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La anticientífica doble vara de medir de la psiquiatría: ateos locos y creyentes cuerdos


psiquiatria-dios-enfermedad-mentalAnte un mismo conjunto de síntomas los profesionales médicos pueden diagnosticar o no a una persona como enfermo mental dependiendo de si el individuo en cuestión responde con un par de palabras “mágicas”. Y aunque pueda parecer increíble, esto es posible ya que la psiquiatría tiene un gran problema irresoluto llamado religión.

La ciencia en general y la medicina en particular avanzan al extraer conclusiones generales de casos similares, pero cuando esa misma medicina diferencia de forma totalmente artificial, por evidentes presiones anticientíficas heredadas de nuestro pasado más supersticioso, a los enfermos entonces eso se llama psiquiatría.

Un paciente llega a la consulta médica con tos, irritación y moqueo nasales, cansancio y algo de fiebre y el médico sin pestañear diagnostica enfermedad. Los detalles de la dolencia: si es debida a un virus respiratorio, a una bacteria o a cualquier otra causa puede luego ser determinado por pruebas adicionales, pero el diagnóstico primario es claro y ha sido realizado por médicos de todas las épocas, incluso en el más lejano pasado cuando los seguidores de Hipócrates no sabían nada de la existencia de los patógenos. También el hecho de que estos síntomas afectaran a una sola persona o fueran comunes a un grupo o incluso a la mayoría de los miembros de una comunidad no condicionaba el diagnóstico, únicamente se hablaba de enfermedad individual o de epidemia. Ahora bien, supóngase que un médico del pasado u otro de la actualidad dijera que cuando estos síntomas afectaran a la mayoría de los habitantes de una ciudad, región o país entonces ya no debía considerarse enfermedad ¿increíble, no? Es más, si un médico afirmara que si los síntomas catarrales se dieran mayoritariamente entre hombres, o personas de origen asiático, o pobres, o bebedores de cerveza, o panaderos o cualquier otra agrupación humana particular entonces por supuesto que la tos, el dolor de garganta o de pecho, la dificultad en respirar y la fiebre debían dejar de ser considerados síntomas de enfermedad y pasar a ser una virtud, muy seguramente este más que curioso galeno perdería su credibilidad profesional y en el peor de los casos lo mismo acababa siendo expedientado por mala praxis médica. Sin embargo hay una especialidad clínica en donde a día de hoy este tipo de diagnósticos sui generis, totalmente dependientes de factores externos siguen estando muy presentes.

Tal y como ha descrito recientemente en una columna de “Scientific American” un médico residente en psiquiatría de la Universidad de Stanford la dicotomía es más que evidente. Así:

Tomemos el ejemplo de un hombre que entra a urgencias murmurando incoherencias. Dice que escucha voces en su cabeza, pero insiste en que no hay nada malo en ello. No ha abusado ni de drogas ni del alcohol. Si hubiera sido evaluado por profesionales de la salud mental, existe una alta probabilidad de que se le diagnosticara un trastorno psicótico como la esquizofrenia.

Ahora bien

¿Y si ese mismo hombre fuera profundamente religioso? ¿Y si su incomprensible lenguaje fuera hablar en lenguas? ¿Y si él pudiera escuchar a Jesucristo hablando con él? También podría insistir en que no había nada malo en ello. Después de todo, estaría practicando su fe.

Y en este segundo caso es bastante improbable que muchos médicos (algunos de ellos quizás también más o menos religiosos en diferente grado) fueran capaces de diagnosticar la misma esquizofrenia que al anterior paciente. Es decir, que en la actualidad es más que cierto que ante un conjunto de síntomas muy similares una persona poco o nada religiosa pueda ser considerada un enfermo mental, mientras que un verdadero creyente puede seguir siendo no sólo una persona “normal” sino que en muchos casos este “conversador” con el Mesías o con el Gran Espíritu de la Pradera puede incluso llegar a gozar del mayor de los respetos no sólo en su entorno social más próximo, sino que si es muy constante y convincente en su delirio puede acabar siendo recibido por gobernantes de medio mundo y ser incluido en los libros de Historia como una de las grandes personalidades de su época.

