo. Es casi imposible mantener una conversación cuando ya vienen saturados de publicidad. El consumismo es el estandarte de esta era de la estupidez.

  3. 19 septiembre, 2016 en 8:55

    Capitán América

    “Y qué demonios tiene que ver el libre mercado con las políticas mercantilistas de los malos empresarios”

    Parece que no has entendido nada del artículo, las políticas “mercantilistas de los malos empresarios” son intrínsecas al libre mercado.

    “(si es que de verdad las hay)?”

    Léete los libros que recomiendo y luego me cuentas si sigues teniendo dudas.

    “Al contrario: Viva el libre mercado y la libertad en todas sus expresiones!!!”

    A ver estimado capitán, la libertad de las empresas para engañar, estafar y producir muertes con malos medicamentos choca frontalmente con TU libertad de recibir un buen tratamiento médico y con TU libertad de seguir vivo. Pero si eres tan simple de no darte cuenta, tú mismo; sigue feliz en tu ignorancia.

    Ya lo del fascismo, el comunismo, los burócratas, el chavismo y el estado cubano lo dejo porque parece que tienes un buen cacao mental.

  4. 19 septiembre, 2016 en 9:16

    Ya sé que muy probablemente será machacar en hierro frío, pero Capitán América te informo que la libertad de las empresas casi siempre choca con la libertad de los individuos, porque como el objetivo de las compañías es ganar cuanto más dinero mejor sea a costa de lo que sea, la “libertad” de una empresa consiste en por ejemplo en tirar sus residuos tóxicos al río para evitarse gastos. Por ello te recomendaría que fueras a predicar el libre mercado, o mejor te trasladadas a vivir a los máximos ejemplos de la “libertad” empresarial, por ejemplo a Linfen (China), una ciudad repleta de minas de carbón (la mayoría ilegales) en donde puedes ver el carbón depositarse sobre la ropa en cuestión de minutos:
    https://es.wikipedia.org/wiki/Linfen

    o a Agbogbloshie, un barrio de la capital de Ghana, donde el libre mercado lleva casi toda la chatarra electrónica del Primer Mundo:
    https://es.wikipedia.org/wiki/Agbogbloshie

    lugares donde no conocen ni leyes ni regulaciones (a las que pareces alérgico) y en donde la “libertad” de empresa está en su máximo exponente, sin cortapisas ni burócratas de ningún tipo.

  5. 19 septiembre, 2016 en 9:23

    La pena es que desde principios del siglo XXI están intentando acabar con cualquier disciplina que invite a pensar y reflexionar, entre ellas la filosofía. Así ya nadie reflexiona sobre lo que realmente significa la libertad, ni sus límite (porque evidentemente ésta tiene límites), sus orígenes y cómo se ha ganado hasta llegar a ser un derecho humano (la historia también es otra disciplina a la baja). Así libertad se ha acabado convirtiendo ésta en un icono neoliberal más, una palabra que algunos se la han apropiado como si se tratase de una bandera (objeto que no es más que un trapo pintado). Y libertad se ha transformado en manos de muchos en un concepto que significa “hacer lo que me da la gana”, y evidentemente todo el mundo sabe quien sale más beneficiado bajo esa premisa.

  6. 19 septiembre, 2016 en 10:21

    Solo hay que repasar la historia para saber lo que significa libre mercado. El modelo económico liberal ha servido, fundamentalmente, para enriquecer, hasta extremos absurdos, a una minoría de la sociedad, empobreciendo al resto. Incluso en las épocas de bonanza, es una falacia afirmar que ha mejorado las condiciones de vida del conjunto de la sociedad, porque en esas épocas lo que han hecho los países más industrializados ha sido “exportar” la miseria que ellos generaban al tercer mundo. Ese es el origen de las enormes desigualdades que existen en el mundo.
    Cuando alguien alaba este criminal sistema, solo caben tres posibilidades: A) Es un beneficiario directo del sistema. B) Es un beneficiario indirecto del sistema, es decir un mercenario que vive de lamerle el culo a los poderosos. C) Es simplemente un tonto.
    En cuanto a las medidas apuntadas, yo añadiría algunas más. Muchas de las prácticas de estas empresas son verdaderamente criminales, por lo que deberían establecerse sanciones penales para los responsables de las mismas. Por otra parte establecer límites sobre las beneficios tanto empresariales como particulares (accionistas) dedicando el exceso de los mismos a coberturas sociales (exclusivamente) tendría dos efectos notorios. Por un lado desincentivar la rapiña empresarial, y por el otro disminuiría la desigualdad existente.

  7. 19 septiembre, 2016 en 10:43

    Para Capitán América: un mercado libre pero sin control es el paraíso soñado de las élites sin escrúpulos. La libertad no es hacer lo que a uno le venga en gana sean cuales sean las consecuencias. La verdadera libertad es aquella que tiene en cuenta la libertad de los demás, y eso conlleva límites evidentes. Presumo que procedes de las élites, porque si no sería absurdo que defendieras lo que defiendes.

