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Cuando los animalistas le hacen el juego (y aumentan los beneficios) de las multinacionales


El movimiento de liberación animal lleva décadas batallando para eliminar la más que necesaria experimentación animal y desgraciadamente acaban de conseguir una victoria, que lejos de poder ser celebrada, va a permitir a las multinacionales del sector ahorrarse mucho dinero en controles de seguridad e incluso a la larga poner en riesgo la vida de muchas personas.

La Agencia de Protección del Medio Ambiente estadounidense (EPA) es el organismo del gobierno federal de los EEUU encargado de proteger la salud humana y el medio ambiente en todas sus variantes: aire, agua y suelo. Cuenta con más de 14.000 expertos repartidos en docenas de laboratorios y su cometido principal es realizar todo tipo evaluaciones ambientales sobre cualquier aspecto que pueda afectar a la salud y al medio ambiente. Además tiene la responsabilidad de mantener y hacer cumplir las normas y leyes estadounidenses sobre el medio ambiente. Por tanto su labor es absolutamente vital para que la ciudadanía estadounidense (y por extensión la de gran parte del mundo, puesto que esta agencia sirve como referencia a otros muchos países) no se exponga a contaminantes, tóxicos o cualquier otra sustancia que pueda dañar la vida humana y por extensión la biota de la primera potencia mundial. Para cumplir su labor tiene grandes poderes ejecutivos entre los que se incluyen multas y sanciones entre otras medidas.

Pero entre sus múltiples poderes destaca el de emitir regulaciones, que son de obligado cumplimiento dentro de la legislación federal de los EEUU y que determinan los estándares de calidad de aire, el agua o el suelo, por lo que estas normativas están siempre sujetas en una democracia a la presión de diversos colectivos enfrentados. Así en general, los grupos ambientalistas y los defensores de la salud pública abogan para que la EPA sea cada vez más restrictiva en sus estándares y medidas y por el contrario la siempre poderosa industria de los EEUU tiende a considerar que esta agencia es una extralimitación del gobierno que únicamente añade regulaciones innecesarias que dificultan la sacrosanta libertad empresarial en el marco del más que incuestionable imperio del neoliberalismo. Pues bien, los lobbies (financiados por la industria) que presionan a la EPA para que relaje las exigencias medioambientales han encontrado un más que inesperado aliado en el cada vez más mediático (y por tanto poderoso) movimiento de liberación animal, de tal manera que las presiones de estos dos aliados más que extraños: grandes empresas y defensores de la eliminación de la experimentación animal ha llevado a la EPA a anunciar que en el año 2035 dejará de financiar totalmente y de realizar cualquier tipo de ensayo que incluya mamíferos y que a partir de hoy mismo se empezará a reducir drásticamente dichos estudios. Algo que puede iniciar una reacción en cadena en otros organismos relevantes de la investigación en EEUU y quizás en otros países.

Esta sorprendente (y más que nefasta) decisión ha sido más que celebrada por diversos colectivos en defensa de los animales porque según Justin Goodman, vicepresidente de un grupo de animalistas con sede en Washington

es una victoria decisiva para los contribuyentes, los animales y el medio ambiente

Y aunque parece que no se ha dado cuenta con su (más que peligrosa) argumentación (para la salud humana) este animalista ha tocado como primer punto el más candente: el dinero de los contribuyentes pero también de las empresas, tal y como se ha encargado de recalcar Andrew Wheeler, un alto cargo de la EPA que indicó bien a las claras por donde soplan los nuevos aires en las diferentes agencias bajo la administración Trump al decir que

