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“Tarjetas energéticas” para curar todas las enfermedades y depurar el agua ¡ahí es nada!


El más que disparatado mundo de las pseudomedicinas es una fuente inagotable de “tratamientos”, todos inefectivos, algunos dañinos y como es el caso que nos ocupa (el de las “Tarjetas energéticas”) directamente más que peligrosos.

En la tropical Tailandia acaba de aparecer uno de los más estúpidamente peligrosos remedios que los encantadores de serpientes de la Pseudomedicina hayan podido inventar. Se trata de lo que se denominan “tarjetas energéticas”. Según las varias empresas que aparecen y desaparecen en el país comercializando este más que milagroso remedio (para evitar tener que hacerse cargo de las más que posibles responsabilidades penales a la luz de su mecanismo de funcionamiento), las susodichas “tarjetas energéticas” (del tamaño y forma de una simple tarjeta de crédito) son capaces (gracias a su “tecnología alemana”) de poner remedio a todas las enfermedades conocidas y a algunas todavía por descubrir, además de activar al sistema inmune, mejorar el metabolismo y fortalecer el corazón de todos aquellos que, tras pagar el equivalente a unos 35-50 euros (cantidad nada despreciable para la inmensa mayoría de la población local), las tengan lo más próximo posible a su organismo. Algo así como las ya también famosas pulseras “Power Balance” pero en versión para llevar dentro de la cartera o billetera.

Pero aquí todo se complica ya que, a diferencia de esas pulseritas de plástico más que inerte que comentaba anteriormente y que por tanto únicamente eran un problema para el bolsillo de los incautos, estas “tarjetas energéticas” reciben su nombre porque son capaces de irradiar energía de verdad, más específicamente en forma de radiación puesto que en su composición se han encontrado elementos radioactivos como el uranio o el torio. Y no se crean que la presencia de estos elementos es residual, ya que mediciones realizadas han mostrado que estas tarjetas son capaces de emitir 40 microSievert por hora. Si suponemos que un tailandés decide llevar su flamante “tarjeta energética” en su billetera y pongamos por ejemplo que dicho accesorio le acompaña una media de 12 horas al día (aunque lo ideal según los fabricantes de dicho artilugio es tenerla siempre cerca a tiempo completo), nuestro usuario habría recibido en un año una nada despreciable dosis de 175 miliSievert de radiacion gamma. Teniendo en cuenta que por ley en España un trabajador profesionalmente expuesto (por ejemplo en una central nuclear) sólo puede recibir un máximo de 50 miliSievert anuales hasta un total de 100 miliSievert en 5 años y que irradiaciones de 100 miliSievert anuales empiezan a aumentar el riesgo de cáncer, no es descabellado suponer que los más fieles adeptos a esta nueva superchería pseudomédica puedan con el tiempo tener muchas posibilidades de acabar desarrollando algún tipo de tumor.

¡Pero no se vayan, porque todavía hay más! ya que el disparate alcanza mayores cotas con una nueva aplicación de estas tarjetas radioactivas, ya que según los fabricantes si se sumergen en agua durante un tiempo son capaces de esterilizar el líquido elemento. Y eso en un país donde gran parte de la población no tiene acceso a agua potabilizada es un gran reclamo para las clases más desfavorecidas, ya que con un único gasto de 35 euros pueden disponer para siempre no sólo para el comprador sino también para sus hijos, nietos y demás descendientes (ya que la vida media de los elementos radioactivos que se incluyen es de miles de años) de esa tan preciada como escasa en Tailandia agua limpia y “segura”.

Y claro, si el problema de llevar una tarjeta radioactiva en el bolsillo del pantalón es la acumulación de daño radioactivo cuando se añade al agua es más que probable que a medida que pase el tiempo y el plástico se deteriore, entonces algunas (o muchas) de esas partículas de uranio o torio acabe en el sistema digestivo de los miembros de esa desesperada familia que cree haber comprado la solución a todos sus problemas médicos.

P.D.

Y de regalo un divertido video:

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  1. Juan
    21 junio, 2019 de 6:37

    Las tarjetas radioactivas no existen, las que existen son las radiactivas. Perdón por la corrección.

  2. Emiliano Morcuende
    21 junio, 2019 de 17:19

    Por el precio que tienen, no me parecen caras. Se pueden comprar en la UE?

  3. Anónimo
    21 junio, 2019 de 18:47

    Gracias por la corrección y explicación. Esto me ha venido bien a mi.

  4. Far Voyager
    22 junio, 2019 de 10:02

    Lo que es triste es que no solamente allí, aunque se pueda entender debido al tipo de país que es debido al ejemplo del agua, sino que aquí también habría incautos que piquen. Asumiendo, cosa que dudo mucho, se permitiera la venta de esas tarjetas.

    (PD: Joder con el Gboard. Siempre que se mete “de” acaba sugiriendo “de la empresa”, aunque sea totalmente ilógico (“ciencia de la empresa”, “dragones de la empresa”, etc.)

  5. Pewui
    23 junio, 2019 de 12:02

    Explicado en su momento por un pariente (nacido en 1910):

    En las décadas 1920′ 1930′ existían unas minipotabilizadoras de agua para excursionistas, del tamaño de una cajetilla de tabaco, de la que salia un tubo flexible por el que podías succionar el agua una vez que se sumergían en cualquier charco. La capacidad potabilizadora era proporcionada por unas placas de material radioactivo que mataban cualquier microbio.

    ¿Acoquina verdad?

  6. Eduardo Baldu Gil
    23 junio, 2019 de 18:51

    La radioactividad fue considerada durante muchos años como un elixir mágico curalotodo. En concreto el Radio, desencadenó una fiebre consumista totalmente irracional, aprovechada (¡¡Qué otra cosa cabe esperar en nuestra sociedad!!) por los espabilados de siempre.
    Se vendían productos como mantequilla, cigarros, cerveza, condones, gelatina anticonceptiva, agua de colonia, polvos, jabón, crema facial, pasta de dientes, supositorios y hasta chocolate conteniendo radio.
    Quizás el caso más sonado fue el de Eben Byers, millonario, aficionado al deporte y campeón de EE.UU de golf amateur, que, consumidor de agua radioactiva, lo que provocó un cáncer generalizado que le afectó huesos y cerebro.

  7. Far Voyager
    24 junio, 2019 de 14:33

    @Eduardo Baldu Gil: estan tambien las chicas del radio (https://en.wikipedia.org/wiki/Radium_Girls#Radiation_sickness), aunque en ese caso no fuera por medicina sino por engañarlas diciendoles que la pintura con radio era inofensiva -resultado: pintarse los dientes y las uñas para sorprender con el luminiscencia de este en la oscuridad, y despues envenenamiento por radio como ese golfista, junto con algo aun peor: https://en.wikipedia.org/wiki/Radium_jaw

  8. Abraham
    26 junio, 2019 de 9:41

    @Far Voyager, prueba el SwiftKey, acierta mucho más, pero necesita un par de meses para aprender.

  9. Luis Sanchez
    14 julio, 2019 de 23:51

    No salgo de mi asombro al leer esta entrada. ¿Cómo han fabricado dichas tarjetas, dónde; son criminales o simplemente idiotas…?

    Tengo que averiguar algo más sobre este asunto, porque nadie suele tener a mano un contador Geiger para estar comprobando todo lo que compra.

    Salu2

  10. Yomismo
    17 julio, 2019 de 6:16

    Hola,

    En una central nuclear son 25mSv por año, 50mSv en 5 años.

    Estupendo articulo!

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