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Ébola, vuelve la pesadilla


Después de la terrible epidemia producida por el virus ébola en el África Occidental durante el periodo 2014-2016, este más que peligroso patógeno ha vuelto a producir un nuevo brote que a día de hoy está lejos de ser controlado.

El virus ébola es un Filovirus que toma su nombre del rio homónimo de la República Democrática del Congo, región en donde fue identificado por primera vez en 1976. Desde esa ya un poco lejana época este patógeno, que causa terribles hemorragias que conllevan en muchos casos la muerte, ha producido recurrentes brotes en diferentes naciones africanas llevándose la vida de varios cientos de personas en 22 de sus apariciones. Sin embargo el brote en tres países del África Occidental (Guinea, Liberia y Sierra Leona) del año 2014 y que se prolongó hasta principios de 2016 produjo más de 11.000 muertes y puso en jaque no sólo a la sociedad de estas tres pequeñas naciones, sino a los responsables sanitarios de medio mundo.

Pues bien, otro brote que comenzó el pasado mes de agosto en la República Democrática del Congo y que a día de hoy sigue sin ser controlado ya se ha convertido en el segundo más letal de este virus ya que a día de hoy la cifra de muertos sobrepasa ya los 1.400 en el Congo y ya se ha producido los tres primeros decesos en la vecina Uganda.

Y tal y como se muestra en la siguiente figura la epidemia lleva meses expandiéndose.

Y lo peor de todo es que al igual que en la epidemia de 2014-2016 las más que deficientes condiciones sanitarias de la zona afectada ha paralizado las campañas de vacunación, por lo que podría ocurrir que otros patógenos altamente transmisibles como es el virus del sarampión afectaran a la ya de por sí debilitada población amplificando el daño. Sólo hay que recordar que también desde hace meses el Congo sufre una epidemia de sarampión que ya ha matado a más de 1.500 niños. Pero aún así el Comité de Emergencias de la OMS acaba de concluir que esta epidemia todavía no es un caso de emergencia internacional, lo que ha levantado críticas de algunas ONGs que trabajan sobre el terreno. Esperemos que la OMS no se equivoque.

Y si a esto le sumamos que parte de la población local, que hasta hace poco ha vivido en plena guerra civil con el gobierno, considera que la epidemia está causada por ese mismo gobierno del Congo, por lo que se esconde a los enfermos y en donde se han producido más de 40 ataques a clínicas con un resultado de más de 80 miembros del personal sanitario (a los que algunos consideran espías gubernamentales) heridos o muertos, la situación bordea peligrosamente el desastre más absoluto.

 

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  1. 19 junio, 2019 de 6:18

    El primer mundo ignorando el desastre. Hasta que un paciente infectado tome un vuelo internacional y se convierta en vector de propagación. Entonces sí que habrá “solidaridad”. Bravo.

  2. Eduardo Baldu Gil
    19 junio, 2019 de 14:06

    En realidad, la muerte de las personas no es algo que importe seriamente a la gente. Si no han importado los miles y miles de muertos provocados por las guerras, los enfrentamientos políticos y económicos (que son una causa directamente imputable al ser humano, y por tanto evitable con tan solo replantearse como debe ser el modelo de sociedad), ¿Cómo van a importar las derivadas de un proceso infeccioso, cuando la causa primigenia no es atribuible al ser humano?
    Lo cierto es que la muerte de los demás (Especialmente de aquellos que no forman parte de la propia sociedad), nunca se ha visto como algo catastrófico, sino más bien como algo inevitable, e incluso necesario para mantener el orden actual. Las reacciones de supuesta solidaridad solo se dan bajo condiciones muy especiales: que el caso pueda representar un peligro para la propia sociedad occidental, y/o que el hecho en sí sea recogido por los medios de información de tal forma que se active que controla la hipocresía general y nos obliga a representar un interés y preocupación (En realidad inexistente) por la situación de los afectados. El hecho que demuestra que tal interés y preocupación son falsos es que desaparecen a la misma velocidad que han aparecido, con independencia que el hecho que los ha desencadenado siga siendo causa de muerte.

  3. Luis Sanchez
    14 julio, 2019 de 23:08

    El egoísmo de los países más ricos, entre los que se encuentra España, podría ser considerado criminal, si hubiera algún juzgado competente para juzgarlos, claro. En todos nuestros países existen leyes que condenan al que no socorre a alguien en peligro.

    El coste de ayudarles sería tan pequeño que el egoísmo se convierte en mezquindad, a no ser que sea una estrategia como la del Cambio Climático… ya se morirán ellos solos.

    Salu2.

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