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Cómo el cerebro humano toma decisiones o cómo la ciencia enseña a ligar


La Filosofía y la Teología llevan milenios debatiendo sobre la esencia del ser humano. Y toda la escolástica religiosa y gran parte de la Filosofía llegaron hace mucho a la conclusión de que los sapiens tenemos la capacidad de elegir y de tomar nuestras propias decisiones, generalmente de manera externa al entorno que nos rodea, una habilidad que se ha denominado libre albedrío. Sin embargo, la biología evolucionista en sus múltiples variantes ha demostrado que el cerebro humano es simplemente un conjunto de algoritmos (eso sí, más que complejos) cuya finalidad es la toma de decisiones casi inmediatas, por eso de la supervivencia ya que aquellos que cerebros que no tomaron las decisiones “correctas”, evolutivamente hablando, no dejaron ninguna descendencia. Por lo que en resumen, que de libre albedrio, queda científicamente hablando poco y menos.

Siglos de Filosofía y de Teología han llegado a la conclusión de que los humanos tenemos la capacidad de tomar nuestras decisiones libremente, prácticamente sin influencia externa alguna. Pero no hay que ser científico evolutivo para sospechar que todo este armazón teórico es una simple ilusión cuando vivimos inmersos en una sociedad en donde se nos bombardea constantemente con proclamas, consignas y sobre todo con un incesante despliegue publicitario.

En el siguiente video, el científico social Dan Ariely desvela cómo toma decisiones nuestro cerebro y cómo aquellos que conocen este importante aspecto de la naturaleza humana pueden llegar a manipularnos sin que ni siquiera nos demos cuenta y acabemos eligiendo “libremente” aquello que a ellos más les conviene.

http://tu.tv/videos/como-el-cerebro-humano-toma-decisiones

 

Porque el cerebro humano, como órgano afinado por millones de años de evolución, está perfectamente adaptado a la toma de decisiones siempre dentro del contexto en el que se nos presentan las opciones y muy raramente (o quizás ninguna) los sapiens elegimos las cosas en términos absolutos. Y esa forma de pensamiento es recurrentemente utilizada por nuestro cerebro en todos los eventos de nuestra vida, incluidos los más personales como por ejemplo la atracción física y la selección de nuestra pareja tal y como también ilustra Ariely con el experimento del siguiente video:

http://tu.tv/videos/como-la-ciencia-te-ensena-a-ligar

 

Y estos estudios, lejos de ser simples curiosidades académicas para engordar el curriculum vitae de los científicos, permiten sugerir que es más que probable que todas y cada una de esas importantes decisiones que han marcado nuestras vidas, y de las que muchas veces nos sentimos vanidosamente orgullosos o profundamente avergonzados, pueden no ser el resultado de un profundo análisis y el despliegue de nuestro libre albedrío sino que por el contrario han podido ser intensamente influidas por más que nimios detalles, muchas veces anecdóticos.

Y entonces, el corolario que se desprende de estos estudios es que ligeras modificaciones de esas situaciones en las que se produjeron estas decisiones bien podrían habernos hecho tomar otros caminos completamente distintos a la hora de elegir lo que más valoramos en nuestras vidas: nuestras relaciones de amistad y afectivas o en nuestro posterior futuro académico o desarrollo profesional, como bien indica el hecho de que las más simples afinidades fonéticas entre el nombre de una persona y el de su futura pareja o vagos términos asociados a una profesión en particular parezcan determinar la elección de muchos individuos.

 

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  1. c
    11 septiembre, 2018 en 12:07

    Me parece que en los hombres, la testosterona tiene lamentablemente mas influencia ,
    y la verdad es que la imagen es lo que menos importancia tiene comparado
    con que si la persona es asertiva y empática o tiene personalidad y gustos claros, creatividad etc
    Aunque a la vez , la imagen, es lo que 1º llega, nos despierta el deseo y nos dice acerca de la salud fisica de las personas
    Por todo ello, creo que es bueno no dejarse llevar demasiado por el deseo y conocer despacio a la gente o tener la sinceridad de decir que ” es una pena pero no funciona” y esto es siempre un engorro aun minimamente, auqnue todo el mundo tenga derecho a intentarlo etc…si al menos hay respeto asertividad amabilidad etc … .

  2. Anónimo
    12 septiembre, 2018 en 17:02

    entonces, tampoco hay que poner medallas por colocarse algunas personas dentro del racionalismo

  3. LUIS SANCHEZ
    4 octubre, 2018 en 23:57

    Ahora que he podido ver el vídeo, tengo claro que las empresas nos conocen mucho mejor que nosotros mismos.
    El marketin (publicidad, muchas veces engañosa aunque no siempre para la legislación actual) va por delante de nosotros, las leyes.

    De hecho en política es ampliamente utilizado para hacer cambiar a los indecisos de opción política (con pasó con Trump y Facebook).

    Hay que pensar, siempre, que hay gato encerrado.

    Salud2

  4. 5 octubre, 2018 en 6:32

    No sólo es que la mayoría de la gente no sabe como funciona el cerebro y nuestra forma de pensar, lo peor de todo es que encima hay algunos como un reciente comentarista en CyD que se suben al pedestal del subjetivismo y dejan perlas intelectuales como esta de que

    “En mi opinión, los estudios que intentan dar lecciones me aburren. Cada persona conoce su realidad y conoce sus capacidades. Las generalizaciones a día de hoy no sirven para nada.”

    Y claro, así nos luce el pelo como sociedad.

  5. Far Voyager
    5 octubre, 2018 en 13:42

    No, no sirven para nada. Al menos las generalizaciones que se hacen en ciertos modelos económicos dónde se asume que el hombre es racional por completo.

  6. 5 octubre, 2018 en 15:52

    Far Voyager

    Esos modelos están totalmente desprestigiados ¡si hasta hay un Nobel en Economía por esa refutación!. Otra cosa es que sigan teniendo su más que interesado público. Ese tipo de economía se parece cada vez más al DI, tanto en rigor como en el tipo de defensores que tiene.

  7. Far Voyager
    5 octubre, 2018 en 21:34

    Sí, por eso lo comento. Lo malo es que hay algunos que precisamente no se han dado cuenta de que el ser humano no es un robot sino un ente más que falible.

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