Es más, tal y como indica el médico estadounidense en su artículo el problema puede tomar tintes casi surrealistas, puesto que el diagnóstico clínico dependerá de la aceptación de la religión en particular que profese el individuo en cuestión, y por tanto su situación médica puede cambiar en un breve espacio de tiempo por motivo legales completamente ajenos a la praxis médica. Así por ejemplo en EEUU hasta el año 1993 las personas que creían ciega y verdaderamente que eran el resultado de un experimento genético a gran escala ocurrido hace unos 75 millones de años llevado a cabo por un superdictador genocida alienígena, líder de una Confederación Galáctica que llevó a miles de millones de personas a la Tierra en naves espaciales parecidas a aviones DC-8 y que las dejó cerca de volcanes, en donde este predecesor extrasolar de Hitler las exterminó sin piedad alguna con bombas de hidrógeno en lo que únicamente se podría calificar (en caso de ser verídico el relato) del mayor xenocidio conocido de la Historia podían ser calificados (bajo todo el rigor científico-medico) como severos enfermos mentales. Pues bien, de pronto estos sujetos se convirtieron en personas más que “normales” y hasta dignas de elogio ya que algunas eran destacados miembros de la farándula hollywoodiense. ¿Y cuál fue el milagroso cambio de criterio médico-científico que logró esa más que maravillosa “curación” de cientos de norteamericanos en el ya casi lejano 1993? pues no se crean que ningún riguroso estudio clínico sino la más que simple modificación legislativa en la primera superpotencia mundial en el que se consideraba a la Iglesia de la Cienciología como una religión más, con todos sus derechos legales inalienables, con su exención de impuestos y lo que es muchísimo más grave con la dispensa y el apoyo legal y hasta constitucional para su ejercicio y proselitismo. De tal manera que a partir de ese año cualquier psiquiatra estadounidense que intente medicar a un verdadero adepto (no por supuesto a los cienciólogos sociológicos, que como en todas las religiones serán mayoría pero que a efectos prácticos son tan ateos como el que más) a esta superchería más que delirante de los seguidores de Xenu, el extraterrestre genocida y los disparates de su más que avispado inventor, el más que discutible escritor de ciencia ficción de tercera fila L. Ron Hubbard, puede ser demandado por violar la sacrosanta libertad religiosa de los EEUU aunque cuente con el apoyo incondicional de los desesperados familiares del interfecto mientras observan con pavor como delira sin remedio su ser querido.

Y nuestro residente en psiquiatría de Stanford narra otro episodio más que sorprendente de la dicotomía en la práctica médica asociada a la religión: el caso de los asesinatos de una mujer y un niño acaecidos en Utah en 1984 por parte de dos fundamentalistas mormones, Ron Lafferty y su hijo Dan. Ron Lafferty se declaró profeta, afirmando haber recibido una revelación divina en la que se le instruía (telepáticamente por supuesto, que ya sabemos que para lo importante no sirve el teléfono o el WhatsApp) para “eliminar” a varias personas incluyendo a las dos víctimas del caso juzgado. Los abogados de la defensa presentaron el testimonio de varios psiquiatras que indicaron que el acusado presentaba una evidente enfermedad psicótica y un trastorno esquizoafectivo ya que pensaba (entre otros delirios religiosos) que

un espíritu homosexual malvado trataba de invadir su cuerpo a través de su ano

Sin embargo, el fiscal subió al estrado a otro psiquiatra que testificó que el acusado lejos de ser el loco de remate que presentaba la defensa era un creyente bastante normal ya que

La mayoría de la gente en nuestro país cree en Dios. La mayoría de la gente en nuestro país dicen que reza a Dios. Es una experiencia común. Y aunque las etiquetas que usa el señor Lafferty son ciertamente inusuales, las formas de pensamiento en sí mismas son realmente muy comunes … para todos nosotros.

Porque la lógica del psiquiatra de la acusación es impecable, a la vez que imposible de refutar si se considera a la verdadera religión como una propiedad humana elogiable. Si la inmensísima mayoría de las personas de este mundo consideran normal conversar con un dios zarza ardiente, con un dios elefante o con un dios cocodrilo, entes supraterrenales todos ellos capaces de los mayores milagros como llevar a vírgenes judías (o a beduinos pederastas a lomos de un corcel blanco) hasta el cielo en cuerpo y alma, entes todopoderosos a los que no se puede contrariar en sus telepáticos aunque muchas veces incomprensibles e irracionales dictados salvo que uno quiera terminan asándose en las calderas de Pepe Botero por toda la eternidad, entonces nadie podrá ser considerado esquizoide o psicótico siempre y cuando ande trasteando por en medio el diablillo de Maxwell católico, sintoísta, musulmán, hinduista, luterano, budista, anglicano, zoroastrista, calvinista, judaico o taoísta.

