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¿Hay un Dios?


 

Para dar respuesta a esta pregunta el siempre didáctico Stephen Hawking expone en su último libro “Breves respuestas a las grandes preguntas una de las mejores explicaciones del origen del Universo y cómo el eterno conflicto entre la Ciencia y la Religión se ha decantado inexorablemente hacia el más que increíble poder explicativo de la primera.

Si se acepta, como yo lo hago, que las leyes de la naturaleza son fijas, no tardamos en preguntarnos: qué papel queda para Dios. En eso estriba una gran parte de la contradicción entre la ciencia y la religión, y aunque mis puntos de vista han sido noticia, en realidad es un conflicto antiguo. Podríamos definir a Dios como la encarnación de las leyes de la naturaleza. Sin embargo, esto no es lo que la mayoría de las personas piensan de Dios. Dios significa para ellas un ser parecido a los humanos, con quien podemos relacionarnos personalmente. Cuando miramos la inmensidad del universo, y consideramos cuán insignificante y accidental es en ella la vida humana, eso parece muy inverosímil.

Un campo restante que la religión puede reclamar todavía para sí es el origen del universo; pero incluso aquí la ciencia está progresando, y pronto debería proporcionar una respuesta definitiva a cómo comenzó el universo. Publiqué un libro en que me preguntaba si Dios creó el universo y que causó cierto revuelo. La gente se enojó de que un científico tuviera algo que decir sobre asuntos de la religión. No deseo decir a nadie lo que debe creer, sino que me pregunto si la existencia de Dios es una pregunta válida para la ciencia. Al fin y al cabo, es difícil pensar un misterio más importante o fundamental que qué, o quién, creó y controla el universo.

Creo que el universo fue creado espontáneamente de la nada, según las leyes de la ciencia. La suposición básica de la ciencia es el determinismo científico. Las leyes de la ciencia determinan la evolución del universo, dado su estado en un momento concreto. Esas leyes pueden, o no, haber sido decretadas por Dios, pero este no puede intervenir para transgredirlas, o no serían leyes. Eso deja a Dios la libertad de elegir el estado inicial del universo, pero incluso aquí, parece que pueda haber leyes. Si fuera así, Dios no tendría ninguna libertad.

A pesar de la complejidad y variedad del universo, resulta que para construirlo se necesita tan solo tres ingredientes. Imaginemos que pudiéramos enumerarlos en algún tipo de libro de cocina cósmico. Entonces, ¿cuáles son los tres ingredientes necesarios para cocinar un universo? El primero es materia —cosas que tienen masa—. La materia está a nuestro alrededor, en el suelo debajo de nuestros pies y alrededor nuestro en el espacio. Polvo, roca, hielo, líquidos. Grandes nubes de gas, enormes galaxias espirales, cada una conteniendo miles de millones de soles, extendiéndose a distancias increíbles.

Lo segundo que se necesita es energía. Incluso si nunca lo hemos pensado, todos sabemos qué es la energía. Es algo que encontramos todos los días. Miramos al sol y podemos sentirla en nuestra cara: energía producida por una estrella a ciento cincuenta millones de kilómetros de distancia. La energía impregna el universo e impulsa los procesos que hacen de él un lugar dinámico e incesantemente cambiante.

Tenemos pues materia y energía. La tercera cosa necesaria para construir un universo es espacio, mucho espacio. Podemos calificar el universo de muchas maneras: impresionante, hermoso, violento, pero algo que no le podemos llamar es estrecho. Donde quiera que miremos vemos espacio, más espacio y aún más espacio, estirándose en todas las direcciones. Es literalmente mareador. Entonces, ¿de dónde podría venir toda esa materia, energía y espacio? No teníamos ni idea hasta el siglo XX.

La respuesta vino de la perspicacia de un hombre, probablemente el científico más notable que haya vivido jamás. Su nombre era Albert Einstein. Lamentablemente, no llegué a conocerlo, ya que murió cuando yo tenía tan solo trece años. Einstein se dio cuenta de algo bastante notable: que dos de los principales ingredientes necesarios para hacer un universo, masa y energía, son básicamente lo mismo, dos lados de la misma moneda. Su famosa ecuación E = mc2 simplemente significa que la masa puede ser considerada como un tipo de energía, y viceversa. Entonces, en lugar de tres ingredientes, podemos decir ahora que el universo tiene solo dos: energía y espacio. Entonces, ¿de dónde vienen toda esa energía y todo ese espacio? La respuesta se encontró después de décadas de investigación científica: espacio y energía se inventaron espontáneamente en un acontecimiento que ahora llamamos el Big Bang.