la experimentación con animales es costosa y requiere mucho tiempo

Porque cualquier producto que en la actualidad sale al mercado en los EEUU debe asegurar su inocuidad y entre las diversas pruebas exigidas actualmente está la de no ser tóxico en los siempre útiles modelos animales, generalmente el humilde ratón de laboratorio. Pero a diferencia de los modelos in vitro, en donde en unos pocos días (y por poco dinero) se puede observar si un determinado compuesto mata a células en cultivo, los experimentos de toxicidad en animales son largos puesto que no sólo hay que observar que los ratones no mueran de manera inmediata o a corto plazo, sino que hay que determinar también si aparecen reacciones o daños a largo plazo, por lo que también son muy costosos puesto que hay que mantener a los animales en animalarios cada vez más sofisticados durante semanas o meses y luego analizar múltiples tejidos y órganos de esos mismos animales para descartar efectos secundarios localizados, y esos análisis están lejos de estar automatizados.

Y este ha sido desde siempre el caballo de batalla de la industria, eliminar los ensayos con animales y sustituirlos por otros “más rápidos, fiables y baratos”. ¿Y cuales serían estas nuevas y maravillosas pruebas que permitirían eliminar a los animales de la ecuación regulatoria? Pues según los portavoces de la industria y de los animalistas los modelos bioinformáticos

y la tecnología de “órganos en chip” son la solución.

¿El problema? Que a día de hoy y más que previsiblemente en el 2035, a pesar de la inyección de fondos que dice “asegurar” la EPA que va a realizar en los próximos años en el campo, ninguna de estas dos aproximaciones más que parciales, aun cuando estuvieran lo suficientemente perfeccionadas, servirían nunca para replicar todas y cada una de las complejísimas interacciones que se dan a nivel fisiológico en un ser vivo.

Porque no hay que ser ya un investigador experto en biomedicina, sino cualquier estudiante universitario, para saber que un ser vivo es el más que complejo resultado de una jerarquía de niveles de organización desde las moléculas, pasando por las células, los tejidos y los órganos hasta llegar a la homeostasis final del organismo completo.

Así, siendo reduccionistas si sospechamos que un compuesto químico puede interaccionar con un proteína se puede hacer un ensayo in vitro. Si queremos saber si otra molécula es tóxica para hepatocitos o células pulmonares también se pueden ensayar cultivos de estas estirpes celulares. Pero ¿tendremos dentro de 5, 10 años o en el 2035 “órganos en chip” para todos y cada uno de los tejidos y órganos del cuerpo humano? Porque si se han desarrollado varios o muchos de estos miniórganos artificiales, pero falta por ejemplo el correspondiente al hígado o al corazón la pregunta más que relevante que hay que trasladar a la opinión pública es si vamos a jugar a la ruleta rusa con un nuevo compuesto porque no ha dado toxicidad en los otros 15 órganos artificiales ya disponibles, simplemente por no sacrificar a un par de docenas o de cientos de ratones por motivos éticos o peor aún, por motivos pecuniarios.

Es más, aun cuando esta quimera (por ahora casi de ciencia ficción) de los miniórganos artificiales, se hubiera cumplido en su totalidad todavía faltaría analizar el componente holístico (tomado en el sentido etimológico de la palabra propiamente dicho y no en el místico). Ya que a día de hoy sabemos (y lo que nos queda por conocer) que por ejemplo el corazón no es sólo un conjunto de células cardiacas o el hígado de hepatocitos, sino que diferentes sustancias biológicas producidas en otros tejidos y células itinerantes (principalmente, pero no sólo del sistema inmune) juegan un papel fundamental en la correcta homeostasis de cada órgano en particular.