En resumen, hasta que la psiquiatría rompa las cadenas que la subordinan a la religión esta especialidad médica únicamente podrá catalogar como enfermos mentales a los ateos, agnósticos y similares que vean o hablen con elefantes rosas o duendes verdes, porque aquellas personas que dialoguen con espíritus incorpóreos del más acá o del más allá siempre estarán “cuerdas” por definición si sus delirios están ligados a alguno de la infinidad de libros sagrados de ayer, de hoy y de mañana que la siempre fértil y también más que disparatada inventiva humana haya acabado escribiendo.

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  1. 3 enero, 2017 en 0:53

    Cuanta razón tienes! Y yo creyendo ser el único raro.
    Eso sí, prepárate para recibir por todos lados en 3, 2, 1,…
    Y todo ello, sin mentar a la gran ramera de la magufada, el psicoanálisis. Oh, my God!

  2. Estampida
    3 enero, 2017 en 9:00

    Lo de la cienciología es para que dimita un gobierno en pleno. Dejaron crecer sin cortapisas a esta nueva fe hasta que llegaron a contraer una deuda con el estado cercana a los 1000 millones de $, que obviamente no querían pagar. ¿Como evitarlo? Sencillo, con la de pasta que manejaban enviaron detectives y abogados a cualquier lugar en el que interviniera la hacienda pública para detectar cualquier tipo de irregularidad, después utilizaron a los miles de adeptos que tenían para interponer demandas en masa en la ciudad de su sede, colapsando así a la hacienda. Con los famosetes Tom Cruise y compañía jaleando a la opinión pública al alcalde no le quedó mas remedio que condonar la deuda (convirtiendo el problema en asunto de estado) y concediendo la tan ansiada exención de impuestos, con lo que las denuncias fueron retiradas. Y así amigos se construye una religión a escala planetaria, engañando, malversando y extorsionando a tu propio gobierno, que dio alas a esta absurda aberración hasta que ya no pudo detenerla.

  3. Maria Fabia
    3 enero, 2017 en 9:10

    La psiquiatría no es una ciencia, es pseudociencia.

  4. gabrielcazorla
    3 enero, 2017 en 9:19

    Cuando leí aquella historia de Xenu pensé que te lo estarías inventando, y me dio por buscarlo en google… la inventiva humana es impresionante, pero no sé qué me sorprende porque a día de hoy creemos otros tantos disparates y la religión está tan presente y justificada por medio de la tradición que estamos acostumbrados. Visto desde una perspectiva más amplia, esto que nos comentas tiene en realidad sus raíces en el multiculturalismo: del mismo modo como se puede justificar que por religión se case a una menor con un tio que le pasa más de veinte años para servirle de ama de casa, que se les haga una ablación del clítoris, o básicamente cualquier cosa que entre fuera del orden de las cosas de un país o región determinado, también nos hemos de preguntar, pues, si una persona que dice ver a jesús y poder hablar con él está profesando su religión o por el contrario ha perdido la cabeza.

  5. Abraham.
    3 enero, 2017 en 10:46

    Una vez más, el sesgo de confirmación. Si lo que dice el alucinado contradice mi visión del mundo, entonces tiene una enfermedad y le estudiaré hasta que dé con su enfermedad, mientras que si lo que dice es coherente con lo que yo creo, entonces no hay nada que comprobar.

    En tu exposición creo que hay un error. Dices que si un médico diera los síntomas de una enfermedad por normales y propios de un grupo, se le retiraría la licencia. Pues bien, por poner un contraejemplo (habrá más, pero éste es el que se me viene ahora a la cabeza), existe una dolencia que ocurre de forma periódica, que te hace sangrar por dentro, te cambia el carácter y en ocasiones incapacita para realizar actividades físicas, que afecta a un extenso grupo de población, y a pesar de todo no tiene la consideración de enfermedad: la menstruación. Vale, que hay tratamientos para aliviar el dolor, pero no por eso se califica de enfermedad, ¿no? Imagino que si la mayor parte de la población sufriera de estornudos periódicos, se empezaría a ver como algo normal y, mientras no afecte a la supervivencia, aprenderíamos a vivir con ello y dejaría de considerarse una enfermedad. Quizás algún día se pueda frenar el envejecimiento y los achaques de la edad serán considerados una enfermedad más a curar, pero por ahora envejecer no es ninguna enfermedad, es sólo un proceso natural que nos mata poco a poco (pero que en realidad no amenaza la continuidad de la especie).