    Apunte: pueden bajarse los libros de Ben Goldacre en www. epublibre.org

  8. Renzo
    19 septiembre, 2016 en 11:33

    El Capitán América estará encantado con el TTIP, la mayoría de nosotros seguro que no tanto.

  9. Soplabilorio Camborio
    19 septiembre, 2016 en 12:01

    Don Ateo,

    sigo todos los días su “Diario …” y difundo muchas de sus entradas entre mis contactos. También leo aquí las que se refieren a temas que me interesan.

    Verá: los 30 últimos años de mi vida laboral fui visitador médico de una muy importante empresa. Ahora levo 16 años jubilado y, leyendo lo que cuenta aquí, me parece que habla de un mundo diferente al que conocí, o que cae en el error de generalizar y considerar tontos o sinvergüenzas a los médicos.

    ¿Que hay empresas sinvergüenzas? Si, pero ¿todas?. Que hay visitadores lameculos y tarugos, Sí, pero ¿todos? Pasa como en cualquier profesión: recuerde jueces condenados por prevaricar, etc …

    Mire, jamás le hice la pelota a un médico, jamás les di un duro y en esos 30 años no llegaron a 10 los que me pidieron “ayuditas”, que no les di porque en la política de la empresa no entraba eso. Es más, había una especie de norma no escrita consistente en no visitar a los médicos que se conocían como tarugos.

    Muchos médicos me decían que les visitara más a menudo para que “no se les fuese de la pluma” tal o cual medicamento. Y debo decirle que me siento muy satisfecho de haber colaborado en la mejora de la salud de las gentes. No le pongo ejemplos de los magníficos efectos de muchos de los productos que presenté porque no quiero que se identifique la empresa para la que trabajé, que no sé si continúa con las mismas políticas o si ha cambiado en estos 16 años, pero le diré, por ejemplo, que varios médicos y alguna médica me han enseñado parte de su cuerpo para que viese los efectos de algún producto, y que veo personas por la calle, vivas gracias a tratamientos que yo presenté. El último que hace unos días me contó que le había cambiado la vida fue mi peluquero, que no sabía que el producto que se la cambió lo promocionaba yo.

    Como científico, creo que antes de generalizar y menospreciar profesiones, debería reflexionar un poco, ya que, para arreglar las cosas lo que procede es conocerlas a fondo y no insultar a “colectivos”: ¿aceptaría Vd. que se dijese “todos los investigadores están vendidos al capital”, y al decir todos iría incluido Vd. también, claro está.

    Repito: no sé si las cosas han cambiado tanto que se habla de mundos diferentes, pero leyendo su entrada se llega a la conclusión, también, de que no hay que fiarse de los médicos … y hay que dejar de vacunarse, ir a homeópatas, antroposofistas y demás gente honradísima.

    Ea, pues sea tan feliz como se merezca.

  10. 19 septiembre, 2016 en 12:04

    Iván

    “Presumo que procedes de las élites, porque si no sería absurdo que defendieras lo que defiendes.”

    No lo des por supuesto ya que te sorprenderías cuantas personas de clase trabajadora y además muy humildes abogan por el neoliberalismo en todas sus facetas, aun cuando dentro de su ignorancia (es lo que tiene la perversa propaganda) no pueden ni imaginarse que cuando las élites consigan un mundo en donde todo tenga un precio ellos desgraciadamente se morirán antes (puesto que no podrán pagar los carísimos seguros médicos privados), sus hijos quedarán analfabetos puesto que no tendrán dinero para costear su educación y vivirán en ese orwelliano mundo en donde las grandes corporaciones podrán envenenar y destruir impunemente el medio ambiente y el planeta (y por supuesto contaminar el agua que beben y los alimentos que comen) puesto que nadie se puede enfrentar al sacrosanto libre mercado, mundo que por cierto cada día está más cerca de convertirse en una terrible realidad.

  11. 19 septiembre, 2016 en 12:29

    Soplabilorio

    De acuerdo con que en todas las profesiones hay gente honrada y menos honrada, pero los datos que indico sobre las estratosféricas multas a farmacéuticas en EEUU pintan un panorama de corrupción generalizada. En los libros que comento se indica que la gran mayoría de los visitadores médicos, como los mismos médicos a los que visitan, no se leen las fuentes independientes y los estudios directos sobre la eficacia de los medicamentos, de tal manera que los primeros transmiten a los segundos acríticamente la “información” que les viene de su departamento de marketing. Es lo que dice Peter Rost con eso de la diferencia entre el 99% de los empleados de las farmacéuticas y el 1% de los estrategas de estas empresas, que son los que tergiversan los datos y crean las estructuras y campañas de engaño para convencer primero a sus empleados y luego a los médicos.