Por poner un más que llamativo ejemplo de mi campo de investigación, la inmunología, un grupo de colegas del CNIC descubrieron hace algún tiempo (por cierto utilizando a esos sufridos ratoncillos de laboratorio) que unas células del sistema inmune llamadas neutrófilos, tenían dos funciones fisiológicas diferentes asociadas a los ritmos circadianos. Durante el día, cuando el organismo se encuentra en actividad y puede entrar en contacto con patógenos, los neutrófilos  patrullan los tejidos periféricos raudos para acudir a las heridas y proceder a la eliminación de las bacterias que hayan podido entrar en el organismo mediante un proceso denominado fagocitosis del agente infeccioso. Esta es su función primordial ya conocida desde hace décadas. Sin embargo nuestros investigadores descubrieron que al llegar la noche, cuando el organismo entra en fase de sueño, estas células abandonan los tejidos periféricos (ya que es poco probable que durante esas horas se produzcan heridas) y migran al corazón en donde realizan una segunda función de reparación de tejido cardiaco. Alterando el patrón circadiano de ratones de laboratorio, estos investigadores encontraron que cuando se obligaba a los neutrófilos a quedarse en los tejidos periféricos, al no migrar nocturnamente al corazón los animales eran más resistentes a las infecciones, aunque por otra parte estos ratones se volvían extremadamente sensibles al infarto. Después los investigadores demostraron que este tipo de migración circadiana de los neutrófilos también se produce en humanos. En un modelo de “corazón en chip” este tipo de complejas relaciones (que no olvidemos ha sido descubierta al utilizar un modelo animal) quedarían fuera del análisis y una sustancia que alterara este patrón circadiano de los neutrófilos no podría ser detectada,  el ensayo no daría toxicidad alguna y sin embargo los ciudadanos desprotegidos por las agencias públicas “ahorradoras” de tiempo y dinero podrían ver comprometida su salud cardiovascular severamente al ingerir la mencionada sustancia.

Algo similar ocurre con los modelos bioinformáticos, que tampoco olvidemos se nutren de los datos experimentales (también obtenidos por esos ahora poco éticos y casi delictivos ensayos con animales) para sus simulaciones, de tal manera que si los complejos mecanismos que actúan coordinadamente en cada órgano no se conocen con exactitud, los resultados que ofrezcan esas computaciones serán en el mejor de los casos un simple ejercicio teórico, nada práctico y más que peligroso ensayo para determinar si un compuesto es inocuo o tóxico en tal o cual situación fisiológica.

Visto en perspectiva, tanto los modelos bioinformáticos o los análisis “en chip”, lejos de sustituir a los actuales modelos animales se deberían incluir dentro de los protocolos habituales de determinación de toxicidad tras los análisis con células in vitro anteriormente indicados y antes de los propios estudios con modelos animales, de tal manera que si alguna sustancia implicara una alta probabilidad de toxicidad computacionalmente o en estos ensayos con miniórganos, el compuesto se debería desechar sin necesidad de exponer a varias decenas o centenas de animales en costosos (y probablemente fallidos) ensayos in vivo. ¡Eso sí que sería verdadera preocupación por el bienestar animal sin tener que escatimar en la salud pública humana!

Pero jugar con la vida de las personas porque un algoritmo cibernético o varios miles de células cardiacas y similares colocadas encima de una sofisticada placa de Petri del siglo XXI no detecten la toxicidad de tal o cual compuesto, sólo para acortar y abaratar los tiempos y los costos de las evaluaciones ambientales o para dar tranquilidad a la conciencia de unas personas que por otra parte comen mayoritariamente (como casi todo hijo de vecino) y hasta con sumo placer a veces la carne de los más variados mamíferos puede ser una de las mayores irresponsabilidades que las autoridades competentes en la materia puedan perpetrar.

P.D.

Los modelos murinos pueden no ser perfectos (tal y como más que interesadamente multinacionales implicadas y animalistas sin formación difunden a los cuatro vientos) porque a pesar de que compartimos el 99% de los genes con ellos, entre ratones y sapiens existe la friolera de 75 millones de años de separación evolutiva, más o menos cuando todavía dominaban el mundo los dinosaurios del Cretácico. Ello significa que quizás no todo lo que daña o mata a un ratón puede que no actúe de forma similar a un humano pero ¿quién va a apostar su vida por ello? Es por tanto que los miniórganos derivados de células humanas, con todas sus limitaciones, puedan rellenar un pequeño hueco acerca de la especiación humana y eliminar alguno de los compuestos que no siendo tóxicos para los simpáticos roedores sin embargo interaccionen negativamente con alguna de las nuevas rutas biológicas inventadas por nuestros ancestros primates en los últimos eones. En resumen, sí a las nuevas tecnologías aplicadas a la seguridad medioambiental pero sin descartar nunca a los viejos (y más que útiles) ensayos tradicionales, aún cuando signifique la muerte de esos simpáticos y más que útiles ratoncillos de laboratorio con los que es dificil no encariñarse después de varias décadas de interacción.

