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Cómo contactar con espíritus, alienígenas, ángeles, demonios y por supuesto dioses en el más que ateo siglo XXI


Aunque el tecnológico e hiperdesarrollado mundo moderno parece ser un lugar hostil para entidades supernaturales, hay un par de sitios en los EEUU en donde la presencia de espíritus, monstruos, demonios, dioses y hasta alienígenas es más que habitual.

Comparado con épocas pretéritas en donde las más variadas entidades supernaturales campaban a sus anchas relacionándose, comunicándose, molestando y hasta torturando incluso a multitud de seres humanos, el mundo moderno no parece ser un buen lugar para estos habitantes del más allá, puesto que ese gran hermano omnipresente formado por miles y miles de cámaras fijas de vigilancia o de tráfico que inundan nuestras ciudades o móviles que llevan incorporadas los vehículos policiales de medio mundo, los cada vez más omnipresentes drones junto con esos miles de millones de teléfonos móviles, compulsivamente utilizados por esa legión de adictos al selfie, no es capaz de detectar ni la más mínima presencia del mundo espiritual. Sin embargo, todavía quedan un par de lugares en los EEUU en donde parece que los seres extracorpóreos se siguen sintiendo lo suficientemente cómodos como para mostrar su presencia a algunos elegidos de manera casi habitual.

Desde hace casi cuatro décadas se viene celebrando en los EEUU una competición ciclista entre cuyas principales características está el sorprendente hecho de que bastantes de sus integrantes acaban relatando historias increíbles de experiencias más o menos bizarras tal y como recogió el escritor, historiador especializado en temas científicos y fundador de la Skeptics Society, Michael Shermer en uno de sus libros. Así, algunos participantes han observado con incredulidad durante su pedaleo como un simple grupo de buzones de correos, de esos que son tan habituales en los laterales de las carreteras rurales de los EEUU, de pronto se convierten ante sus más que sorprendidos ojos en un grupo de enfervorecidos animadores de ese más que evidente quijotesco ciclista.

Otros corredores afirman que han visto como los rodales en el pavimento, producto de reparaciones menores en la carretera con alquitrán negro, se convertían en diversos animales y hasta en criaturas míticas. En la edición de 1982, el ciclista olímpico John Howard comentó en una entrevista para la cadena de televisión ABC que

El otro día vi unos cincuenta metros de jeroglíficos egipcios dispersos a lo largo de la carretera, lo más loco que he visto en mi vida, ¡pero estaban allí!

En esa misma carrera, otro participante recordó que durante un trayecto neblinoso por una carretera secundaria de Pensilvania tuvo alucinaciones viéndose a sí mismo montando de lado en la bicicleta, y entonces

Bajé la mano, me detuve, me bajé de la bicicleta y me senté, luego volví a subir a la bicicleta.

El propio Shermer cuenta en el libro que él mismo tuvo extrañas experiencias durante los años que participó como corredor de este tan particular evento deportivo. Además narra que cuando fue el director de esta carrera en la década de 1990, solía encontrarse con

ciclistas de ojos borrosos farfullando inconexamente acerca de ángeles guardianes, figuras misteriosas y conspiraciones contra ellos.

En el libro también narra Shermer que

Una noche en Kansas (donde Dorothy había iniciado su camino a Oz) me encontré con un corredor de pie junto a unas vías del ferrocarril. Cuando le pregunté qué estaba haciendo él me explicó que estaba esperando para coger un tren para ver a Dios. Más recientemente, el cinco veces ganador la carrera, Jure Robic, fue testigo de cómo las grietas del asfalto se transformaron en mensajes codificados y osos, lobos e incluso extraterrestres. Robic, miembro del ejército esloveno, una vez desmontó de su bicicleta para enfrentarse a un grupo de buzones de correo de los que estaba convencido que eran tropas enemigas, y otro año se vio perseguido por una banda aullante de jinetes de barba negra. “Muyahidines disparándome”, recordó Robic, “así que corrí más rápido”.

Y algo similar ocurre en una famosa carrera de trineos de perros en Alaska en donde, tal y como también cuenta Shermer, los participantes durante el recorrido

alucinan viendo caballos, trenes, ovnis, aviones invisibles, orquestas, animales extraños, voces sin personas y ocasionalmente entes fantasmales al lado de la pista o amigos imaginarios montados en sus trineos con los que charlan durante largos tramos. El cuatro veces ganador, Lance Mackey, recordó un día cuando estaba montando en el trineo y vio a una niña sentada a su lado tejiendo punto. “Ella se rió de mí, saludó con la mano, y cuando fui hacia ella ya se había ido. Sólo te ríes.” Un musher [conductor de trineo] llamado Joe Garnie se convenció de que un hombre viajaba en su bolsa de trineo. Él educadamente le pidió al hombre que se fuera, pero el hombre no se movió. Garnie le dio un golpecito en el hombro e insistió en que abandonara su trineo, y cuando el desconocido se negó, Garnie lo golpeó.

Y ¿qué tienen de especial estas carreras estadounidenses (y no otras) para que los más variados entes espirituales se aparezcan, molesten y hasta acosen a esforzados deportistas que únicamente quieren llegar a la meta cuanto antes para conseguir la gloria? ¿Es que fantasmas, extraterrestres o ángeles se han aficionado al deporte, y como no reciben la señal de los canales deportivos terrestres en el más allá, tienen que acudir a los EEUU a estas carreras?

Pues como bien indica Shermer ambos eventos tienen algo en común. La competición ciclista es la “Race Across America (RAAM)”, una carrera que como su mismo nombre indica consiste en recorrer los EEUU de punta a punta desde la ciudad de Oceanside en la costa del Pacífico californiano hasta Annapolis en el estado de Maryland, cruzando unos 4.800 km de 12 estados distintos, bastante más que el recorrido del famoso Tour de Francia, en donde sin embargo hasta la fecha ningún corredor se ha topado con extraterrestres, fantasmas ni ángeles ni ha sido perseguido por muyahidines espectrales armados. La gran diferencia entre ambos eventos ciclistas es que mientras el Tour, como el Giro o la Vuelta son carreras por etapas, en donde el deportista tras varias horas de esfuerzo agotador es atendido por una amplia gama de profesionales: masajistas, médicos, etc. y puede dormir un reparador sueño en una mullida cama después de una equilibrada cena, la RAAM no tiene etapas, es decir, es un evento continuo desde el principio hasta el final, en donde cada corredor duerme lo mínimo imprescindible (alrededor de noventa minutos por noche) y se detienen tan poco como es posible. Además hay que tener en cuenta que los ciclistas tienen que salvar un desnivel total de más de 51 km de altura durante los más que largos 4.800 km de recorrido de costa a costa, pasando por los abrasadores desiertos de Arizona donde la temperatura puede acercarse a los 50ºC y las frías Montañas Rocosas, en donde el mercurio no supera el punto de congelación del agua.

Entonces tal y como indica Shermer, las llagas, los dolores musculares y la agonía de la fatiga son casi insoportables para unos corredores que realizan todo el trayecto pedaleando en solitario en menos de 10 días, en un ejercicio continuo en el que no hay tiempo para recuperarse. Así,

la RAAM es un experimento rodante de agotamiento físico y deterioro psicológico que se combina de manera explosiva con la privación del sueño dando lugar a una tasa de abandonos de aproximadamente dos tercios de los participantes, lo que muestra la dificultad de este evento de ultramaratón, en el que tras más de tres décadas de carreras, menos de doscientas personas tienen el codiciado anillo

que certifica que han podido completar una prueba que ha sido definida como el evento deportivo más duro del mundo.

Algo similar ocurre en la también famosa carrera “Iditarod” anteriormente citada que recorre sin escalas los 1.600 km que separan las localidades de Anchorage y Nome en Alaska, donde los solitarios humanos con sus seis perros, todos agotados hasta la extenuación y con una fuerte privación de sueño tienen que hacer frente a las inclemencias meteorológicas del Ártico, en donde no son infrecuentes las intensas tormentas de nieve con fuertes rachas de viento que pueden llegar a hacer bajar el termómetro hasta los casi increíbles 73ºC bajo cero que pueden volver loco a cualquiera.

Por todo ello, y a la vista del actual conocimiento en neurofisiología, queda más que claro el porqué es tan habitual que los participantes de estos extenuantes ultramaratones (y no otros deportistas) acaben teniendo todo tipo de delirios y alucinaciones, todos ellos acordes con las creencias, experiencias previas, miedos y deseos de cada participante en particular, individuos que se encuentran al límite y cuyos cerebros más que desbocados son incapaces de atenerse a la realidad, inventándose las más disparatadas “presencias”. Inciso: que buenos conejillos de indias serían estos esforzados deportistas a la hora de poder analizar el funcionamiento de su cerebro (impulsos eléctricos, neurotransmisores, hormonas, etc.) y compararlo con su situación de reposo.

