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Carta Abierta a la Ministra de Sanidad española sobre pseudomedicinas


Más de un millar de investigadores españoles han firmado la siguiente carta para la Ministra de Sanidad española sobre pseudomedicinas.

Seamos claros: las pseudociencias matan. Y no solo eso, sino que son practicadas incluso por médicos colegiados [1] y con el respaldo de los colegios de médicos [2]. Han llevado a la muerte a miles de personas solo en nuestro país, y lo siguen haciendo. En algunos casos, como en la muerte de Mario Rodríguez [3], se trata de personas que no son médicos pero ejercen con impunidad desde centros que incumplen la legislación de centros sanitarios. En otros casos, como la muerte de Rosa [4], son médicos colegiados que actúan con el conocimiento de los colegios de médicos, que les permiten seguir engañando a enfermos graves y llevarlos, en el mejor de los casos, a caer en un engaño, o en el peor, a la muerte.

Ministra, este problema no solo se soluciona en Europa, como usted ha sugerido recientemente [5], porque va más allá de la homeopatía. Esto también se soluciona en España, haciendo cumplir la ley, creando nuevas leyes y protegiendo los derechos del enfermo y sus familias. Se soluciona luchando contra lo que se está convirtiendo en una plaga que afecta a las mismas raíces del sistema de salud de nuestro país. Porque seamos claros de nuevo: la deontología médica no es un juego.

El Artículo 5. 4. del código deontológico [6] dicta que «el médico jamás perjudicará intencionadamente al paciente. Le atenderá con prudencia y competencia, evitando cualquier demora injustificada en su asistencia». Y sin embargo, la gente que recurre a las mal llamadas terapias alternativas —pues ni son terapias ni complementan tratamiento alguno— tienen más posibilidades de morir [7], llegando a ser un 470% más altas en algunas patologías [8].  Es decir, los retrasos e interferencias que suponen estas prácticas —y no solo la sustitución de tratamientos, como se quiere hacer ver desde algunas instituciones— matan a enfermos que confiaron en el sistema de salud que usted tiene que defender. Casos como el de Rosa [4], en el que un paciente muere por llegar tarde a la medicina real tras un retraso causado por un médico pseudocientífico, son muy comunes.

El Artículo 12. 1. del código deontológico dice que «el médico respetará el derecho del paciente a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, sobre las opciones clínicas disponibles. Es un deber del médico respetar el derecho del paciente a estar informado en todas y cada una de las fases del proceso asistencial. Como regla general, la información será la suficiente y necesaria para que el paciente pueda tomar decisiones». Es decir, el paciente tiene derecho a una información veraz y suficiente para tomar decisiones respecto a su enfermedad. Vender, ofrecer o recomendar pseudoterapias —incluso si se presentan como carentes de evidencia científica— infringe ese derecho, pues estas prácticas no solo carecen de evidencia científica, sino que van en contra de ella. Que la homeopatía no funciona se sabe desde hace más de un siglo, y que los imanes sirvan para curar la hepatitis —como defienden muchos médicos colegiados que practican el biomagnetismo [9]— ni siquiera puede ser objeto de debate científico, pues carece de sentido médico, biológico y químico. Ofrecerlas como efectivas, e incluso como carentes de evidencia científica, atenta contra el derecho del paciente a tener una información veraz, pues son contrarias a la evidencia científica.

El Artículo 21. 1. del código deontológico dice que «el médico tiene el deber de prestar a todos los pacientes una atención médica de calidad humana y científica». Cabe decir que ofrecer pseudoterapias a un enfermo no solo atenta contra la calidad científica que recibe un paciente, sino también contra la calidad humana, al jugar con las esperanzas y expectativas de curación de las personas. Y no solo eso, algunas de estas pseudoterapias, como la bioeuroemoción [10], culpan a los enfermos y a sus propios familiares, agravando aún más la calidad humana, al alejar a los enfermos de sus familias cuando más las necesitan.

El Artículo 23. 1. del código deontológico dice que «el médico debe disponer de libertad de prescripción, respetando la evidencia científica y las indicaciones autorizadas, que le permita actuar con independencia y garantía de calidad». Y sin embargo, a pesar de que la Organización Médica Colegial cataloga todas estas prácticas como contrarias a la medicina [11], existen médicos ofertándolas sin respetar la evidencia científica, que es clara y contundente: estás prácticas no funcionan y pueden tener efectos secundarios graves, incluso llevar a la muerte. Así pues, ni siquiera pueden ser ofertadas como prácticas preventivas, pues el  Artículo 25. 3. del código deontológico indica que «la promoción de actividades preventivas sólo es deontológicamente correcta cuando tienen un valor científico probado».

Además, por si todo esto no fuera suficiente, el Artículo 26. 2. del código deontológico advierte de que «no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida». ¿Cómo es compatible todo esto con ofertar agua con azúcar para tratar el cáncer, imanes para curar la hepatitis, imponer las manos para sanar, alejarte de tu marido para curar el cáncer de mama, o usar la acupuntura contra la esclerosis múltiple? Estás prácticas, con el código deontológico en la mano, no deberían ofrecerse ni siquiera para tratar un simple constipado. En resumen, los médicos no tienen el derecho de mentir a los enfermos.

Pero la laxitud de los colegios de médicos no es el único problema. En España existen miles de centros que ofertan todas estas pseudoterapias sin control, infringiendo el artículo 3.3 del Real Decreto 1277/2003, que indica en su punto segundo que «sólo los centros, servicios y establecimientos sanitarios autorizados podrán utilizar en su publicidad, sin que induzca a error, términos que sugieran la realización de cualquier tipo de actividad sanitaria, limitándose aquella a los servicios y actividades para los que cuenten con autorización, debiendo consignar en dicha publicidad el número de registro otorgado por la autoridad sanitaria de la correspondiente comunidad autónoma al concederle la autorización sanitaria de funcionamiento o la autorización específica de publicidad sanitaria». En nuestro país este artículo no solo no se cumple, sino que las personas que lo infringen llegan, en algunos casos, a montar asociaciones públicas y registradas para promover sus servicios, como es el caso de la Asociación Española de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales [12] o la Organización Colegial Naturopática [13] —que, a pesar del nombre, ni es un colegio ni está compuesta por médicos—. ¿Dónde están las autoridades sanitarias?, ¿de verdad el Ministerio de Sanidad no puede hacer más para acabar con este problema?, ¿cuántos muertos más tienen que salir en los periódicos para que el gobierno actúe de forma contundente y clara?

Desde la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas, el Grupo Español de Pacientes con Cáncer, la ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, el Círculo Escéptico y la Red de Prevención Sectaria y del Abuso de Debilidad y FarmaCiencia, le pedimos a la Ministra de Sanidad que proponga medidas claras para acabar con tres problemas que son la causa de estas muertes, engaños y perjuicios a la salud y la economía de los enfermos, a saber:

1- La presencia de médicos colegiados que infringen el código deontológico médico, con el beneplácito de sus respectivos colegios de médicos, quienes les permiten ofrecer pseudoterapias, llegando, en algunos casos, a tener comisiones propias dentro del colegio y destinadas a fomentar estos incumplimientos del código.

2- La presencia de personas no profesionales que, de forma pública, evidente y notoria, infringen la legislación de centros sanitarios para, además, ofrecer servicios y productos que van contra de los derechos de los enfermos.

3- La necesidad de leyes o controles que eviten que algunos productos pseudocientíficos, como es el caso de la homeopatía, estén vendiéndose de forma libre en las farmacias españolas, a pesar de no tener ninguna eficacia y atentar contra los derechos de los enfermos. Máxime, teniendo en cuenta que Europa no obliga a España a que se pueda vender homeopatía en las farmacias, como se ha defendido falsamente por anteriores administraciones [14].

Quedamos a la espera, pues, de acciones por parte del Ministerio de Sanidad, presidido por María Luisa Carcedo, y que lleven a una solución de los problemas aquí expuestos, que ya le han costado la vida a demasiada gente.

 

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  1. Luis Sanchez
    26 septiembre, 2018 en 13:57

    Sí, la leí ayer y solo espero que la dimisión de la titular del ministerio, principal impulsora de la iniciativa, no haga que pierda fuelle la luchar en España y también en el seno de la UE contra las pseudomedicinas.

    Ayer, y como colofón, en una cadena de noticias nacional hablaban de los problemas que tenía la ciudadanía por el engaño sufrido por “falsos curanderos” como si hubiera curanderos buenos… ¡con este periodismo tenemos que mantenernos informados! de pena.

    Salu2

  2. Anónimo
    26 septiembre, 2018 en 15:25

    periodistas al servicio del rating, entregando noticias que no vayan en contra de las creencias absurdas de la gente

    asi dejan contenta a la mayoría.