En el momento del Big Bang, comenzó a existir el universo entero, y con él el espacio. Todo se expandió, como un globo que estuviera siendo hinchado. Pero ¿de dónde vinieron toda esa energía y todo ese espacio? ¿Cómo puede simplemente aparecer de la nada todo un universo lleno de energía, la increíble inmensidad del espacio, y todo lo que hay en él?

Para algunos, es aquí donde Dios vuelve a escena. Fue Dios quien creó la energía y el espacio. El Big Bang fue el momento de la creación. Pero la ciencia cuenta una historia diferente. A riesgo de buscarme problemas, creo que podemos entender mucho mejor la naturaleza de los fenómenos que aterrorizaron a los vikingos. Incluso podemos ir más allá de la hermosa simetría de energía y materia descubierta por Einstein. Podemos usar las leyes de la naturaleza para abordar el origen del universo y descubrir si la existencia de Dios es la única manera de explicarlo.

El gran misterio central del Big Bang es explicar cómo todo un universo increíblemente enorme en espacio y en energía puede materializarse de la nada. El secreto está en uno de los hechos más extraños de nuestro cosmos. Las leyes de la física exigen la existencia de algo llamado «energía negativa».

Para avanzar en este concepto extraño pero crucial, permítanme recurrir a una analogía sencilla. Imaginemos que alguien quiere construir una colina en un terreno plano. La colina representará el universo. Para hacer esa colina, cava un hoyo en el suelo y usa su tierra para hacer la colina. Pero, por supuesto, no solo está haciendo una colina, también está haciendo un agujero, una versión negativa de la colina. Lo que había antes en el agujero ahora se ha convertido en la colina, por lo que en conjunto todo se equilibra perfectamente. Este es el principio subyacente a lo que sucedió al comienzo del universo.

Cuando el Big Bang produjo una gran cantidad de energía positiva, simultáneamente produjo la misma cantidad de energía negativa. De esa manera, la energía positiva y la negativa suman siempre cero. Es otra ley de la naturaleza.

Pero ¿dónde está hoy toda esa energía negativa? Está en el tercer ingrediente de nuestro libro de cocina cósmico: en el espacio. Eso puede sonar extraño, pero según las leyes de la naturaleza de la gravedad y del movimiento —leyes que se hallan entre las más antiguas de la ciencia— el espacio mismo es un gran almacén de energía negativa, suficiente para asegurar que el conjunto sume cero.

Debo admitir que, a menos que las matemáticas sean lo suyo, esto es difícil de entender, pero es verdad. La interminable red de miles de millones de galaxias atrayéndose las unas a las otras mediante la fuerza de la gravedad actúa como un dispositivo gigante de almacenamiento. El universo es como una enorme batería que almacena energía negativa. El lado positivo de las cosas, la masa y la energía que vemos hoy, es como la colina. El hoyo correspondiente, o el lado negativo de las cosas, se extiende por el conjunto del espacio.

Pero ¿qué significa esto en nuestra búsqueda para descubrir si hay un Dios? Significa que si el universo no agrega nada, entonces no necesitamos un Dios para crearlo. El universo es el almuerzo gratuito definitivo.

Como sabemos que la energía positiva y la negativa suman cero, todo lo que tenemos que hacer ahora es averiguar qué —o me atrevo a decir quién— desencadenó todo el proceso. ¿Qué podría causar la aparición espontánea de un universo? A primera vista, parece un problema desconcertante —después de todo, en la vida cotidiana las cosas no se materializan de la nada—. No podemos tomar una taza de café cuando nos apetece simplemente haciendo chasquear los dedos. Tenemos que servirnos de otras cosas como granos de café, agua y tal vez un poco de leche y azúcar. Pero si nos adentramos en esa taza de café, a través de las partículas de leche, hasta los niveles atómico y subatómico, entramos en un mundo donde conjurar algo de la nada es posible. Al menos, por un tiempo corto. Eso es porque, a esa escala, partículas como los protones se comportan de acuerdo con las leyes de la naturaleza que llamamos mecánica cuántica. Y realmente pueden aparecer al azar, durar un tiempo, desaparecer de nuevo, y reaparecer en algún otro lugar.

