Inicio > Actualidad, Ciencia, Escepticismo, Magufadas, Microbiología > Por fin los antivacunas empiezan a sufrir (un poco) las consecuencias de sus actos

Por fin los antivacunas empiezan a sufrir (un poco) las consecuencias de sus actos


No vacunar a tu hijo, además de ponerle en riesgo directo implica también exponer innecesariamente a todos aquellos que por motivos médicos no pueden ser vacunados como los bebes que no tienen todavía el sistema inmune desarrollado o a aquellas personas como los ancianos que presentan una respuesta inmune en declive o los inmunosuprimidos (pacientes trasplantados u oncológicos). Y ahora un juzgado acaba de firmar una sentencia en la que se recoge ese peligro.

En un pueblecito catalán unos padres deciden no vacunar a su hijo y mandarlo a la guardería. Cuando presentan (casi con recochineo) la cartilla de vacunación en blanco, los responsables del centro educativo y del ayuntamiento rechazan su solicitud. Así que estos padres ni cortos ni perezosos deciden prepotentemente acudir a la justicia para salvaguardar su “derecho de libertad ideológica” porque según ellos la administración debe respetar todas las “religiones, credos y creencias”.

Ahora el juez de turno ha puesto blanco sobre negro este incívico y más que peligroso comportamiento indicando que los padres 

olvidan los derechos de los demás, ya que entienden que su derecho a asistir a una guardería es superior al derecho a la salud del resto de niños.

puesto que

los derechos de unos tienen límites con los derechos de los demás

sobre todo en el entorno de una guardería que

es un lugar de riesgo donde se pueden contraer determinadas infecciones propias de la condición de los niños, que son muy pequeños y están en proceso de vacunación, por lo que son más vulnerables

Los prepotentes padres presentaron en su alegación unos “documentos” sobre los posibles efectos secundarios y adversos de las vacunas (que seguramente sacaron de la parte más supersticiosa de la web) y que por supuesto fueron desmontados con rotundidad por el jefe de pediatría del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona al ser llamado como experto en el tema.

Ahora sólo falta que por el bien del pobre niño ese mismo juez obligue a esos más que inconscientes padres a proteger a su hijo para que no ocurra una desgracia igualmente terrible a la acaecida con el ya tristemente famoso fallecimiento de un niño en Olot hace ya algunos años.

 

Entradas relacionadas:


  1. Anónimo
    15 enero, 2019 en 16:13

    Un par de apuntes:

    A los bebés sí se los vacuna:

    https://vacunasaep.org/profesionales/calendario-de-vacunaciones-aep-2019

    Los bebés sí tienen formado su sistema inmune, pero lo tienen autodeprimido:

    https://www.nature.com/news/babies-weak-immune-systems-let-good-bacteria-in-1.14112

  2. Luis Sanchez
    15 enero, 2019 en 19:05

    Bueno, es un paso, una sentencia que les deja claro el derecho de los demás a la salud. Ahora falta otra en la que si no se vacunan (ellos y sus hijos) no les dejen estar en esta sociedad para que su ruptura del la Inmunidad de Grupo no perjudique a otros desvalidos por causas distintas de su voluntad.

    Es curioso cómo los antivacunas o los que propugnan libertad de vacunarse piensan que “su libertad de vacunarse” les permite poner en peligro la salud del resto.

    Y queda pendiente el saber si esos padres pueden tratar a su hijo así, que está indefenso ante la ideología de sus padres y que le puede acarrear graves enfermedades, con mucha más mortandad que los efectos secundarios que puedan padecer.

    Me temo que es un tema sobre el que habrá que legislar, puesto que las creencias de los padres que no quieren vacunar a sus hijos, ni a ellos mismos, son difícilmente conciliables. No se puede discutir de ciencia con aquel que no la usa para razonar.

    Es bastante parecido a la religión, una cuestión de creencias, pero que en el caso de las vacunas los resultados son, como mínimo, socialmente caros, y algunas veces mortales.

    Salu2,

  3. 15 enero, 2019 en 19:26

    Anónimo

    Hay vacunas como la triple vírica que sólo se pone al año de nacer. Otras que se ponen antes necesitan varias dosis a los 2, 4 y 11 meses como la de la polio o la tosferina para que sean efectivas en el 95-100% de los vacunados. En resumen, en general los bebes de pocos meses no están vacunados contra todo o no han desarrollado defensas hasta edades más tardías.

  4. Diego Usía
    15 enero, 2019 en 23:00

    Lo malo es que las consecuencias de sus actos las sufriremos todos.

  5. Alberto
    16 enero, 2019 en 19:55

    Cuando muere un niño porque sus padres han decidido no vacunarlo, la fiscalía debería actuar de oficio y acusar a sus padres de homicidio por imprudencia. Es curiosa la complacencia de la sociedad y la justicia con los padres antivacunas. Cuando murió el niño de Olot, los médicos se limitaron a consolar a los padres, cuando deberían haber cursado denuncia al juez por maltrato infantil con resultado de muerte. En Europa en los primeros seis meses de 2018 murieron 37 personas por sarampión, imagino que la mayoría niños no vacunados, y la justicia tampoco haría nada https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=92954
    En cambio, en el tema de la seguridad vial, donde hay mucha mayor concienciación, si un niño muere en un accidente de tráfico sin llevar los dispositivos de sujeción reglamentarios, los padres pueden ser acusados de homicidio imprudente, incluso si no fueran los conductores, llegando a ir a la cárcel y les pueden retirar la custodia de los hijos heridos
    https://sillasdecoche.fundacionmapfre.org/infantiles/noticias/pena-carcel.jsp
    Espero que algún día, igual que la sociedad ya se empieza a dar cuenta de que las imprudencias al volante matan, también la irracionalidad aplicada a la salud mata.

  6. Eduardo Baldu Gil
    20 enero, 2019 en 11:50

    El problema de fondo es la palabra “creencia” y ese tabú existente en la sociedad que dicta que “toda creencia debe ser respetada”, lo que es una solemne tontería. Es la herencia del absurda respeta impuesto al hecho religioso, que ahora se extiende a otras formas de creencias.
    Y sí, estoy de acuerdo que las prácticas de riesgo deberían ser castigadas por la ley. Y también deberían ser motivo de castigo las afirmaciones hechas por personas supuestamente preparadas cuando avalan esas prácticas. Me refiero a médicos o investigadores que hacen afirmaciones avalando la peligrosidad de las vacunas, afirmaciones demostradas como falsas, pero que, por las características y conocimientos (que se les suponen) de tales personas, tienen una notable transcendencia social. Quién miente, y con sus mentiras fomenta graves consecuencias, tiene su parte de responsabilidad en las mismas.

  7. 8 febrero, 2019 en 16:04
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: