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La medicina alternativa mata de verdad a los pacientes oncológicos


 

Hand drawing scale with Western versus alternative medicine.

Los ciudadanos occidentales, en un mundo donde la higiene, las vacunas, los antibióticos, la cirugía avanzada, los tratamientos oncológicos y la más que diversa panoplia de técnicas médicas que aparecen casi a diario, han desarrollado (con razón) la idea de que las enfermedades, aunque no han desaparecido del todo, son muchas veces sólo pequeñas molestias casi sin importancia. Y entonces, cuando la sensación de alerta médica disminuye o desaparece, algunos occidentales tienden a olvidar quienes son los verdaderos responsables de esos logros y se abonan a las más disparatadas pseudomedicinas porque total, el peligro es casi inexistente. Sin embargo, cuando aparece una enfermedad grave, de esas que ponen en verdadero riesgo la vida de las personas, es necesario recordar que sólo la vieja medicina científica ha demostrado verdadera capacidad de curación y que las mal llamadas “medicinas” alternativas solo pueden llevar a una muerte segura.

Aunque para cualquier persona mínimamente racional es más que evidente que intentar curar una enfermedad grave con cualquiera de las mal llamadas “medicinas” alternativas es sólo un desastre que únicamente lleva al suicidio más absurdo, ello no impide que muchas personas del siempre autocomplaciente mundo occidental se hayan abonado a la creencia de que el agua azucarada, el alineamiento de las energías místicas del cuerpo o del Universo o cualquier otra de la casi infinita variedad de supercherías pseudomédicas (que la siempre fértil imaginación humana ha venido desarrollando durante milenios de superstición) son iguales o incluso mejores que la muchas veces tan denostada medicina científica.

Y para poner blanco sobre negro en este tan importante asunto de la medicina y la salud públicas no hay nada como acudir a la experimentación. Así, el estudio ideal que mostrara la verdadera efectividad de ambos tipos de tratamientos sería elegir una enfermedad grave, por ejemplo el cáncer, y hacer dos grupos de pacientes: uno de ellos recibiría los tratamientos habituales de la oncología médica (radio y quimioterapia, junto con la terapia hormonal) mientras que la otra mitad de los pacientes podrían recibir cualquier “tratamiento” alternativo pero no la medicina convencional. Luego, sólo quedaría estudiar la tasa de fallecimientos de ambos grupos. Por supuesto, este ensayo clínico no puede ser nunca realizado, porque no sería aprobado por ningún comité ético del mundo ya que viola la más mínima buena praxis científica y médica.

Sin embargo, en ciencia hay más herramientas que la experimentación dirigida. Y en este caso podemos acudir a los denominados estudios epidemiológicos. Y esto es lo que ha hecho un grupo de investigadores de la universidad norteamericana de Yale. Acudieron a la “National Cancer Database”, una base de datos que reúne la información de la mayoría de los enfermos de cáncer estadounidenses, sus tratamientos, calidad de vida y supervivencia, y que se utiliza habitualmente para establecer, desarrollar y analizar la eficacia de los tratamientos oncológicos en muchos hospitales de los EEUU, y buscaron pacientes que habiendo rechazado los tratamientos oncológicos convencionales hubieran optado por

tratamientos no probados contra el cáncer administrados por personal no médico.

Los autores del estudio seleccionaron 4 de los cánceres más comunes (de mama, de próstata, de pulmón y colorrectal) en pacientes sin metástasis en el momento del diagnóstico. Y entre los miles de enfermos oncológicos estadounidenses encontraron tan sólo 281 personas (lo que es francamente alentador) que tras el diagnóstico no quisieron los tratamientos convencionales y decidieron poner todas sus esperanzas en la pseudomedicina. Lo primero que encontraron los autores del estudio es que, al contrario de lo que se pudiera pensar, estos pacientes eran más jóvenes y tenían mayor nivel de ingresos y de educación que la media. Además presentaban una medida de comorbilidades preexistentes más baja, es decir de cómo de “enfermo” se sentía el paciente en el momento del diagnóstico. En resumen, un grupo de estudio ideal en donde mostrar, o incluso amplificar, los “beneficios” de la “medicina” alternativa, ya que estas personas jóvenes podrían responder mejor a los “tratamientos” y quizás también recuperarse más rápidamente.