Como sabemos que el universo fue una vez muy pequeño —más pequeño que un protón—, eso significa algo bastante notable. Significa que el universo mismo, en toda su inmensidad y complejidad alucinantes, podría simplemente haber aparecido sin violar las leyes conocidas de la naturaleza. A partir de ese momento, se liberaron grandes cantidades de energía a medida que el espacio se expandía. Un lugar, pues, para almacenar toda la energía negativa necesaria para equilibrar las cuentas, pero, por supuesto, la pregunta crítica sigue siendo: ¿creó Dios las leyes cuánticas que permitieron que ocurriera el Big Bang? En pocas palabras, ¿hace falta un Dios para poder hacer que el Big Bang hubiera estallado? No deseo ofender a ninguna persona de fe, pero creo que la ciencia tiene una explicación más convincente que un creador divino.

La explicación se basa en las teorías de Einstein y sus ideas sobre cómo el espacio y el tiempo están fundamentalmente entrelazados en el universo. En el instante del Big Bang, algo maravilloso sucedió con el tiempo. El tiempo mismo comenzó.

Para entender esa idea alucinante, consideremos un agujero negro flotando en el espacio. Un agujero negro típico es una estrella tan masiva que se ha colapsado sobre sí misma. Es tan masiva, que ni siquiera la luz puede escapar de su gravedad, por lo cual es casi perfectamente negra. Su atracción gravitatoria es tan poderosa que no solo deforma y distorsiona la luz, sino también el tiempo. Para ver cómo, imaginemos que un reloj está siendo absorbido por el agujero negro. A medida que el reloj se va acercando al agujero negro, comienza a ir cada vez más despacio. El tiempo mismo comienza a ralentizarse. Ahora imaginemos que cuando el reloj entra en el agujero negro —suponiendo, desde luego, que pudiera resistir las fuerzas extremas de la gravitación— el tiempo en realidad se detendría, no porque el reloj se haya averiado, sino porque dentro del agujero negro el tiempo no existe. Y eso es exactamente lo que sucedió al comienzo del universo.

En los últimos cien años, hemos hecho progresos espectaculares en nuestra comprensión del universo. Ahora conocemos las leyes que rigen lo que ocurre en todas las condiciones, salvo las más extremas, como el origen del universo o los agujeros negros. Creo que el papel desempeñado por el tiempo en el principio del universo es la clave definitiva para eliminar la necesidad de un gran diseñador y para revelar cómo el universo se creó a sí mismo.

A medida que retrocedemos en el tiempo hacia el momento del Big Bang, el universo se va haciendo más y más y más pequeño, hasta que finalmente llega a un punto donde todo el universo es tan diminuto que en realidad es un agujero negro infinitesimalmente pequeño e infinitamente denso. Y al igual que ocurre con los agujeros negros que hoy flotan en el espacio, las leyes de la naturaleza dictan algo bastante extraordinario. Nos dicen que también aquí, el tiempo debe detenerse. No se puede llegar a un tiempo anterior al Big Bang porque antes del Big Bang el tiempo no existía. Finalmente hemos encontrado algo que no tiene una causa, porque no existía tiempo alguno en que pudiera haber una causa. Para mí eso significa que no hay posibilidad de un creador, porque no existía tiempo en el que pudiera existir un creador.

P.D.

Y de regalo cuatro videos en donde se presentan estos conceptos de manera más visual.

 

 

 

 

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  1. Paco
    17 julio, 2019 de 9:03

    Si no hay Dios, ¿cómo explicas que no queden gigantes de hielo en la Tierra?

    El ser humano es un desagradecido pero por suerte Thor es compasivo.