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  1. Antonio
    12 septiembre, 2019 de 6:52

    Es lo que conlleva el buenismo y el buenrrollismo de la progresía izquierdosa, que perjudica a la salud y al final consigue efectos distintos a los perseguidos.

  2. JC Montenegro
    12 septiembre, 2019 de 8:53

    Vaya, yo pensaba que este blog trataba de desmontar falsas creencias y de promover el método científico! Sin embargo, veo que se intenta atacar el animalismo desde un falso antropocentrismo que no tiene nada de científico, o es que queremos volver a los tiempos de “el hombre como creación divina” y medida de todas las cosas! Y encima algunos ven esto en clave de un “buenísmo de izquierdas”. En fin… , vivir para ver!

  3. 12 septiembre, 2019 de 9:36

    JC Montenegro

    A ver, somos seres pensantes (unos más y otros menos) y por tanto podemos prever y sobre todo cambiar las cosas con la ayuda de la Ciencia. ¿Es antropocentrismo poner la vida de esos millones de pacientes que sufren y mueren por las más diversas enfermedades por encima de la de los ratones de laboratorio, que se pueden considerar casi una especie artificial que hemos creado con el expreso propósito de servir para la experimentación? Bueno ¿y qué? En este mundo no hay nada blanco o negro, sino que casi todo es gris. Por tanto hay que buscar el grado de gris que equilibre nuestras respectivas empatías por el sufrimiento de los humanos y las mejores condiciones de existencia de esos tan útiles animales.

    De todas formas te planteo una cuestión personal. Como entiendo que estás totalmente en contra de la experimentación animal serás consecuente y cuando tú, o tu hijo si lo tienes, enfermeis de algún mal cuya cura se haya podido obtener gracias a la experimentación animal (y te adelanto que son casi todos los remedios de la actual medicina científica) rechazarás dichos tratamientos para que no se te acuse de antropocéntrico. ¿no?

  4. Renzo
    12 septiembre, 2019 de 11:59

    “Bueno ¿y qué? En este mundo no hay nada blanco o negro, sino que casi todo es gris.”

    Ya, pero entonces ¿vale cualquier gris o sólo el que tú quieras?

    Más que antropocentrismo lo que veo es mucho especismo que no se diferencia demasiado del que usan los creyentes. Para unos el hombre es el rey de la creación por decisión divina y para los otros lo es por evolución y capacidades.

    Si no hay otro medio, ninguna alternativa que evite la utilización de animales, me parece aceptable hacerlo con el máximo control y respeto para garantizar que no se provoca sufrimiento innecesario. Y, por supuesto, acabar definitivamente con la experimentación que sólo sirve para justificar becas y subvenciones, que no aporta resultados utiles a nadie que no sea a los que viven de ella.

    “cuando tú, o tu hijo si lo tienes, enfermeis de algún mal cuya cura se haya podido obtener gracias a la experimentación animal… rechazarás dichos tratamientos para que no se te acuse de antropocéntrico. ¿no?”

