Inicio > Actualidad, Biología evolutiva, Ciencia, Ciencias Sociales > Justicia, empatía, altruismo ¿atributos humanos? Pues va a ser que no

Justicia, empatía, altruismo ¿atributos humanos? Pues va a ser que no


att00007Durante milenios legiones de filósofos y pensadores de múltiples escuelas, junto con teólogos de las más variadas religiones han colocado al hombre en la cúspide de la vida por poseer supuestamente en exclusiva “altos valores” como la empatía, el altruismo o el sentido de la justicia. Sin embargo, décadas de estudio con unos más que humildes roedores o pequeños monitos han mostrado que estas nobles características, que tan alegremente nos arrogamos los sapiens, están más que distribuidas en todo el reino animal.

El hecho de que muchas especies de vertebrados puedan percibir lo que otro congénere puede sentir y actuar en consecuencia para minimizar su daño o sufrimiento es un caso más que conocido en ciencia. Así en el ya lejano año de 1962 unos investigadores estadounidenses realizaron un sencillo experimento con ratas: colgaron de un arnés a un roedor que chillaba o un bloque de espuma de poliestireno, ambos arneses se encontraban en el campo visual de un segundo animal que tenía la posibilidad (pulsando una palanca) de hacer bajar a la rata estresada o al trozo de plástico. El resultado fue que los animales bajaron con mayor frecuencia al congénere que al trozo de plástico.

Décadas después se han realizado estudios más sofisticados en los que además de poner a prueba la empatía de los animales también se testaba a la vez su altruismo. En un primer experimento unos investigadores inmovilizaron a una rata dentro de un pequeño tubo de plástico transparente. Después se introducía en la jaula un segundo animal que rápidamente aprendía a pulsar una palanca que liberaba al roedor prisionero. Estos animales eran capaces de liberar a las otras ratas prisioneras aun cuando estas primeras pasaran a otra jaula directamente sin tener contacto alguno con sus salvadores. En cambio, cuando el tubo estaba vacío o había un objeto que se asemejaba superficialmente a otra rata, los roedores ociosos rara vez pulsaban la salvadora palanca.

Este experimento parecía indicar que la empatía y el altruismo, lejos de ser fenómenos culturales exclusivos del ser humano, tienen un fuerte componente genético. Además, los mismos investigadores quisieron analizar posteriormente si este altruismo podía desaparecer cuando entraban en juego los intereses del animal sujeto a experimentación. Así, los científicos colocaron dos tubos adyacentes, ambos podían ser abiertos con su respectiva palanca, uno de ellos contenía una rata cautiva y el otro varios pedazos de chocolate, sustancia que parece encantar a estos roedores. En este caso las ratas también liberaban a sus congéneres y sorprendentemente en algo más de la mitad de los casos, en lugar de comerse primero la golosina y luego liberar a su compañero, abrían las dos puertas más o menos a la vez y entonces el libertador (en lo que cualquier humano mínimamente sensible podría considerar un gesto de noble altruismo) hasta compartía con el animal recién redimido las preciadas y dulces porciones.

En un estudio del mismo grupo anterior publicado un par de años después se observó la existencia de los mismos sesgos de filiación y si se me permite hasta de racismo que tenemos los sapiens. Así en nuevos experimentos  se volvió a usar ratas rattieswhiteandspotted-300x183encerradas y ratas libertadoras, sólo que ahora en lugar de ser dos miembros de la misma cepa, un roedor era blanco y el otro manchado. En este caso la rata que estaba libre no liberaba nunca a la enjaulada. Sin embargo si un animal de pelaje blanco se criaba con otros de aspecto manchado, ahora esta rata blanca liberaba siempre a roedores manchados (aunque fueran desconocidos) y en cambio nunca redimía a animales blancos de su prisión. Es decir, las ratas elegían ayudar a aquellos otros animales con los que estaban familiarizados y con los que habían tenido una experiencia social positiva en el pasado, casi como un ejemplo de libro sobre la naturaleza de los prejuicios humanos.

Y ya finalmente, en un estudio mucho más reciente otro grupo de investigadores ha analizado la naturaleza de esta ayuda con un experimento un poco diferente a los anteriores. Se introduce un animal en una mitad de una jaula que contiene agua, como a las ratas de laboratorio el líquido elemento no les gusta mucho el animal se estresa rápidamente y chilla. Si se coloca a un segundo animal en la otra mitad de la jaula que está seca este abrirá el portón liberando a su congénere mojado tal y como se muestra en el siguiente video.