  6. Estampida
    3 enero, 2017 en 11:23

    Si queréis sentir tanta diversión como vergüenza ajena, el mejor documental de la cienciología se llama Going Clear de la HBO y está en Netflix.

  7. genkigenki
    3 enero, 2017 en 11:55

    Una cosa es oir voces, vivir atrapado en una fantasia y matar a tu familia. Otra cosa es creer que despues de la muerte iras al cielo y creer en una determinada concepción de la creación del universo. La línea que separa un trastorno o enfermedad de la normalidad, es la afectación importante de la vida de la persona y de su entorno. Por supuesto que el grado en el que nuestras ideas y costumbres son compartidas por nuestra sociedad, éstos se vuelven mas o menos aceptables. Hay miles de ejemplos, desde la forma de vestir a la forma de pensar. Creo que usas un par de ejemplos disparatados para intentar pintar una situación que no se corresponde con la realidad. La religión es algo que hay que valorar cuando se evalúa un trastorno mental, pero por supuesto que no es una excusa para justificar cualquier tipo de síntoma o comportamiento que pueda ser perjudicial para la persona o su entorno. Entiendo que buscar contenido para el blog no es fácil, pero haciendo de la excepción la norma, solo consigues parecerte a aquello que intentas denunciar.

  8. 3 enero, 2017 en 11:59

    Abraham

    Tu comentario sobre el sesgo de confirmación parece indicar que no has entendido nada de la entrada y además confundes los conceptos ya que estamos hablando de un caso de libro sobre método científico. El psiquiatra indica que ante los mismos síntomas habitualmente se considera enfermo al ateo y no al creyente, no por motivo médico ninguno sino simplemente por imposición cultural. Por mera lógica científica ambos deberían ser diagnosticados iguales: o bien enfermos o bien sanos, pero tanto dentro de la profesión médica como de la sociedad hay un consenso en adscribir un problema mental a alguien que va por ahí hablando con duendecillos verdes, así que aunque no te guste, dialogar con diosecillos verdes entraría dentro del mismo problema psiquiátrico y los profesionales que no están mediatizados por la religión así lo entienden, de hecho hasta hay estudios diagnosticando clínicamente a las grandes figuras religiosas:
    https://lacienciaysusdemonios.com/2016/04/20/una-introduccion-no-exhaustiva-al-estudio-cientifico-de-la-religion-v-un-profeta-nace-o-se-hace/

    El ejemplo que indicas con la mujer no es pertinente ya que entra dentro de la fisiología diferencial entre sexos y ahora sabemos que no es ningún problema sino una necesidad biológica básica de la reproducción humana, pero curiosamente durante muchos siglos a la mujer se la consideró enferma o impura por menstruar.

  9. 3 enero, 2017 en 12:43

    Genkigenki

    Nadie está diciendo que la creencia en si misma sea una enfermedad mental, sobre todo porque la inmensísima mayoría de los creyentes en realidad no creen de verdad lo que dice su religión, son simplemente creyentes sociológicos que encuentran un poco de consuelo frente a los imponderables de la vida y de la muerte. Porque si de verdad alguien cree que un ente omnisciente y todopoderoso sabe a ciencia cierta que se masturba o desea a la vecina del quinto y que eso le va a llevar indefectiblemente al infierno por toda la eternidad y aun así lo sigue haciendo, entonces no es que ese individuo esté loco es que es más tonto que una vaca.

    Respecto a tu afirmación de que “La religión es algo que hay que valorar cuando se evalúa un trastorno mental,…” considero que es errónea ya que como se comenta en la entrada es esa misma valoración externa la que lleva a un diagnóstico erróneo.

    Finalmente tu acusación de extralimitarme y buscar el sensacionalismo está fuera de lugar ya que tal y como digo en la entrada el choque entre psiquiatría y religión es un problema real, como lo atestigua el psiquiatra que ha escrito el artículo original.

  10. genkigenki
    3 enero, 2017 en 16:50

    ateo666666

    Por suerte o por desgracia hay mucha gente que cree en Dios o en dioses y en el dogma religioso que le corresponda a su cultura. Puedes llamarles tontos o lo que tú quieras, pero no vas a cambiar sus convicciones insultándoles.

