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Reflexiones sobre Biología Evolutiva e Historia: hacia una ética galáctica


the_six_million_dollar_cow_by_jouey_Aunque en principio pueda parecer sorprendente existe un fuerte paralelismo entre los procesos evolutivos y los históricos. En ambos casos tanto las diferentes especies como las distintas culturas o civilizaciones han ido cambiando gradual e imperceptiblemente a lo largo de los siglos en el caso humano y de los millones de años en el caso biológico bajo la interacción de los más diversos y complejos equilibrios frente a las condiciones del entorno y a la influencia de otras especies o culturas.

También es más que evidente que ese cambio no implica mejora alguna sino simples modificaciones más o menos adaptativas restringidas por las condiciones ecológicas locales persistentes en cada momento. Así, a pesar de la omnipresente visión basada en la supremacía del ser humano no está nada claro que desde el punto de vista evolutivo un mamífero sea superior en modo alguno a un cefalópodo, un artrópodo o una simple bacteria. Ello es debido a que los mamíferos en general y los humanos en particular no somos más que el azaroso resultado de múltiples eventos, como por ejemplo el que hace varios miles de millones de años unas insignificantes bacterias expulsaran como subproducto de cyanobacteriasu metabolismo el más que venenoso gas representado por los químicos como O2 (suceso que a la larga alteró de la forma más dramática la composición de la atmósfera terrestre, y que puede ser considerado el primer ejemplo de bioingeniería planetaria, y encima realizado por unos más que humildes microorganismos) o que un trozo de roca cósmica errante impactara hace 65 millones de años en lo que actualmente es el golfo de México, que de no haberse producido es más que probable que nunca hubieran terminado originando a nuestra tan particular especie de primates con más que escaso pelo.

Similarmente, dentro del devenir histórico si unas pocas especies vegetales (trigo, cebada, mijo, maíz, patata, …), un número más que reducido de distintos mamíferos herbívoros como ovejas, cabras o vacas y un par de especies aviares (patos y gallinas), todas ellas previamente salvajes no hubieran acabado siendo por casualidad tan dóciles y tan útiles a esos más que curiosos primates bípedos que se desplazaban errantemente en busca de caza, pesca y frutos silvestres no se hubiera producido nunca esa explosión demográfica, aldea_neolitica_600la famosa Revolución Neolítica (que algunos autores considerar el peor y más grande error de la Humanidad ¡y eso que desgraciadamente como especie hemos cometido muchos y muy graves!) que catapultó al ser humano (un animal, en el mejor sentido de la palabra, más que marginal durante millones de años evolutivamente hablando) a la cúspide de la depredación biológica (y hasta geológica me atrevería a decir), por encima de esa gran variedad de especies de felinos, úrsidos y aves de presa que llevaban señoreando la cadena trófica bastantes decenas de millones de años antes de nuestra más que tardía aparición en la escena evolutiva. Y aun así, por mucho que tendamos a considerar como occidentales “cultivados” que somos, claramente influenciados por esa visión clásica de la supremacía del hombre (primero como especie y después como género y por supuesto color de piel) “civilizado” a Cervantes, Tiziano, Fidias, Miguel Ángel, El Bosco, Dostoievski, Bach, Mozart o incluso a los Beatles o a los ACDC como el culmen del refinamiento y el progreso cultural, hay que reconocer que esos anónimos pintores de Lascaux o Altamira, esos desconocidos moldeadores de hueso, piedra, madera o marfil prehistóricos capaces de crear exquisitas esculturas como la tan famosa “Hombre León” o tallar una flauta con la que posteriormente tocar una melodía que acompañara al relato de las gestas de la tribu en esas tan largas y oscuras noches de hace 40 o 50.000 años no tienen nada que envidiar a esa miríada de creadores y artistas posteriores que únicamente ampliaron la senda que ellos inventaron en los ya lejanos albores de la Humanidad.

Reproductions at the Museo del Mamut, Barcelona 2011

Pero quizás la característica que muestra más palpablemente el paralelismo de ambos procesos, el evolutivo y el histórico es que las unidades de ambos sistemas: las especies o los pueblos no cambian sólo por las presiones del medio ambiente, sino que las interacciones entre distintas especies que comparten el mismo ecosistema o las diferentes entidades grupales humanas de una misma región se influyen mutuamente de tal manera que se crean inextricables equilibrios locales estables, que sin embargo pueden derrumbarse rápidamente por la aparición de nuevos jugadores.