  3. Jose
    27 septiembre, 2018 en 18:28

    Uno de los mayores problemas de la sanidad es la baja adherencia de los pacientes a los tratamientos farmacológicos, por no hablar ya de las recomendaciones higiénico-dietéticas. Esto se ha debido tradicionalmente al bajo nivel socioeducativo, lo que implica pobres conocimientos sobre salud, con lo cual la población no comprende por qué debe seguir un tratamiento determinado para una enfermedad crónica como puede ser una diabetes que puede llevar a mayores problemas de salud; a no ser que sea algo que les duele o les molesta no están motivados para seguir un tratamiento, entonces se les olvida la mitad de las veces y no están nunca en rango terapéutico, con lo que la enfermedad no está bien controlada.
    En los últimos años, además del problema anterior, la gente de mayor nivel cultural empieza a presentar cada vez con mayor frecuencia un problema, no de falta de información sobre salud, sino de mucha información, pero totalmente inadecuada. Gente que lee por internet auténticas barbaridades sobre salud y se lo cree todo a pie juntillas, porque la educación que han recibido, aunque sea de alto nivel, no incluye el desarrollo del escepticismo y el sentido crítico; ése es el principal fallo de nuestro sistema educativo: transmite conocimientos pero no enseña a pensar. Así, la población, cuando se enfrenta con otros conocimientos distintos de los que enseñan en escuelas y universidades, de igual manera los acepta sin cuestionarlos, y no puede diferenciar unos de otros.
    También, el sistema sanitario público español, que está muy lejos de ser tan bueno como dicen, tiene un grave problema: casi todo el gasto sanitario se destina a la atención del paciente crónico, porque es lo que hay, pero el sistema fue diseñado en el siglo XIX pensando en los pacientes agudos, y hasta ahora así sigue en lo esencial. Esto causa una grave inadecuación del sistema a las demandas de la población: se atiende a pacientes crónicos como si fueran agudos. El sistema basado en el paciente agudo se basa en la consulta a demanda, mientras que un sistema centrado en el paciente crónico debería estar basado en la educación, el paciente crónico debe convertirse en un experto en su enfermedad y adquirir la capacidad del autocuidado lo más posible. Esto no se puede hacer, o muy poco, con las consultas a demanda, requiere de sesiones grupales educativas, en las que participen enfermos, profesionales, familiares de enfermos, asociaciones de vecinos, centros cívicos, colegios… Esto se hace muchísimo en países como Reino Unido, con una potente atención primaria, mientras que en España es algo casi anecdótico. Al final supone que la mayor parte de los pacientes crónicos no saben nada de su enfermedad, no saben controlarla, se descompensan periódicamente, y acaban ingresando en el hospital cada dos por tres, lo que supone un gasto muchísimo mayor de lo que costaría educarles.
    Si se creara un sistema sanitario basado en la educación del paciente crónico, se podría también incluir la educación para que diferencien las pseudoterapias de las terapias de verdad.

  4. Naruto Perez
    8 octubre, 2018 en 9:56

    ¿De que empresa farmaceutica estais cobrando? ¿Podeis asegurar que vosotros o vuestros médicos nunca fuísteis de vacaciones pagados por los representantes farmaceuticos? ¿Que teneis en contra de terapias complementarias ejercidas por médicos titulados como vosotros mismos? ¿Ellos engañan y vosotros no? Aclaraos primero en la propia comunidad científica. La discusión está entre vosotros, por lo tanto algo debe de haber.¿Es que no mirais las estadísticas de los muertos por sobremedicación, especialmente en la tercera edad, por la administración de fármacos incompatibles, por los errores en la medicina convencional? ¿Esas estadísticas no cuentan? ¿Solo los errores de un lado y no los del otro? Vosotros, periodistas, también ¿es que llevais orejeras? Sin ir a estadísticas, cuaquier persona normal en su entorno, solo tiene que abrir los ojos y contar, y seguro que encuentra unos cuantos casos. ¿Por qué socialmenente está tan extendida la indulgencia y la amnesia con los errores médicos? En cambio los que pasan por terapias alternativas suben a la picota. Cuando precisamente muchos enfermos que acuden a terapias alternativas lo hacen despues de ser desauciados por la medicina convencional farmacológica, por tanto demasiado tarde y cuando en muchos casos ya no hay manera humana de tratarles. Colaboremos, señores, colaboremos por el bien de los pacientes, con lo mejor de cada escuela médica para curar a la gente y no perdamos energía en guerras con trasfondo económico.

  5. 8 octubre, 2018 en 12:08

    Naruto

    Dos cosas. Primero, yo personalmente nunca he recibido ningún emolumento de ninguna compañía farmaceútica.