    Por cierto ¿usted cómo recibía la información de un nuevo medicamento? ¿Indagaba usted en las revistas científicas, estudiaba los ensayos clínicos pertinentes, etc. antes de empezar a vender un fármaco y sólo tras un concienzudo estudio personal decidía usted que podía vender el medicamento con tranquilidad? o por el contrario ¿acudía usted un lunes a una reunión en donde alguien de su empresa le pasaba a usted y al resto de sus compañeros unos bonitos folletos de colores y les aleccionaba durante varias horas en el argumentario que debían exponer a los médicos y el martes estaba usted ya de visita profesional?

    Respecto a su comentario de

    “hay que dejar de vacunarse, ir a homeópatas, antroposofistas y demás gente honradísima.”

    Yo no he dicho nunca que tengamos que cambiar la medicina científica por la pseudomedicina, sino que hay que ser más rigurosos con la medicina científica (y eso implica quitar poder a las farmacéuticas) para que esta medicina cada vez sea mejor y no ocurra, tal y como he comentado en la entrada, que dentro de unos años no se diferencie en nada de la charlatanería pseudomédica de homeópatas y similares.

    Algo así como los aviones, si son inseguros, tienen fallos y sus averías producen muertos la solución no consiste en decir ¡bueno pues habrá que irse a China andando! sino por el contrario ser mucho más rigurosos en su diseño y construcción, aumentar los controles y chequeos independientes y multar a las compañías que lo hagan mal e incluso encarcelar a los directivos que se demuestre que engañando ponen en riesgo la vida de los pasajeros.

  12. 19 septiembre, 2016 en 15:47

    En el 2015 se han mantenido infinidad de demandas contra las farmacéuticas por falsos reclamos de marketing, venta de productos defectuosos y por no advertir a los consumidores acerca de efectos secundarios peligrosos, algunos de ellos mortales. La palma se la lleva la multinacional Takeda que ha firmado un acuerdo de 2.400 millones de euros para cerrar un juicio sobre muertes por uno de sus medicamentos, juicio en el que según el fiscal

    “No sólo la empresa Takeda ocultó que sabía de su medicamento era peligroso, sino que destruyeron pruebas a gran escala en un intento de evitar la responsabilidad”

    https://www.drugwatch.com/2015/10/23/actos-settlements-ongoing-litigation/

  13. Soplabilorio Camborio
    19 septiembre, 2016 en 16:18

    A ver, don Ateo:

    cada vez que presentábamos un producto nuevo hacíamos un cursillo de dos o tres días, según dificultad (previa recepción del material a estudiar, que ya llevábamos aprendido) en el que estudiábamos en primer lugar la anatomía, el funcionamiento del órgano a tratar, la patología, etc …, impartido por médicos, no por marquetinianos, datos que los compañeros médicos o farmacéuticos conocían, pero quienes teníamos otra formación no. Luego, el medicamento a presentar, sus acciones, contraindicaciones, diferencia con los que hubiese ya en el mercado, etc…Los ensayos clínicos solían ser los publicados en Lancet, JAMA, revistas de las Sociedades de las especialidades a quienes interesaría el producto y similares (de ahí la confianza que los médicos depositaban en nosotros, de tal modo que he vivido alguna experiencia como, estando dos o tres colegas esperando a ser recibidos, decirme algún médico “pase Vd. que trae cosas interesantes” y tener que contestarle yo, “don XXX, que los colegas han llegado antes”).

    El cursillo terminaba con el análisis de características y beneficios que aportaba el producto y la guía a seguir para ir al grano (3′ de promedio por producto presentado, o 5′ si era de nueva presentación, más o menos), es decir, no marear al médico ni hacerle perder tiempo y transmitirle lo que en los primeros ejercicios podía durar 20′, en 5′. Y en la visita le dejábamos la bibliografía que cito arriba, amén de enviarle la que nos pidiese. Los folletos -“literaturas” en el argot- de colores eran meros recordatorios de productos ya conocidos.

    Había veces que el médico me proponía vernos despacio para ampliar datos, e incluso, cuando se trataba de visitas colectivas a un servicio, luego salían algunos a conversar sobre éste o aquél aspecto.

    Una cosa, que no sé si conoce: el tarugueo en España lo practicaban las empresas envasadoras (afines al régimen franquista) que no tenían otro modo de competir con los laboratorios importantes. Aquí no investigaba prácticamente ninguna, y alguno de los tarugos luego creció. Alguna italiana entró tarugueando también, y las gringolandesas, esas sí que sí, por lo menos varias de ellas, de ahí las sanciones que Vd. menciona; pero hacer extensivo a todo el mundo lo que pasa en USA, al menos en mi tiempo, era erróneo. Ahora no sé.

    Las propuestas que hace Vd. al final de la entrada me parecen muy acertadas. De hecho yo, que soy de izquierdas, apostaría por un sistema público, pero ¿cuántos españoles o europeos, votantes de derecha y extrema derecha, lo aceptarían?

    Respecto a mi comentario sobre pseudomedicinas, lo que he intentado es hacer ver que si se propagan exageraciones, que las hay y muchas en internet, sobre lo malísimos que somos quienes hemos trabajado en la industria farmacéutica, pues les damos pie a quienes “venden” las pseudomedicinas. No hay que olvidar que si hay corruptores es porque hay quien se deja corromper o lo busca. Yo, como dije antes, sólo conocí a menos de 10 que me lo propusieran, de los aproximadamente 2.500 médicos con los que me relacioné en 4 provincias, desde ilustres catedráticos al recién licenciado que hacía su primera sustitución.

    Ea, pues saludos salutíferos.

  14. Renzo
    19 septiembre, 2016 en 16:19

    Dice Soplabilorio:

    “Que hay visitadores lameculos y tarugos, Sí,…”

    Hombre, yo espero que haya cambiado la Ley y la mentalidad, pero hace ya mucho, mucho, trabajé durante casi 5 años en farmacias y lo del “tarugo” (el médico que aceptaba regalos en metálico o de otro tipo) estaba a la orden del día, no era el visitador el tarugo, no.

  15. 19 septiembre, 2016 en 16:26

    Reblogueó esto en crist49ily comentado:
    Muy bueno,pero deprimente……..?..

  16. 19 septiembre, 2016 en 18:19

    Reblogueó esto en Matad al mensajero.

  17. 19 septiembre, 2016 en 19:05

    Soplabilorio

    Para centrar el debate. La Ciencia funciona, no porque los científicos seamos más honrados que los abogados o los fontaneros, sino porque el método de detección de errores (casuales, imprevisibles, intencionados o malévolos) que tiene la ciencia es mejor que en el resto de las facetas. Cuando un científico publica un artículo interesante en una buena revista (y ya no digo nada si es en las TOP tipo “Science” o “Nature”) ese trabajo genera rápidamente nuevos experimentos en multitud de laboratorios, de tal manera que aunque nadie repita exactamente el estudio en cuestión, en poco tiempo (meses o unos pocos años) diversos grupos han verificado si ese conocimiento es sólido, o si por el contrario tenía algún tipo de problema (inadvertido o intencionado). Eso por supuesto no impide que todas las revistas, incluso las de mayor prestigio hayan publicado errores monumentales o incluso estafas científicas manifiestas, simplemente el tiempo pone a cada estudio en su sitio y la ciencia avanza sobre los cadáveres de los investigadores que han cometido errores.

    El problema con las farmacéuticas viene porque este sistema tan bueno de control de la comunidad científica sobre cada nuevo estudio interesante no funciona bien cuando se pasa de la escala del laboratorio (en donde en poco tiempo se puede saber si mi estudio sobre que el compuesto X cura el cáncer de pulmón en ratones de laboratorio es correcto o una chapuza) a la escala epidemiológica humana, en donde repetir un ensayo clínico con ese mismo compuesto X y publicado por una multinacional en una revista buena es en la práctica imposible para los investigadores normales. Y desgraciadamente eso lo saben muy bien las farmacéuticas. De tal forma que a esta escala los errores o los engaños pueden tardar décadas y décadas en ser detectados. Y ello en el mundo competitivo de la libre empresa es casi una patente de corso para que los altos ejecutivos se arriesguen a presentar datos parciales o directamente manipulados, porque el crimen compensa ya que cuando se detecta el engaño y en medio del juicio, cuando los muy bien pagados abogados le dicen a la multinacional que van a perder, siempre se puede llegar a un acuerdo con el fiscal para que a cambio de dos o tres mil millones de euros se firme un acuerdo confidencial y el juez no llegue a emitir sentencia como es el caso de “Takeda” que he comentado antes, mientras que la comercialización de ese fármaco ha generado decenas de miles de millones euros de beneficios durante décadas y además el responsable del engaño lleva jubilado o muerto hace años.

    Así que a lo largo de los años se ha detectado que el porcentaje de estudios amañados publicados por ejemplo en las grandes revistas médicas tipo “New England”, “Lancet”, etc. es mucho mayor cuando está implicada una farmacéutica que cuando el estudio está realizado por investigadores normales, que saben que sus “errores” interesados pueden ser descubiertos y no tienen ni dinero ni medios para buscarse los mejores abogados y sólo tienen su prestigio académico.

    Por tanto, la realidad es que la información que tú como visitador médico recibías de tu empresa en general estaba manipulada en el mejor de los casos, cuando no era directamente mentira aunque hubiera sido publicada en Lancet. Y eso es lo que demuestran Ben Goldacre y Peter Christian Gøtzsche en sus respectivos libros, léelos porque no te dejarán indiferente y lo mismo descubres si has trabajado en alguna de las grandes multinacionales, que ese medicamento que vendiste durante años para tu empresa fue una estafa o tenía terribles efectos secundarios, porque la experiencia personal tuya y la de los 10 o 20 médicos a los que vendiste el producto no son suficiente para hacer estadística. Por cierto, si quieres puedes decir en qué empresas trabajaste, para que busque en esos libros si esas corporaciones han estado involucradas en alguno de los múltiples delitos que se detallan en los mismos.