marsupialesAsí a lo largo de los eones grupos de especies aisladas entre sí por barreras geográficas infranqueables (generalmente mares, aunque no exclusivamente) fueron discurriendo por sendas evolutivas marcadamente diferentes, de tal manera que las distintas especies de animales y de plantas de los diferentes continentes o islas podían ser extravagantemente extrañas entre sí, siendo quizás el ejemplo más llamativo el de los mamíferos marsupiales frente a los placentarios. Cuando ambos conjuntos de animales, tras decenas de millones de años de aislamiento evolutivo, se reencontraron al unirse las dos Américas mediante la formación del istmo de Panamá los equilibrios previos de cada continente quedaron rotos y una feroz y nueva competencia entre especies diferentes que no habían interactuado nunca entre sí dio lugar a uno de los mayores cataclismos evolutivos de la historia de la vida, cuyo colofón fue la casi total extinción de los marsupiales.

Otro ejemplo de esa dicotomía entre coevolución y contacto brusco de las interacciones evolutivas nos incumbe a los humanos como especie. Mientras que en nuestra África ancestral las diferentes especies de grandes mamíferos pudieron ir adaptándose a lo largo de millones de años a unos extraños seres bípedos que con el paso del tiempo fueron haciéndose lentamente cada vez más cabezones a la par que muchísimo más peligrosos, la llegada de sapiens modernos pertrechados con una cada vez más letal tecnología fue exterminando a las especies de gran tamaño que habían ido evolucionando en aislamiento en cada una de las remotas regiones, continentes, archipiélagos e islas que el insaciable espíritu aventurero humano fue colonizando en una ya prácticamente terminada expansión planetaria que ha durado la friolera de varias decenas de miles de años. Especies animales que no tuvieron oportunidad alguna frente al más terrible depredador que ha dado la evolución en la Tierra.

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Pues bien, algo totalmente similar ha venido ocurriendo a lo largo de la Historia. Aquellas tribus, grupos o poblaciones que se encontraban en contacto entre sí acabaron desarrollando mecanismos de equilibrio que, aunque basados en la perpetua competencia y muchas veces en el enfrentamiento más sangriento, permitió durante siglos (cuando no milenios) la supervivencia de las distintas culturas o entidades políticas de un determinado continente ya que fueron coevolucionando juntas. Y como en el caso de las extinciones masivas de especies por contacto de grupos previamente aislados, cuando el hombre blanco inició su imperialista expansión, primero a América y luego a cada una de las islas cada vez más remotas de la Tierra, el mismo patrón de aniquilación sistemática de las estructuras sociales, económicas y políticas, junto con el casi total genocidio de poblaciones enteras de aborígenes que no habían desarrollado no ya las armas, sino como ha demostrado muchas veces la Historia, ni siquiera esa mentalidad dual tan “exitosa” (al menos en términos biológicos) del hombre blanco, a la vez expansiva y opresora, se fue repitiendo una y otra vez llegando a un resultado final que no podía ser otro más que el de igualar en el exterminio por ejemplo a marsupiales y aborígenes que habían aprendido a coexistir aunque fuera de manera imperfecta en las lejanas tierras australianas.

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Por ello, a partir de los estudios realizados en las última décadas se está imponiendo cada vez más la visión de que es más que necesario preservar libre de injerencias tanto esas especies como esas culturas que han evolucionado en aislamiento y que la exposición a un mundo globalizado únicamente termina con la desaparición de las mismas. Así desde el punto de vista medioambiental no sólo se han creado multitud de reservas de vida salvaje y parques naturales, en donde se limita cuando no se impide la presencia tanto de humanos como de especies foráneas, sino que en diversos casos se ha planificado la erradicación completa de esas especies invasoras para intentar preservar la fauna y la flora autóctonas de distintos lugares.

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En el caso humano la situación es todavía más perentoria ya que los cada vez más escasos pueblos aislados necesitan ser protegidos del exterminio directo llevado a cabo por grandes terratenientes y empresas extractoras de los más que suculentos recursos naturales que abundan en sus tierras ancestrales o del indirecto producido por las 17anthropologist3-jumboinnumerables enfermedades transmitidas por el simple contacto (aunque este llevado a cabo con el mejor de los propósitos) que diezman a estos grupos aislados incapaces de desarrollar en unos pocos años la inmunidad de grupo que el resto de la Humanidad ha conseguido a lo largo de siglos, cuando no de milenios. Si a esto le sumamos que estos cada vez más reducidos grupos de seres humanos no contactados se han convertido en una atracción turística para que turoperadores organicen “safaris” fotográficos exclusivos para conocer a estos últimos exóticos sapiens su porvenir no puede ser más sombrío. Así en la actualidad el único grupo aborigen no contactado del mundo que se mantiene en relativa seguridad es el de los andamaneses que habitan la pequeña y remota isla “Sentinel del Norte”, que gracias a una mezcla de su particular ferocidad frente a los extraños y a las leyes de no injerencia promulgadas en la India, país que tienen la soberanía del archipiélago se han podido mantener a salvo del más que probable exterminio (directo o indirecto) ligado al contacto de la civilización.