Sin embargo tras el análisis estadístico multivariable, los resultados (no por predecibles) fueron más que demoledores. Los pacientes de la “medicina alternativa” morían, por esos cuatro tipos de cáncer, en mayor proporción y antes que los tratados convencionalmente, tal y como se indica en la siguiente figura.

Y en el caso del cáncer colorrectal esta diferencia era mucho más acusada, tal y como indica la siguiente figura.

Y estos datos, además de poner en valor las verdaderas terapias pueden explicar por qué siempre habrá personas abonadas a ese falaz argumento de

pues a mí hermano, a mi prima, a mi vecino o a mi compañera de trabajo la [póngase aquí la pseudoterapia de su elección] le ha funcionado

ya que aún sin recibir nada más que magia de feriante de carromato, muchos enfermos de cáncer siguen vivos pasados los años; puesto que lo que olvidan muchas personas es que, salvo las enfermedades infecciosas más letales, la gran mayoría de las enfermedades pueden tardar largo tiempo, años incluso en producir el fatal desenlace aún sin ningún tipo de terapia.

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  1. Kamu Syldeck
    17 agosto, 2017 en 14:02

    Hola:

    Esto de la “medicina alternativa” está cambiando por la “medicina complementaria”. De esta manera, enmascara su ausencia de efectos por el uso conjunto con el conocimiento científico aplicado a la salud. El creyente asume que ambas cosas han funcionado mejor que la medicina sola. El asunto se vuelve todavía más complejo.

    Un ejemplo de esto, es el uso de la zeolita en conjunto con la quimioterapia en la lucha contra el cáncer, a pesar de que la primera no tiene evidencia de ser anticancerígena. De acuerdo a lo que leí, el consumo diario de zeolita podría provocar a largo plazo el mal de Alzheimer.

    Otro ejemplo es la supuesta sanación a distancia por los monjes Tupyara. En el proceso que conlleva ponerse en sus “profesionales” manos recomiendan claramente no abandonar en ningún caso el tratamiento médico.

    Esto obedece a la “necesidad” de sobrevivir de la pseudociencia y de la superstición en la sociedad, del pensamiento mágico.

    Saludos.

  2. Anónimo
    18 agosto, 2017 en 13:32

    Hola ateo666666.

    ¿Podrías facilitar el acceso al artículo completo, porque parecen muy curiosos algunos datos al verlos en las gráficas? No me apetece pagar 33€ por consultar unos datos y tampoco me parece muy científico, ni ético, restringir el acceso público a las investigaciones. Luego hay problemas en la reproducibilidad de los resultados: https://www.economist.com/news/briefing/21588057-scientists-think-science-self-correcting-alarming-degree-it-not-trouble.

    Observando los datos resulta que, si no haces nada terapéutico (medicina alternativa) se salvan el 50% de los pacientes y si haces algo científicamente comprobado solo salvas a un 25% más. Y es más sorprendente el caso del cáncer colorrectal en el que los que no hacen nada se salvan mucho menos, 30% aprox., y la medicina científica consigue incluso mejores resultados que en los otros tipos con casi un 50% más de supervivencia añadida, 80% aprox.

    ¿Aparecen en los datos el tipo de intervención médica realizada en cada caso? Porque se podría estar demostrando cuáles de las intervenciones médicas son altamente ineficaces, ahorrando dinero y sufrimiento. Lo mismo encajan con lo apuntado en otras investigaciones: http://www.free-news.org/PDFs/MorganTheControfCytotoxic.pdf

  3. Anónimo
    18 agosto, 2017 en 14:28

    Hay dos tipos de pseudoterapeutas alternativos, en esencia: los que recomiendan a los pacientes no abandonar sus tratamientos científicos, pero les proporcionan tratamientos “complementarios” que supuestamente mejoran la calidad de vida o la tasa de supervivencia. Por supuesto, esos tratamientos no sirven para nada más que para vaciar el bolsillo del paciente y dar de comer al pseudoterapeuta. Luego están los más radicales, que recomiendan encarecidamente al paciente abandonar todo tratamiento científico, no vacunar a sus hijos de nada, incluso abandonar todo contacto con familiares o amigos para evitar presiones en contra de que abandonen los tratamientos. Estos pseudoterapeutas son más peligrosos puesto que, en caso de enfermedades graves, aumenta mucho la tasa de muerte del paciente, como se ha comprobado.
    Hay otros pseudoterapeutas que no se posicionan claramente en un grupo ni en otro, deciden permanecer deliberadamente en una posición ambigua: no recomiendan dejar los tratamientos científicos, pero tampoco les dicen que deban mantenerlos. Muchos de los pacientes de este grupo dejarán voluntariamente los tratamientos científicos ante la fe que tienen por su pseudoterapeuta, mayor que la que tienen en el médico.

