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Comisión interdisciplinar de astrónomos y astrólogos para abordar el futuro del Universo


En un afán de acercar posturas y establecer un diálogo entre las diversas concepciones existentes sobre el Universo, la Unión Astronómica Internacional y la Asociación Mundial de Astrólogos han acordado crear una Comisión paritaria que reflexionará conjuntamente sobre el origen, evolución y futuro del Universo.

A lo largo de los milenios los astrólogos han desarrollado todo un cuerpo de “conocimiento” basado en la premisa de que la disposición relativa de ciertos astros: estrellas, planetas y constelaciones (aunque sólo los directamente visibles por el ojo humano) tienen un significado y lo que es más importante, una influencia determinante sobre la personalidad y el futuro de cada uno de los miles de millones de personas que han poblado o que actualmente viven en el planeta Tierra.

Por otra parte la Astronomía, rama de la Ciencia iniciada en el Renacimiento por algunos de los más grandes genios que ha dado la Humanidad, presenta una realidad mucho más prosaica (y por qué no decirlo, estéril para la siempre fértil y a veces más que disparatada inventiva humana) en donde el Universo se encuentra sujeto a unas leyes físicas rigurosas, y la influencia de galaxias y estrellas sería únicamente debida a las interacciones con por ejemplo fuerzas gravitacionales o a través de rayos cósmicos, ondas, etc., elementos que pueden ser expresados y comprendidos matemáticamente

y que actúan físicamente sobre todo el planeta Tierra de manera global, nunca de forma específica sobre individuos determinados y mucho menos que sus influencias puedan conformar o alterar la psique de las personas o el curso de la Historia.

Así entonces, este absoluto enfrentamiento (tanto metodológico como conceptual) que dura ya prácticamente medio milenio entre una ciencia que explica y predice con cada vez mayor exactitud el Universo visible y que ha desvelado que más allá de un inimaginable numero de galaxias imperceptibles para el ojo humano existe toda una colección de entidades más que extrañas (agujeros negros, cuásares, púlsares o materia y energía oscuras por poner algunos ejemplos)

y una superchería mística, inventada por la más que omnipresente tendencia del cerebro humano a buscar correlaciones, aun cuando estos patrones no existan en realidad (y que únicamente tiene a su favor la credulidad de las personas a lo largo del tiempo y del espacio) ha hecho saltar todas las alarmas.

Y así, en un mundo en donde cada vez se tiende más al diálogo y al consenso a costa de todo, incluso de la verdad, la comunidad científica no podía mantenerse al margen del hecho que sus constantes descubrimientos socaban repetida y cada vez más recurrentemente la tranquilidad “intelectual” y lo que es peor, hieren los sentimientos más profundos de cientos de millones de seres humanos que encuentran seguridad y consuelo en la creencia de que pueden vivir su vida, tomando decisiones y resolviendo sus problemas más importantes además, con la ayuda de la ubicación en el plano de la eclíptica de Mercurio o Saturno con respecto a las constelaciones de Piscis o Géminis.

Y es por ello que, para reducir el abismo que se ha creado entre la Astronomía y la Astrología y explorar caminos a través de los cuales estos dos ámbitos podrían conseguir puntos de encuentro y hasta consensos a su ya secular enfrentamiento e incluso yendo un poco más allá, para reflexionar sobre el futuro de la Humanidad a través de sus respectivas visiones del Universo, representantes de las dos principales entidades a nivel mundial que agrupan a astrónomos y astrólogos respectivamente, han decidido establecer una Comisión paritaria compuesta por expertos de reconocido prestigio en las dos disciplinas para

crear un espacio de reflexión y pensamiento constructivo, en el que las relaciones entre Astronomía y Astrología se sustenten en un diálogo real, más que en la confrontación.

Aunque todavía es muy pronto para saber si la mencionada comisión será capaz de llegar a un consenso entre astrólogos y astrónomos en algunos de los temas más delicados se ha acordado que

durante el próximo año, el trabajo de la amplia gama de académicos de ambas partes que participarán en la Comisión responderá al menos a algunas de las preguntas planteadas y con toda probabilidad, planteará muchas más.

Así que mientras esperamos terminar una nueva órbita solar, tanto ciudadanos como científicos quedamos ansiosos ante la expectativa de los más que interesantes futuros dictámenes de esta comisión, para conocer el verdadero alcance de esta nueva forma constructiva, dialogante, consensuada y democrática de plantearse y entender la realidad, sin esa más que dogmática y casi dictatorial imposición por parte de la Astronomía de sus conclusiones, por el simple hecho de estar basadas en los quizás más que sobrevalorados conceptos de la experimentación y del método científico.

P.D.

Por supuesto que esta noticia es simplemente fruto de mi invención. Lo que en cambio es real y más que tristemente cierto es que la más que prestigiosa revista científica “The Lancet” se ha avenido a formar una Comisión equivalente a la he planteado en mi historia inventada, con nada más y nada menos que el estado soberano del Vaticano como cabeza visible de las religiones para y cito textualmente

discutir nada menos que el futuro de la Humanidad a través de la ciencia médica.

siendo el objetivo declarado de esta ambiciosa confluencia el

contribuir a la reparación del cisma existente entre la ciencia y la religión y explorar las formas en que estas dos potencias intelectuales podrían encontrar soluciones a las emergencias sin precedentes que enfrenta la Humanidad.

Sin comentarios, aunque las negrillas de la cita son mías y los entrecomillados de mi historia ficticia están directamente entresacados del artículo de “The Lancet” que recoge el magno evento “conciliador” entre ciencia y religión, error que supera en mucho incluso al ya de por sí disparatado concepto de los “dos magisterios” inventado por el por otra parte brillante zoólogo Stephen Jay Gould [1 y 2] y defendido por el también reputado biólogo evolucionista Francisco Ayala.

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  1. 2 marzo, 2018 en 9:38

    No podía dar crédito a la primera parte… y respecto a la segunda: ¿conciliaran con todas las religiones del planeta? O, sólo, con las más “verdaderas”…

  2. 2 marzo, 2018 en 9:50

    Como siempre es un problema lidiar con las miles de variantes de la locura religiosa, entiendo que se ha buscado como interlocutor a los representantes de la única religión verdadera.

  3. 2 marzo, 2018 en 10:01

    Ahora bien, como se dictamine por ejemplo que un zigoto recién formado es un individuo con todos sus derechos inalienables (por encima incluso de los deseos, la salud y a veces de la vida de ese más que prescindible contenedor biológico, vasija del pecado además según todos los doctos padres de la iglesia, llamado madre) como ejemplo de la santidad inviolable de la vida y esta apuesta de Pascal sea errónea y al final la asociación de una zarza colérica, un melenudo en paro permanente y una paloma fornicadora no sean más que la triste invención de un fariseo que tuvo un accidente ecuestre y el verdadero dios sea la Gran Serpiente Emplumada y sus compañeros, necesitados de grandes cantidades de corazones recién extirpados y todavía calentitos, los de Lancet van a hacer un ridículo de magnitudes épicas.

  4. Erik
    2 marzo, 2018 en 12:11

    Creo que es la primera vez que nada más ver el título me voy directamente al final del artículo para ver de qué trata realmente 😀

    En realidad lo que pretenden con esto es lo mismo que han pretendido siempre: preservar la religión a toda costa. La única diferencia está en que, mientras que en otras épocas tenían poder para intimidar, torturar o matar a cualquiera que tuviera el atrevimiento de interponerse en su camino, en la actualidad no tienen más remedio que buscar métodos más sutiles. De ahí el estúpido intento de ponerse a la misma altura que la ciencia con esa expresión “these two intelectual powers”. Penoso.

  5. 2 marzo, 2018 en 12:34

    Sí, lo de que una de las mejores revistas científicas del mundo asuma que la religión puede considerarse de alguna manera un “poder intelectual” es para obligar al editor jefe, que imagino que tendrá algún tipo de título universitario, a volver a primero de carrera y hacerle aprender todos los estudios de neurociencia y de psicología que tratan el tema de cómo se desarrolla el “conocimiento” religioso.

  6. Odiseo
    2 marzo, 2018 en 12:44

    ¿”Discutir nada menos que el futuro de la Humanidad a través de la ciencia médica”? Pero si eso ya se lleva haciendo desde 1847, cuando un tal Ignác Semmelweis recomendó a los médicos lavarse las manos antes de cualquier intervención quirúrgica, lo que permitió salvar millones de vidas en los hospitales de todo el mundo durante los dos siglos siguientes. ¿Qué pretenderán ahora esos de Lancet con el Vaticano, si estos tíos le tienen tanta alergia al látex que prohíben el uso de preservativos (otra cosa muy vinculada con el “futuro de la Humanidad a través de la ciencia médica”)?

  7. Eduardo Baldu Gil
    2 marzo, 2018 en 14:41

    No, yo tampoco me lo podía creer. ¡¡¡¿Cómo era posible, incluso pensable, que astrónomos internacionales se avinieran a semejante paripé?!!!
    Al final resulta ser todo una broma, al menos en lo que a la astronomía y la astrología se refiere. Pero que a alguien se le ocurra pretender llegar a puntos de entendimiento entre ciencia y religión es igualmente absurdo. Puede no chocar tanto como lo anterior, porque los intentos para esta conciliación imposible se han venido intentando desde hace siglos, pese a los repetidos y previsibles fracasos.
    Lo que me resulta increíble es que científicos que, presumiblemente deben contar con una capacidad de análisis racional, se avengan a semejante tontería. Que lo promuevan las religiones, obsesionadas por mantener su situación de privilegio en el seno de la sociedad, no es nada extraño, pero quienes se avienen a participar por parte de la ciencia, me hacen sospechar que algo no les funciona bien en sus cabezas.