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Pero este casi inevitable genocidio cultural y físico que se produce cada vez que un grupo aborigen contacta con una civilización más avanzada técnicamente ni siquiera necesita de que sea siempre el grupo más “civilizado” el causante directo del exterminio de los nativos. La llegada de nuevo conocimiento o de herramientas a aborígenes que no han tenido tiempo para descubrir y sobre todo asimilar por si mismos el inmenso poder de la tecnología puede servir para que los diversos grupos autóctonos pierdan sus ancestrales equilibrios políticos y aquellos clanes que más rápidamente interaccionan con los extranjeros o que saben sacar partido al nuevo conocimiento pueden ser los responsables del exterminio de otras tribus más apartadas o menos curiosas. Eso es lo que ocurrió en la new-zealand_maori-culturemás que alejada Nueva Zelanda después que los maoríes entraran en contacto con los occidentales. El comercio permitió a aquellas tribus que fueron contactadas primero el obtener una doble ventaja tecnológica que a la larga resulto dolorosamente decisiva. La primera fueron los mosquetes, armas de fuego que alteraron el equilibrio político entre los diferentes grupos y que provocaron toda una serie de masacres interétnicas que produjeron la muerte de decenas de miles de nativos así como el colapso político y económico de gran parte del mundo maorí. Y la segunda fue la más que inocua patata, ya que con esa nueva fuente de alimento que podía ser almacenada durante varios años y ser transportada fácilmente, los señores de la guerra maoríes que las utilizaron antes dispusieron de excedentes alimentarios que les permitieron alargar el radio de acción de sus ejércitos en campañas cada vez más alejadas de su núcleo tribal original para transformar las pequeñas razias locales previas al contacto con los europeos en verdaderas guerras modernas que llevaron al colapso de la civilización maorí en unos pocos años.

Sería por tanto decisivo asimilar el paralelismo de este doble conocimiento biológico e histórico acumulado para evitar repetir los mismo errores en el futuro. Por ello el principio de no injerencia más absoluto debería estar grabado en piedra en las leyes de cualquier civilización desarrollada que quiera ser reconocida como tal y desborda el actual ámbito de nuestra sociedad para entrar de lleno en lo que por ahora sólo puede ser considerado política ficción o incluso directamente ciencia ficción.

setiDesde hace varias décadas se están dedicando esfuerzos para detectar y en su caso contactar con posibles civilizaciones extraterrestres. Independientemente de que este contacto se restrinja a enviar o recibir señales que tarden cientos o miles de años en llegar a su destino o si por el contrario dentro de un par de décadas o de siglos se inventa una nueva tecnología que permita la comunicación directa y bidireccional con entidades extraterrestres surge un más que evidente problema moral. ¿Qué tipo de información compartir? Porque si en esta relación los sapiens somos la parte más avanzada deberemos de cuidar muy mucho qué conocimientos mostrar, por más que a nosotros en principio nos puedan parecer inocuos o incluso beneficiosos para otra civilización tecnológicamente menos avanzada que la nuestra para evitar repetir el error placa-pionner-10-sagancometido con los maoríes. Si por el contrario es la civilización extraterrestre las que nos lleve siglos, cuando no milenios de desarrollo científico y tecnológico el problema moral será suyo pero las inciertas pero potencialmente peligrosísimas consecuencias serían sufridas por nosotros, una especie que si por algo se ha caracterizado a lo largo de nuestra más que modesta historia no ha sido por el análisis reflexivo y ponderado de los avances científicos, sino por todo lo contrario, por el uso más que indiscriminado de todo nuevo conocimiento para el desarrollo de armas cada vez más letales o de tecnologías cada vez más contaminantes o destructoras del medio ambiente, primero a nivel local pero ahora desgraciadamente cada vez más a nivel planetario.

Por tanto sería más que recomendable que, antes de empezar a pregonar (tan prepotentemente como es habitual entre los sapiens) a los cuatro vientos del Universo nuestra existencia y nuestro más que modesto poder científico, reflexionáramos como especie sobre las ventajas, pero quizás más importante sobre los más que evidentes inconvenientes y problemas de ese hipotético contacto estelar. Yo personalmente sólo espero que esas civilizaciones infinitamente más avanzadas que la nuestra, que deben por pura lógica y simple estadística existir en este vasto Cosmos que habitamos, hayan llegado a esta misma conclusión y tengan como norma básica de sus relaciones intergalácticas el principio de no injerencia más absoluto. Ello explicaría además la más que llamativa Paradoja de Fermi.

