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Las elecciones presidenciales estadounidenses del 2020 las ganará Facebook (si no lo ha hecho ya en 2016)


franchise-asimovLas grandes compañías de internet llevan años recopilando datos y más datos cada vez más precisos de todo ser humano que navega por la red o visita las redes sociales. Y la información que los usuarios del ciberespacio vamos dejando es cada día más completa: nuestros gustos, aficiones, pensamientos, opiniones (religiosas, políticas o sobre cualquier otro aspecto social) y todo a tiempo real, información que no sólo vale su peso en oro para cualquier compañía de marketing, sino que puede llevarnos a ceder nuestros derechos políticos a algoritmos que después pueden ser subastados al mejor postor y con ello conducir o alterar el resultado de las elecciones mismas, base del actual sistema democrático occidental.

Todos los días del año, los cibernautas vamos dejando en la red abundantes rastros a tiempo real de nuestra personalidad, gustos y opiniones cada vez que visitamos una página web, cada vez que escribimos un comentario, cada vez que emitimos una opinión en un chat o incluso cada vez que le damos al famoso botoncito del “Me gusta” de Facebook. Porque los servidores de Google o de las restantes multinacionales de la nueva tecnología van almacenando, de manera constante e infatigable en una gigantesca biblioteca cibernética que ya va camino de los Exabytes, todo aquello que hacemos y decimos en la red como bien sabe cualquiera que haya sido preguntado, insultado o hasta perseguido judicialmente (como ocurre en España) por un viejo comentario que no recordaba haber hecho sobre una noticia de un periódico digital o un ya más que olvidado “tweet” fruto de un calentón momentáneo o de una noche de juerga o borrachera; porque la red nunca olvida y todo lo que se dice o se hace queda para la posteridad como si estuviera grabado en la estela de basalto del más que famoso e imperecedero Código de Hammurabi.

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Y la prueba del inmenso conocimiento (y por tanto de poder) que están acumulando estas megacorporaciones cibernéticas puede resumirse en un artículo científico publicado en la prestigiosa revista PNAS hace un par de años (Inciso: al vertiginoso paso al que se desarrolla el área de la minería de datos social, puede que la antigüedad relativa de este artículo esté ya a la altura del famoso tratado de “El Origen de la Especies” darwiniano en el campo de la Biología). Los autores, un grupo interdisciplinar de psicólogos y expertos en computación anglosajones, consiguieron que más de 86.000 personas con cuenta en Facebook completaran un cuestionario de personalidad compuesto por 100 preguntas. Después generaron un algoritmo parafb-boton predecir la personalidad de los sujetos utilizando únicamente los clicks de “Me gusta” que habían realizado los sujetos de la red social en las diferentes páginas web, imágenes y vídeos que permiten esta interacción del cibernauta. Y luego compararon con lo que opinaban compañeros de trabajo, amigos, familiares y cónyuges sobre el sujeto en cuestión respecto a sus respuestas previas sobre personalidad y gustos. Y el resultado no puede ser más inquietante porque el programa informático tan sólo necesitó analizar 10 “Me gusta” para superar las predicciones de los compañeros de trabajo. Sin embargo el algoritmo tuvo que analizar 70 clicks para superar el juicio de los amigos, unos 150 “likes” para hacerlo mejor que las predicciones de los familiares y 300 “Me gusta” para superar a los cónyuges. Teniendo en cuenta que cualquier usuario de esta red social puede haber dado al famoso botoncito cientos o miles de veces en un año, este estudio indica que Facebook puede predecir las opiniones y deseos de más de 1.800 millones de personas mejor que sus propios cónyuges.

¡Vamos, que nadie nos conocería mejor que esta empresa! De hecho, el algoritmo definía a las personas mejor que ellos mismos ya que los investigadores también habían pedido a los propios sujetos que se autodefinieran previamente. Y cuando los autores del estudio compararon la autoevaluación de los encuestados con la predicción del algoritmo teniendo como modelo las 100 preguntas que habían rellenado los sujetos del estudio encontraron que el modelo informático fue más preciso que la propia autoevaluación de los individuos en 4 de las 13 categorías analizadas, entre ellas la más que importante cuestión respecto al nivel personal de uso (o abuso) de drogas. Así que en el fondo, y para evitar el siempre problemático autoengaño humano respecto a importantes temas personales, los autores del estudio indican que en un futuro más o menos próximo, cuando este tipo de algoritmos hayan avanzado un poco más

Las personas podrían abandonar sus propios juicios psicológicos y confiar en los ordenadores cuando tengan que tomar decisiones importantes de su vida, como elegir actividades, carreras profesionales o incluso parejas románticas. Es posible que tales decisiones guiadas por los datos mejoren la vida de las personas.