  8. Pocosé
    2 marzo, 2018 en 15:55

    “Homo tecnotribalis supersticiosus” y estadisticamente “H. superticiosus tecnotribalis”
    ¿Y lo de “H. sapiens sapiens? … … …. Bueno eso ya y tal.

  9. 2 marzo, 2018 en 16:50

    Hola:

    Equipar ciencia y religión como potencias intelectuales es colocar en el mismo nivel los hechos y los mitos, la evidencia empírica y los dogmas.

    La humildad y la arrogancia, en síntesis.

    Saludos.

  10. 2 marzo, 2018 en 20:37

    Pero además, es que si Lancet hace una comisión equivalente con los chamanes de los aborígenes de Australia (que dicho sea de paso tienen la misma altura intelectual que todos los “sabios” teólogos de la santa madre iglesia) la risa y la indignación seguro que daba la vuelta al mundo. Sin embargo, parece ser que los creyentes en un desocupado que junto a sus amiguetes arruinaba a honrados bodegueros y a esforzados criadores de cerdos están más que capacitados, porque parece ser que tienen todo el “poder intelectual”, para encontrar soluciones respecto a la salud de los humanos y del mismo planeta. ¡lo que ha que ver!

  11. Perquisitore
    4 marzo, 2018 en 4:51

    No doy crédito. ¿quién se avendrá a sentarse con religiosos a discutir sobre esa premisa? ¿hasta que punto una sociedad tolerante con las ideas del prójimo llega tan bajo en su listón como para comparar creencias con hechos demostrables sin ningún problema? ¿por qué hemos llegado a este sinsentido?

    Algo anda muuuuy mal hoy en día.

  12. 4 marzo, 2018 en 12:31

    Algunos piensan que vivimos en una sociedad enferma.

  13. nestor
    4 marzo, 2018 en 17:20

    Y sí, para alguien como Mosterin, “el ser humano es un animal delirante” en su conciencia está siempre la dualidad entre lo que es y lo que no es pero podría ser”, entre el repertorio de recursos
    se incluye “la religión”, el juicio de realidad, ejercicio necesario para vivir, cuando se practica fuera de la ciencia y de la normatividad lógica, se cae en la espontaneidad y en la inercia psíquica, que terminan acercándolo al delirio.

  14. LS
    12 marzo, 2018 en 20:22

    Está claro, punto para la Iglesia. Es la única que saca algo positivo del encuentro, buena publicidad para la Iglesia y mala o nula para la Ciencia.

    Me gustaría saber, y he esperado a ver si alguien lo ponía, cual es la verdadera causa de este encuentro. Seguramente nunca nos enteraremos, pero seguro que cabrea a más de un científico.

    Yo prefiero tomar ejemplo de Richard Dawkins que explicaba por qué no debatía con los Creacionistas con este ejemplo: “Así como yo no esperaría que un ginecólogo tenga un debate con alguien que cree en la cigüeña como teoría de la reproducción, no voy a hacer …

    Y terminada diciendo que “Ellos quieren ser vistos en un debate con un verdadero científico, ya que transmite la idea de que ahí hay una verdadera discusión entre científicos.” para continuar diciendo “Ellos no pueden ganar el debate – de hecho, no ganan la discusión -, pero hacen que parezca que realmente tienen algún argumento.”

    Lo dicho, otra trampa en la que seguramente hay algo a cambio de lo que nunca nos enteraremos.

  15. 14 marzo, 2018 en 15:45

    Stephen Hawking se ha vuelto a convertir en polvo de estrellas. Descanse en paz: https://lacienciaysusdemonios.com/2014/10/03/hawking-dios-y-algunos-cientificos-cristianos-del-monton/

  16. LS
    15 marzo, 2018 en 0:08

    Pues sí, hemos tenido la suerte de vivir e ir descubriendo lo intrincado del Universo de la mano de una de las mejores mentes del último milenio. Y contemporáneo también de Albert Einstein. Todo un lujo y una suerte, espero que con el tiempo sus pensamientos queden superados por los que cojan el relevo.
    Gracias profesor Stephen Hawking, nos juntaremos de nuevo en alguna estrella.

  17. 25 octubre, 2018 en 12:48

    La desbocada inventiva de los timadores de la superstición parece no conocer límites. El último caso: protectores labiales “especialmente diseñados” para los distintos signos zodiacales. https://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2018/10/protector-labial-astrologico.html

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