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  1. Pocosé
    31 octubre, 2016 a las 8:26

    Pero primero habrá que aceptar que diez o veinte mil años evolutivamente no es nada, que por enorme que sea el desarrollo tecnológico que disfrutamos y padecemos, seguimos siendo el “Homo tecnotribalis supersticiosus” del Neolítico, fácilmente adaptable a cualquier nueva tecnologia, pero con una necesidad muy marcada de adquirir una identidad cultural a la que ser fiel por encima de cualquier otra consideración (tribalidad) y con una gran superstición (inicialmente eficaz para adquirir conocimiento) que ha dado lugar evolutivamente a las distintas religiones las cuales acentúan y fortalecen la tribalidad a la vez que se retroalimentan de ella.
    ¿”H. sapiens sapiens” como especie? … … … Creo que va para largo.

  2. Gano
    31 octubre, 2016 a las 8:57

    Un artículo más que interesante

  3. 31 octubre, 2016 a las 11:35

    Una cosa es que, de existir, las posibles civilizaciones avanzadas hayan adoptado el principio de no injerencia (lo creo muy posible), y otra es que sea la causa de la no detección de las mismas.
    Cualquier actividad biológica deja sus rastros, y con más motivo una civilización avanzada dejaría los suyos. El principio de no injerencia implicaría evitar el contacto, pero lo que no es posible es “borrar” totalmente los rastros generados por la actividad de dicha civilización. Es por ello que no creo que sea una explicación válida para la paradoja de Fermi.

    En este aspecto soy más bien pesimista. Creo que probablemente hay (o haya habido) muchas civilizaciones tecnológicas en el universo, pero que al llegar a estadios como el nuestro (en algunos casos más avanzados, en otros menos), dichas civilizaciones se han destruido (total, o parcialmente volviendo a estadios de civilización anteriores). El “brillo” de esas civilizaciones habrá sido efímero y, salvo que su cenit coincida con la “ventana temporal” adecuada, indetectable por nuestra parte. Creo que esta explicación es mucho más racional y coherente con nuestra experiencia.

    ¿Pueden existir algunas civilizaciones que superen este cuello de botella? Creo que sí, pero si la probabilidad es muy baja (como parece), también será muy poco probable que se encuentren próximas, lo que dificultaría extraordinariamente su detección. Si, por ejemplo solo se dieran en una media de una civilización muy avanzada por cada 1000 galaxias, el número de civilizaciones total seguiría siendo enorme. Se calcula que el universo cuenta con dos billones de galaxias, por lo que según este presupuesto existirían 2.000.000.000 de civilizaciones avanzadas, pero la distancia media entre ellas sería enorme, con lo que la probabilidad de detección (no ya de contacto) sería minúscula.

  4. 31 octubre, 2016 a las 15:52

    Eduard

    Quizás no sea necesario borrar rastros. Nosotros hace un par de siglos no sabíamos que existían las ondas de radio por lo que no las buscábamos y así era imposible detectar a una civilización extraterrestre que las utilizara.

  5. 31 octubre, 2016 a las 17:11

    Cierto, pero nuestra propia civilización utiliza varias tecnologías correspondientes a distintas fases de desarrollo tecnológico, y es de suponer que igual ocurra con otras posibles civilizaciones. También cabe suponer la existencia de civilizaciones en distintos estadios de desarrollo tecnológico. En base a ello, sería lógico suponer que, al menos algunas de ellas, dejaran rastros detectables por nuestros actuales medios.

  6. 31 octubre, 2016 a las 19:17

    Estás (o estamos) presuponiendo que civilizaciones que se puedan desarrollar en distintos lugares tienen que pasar por las mismas fases. Y eso a la vista de nuestra historia es mucho suponer, ya que por ejemplo si algunos sapiens fueron capaces de crear imperios sin escritura, como es el caso de los incas que gobernaron miles de km2 de medio continente y millones de personas con unos simples nudos en cordeles que sabemos que eran un tipo de almacenamiento de datos porque los conquistadores así lo comentaron, cordeles que bien pudieran haber pasado desapercibidos y que sin datos algún historiador o folklorista pudiera haber elaborado una bonita teoría sobre que estos tejidos tenían una función artística u ornamental. Unos quipus en fin, que a día de hoy somos incapaces de descifrar. Por ello mucho me sospecho que a no ser que las diferentes civilizaciones se den a conocer enviando mensajes claramente distinguibles del ruido y especialmente diseñados para llamar la atención del resto, sus manifestaciones tecnológicas (sean las que sean) podrían muy bien pasar desapercibidas para otros.