Y si este tipo de minería de datos psicológica está ya tan avanzada, entonces a nadie se le puede escapar las profundas implicaciones políticas que podría tener su uso privilegiado. Por ejemplo en un país como los EEUU, en donde por su peculiar sistema electoral todos los delegados de un estado elegidos para el Colegio Electoral se los lleva el ganador aún cuando haya sido por un único voto de diferencia, el saber las tendencias políticas y el grado de movilización de los votantes de los diferentes estados o incluso ciudades a tiempo casi real, valdrá su peso en diamantes. Imaginemos la campaña presidencial de 2020. Un candidato compra la exclusividad de uso del algoritmo mejorado de Facebook y el análisis de los datos indica con exactitud cuales son los estados en donde la diferencia es más ajustada y en donde movilizar a unos pocos miles de votantes indecisos de ciertos condados puede dar la victoria a uno u otro candidato. Además el algoritmo no sólo identifica a los individuos en cuestión, sino también el grado de indecisión, junto con sus perfiles socioeconómicos y el resto de ingente información personal que han ido dejando en la red. El equipo de campaña solo tiene que ir recogiendo los rastros y diseñar una publicidad casi personalizada para que esos pocos miles de indecisos clave se sientan por unos díasel centro del universo oyendo todo lo que quieren oír en boca de uno de los candidatos que más bien parece leerles el pensamiento en cada declaración o mitín de campaña, mientras que su rival sigue utilizando las más que rudimentarias herramientas de sondeos y similares. Sería algo así como hacer competir a dos neurocirujanos para ver quien extrae antes y mejor un minúsculo tumor cerebral de dos pacientes: mientras uno de ellos opera con un láser quirúrgico asistido por un microscopio de precisión, el otro tiene que conformarse con una punta de sílex y una lupa de filatélico. ¿Apostaría alguien sobre quien sería el ganador? O a lo peor esto no es ciencia ficción que se hará realidad pasado mañana, si no que ya ha sucedido realmente hace unos meses con el más que incalificable Mr. Trump, digo Sr. Presidente del Imperio.

 

P.D.

Entrada especialmente dedicada al más que genial Isaac Asimov que, allá por el ya lejano 1955, supo novelar como nadie en su breve pero más que acertado relato “Sufragio Universal” el poder de la computación y su aplicación a la psicología predictiva.

 

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  1. Daniel
    22 febrero, 2017 en 8:19

    De hecho ya hace algo parecido con sus experimentos:
    https://www.theguardian.com/technology/2014/oct/02/facebook-sorry-secret-psychological-experiment-users
    http://www.nature.com/news/facebook-experiment-boosts-us-voter-turnout-1.11401
    Sería tan sencillo para Facebook como dirigir esos mensajes que promuevan la participación en las elecciones a aquellos usuarios más afines a uno de los partidos según el análisis que se haga de los usuarios consiguiendo los votos suficientes para ganar en los estados cambiantes como Florida asegurando la victoria, si es que no lo ha hecho ya.

  2. 22 febrero, 2017 en 8:46

    Sí Daniel el siguiente paso será motivar o desmotivar a grupos seleccionados específicamente. Al final todo este nuevo campo destruye las bases del sistema democrático occidental y confirma lo que la neurología y la psicología llevan ya décadas diciendo: que el libre albedrío es sólo una ilusión de nuestra propia consciencia.