    Cuando digo que las creencias religiosas son algo a valorar, no me refiero en ningun caso a la barbaridad que das por un hecho común (aunque lo cuente quien sea en Scientific American o donde sea) de diagnosticar o no a una persona de un trastorno, en función de sus creencias religiosas. Si un psiquiatra o un psicólogo hace eso es un mal profesional y no se deberia considerar su opinión como un enfrentamiento entre psiquiatría y religión, así en general. En todo caso será un problema entre ALGUNOS psiquiatras y ALGUNOS pacientes con determinadas creencias religiosas. El artículo de Scientific American pone un ejemplo extremo que no se debe tomar como la norma.

    Es cierto que los síntomas de una enfermedad mental tienen un componente social que siempre hay que valorar. Las personas somos seres sociales, y más allá, somos lo que también podriamos denominar como animal simbólico. Científicos como Hawking o Einstein, reconocen el carácter subjetivo de CUALQUIER interpretacion de la realidad. Lo que no significa que la religión sirva a la psiquiatría como excusa para justificar comportamientos perjudiciales para uno mismo o los otros. Que es dónde se debe marcar el limite entre enfermedad y salud. Y es lo que todo buen profesional hará. No lo marcará en la religión que profese el paciente o el doctor, como parece por el tono de tu artículo.

    Resumiendo, ¿la religión es una variable a valorar ante un posible trastorno mental? SÍ; ¿es la única variable y la más importante? NO.

    El tema es interesante y discutible, pero creo que lo has planteado desde una perspectiva muy despectiva con los profesionales de la psiquiatría, además basándote en una generalización que no es nada rigurosa.

  11. German
    3 enero, 2017 en 17:16

    No soy creyente, pero decir que la creencia en Dios es una enfermedad me parece equivocado.
    Hay esquizofrénicos con delirios místicos. Estos están enfermos, no les resulta muy fácil ser personas socialmente bien adaptadas. El creyente normal no tiene esos problemas, aunque tenga una ideología muy diferente a la nuestra. Un buen creyente no interfiere con el orden social y se adapta muy bien a él.
    Entonces los que mencionas tu son enfermos, y no por simplemente practicar una religión.

    Sí, estamos tentados a tratar de locos a los que creen que Jesús está presente en Cuerpo y Alma en un pedazo de pan sin levadura llamada Hostia. Pero lo que me sorprende es que esos “enfermos” pueden tener una vida totalmente normal fuera de su Fe.
    Este tema merece otra reflexión y no simplemente tratarlos como locos…. Me parece…

  12. 3 enero, 2017 en 17:32

    “En todo caso será un problema entre ALGUNOS psiquiatras y ALGUNOS pacientes con determinadas creencias religiosas.”

    Veo que sigues sin entender, el problemas es que “algunos” psiquiatras se ven influenciados por las creencias religiosas propias o extrañas y por tanto no hacen bien su trabajo.

    “El tema es interesante y discutible, pero creo que lo has planteado desde una perspectiva muy despectiva con los profesionales de la psiquiatría, además basándote en una generalización que no es nada rigurosa.”

    Primero yo únicamente he presentado el problema que un psiquiatra ha planteado. Segundo, si es despectivo denunciar que se está diagnosticando mal por motivos religiosos (aunque fueran pocos casos) pues entonces seré despectivo ¡que se le va a hacer! Y tercero y mucho más importante, el problema no es tan residual como tu argumentas desde el momento que hay cientos (miles o decenas de miles) de líderes religiosos, santones, profetas y similares sueltos por el mundo sin que ningún psiquiatra tome cartas en el asunto y lo que es peor, que estos pobres iluminados sigan siendo considerados ejemplos a seguir. ¿Tú te imaginas que sería posible que varios cientos o miles de individuos que conversan con elefantes rosas tuvieran el poder y el prestigio que tienen los que conversan con palomas siderales y similares y que ninguna asociación de psiquiatras en el mundo dijera nada al respecto como si el asunto no fuera con ellos? Me tendrás que reconocer que sería de lo más que extraño y casi impensable, y esa desidia sería portada de los medios de comunicación de medio mundo; sin embargo es lo que ocurre con los iluminados religiosos y aquí paz y después gloria. Pero si hasta se da el caso de psiquiatras que “ayudan” en exorcismos sin que se les quite la licencia:
    https://lacienciaysusdemonios.com/2014/11/04/el-psiquiatra-exorcista/

  13. 3 enero, 2017 en 17:49

    German

    Como he comentado en varias ocasiones hay que diferenciar entre los creyentes sociológicos que son la inmensísima mayoría de los que se denominan personas religiosas de los verdaderos creyentes que suelen escasear mucho. Los primeros rezan y nadie escucha sus plegarias y por supuesto tampoco nadie les responde, mientras que los segundos escuchan a su divinidad, es decir oyen voces inexistentes y eso es síntoma de un problema mental.