  7. pepe
    31 octubre, 2016 a las 20:32

    Supongo que ya te habrás leído el libro Ármas, gérmenes y acero. 😉

  8. 31 octubre, 2016 a las 20:46

    En realidad, aunque las civilizaciones pueden desarrollarse de formas distintas, hay cuestiones ineludibles. En el ejemplo que pones, en realidad la diferencia es más formal que de fondo. Los nudos incas son una forma de transmitir información, también lo eran los jeroglíficos egipcios o la escritura cuneiforme mesopotámica. Y aunque durante mucho tiempo no fue posible descifrar su contenida (de las dos últimas) entendimos que era una forma de escritura.
    Por otra parte, una civilización tecnológica capaz de llegar al espacio y estudiar el universo, habrá, necesariamente, adquirido los conocimientos de física que hoy tenemos, y conocer por tanto sus aplicaciones prácticas. Por ello no creo aventurado afirmar que en algún momento los habrán utilizado.
    Cuando los conocimientos muy alejados de los métodos científicos era fácil desarrollar modelos del mundo totalmente distintos, basados más en las mitologías propias de cada cultura que en hechos fundados. En la medida que el método científico progresa, los conocimientos de los distintos orígenes culturales convergen. Sería impensable una física diferente según la procedencia del investigador y sus condicionantes culturales.
    Es más, aunque físicamente no tiene porqué parecerse, los seres que constituyan posibles civilizaciones en otros planetas si tendrán que gozar de algunas características comunes. Por ejemplo deberán tener algo similar a las manos (que les permita uso de herramientas), vivir sobre una superficie terrestre (los seres marinos por muy grande que pueda llegar a ser su inteligencia no podrán disponer de fuego (sin fuego no hay metalurgia, y sin ella no se puede desarrollar una civilización tecnológica), etc.

  9. nestor
    31 octubre, 2016 a las 22:00

    Estoy de acuerdo con Eduard, me pregunto, cual es el miedo a estar solos en este universo? digo solos,pues este homínido antropoformiza todo, microorganismos, bacterias, no tenemos problema en que existan, pero seguimos buscando algo parecido a nosotros(que sería un desastre como lo explica el artículo)sin jugar tanto con nuestra expresión de deseos, solo observando lo que está sucediendo hoy día, con las migraciones cuyo, número supera ya los sesenta y cinco millones deberíamos preguntarnos con este capitalismo tardío si seguiremos hablando de civilización o barbarie.

  10. Txema M.
    1 noviembre, 2016 a las 1:16

    Das por sentado que los seres que constituyeran posibles civilizaciones en otros planetas deberían vivir sobre una superficie terrestre pues, por muy grande que pudiera llegar a ser la inteligencia de los seres marinos, no podrían disponer de fuego y sin fuego no hay metalurgia, indispensable para desarrollar una civilización tecnológica. Discrepo. Es perfectamente posible (en un mundo de ciencia ficción, por supuesto) que seres marinos inteligentes creen la ciencia de la química y las tecnologías asociadas al metal y al fuego. Necesitarían, desde luego, operar en un entorno aislado rodeado de aire que podría encontrarse tanto dentro del agua (recipientes conteniendo aire, que podrían ser tan grandes como cuevas submarinas) como fuera del agua, si previamente hubieran logrado poder salir y operar en la superficie tal y como los hombres rana pueden hacerlo dentro del agua. Y el calor del fuego no es el único recurso para obtener metales; también está la electrólisis.

  11. Txema M.
    1 noviembre, 2016 a las 1:49

    Al hilo del artículo: tengo para mí que muchas de las culturas supuestamente estancadas en el pasado tal vez merezcan una mejor consideración, la de haber alcanzado antes que otras más desarrolladas que ellas una situación de equilibrio estable con su medio ambiente capaz de garantizar su supervivencia en condiciones más favorables que otras de su entorno, que a su vez quedan obligadas a buscar nuevos modos de producción de alimentos. El problema, claro, lo tienen cuando esas otras culturas más inestables (la nuestra es el mejor ejemplo) interfieren con ellas. Entonces es cuando cambia el medio en el que se desenvuelven, para mal, por supuesto.

  12. Txema M.
    1 noviembre, 2016 a las 2:21

    Completamente fuera del hilo del artículo, me llama la atención la ilustración del inicio. Un granjero cierra un trueque con unos extraterrestres que se llevan una vaca. No he podido encontrar los siete errores que tal vez tenga esta imagen, pero algunos sí. Ahí van:
    – Salvo que el esqueleto de los alienígenas esté compuesto de metal, parece imposible que puedan desenvolverse con comodidad en la gravedad terrestre con unas pantorrillas tan finas. Sé que su peso podría estar aliviado con el hidrógeno que tal vez contengan sus bolsas dorsales, pero sólo la vaca ya tiene demasiada masa para ser alzada con tan poco volumen de gas.
    – Si lo que le han dado en trueque al granjero es maiz desgranado, no parece un gran negocio. Si es oro, debe ser un oro de bajísima densidad, pues el camión está lleno y las ruedas no reflejan el peso que soportan.
    – Suponiendo que sea oro, el granjero no puede permitirse cargar tanto en el camión. No ya por el peso, sino por el riesgo de perder parte de la carga en el camino, lo que podría alertar al vecindario y despertar la codicia de posibles atracadores.
    – El perro del granjero debería estar ladrando a los extraterrestres. A menos de que lo hayan paralizado, claro.

    Aunque igual he interpretado mal la imagen. El granjero es un predicador de alguna secta tipo amish y les da la vaca para garantizarse que asistan a la próxima sesión bíblica.

  13. 1 noviembre, 2016 a las 11:40

    Txema M, tú lo has dicho “en un mundo de ciencia ficción”. Lo que sí podemos observar es que las soluciones que da la naturaleza ante los mismos entornos suelen tener elementos comunes. En el mar, los animales más desarrollados suelen tener forma fusiforme, la que mejor se adapta al entrono, pero no solo los peces sino también los mamíferos readaptados al mar (ballenas, delfines), y todos ellos han adaptado sus extremidades a las necesidades del medio convirtiéndose en aletas. Otras formas de vida marina, más simple, tienen una gran variedad de formas, cierto, pero sinceramente no se me pasa por la cabeza pensar en una gamba meditando sobre el origen de la vida.
    Propones seres marinos inteligentes pueden descubrir la química y la metalurgia (aunque para operar deban hacerlo en entornos especiales). Mi pregunta es ¿Cómo?
    No creo que ningún ser sobrenatural nos haya dado un conocimiento infuso, ni creo que tal cosa pueda suceder a ninguna especie, sea de este planeta o de otro. Por tanto la evolución del conocimiento necesariamente debe arrancar de hechos muy básicos. Estoy convencido que el descubrimiento del fuego (por parte del ser humano) se debió a un hecho fortuito, probablemente derivado de un incendio causado por procesos naturales (un rayo dando a un árbol, lava incendiando un bosque). Con el tiempo y métodos de ensayo y error fue posible dominarlo a voluntad, pero de ese momento a que llegáramos a tener conciencia de los procesos físicos y químicos involucrados en ello pasaron milenios. Creo que hoy damos por sentados conocimientos cuya adquisición ha sido muy costosa y subordinada a un entorno que la ha hecho factible. Que, como dices, hoy podamos realizar actividades tecnológicas en entornos que nos son extraños (como bajo el agua o en el espacio) lleva detrás siglos, siglos y siglos de pequeños avances en nuestro entorno natural, la superficie rocosa de la Tierra. Y eso es lo que no veo factible para una especie marina.
    ¡Ojo! No estoy diciendo que no pueda haber especies marinas inteligentes. Lo que digo es que no tienen las condiciones para desarrollar una civilización tecnológica. Por otra parte, se me ocurre que una especie sometida a tales condiciones desarrollaría un conocimiento que tendría semblanzas con nuestra filosofía, es decir se podrían desarrollar cientos, miles de líneas de pensamiento, incluyendo planteamientos netamente contradictorios sin que existieran medios para determinar su veracidad.
    En cuanto a tu segunda intervención, no es mi intención presuponer valoraciones negativas para las sociedades que han permanecido en estadios de desarrollo tecnológico anteriores al nuestro actual, ni entrar en la valoración de nuestra sociedad actual. Estas cuestiones son mucho más complejas de la forma en que habitualmente se abordan, porque el desarrollo tecnológico viene condicionado por el modelo socioeconómico adoptado. A título de ejemplo, si nuestro modelo social se basara en la producción de los medios necesarios para las personas (incluyendo entre los medios necesarios los pequeños caprichos que nos hace más feliz la vida), descartando el modelo productivista que exige el permanente crecimiento de la producción, y estabilizando la población mundial en 3.000 millones de habitantes como máximo, nuestro mundo, igualmente tecnológico, sería muy diferente.
    Como digo esta discusión es muy compleja, y aunque no cabe negar la adaptación de esas culturas al entorno, no todo en ellas es de color de rosa. Dudo que muchos miembros de nuestra sociedad fueran capaces de adaptarse a vivir en sus condiciones.

