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Si quiere ser más justo aprenda un nuevo idioma


Una de las principales características del ser humano es su condición moral, cada individuo posee un conjunto de creencias, costumbres, normas y valores que guían su conducta y determinan sus decisiones. Y aunque las personas tienden a creer que este sentido de lo que está bien y lo que está mal es una de las particularidades más sólidas de su personalidad (de tal manera que casi todo el mundo piensa que ellos juzgarían siempre de manera similar problemas morales idénticos) algunos estudios de psicología han demostrado que nuestra moral sorprendentemente puede verse influenciada por algo en principio tan banal como es el idioma en el que nos comunicamos en cada momento.

Supongamos el siguiente experimento mental: dos hermanos gemelos que se criaron juntos y comparten creencias, ideas y aficiones, de esos que durante toda su vida se han vestido de manera idéntica y que hasta su madre es incapaz de diferenciarlos, estudianexperimento-mental Derecho en la misma facultad y acaban siendo ambos jueces en España, aprobando sus oposiciones hasta con la misma nota. Posteriormente, durante su carrera profesional un día ambos reciben las actas relativas a un mismo juicio celebrado anteriormente para que revisen si la sentencia dictada por otro compañero ha sido justa y se atiene a derecho. Pero para evitar posibles influencias entre ellos y así evitar suspicacias, se les mantiene incomunicados entre sí mientras analizan el caso y estudian los argumentos de las partes hasta que ambos emiten su fallo. Por supuesto, los dos han recibido la misma documentación (declaraciones de testigos, policías y acusado, argumentos de los letrados y prueba forenses) salvo que por un error administrativo uno de ellos recibe todos los documentos traducidos al inglés (puesto que era un caso con repercusiones internacionales), mientras que al otro le llegan los mismos archivos en castellano. Como ambos hermanos habían estudiado un par de años en EEUU y poseen un más que suficiente dominio del idioma anglosajón, el juez que recibe la documentación en el idioma de Shakespeare no le da mayor importancia y tras estudiar a fondo el asunto emite su sentencia en tiempo y forma. En este punto cualquiera podría considerar (y quizás hasta apostar) que las resoluciones de ambos magistrados deberían ser casi idénticas. Sin embargo unos curiosos y más que interesantísimos estudios realizados en los últimos años cuestionan esta visión y muestran cuan de subjetivos pueden ser nuestros valores.

Como por supuesto, el experimento mental anteriormente descrito es en la práctica imposible de realizar, algunos grupos de investigación han planteado el mismo problema en un contexto más realista realizando diversos experimentos de psicología. Así hace unos años varios investigadores españoles y estadounidenses, liderados por un barcelonés idearon un experimento basado en el más que famoso “Dilema del Tranvía” que comentétrolleyproblemfat hace tiempo en una entrada previa, problema moral que se puede resumir en el siguiente enunciado:

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía. Un observador está situado en un puente sobre la vía de tal manera que podría detener el paso del tren lanzando un gran peso delante del mismo. Mientras esto sucede, al lado del sujeto aparece un hombre muy gordo, de tal manera que empujando a este segundo individuo desde el puente hacia la vía se podría parar el tren.

Frente a este dilema (que habitualmente es utilizado en psicología como medida de racionalismo utilitarista) la mayoría de los individuos integrantes de estos estudios (alrededor del 80%) dicen que no se debería empujar desde el puente a la persona obesa, mientras que por el contrario el otro 20% de las personas toman la decisión utilitarista de producir el menor daño posible.

