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Las pseudomedicinas solo sirven para esconder los problemas médicos sin resolverlos


Es habitual que muchas personas tiendan a dar prioridad a sus impresiones subjetivas (o a las de un familiar, vecino o compañero de trabajo) sobre los protocolos médicos avalados por estudios científicos. Y así, el más que tristemente famoso “a mí (a mi primo, amigo o lo que sea) me ha funcionado” es el peligroso soniquete habitual con el que cualquier racionalista tiene que lidiar siempre que surge el más que absurdo “debate” sobre pseudomedicinas. Y la experiencia personal lejos de ser un criterio válido, en materia de salud se puede convertir en un peligroso placebo que esconda, sin servir por supuesto para tratar ni mucho menos curar una enfermedad.

Desde nuestro más remoto pasado, la experiencia personal (propia o de las personas próximas) fue la única herramienta que permitió a nuestros antepasados sobrevivir a los innegables peligros de la Naturaleza. Sin embargo, este instrumento mental fue perfeccionado por la siempre corta de miras selección natural, que prima la supervivencia a corto plazo hasta dejar descendencia. No obstante, en los últimos siglos el privilegiado cerebro humano ha sido capaz de inventar una nueva herramienta de inimaginable potencia, la ciencia, que permite desentrañar todo aquello que se encuentra más allá del corto plazo y desvelar las complejas asociaciones que se encuentran ocultas para la mente de cada ser humano particular. Y aunque los éxitos del método científico son innegables, a día de hoy gran parte de la Humanidad sigue tomando decisiones en base a los mismos procesos lógicos que tan bien les funcionaron a nuestros antepasados en su sabana ancestral (de la que desgraciadamente ya solamente queda un cada vez más borroso recuerdo), y por ello sigue confiando casi ciegamente en su experiencia personal/familiar, en lo que cuenta su vecino del cuarto o su compañero de trabajo que le ha ocurrido a su primo de Cuenca o a su amigo de la Argentina, mucho antes que fiarse del conocimiento acumulado por algunos de los mejores cerebros de nuestra siempre tan particular especie.

Y quizás en caso más evidente del grave (y a veces trágico) error de seguir pensando como miembros de una tribu de cazadores/recolectores de la Edad de Piedra es en el siempre importante tema de la salud, en donde cualquier coincidencia temporal entre la superchería pseudomédica de turno y un alivio (por muy subjetivo que este sea) de alguien cercano, lleva a infinidad de personas a concluir (de la manera más erróneamente peligrosa) que es evidencia suficiente de esa rápida y casi milagrosa curación que tanto se desea y que por tanto, el chamán de turno nos vende verdadera medicina y no simplemente humo.

Y para mostrar lo increíblemente errónea que puede ser la experiencia personal en temas médicos he encontrado un artículo de hace algunos años en el que muestra lo poderosa que es la subjetividad personal, incluso en enfermos que están siendo adecuadamente tratados.

El asma es una enfermedad respiratoria producida por la inflamación crónica de las vías aéreas, cuyas principales manifestaciones clínicas son sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica y tos.​

Y aunque la medicina científica actual no tiene cura para esta enfermedad, el tratamiento paliativo con diferentes medicamentos administrados mediante los famosos inhaladores puede controlar, aliviar y en muchos casos hasta prevenir la sintomatología de esta enfermedad, permitiendo una vida relativamente normal a personas que de otra manera presentarían severas limitaciones.

Sin embargo, al ser una enfermedad crónica con una alta heterogeneidad en la gravedad de los síntomas entre diferentes pacientes o incluso entre diferentes momentos o épocas en cada enfermo, el asma es quizás una de las enfermedades objetivo más claras para la infinita variedad de supercherías pseudomédicas que el “ingenio” humano ha inventado en su largo devenir pre y anticientífico, porque cualquier coincidencia en el alivio de los síntomas (que se pueda producir de manera aleatoria y temporal en los pacientes) puede ser  erróneamente achacado a la efectividad de la pseudomedicina con la que en ese momento se esté estafando al enfermo. Sin embargo, a diferencia de otras enfermedades que caen también dentro de la órbita de la “medicina” alternativa como puede ser el dolor crónico, el asma tiene una fácil monitorización objetiva tanto de la gravedad de la enfermedad como de la efectividad de los tratamientos: un simple medida de la capacidad pulmonar con un espirómetro verifica cuanto de obstruidas están las vías respiratorias en cada momento.