    Y finalmente no te equivoques, he expuesto los casos de EEUU (pero los libros hablan de ejemplos en todo el mundo) porque con todos sus defectos este país tiene un sistema de control administrativo y judicial mejor que el europeo y sobre todo que el español. Es por ello que con todas sus limitaciones en USA de vez en cuando algún banquero acaba en la cárcel, se imponen algunas multimillonarias multas (aunque en la práctica eso sea el chocolate del loro para esas megacorporaciones) y a veces se destapan estafas mastodónticas. El último ejemplo conocido por todos ha sido el caso de los motores diesel de Wolskwagen (caso que demuestra que las grandes empresas no tienen ningún miedo, porque deberían saber desde el principio que tarde o temprano cuando has vendido 10 millones de coches durante décadas en todo el mundo pues te van a pillar pero ¡qué importa si han ganado 10 ó 100 veces más que la hipotética multa que van tener que pagar!). Caso que por cierto en España no ha generado ningún tipo no ya de sanción sino todo lo contrario, con un ministro de industria que sólo le faltó arrodillarse ante los alemanes y lamerles los zapatos. Y así ¿cómo se van a detectar engaños más difíciles como es el amaño de datos sobre medicamentos o la ocultación de efectos secundarios?

  18. Soplabilorio Camborio
    19 septiembre, 2016 en 22:59

    Ateo, como dije al principio es posible que ahora sea como dices, recuerda que llevo 16 años jubilado, pero yo me centro en que mi experiencia es bien distinta, ya que los productos que llevan 40 o 50 años funcionando bien, recetándose y SALVANDO VIDAS o haciéndolas casi normales, como me cuentan amigos médicos cuando me los encuentro y charlamos, es obvio que han sido correctamente estudiados. No te he dicho que en mi maletín iba un formulario de fármacovigilancia, de modo que se anotaban los efectos secundarios que no habían aparecido ni en la fase IV. De hecho, hubo que retirar un producto eficacísimo pero que produjo efectos, no graves pero molestos, desconocidos, como digo, en la fase IV (hay que considerar que, como decían antes los médicos, no sé ahora, “no hay enfermedades sino enfermos” y por eso los prospectos y fichas técnicas se revisan y actualizan periódicamente).

    Un detalle: yo no “vendí” un producto a 10 o 20 médicos, sino que se los presenté a unos 2.500 y se vendían en las farmacias en grandes cantidades POR SU EFICACIA (ya te comenté que hay gente que estaría muerta hace muchos años si no hubiesen tomado alguno de los que promocioné). Como anécdota te diré que cuando presentamos uno que ya había salido en otros países había especialistas que lo prescribían y los pacientes los traían o se los hacían enviar del extranjero. ¿Cómo se habían enterado los especialistas? Pues en los congresos médicos o en revistas, no por nuestra promoción, de modo que esperaban el producto que hoy, 40 años después, se sigue usando normalmente en indicaciones varias.

    Me vas a perdonar, pero no voy a leer esos libros, no por nada sino porque tengo muchos otros de buena literatura y de autores amigos, pendientes de lectura, amén de que, respecto a medicinas, ahora leo sólo los prospectos de las que me recetan: en la próxima semana tengo dos citas con especialistas, para que te hagas una idea. ¡Y eso que no tengo problemas de tensión, azúcar ni colesterol! Ya sabes: “post molestam senectutem …”

    Más saludos.

  19. Paprivi
    20 septiembre, 2016 en 0:40

    Yo creo que en la sociedad actual las empresas más prosperas son aquellas que (aunque parezca estúpido el decirlo y sin tener en cuenta otros factores) más beneficios económicos puedan producir. Esto hace que si para lograr este beneficio se deba estar al límite de lo ético o lo legal, aquellas que estén más próximas a este límite, que en algunos casos es bastante difuso y en otras se sobrepasa claramente, serán las más beneficiadas frente a otras más escrupulosas. Por tanto me parece necesario que se incrementen los mecanismos de control sobre las mismas para que no se sobrepasen los límites de lo razonable y contrarrestar así esa tendencia que parecería surgir de forma inevitable. Y claro está que en el caso de las farmacéuticas estos controles todavía deben ser más estrictos, dado que lo que está en juego es la salud de las personas.

  20. Renzo
    20 septiembre, 2016 en 6:49

    Definitivamente, Soplabilorio no debió trabajar en España como visitador o bien yo trabajé en las únicas farmacias del país alejadas de las rutas de visitadores de laboratorios que no practicaban el tarugueo.
    Era de una exactitud casi matemática “adivinar” que medicamento iban a recetar mayoritariamente los médicos de los ambulatorios cercanos…,justo después de pasar los visitadores por allí y por la farmacia recomendando al farmaceutico lo que tenía que pedir. Hasta, en ocasiones, no pocas, se recetaban medicamentos que aún no habían llegado a los distribuidores de las farmacias.
    Así que ni tan malos, ni tan buenos, pero lo que había en la época de la que puedo hablar (Franco ya había fallecido unos años antes) es bien conocido por cualquiera que tuviera contacto con el sector médico-farmaceútico.