La diferencia con otros estudios previos es que estos investigadores presentaron el dilema escrito en inglés o en castellano a grupos de estudiantes universitarios (los famosos y más que estudiados WEIRDs) bilingües tanto estadounidenses como españoles. Los científicos cerebro-bilingueencontraron que cuando la cuestión era planteada en el idioma nativo (inglés para los estadounidenses y castellano para los españoles) los estudiantes mayoritariamente consideraban poco ético matar al señor obeso, puesto que algo menos del 20% de los individuos aceptaban esta drástica solución, en consonancia con todos los estudios previos sobre el tema. Sin embargo, cuando el dilema se planteaba en el idioma aprendido posteriormente (inglés para los españoles y castellano para los norteamericanos) los porcentajes aumentaban de tal manera que casi un 50% de los entrevistados estaban ahora de acuerdo con el sacrificio del hombre gordo. Es más, cuando los investigadores separaron a los estudiantes por su nivel de conocimiento del idioma extranjero encontraron que aquellos que dominaban mejor este segundo idioma eran más reacios que los menos desenvueltos en esa lengua extranjera a parar el tren usando a la persona obesa, pero aun este grupo de mejores conocedores del idioma extranjero seguían siendo más partidarios de lanzar al individuo con sobrepeso que los nativos en su propio idioma. Mediante pruebas adicionales los investigadores descartaron que esta diferencia pudiera ser debida a una incorrecta comprensión del problema debida a la falta de conocimientos en el segundo idioma.

Posteriormente otros investigadores italianos y británicos han ahondado en este tema. Utilizaron también personas bilingües, esta vez en italiano e inglés de Italia y Gran Bretaña a las que se les presentaron actos un tanto “extraños”, que aunque no presentaban un daño o perjuicio evidente hacia ninguna persona podrían ser considerados moralmente reprobables por parte de muchas personas, como por ejemplo historias como la de que dos hermanos disfruten de sexo totalmente consensuado y seguro, que alguien cocinara y se comiera a su perro después de que éste hubiera sido atropellado accidentalmente por el coche de un extraño o el que una persona al limpiar su armario se encontrara su bandera nacional olvidada hace mucho tiempo y que decidiera cortarla en trozos pequeños y utilizar después esas piezas de tela para limpiar el baño. En todos los casos, similarmente al estudio anterior los que leyeron las historias en la lengua extranjera (inglés o italiano) consideraron de media que estas acciones eran más aceptables que aquellos otros que las leyeron en su lengua nativa.

La explicación de esta doble moralidad dependiente de idioma en el que se recibe la información vendría dada por el estudio de cómo nuestro cerebro toma este tipo de decisiones. Así en el caso del Dilema de Tranvía, los estudios mediante imágenes de resonancia magnética funcional han mostrado que esa mayoría de personas que indican que no es ético empujar desde el puente a la persona obesa toman la decisión muy rápidamente y su actividad cerebral en el momento de la toma de la decisión se concentra en zonas asociadas al pensamiento intuitivo, la emoción y el conocimiento social fuertemente ancladas en nuestro pasado evolutivo de primates. Por el contrario, aquellos individuos que optan por la decisión utilitarista de “matar” a un individuo para salvar a cinco tardan más tiempo en tomar la decisión y muestran mayor actividad en las partes del cerebro más recientemente evolucionadas, que son las asociadas con la cognición racional y la resolución de problemas. Como se sabe además que el uso de un segundo idioma suele implicar a la mayoría de las personas un esfuerzo mucho mayor que el utilizar la lengua nativa, el cerebro estaría más preparado en ese caso para analizar más system-1-vs-system-2reflexivamente la cuestión moral. Haciendo un símil de las ideas del premio Nobel Daniel Kahneman (autor del interesante libro Pensar deprisa, pensar despacio) en el idioma nativo se tendería a pensar utilizando el famoso Sistema 1 evolutivamente adaptado a la toma de decisiones basadas en juicios emocionales rápidos, automatizados, estereotipados y subconscientes, y el esfuerzo de pensar en una lengua extranjera haría pasar más fácilmente  a nuestro cerebro al Sistema 2, en donde operan los procesos conscientes y racionales, mucho más lentos que los primeros y también más costosos tanto en atención como en concentración.

Por tanto, de este tipo de estudios se puede extraer la conclusión de que aprender un segundo o tercer idiomas no sólo es bueno porque abre la posibilidad de comunicarse con más personas, sino que ese esfuerzo nos hace más reflexivos a la hora de tomar decisiones. Por tanto, y volviendo al experimento mental del principio, si yo fuera acusado (falsamente por supuesto, ya que soy una persona muy honrada) de cualquier delito pediría que el juez o el jurado que tuvieran que decidir sobre mi inocencia o culpabilidad estudiaran todo el proceso traducido a su segundo idioma, y si hace falta yo pagaría de mi bolsillo el coste de esa traducción, para intentar que no tomaran su decisión en base a sus emociones.