Por ello un grupo de neumólogos, psicólogos y psiquiatras de varias universidades de EEUU y el Reino Unido decidieron analizar el papel de la subjetividad de pacientes de asma y el efecto placebo en el tratamiento de esta enfermedad. Para ello seleccionaron un grupo homogéneo de asmáticos a los que realizaron pruebas de espirometría en ausencia de tratamiento para establecer el nivel basal de su enfermedad. Tras este estudio dividieron a los pacientes en cuatro grupos equiparables: el primero de ellos sería el grupo control que no recibiría tratamiento alguno. Después otros dos grupos que usarían inhaladores:  bien cargados con los medicamentos habituales o con un placebo. Ambos grupos estarían controlados en un ensayo de doble ciego, en donde ni los pacientes ni los médicos sabrían que individuo estaría recibiendo el medicamento o el placebo. Y finalmente un cuarto grupo que recibiría la denominada acupuntura placebo, consistente en el uso de agujas que no pincha pero que son idénticas en todo lo demás a las reales y que el paciente es incapaz de diferenciar.

Después de cada visita se pidió a los pacientes de los diversos tratamientos que calificaran cualquier mejoría que hubieran percibido sobre sus síntomas del asma en una escala que iba desde 0 (sin mejoría) hasta 10 (mejoría completa). Y los resultados que obtuvieron los investigadores fueron más que llamativos tal y como indica la siguiente figura

ya que todos los enfermos reportaron mejoras de sus síntomas, independiente del tratamiento recibido. Según los pacientes, tanto los medicamentos inhalados, así como los placebos inhalados y la acupuntura de mentira mejoraban grandemente su estado (50% de mejoría subjetiva). Es más, incluso los pacientes que no habían recibido ningún tratamiento reportaban una sustancial mejoría de alrededor del 20%. Este último dato indica más que a las claras que el simple hecho de ir al médico, ser atendido e informado de que se le ha incluido en un estudio puede hacer que el enfermo genere expectativas y hasta beneficios subjetivos acerca de su estado de salud, aunque es más que evidente que en este último grupo nada ha cambiado médicamente hablando.

Pero volviendo a los tres grupos “tratados”, la pregunta que se plantea es, por supuesto, si el poder de la sugestión es tan potente como para que los enfermos que fueron “engañados” con el inhalador placebo o los “tratados” con la acupuntura sin agujas podrían haber desarrollado algún tipo de mecanismo fisiológico “autocurativo” que aliviara la obstrucción de las vías respiratorias, tanto como para que se sintieran igual de bien que los tratados médicamente. Y aquí la respuesta es absolutamente negativa tal y como muestra siguiente figura.

Las medidas de capacidad pulmonar de los grupos de placebo y acupuntura de placebo se comportaron exactamente igual que los individuos no tratados, mostrando estos tres grupos una levísima mejoría de alrededor del 7% (que quizás pueda interpretarse como una mejora fisiológica debida al efecto placebo), valores claramente menores que los obtenidos por los pacientes tratados con el medicamento.