    Con respecto a tu frase de que

    “Hay esquizofrénicos con delirios místicos. Estos están enfermos, no les resulta muy fácil ser personas socialmente bien adaptadas.”

    no puedo estar más en desacuerdo. Históricamente e incluso a día de hoy en gran parte del mundo (incluido el civilizado Occidente) estos enfermos están tan bien adaptados que lideran a grupos más o menos numerosos de fieles, algunos de ellos formados por cientos o miles de millones de personas y hasta acaban pasando a los libros como grandes personajes de la Historia.

  14. 3 enero, 2017 en 17:53

    Hola:

    No tengo problemas con que la gente opine sobre su creencia y como la practica personalmente o con su grupo. Respeto ese derecho.

    Pero sí que estas ideologías obstaculicen el progreso científico o que provoquen males sociales, como la censura o el ninguneo para los que no creen.

    Saludos.

  15. Eugenio
    3 enero, 2017 en 20:41

    Un amigo me pregunta a menudo si somos gente normal, yo siempre le respondo. “¿qué es normal? ¿los que se ponen a gritar por la calle y ven telebasura? ¿de verdad quieres ser normal?”

  16. Eduardo Baldu
    3 enero, 2017 en 21:14

    El problema de la religión, al margen de lo expuesto en la entrada, es que impone una actitud “políticamente correcta” que obliga a un grado de respeto hacia el creyente, respeto que no tiene su equivalente en sentido opuesto.

    Resulta que se exige respeto para las afirmaciones, absurdas e irracionales, de los creyentes, y si te muestras racionalmente crítico con ellas, se te acusa de no respetar sus derechos. Pero no solo eso. Podemos tomar cualquier religión y observar cómo, desde sus posturas y dogmas intransigentes, pretenden imponer sus dogmas y normas morales.

    Un caso más que evidente es el de los católicos y su postura en temas como el divorcio, las políticas de control de natalidad, el aborto o el reconocimiento de la comunidad homosexual. Y recordemos que en todos los casos lo que se legisla es el reconocimiento de derechos que nadie impone ejercitar. ¿Dónde está su respeto ante quien piensa de forma distinta? Desaparecido en combate. Y estamos hablando de gente más o menos normal, es decir, no es preciso que “oigan voces” de amigos invisibles ni nada semejante.

    Pero si ellos no muestran ni el más mínimo respeto por quienes no comparten sus alucinadas creencias ¿Por qué motivo deberían gozar de un respeto que no merecen?

    Ese modelo de lo “políticamente correcto”, que da igual valor a cualquier discurso por absurdo que sea, es lo que potencia las actitudes autoritarias de los creyentes que pretenden imponer sus cánones, y que en casos extremos, como el del islam, acaban convirtiéndose en fuente de violencia, opresión y muerte.

    El que síntomas idénticos, como expone la entrada, sean valorados de distinta forma en función de sus connotaciones religiosas, es una consecuencia más de esa corrección política y de la equivalencia de valor de cualquier discurso (y la negación de criterios objetivos). En nombre de la libertad, se acaba cercenando la misma.

  17. Manuel
    4 enero, 2017 en 2:17

    Lamentablemente tanto la psiquiatria como la psicologia toma un puesto demasiado neutral en cuanto a la religió y en ocasiones aunque quiere tratar a un religioso por delirios o similares no se puede por la misma justicia (depende del pais y las circuntancias), pero incluso durante la carrera no se toca mucho el tema de la religión y menos referirce a ella como un transtorno, al final depende de las creencias (o no creencias) del profesional para diagnosticar

  18. Ronda
    5 enero, 2017 en 0:12

    La psiquiatría nunca ha curado a nadie, se de personas que estando con psiquiatras y diagnosticada de esquizofrenia, y con hospitalizadas mas de una vez, o dos veces, y se que dos de ellas, han acabado con el suicidio

  19. 5 enero, 2017 en 0:21

    Ronda

    Tampoco hay que pasarse al lado oscuro. La psiquiatría por su más corta trayectoria y la complejidad del órgano que estudia está mucho menos desarrollada que otras ramas de la Medicina, pero aún así sus avances en las últimas décadas han sido espectaculares.

  20. Ronda
    5 enero, 2017 en 0:48

    Cuando estaba en terapia, eran muchas las noches que tenía pesadillas interminables

    Creyendo que era todo psicológico, y al final, a mi no me mandaron ninguna medicación,

    Ya antes de ir, empece a tener una pesadilla co el díablo, sentí opresión en el pecho, y aún así, alguna noche que otra

    Después de una visita al sacerdote que lleva estos casos, sigo teniendo

  21. josehga
    5 enero, 2017 en 6:44

    Ronda.
    No entiendo por qué a la psiquiatría se le exigen unos resultados en el tratamiento de las enfermedades, que no se le exigen a otras ramas de la medicina. Por ejemplo, en oncología la mitad de los enfermos de cáncer morirán a consecuencia del cáncer, y se ve como algo normal, es más se ve un gran logro que la mitad de los pacientes de cáncer se curen. En cambio en psiquiatría el 40 % de pacientes de trastorno bipolar se suicidan, y esto se ve como una mala praxis médica o un fracaso de la psiquiatría. No entiendo la diferencia entre ambos casos. Ambas son enfermedades muy graves y no siempre se van a curar o controlar.
    Asimismo, se echa en cara a la psiquiatría que los fármacos que utiliza no curan las enfermedades, sino sólo las controlan de mejor o peor manera. Esto es lo mismo que pasa con la mayor parte de las enfermedades en la mayoría de las especialidades médicas.

  22. 5 enero, 2017 en 9:51

    Ronda

    La medicina (como cualquier otra rama de la ciencia) se basa en los grandes números y no en los casos particulares. Por ejemplo, hay infectados que no se curan cuando reciben antibióticos ¿significa eso que estos medicamentos no funcionan? No, por epidemiología sabemos que los antibióticos son muy efectivos, lo que pasa es que no tenemos antibióticos específicos contra todas las especies y cepas bacterianas. Y tal y como comenta Josehga con el caso del cáncer es algo que ocurre en prácticamente todas las especialidades médicas, puesto que a día de hoy no sabemos curar (y a lo peor es científicamente imposible) al 100% de los afectados por una determinada enfermedad.

    Ya sé que esto puede ser difícil de entender desde el punto de vista del paciente, pero el hecho de que tu medicación no esté funcionando no es argumento para caer en manos de la charlatanería supersticiosa y más que peligrosa de la religión.

  23. Ronda
    5 enero, 2017 en 20:21

    Es posible, las peleas entre psiquiatras y exorcistas?

  24. 5 enero, 2017 en 20:43

    No sólo es posible sino que lo que no entiendo como los colegios profesionales no han denunciado por intrusismo profesional y por poner en riesgo la salud y a veces la vida de los pacientes a estos chamanes del Medievo.

  25. 5 enero, 2017 en 21:50

    Parece que se debe a que la noción de las posesiones demoníacas y la actividad del exorcismo es común a muchas religiones en el mundo…la piedra de tope para la medicina en general y la psiquiatría en particular.

  26. 6 enero, 2017 en 21:07

    El creer en algo incorpóreo forma parte de nuestra evolución. Es intrínseco al ser humano.
    De lo contrario el 99% de la población mundial tendría respuestas esquizoides.
    Además, la satisfacción espiritual que genera una creencia religiosa proporciona un “golpe” de dopamina en el cerebro como otros placeres mundanos.
    Hace bien.

  27. 6 enero, 2017 en 23:21

    “El creer en algo incorpóreo forma parte de nuestra evolución. Es intrínseco al ser humano.”

    Aunque fuera cierto eso no significa que sea bueno o tolerable. Otros comportamientos como la guerra, el racismo o el sexismo también se han incluido numerosas veces dentro de la naturaleza humana y en las sociedades civilizadas al menos se intenta limitarlos o incluso perseguirlos.

    “Además, la satisfacción espiritual que genera una creencia religiosa proporciona un “golpe” de dopamina en el cerebro como otros placeres mundanos.”

