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Vacunas: altruismo para los más vulnerables


Una de las sorprendentes y más llamativas propiedades de las vacunas consiste en que si se administran adecuadamente se produce el “milagro” médico de mantener sano incluso a las personas que no han sido vacunadas. Y esta característica, denominada inmunidad de grupo, es fundamental para que las personas más vulnerables, aquellas que no tienen todavía su sistema inmunitario desarrollado como son los bebés,  lo tienen en declive como por ejemplo los ancianos o incluso dañado como los pacientes oncológicos que reciben quimioterapia puedan sobrevivir.

Si la mayoría de los integrantes de una población dada están vacunados, el contacto entre una persona infectada y uno de los pocos individuos no vacunados resulta altamente improbable, de tal manera que la cadena de infección del patógeno se rompe y esos escasos humanos no vacunados pueden seguir libres de peligro. Este concepto se denomina inmunidad de grupo

inmunidad de grupo

y permite que las personas que presentan un sistema inmunitario dañado (ancianos o pacientes tratados con la cada vez más habitual quimioterapia) o no funcional todavía (bebés) puedan mantenerse a salvo de peligrosos patógenos.

Porque lo es un dislate económico y social y una tragedia humana terrible es que una persona a la que se le diagnostica un cáncer y recibe toda la más que costosa batería de tratamientos oncológicos luego, mientras el cáncer está remitiendo se acabe muriendo por una “simple” pero más que peligrosa infección por sarampión. Y esto es lo que ha ocurrido recientemente en Suiza, en donde un joven de 26 años que estaba siendo tratado por una leucemia fue infectado por sarampión y acabó muriendo. El paciente había sido adecuadamente vacunado en su infancia, pero como los medicamentos administrados  durante su quimioterapia tienen el importante efecto secundario de bloquear parcialmente el sistema inmunitario, la respuesta inmune protectora adquirida y que en personas sanas dura toda la vida se vió comprometida, de tal manera que cuando se volvió a infectar su sistema inmunitario no pudo controlar el virus, con el fatal resultado de la muerte del paciente un par de semanas después.

Este desgraciado caso muestra la importancia de que todos los individuos sanos estemos adecuadamente vacunados, para así poder salvar la vida de nuestros hijos recién nacidos, nuestros familiares y amigos que puedan enfrentarse a un cáncer, de nuestros ancianos padres, y ya puestos de nosotros mismos dentro de más o menos tiempo porque la senectud es un camino que al final todos tenemos que recorrer y pobre del que no lo haga.

 

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Categorías:Actualidad
  1. Raul Cancela.
    9 noviembre, 2018 en 14:21

    La vacunación es un acto de responsabilidad social, no solo una estrategia egoísta. Nadie tiene el derecho de transformarse en un coche-bomba biológico para la sociedad, tan solo por cuestiones de pareceres puramente egoístas. Excelente aetículo.

  2. Terribilis
    9 noviembre, 2018 en 16:50

    Cómo bien se sabe, fue en el año 1998, cuando el médico británico Andrew Wakfield publicó un estudio en la revista The Lancet en el que aseguraba que la vacuna triple viral (sarampión, paperas y la rubeola) estaba asociada a la aparición de autismo en los niños.

    No obstante, una investigación periodística realizada en 2007 reveló que el médico había manipulado los datos de los participantes para obtener resultados y poder demandar a las farmacéuticas que fabricaban vacunas. El objetivo último de Wakefield era desacreditar la triple vírica para hacerse millonario con vacunas alternativas.

    Posteriormente, Wakefield fue expulsado del Colegio de Médicos del Reino Unido y la revista retiró el artículo.

    Pero el daño estaba hecho: El estudio se convirtió en una de las bases para el movimiento antivacunas. Padres en todo el mundo comenzaron a no vacunar a sus hijos.

    Como también afirma de muchas maneras Ateo666666, esta postura resulta especialmente irritante para algunos médicos, como a la doctora Jennifer Raff, quien escribió en el Huffington Post, publicado el 19/04/2014: “Este es uno de los argumentos más deleznables que he oído nunca. Para empezar, las vacunas no siempre son cien por cien efectivas, por lo que es posible que un niño vacunado se contagie si está expuesto a la enfermedad. Peor aún, hay algunas personas que no pueden vacunarse porque son inmunodeficientes, o porque son alérgicas a algún componente. Esa gente depende de la inmunidad colectiva para su protección. Quienes deciden no vacunar a sus hijos frente a enfermedades infecciosas no solo están arriesgando la salud de sus hijos, sino también la de otros niños”.

    Según nota publicada en el periódico “El País” de fecha 27 de junio de 2015 En España, antes de publicarse este pseudoestudio de Wakefield ya existía la LIGA para la libertad de la vacunación, un movimiento naturalista que más que la libertad promulga la antiinmunización. Lo encabeza el médico Xavier Uriarte, que en 2003 publicó Los peligros de las vacunas ( Ática Salud). Él, junto a su colega Juan Manuel Marín Olmos, autor de Vacunaciones sistemáticas en cuestión (Editorial Icaria, 2004), son seguramente dos de las cabezas visibles más significadas del movimiento antivacunas en el país, aunque a ellos mismos no les gusta este calificativo. Ambos rechazaron explicar a este periódico sus teorías sobre las vacunas y se remitieron a sus libros.”

    O sea que.. Business are business.

    Saludos inmunizados.

  3. Alberto
    9 noviembre, 2018 en 19:38

    Otro problema muy importante es la resistencia a los antibióticos. Eso se está convirtiendo en una de las principales causas de muerte, que afecta sobre todo a inmunodeprimidos. Se estima que podría echar a perder buena parte de los éxitos en transplantes. La solución está en las autoridades sanitarias, no es de recibo que antibióticos de último recurso como la vancomicina se reserven en hospitales a pacientes que son resistentes a los antibióticos normales, pero luego este antibiótico se da libremente al ganado para engordarlo, lo que acaba produciendo resistencias en el ser humano, al comer la carne o tomar la leche contaminada por vancomicina. Lo que podemos hacer a nivel individual es recurrir a antibióticos lo menos posible (España es el país del mundo con el mayor uso de antibióticos, normalmente para procesos víricos o bacterianos leves que no los necesitan), y comer la menor cantidad posible de carne y tomar pocos productos lácteos. Que además la salud lo agradecerá, por diversos motivos.

  4. 9 noviembre, 2018 en 20:53

    Sobre el tema del mal uso de los antibióticos y en especial de la industria ganadera he escrito largo y tendido en CyD

  5. 9 noviembre, 2018 en 23:52

    Estaba moderando los comentarios y mi teléfono móvil se ha apagado y ahora observo que se han perdido, incuída una respuesta mía. Por ello pido disculpas por este suceso cibernético.

  6. 10 noviembre, 2018 en 0:00

    Ahora sí. Como decía en mi comentario perdido la ética científica impecable del que además de genial Dr. Fleming fue un más que visionario cuando indicó taxativamente que

    “En tal caso la persona irreflexiva que juegue con el tratamiento de la penicilina es moralmente responsable de la muerte del hombre que finalmente sucumba a la infección por el organismo resistente a la penicilina. Espero que este mal pueda ser evitado.”

    Así que siguiendo esta más que racional argumentación el Tribunal Penal Internacional debería perseguir de oficio a todos aquellos que se enriquecen dilapidando los más que vitales antibióticos únicamente para engordar ganado, valiosos recursos que así solo sirven para que luego puedan inundar en el correspondiente local de comida basura esas hamburguesas o alitas de pollo que además sólo sirven para provocar obesidad, diabetes y el resto de las enfermedades asociadas al actual mundo derrochador.

    Y en la actualidad cuando mueren decenas de miles de personas en el mundo por las multiresistencias bacterianas esos ávidos depredadores del mundo industrial solo tienen un nombre: genocidas.

  7. Txema M.
    10 noviembre, 2018 en 5:09

    Completamente de acuerdo con tu último comentario. La irresponsabilidad elevada a esos grados debería de estar recogida en un código penal internacional.

    ¿Qué es eso de que has escrito largo y tendido en CyD? No sé qué es CyD, pero me apunto a leerlo.