los-10-idiomas-que-mas-se-utilizan-en-internetAdemás este tipo de estudios tendrían también importantes repercusiones en el plano internacional. Como el inglés se ha convertido en la lingua franca, en cualquier relación, negociación o enfrentamiento internacional en los distintos foros mundiales los anglosajones tenderán a ser mucho menos reflexivos que los hablantes del resto de los innumerables idiomas de otros países. Y eso en un mundo casi unipolar, en donde los EEUU tienen un peso hegemónico, deja al resto de la Humanidad al albur del poco fiable Sistema 1 de quienes ostentan un poder militar, político y económico casi omnímodo. Por eso quizás sería más que recomendable que la ONU y el resto de organismos internacionales declararan al latín, al esperanto o a cualquiera de las miles de lenguas muertas que han desaparecido de la faz de la Tierra o a alguna de esas muy minoritarias el idioma oficial de las relaciones internacionales, para hacer un poco más reflexivos a esos tan particulares líderes estadounidenses. Eso quizás no sólo haría del mundo un poco más racional, sino que además dependiendo de la lengua elegida podrían darse situaciones muy sorprendentes, por ejemplo imaginen a los líderes mundiales hablando el !kung (ese tan particular idioma de los bosquimanos) con sus característicos chasquidos.

bosquimanos-ikung

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  1. Abraham
    23 septiembre, 2016 en 7:51

    Lo malo es que sólo tomaríamos decisiones más racionales durante el periodo en que aprendemos, sin llegar a dominar, el otro idioma. Una vez dominado, volvemos a las decisiones intuitivas.
    En esto los españoles, sobre todo los políticos españoles, tendríamos ventaja, ya que parece que nos cuesta horrores dominar una lengua que no sea la nuestra, tal es el cariño que le profesamos.

  2. O juan de terzas
    23 septiembre, 2016 en 9:04

    Intuyo un muy buen debate…. Solo comento para poder suscribirme a los comentarios….

  3. 23 septiembre, 2016 en 14:52

    Esto demuestra por qué los estadounidenses son tan locos

  4. nestor
    23 septiembre, 2016 en 14:55

    Me pregunto, asociado al tema, que pasará con los programas que contienen los coches inteligentes(su uso está a la vuelta de la esquina), cuando tengan que decidir, evitar un mal
    mayor ante una situación de accidente inevitable?.

  5. 23 septiembre, 2016 en 15:20

    Reblogueó esto en Matad al mensajero.

  6. 23 septiembre, 2016 en 16:36

    Reblogueó esto en crist49il.

  7. 23 septiembre, 2016 en 20:18

    nestor

    Pues aunque parezca mentira ese dilema se está (muy justamente) planteando con la conducción inteligente. Y uno de los supuestos no es el de elegir entre matar a uno o a varios peatones sino algo mucho más detallado: que el coche calibre sus opciones para estrellarse (y matar al ocupante) y así no atropellar a varios peatones.

  8. congreve
    23 septiembre, 2016 en 21:28

    Interesante. Me gustaría saber qué sucedería si se planteara un caso donde hubiera una solución no drástica, pero difícil de encontrar, o bien el planteo tuviera una incongruencia disimulada. ¿La hallarían con más facilidad quienes leen en idioma extranjero?

    Otra cuestión: la ONU adoptó 6 idiomas oficiales, entre ellos el nuestro, así que argentinos y españoles podemos decir burradas a la par de nuestros vecinos del norte, no nos llevan ventaja en eso, deberíamos probar con el bable o el guaraní.

  9. gastonJV
    24 septiembre, 2016 en 23:13

    ¡Interesante! En un tiempo supuse que los idiomas dividían a las personas. Aprender una nueva da otras ventajas que comunicarse con más gente.
    Aunque siendo irónico…si yo aprendiese 6 idiomas, sería tan justo y humanitario como Joseph Blatter…¿no?
    Saludos.

  10. Carlos
    29 septiembre, 2016 en 16:52

    Interesante saber que en el Vaticano se toman las decisiones más racionales sobre la Tierra. Su idioma oficial no es materno para nadie.

    2.000 años de supervivencia avalan mi atrevido diagnóstico.

    Ains, menudo dilema acabo de traer, je je.

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