    Vaya, ¿ahora usas el chantaje emocional? Puestos a retroceder en la historia, lo podemos hacer también con todos los avances tecnológicos y médicos que han surgido de los grandes conflictos bélicos y de la investigación armamentística. ¿Te parecen aceptable las guerras si con ello obtenemos avances en medicina, etc…?
    Que algo haya tenido historicamente determinadas vías de desarrollo, no implica forzosamente que hoy tenga que seguir siendo igual. Todo lo que se pueda hacer con simulaciones, con tejidos obtenidos mediante bioingeniería, etc… y que permita disminuir o eliminar por completo la experimentación con animales, debería ser aplaudido por cualquiera de los que aquí se dicen humanistas, alardean de empatía y quieren dar lecciones de ética. Pero más bien parece que su especismo es más que selectivo y excluye a cualquier otra especie sintiente que no se la nuestra… como hacen los creyentes.

    Como este tema ya se ha tratado anterioremente en el blog y ya quedó claro que estoy en franca minoría y visto lo que sucedió con el de las armas, no me gustaría que esto se convierta en un rifirrafe con gente con la que, en general, tengo mucho cosas en común, así que, con vuestro permiso, me ahorraré responder a los mensajes que pueda generar este.

    Saludos.

  5. 12 septiembre, 2019 de 15:40

    “Ya, pero entonces ¿vale cualquier gris o sólo el que tú quieras?”

    Como he dicho en mi comentario el gris que equilibre salud humana y confort animal.

  6. pepe
    12 septiembre, 2019 de 17:12

    Queridos animalistas: ¿Cuántos ratones sacrificarías para salvar la vida de tu hermano pequeño?

  7. 13 septiembre, 2019 de 0:10

    Según mi profesor de farmacología (https://ri.conicet.gov.ar/author/3756), algo así había ocurrido con la Talidomida, y ya sabemos lo que pasó. Ya quiero ver un chip que replique los efectos teratogénicos de una droga… ése día creeré en milagros.

