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Cómo el conocimiento científico cambia el mundo


Un niño nace y vive hasta su adolescencia en el África más profunda y más depauperada, en una minúscula aldea de 50 chozas de adobe, que por supuesto no cuenta ni con agua corriente ni luz ni con nada a lo que estamos más que acostumbramos en el hipertecnológico mundo occidental, puesto que es un lugar sumido en la más absoluta pobreza del más insignificante (y casi ilocalizable) Malawi. Pero este niño, que tuvo que dejar la escuela para ayudar a su familia, devora con fruición viejos libros y gastadas revistas que alguna caritativa ONG occidental llevaba al más que depauperado “club social” de su aldea, encuentra  un día un ejemplar de una revista divulgativa de ciencia que explicaba cómo aprovechar el viento para producir esa energía eléctrica de la cual nuestro protagonista casi ni puede imaginar.  Y se produce el “milagro” científico, por supuesto el único posible.

Con un montón de desechos: una vieja bicicleta, el ventilador de un tractor abandonado, trozos de gomas, madera y los desechos que los agricultores vecinos ¡consideraban ya inútiles! en un país en donde nada se desecha, comenzó a construir el primer generador eólico diseñado por un ciudadano en toda esta depauperada nación africana.

Y con un más que reseñable espíritu práctico y duro trabajo, trenza trozos de cobre para fabricar cables, conecta unas aspas giratorias artesanales colocadas sobre un más que inestable soporte de 5 metros de altura, que conforme iba mejorando su estructura y su potencia logró elevarlo hasta los 12 metros (nada tan alto había nunca sido visto en esta pequeña aldea perdida de la mano de la civilización) a un generador cuyo prohibitivo coste de 16 dólares casi hace fracasar el proyecto, y a una vieja batería de un tractor. Al final, este más que artesanal artefacto sirvió para hacer funcionar 4 bombillas, una radio e incluso al cargador del único móvil de la aldea, consiguiendo al final domeñar al viento a través de su más que ingenioso sistema de aerogenerador eléctrico casero para llevar ¡por fin! el milagro tecnológico de la luz artificial a sus más que asombrados progenitores y al resto de una aldea sumida en la más oscura época preindustrial.

http://tu.tv/videos/como-el-conocimiento-cientifico-cambia-el-mundo

 

Ahora ese niño llamado William Kamkwamba está desarrollando nuevos proyectos para diseñar infraestructuras básicas que funcionen con energias renovables para el África más depauperada.

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  1. Abraham
    4 septiembre, 2018 en 8:08

    Bravo.

  2. 4 septiembre, 2018 en 22:24

    Reblogueó esto en Palabras al vapor..

  3. apalankator
    7 septiembre, 2018 en 18:26

    Eso es la testiculina que tanto escasea por otros lugares

  1. No trackbacks yet.

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