Finalmente y visto desde el contexto histórico-evolutivo, a nadie mínimamente racional se le puede escapar el hecho (que no es para nada casual) que prácticamente todas las religiones del mundo hayan sido fundadas y mantenidas por profetas, gurús, santones y el resto de mediadores de lo divino que sólo son capaces de “encontrar” a la respectiva deidad o de ser tentados por el Maligno (según sea el caso)

tras profunda soledad, largos periodos de ayuno, deprivación del sueño, mortificaciones varias y agotamiento físico, a ser posible en entornos extremos como los más que “reveladores” desiertos del Oriente Medio.

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  1. @@@
    13 febrero, 2019 en 5:25

    “tras profunda soledad, largos periodos de ayuno, deprivación del sueño, mortificaciones varias y agotamiento físico”, y el consumo de drogas alucinógenas -enteógenos- en el pasado y en la actualidad. Con experiencias así, para una persona ignorante, la espiritualidad resulta perfectamente tangible

  2. Sisi
    13 febrero, 2019 en 8:34

    Mi percepción es todo lo contrario: ahora, cada vez más, lo esotérico, paranormal y supersticioso se está extendiendo a pasos agigantados. “energías”, “vibraciones”, chamanes, “planos de existencia”, toda la basura supersticiosa oriental, teorías conspiranoicas y demás elementos se están instalando cada vez más en la “cultura” popular como algo cierto. Están sustituyendo a las religiones “oficiales”, y se viven de la misma forma que una religión: con fe.

  3. Eduardo Baldu Gil
    13 febrero, 2019 en 12:05

    Sisi, no hay que confundir los anhelos de fantasías con las propias fantasías.
    Es verdad que abundan, cada vez más, los entusiastas de lo paranormal y similares, pero eso no quiere decir que esos entusiastas tengan experiencias de primera mano (que es de lo que habla la entrada). El clásico “Pues mi vecino me dijo que a un cuñado suyo le dijo un amigo que había oído en una conversación que mengano se había encontrado con un extraterrestre”, es muy frecuente, y se puede adaptar la frase a todos los aspectos posibles de estas fantasías. Que hay quien se toma esto como una prueba incuestionable, cierto, pero no deja de ser la chafardería de toda la vida.
    Las ilusiones generadas por el cerebro, bajo ciertas condiciones, es otra historia. Incluso los efectos ópticos o ilusiones generadas sin necesidad de condiciones estresantes, quedan hoy relegadas por, como decía ateo, la infinidad de cámaras y similares que desmienten tales ilusiones, mientras que en tiempos pasados, cualquiera de esas alucinaciones era interpretada como un hecho extraordinario.

  4. Abraham
    13 febrero, 2019 en 12:58

    “…el más que ateo siglo XXI…”

    No estoy seguro de que se pueda definir así. ¿Hay más ateos en este siglo que en el pasado? Seguramente. Pero de ahí a decir que este siglo es ateo, va un trecho. “Escéptico”, sin ser tampoco cierto, habría quedado mejor.
    Quizás lo que hay es menos proporción de creyentes en religiones dogmáticas, pero porque muchos se han pasado a las místicas orientales y los dioses tuneados.

  5. nestor
    13 febrero, 2019 en 13:58

    Si es importante aclarar las causas de esas fantasías, pero lo preocupante es observar como el mundo esotérico avanza sobre el sentido común(mejor el buen sentido) ungiendo en el mundo occidental a presidentes anti-ciencia(con sus consecuencias)y usando las reglas de nuestra “democracia”……..

  6. 13 febrero, 2019 en 16:05

    Hola Abraham:

    Creo que se refiere a todo el desarrollo científico acumulado, por la cantidad de cosas explicadas y que se han podido predecir, y su impacto tecnológico a nivel de sociedad, el potencial de mejorar nuestro nivel de vida, en lo efectivo también, del siglo XXI.

    Ya que ateo666666 piensa que la ciencia es atea. Yo pienso que la ciencia es materialista, no acepta la idea de los dioses, pero no los niega en lo absoluto, se enfoca en lo comprobable y en lo que se puede comprobar.

    Porque la ciencia no se pronuncia sobre hipótesis infalsables, a lo más suspende el juicio hasta que si pudiera hacerlo, eventualmente para ciertas ideas, claro.