    Aquí vuelves a simplificar en demasía. Yo no veo satisfacción alguna en esos creyentes mortificados por el constante escrutinio de su dios y siempre pendientes del filo del castigo eterno por haber deseado a la vecina o por no haber cumplido con alguno de los variadas y muchas veces absurdas obligaciones de su religión.

    “Hace bien”

    Eso díselo a las mujeres sojuzgadas, a los homosexuales perseguidos, a los ateos insultados, a los enfermos mentales exorcizados o directamente asesinados por brujería y al resto de personas que por no amoldarse a los cánones inventados por profetas dementes de toda época y condición han sufrido en toda época y desgraciadamente siguen sufriendo en la actualidad en el mundo.

  28. Abraham.
    9 enero, 2017 en 14:12

    La verdad es que no me ha quedado claro con tu exposición si el artículo de la Scientific American está denunciando o justificando que no se diagnostiquen esquizofrenias correctamente por motivo de la religión. Tampoco lo he leído.

    Lo que dije del sesgo de confirmación es que, a mí entender, el psiquiatra que diagnostica mal al esquizofrénico basándose en sus creencias -las del médico-, es porque lo que cuenta el paciente (que Jesús le habla) no contradice sus creencias y por tanto las da por buenas. Habrá que ver si cuando llegue un budista diciendo que Buda le habla, el psiquiatra sigue pensando que es normal, o sospechará de alucinaciones.

    Como decía Germán, más o menos, no es lo mismo creer que alucinar. La gente que cree que Dios se te puede revelar y hablarte, pero no llega a oír ninguna voz, no está enferma, tan sólo equivocada (al menos según los que no son creyentes). Y luego están los enfermos no peligrosos, que alguno habrá que a pesar de oír voces no vaya haciendo/se daño, digo yo.

    Lo que sí coincido completamente es que en una cuestión médica, las creencias no deberían ser tenidas en cuenta.

  29. Pastafari Renacido
    17 febrero, 2017 en 10:47

    Lo peor es que el cuento de Xenu no es más absurdo que el cuento de Jesucristo y que todos los demás cuentos religiosos que nos contaron. O sea, que en justicia no podemos rasgarnos las vestiduras con Xenu y sus alegres compañeros cuando a diario hay gente que cree que el vino se convierte en sangre porque alguien hace unos pases mágicos… Y en cuanto a expoliar al Estado, que se lo digan a la ICAR.

    Dicho lo anterior, estoy de acuerdo totalmente con lo expresado en al artículo. No creo que la psiquiatría sea una pseudo ciencia como ha dicho alguno, pero sí que, como casi todo, arrastra aún el lastre de la creencia religiosa.

    Es que una creencia religiosa profunda, “verdadera” como dicen ellos, no se distingue de una enfermedad mental que puede ser más o menos grave, pero que siempre afecta a la vida del que la padece y a la de su familia más cercana:

    A genkigenki y los que piensan como él, les ruego que me digan si una creencia religiosa que lleva a alguien a meterse en un convento de clausura durante toda su vida, a autoimponerse cilicios, ayunos y abstinencias o a maldecir a un hijo por ser gay, etc. etc. se diferencia en algo de una grave patología psiquiátrica que produzca un comportamiento irracional y sociópata.

    El problema, como bien señala el artículo, es que hay multitud de alteraciones graves del comportamiento que, si se justifican con la fe religiosa, pasan a ser revestidas de una como “dignidad” especial, cuando, si son simplemente “laicas”, nadie duda en calificarlas de enfermedad mental.

    Por ejemplo, si yo, ateo, hiciera como un fraile trapense, es decir, cavara mi propia tumba y me pasara todas las mañanas un buen rato delante de ella como dicen que hacen, o llevara un voto de silencio estricto con todo el mundo (me negara a hablar con la gente, vaya) o me pusiera cilicios como los del Opus (lean ustedes lo que dice Escrivá de Balaguer sobre el dolor, digno del Divino Marqués)…

    Es decir si esas cosas las hiciera siendo yo ateo ¿No me diagnosticarían una enfermedad mental? pero si digo que lo hago por amor a Dios, entonces esa demencia se “ennoblece” y soy un tipo ejemplar… Algo huele a podrido.

  30. 20 mayo, 2017 en 11:20

    Religiosidad y enfermedad mental: otro eslabón más de la cadena: http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2017/05/religiosidad-y-enfermedad-mental-otro.html

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