  3. 22 febrero, 2017 en 9:18

    Entiendo que al final el tema se queda en usar una publicidad lo más personalizada posible para cada individuo o grupo, basado en el rastro que haya dejado en la web, usado con fines bestias, como para decantar un candidato u otro en unas elecciones nacionales.
    Es como los pop-ups personalizados de tu navegador en base a tu historial, para substituir sondeos y facilitar la manipulación política. Quizás si en la época política de Jordi Pujol hubiera existido Facebook, nunca hubiera interrumpido el concierto de los Chunguitos para hacer campaña, como se le ocurrió hacer.
    Aunque el tema tiene miga, creo que el uso estadístico a gran escala para hacer campaña es complicado, entiendo que ahora se tenderá a simplificar la estadística para hacer campaña, y si al final se tiene una gráfica, de un estado, por ejemplo con multitud de porcentajes en base a incontables datos relevantes a cada ciudadano, a ver cómo se consensúa eso para hacer un discurso; y un “buzoneo” o trato personalizado a cada individuo lo veo imposible de realizar; siempre trabajando con grupos amplios de persona, con lo que la manipulación tan personal se va difuminando. Supongo que se hilará más fino, pero a mi cansado cerebro le cuesta entender una mejora significativa de lo que ya hay; hablando desde el desconocimiento pienso que el uso de las herramientas políticas de toda la vida, las falacias lógias, mentiras inteligentes, apelar a la emotividad, apoyo de famosos, victimismo, etc…van a seguir siendo herramientas más poderosas.
    De todas maneras, dejando de lado la política, si la publicidad se va haciendo más personalizada y más eficaz, entiendo que el arma contra la misma y no dejarse engañar ni manipular es conocer cómo funcionan los mecanismos publicitarios y el sentido común.

  4. 22 febrero, 2017 en 9:51

    MUY buen artículo… y muy inquietante!!
    Saludos.

  5. 22 febrero, 2017 en 10:13

    Maese Toropos

    Es mucho más que publicidad personalizada. Esas bases de datos (que no lo olvidemos son privadas y no están sujetas a ninguna legislación de ningún país del mundo, y por tanto a ningún control) tienen almacenadas las opiniones políticas, religiosas y de todo tipo de millones de individuos perfectamente identificados con nombre y apellidos, número de teléfono, lugar de residencia, tipo de trabajo, quienes son sus familiares y amigos, etc. Es decir tienen información muy sensible como es la ideología a dos niveles. Primero de cada ciudadano en particular y en segundo lugar de cada colectivo: los maestros de Alabama, los judíos de Nueva York que trabajan en Wall Street frente a los que viven en California y pertenecen al mundo del espectáculo, etc., etc., etc. Es decir, el sueño del Gran Hermano orwelliano hecho realidad y encima sin necesidad de tener a miles de agentes de la Stasi controlando nuestras vidas puesto que se lo hemos dado gratis, algo parecido al viejo refrán de “sarna con gusto no pica” pero al final muy probablemente siguiendo el dicho nos va a mortificar pero que muy mucho.

    Y lo increíble es que mientras por ejemplo en EEUU millones de personas se niegan a tener un DNI en nombre de esa tan sacrosanta “libertad” norteamericana, luego han dado hasta la talla de su ropa interior a empresas que nadie sabe que están haciendo con esa información. Por ejemplo si Putin o Trump compran al contado esa información a estas corporaciones ¿los ciudadanos rusos o los inmigrantes de EEUU podrán dormir tranquilos?

  6. 22 febrero, 2017 en 12:32

    Ateo66666

    Entiendo lo que quieres decir. En mi comentario, yo me circunscribía al tráfico y gestión de datos recopilados en el uso de internet para influenciar a las personas en campañas electorales. En ese sentido, dije y mantengo que no veo tan claro que esa información pueda ser tan determinante para unos resultados de unas elecciones, si bien, útil, obviamente es: cuanto mejor conozcas cómo son tus votantes, aunque sea de forma generalizada, mucho mejor para saber tratar con ellos e ir acumulando apoyo.

    Ya en el tema del peligro de que tengan tanta información recopilada de cada uno de nosotros, entiendo que las leyes de protecciones de datos que existen en cada país sirven de poco o nada, ya que internet es apátrida y es imposible de controlar, a no ser que se haga un “Corea del Norte”, se restrinja el acceso a una intranet y se le pongan puertas al campo. Debe haber una información ingente de los usuarios, que no solo se monitorea automáticamente, un conocido mío trabajó en Google haciendo estadística del uso y búsquedas.