    Saludos.

  7. 13 febrero, 2019 en 20:06

    Kamu

    La Ciencia es materialista por supuesto, pero también atea desde el momento que ha explicado cómo surge el fenómeno religioso y como la idea de los dioses se deriva de las propiedades de nuestro cerebro por mecanismos puramente evolutivos. Léete la serie de entradas que escribí hace tiempo sobre el tema:

    Una introducción (no exhaustiva) al estudio científico de la religión (I, II, III, IV, V, VI y VII)

    cuyos links están los primeros del apartado de “entradas relacionadas” con la presente.

    De hecho lo escrito por Shermer en esta entrada es prueba más que evidente de que el mundo espiritual no sólo no es infalsable, sino que tiene una explicación más que racional.

  8. 13 febrero, 2019 en 20:20

    Es más, decir que las deidades inventadas por algunos de los más desequilibrados miembros de nuestra especie son “hipótesis infalsables” es como decir que los elefantes rosas que ven los alcohólicos con el síndrome de abstinencia o las pesadillas producidas por el delirio de la fiebre alta en un enfermo no tienen explicación racional y quedan más allá de la Ciencia.

  9. 13 febrero, 2019 en 21:37

    Ateo666666:

    A ver, por supuesto que Zeus, por dar uno de los innumerables ejemplos, no existe, si entendemos esto de lo factual. Porque no existe correspondencia por medio de la evidencia, de esta idea con respecto a la realidad.

    Además que tenemos una explicación más simple para el fenómeno religioso, como bien señalan las entradas que indicas, que es coherente con la evidencia.

    La idea de que Zeus existe, dentro de este contexto, tiene una carga de evidencia muchísimo más alta que la de que Zeus no existe y es un personaje de ficción, en lo práctico. La primera idea no cumple con el nivel de prueba que le corresponde y la segunda si.

    Pero mi pregunta es, ¿de qué te sirve negarlo en lo absoluto?. Entiendo que en escepticismo somos iguales, corrígeme si asumí demasiado.

    A mi me sirve no descartarlo en lo absoluto como cualquier otra idea, sólo lo descarto en la práctica, simplemente porque no creo en la verdad absoluta. El conocimiento surje de nuestra experiencia, con controles y planificación adecuados.

    Nuestra mente no es fiable, de ahí el uso del método, pero lo que conocemos como realidad podría ser un engaño… llegados a ese punto, nada podemos hacer en lo efectivo.

    Así que ser agnóstico profundo no veo que me perjudique, ni a otros. Me hace tomar conciencia, dentro de lo más profundo de lo especulativo claro, que vivimos envueltos en un tremendo misterio. Reitero, no me afecta en lo práctico, que es en donde vale la sensatez.

    Y prefiero decir que la ciencia no acepta la existencia de los dioses, tal como yo lo hago, porque ambos carecemos de dogmas. Pero de ahí a negar en lo absoluto, pienso que es demasiado e innecesario. No se justifica.

    Un saludo.

  10. 14 febrero, 2019 en 0:19

    “¿de qué te sirve negarlo en lo absoluto?”

    Bueno pienso, y que alguien me corrija si me equivoco, que la Ciencia se basa en descartar de forma rotunda afirmaciones infundadas o erróneas. Así, en Ciencia nadie puede defender eso “¿de qué te sirve negar en lo absoluto que la Tierra es plana?”, “¿de qué te sirve negar en lo absoluto que el Sol no órbita alrededor de la Tierra?” o “¿de qué te sirve negar en lo absoluto que el hombre no proviene de un trozo de barro y la mujer de una varonil costilla?”

    Cuando los datos científicos refutan una idea se produce un punto y final. Otra cosa es que luego personas individuales o grupos enteros no quiera aceptar esos hechos, por las razones personales que sean, pero eso no cambia la rotundidad con que la Ciencia descarta argumentos erróneos.

    “A mi me sirve no descartarlo en lo absoluto como cualquier otra idea, sólo lo descarto en la práctica, simplemente porque no creo en la verdad absoluta.”

    Aquí entramos en un tema que ya he comentado infinidad de veces y que ya aburre. Me sorprende esa postrera ecuanimidad en el tema religioso, que por supuesto ni tú ni ningún otro agnóstico, es capaz de llevar a otros temas. Nadie dice eso de que “como no creo en la verdad absoluta” entonces no puedo descartar el creacionismo en favor del evolucionismo y tampoco puedo descartar que salgamos volando en cualquier momento porque como no existe una “verdad absoluta” puede que la Gravitación Universal sea errónea.

    Como ya escribí hace años en una viejísima entrada de mi blog personal, no imagino a ningún agnóstico capaz de argumentar de forma seria que carece de elementos de juicio válidos y suficientes (o como argumentas tú, porque no cree en una “verdad absoluta”) sobre la existencia o no de Papa Noel, las hadas, los elfos o los duendes y que por tanto él en su estricto e ilustrado agnosticismo deba limitarse a no plantear la cuestión y vivir en una perpetua duda sobre la realidad de dichos personajes.

    https://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2012/07/reflexion-sobre-el-agnosticismo.html

    En resumen, lo que se ha demostrado científicamente que es fruto de la imaginación de ese siempre tan particular cerebro humano no puede ser nunca considerado “demasiado e innecesario”.

  11. 14 febrero, 2019 en 1:07

    Pero, ateo666666, yo no soy agnóstico como esos que describes en ese artículo. Eso que pusiste es sólo una parte de un espectro mayor.

    Soy agnóstico y escéptico. Pueden haber agnósticos y creyentes, por ejemplo.

    Eso de escéptico le agrego objetivo de ser necesario, para diferenciarme de los escépticos motivacionales, como aquellos que no aceptan el cambio climático por causa antropogénica.

    El agnosticismo no es uno sólo, hay uno que es provisorio y otro que es profundo.

    Con respecto al creacionismo o Santa Claus, forma falsable, por ejemplo, soy escéptico pero no agnóstico provisorio ni profundo.

    Pero según como se plantee la idea puedes llegar al agnosticismo profundo.

    Por ejemplo, suponte tú que estamos en una simulación dentro de un cosmos “real”. El universo “real” es reciente y más pequeño, porque fue creado en un instante por Dios, en ese caso, el evolucionismo es una ilusión. Nadie de nosotros puede probar lo contrario.

    Por supuesto, nadie presenta el creacionismo de esa manera, así que no soy agnóstico ni provisorio ni profundo de la idea tradicional si es falsable, eso lo reitero. Porque no espero que eso cambie.

    Se trata de como es planteada la idea, de forma falsable o infalsable. Con Zeus y así puedo hacer lo mismo, ponerla infalsable, incluyendo al dragón de Sagan.

    Y no fue mi intención aburrirte, sólo me refiero al tema por si me das en que más pensar. Después de todo, puedo estar equivocado, así que por eso te hablo.

    Pero te noto molesto, parece que pensaras que te estoy trolleando, mi impresión, así que lo dejo hasta acá por ahora.

    Que estés bien.

  12. Eduardo Baldu Gil
    14 febrero, 2019 en 11:33

    A mí el agnosticismo me parece, cada vez más, un quiero y no puedo. Y sobre todo con la diversificación de posturas que incluye (ateísmo agnóstico, teísmo agnóstico, agnosticismo apático, agnosticismo fuerte, agnosticismo débil), que implica posturas a veces contradictorias bajo el mismo epígrafe de agnosticismo.
    Puedo entender (aunque no comparta) el agnosticismo primordial: considerar el hecho de la posible existencia de dioses sin ninguna vinculación, directa o indirecta, con nosotros y nuestro entorno, y por tanto como un hecho incognoscible. Pero ello tiene una inmediata consecuencia, la negación de las religiones existentes, ya que estas llevan implícita una interacción con los humanos, y por tanto contradicen el principio básico del agnosticismo.
    Desde este punto de vista, las argumentaciones presentadas por Kamu, me parecen incongruentes.

  13. 14 febrero, 2019 en 12:25

    Eduardo:

    Gracias por expresar tu posición, aunque no lo hagas por mi.

    Me permito continuar contigo, porque no percibo malestar.

    Cuando en el agnosticismo se expresa la idea de “sin conocimiento”, entiendo que dice que no sabemos exactamente que es la realidad, eso no lo saben los científicos, que tratan con fenómenos ni los filosofo

  14. 14 febrero, 2019 en 12:35

    Kamu

    No me molesta tu posición, simplemente me sorprende como personas como tú, que han demostrado a lo largo de múltiples comentarios que entienden como funciona la ciencia, luego puedan dejar en suspenso todo ese conocimiento cuando se toca el tema de la religión.