  8. Eduardo Baldú
    13 septiembre, 2019 de 18:15

    Cuando oigo afirmaciones como que el “especifismo” (lo que se supone que somos Ateo y yo, por lo que he podido leer) es una especie de religión, no puedo menos que acordarme del argumento empleado por los teístas contra el ateísmo: que el ateísmo es una creencia, y por tanto equivalente a la religión. Si gilipollas es una cosa, gilipollas es la otra.
    En realidad es el animalismo el que tiene cualidades propias de religión, entre ellas el fanatismo.
    Vayamos por partes. Los derechos de los animales. A estas alturas, si realmente fuerais “de izquierdas”, deberías saber que no existen normas morales en la naturalezas. De hecho, el concepto de ley natural es un concepto religioso, ya que dicha ley es obra de dios y el ser humano no tiene derecho a cambiarla (Según los creyentes). Así que plantearse la existencia de un supuesto derecho de los animales acerca claramente a los animalistas a los creyentes religiosos. Los derechos son la consecuencia de las leyes y nomas que imperan en la sociedad, y estas a su vez proceden del consenso social, la imposición de la clase dominante, o la lucha de los oprimidos mediante la cual los oprimidos logran imponer sus tesis a la clase dominante. Leyes y derechos son un producto de la sociedad, y de su cultura. Por ello la legislación vigente, y los derechos que de ella se derivan, en cada sociedad y en sus respectivos momentos históricos, son distintos, e incluso contradictorios.
    ¿Es posible definir un modelo social basado en la razón? Lo cierto es que el ser humano depende claramente, para su supervivencia y el desarrollo de una sociedad tecnológica, del contexto social, y mantenerlo lo más estable posible es la garantía de continuidad. De ello es fácilmente deducible que un modelo en el que la cifra más cercana posible al 100% de satisfacción de pertenecer a esa sociedad es un buen requisito para la estabilidad de la misma, y ello se consigue garantizando a todos los ciudadanos derechos suficientes y la cobertura de las necesidades fundamentales (y si puede ser, algunas más). Así que sí, sí es posible definir un modelo óptimo de sociedad a partir del pensamiento lógico. Otra cosa es que los egoísmos personales, las fobias y filias irracionales lo estropeen todo.
    Pero estamos hablando de una estructura plenamente artificial que elaboramos para garantizar la interacción positiva entre las personas, no de una hipotética e inexistente fuente de derecho “natural”, de la que emanan normas incuestionables.
    Es más las normas que rigen la interrelación entre los animales son las que determinan la supervivencia de la especie, y en ellas no hay espacio para la urbanidad y el respeto interespecies: el cazador debe cazar para sobrevivir y la presa debe huir o encontrar medios de defensa para hacer lo propio. La imagen idílica de animales conviviendo pacíficamente es más propia de la visión religiosa (Jardín del Edén), y por supuesto nada científica.
    Las tesis del animalismo parten de un planteamiento erróneo, porque sí existen diferencias entre el ser humano y los animales (incluidos los mamíferos, los más cercanos). Concretamente en la capacidad racional. Somos la única especie capaz de desarrollar una civilización tecnológica, y esto es un hecho innegable. Para que esa civilización tecnológica pudiera desarrollarse fue precisa la confluencia de variadas circunstancias. Por ejemplo la capacidad de manipular objetos. Pero ¡ojo! no es suficiente por si sola. Otras especies tienen esa capacidad en mayor o menor medida, pero ello no conlleva un proceso de desarrollo tecnológico. Sin, por ejemplo, un medio de transmitir los conocimientos de uno a otro individuo y de una generación a otra (Lenguaje), no es posible la acumulación de los mismos. Probablemente se produjo un efecto de retroalimentación en la capacidad cerebral humana, algo que no se ha producido en otras especies, lo que permitió el salto al pensamiento simbólico, y en último extremo que hoy estemos discutiendo estos temas, lo que representa una diferencia cualitativa más que importante entre el ser humano y el resto de las especies. Sin nuestra capacidades tecnológicas el acceso a ciertos conocimientos y a la formulación de algunas de las preguntas que han impulsado a la humanidad por el camino del conocimiento, serían imposibles. Negar esta realidad no es más que fanatismo irracional. Y no, no necesito a un dios creador que me ponga en un pedestal, eso es una gilipollez.