    La información es poder, y la información en manos de según quien la tenga puede significar lo peor para el perjudicado. Me viene a la mente la Cienciología, que recaba información de sus sectarios mediante las adutorias, hasta lo más íntimo, con el fin de controlarles y de usarla en su contra en caso de “rebelión”. El tema preocupa, sí, hasta asusta, pero también creo que no es algo totalmente nuevo, se supone que la NSA, y corrígeme por favor si me equivoco, lleva muchos años haciendo escuchas y recopilando información de millones de personas, aunque no es una empresa privada sino gubernamental de EEUU, aunque eso no es algo que me tranquilice tampoco.

    La única solución que se me ocurre, obviando lo que ya está recopilado de todos nosotros, es ser impermeable, o lo más impermeable posible: dejar de usar, fuera del trabajo, las telecomunicaciones, ni internet, ni móvil, algo que no creo que nadie esté dispuesto a hacer, ni que en una cantidad ingente de casos sea posible. Cono de aluminio en la cabeza y a seguir adelante.

    Aprovecho para felicitarte por tu blog, que también sigo, y me gusta mucho.

  7. Daniel
    22 febrero, 2017 en 14:02

    Y también hay que puntualizar que esos experimentos de Facebook es lo que ha revelado públicamente, a saber que cosas ya habrán hecho sin que lo sepamos

  8. nestor
    22 febrero, 2017 en 14:18

    Muy buen artículo y se podrá manejar cada vez mas al supuesto ciudadano(un objeto mas que
    solo consume)pues las políticas educativas en el mundo tienden a favorecer el efecto que los dueños de los algoritmos pretenden.

  9. borigirl
    22 febrero, 2017 en 15:31

    Cada vez estoy pensando mas y mas si cancelar mis cuentas sociales. Pero como dices son tan entretenidas y cool y hasta muy informativas que es como una sarna que no pica todavía. Que dilema 😦

  10. Eduardo Baldu
    23 febrero, 2017 en 12:03

    El problema es mucho más complejo aún. El hecho que mis formas de pensar, mi ideología pueda ser conocida tendría una importancia relativa si esta fuera consecuencia de un proceso de razonamiento lógico. El problema de fondo es que no es así, mucha gente (creo que desgraciadamente la mayoría) opta en sus elecciones políticas por factores más bien anecdóticos. A título de ejemplo, y dejando al margen el elemento de la corrupción que afecta a tantos y tantos políticos, el voto se suele decidir más por ideas preconcebidas y no analizadas, a las que añadimos las simpatías y antipatías que hacia los candidatos tengamos ¿Cuántos hacen un análisis de los planteamientos políticos, sociales y económicos que cada opción política plantea? ¿Cuántos valoran la trayectoria política de los candidatos y, por tanto su fiabilidad, antes de decidir su opción? ¿Cuántos hacen una previsión de las consecuencias que puedan representar para el futuro los modelos políticos defendidos por las distintas organizaciones (y no me estoy refiriendo a la vanas promesas electorales)? Creo que el porcentaje que sí tiene en cuenta estos criterios es muy escaso. Es lo que puede denominarse consecuencias de la incultura política dominante y falta de racionalidad.
    Es totalmente cierto que nuestra interacción en las redes sociales y medios de comunicación abiertos nos expones a la posibilidad de manipulación en un grado elevado. Pero también, si somos conscientes de esa realidad, puede ser una forma de defensa ante esas manipulaciones.
    A título de ejemplo, cada vez con mayor frecuencia circulan informaciones (desde hechos o noticias claramente falsificadas, hasta chistes y gracias, pasando por medias verdades) tendentes a fomentar el racismo, precisamente en una época en que este se ve alentado por las repetidas crisis económicas y humanitarias. Todas esas publicaciones, incluidos aquellos supuestos “chistes inocentes”, que fomentan actitudes racistas, no son en absoluto inocuos. Ponerlos en evidencia, tener una actitud crítica frente a ellos, evidencia nuestra forma de pensar, pero también sirve para que otras personas (que quizás no se han planteado en ningún momento las intenciones ocultas de quienes los ponen en circulación) se cuestionen la idoneidad de los mismos.
    Lo que pretendo decir es que no es tan importante lo que sepan de nosotros y como lo utilicen, sino que seamos capaces de un análisis crítico de toda la información que nos llega, de toda la publicidad (especialmente la política), de esa manipulación contante (que tampoco es nueva) a la que estamos sometidos. Otra cosa muy distinta es la enorme dificultad de tal objetivo.

  11. 25 febrero, 2017 en 19:35

    Reblogueó esto en Jaov18's Blog.

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