Sin embargo si la primera rata era depositada en la parte izquierda de la jaula sin contener agua, el segundo animal nunca abría el portón de acceso entre los dos compartimentos. Además, animales que habían sido previamente mojados eran mucho más rápidos y eficaces a la hora de descubrir el mecanismo de apertura de la puerta si el otro roedor se encontraba mojado y chillando. Ello sugiere que las ratas estaban más motivadas para ayudar en base a su empatía y a su propia comprensión del sufrimiento del otro animal.

Por supuesto este tipo de experimentos tienen sus detractores, que argumentan que todo este comportamiento animal puede ser debido, no a empatía o altruismo, sino a que los chillidos de los animales estresados molestan a las otras ratas, que simplemente “ayudan” para no tener que seguir aguantando sus molestas quejas, algo así como apagar el ruido del televisor cuando no nos interesa el programa. Claro que si nos ponemos exquisitos a la hora de juzgar las intenciones de los animales, bien podríamos juzgar de la misma manera los comportamientos humanos porque analizando fríamente la cuestión, cuando damos una limosna a un mendigo en la calle ¿todos los humanos lo hacemos por pura empatía o simplemente porque su visión nos hace sentirnos mal y con un par de monedas se apaga ese molesto “ruido” de nuestra conciencia y así podemos seguir nuestro camino sintiéndonos mejor?

Y si en el caso de la empatía y el altruismo los roedores han puesto el listón muy alto ¿qué pasa con el sentido de la justicia?¿es una característica humana exclusiva que nos eleva por encima del resto de animales u otras especies tienen también programado en su comportamiento el sentido de la equidad? Pues aunque a muchos les pueda sorprender, el concepto de igualdad que santificó la Revolución Francesa en su famosa proclama de tres palabras está codificado en los genes de los primates desde hace millones de años.

Los capuchinos son unos pequeños primates sudamericanos que han demostrado que tienen más que claro el concepto de justicia e igualdad. En un más que llamativo experimento publicado hace algunos años en la prestigiosa revista Nature dos de estos mono-capuchinosimpáticos monitos, que se encontraban en jaulas adyacentes y podían observarse entre sí, fueron adiestrados para entregar una piedra al experimentador y a cambio recibían como premio un rodaja de pepino, fruta que les gusta bastante a estos inteligentes monos. Todo fue orden, armonía y felicidad animal mientras el experimentador cumplía estrictamente su parte del trato: rodaja de pepino a cambio de piedra. Pero después de un tiempo, cuando el experimentador recibió una nueva piedra decidió recompensar al peludo afortunado con una uva, una fruta mucho más dulce que el pepino y que les encanta especialmente a estos pequeños animales (inciso, como a todos los primates, humanos incluidos, que nos pirran los alimentos azucarados como desgraciadamente muy bien conocen y explotan hasta la saciedad todas las multinacionales de la alimentación industrial, ya que incluyen una más que excesiva cantidad de este alimento en todos sus productos casi, casi hasta rebosar). Sin embargo, cuando el segundo monito dio su piedra al humano, este tuvo la desfachatez de “recompensarle” como siempre con otro trozo de pepino. ¿Y cuál fue la respuesta de nuestro pequeño protagonista?

Pues como se puede observar en el siguiente video, este segundo mono (que hasta ese momento había estado más que satisfecho con sus rodajas de pepino) detectó una injusticia manifiesta y un trato de favor más que ofensivo hacia su peludo compañero y, lejos de darse por satisfecho con la ya ahora más que insípida rodaja de pepino, primero mira incrédulo el “regalo”, para después enfurecerse (de la manera más justificada por cierto) y lanzar la famosa rodaja de la discordia al más que injusto humano y ponerse a continuación a chillar y a golpear la jaula.

En resumen, que sesudos y más que densos tratados filosófico-teológicos de toda época refutados por unos pequeños y humildes mamíferos peludos.