    ¿Qué podrían existir otras especies que dieran este salto cualitativo? Por supuesto que sí, pero de momento no tenemos la más mínima constancia de que ello haya sucedido. Quizás porque las probabilidades que el hecho se dé, son muy bajas. Es uno de los motivos, probablemente, por el cual no hemos detectado otras civilizaciones tecnológicas en el Universo. Si observamos, sobre los datos que tenemos, veremos que las formas de vida más elementales aparecieron de forma muy temprana (Hace casi 4.000 millones de años). Las formas de vida evolucionada, por el contrario solo datan de hace 500 millones de años, es decir, apenas ocupan un 12,5% del periodo en que ha existido la vida. La aparición de criaturas con capacidad de desarrollo de civilización tecnológica, siendo laxo, muy laxo, en las condiciones exigidas para así definirlas, es de apenas unos 8 millones de años, ocupando un escasísimo 0,2 % del periodo en el que ha existido vida. La conclusión que podemos deducir es que las probabilidades de existencia de especies con capacidad de crear una civilización tecnológica son más bien escasas. Si tales circunstancias son extensibles al resto del Universo, nos indicaría una importante razón por la que, pese a que puedan existir otras civilizaciones en el Universo (Soy de los convencidos que así es por simple efecto probabilístico), la probabilidad de detectarlas es marginal.
    Las cuestiones morales son subjetivas, y derivan, fundamentalmente, de los paradigmas imperantes en cada época, y de la escala de valores de cada uno (También fundamental mente subjetiva). La única forma de introducir el razonamiento lógico, como ya he comentado, es la búsqueda de un modelo que de estabilidad a la sociedad, lo que a su vez da garantías a las condiciones de vida de las personas vistas individualmente. Desde este enfoque, la experimentación con animales es un recurso que mejora nuestras vidas, ya que nos permite avanzar en el control de las enfermedades y en el control de todo aquello que pueda tener incidencia negativa en la salud de las personas. Establecer una escala de valores donde se prioricen las necesidades humanas, o por el contrario la vida y condiciones del resto de las especies es subjetivo. Pero en cambio es racional el concepto de responsabilidad, puesto que las consecuencias de los actos realizados se derivan de las decisiones tomadas. Desde este aspecto de la cuestión, la decisión de priorizar la vida y condiciones de los animales lleva implícita la pérdida de capacidad en garantizar la salud y vida de un número indeterminado de personas (Que cabe en evaluar elevado), lo que equivale a un homicidio múltiple (La palabra homicidio, en este contexto, no debe valorarse como calificación moral, sino como definición de acto). Si se opta por priorizar el bienestar animal, se debe asumir la responsabilidad homicida que ello implica (De la misma forma que quienes optan por la reducción de controles, por cuestiones económicas, deberían asumir sus responsabilidades homicidas, igualmente existentes). Lo contrario demuestra una clara hipocresía.
    Por otra parte ¿Son todos los animales los que merecen tal respeto? Y si solo parte de ellos ¿Qué marca el límite? ¿Solo los mamíferos? ¿Debemos incluir las aves? ¿Y los reptiles? ¿Los insectos deben ser incluidos? ¿En base a qué criterio establecemos límites? Y si no los establecemos ¿Debemos prohibir prácticas como a desinsectación de edificios y aceptar que debemos compartir nuestras casas y nuestras instalaciones con toda clase de insectos? Y si establecemos límites (por ejemplo solo los mamíferos) debemos prohibir las campañas de desratización aún a riesgo de las posibles negativas consecuencias?
    Los ratones de laboratorio pueden despertar simpatías, pero es bastante más difícil que las despierten las ratas grises que pueblan las instalaciones subterráneas (y no tan subterráneas) de nuestras ciudades, sin contar que pueden ser vectores de diversas enfermedades.
    En efecto, sería maravilloso contar con un sistema capaz de simular el cuerpo humano en su totalidad, en el que se pudieran probar los efectos de cualquier sustancia. Por supuesto, eso haría totalmente innecesaria la investigación con animales. Ojalá se diera pronto tal maravilla, pero estamos muy, muy, muy, muy lejos de esos artilugios de ciencia ficción. De hecho ello implicaría que nuestro conocimiento del funcionamiento del cuerpo humano y sus interacciones es tal que difícilmente quedaría dolencia alguna de la que no lo supiéramos todo, y para la que no tuviéramos solución alguna. Pero sin tales conocimientos, las simulaciones solo pueden ser parciales, limitadas e imprecisas, con lo que su seguridad y garantía están en cuestión. Eso no quiere decir que no se utilicen hasta los límites de su validez, pero no más allá.
    El animalismo no es un planteamiento basado sobre fundamentos racionales, sino emocionales, y las emociones son irracionales.