  14. Manuel
    1 noviembre, 2016 a las 16:10

    Existe un libro de G.R.R. Martin con el titulo de “Los viajes de Tuf”. El libro habla entre otras cosas de las diferentes relaciones que se establecen entre civilizaciones del espacio. Toca algunos puntos que han mencionado, cosas como:

    – El limite de crecimiento que tienen civilizaciones tecnológicamente muy avanzadas en función de creencias (religiosas) y la fe ciega en el avanza ilimitado de la ciencia, lo que eventualmente lleva a la caída de la civilización.
    – Un fenómeno que no es nuevo pero que hoy se nota más, una sociedad que de media es ignorante por decisión de cuestiones tecnológicas y/o científicas. (Cosa que se vislumbra también en la saga de Fundación de Isaac Asimov). Y de como este desconocimiento es también, una limitante en el crecimiento de las civilizaciones.
    – La existencia de seres (marinos) mucho más “inteligentes” que dominaban la genética, la física (de forma teórica) y la biología mucho más que los seres humanos (humanoides). Pero que estaban al borde de la extinción debido a la caza (para consumo) de un pueblo con una tecnología equivalente a la de finales del siglo XIX.

    Creo que no es necesario que las civilizaciones pasen por los mismos estadios tecnológicos y que ser necesario, por lo que es improbable que se cuenten con las herramientas técnicas para detectar un determinado tipo de señal. Además, es complicado que civilizaciones similares coincidan en tiempo y que de hacerlo, las distancias entre una y otra serían descomunales para un contacto “planeta-planeta”. Diferentes civilizaciones se enfocan en diferentes aspectos de la ciencia en función de sus necesidades, por lo que es probable que civilizaciones tecnológicamente avanzadas no les interesara estudiar el cosmos o bien, desarrollaran una tecnología más “ecológica” o simplemente que su tecnología estuviera, al menos en parte, enfocada a evitar ser detectada.

    El principal problema que veo al asunto es que, civilizaciones avanzadas no tienen que tener los mismos intereses que el ser humano, por lo que la paradoja de Fermi parte de un supuesto que no tiene que ser cierto: toda civilización tecnológica quiere encontrar a otras y quiere ser encontrada.

  15. 1 noviembre, 2016 a las 20:22

    Un punto de vista muy interesante.

    Sugieres que la respuesta a la “Paradoja de Fermi” es que las otras cibilizaciones aplican la primera directriz de la Federación de StarTrekk. No es ninguna tontería.

  16. Txema M.
    2 noviembre, 2016 a las 3:31

    Eduard, por favor, no me preguntes cómo esperando una respuesta porque no partimos de hechos sino de imaginación sobre las hipotéticas posibilidades de desarrollo de sociedades no humanas de seres dotados de inteligencia. Dado que en nuestro caso el desarrollo de la inteligencia se supone ligado a la operatividad manual, deberíamos pensar, tal como tú lo haces, que los miembros de una especie inteligente deberían tener algo parecido a manos que les permitieran manipular herramientas. Si los elefantes hablaran, supongo que dirían que nada más adecuado que una trompa, verdadera maravilla evolutiva. Pulpos y calamares votarían por los tentáculos y la reflexiva gamba probablemente propondría algo parecido a sus apéndices bucales, lamentando no haber nacido cien millones de años más tarde. Tal vez el oso hormiguero nos hablara de las capacidades por explotar de su fascinante lengua. Y nuestros parientes cercanos probablemente votarían por un sistema cuadrumano.

    ¿Cómo podrían descubrir la química? En un fascinante mundo de seres marinos capaces de crear civilizaciones tecnológicas, esos seres, probablemente tentaculados y omnívoros (condición ligada a la curiosidad) se habrían visto obligados en algún momento de su historia a preservar sus alimentos el mayor tiempo posible, tal como hicieron nuestros antepasados en el neolítico mediante la cerámica (quizás mucho antes mediante el ahumado). Esto conlleva la utilización y creación de recipientes. Pero los recipientes agrupan los alimentos y atraen a muchos animales, por lo que deberían impedir el acceso de otras especies a ellos. Se me ocurre que uno de los mejores medios para impedir el acceso de organismos acuáticos es el aire, por lo que podrían inventar recipientes invertidos rellenos de aire que tuvieran baldas interiores en las que depositar los alimentos. ¿Cómo podrían llegar a idear esto? Pasando por la fase cultural de utilizar con ese mismo fin recipientes naturales que cumplan con esas condiciones, parecidos a las conchas del nautilo. Una vez desarrollado el concepto de recipiente invertido relleno de aire como contenedor, ya tienes la puerta abierta para imaginar el resto: los alimentos se depositan en contenedores en la fresquera, aprovechando los cuatro grados de temperatura de todas las aguas profundas; los recipientes se van haciendo cada vez mayores y adquiriendo nuevas funciones; se estudian cuáles son las variables que afectan a la conservación de los alimentos, descubriendose muy pronto que composición, temperatura y tiempo son tres de las principales; se desarrolla la metodología científica y se investiga la descomposición a lo largo del tiempo de productos de origen orgánico contenidos en pequeños recipientes guardados en un contenedor mucho más grande lleno de aire: el laboratorio.