Entradas relacionadas:

 


  1. Pocosé
    14 febrero, 2017 en 7:58

    No es fácil aceptar que solo somos uno más de los innumerables productos del empecinamiento de unas cuantas moleculas en replicarse sin poder hacerlo siempre con total perfección.
    Que la mera contingencia de que en algún momento un grupo de antecesores nuestros adquiriera una gran dependencia de alguna tipo de herramienta pudo desencadenar un proceso evolutivo multinivel, donde tecnología, sociedad e individuos coevolucionaran hasta llegar al “Homo tecnotribalis supersticiosus” del Neolítico, que es lo que seguimos siendo.
    Solo comprendiendo y aceptando lo que en realidad somos sera posible, al menos, decidir lo que no queremos llegar a ser.
    De momento tenemos demasiadas papeletas para quedar en el Registro Fósil como: “Homo exterminatorus suicidium”

  2. Daniel
    14 febrero, 2017 en 9:10

    Hasta los monos entienden las injusticias mientras nosotros seguimos con un sistema neoliberal de lo más injusto y con la gente aceptándolo.

  3. 14 febrero, 2017 en 11:39

    Yo ya habia visto el video de los monos. Siempre digo que creere que tienen sentido de justicia e igualdad cuando el mono que recibe uvas las comparta con el que recibe pepino. Yo creo que es condicion indispensable para tener sentido de igualdad y justicia ser capaz de ponerse en la posición de otro. En lo que si estoy de acuerdo es en que ciertos humanos tienen el mismo sentido de la justicia e igualdad… para mí si, pero no me importa para los demas y si hay problemas que lo solucionen otros.

  4. pepe
    14 febrero, 2017 en 13:14

    Seguramente el altruismo tiene una base genética en estos animales. Aquellos animales que benefician a otro seguramente están beneficiando a alguien emparentado que lleva en gran medida tus mismos genes; por eso esos genes se van propagando con la evolución.

    Y quizás en los humanos, también. Estamos, seguramente, en alguna medida “programados” para ser altruistas.

    No es que yo quiera quitar mérito a los animales ni a las personas…

    Pero también es verdad que los humanos nos damos cuenta de ello y reforzamos éticamente estas actividades. Del mismo modo que estamos programados para ser agresivos pero reprobamos éticamente estas actividades.

  5. nestor
    14 febrero, 2017 en 14:58

    Como era la frase que Shakespeare pone en Ricardo III, .”.hasta la bestia mas feroz siente
    compasión, yo hombre……….”

  6. gabrielcazorla
    14 febrero, 2017 en 16:07

    Creo que esto no hace más que confirmar que aquello que llamamos moral no es más que una justificación racional de aquello que ya hacemos por razones biológicas, puesto que no somos más que nuestro cerebro, por más que uno se empeñe en poner al hombre en la jerarquía de la capacidad de raciocinio. Seguramente los sentimientos de altruismo y empatía entre individuos de la misma especie esté favorecida por la evolución, y nótese que utilizo la palabra sentimiento o emoción y no razón o naturaleza, como muchos filósofos y teólogos han usado para justificar nuestro comportamiento, porque el hombre (y todos los animales) es emocional por encima de lo racional. Esto me recuerda el ya harto conocido experimento mental del tren y la palanca, en la que un individuo ha de elegir entre salvar cinco vidas o solo una y, mientras que la mayor parte de las personas afirma que accionaría la palanca, todo el tejido moral se desbarata cuando en idénticas condiciones se cambia la palanca por empujar a una persona o, más bruto todavía, matar a una persona para salvar a las otras cinco con sus órganos. Un psicópata hace 5-1=4 y no siente remordimiento o culpa por sus actos, pero nosotros lo tenemos más difícil. He ahí, en mi opinión, la imposibilidad de crear un marco filosófico que aborde todos los casos.

    Esto me hace pensar que todo intento de elevar al hombre por encima de lo que le rodea es caer otra vez en la misma falacia, cosa que cometemos constantemente: creer que los animales no sienten como nosotros sentimos, creer en entidades superiores que den fin a nuestras vidas, creer en algo que trasciende lo material que llamamos alma, creer en el libre albedrío (aunque trascienda por completo a la física y no pueda ser explicada por esta), creer que la tierra gira alrededor del sol (y en pleno siglo XXI)… La lista es interminable

  7. congreve
    14 febrero, 2017 en 22:10

    Fuera de los laboratorios, no creo que seamos pocos los que alguna vez presenciamos casos de animales (perros en mi caso) dispuestos a darle una pata a otro que está en apuros, aunque sea de otra especie. Sobre eso hay simpáticos videos en youtube, como este

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: