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Guerra de alta tecnología en el reino animal


Es de sobra conocido que los murciélagos han desarrollado un sofisticado sistema de ecolocalización que les permite cazar a sus presas en total oscuridad. Sin embargo, en la siempre sorprendente carrera armamentística entre depredadores y presas, algunas de estas últimas han desarrollado a sus vez extraordinarias contramedidas “tecnológicas”.

En uno de los procesos más llamativos de evolución convergente de la Naturaleza, diferentes especies del reino animal han desarrollado el mecanismo de ecolocalización. Así mamíferos como el cachalote, el delfín o los murciélagos, junto con aves como el guácharo, las salanganas  y los vencejos son capaces de orientarse o cazar en la oscuridad mediante la emisión de sonidos de alta frecuencia que rebotan al encontrar un obstáculo. El animal interpreta la distancia hasta los objetos midiendo el tiempo de retardo entre la señal que ha emitido y la que recibe.

En el caso de los murciélagos, los ultrasonidos generados en la laringe llegan rebotados con minúsculas diferencias de intensidad, tiempo y frecuencia a cada uno de los dos oídos del animal dependiendo de la posición del objeto con el que ha impactado la onda sonora, permitiendo al animal deducir distancia, ubicación y tamaño del objeto detectado.

Sin embargo no todas las presas están indefensas ante esta avanzada “tecnología”. Algunas polillas han desarrollado sofisticadas contramedidas que les permiten detectar de manera inmediata el ultrasonido emitido y así evadirse rápidamente. Otras han ido un poco más allá, ya que incluso son capaces de enmascarar la onda sonora del murciélago con sus propias emisiones de ultrasonidos para poder hacerse así invisibles al “sonar” del depredador.

En resumen, toda una evolucionada carrera armamentística digna de un enfrentamiento entre superpotencias de la Guerra Fría, pero desarrollada por unos pequeños animales millones de años antes de que los siempre presuntuosos sapiens inventaran no sólo la electrónica sino la simple rueda.

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  1. Kamu Syldeck
    26 julio, 2017 en 21:04

    Hola:

    Medidas y contramedidas.

    El sonar de los depredadores sometió a una presión selectiva a sus presas, de tal modo que éstas últimas, que ya presentaban en forma aleatoria variaciones en su genética, tuvieron en algunos miembros la oportunidad de incrementar sus probabilidades de supervivencia y reproducción gracias a su particular mutación, que sólo dada las particulares condiciones ambientales, resultó beneficiosa.

    Y esa característica puede terminar siendo propia de toda la especie presa.

    En tal caso, ya nos vendrán estos depredadores con otro “refinamiento tecnológico”. Así es como las especies se han vuelto complejas con el tiempo.

    Saludos.

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