  21. Soplabilorio Camborio
    21 septiembre, 2016 en 10:18

    Hola Renzo,

    como ignoro la zona, ciudad o pueblo donde has trabajado difícilmente puedo hacerte un comentario infalible, pero sí puedo comentarte experiencias que explican que no había ese tarugueo asqueroso en la mayor parte de los médicos. Verás:

    – en pueblos alejados de las rutas normales era frecuente, cuando no había internet ni centros de salud aún, que los médicos visitados agradecieran a los pocos visitadores que iban a verlos prescribiendo sus productos, si eran nuevos para probarlos y si ya conocidos y similares o con el mismo principio activo que otros, pues el del que los visitaba;

    – yo visitaba un pueblo en el que el médico y el boticario se odiaban. Al médico no le gustaba que informásemos al farmacéutico y tenía por norma recetar lo que acababan de presentarle sabiendo que en la farmacia no lo conocían, por lo que los pacientes le encargaban al taxista del pueblo que se los trajese de la “capital” de la comarca, a donde iba diariamente. Vi varias veces al farmacéutico, mirando la receta del producto desconocido, decirle al paciente: “a cualquier cosa le dicen médico”;

    – en otro de los pueblos, que visité unos 3 años, el médico me decía que me sentara a su lado -cosa que me cortaba mucho-, y cuando entraban los pacientes y le contaban lo que les pasaba, él me preguntaba: “¿qué tenemos para eso?” y le recetaba lo que le decía. Obviamente, si tenía que reconocer al paciente yo me iba y nunca estuve más de 15 minutos aduciendo que tenía que completar la ruta y se me hacía tarde. Era su forma de agradecer que se le visitase.

    Ante marcas con el mismo principio activo o de acciones similares los médicos recetaban el que “se le había pegado a la pluma”, por recordar el nombre, o el del laboratorio o visitador que le merecían más confianza o empatía.

    Ahora la cosa es muy distinta porque existen los genéricos y en el ordenador salen los principios activos, no las marcas, salvo que de algunas no haya aún genéricos, lo que conlleva que haya días en los que no vayan visitadores a los centros de salud, al menos en la comunidad en que vivo.

    Cuando me jubilé, en el 2000, había unos 200 asociados en la asociacíón profesional de visitadores de la ciudad en que vivo. Ahora hay unos 40 que, principalmente visitan a los especialistas con las novedades específicas y/o a las farmacias con ofertas de genéricos.

  22. 21 septiembre, 2016 en 20:56

    Lamentablemente las farmacéuticas no son empresas de beneficencia, ni podrían funcionar de otro modo porque, como bien se hace notar, están insertas en una economía de mercado, la cual difícilmente cambiará a menos que la humanidad entera afrontara un cambio socio-cultural radical y profundo – siempre digo que el comportamiento de los mercados es fiel reflejo del comportamiento humano, es decir que responden a nuestras expectativas y aspiraciones personales, a las que no son ajenas cosas tales como la ambición y la codicia. Tampoco parece recomendable pretender que industria farmacéutica quede bajo control estatal porque ya sabemos lo que sucede con todo lo estatal, ni sujeta a una regulación de precios demasiado estricta porque entonces las iniciativas de inversión, que sustentan la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, se verían desalentadas. Otra opción sería una política de subsidios, pero eso implica el riesgo de ingresar en una escalada de subsidios que las economías de muchos países no podrían soportar. Yo, francamente, no me atrevería a condenar el afán de lucro de la industria farmacéutica sin incurrir en hipocresía, o cuando menos en un idealismo utópico que no conduciría a ninguna parte – antes de eso tendríamos que condenar de manera más amplia el afán de lucro que se ha extendido a todos los ámbitos de la actividad humana, incluso los más esenciales, como la atención salud, la educación y la seguridad pública. La raíz de todos nuestros problemas radica, justamente, en que los seres humanos somos tal como somos, y a eso prácticamente no hay con qué darle.

  23. 22 septiembre, 2016 en 10:10

    Su análisis, Arconte, me parece totalmente errado. Más bien diría que refleja el mensaje críptico que recibimos día sí, día también que pretende im ponernos el pensamiento único que el liberalismo es la única opción posible. Nada más falso. Descartar la empresa pública por supuesta ineficacia, es una necedad. Uno que ha desarrollado su vida laboral en una multinacional muy conocida de su sector y, por mi actividad sindical, he podido conocer otras grandes empresas (la mayoría multinacionales) y su funcionamiento, ha podido constatar que lo de la eficacia de la empresa privada es un camelo. Lo que pasa es que al ser privadas, esconden la mierda debajo de la alfombra.