  2. Eduardo Baldu Gil
    17 julio, 2019 de 12:08

    En mi opinión, la discusión sobre la existencia de dios es, en realidad, una discusión viciada y manipulada (por los creyentes) porque engloba como única una discusión que en realidad incluye muchas discusiones alternativas y varias, incluso contradictorias entre sí.
    En defensa de la visión teísta atribuida a algunos científicos, es habitual incluir a aquellos que demostraron, en realidad, una visión panteísta de la cuestión. Entraríamos en una discusión más bien filosófica sobre si la naturaleza y sus leyes debe o no ser considerada una deidad.
    Pero tal discusión está a años luz de los conceptos de los teístas clásicos (defensores de una religión concreta, personal, creacionista, con un dios con características humanas y que interfiere en todo lo que ocurre en el universo, incluyendo el control exhaustivo de nuestras vidas). El truco de los teístas es “saltar” de esa concepción panteísta a su deidad preferida, como si de un juego de manos se tratara, para “agenciarse” el respaldo de quienes tienen tal visión panteísta.
    Yo no veo la necesidad de la existencia de ese dios panteísta, pero incluso si llegáramos al convencimiento de tal existencia, a los cristianos (en sus incontables variedades), musulmanes, judíos, etc., etc., les seguiría faltando establecer la vinculación de ese ser divino con su dios particular para dar validez a su creencia. Y eso es mucho más difícil aun. En todo caso, si una religión concreta consiguiera demostrar tal vinculación (y con ella la realidad de su dios), automáticamente deberían quedar desmentidas por falsas todas las demás religiones.

  3. Anónimo
    17 julio, 2019 de 13:25

    la energia esta en todo lo crea todo y no se puede demostrar
    = lo qe dice la religion d dios
    y si la materia es energia , ls cuerpos lo son
    = todo lo vivo es dios !
    solo no perder armonia y equilibrio
    cn malas acciones pensamientos emociones sentimientos etc qe seria como desarmonizar energia = concepto d dios bioenergetico oriental = acupuntura shiatsu etc

  4. nestor
    17 julio, 2019 de 14:04

    Muy claro como siempre S.Hawking, aparecerán todo tipo de divagues luego de este artículo y
    los 820 millones de seres humanos que carecen de alimentos suficientes seguirán sufriendo su
    realidad con Dios o sin Dios.

  5. 17 julio, 2019 de 22:40

    “Porque las cosas invisibles de él, su eterna deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa…se envanecieron en sus razonamientos …profesando ser sabios, se hicieron necios y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”. El apóstol Pablo lo dice en La Biblia.

  6. 17 julio, 2019 de 23:16

    Como reza el viejo dicho castellano “éramos pocos y parió la burra”. Hacía siglos que Logos77 no venía por aquí a soltar esa sarta de estupideces solo aptas para débiles mentales en la que consiste el libro “sagrado” de unos pobres ignorantes de tiempos remotos. Pero hete aquí que, en su más que infinita ignorancia, tiene la osadía de intentar (patéticamente por cierto) refutar a una de las mentes más brillantes que ha dado esta especie de monos sin pelo y bastante cabezones llamada sapiens a la que pertenecemos (aunque unos más y otros muchísimo menos). Y lo hace con uno de los más alucinados miembros de esa más que desgraciadamente abundante estirpe de iluminados. Ese tal Pablo de Tarso que, tras su accidente equino, quedó más que irremediablemente dañado en su capacidad de raciocinio. Y veinte siglos después otros como Logos77 (que ni siquiera tienen la excusa de la conmoción cerebral) aquí siguen, en pleno hipertecnológico siglo XXI, repitiendo como patéticos loros los delirios de un pobre enfermo mental.

    Pero claro, es que la ignorancia (religiosa) es lo más osado que existe.

     

    Imagen relacionada

  7. Eduardo Baldu Gil
    17 julio, 2019 de 23:59

    Parece que el tema ha despertado las reacciones más inverosímiles.
    Anónimo resulta bastante ininteligible lo primero que debería hacer es aprender a comunicarse, aprender a escribir correctamente, porque sus líneas carecen de sentido. A todo lo más que llego es a vislumbrar un cierto discurso propio de la irracionalidad imperante, con la energía (Siempre la dichosa energía) como protagonista, vamos de lo más habitual entre los magufos.
    El mensaje de Nestor no me queda en absoluto claro, y mucho menos la referencia a las injusticias sociales existentes. De que estas se dan, no tengo las más mínima duda, pero no veo la relación con el tema.
    Y por último está “Logos” (El cagarse y no tener con que limpiarse). ¿Por qué será que hay tanto estúpido que cree que citar la biblia debería impresionarnos hasta tal punto que nos dejará patidifusos, descolocados e incapaces de dar una respuesta? ¿Son tan tontos que creen que una colección de textos más bien ridículos deben ser considerados por todo el mundo como incuestionables? Pues va a ser que no.

  8. Far Voyager
    18 julio, 2019 de 13:18

    @Logos77: le rezaré a Mielikki, Nuestra Señora del Bosque, por tí.