  4. 18 agosto, 2017 en 18:44

    Anónimo

    Vamos por partes. Respecto al artículo he dejado el link de la revista con el resumen porque es lo único que es público. Como bien dices, para leer el artículo completo hay que pagar o tener acceso a la biblioteca de un centro de investigación o universidad. Ahora bien, para el público en general existe la posibilidad de bajárselo pirata de los servidores de la famosa y más que útil web Sci-Hub. No dejo el link por si luego alguien me acusa de fomentar el pirateo pero es fácil de encontrar.

    Sobre la reproducibilidad tienes razón que diversos estudios no son reproducibles, el porcentaje depende del campo y la cita que indicas es sobre la psicología, que es una de las ciencias más recientes y que además todavía arrastra el lastre de épocas en donde el método científico estaba ausente. Pero aquí estamos hablando de tratamientos que han sido probados en miles de pacientes de docenas de países, por lo que ese caso no aplica.

    Respecto a las estadísticas que comentas es cierto, pero como digo en la entrada los cánceres tardan años en matar, sobre todo los de mama y próstata que son de los menos agresivos. En el estudio sólo se ha analizado los primeros 7 años tras el diagnóstico, por ello es más que seguro que las diferencias irán aumentando a medida que pase el tiempo. Respecto al cáncer colorrectal se observa más diferencia simplemente porque este cáncer mata más rápidamente que los de mama o próstata si no hay tratamiento.

    Sobre los datos del tipo de intervención médica en el artículo se indica que es la triple terapia estándar habitual: quimio, radio y hormonas (en el caso de mama y próstata). El artículo que indicas es ya viejo puesto que habla sólo de la quimio y todos los estudios posteriores han mostrado que lo ideal es atacar al cáncer desde todos los abordajes posibles. Sin embargo en ese mismo artículo que citas se muestra que la eficacia de la quimio depende mucho del tipo de cáncer, su aportación es marginal en algunos pero en otros es mucho más importante ya que aumenta tasa de supervivencia en un 30 o 40%.

  5. 19 agosto, 2017 en 0:09

    Respecto al último artículo que comentas hay que tener en cuenta la posición del individuo. Y te lo voy a intentar explicar con un caso práctico, que desgraciadamente me ha tocado de cerca. A un familiar mío se le diagnosticó un cáncer de mama en fase I localizado y sin metástasis. Vamos toda una suerte teniendo en cuenta que es un cáncer. Hasta hace unas décadas el tratamiento habitual en este tipo de tumores era extirpación completa de la mama y terapia hormonal con una tasa de supervivencia casi total. Pero como este tipo de cánceres es el más habitual en mujeres hay una poderosa estadística con millones de mujeres afectadas. Hace ya años unos investigadores hicieron el típico estudio epidemiológico retrospectivo y observaron que aunque la supervivencia de las mujeres en este estadío era muy alta, resultaba que aproximadamente entre el 3 y el 5% de la mujeres tenían una grave recidiva a los pocos años, de tal manera que esas mujeres con un magnífico pronóstico acababan muriendo porque las metástasis en ese punto sí que eran graves. Esto era así porque parece ser que unas pocas células cancerosas indetectables por cualquier tipo de análisis ya habían salido de la mama y empezaban a colonizar otros órganos. Por ello los investigadores sugirieron que quizás fuera necesario un tratamiento más agresivo que intentara eliminar cuanto antes esas más que pocas células cancerosas ya emigradas. Después otros estudios con diversas cohortes de mujeres corroboraron esos datos.

    Llegados a ese punto cuando a mi familiar se le explicó el tema, el oncólogo le recomendó (que no obligó) que como era una mujer de 45 años, relativamente joven tuviera en cuenta la posibilidad de pertenecer a ese 3-5% de mujeres que ya tenían diseminadas unas pocas células cancerosas indetectables y que en ese caso quizás dentro de 3, 5 o 10 años volviera con un cáncer más agresivo y menos tratable.