    Y segundo y más importante ¿qué tienen que ver los fallos en los tratamientos o medicamentos convencionales para justificar la magia?

    Si un medicamento es tóxico o mata entonces que caiga todo el peso de la ley sobre la farmaceútica en cuestión. Y si ha habido engaño pues todos los directivos de la empresa implicados a la cárcel. ¿Entiendes ahora porqué no cobro emolumento alguno de las farmaceúticas?

    Lo que ocurre es por el otro lado todo son errores, ya que como la “medicina” alternativa no funciona o bien es una estafa o bien acaba matando la paciente por abandono de los tratamientos que sí curan.

    Finalmente te voy a poner un ejemplo de tu más que defectuoso “argumento”. Se sabe que de vez en cuando los frenos o los cinturones de seguridad de algunos modelos de vehículos tienen un defecto de fábrica, con el resultado de accidentes e incluso de muertos. Entonces, aparece un Naruto Pérez que dice “¿veís las estadísticas?” y como hay un iluminado que dice que ponerse un cucurucho de papel albal en la cabeza amortigua el impacto entonces “colaboremos por el bien de los pacientes”. Pues no señor Naruto, si la Ford fabrica malos cinturones de seguridad, pues multas y hasta cárcel para los responsables, pero ello no da validez ninguna a los cucuruchos de papel como medida de protección vial.

  6. Eduardo Baldu Gil
    9 octubre, 2018 en 13:23

    Los errores existen, la mala praxis también. Para los primeros hay que tomar medidas preventivas que los eviten, y a la segunda se la debe perseguir con castigos ejemplares.
    Lo de “¿De que empresa farmaceutica estais cobrando?” me recuerda cuando, en los años 70/80, a quienes sentíamos inquietudes sociales nos acusaban de estar al servicio del “oro de Moscú” (Por cierto, que aún no he recibido ni un miserable rublo. Espero que cuando llegue incluya los atrasos. ¡¡Voy a ser más rico que el Billy Gates!!. Lo digo para los que estéis esperando algo de las farmacéuticas, que os lo toméis con paciencia, que estas cosas se ve que van para largo). Y aunque sean de una gilipollez extrema, hay quien se las toma en serio.
    Que quienes dirigen la industria farmacéutica son unos mangantes, especuladores, y todos los calificativos que se os ocurran, es algo de lo que no tengo la más mínima duda, pero todo ello dentro del orden natural del gran empresariado (En realidad esas prácticas son comunes a la inmensa mayoría de actividades industriales y empresariales). Por ello siempre he mantenido que la industria farmacéutica debería ser una empresa pública (o si se prefiere mixta con mayoría pública). De esta forma las prioridades podrían ser dirigidas a las necesidades reales de la ciudadanía, podrían desaparecer los precios abusivos en los medicamentos y desaparecería el enriquecimiento injusto de directivos y accionistas a costa de la desgracia de los demás. Pero eso nada tiene que ver con la eficacia e idoneidad de los medicamentos elaborados. A ver si aprendemos a diferenciar la gimnasia de la magnesia.
    Por otra parte los engaños, abusos, venenos y estafas de cantamañanas que se aprovechan de la credulidad de la gente, no son tratamientos médicos, así que no existe una medicina alternativa con la que supuestamente colaborar.
    Aquí los únicos que llevan orejeras son los defensores de esa falsa “medicina alternativa” que no es más que una inmensa estafa. Bueno, llevan orejeras, o participan de la estafa.

  7. Jose
    21 octubre, 2018 en 5:47

    Naruto.
    Te comento que soy médico de familia y he trabajado en el sistema nacional de salud, aunque actualmente me dedico a la medicina laboral. En mi etapa anterior nunca disfruté de vacaciones pagadas por ningún laboratorio, ni conozco a nadie que lo haya hecho. Los laboratorios se limitan a dar regalos de muy escaso valor como bolígrafos o libretitas con el logo del fármaco en cuestión, y si son regalos de mayor valor son de carácter formativo, como asistencia a congresos médicos.

    La medicina científica funciona, a diferencia de las pseudoterapias alternativas; eso es indudable. Si a veces se cometen errores, son eso: errores, casi siempre derivados de malas condiciones de trabajo, de las consultas con muy pocos minutos y en demasiado número, del agotamiento psíquico y físico, de jornadas de 24 horas de trabajo a menudo seguidas de otras 8 horas de trabajo… eso no significa que la terapia no funcione, sino que el cerebro del médico se agota por la falta de descanso y comete errores de razonamiento. Más que promocionar las pseudoterapias alternativas, lo que tendrían que hacer los pacientes es apoyar a los médicos en su lucha por mejores condiciones de trabajo, pues los principales beneficiados iban a ser los pacientes.