  15. 14 febrero, 2019 en 12:47

    El otro mensaje se me envió por error.

    Continúo de donde iba:

    Ni los científicos, que tratan con fenómenos, ni menos los filósofos, que cuestionan todo, saben con exactitud que es la realidad.

    La misma ciencia parte de premisas que no se pueden comprobar, es metafísica, pero son ideas con una mínima carga de prueba. Luego son sensatas.

    Como que existe una realidad independiente de la mente, o que las leyes de la naturaleza son universales o que el comportamiento del universo es comprensible.

    En estricto rigor, no sabemos eso.

    Dije que nuestra mente no es fiable, ahí tienes un ejemplo de en donde no soy agnóstico, pero que la realidad puede ser o no un engaño, aquí entra mi agnosticismo profundo.

    ¿Qué hace que el polo norte magnético se esté corriendo tanto?, agnosticismo provisorio.

    Si me hablas de un perro que no es invisible ni intangible y que me pone sus patas y no lo percibo, no soy agnóstico de eso.

    Si la idea es falsable, no soy agnóstico, así de simple.

    No tengo por qué seguir “el principio básico del agnosticismo”, que mencionas, Eduardo, yo no sé de lo que no se sabe de momento en ciencia y no sé sobre la existencia de lo planteado por las hipótesis infalsables.

    Te lo pongo así: hay ateos que no creen en dioses, pero no los niegan. No importa que lo último venga implícito en la palabra.

    Y la ciencia no es atea, las personas pueden serlo. La ciencia es una disciplina independiente de creencias, por eso parece atea. Pero de nuevo, hay ateos que no piensan que la ciencia es atea. Está en unos 10 puntos de los errores que cometen los ateos. Ateísmo para cristianos.

  16. 14 febrero, 2019 en 13:37

    la Ciencia no es atea por principios, pero como ha desmontado los mitos religiosos y los ha explicado dentro del contexto evolutivo el resultado de sus conclusiones es totalmente ateo.

  17. Eduardo Baldu Gil
    14 febrero, 2019 en 15:23

    Kamu, planteas que ni físicos, ni filósofos (objetivamente, nadie) saben que es la realidad, ni siquiera si existe una realidad fuera de la mente. Como motivo de discusión filosófica, me parece muy entretenido, pero advierto un claro riesgo en dar excesivo valor a tales planteamientos. Es la base, precisamente, de muchas falacias seudocientíficas (Lo de mantener “abierta” la mente). Una cosa es que nuestros sentidos sean limitados, y por tanto la información que recibimos del entorno sea limitada, y otra es que sea falsa o inexistente y todo sea una creación interna nuestra.
    Llegar a la conclusión que toda la información que tenemos es cuestionable, me parece excesivo. Habrá información cuestionable y otra que no lo es. Y habrá otra en que no tendremos una respuesta firme, o ante la que estemos planteando mal la pregunta (¿Es el Universo comprensible? Puede que la respuesta no sea un Sí o un No. Puede que sea comprensible en parte, y entonces la pregunta sería ¿Hasta dónde es comprensible el Universo?
    “La misma Ciencia parte de premisas que no se pueden comprobar”. Si partes del criterio expuesto que afirma que no podemos estar seguros que exista una realidad externa, entonces sí, pero yo discrepo que tales planteamientos sean serios. Incluso cuando tal cosa fuera, hasta cierto punto, cierta. Hace una quincena de años, un filósofo británico, Nick Bostrom presentó la idea de que nuestro universo podría ser una simulación creada por una sociedad avanzada, es decir, nosotros, nuestro entorno, todo lo que directa o indirectamente podemos detectar solo sería el resultado de un programa ejecutándose en un extremadamente potente ordenador. Sería en principio, un ejemplo de una realidad inexistente. Pero ¿Qué diferencia real existiría entre el universo “real” y la simulación extremadamente ajustada al mismo? En realidad, ninguna, por lo que carece de sentido intentar establecer una diferencia entre las dos realidades.
    Es más, Martin Savage, físico de la Universidad de Washington, propone un experimento que en un futuro podría confirmar si estamos en una simulación. Si tal cosa sucediera (la confirmación de ser un universo simulado) tendríamos que llegar a la conclusión que los humanos simulados tenemos propia consciencia (consciencia independiente de los promotores del proyecto de simulación), una consciencia que nos permite saber que somos una simulación, lo que confirmaría que no existe diferencia entre “real” y simulado.
    Con todo esto, lo que pretendo decir (No sé si lo consigo) es que ciertos cuestionamientos me parecen prescindibles y solo los valoro como “discusiones de salón” para tardes aburridas.
    Dices: “hay ateos que no creen en dioses, pero no los niegan”. Sinceramente, no conozco ningún ateo que no negué a los dioses. Y me parece que tal hecho es contrasentido. Si estoy convencido que no existe ningún dios (Y es una conclusión a la que he llegado después de analizar las evidencias -pocas o muchas- sobre el tema y las interpretaciones de las distintas posturas y planteamientos), ese hecho conlleva la negación de que exista algún ser semejante.
    Cosa muy distinta es que alguien se defina como ateo, sin realmente serlo (Que también se da, por supuesto).
    La Ciencia no es atea, y es lógico porque la ciencia es una actividad, no una persona. Pero tal actividad entra inevitablemente en conflicto con la creencia religiosa. No porque se busque una confrontación, sino porque estudia temas sobre los que la religión pontifica, y las conclusiones de la Ciencia contradicen los dogmas religiosos. Y son tales conclusiones las que son ateas.