    Por lo demás, es tan sencillo cómo que cuanto más sabemos del Universo menos espacio hay para una deidad cómo la descrita en la Biblia, especialmente en el AT. Pensar que una entidad capaz de formar un Universo cómo este en especial sabiendo cómo de arcanas son cosas cómo la mecánica cuántica, por no hablar de lo que pudiera estar detrás de ella, y su tamaño descomunal es la misma que la que sale allí (SIEMPRE las identifican y no piensan que la primera podría ser otra muy distinta a la suya) de un antropocentrismo exagerado.

    Cuánto menos se hable del absurdo de poner a Dios fuera del espacio, del tiempo, y de la materia mejor. Hay gente que no da para más que para repetir cómo loros lo que dicen otros.

  9. Rata de Cloaca
    18 julio, 2019 de 18:41

    Estos meapilas ¡Que previsibles son! A la mínima te sueltan siempre los mismos versículos: los de «…profesando ser sabios se hicieron necios…»;«…dice el necio en su corazón no hay Dios…»; «…tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito…» y alguno más.

    Venga, a variar el repertorio, que tenéis mucha Biblia para elegir.

  10. nestor
    19 julio, 2019 de 14:04

    Y se dió lo que pensaba, a buen entendedor pocas palabras bastan

  11. Eduardo Baldu Gil
    20 julio, 2019 de 13:31

    Pues, Nestor, se ve que soy muy mal entendedor. Eso de “Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…”, nunca me ha parecido un razonamiento lógico, y sigo sin ver que tiene que ver la desigualdad económica y la injusticia social con el tema tratado. Ni la creencia en dios, ni la descreencia, convierten a la persona en más avariciosa o más solidaria, así que me resulta incomprensible la relación entre los temas.

  12. nestor
    21 julio, 2019 de 15:04

    Por eso Walter Benjamin percibió muy bien que el capitalismo es una religión y ahí hay que apuntar, lo de mas es lo de menos.

  13. Luis Sanchez
    21 julio, 2019 de 23:32

    Estupenda entrada!
    Hasta un niño la entendería (un niño que no tenga el coco comido por las mentiras de la religión, claro).

    La genialidad de Stephen Hawking (“San” para los religiosos) no solamente reside en sus descubrimientos, sino en saber continuar la senda que Einstein ya no quiso recorrer, y con la teoría cuántica darnos una explicación tan sencilla del inicio del Universo.

    La Ciencia ha llegado casi (1 por 10 elevado a la -30 segundos) al Bing Bang y hoy en día se puede asegurar, que quien no sabe es porque no quiere (naturalmente quitando a los más desfavorecidos del mundo que no pueden ni comer, y menos leer la Wikipedia).

    El ser creyente es un problema, seguramente de adoctrinamiento, pero entiendo que con voluntad y leyendo Ciencia, se puede vencer. El no querer aprender no se puede vencer, aventuro que será porque si hay listos (energía positiva) tiene que haber imbéciles (energía negativa). O puede que no sea así.

    Salu2

  14. Rawandi
    22 julio, 2019 de 10:24

    “Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí” El deplorable dios cristiano lo dice en la Biblia (Lucas 19,27).

  15. Eduardo Baldu Gil
    22 julio, 2019 de 10:48

    No me parece una definición adecuada. Es verdad que existe una vinculación entre el cristianismo protestante y el capitalismo. No así entre este y el catolicismo o la iglesia ortodoxa, que contemplaban sanciones contra la usura.
    Pero de ahí a suponer que el capitalismo es una religión hay un mundo. Así lo entiende Byung-Chul Han, filósofo destacado por su crítica al capitalismo, que entiende que para ser considerado como una religión debería incluir el perdón, la expiación, y la liberación, requisitos que considera necesarios para tal consideración.
    El capitalismo, además de un modelo económico, es una filosofía basada en el individualismo extremo. Pero no toda filosofía es religión.

  16. Rawandi
    22 julio, 2019 de 13:25

    “una religión debería incluir el perdón, la expiación, y la liberación”

    Eduardo, estoy de acuerdo en que el capitalismo no es religión, pero esos elementos citados no son suficientes para definir la religión. Dado que la esencia de la religión es el animismo (la creencia en espíritus cuya vida no depende de ningún cuerpo corruptible), podemos decir que el fenómeno religioso se da cuando de forma habitual se le dirigen súplicas a personajes inexistentes (almas de los antepasados, la Virgen María, Cristo, Buda, etc.).

    Por cierto, una noticia genial: la pobreza extrema está decreciendo rápidamente no solo en porcentaje sino también en números absolutos, hasta tal punto que puede incluso haber desaparecido antes de mediados del presente siglo.

  17. Alberto
    24 julio, 2019 de 5:01

    Alguna puntualización a algunos comentarios. La relación entre el capitalismo y el protestantismo. Es cierto que la Reforma protestante, que fue una auténtica revolución, pone las bases del capitalismo moderno, ya que supedita la religión al poder civil. Desde el fin del Imperio Romano, la religión y el poder civil eran poderes similares en equilibrio. A partir de la reforma, los príncipes del Sacro Imperio Romano son quienes determinan la religión del Estado (cuius regio, eius religio), y nombran y controlan a las autoridades religiosas. A partir de ahí, el equilibrio entre lo civil y lo eclesiástico se inclina hacia lo civil, iniciando un proceso progresivo en el cual lo eclesiástico irá perdiendo poder hasta llegar a la Europa laica de hoy día. Esto favorece el desarrollo del capitalismo, ya que el capitalismo es obra de la burguesía, del poder civil.
    No obstante, el mayor desarrollo de ciertas regiones de Europa sobre otras, en siglos posteriores, no se explica por esta razón solamente. Inglaterra fue durante mucho tiempo la nación más desarrollada, y no fue una nación protestante. Se desarrolló por la Revolución Gloriosa, en el siglo XVII. Luego vino la Revolución francesa en 1789, en una nación católica, y los países que mejor han evolucionado fueron aquellos que Napoleón invadió por más tiempo, implantando el liberalismo. Sólo por casualidad la mayoría de estos países son protestantes. Algunos, como el norte de Italia, o el sur de Alemania (antes Estados independientes), son regiones católicas.

    Y claro que es cierto que la pobreza extrema, y la relativa, está descendiendo en términos absolutos y relativos, y la clase media está aumentando en el mundo en cientos de millones. Desde el siglo XIX el capitalismo permitió la creación de una clase media floreciente en Europa occidental, Estados Unidos y Japón, y en las últimas décadas se da el fenómeno de que ese desarrollo se extiende a amplias zonas de Asia, Ämérica latina, incluso de África, con el resultado inevitable de la disminución de la pobreza y la creación de una clase media mayoritaria. El problema es si el medio ambiente soportará tanto desarrollo. La civilización occidental, ahora global, corre serio riesgo de morir de éxito.

  18. Rawandi
    24 julio, 2019 de 19:39

    “El problema es si el medio ambiente soportará tanto desarrollo.”

    Alberto, seguro que sí que lo soporta, porque antes de que acabe el siglo XXI la población mundial empezará a disminuir debido al fenómeno llamado “transición demográfica” (el descenso de la tasa de fertilidad a medida que una sociedad se desarrolla). El medio ambiente colapsaría si la población mundial siguiera creciendo indefinidamente; pero eso, afortunadamente, no va a ocurrir.

    De hecho, la transición demográfica podría aniquilar en pocas generaciones a toda la especie humana si no se tomara ninguna medida (por ejemplo, subvenciones por tener hijos) para estabilizar la tasa de natalidad.

  19. 24 julio, 2019 de 20:35

    Rawandi

    Yo no estaría tan seguro. Aunque es cierto que la tasa de aumento de la población disminuye con el desarrollo de un país hay dos factores a tener en cuenta. Primero, eso no significa que la población disminuya sino que aumenta en menor proporción. Y segundo, aunque se estabilizara o incluso empezara a disminuir dentro de uno o dos siglos, el problema es que el mismo individuo consume ahora muchísimo más que hace 15 o 20 años y o cambiamos radicalmente o ese mismo individuo dentro de otros 15 o 20 años consumirá como dos individuos. Y yo no nos veo dispuestos a dejar de cambiar de TV, de coche, de PC, de móvil o de lo que narices se lleve dentro de dos décadas cada dos por tres, porque el actual sistema económico se basa en comprar y tirar: https://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2019/07/obsolescencia-social-programada.html

  20. nestor
    27 julio, 2019 de 23:40

    luego de estos comentarios, entiendo porque en el siglo XXI, existen Monarquías, ..constitucionales y con monarca hereditario o parlamentarias con monarcas….hereditarios……….
    vergüenza ajena.

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