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¿Por qué las pseudomedicinas parecen funcionar? una reflexión personal


Hace ya algún tiempo escribí una entrada en la que desgranaba un par de ejemplos extraídos de mi experiencia personal para explicar porqué, a pesar de la falta de datos fiables, muchas personas creen (nunca mejor dicho) que tal o cual pseudomedicina (por más disparatada que esta sea) parece tener algún efecto curativo. Hoy, como la vida da muchas vueltas y envejecer se podría resumir en mantener una relación más o menos cercana con la medicina ¡y hay del que abandone ese complicado trato!, les voy a relatar un nuevo caso muy cercano por si sirve de aviso para navegantes.

Hace unos pocos años se le diagnosticó a mi pareja un cáncer de mama, algo bastante usual teniendo en cuenta que es el tumor más frecuente en mujeres y que alrededor del 15% de ellas desarrollarán este proceso oncológico a lo largo de su vida. Como fue detectado a tiempo el pronóstico fue muy favorable y con la triada habitual de cirugía, quimioterapia y terapia hormonal no existía ninguna duda de que este cáncer iba a ser un relativamente breve paréntesis de unos pocos meses en su vida. Sin embargo, nada más acabar el último ciclo de quimio y justamente el primer día en el que comenzaba la terapia hormonal sintió fuertes dolores, como de profundos pinchazos de agujas de tejer en localizaciones exactamente simétricas de los gemelos. Como el dolor no remitía y era casi insoportable acudimos al médico, que se mostró totalmente desconcertado y aparte de recetar analgésicos y pedir cita urgente con la oncóloga nada más pudo hacer. En la consulta de la especialista se volvió a repetir la sorpresa ante tan extraños síntomas y la médico ordenó una batería de análisis y pruebas varias. El que además los repentinos síntomas no cuadraran ni con el tratamiento previo, ni por supuesto con el tan reciente hormonal no ayudaba mucho al diagnóstico. A partir de ahí empezamos un largo peregrinaje por no sé si todas (aunque eso sí, fueron muchas) especialidades médicas, puesto que en cuanto algún parámetro destacaba lo más mínimo por exceso o por defecto se remitía a mi pareja al especialista correspondiente, profesionales que una y otra vez mostraban su sorpresa, cuando no estupor al profundizar en la naturaleza de los síntomas y la total ausencia de cualquier tipo de daño fisiológico mínimamente detectable. Pasaron los meses, el mismo dolor en los mismos exactos puntos no remitía y mi pareja veía como su recuperación se posponía sin fecha y se convertía casi en una inválida sin ninguna calidad de vida. Al único consenso que llegaron bastantes de los especialistas consultados fue que, además de no tener ni idea de las causas y por tanto de su tratamiento, quizás en un futuro más o menos próximo estos tan extraños síntomas podrían remitir de manera espontánea es decir, la famosa regresión a la media.

Como era más que previsible, a medida que iban pasando las semanas sin horizonte de mejora a la vista, algunos familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y conocidos varios empezaron a aconsejarnos (de la manera más amable por cierto) con sus experiencias vitales más o menos cercanas por si servían de algo. Así, un día un familiar nos decía que a su vecino le había ido muy bien con la homeopatía, a la semana un amigo nos recomendaba la acupuntura o bien un compañero de trabajo relataba el poder de los remedios de herbolario o incluso de los comprados por internet y traídos directamente desde las exóticas China o India para remediar todos los males conocidos y por conocer. Todos ellos sabían de nuestro fuerte racionalismo, y aunque reconocían que no era probable que sus preocupadas recomendaciones pudieran convencernos, seguían aconsejándonos con nuevos y cada vez más exóticos “tratamientos” por si acaso, porque desde su punto de vista no hacer nada cuando existían tantas “terapias” era del todo incomprensible. Visto ahora en perspectiva, fue agotador tener que mantener la compostura social ante personas que se preocupaban verdaderamente por la salud tanto física como psicológica de mi pareja, a la vez que intentábamos hacerlas entender el disparate en qué consistían sus bienintencionados, pero irracionales y más que absurdos, consejos.  Porque, en caso de haber abandonado el más mínimo racionalismo y ante la falta de evidencia contrastable que avalara ninguna de estas “medicinas alternativas” ¿por cuál de todas las que nos recomendaba nuestro círculo social, o ya puestos de las innumerables que se publicitan por la casi infinita web deberíamos empezar? porque es evidente que no teníamos ni tiempo, ni fuerzas, ni tampoco dinero para ese largo peregrinaje en el que consistiría probarlas todas (ya que ¿con qué criterio íbamos a rechazar una de ellas? porque lo mismo esa era la buena) y así, empezar con ellas por orden alfabético era tan adecuado como hacer caso primero a la recomendada por la tía abuela materna o por el vecino del quinto.

Fueron pasando los meses y las especialidades médicas se agotaban porque tras infinidad de pruebas médicas no aparecían nuevas alteraciones medibles y un día, pasado más de un año desde el funesto inicio de tan particulares dolencias, el dolor empezó a hacerse más soportable y en pocas semanas desapareció completamente. Y así entonces mi pareja pudo reincorporarse a una vida más o menos normal, salvo las ya conocidas secuelas asociadas a los tratamientos hormonal y de quimioterapia.