Y en este punto queda en evidencia la subjetividad de las personas, las vías respiratorias de los tres grupos no tratados realmente seguían prácticamente tan mal como siempre, pero sin embargo ellos se sentían mejor (grupo control) o incluso mucho mejor (grupos placebo de inhalador o de acupuntura). Es decir la autosugestión simplemente había enmascarado la realidad y eso en personas que, tal y como indican los autores del estudio, habían utilizado previamente los medicamentos adecuados y conocían como mejoraba realmente su capacidad pulmonar. Y este fenómeno es sumamente peligroso, porque si los placebos enmascaran los síntomas sin por supuesto modificar la gravedad de la enfermedad ¿qué pasaría por ejemplo si un asmático sufre un episodio grave de obstrucción de las vías respiratorias y se administra tres pastillas de la ”medicina” alternativa que tan bien le hace sentir habitualmente cuando simplemente se toma una dosis tras un leve ataque de asma? Él por supuesto creerá que puede mejorar, pero si sus vías respiratorias siguen profundamente obstruidas puede sufrir algún tipo de hipoxia cerebral que le deje secuelas o incluso provocar la muerte, ya que todos los pacientes asmáticos tienen riesgo de sufrir una crisis de asma aguda en el curso de su vida. Por supuesto que en el caso del asma, llegará un momento que el paciente se podrá dar cuenta que la “milagrosa” medicina alternativa que tan bien le ha “funcionado” a veces ahora no surte efecto y acudirá raudo a urgencias.

Ahora bien, en otra multitud de enfermedades los síntomas no son tan evidentes y drásticos hasta fases muy avanzadas y en las que por tanto, poco o nada se puede hacer ya como es el caso por ejemplo del cáncer. Si las “terapias” alternativas consiguen una “mejoría” totalmente subjetiva de algunos síntomas en el paciente, sin por supuesto combatir la enfermedad el resultado final sólo podrá ser considerado como desastroso. Y de ahí la necesidad de combatir y de perseguir profesional y hsata judicialmente cualquier tipo de supuesto “tratamiento” que no haya demostrado su valor terapéutico en los famosos ensayos clínicos de doble ciego.

P.D.

Unos cuantos vídeos sobre el siempre curioso efecto placebo:

El poder del efecto placebo

El increíble y poderoso efecto placebo aun cuando deja de ser placebo

La extraña ciencia del efecto placebo

La extraña ciencia del efecto placebo II

 

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  1. Punchipú
    12 diciembre, 2017 en 12:36

    Hartito estoy en el día a día de ver a gente que aconseja a otra gente que no se vacune porque eso es lo que te enferma, a gente que no va al médico porque piensan que si van les van a “sacar” una enfermedad, a personas que dejan de tomar azúcar totalmente porque han leído en Internet que es peor que la cocaína, gente que piensa que si les hacen un escáner van a adquirir la radiación solar que recibirían si estuvieran expuestos al sol durante 1.000 días y, por supuesto, gente que cree que cualquier tratamiento o “medicina” aplicada por alguien que no sea un “médico oficial” va a ser solo por eso mejor o “más natural”. De estos últimos es de los que trata el artículo. Ellos siempre te jurarán que les ha ido mucho mejor con el brujo que con el malvado médico que se limita a “venderte” pastillas que no necesitas o que te abre en canal como primera opción para extraerte un órgano que en realidad solo está enfermo por la alimentación acida o a saber que gilipollez de turno. Sí, por supuesto que el efecto placebo funciona, pero solo en personas temerosas de lo que no entienden. También tienen que ser un poco aprensivas y tienen que disfrutar estando más enfermas que nadie, exagerando los síntomas y por lo tanto dejando de poder sentirlos automáticamente con cualquier soplapollez homeopática. Una pena cuando ante una enfermedad real el método por el que se opta es el que no funciona. Hay personas que se han muerto pensando que se habían curado por la imposición de manos.

  2. 12 diciembre, 2017 en 14:54

    Hola:

    El efecto placebo, (que en el fondo es complacer al paciente de acuerdo a sus ideas preconcebidas), requiere de un engaño y el paciente no debe saber que está tomando un placebo. Esto es contrario a la ética y los galenos, en principio, no deberían recetar placebos, ya que su acción es falsa.