  9. Luxcaar
    14 septiembre, 2019 de 9:57

    ¿Por qué está mal el valernos de todo lo que está a nuestro alcance para mejorar nuestras condiciones de vida pero “es la naturaleza” si lo hace cualquier otra especie?¿eso no es especismo?¿por qué demonizamos tanto al ser humano cuando, probablemente, es el único ser vivo que se preocupa del bienestar de los demás seres vivos?

  10. 14 septiembre, 2019 de 10:48

    “Queridos animalistas: ¿Cuántos ratones sacrificarías para salvar la vida de tu hermano pequeño?”

    Veras y siendo atrozmente sincero: Millones. Y no solo ratones. Francamente seria capaz de sacrificar todo el Amazonas con su diversidad animal y vegetal incluiendo sus habitantes humanos. Es mas podria sacrificar toda America del Sur o que carai todo el continente Americano.
    Porque siendo sincero si pongo en una balanza a mi hermano pequeño frente a millones de personas que no conozco de nada ni significan nada para mi no tengo duda.
    Ahora bien donde queda la etica en todo eso.
    ¿Utilizarias organos robados para transplantar a tu hermano pequeño salvandolo de una muerte segura?

    O sea no me parece justo hacer ese tipo de preguntas.

  11. 14 septiembre, 2019 de 12:55

    Blueoriol

    Bueno si equiparas ensayos de ratones deen tu pregunta laboratorio con robar órganos a seres vivos poco tenemos que discutir.

  12. Eduardo Baldú
    14 septiembre, 2019 de 14:10

    ¿La pregunta “¿Cuántos ratones sacrificarías para salvar la vida de tu hermano pequeño?” no parece justa?
    La vida de las personas es una permanente toma de decisiones, y estas se fundamentan en la escala de valores de cada uno, y la aplicación de esa escala de valores, con todos los condicionamientos derivados del entorno social y nuestros propios razonamientos, constituyen la ética.
    Evidentemente, la ética de cada uno es subjetiva, pero también tienen un componente común derivado de los paradigmas sociales imperantes.
    En la balanza de nuestro juicio, tomamos decisiones de acuerdo con las valoraciones que hacemos de los hechos, y en muchas de nuestras decisiones optamos por posibilidades distintas y excluyentes. Evidentemente, esas decisiones tienen consecuencias, y somos responsables de las mismas.
    Que subjetivamente (Y emocionalmente) te importe más tu hermano que tu vecino, es normal y comprensible. Pero objetivamente el planteamiento de un acto que perjudique a tu vecino para favorecer a tu hermano, no es defendible desde la razón.
    En el caso de los animales de laboratorio sí lo es. Y aquí es donde las discrepancias entre animalistas y no animalistas se disparan. Pretendéis cambiar los paradigmas existentes dando idéntico valor a la vida de los animales que a la de las personas. Pero ese planteamiento es irracional (en mi anterior intervención ya he planteado mis razonamientos lógicos al respeto, por lo que no los repetiré).
    Al negar la posibilidad de experimentación que facilite la obtención de remedios, quien así actúa condena a muerte a un número alto, aunque indeterminado, de personas que se habrían podido salvar, por lo que se convierte en responsable de homicidio. Pretender la equivalencia entre la vida de los ratones de laboratorio y la de las personas es irracional y denota un grado de fanatismo propio de las religiones.
    En cuanto a dudas personales, hay cuestiones que tengo muy claras. No tengo la más mínima duda que mataría cuantos ratones, u otros animales de laboratorio hiciera falta para salvar la vida de mi hijo (yo no tengo hermanos), pero no mataría a mi vecino con el mismo propósito. Mi ética no se resquebrajaría en una situación límite.

  13. Blueoriol
    14 septiembre, 2019 de 15:09

    El grueso del mensaje esta en la ultima frase.

  14. Luxcaar
    14 septiembre, 2019 de 18:27

    Tampoco hay que olvidar que los ensayos clínicos en animales también pueden servir para salvar a otros animales en el futuro. ¿Si por matar a un 10 ratones puedo salvar a 10000000 ratones es más ético que si mato a esos 10 ratones para salvar al mismo número de humanos?

  15. Marcelo Nóbrega
    15 septiembre, 2019 de 19:31

    Básicamente (sin generalizar porque hay excepciones) los animalistas o defensores de los derechos animales son personas violentas que odian a otros humanos o tienen una completa incapacidad para empatizar o socializar con otros humanos. Son pesonas resentidas de otros humanos, o bien con disfunciones con familia, hijos o pareja (o todo junto) de modo qque, en verdad, les importa muy poco lo que les pueda ocurrir a otros humanos ya que prefieren que mueran millones de humanos si eso le permite vivir 10 minutos a un animal moribundo (o vivir toda una vida disfuncional al animal con tal de satisfacer su ego de “haberlo salvado”)

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