  8. Alberto
    10 noviembre, 2018 en 7:12

    Siempre me ha llamado la atención el odio que los alternativos le tienen a las vacunas: son su objetivo prioritario a batir y han sembrado todo tipo de mentiras sobre ellas, creando un miedo infundado entre una parte de la población, cuando el miedo lo tendrían que tener a no estar vacunado. La explicación es que las vacunas son la intervención de la medicina que, a más bajo coste económico y casi sin efectos secundarios ni riesgos, ha salvado más vidas humanas en la historia. Hay estimaciones de que las vacunas han salvado 1500 millones de vidas en el mundo. La mayor parte de las vacunas cuestan unos pocos euros y no tienen más riesgos ni efectos secundarios que algunas veces una ligera inflamación en el lugar del pinchazo. Esto los alternativos que andan liados con sus ultradiluciones mágicas y su efecto placebo, lo saben pero no lo pueden soportar, por eso han denostado tanto las vacunas.
    El único problema que le veo a las vacunas es que han contribuido a la superpoblación humana. Pero claro, lo ideal sería reducir la mortalidad infantil al mismo tiempo que se reduce la natalidad, lo malo es que lo segundo llega mucho después que lo primero, y así la población se dispara.

  9. 10 noviembre, 2018 en 9:36
  10. Estampida
    11 noviembre, 2018 en 16:24

    Offtopic total, pero se agradecería ayuda: El otro día me vi envuelto en una desagradable tesitura.Mis dos mejores amigos tienen un bebé de 10 meses y ahora mismo le están saliendo los dientes. Aunque él no está nada al tanto sobre homeopatía y demás, a ella sí que le interesa la ciencia, al punto de que muchas veces hablamos de algún podcast de ciencia o similar. Estando en su casa les oi hablar de que cuánto costaba no se que medicamento homeopático para ‘mitigar’ el dolor de los dientes. Yo les dije que la homeopatía no sirve de nada y ella me dijo que ‘tampoco se fiaba’ y que las pastillas eran muy caras, pero intuí un ‘por mi hijo lo que sea’.El dijo algo como ‘bueno, mal no le harán’. No quise ahondar más en el asunto porque sentía que a sus ojos me las estaba dando de listo y tampoco me vi con la autoridad moral para decirles que darle o no a su hijo, pero senti que había dejado pasar una oportunidad. No se como abordar este tema sin meterme en su vida por así decirlo, pero me da rabia que ese placebo se haya infiltrado miserablemente en mi científica vida. Un saludo.

  11. Eduardo Baldu Gil
    11 noviembre, 2018 en 20:17

    La eficacia de las vacunas es fácilmente comprobable. Basta observar la morbilidad de una enfermedad prevenible con vacunas, desde un periodo anterior al inicio de la aplicación de la correspondiente vacuna hasta el momento en que tal aplicación está generalizada. Lo que observamos es la caída de la incidencia de la enfermedad, y por consiguiente la eficacia de la vacuna.
    También podemos hacerlo al revés. Podemos observar como incide la enfermedad en comunidades que rechazan las vacunas, y confirmaremos que a raíz de tal práctica, reaparece y aumenta la incidencia de la enfermedad.
    Las vacunas, como cualquier otro medicamento, pueden tener efectos secundarios no deseados, pero el riesgo de los mismos es infinitamente menor que arriesgarse a sufrir la enfermedad que previene. Por la misma razón que algunos niegan el uso de las vacunas, pueden negar el uso de cualquier otro medicamento. Curiosamente tal opción nos llevaría a una situación parecida (o peor) que la sufrida por la humanidad a lo largo de siglos pasados, con enfermedades que hoy carecen de importancia, pero que tiempo atrás eran causa de notable mortalidad.
    Todo lo anterior se corresponde con la simple observación. Me parece totalmente irracional que haya personas con planteamientos activos antivacunas. Para llegar a sus planteamientos, se supone que se han informado de los hipotéticos peligros de la vacunación. Pero si fuera así, se habrían topado con la realidad, y el descrédito de sus afirmaciones. Si tales personas (antivacunas) además ejercen actividades en el seno de la medicina, entiendo que la ineptitud para tales funciones es manifiesta, y deberían ser apartados, desautorizados, para ejercer dichas actividades sanitarias.

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