    Lo otro es aún más grave, como se menciona en el artículo, el efecto placebo no mejora el estado de nuestra fisiología, solo genera una sensación de bienestar subjetivo que puede engañar a un paciente y hacerlo creer que está mejor, cuando su salud está realmente comprometida y lo más recomendable sería ir a un centro médico.

    El problema es que la población no está bien educada, la gente no quiere mejorar su calidad de vida, con responsabilidad y disciplina, adquiriendo el conocimiento y aplicándolo con criterio. Lo que la gente quiere es una solución rápida, milagrosa para su problema de salud, porque existe una mentalidad de corto plazo, no les interesa proyectarse, han exagerado en eso del “vivir el momento”.

    Esta es la oferta de las pseudomedicinas, (en plural, porque se contradicen entre ellas).

    Lo bueno de la ciencia es que funciona aunque no tengas fe en ella.

    Hay que seguir estudiando como funciona la mente, sus capacidades y limitaciones, como se relaciona con el cuerpo, entendiendo por mente, básicamente, como estado y actividad del cerebro.

    Saludos.

  3. 12 diciembre, 2017 en 19:36

    Como asmática me siento absolutamente identificada. Vieran las de tías que tengo que llegan con su “es que el “doctor” (naturópata sin título médico) dijo en la tele que esta hierba cura el asma”, “es que el otro día en el matinal hablaban de este remedio natural que cura el asma”, “es que según mi iriólogo estas gotas de homeopatía te van a curar el asma”.

    Antes lo aceptaba sin comentarios y con una sonrisa para no hacerlas sentir mal, y luego lo tiraba todo cuando no veían. Ahora el gesto agriado y el “pero nada de eso está probado en estudios, por lo que ninguna de esas cosas son de confianza.; demás, el asma no tiene cura”” lo suelto sin asco…

  4. El Cuerno de la Abundancia
    13 diciembre, 2017 en 17:46

    Es muy difícil convencer a la gente que las pseudomedicinas no funcionan porque no reconocen el valor del método científico y de la complejidad del organismo. Por lo general las personas piensan que los médicos conocen “los nombres de los huesitos, cómo sacar la apéndice, cómo se escucha el corazón, cuál es tensión arterial normal y qué se ve en una radiografía”. No se imaginan el resto.

    Yo todavía estoy intentando convencer a mi tía que los masajes con un foco led que está recibiendo en una “clínica” no normalizan las dislipidemias.

  5. 13 diciembre, 2017 en 20:04

    El Cuerno de la Abundancia

    Ánimo con tu cruzada racionalista familiar.

  6. Juan Alfonso
    14 diciembre, 2017 en 20:24

    Voy a dar mi opinión de médico basada en la experiencia diaria. Con el paso de los años cada vez veo más un tipo de paciente, curiosamente de alto nivel socioeconómico, que se niega sistemáticamente a tomar cualquier tipo de medicación, a veces medicaciones muy importantes para su salud. “Argumentan” que “no me gusta tomar medicinas”, las más de las veces, otras veces dicen algo acerca de los malvadas que son las multinacionales farmacéuticas o algo parecido, o que no quieren meter “productos químicos” en su cuerpo. Si insisto en la importancia de esa medicación para su enfermedad, a regañadientes la aceptan, pero en la práctica no lo hacen, si es un tratamiento crónico lo abandonan a las pocas semanas, y no suelen volver al médico a no ser por otro motivo. Experimentan fuerte efecto nocebo, sufren muchos efectos secundarios de los que pone en el placebo aunque en realidad muchos de esos efectos es poco probable que se deban al fármaco, simplemente el fabricante está obligado a incluir en el prospecto cualquier supuesto efecto secundario comunicado.
    Como ejemplos que se ven a diario en la consulta de cualquier médico de familia, tenemos pacientes con niveles muy elevados de tensión arterial o de colesterol que no reciben ningún tratamiento eficaz, y con el tiempo muchos de ellos tendrán infartos. Es un verdadero problema de salud pública.

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