  17. Txema M.
    2 noviembre, 2016 a las 3:55

    Manuel, leeré el libro que recomiendas. Tus especulaciones me parecen muy plausibles.

  18. Txema M.
    2 noviembre, 2016 a las 4:06

    Al clicar en la imagen del comienzo he podido verla con más detalle, a pantalla completa. Confirmo que el camión no contiene maiz, sino oro, pirita o algo similar. También he encontrado un nuevo error:
    – La vaca que lleva al hombro el ET no está nada nerviosa sino que sigue pastando.
    Dado que el perro no está atado, como yo creía ver, parece evidente que los extraterrestres poseen algún poderoso tranquilizador.

  19. Rata de Cloaca
    2 noviembre, 2016 a las 11:06

    También es posible que los extraterrestres ya hayan estado más veces y el perro los conozca, y por eso esté tan tranquilo.

  20. 2 noviembre, 2016 a las 11:55

    Partimos de criterios muy alejados para poder llegar a conclusiones comunes. Tus planteamientos, como bien dices, se basan en desarrollar hipótesis sobre la base de la imaginación, mientras que yo parto de lo conocido, por limitado que sea este conocimiento.
    Sigo pensando que la inteligencia no aparece como algo inesperado, sino que es inducida por el entorno y producto de la evolución, por lo que entiendo necesarios algunos condicionantes externos.
    Los elefantes pueden sentirse muy orgullosos de su trompa, y al igual el oso hormiguero de su lengua. Incluso puede que la evolución de tales miembros (mucho más probablemente en el caso de la trompa que en el de la lengua) pudieran llegar a ser órganos lo suficientemente delicados en sus capacidades para ser equivalente a una mano (por mucha imaginación que le ponga, no veo la trompa de un elefante siendo capaz de montar un reloj, y donde pongo reloj puedes poner cualquiera de los miles objetos que requieren un trabajo más o menos delicado para su elaboración. Uno, que es aficionado a construir maquetas, muchas veces desearía tener cuatro manos).
    Por supuesto la imaginación es una herramienta muy poderosa. Sin ella los avances en el conocimiento no se habrían producido. Pero como muchas cosas es un arma de doble filo. A veces nos quedamos cortos, como el directivo de IBM que, comentando el recién ideado ordenador personal, afirmo que era una herramienta para directivos y que jamás de los jamases tendría una difusión generalizada, o el propio Bill Gates, que afirmó de su primer sistema operativo (MSDOS) que 640 K de RAM, no solo bastaban sino que sobraban y que nunca se llenarían totalmente con programas.
    En otras nos pasamos como cuando en los años 50-60 se preveía (en plan totalmente serio, no en broma) que para la década del 2.000 dispondríamos de coches voladores y aspiradoras dotadas de una “pila nuclear” que haría innecesaria la alimentación eléctrica. En este sentido, la producción de electricidad mediante centrales de fusión nuclear está siempre a “50 años” vista. Digo yo que algún día acertarán, o no. Qué queréis que os diga, la edad me ha vuelto cada vez más escéptico.
    Como decía en la anterior entrada, la filosofía ha sido una herramienta para el desarrollo del conocimiento, pero como la imaginación tiene también un doble filo. A la par que desarrollaba conceptos fundados sobre la realidad, también aportaba criterios totalmente errados, e incluso absurdos. Es por ello que no creo en el desarrollo de una inteligencia ajena a los procesos experimentales que pueda desarrollar un conocimiento de la realidad ajustado a la verdad. Los delfines puede que tengan una gran inteligencia, incluso comparable con la del ser humano, pero me resulta inconcebible que puedan desarrollar una concepción del universo mínimamente ajustada a la realidad solo con el proceso mental.

  21. 16 noviembre, 2016 a las 5:25

    Excelente artículo y excelentes comentarios, ya leí casi todos los artículos anteriores y chapó para el trabajo que hacen.
    Felicidades

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