    El dilema de mi familiar era claro, si pertenecía a ese 95% de mujeres que afortunadamente todavía no tenían esas 4 células cancerosas pululando por su organismo bien se podría ahorrar la terrible quimioterapia y vivir su vida feliz habiendo superado el cáncer. Ahora bien, si se encontraba en ese minúsculo 3-5%, en unos pocos años volvería al hospital y el oncólogo tras una quimioterapia más que agresiva poco podría hacer. Y aquí no vale estadística alguna, es como cuando te toca la lotería entre 100 millones de posibilidades, es tu vida. ¿Tú que elegirías?

    Pues para no alargar en demasía este comentario te informo que mi familiar con el apoyo de toda la familia decidió (con buen criterio desde mi humilde punto de vista de científico acostumbrado a las estadísticas) soportar la terrible quimioterapia para eliminar esa pequeña posibilidad de pertenecer a la minoría de mujeres que ya tenían algunas células cancerosas diseminadas por su organismo. Y claro, para el sistema sanitario quizás no sea muy rentable tratar al 100% de las mujeres en ese estadío con quimio para salvar la vida de unas pocas mujeres, pero para ella y para nosotros, su familia su vida no tiene precio.

  6. 25 agosto, 2017 en 19:48

    Estoy de acuerdo, podían haber puesto de los tratamientos alternativos cual es el mas eficaz, una vez puestos.

  7. Anónimo
    25 agosto, 2017 en 21:26

    Hola Ateo666666.

    Gracias por el enlace, ya pude consultar los datos del estudio 😉

    No tengo tan claro que no aplique el caso de la reproducibilidad a la práctica médica cuando hay declaraciones de personas importantes en el sistema científico como Richard Horton, editor en jefe de The Lancet (http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(15)60696-1/fulltext)

    “The case against science is straightforward: much of the scientific literature, perhaps half, may simply be untrue.”

    o la Dra. Marcia Angell ex editora de The New England Medical Journal (https://ethicalnag.org/2009/11/09/nejm-editor/)

    “It is simply no longer possible to believe much of the clinical research that is published, or to rely on the judgment of trusted physicians or authoritative medical guidelines. I take no pleasure in this conclusion, which I reached slowly and reluctantly over my two decades as an editor of The New England Journal of Medicine.”

    Siendo éste es un problema grave en toda la Ciencia, no solo en la médica, desde hace timepo y no resuelto. Dejo un par de artículos que lo muestran:

    Why Most Published Research Findings Are False – John P. A. Ioannidis, PLoS Med. 2005 Aug; 2(8): e124. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1182327/)

    Why Most Clinical Research Is Not Useful – John P. A. Ioannidis (http://journals.plos.org/plosmedicine/article?id=10.1371/journal.pmed.1002049)

    En el artículo original no se citan ni los tratamientos médicos específicos, lo engloba en “Standard of care” (que en cada caso no tienen porqué incluir quimio, radio, cirugía y/u hormonas), ni tampoco el tipo de terapia alternativa. Además trabaja con números muy bajos de casos, con lo que el error puede ser apreciable y pocas conclusiones “indiscutibles” se pueden sacar. Pero es un artículo muy interesante para observar el placebo a largo plazo (7 años), cosa que éticamente no se podría realizar en un ensayo clínico, comprobando la agresividad real de cada cáncer y la efectividad real de la terapia médica.

    Si el artículo sobre la eficacia de la quimio te parece antíguo te adjunto otro más reciente (2016 http://www.bmj.com.sci-hub.io/content/355/bmj.i5792 y una respuesta a refutaciones http://www.bmj.com/content/355/bmj.i5792/rr-22) que confirma los resultados. En el artículo se comenta que:

    “An important effect was shown on five year survival only in testicular cancer (40%), Hodgkin’s disease (37%), cancer of the cervix (12%), lymphoma (10.5%), and ovarian cancer (8.8%). Together, these represented less than 10% of all cases. In the remaining 90% of patients—including those with the commonest tumours of the lung, prostate, colorectum, and breast—drug therapy increased five year survival by less than 2.5%—an overall survival benefit of around three months.”

    y

    “Newer drugs did no better: 48 new regimens approved by the US Food and Drug Administration between 2002 and 2014 conferred a median 2.1 month overall survival benefit. Drug treatment can therefore only partly explain the 20% improvement in five year survival mentioned above.”

    Si la eficacia de la quimio realmente es la que se aprecia en estos estudios, lo que salvaría a los pacientes o les alargaría la vida son las otras intervenciones y, por tanto, la quimio debería ser descartada como opción terapéutica en los cánceres de peores resultados. El gasto y sufrimiento personal que se ahorraría sería tremendo.