    Roosevelt, siguiendo los criterios de Keynes, afrontó la crisis de los años treinta con intervencionismo estatal. Y ni Roosevelt, ni Keynes eran comunistas o socialistas. Con ello quiero decir que desde posturas propias de los defensores de la economía de mercado, hasta las opciones basadas en modelos extremos burocratizados, pasando por toda la gama de críticos al modelo liberal, las opciones existentes son muy, muy amplias. Por eso afirmar que este es el único modelo posible es una falacia. Al igual que lo es la afirmación de su eficacia, y a la realidad me remito: la crisis actual (lejos, muy lejos de atisbarse una posible solución) es producto de los planteamientos liberales. No solo eso, si seguimos este camino, la humanidad está abocada a un desastre de magnitudes impensables.

    En cuanto a los supuestos efectos negativos de una regulación de precios sobre la investigación, nos encontramos ante otra falacia. Buena parte de la investigación que hoy se lleva a cabo (en cuanto a medicamentos o procedimientos curativos) se realiza por entidades públicas o mixtas, y cuando se obtienen resultados se “regalan” a la empresa privada, que después obtiene pingues beneficios de lo que apenas le ha costado inversión inicial. En lo que sí dedican grandes inversiones a la investigación es en productos de mantenimiento y rejuvenecedores (con precios finales que son verdaderas estafas), y que son de más que dudosa necesidad.

    Su planteamiento en general me parece de sumisión a un sistema basado en el robo, la estafa y la corrupción, lo que desde mi punto de vista, es totalmente inaceptable. En lo que sí estoy de acuerdo es en que las soluciones no deben limitarse al sector farmacéutico, sino que deben incluir todo el modelo económico, porque el problema es global. Pero lógicamente, en esta entrada hablamos de las farmacéuticas, por lo que lo lógico es referirse a ellas específicamente.

  24. nestor
    22 septiembre, 2016 en 13:39

    Creo que Eduard lo explica muy bien y lo entiende cualquiera con espíritu crítico, pero los capitanes américa nunca lo van a entender pues hace mucho que colgaron el cerebro en el perchero y sólo se llevan el sombrero.Pienso como aquél que dijo:”las palabras lindas no dicen
    la verdad, porque la verdad no tiene palabras lindas.”..(creo que era español)

  25. 22 septiembre, 2016 en 20:19

    Eduard : Yo no digo que la economía de mercado, basada en el mero concepto de producción-consumo como sostén de la estructura social humana, sea correcta. Sólo digo que las cosas son así porque así somos y funcionamos los humanos. La prueba es el rotundo fracaso de todos los ensayos que se han realizado en materia de economías alternativas, en particular las que intentaron implantar los regímenes supuestamente comunistas. De momento no veo ninguna alternativa viable que permita sostener una sociedad de masas y genere oportunidades de trabajo tan amplias como el sistema capitalista, oportunidades de trabajo que permiten a los individuos concretar o intentar concretar más o menos libremente sus expectativas de vida. Que el capitalismo tiene graves falencias es claro, para empezar porque las oportunidades no son para todos iguales, lo cual genera severas inequidades y la exclusión de muchos, y quienes hablan de capitalismo salvaje no dejan de tener algo de razón, porque efectivamente es un sistema en el cual sobreviven y prosperan los más aptos o mejor calificados, en tanto que aquellos que no se adaptan se ven condenados a la marginación, pero hasta donde he podido observar es lo único que funciona. Dicho sea de paso, la naturaleza misma funciona del mismo modo.

  26. 22 septiembre, 2016 en 23:44

    Nuevamente su intervención está plagada de falsedades y es un análisis simplista del que se pretenden sacar conclusiones definitivas. No es que “Así somos y funcionamos los humanos”. Si fuera eso ni habría habido, ni habría hoy movimientos encaminados a buscar modelos alternativos. Lo que pasa es que quienes tienen el control de la riqueza, por supuesto, no desean ningún cambio y dispones de todo el poder para fomentar, precisamente, esa imagen de inevitabilidad e inexistencia de alternativas. En un mundo que fomenta la irracionalidad (y eso lo vemos en múltiples aspectos de la vida), la manipulación informativa (y formativa) resulta muy rentable para tales intereses.

    Respecto a las “fallidas” alternativas habría mucho, pero mucho, mucho que matizar. Sin pretender hacer una larga exposición, señalar que los fracasos son relativos. Rusia paso de la edad media a potencia industrial en poco más o menos 70 años, mientras los países occidentales necesitaron 300. Por supuesto se cometieron errores, mucho. Pero también hay que valorar que durante todo el periodo de pervivencia del régimen soviético, además de esos errores, contradicciones y excesivo poder de un peso muerto como es la burocracia, el principal problema con el que se enfrentó fue las políticas de los países capitalistas (casi todos) ya que el objetivo de que fracasara el modelo soviético era prioritario porque ponía en peligro el futuro del capitalismo, y con ello las prebendas de los poderosos. Es decir, no solo debían resolver sus propios problemas, sino que enfrentarse a las maniobras del mundo occidental encaminadas a destruir el modelo soviético. (Eso al margen de las críticas que dicho modelo merece, que son muchas).