  18. 14 febrero, 2019 en 17:30

    “pero advierto un claro riesgo en dar excesivo valor a tales planteamientos. ”

    Por supuesto, todo exceso es malo, pero creo que a mi no me pasa. Desgraciadamente a bastantes personas si. Por otro lado, hay personas que piensan que “no hay verdad más absoluta que la de la ciencia. Cuando es sólo una verdad práctica. Funciona.

    Yo no afirmo que lo que entendemos por lo efectivo como realidad es falso o inexistente porque es una ilusión. Sólo lo dejo como posibilidad, aunque no tenga sustento y luego no crea en eso, para no ser dogmático.

    “Llegar a la conclusión que toda la información que tenemos es cuestionable, me parece excesivo. Habrá información cuestionable y otra que no lo es.”

    Toda la información es cuestionable para obtener conclusiones, el conocimiento no. Porque éste último es información procesada y con evidencia.

    “(¿Es el Universo comprensible? Puede que la respuesta no sea un Sí o un No. ”

    En realidad, me pregunto que si el comportamiento del universo en su conjunto es comprensible para nosotros o nos supera. Si es lo segundo, no creo posible hallar la “teoría del todo”, por ejemplo. Comprenderlo en parte es en el conjunto incomprensible.

    “¿Qué diferencia real existiría entre el universo “real” y la simulación extremadamente ajustada al mismo? .”

    En la práctica ninguna, porque dicha simulación sería indistinguible de cualquier otra cosa real. Pero en lo especulativo, cabe la diferencia, simplemente porque no podemos descartar esa posibilidad. Hacerlo en lo absoluto es cerrarse de mente. Si separamos el ámbito práctico del especulativo, no hay contradicción. Y eso es lo importante para mi.

    “Sinceramente, no conozco ningún ateo que no negué a los dioses. Y me parece que tal hecho es contrasentido.”

    El que no conozcas es mera anécdota. Los hay, los ateos agnósticos.

    “No porque se busque una confrontación, sino porque estudia temas sobre los que la religión pontifica, y las conclusiones de la Ciencia contradicen los dogmas religiosos. Y son tales conclusiones las que son ateas.”

    Ustedes no son los únicos que no creen, tales conclusiones son escépticas, no sólo de dioses, de duendes, de extraterrestres, de la efectividad de la homeopatía, de Pie Grande y así.

    Porque la ciencia no acepta afirmaciones extraordinarias sin evidencia proporcional a tales aseveraciones.

    Oh, estaba pensando que el “dios del jueves pasado” es otro ejemplo de una versión del creacionismo infalsable.

  19. Eduardo Baldu Gil
    15 febrero, 2019 en 1:08

    Kamu, después de leer tu contestación, tengo la sensación que no hablamos el mismo lenguaje. Pongo un ejemplo: “El que no conozcas es mera anécdota. Los hay, los ateos agnósticos”. Cuando digo que no conozco ningún ateo que no niegue a los dioses, es una forma de hablar. Lógicamente no conozco a todos los ateos del mundo. Por otra parte es solo el inicio del párrafo en el que planteo que el propio hecho de ser ateo implica la negación de los dioses, ya que lo contrario sería una contradicción. Y en contestación me hablas de ateos agnósticos. Sinceramente, no sé qué es eso. Ateísmo y agnosticismo son conceptos claros y distintos. Es como si me hablaras de cuadrados circulares: o tenemos un círculo o tenemos un cuadrado, pero no una forma que sea a la vez círculo y cuadrado.
    Se me hace cada vez más evidente que partimos de criterios básicos muy distintos. Supongo que para ti represento una actitud muy cerrada, como tú para mí, excesivamente abierta, con lo que se vuelve, en mi opinión, más acrítica

  20. 15 febrero, 2019 en 12:37

    No es lo mismo, Eduardo.

    Nadie puede defender los cuadrados circulares, porque son categorías mutuamente excluyentes. No puedes tener una figura geométrica que tenga 4 e infinitos lados a la vez. Se refieren a lo mismo, lados.

    El ateísmo y el agnosticismo, por el contrario, no se excluyen. Porque se refieren a respuestas de preguntas diferentes, tal como ellos, los AtA? plantean. El primer concepto es increencia, el segundo desconocimiento:

    ¿Crees en los dioses?.
    No. (Ateísmo)

    ¿Existen los dioses?.
    No lo sé. (Agnosticismo)

    Te pongo ese ejemplo anterior, el “dios del jueves pasado”. Está planteado de tal forma para no ser refutado por la ciencia. Es diferente al dios cristiano.

    Ya sé, dijiste que es una “pirueta en el aire”, estoy de acuerdo, pero sólo en términos prácticos, no absoluto como el dios cristiano. Porque este último no puede existir si simplemente lo definimos omnipotente y omnisciente, por ejemplo.

    Al djp se le descarta con la navaja, en lo práctico.

    Un saludo.

  21. 15 febrero, 2019 en 20:05

    Eduardo:

    Dijiste que para tí, soy excesivamente abierto de mente.

    No lo considero justo, ésos son los que se creen ideas extraordinarias.

    ateo666666:

    “No me molesta tu posición, simplemente me sorprende como personas como tú, que han demostrado a lo largo de múltiples comentarios que entienden como funciona la ciencia, luego puedan dejar en suspenso todo ese conocimiento cuando se toca el tema de la religión.”

    No veo que deje en suspenso ese conocimiento en favor de la religión.

    No creo en lo que enseña la religión, gran cosa, para formar parte de una comunidad cristiana en la infancia y adolescencia y dos colegios católicos.

    Pero en lo especulativo, me basta con que la idea sea infalsable para declarme sin conocimiento. Puede venir de la religión o no.

    ¿Qué pasa si te digo que lo que llamamos universo en ciencia es como un átomo dentro de una existencia inconcebiblemente mayor?.

    ¿Sabes si es así o no?. Supongo que no, sólo que no te declaras agnóstico a ti mismo, yo sí.

    Y aclaro con infalsable, una idea de algo que no interactúe materialmente, haciendo imposible su confirmación o desmentido.

    Dejo el tema hasta acá. Tal vez hasta otra entrada.

  22. Juann Carlos Martinez Alvarez
    17 febrero, 2019 en 22:52

    Desde hace once años hago el Camino de Santiago cada año. No me mueven motivos religiosos ni deportivos. Simplemente me gusta hacerlo como a otros les gusta, por ejemplo, jugar al fútbol o a la brisca.

    Y me ha pasdo en mas de una ocasión que “he tenido experiencias paranormales” por decirlo de algún modo. En el momento que “he tenido ese tipo de experiencias” he sabido que me estaba pasando y que necesitaba comer, dormir, descansar… Nunca me han asustado esas experiencias ni me las he creído. Pero siempre me ha llamado la atención la creatividad de mi propio cerebro cuando le falta sueño, oxígeno, azúcar o lo envenena el alcohol o el tabaco (no tengo experiencia en otros venenos como opiaceos y demás)

    Pero lo que no logro comprender es que haya personas que no sepan reconocer cuando su cerebro está funcionando bien y cuando está fallando por fatiga, por enfermedad o por exposición a tóxicos.

    Ciertas “Experiencias paranormales” de esas que se logran con una o dos copas, o con un agotamiento extremo, me llegan a resultar adictivas… pero ¿cómo es posible no distinguir lo que es real de lo que es una alucinación?…

  23. 18 febrero, 2019 en 2:35

    La “necesidad de creer”, que hace a bastantes personas más vulnerables a la sugestión, distorsiona el discernimiento entre realidad y fantasía, Juann.

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