    Con respecto al caso de tu familiar, lamento lo que tuvisteis que pasar, yo también he vivido un par de situaciones en la familia, pero analizando las probabilidades yo veo algo raro.

    Sé que no es exactamente la realidad, pero la argumentación sería la siguiente. Si la quimio para el cáncer de mama solo tiene efectividad en un 1.5% de los casos según el primer artículo. Emplearla para bajar la probabilidad del 5-3% de recidiva ¿no te deja casi con las mismas probabilidades?

  8. 26 agosto, 2017 en 7:17

    Anonimo

    Has tocado tres temas importantes El primero la reproducibilidad de la ciencia, que es algo que entre nosotros los científicos es un tema candente en la actualidad y del que llevamos debatiendo y buscando soluciones desde hace tiempo. Lo que dicen los editores que indicas lo suscribimos la práctica totalidad de los científicos. Ahora bien, eso no significa que todos los estudios deban ser puestos en tela de juicio. Te voy a poner un ejemplo reciente para que veas que aunque haya estudios erróneos o incluso falsos el conocimiento científico avanza sólidamente.

    Hace unos años se publicaron un par de estudios identificando dos nuevos mecanismos de, hablando coloquialmente, corta-pega de genes o como lo llaman los expertos edición génica. En cuanto se publicaron diversos grupos de los más diversos campos se pusieron a trabajar con ellos para modificar el ADN de diversas especies. Han pasado ya unos años y uno de ellos, el más que famoso CRISPR que conocerás ha sido todo un éxito con miles de grupos de todo el mundo usándolo para casi cualquier cosa que te puedas imaginar. El otro sistema tiene un par de papers adicionales publicados y punto. Probablemente este segundo sistema funcione mal, los investigadores se equivocaran o incluso puede que hayan “arreglado” los datos. Esos pocos artículos del segundo sistema no han sido refutados, pero han sido olvidados y punto. Y mientras tanto los científicos seguimos adelante con la poderosa CRISPR.

    Segundo, los ensayos clínicos. Aquí el problema se agrava porque dependemos casi en exclusiva de lo que dicen las farmacéuticas sobre su ensayo clínico y casi la única manera de validar esos datos (ya que hacer otro ensayo clínico supone mucho dinero) es hacer estudios epidemiológicos tales como los que comentas, en donde se refina que tipo de cánceres son más susceptibles a esta terapia y cuales menos. La solución es clara y yo la he propuesto infinidad de veces: acabar con el libre mercado de los ensayos clínicos y que se forme un organismo público que realice el ensayo clínico de manera controlada y que cobre por adelantado a la farmacéutica el precio justo del mismo ANTES de ser realizado para que no influya en el resultado final posterior. Ello evitaría los “errores” más o menos intencionados que pueden acabar dando como efectivo un tratamiento que no lo es.

    Y tercero, el paciente individual. Como dices, en el caso de cáncer de mama la quimio es útil sólo en el 3-5% de las pacientes. Y tal y como te indiqué en un comentario anterior, eso presenta un dilema importante. Para el sistema sanitario quizás no compense administrar ese tratamiento a 100 mujeres para salvar la vida a 3. Pero si tú (si eres mujer) o tu pareja (si eres heterosexual) estáis en esa disyuntiva la cosa cambia, tal y como te indiqué por la experiencia de un familiar mío. Aquí no hay estadística que valga, cuando el oncólogo te dice que si estás en el 95-98% de las mujeres en donde la cirugía llega antes de la salida de células cancerosas de la mama tumoral no necesitas la quimio (que te va a machacar) y te puedes ir feliz a tu casa y morirte dentro de 30 años de vejez. Ahora bien, si estás en ese pequeño porcentaje donde ya tienes unas pocas células cancerosas INIDENTIFICABLES por ningún tipo de resonancia actual pululando por tu organismo buscando un nicho donde metastatizar, es probable que dentro de 3, 5 o 10 años vuelvas por aquí con molestias el cualquier otro órgano que no sea la mama y descubramos que tienes un cáncer más agresivo y con mucho peor pronóstico. ¿Qué hacen las mujeres responsables? pues pasar por el mal trago de la quimio, aún sabiendo que es más que probable que pueden no necesitarla. Y así un tratamiento que sólo es útil para una pequeña fracción de los pacientes se administra (correctamente por cierto) a todos los enfermos.

  9. Abraham.
    29 agosto, 2017 en 13:30

    Riesgo = Probabilidad x Daño.
    Según la Administración: Daño = un cotizante/pensión menos + posible indignación/reclamación de familiares. Riesgo = Aceptable según el caso.
    Según el paciente: Daño = Muerte = Fin = Infinito. Riesgo = Inaceptable, siempre. Tal vez se cambie de opinión una vez que se empiece el tratamiento, por el trauma que supone, pero la persona que toma la decisión (el paciente antes del tratamiento) no es la misma que lo sufre (el paciente durante el tratamiento).

    Obviamente su pariente tomó la mejor decisión para ella, espero que con final feliz.

    Lo malo es cuando este argumento se extiende a todo lo público. Por poner un ejemplo que nos suene a todos, los agricultores ‘irregulares’ de Doñana justifican que si no cogieran agua de manera ilegal, no tendrían forma de ganarse la vida. Los hoteles si no cogieran agua no podrían vivir familias enteras del turismo. De mientras la capa freática disminuyendo. Creo que la mayoría entiende que eso se va a terminar algún día, cuando ya no quede agua y se pierda la marisma (salvo alguno que se quiera engañar a sí mismo), ¿pero quién es el valiente que va a renunciar al sustento de su familia? La decisión es la siguiente: Perder el medio de vida en el futuro por haber acabado con las reservas de agua o abandonar el medio de vida ahora para tratar de salvar lo que queda del parque, sabiendo que, probablemente, otro agricultor/hotel ocupe su lugar y no sirva para nada. Por muy concienciado que esté uno, la respuesta está clara. Por eso este tipo de decisiones, que puede costar la destrucción de un ecosistema tan valioso, no puede dejarse en manos de los actores.

    Esto mismo es extensible a la lucha contra el cambio climático. Cada esfuerzo que hago por consumir menos energía disminuye, aunque sea mínimamente, la demanda, por lo que baja (mínimamente) el precio de la energía, rebaja que aprovecha cualquier otro menos concienciado para gastar más y estamos otra vez como al principio, salvo que yo paso ahora más calor. La concienciación y tal está muy bien, es necesaria, sobre todo para aceptar la ecotasa cuando se aplique, impuesta por leyes y normativas, pero la concienciación por sí sola no hace nada.

    En el caso de los tratamientos médicos pagados por la Seguridad Social lo lógico sería también imponer un criterio de máxima utilidad social, pero como es complicado (tal vez desalmado) poner precio a las vidas, pues se deja a discreción del facultativo, que quizás sea la mejor solución.

  10. Eduardo
    1 septiembre, 2017 en 0:10

    Abraham

    Tu análisis tiene a mi parecer varios defectos, aunque acierte en algunos casos. Y el defecto principal es el que se traduce del siguiente párrafo: ”En el caso de los tratamientos médicos pagados por la Seguridad Social lo lógico sería también imponer un criterio de máxima utilidad social, pero como es complicado (tal vez desalmado) poner precio a las vidas, pues se deja a discreción del facultativo”

    El problema es como definimos la “máxima utilidad social”. La expresión en sí carece de sentido, y será el modelo social que escojamos el que lo definirá. Si aceptamos el modelo liberal, tienes razón. Es el modelo imperante y gracias al cual la atención sanitaria (y un montón de cosas más) se ha ido degradando y sigue degradándose, porque el criterio dominante es reducir los costes y mejorar los beneficios del capital. Si por el contrario el criterio es garantizar la mejor sanidad para la población, priorizando a utilización de recursos para tales fines sobre otros usos no sociales, el análisis resulta equivocado.

    La aplicación de un proceso lógico en el orden social no determina por sí mismo cual es el proceso más efectivo, porque este depende de las prioridades que se establezcan y estas dependen del modelo social que queramos.

  11. Paco
    20 septiembre, 2017 en 13:43

    Deberían permitir que la gente tome lo que quiera, pero eso sí, pagándoselo cada uno de su bolsillo y si más tarde se llega al hospital con un estado más avanzado (y más caro de tratar) por su negligencia al tomar azúcar en vez de un tratamiento de verdad, o se le rechaza o se le cobra por el tratamiento.

    El tiempo y Darwin harán el resto.

    No entiendo el afán por intentar salvar a quien no quiere ser salvado porque cree en gilipolleces.

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