    Por otra parte, que el modelo capitalista funcione es una afirmación falaz. Ya he dicho en la anterior intervención que los periodos de bonanza del sistema enmascaran la realidad, ya que occidente “exportó” la miseria generada al tercer mundo. Además, mientras duró el sistema soviético, Occidente mantuvo en la mayoría de los países industrializados pequeñas “veleidades socializantes” (lo que ha venido en llamarse “estado del bienestar”. Por supuesto solo para estos países. Al resto, por mucho que estén situados en el área capitalista, que les den). Pero en cuanto cayó el bloque oriental, el liberalismo económico ha brillado con su máximo esplendor y el claro objetivo es eliminar cualquier elemento que no sea plenamente liberal (desde derechos sociales a servicios públicos, pasando por la empresa pública. Todo debe estar en manos privadas). Y para muestra la propuesta del TTIP, que tanta oposición ha levantado, es un acuerdo que pretende entregar a los ciudadanos europeos atados de pies y manos a los intereses de las multinacionales y grandes empresas, hasta el punto que convierte la democracia formal en pura ficción.

    Lo de generar oportunidades de trabajo, va a ser que no. Y no creo necesario extenderse mucho, basta mirar las estadísticas para ver cómo va el tema. Pero es que además, cuando se generan son, en su inmensa mayoría empleo basura que únicamente genera más desigualdad social e injusticia. Lo de “sobreviven y prosperan los más aptos o mejor calificados” y “la naturaleza misma funciona del mismo modo” tienen un tufillo a “Darwinismo social” que hace mucho, mucho tiempo está totalmente desacreditado.

    Que Vd. no pueda ver otras alternativas, únicamente demuestra que está totalmente dominado por el discurso del modelo dominante, o no ha profundizado lo suficiente en el tema. Es más, si este es el único modelo posible, estamos condenados a la autodestrucción de esta sociedad avanzada, puesto que el mantenimiento de este sistema nos lleva inexorablemente a la autodestrucción (Son muchos los científicos y expertos que advierten que esto no puede seguir así, que estamos poniendo en grave peligro nuestro futuro. Y cambiar este sistema implica el cambio del modelo económica, se quiera o no.

  27. nestor
    23 septiembre, 2016 en 15:03

    La frase que siempre me gustó de B.Brecht, es aquella que define al analfabeto político:.””El
    analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor
    de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales..””

  28. 24 septiembre, 2016 en 8:59

    Gøtzsche en una interesante entrevista en EL Pais (no añado el link por la famosa ley de los derechos editoriales): “Los fármacos psiquiátricos nos hacen más daño que bien”

  29. fRED
    26 septiembre, 2016 en 10:10

    Comienzan mal, las empresas no se deben a sus inversores, se deben al mercado, es decir, a los clientes, a nosotros, si no nos satisfacen ya verán a donde va a ir a parar el dinero de sus accionistas.

  30. Jose
    28 octubre, 2016 en 5:16

    Eduard:

    “Ese es el origen de las enormes desigualdades que existen en el mundo” (referente al libre mercado y al abuso de las potencias).

    La verdad es que tu comentario tiene sentido sólo si la historia empieza en 1500. Considera esto: hace 40 mil años, toda la humanidad era cazadora-recolectora y vivía en condiciones similares. En el 1500, los europeos manejaban la pólvora y hacían viajes transoceánicos, en América estábamos en la Edad de Piedra, empezando a experimentar con metales y en Australia todavía eran cazadores-recolectores.

    Cualquier explicación para la desigualdad en el mundo debe ser por fuerza anterior al 1500 y a las potencias explotadoras. Puedes acusar al sistema de “no acabar con la desigualdad” (aún me pregunto qué tan relevante es realmente eso, pero da para otra discusión), pero en ningún caso acusarlo de ser el origen.

    Respecto a que cualquiera que defienda el sistema es un beneficiario (directo o indirecto) o un tonto, pues te recomiendo fuertemente esta lectura:

    http://ilevolucionista.blogspot.cl/2013/09/las-tres-suposiciones-sobre-el-error.html

  31. 27 noviembre, 2016 en 20:59

    Sólo me interesa la economía para aplicar a mi vida cotidiana y porque tiene más relación con la ecología y la negociación que con la subjetividad o la filosofía, en serio que en la economía la filosofía se ve más como una queja que como una necesidad. Al ver más noticias de los desastres que el capitalismo ha causado en cada aspecto humano, pués no hay más que hacer cambios en el modelo capitalista o poner un nuevo modelo económico de la rama de lo ideal para satisfacer cada necesidad y resolver de paso cada estrago causado por el capitalismo y el mercantilismo; agrego que luego tocará volver al capitalismo pero modificado para repartir con más eficiencia el dinero.

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