    Si hay muchas muertes por sobremedicación en pacientes ancianos es porque el procesamiento de los fármacos en el paciente anciano es muy distinto del del adulto joven, y habría que utilizar dosis mucho menores y evitar la polimedicación. Esto lo saben los geriatras, pero la inmensa mayoría de pacientes ancianos son medicados por otros especialistas que no son geriatras, sino sobre todo médicos de familia, internistas, cardiólogos, etc. Por lo tanto es un problema de falta de adecuación del sistema a la población más mayor, no es un problema de los fármacos en sí mismos.

    Hay muchos enfermos que no se van a curar con terapias científicas. Un cáncer diagnosticado en fase avanzada con múltiples metástasis, nadie lo cura, eso es así. No obstante, siempre se puede prolongar la vida o paliar los síntomas. Lo que no es de recibo es engañar a estos enfermos con pseudoterapias que de nada sirven. Dices “colaboremos por el bien de los pacientes, con lo mejor de cada escuela médica para curar a la gente”, en realidad esa frase no tiene el menor sentido, porque la homeopatía, acupuntura, etc, NO SON ESCUELAS MÉDICAS, son cosas que no tienen nada que ver con la medicina y por lo tanto no van a aportar nada al enfermo, sólo van a jugar con la esperanza de un paciente que no se va a curar y sacarle el dinero.

    Los medicamentos tienen, todos, efectos secundarios, a veces graves. Lo único que no tiene efectos secundarios es lo que no tiene ningún efecto, como la homeopatía. Los medicamentos pasan ensayos clínicos para demostrar que el beneficio, EN GENERAL, compensa el riesgo. Digo EN GENERAL para resaltar que habrá pacientes individuales a los que el riesgo les será mucho mayor que el beneficio, pero esto es inevitable y no es ningún error, pues para LA MAYOR PARTE de los pacientes el beneficio será mucho mayor que el riesgo. A un paciente de cada 100000 un fármaco X le puede matar, pero a cambio el 99 % de los que tomen ese fármaco experimentarán una mejoría importante de su salud con muchos años de vida ganados. Mientras que si un paciente renuncia a ese fármaco X por no querer correr el riesgo de ser ese 1 entre 100000 que muere, y decide tomar homeopatía, no estará entre ese 99 % de los que mejoran su salud y ganan años de vida y se limitará a experimentar unos ligeros efectos placebo que en nada le van a alargar la vida.

    A veces los laboratorios manipulan los ensayos clínicos y minimizan los riesgos y/o maximizan los beneficios, con lo que sale al mercado un fármaco que no debiera haber salido. Esto no es más que un fraude y debe ser perseguido, pero no significa que la medicina científica no funcione y debamos darnos a las pseudomedicinas que no son más que placebo.

  8. 21 octubre, 2018 en 9:27

    El argumento de que como las farmacéuticas engañan todo lo que pueden y quizás más, entonces se justifica la “medicina” chamánica, es de un absurdo tal que sería equivalente a decir que, tal y como se ha demostrado recientemente que muchas empresas automovilísticas han estafado con el asunto del trucaje de los motores diesel, entonces hay que permitir los medios de transporte alternativos tales como escobas voladoras y alfombras mágicas, ambos respaldados por un “conocimiento” tan milenario como pinchar con agujitas o manipular la energía sanadora del universo.

    Lo que hay que hacer con los excesos, engaños y estafas de las multinacionales (sean estas del ramo que sean) es investigar y castigar tanto económicamente como con penas de cárcel para los directivos cuando sea necesario. Es por este tipo de comentarios, y a pesar de lo que maledicentemente insinúan en CyD algunos lectores más que susceptibles, por lo que nunca podré cobrar “comisiones” de las farmacéuticas.

  9. Far Voyager
    21 octubre, 2018 en 21:01

    ¿Ocurre algo con el último artículo, el de los terraplanistas?. Parece que no se puede comentar allí.

  10. 21 octubre, 2018 en 23:27

    Los comentarios de cada entrada sólo los puede administrar el respectivo autor. J.M. me indicó que intentaría volver a escribir en CyD en la medida de sus obligaciones. Imagino que andará liado para revisarlos.

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