Y llegados a este punto, la reflexión que se puede plantear es que si hubiéramos empezado ese largo peregrinar por chamanes varios, con o sin bata, dominadores o no de esas energías místicas o psíquicas tan incognoscibles para la Ciencia, que nos habían recomendado algunos es más que seguro que por pura casualidad (que no causalidad) uno de esos “tratamientos” hubieran coincidido en el tiempo con la remisión espontánea de los terribles dolores que acompañaron durante ese más que largo año a mi pareja. Y entonces nosotros, si no hubiéramos tenido el más mínimo pensamiento crítico, hubiéramos extraído la errónea correlación de que la ozonoterapia, las flores de Bach, el alineamiento de los chacras o la superchería que tocara en ese momento, resultado de ya una larga y desesperada búsqueda del Bálsamo de Fierabrás habría obrado el milagro de la sanación de una paciente desahuciada por la medicina científica. Y entonces, como buenos primates sociales habríamos empezado a difundir las maravillas de ese “tratamiento” que nos permitió volver a la normalidad entre todos nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y conocidos varios y porqué no, entre los miles o millones de internautas que están ansiosos porque esa dolencia que les aqueja a ellos o a sus familiares o amigos más queridos tenga un final feliz. Y entonces, el motor de la irracionalidad y la superstición hubieran obtenido nuevo combustible para perpetuar un nuevo ciclo de ese analfabetismo científico-sanitario que ya lleva demasiados milenios imponiéndose en el cerebro humano.

Porque es así como nuestro cerebro funciona, buscando la correlación más sencilla entre dos hechos que pueden estar o no conectados entre sí, adaptación evolutiva que si bien nos permitió sobrevivir y prosperar en nuestro pasado más remoto (un entorno por cierto más que simple comparado con la increíble complejidad de una sociedad moderna del siglo XXI para la cual la selección natural no ha tenido tiempo para adaptarnos), ahora ya es sólo una lacra que nos ancla a la irracionalidad y que no sólo no sirve para nuestra supervivencia sino que es una más que verificable rémora que lleva a los más ignorantes o más desesperados miembros de nuestra especia derechos al panteón familiar.

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  1. Alberto
    31 octubre, 2019 de 7:54

    Tras varias décadas de experiencia como médico, he visto infinidad de casos como el que cuentas. El cuerpo a veces hace cosas extrañas que la medicina no puede explicar y para las cuales no tiene remedio alguno; casi siempre remiten espontáneamente al cabo de un tiempo variable. Recuerdo en mi periodo universitario que un profesor me dijo que la suerte que tenemos los médicos es que la mayor parte de las enfermedades se curan solas, y la labor del médico es detectar cuando la enfermedad es grave y se puede mejorar su evolución con algún tratamiento, lo que la mayor parte de las veces no va a suceder. La mayor parte de las veces la labor del médico consiste en una actitud conservadora y expectante, y sobre todo no hacer daño con tratamientos agresivos que en nada van a mejorar al paciente; y la labor del paciente consiste en eso, en ser paciente y tener confianza en su médico y en su propia naturaleza biológica que casi siempre tiende a la remisión espontánea.
    Sobre todo, destacar el principio básico de la medicina que tantas veces se olvida en estos tiempos de medicina agresiva y altamente iatrogénica: ante todo, no hacer daño. Afortunadamente, cada vez más se van estableciendo “listas de no hacer”, formadas por terapias o técnicas diagnósticas de uso común en determinadas circunstancias, pero sin evidencia científica de su efectividad, y que en muchos casos son dañinas.
    Un hecho muy curioso en la medicina es ver cómo enferman y mueren los propios médicos. Se comprueba en la práctica que son los propios médicos los que con mayor frecuencia tienden a rechazar determinados tratamientos, sobre todo en las fases finales de la vida. Porque nosotros mejor que nadie sabemos que esos tratamientos sobre todo en esos momentos, casi nunca aportan beneficio alguno, y casi siempre añaden más sufrimiento al ya propio de esos momentos, e incluso acortan la vida. Los ciudadanos más escépticos con respecto a la medicina son los propios médicos, nosotros con nuestra experiencia de muchos años y muchos miles de pacientes tratados sabemos mejor que nadie de las limitaciones de la medicina.
    Y con respecto del principio a menudo olvidado de “ante todo no hacer daño”, recuerdo que la práctica de mamografías preventivas en pacientes asintomáticas es muy controvertida y la paciente debe ser muy consciente de los riesgos a los que afronta al someterse a dicha práctica, y tomar una decisión sólo cuando hayan comprendido y aceptado esos riesgos, lo que raramente sucede.. Lean esto: https://nordic.cochrane.org/la-mamograf%C3%ADa-como-m%C3%A9todo-de-cribado-para-detectar-el-c%C3%A1ncer-de-mama

  2. Paco
    31 octubre, 2019 de 11:19

    Me ha gustado mucho tu entrada. A pesar de no haber pasado por ese mal trago, creo que si nos ocurriera lo mismo la historía sería casi calcada.

    Un abrazo para tu pareja, me alegro que ya esté bien.

  3. Eduardo Baldú
    31 octubre, 2019 de 13:15

    Ya he leído en varias ocasiones que efectivamente es el propio cuerpo el que se sana a si mismo, gracias a los mecanismos de defensa, como el sistema inmunológico, y que los tratamientos, en la mayoría de los casos, son sistemas de apoyo y ayuda.
    En realidad es lógico, si tenemos en cuenta que la medicina, salvando el último siglo, siglo y medio, desconocía prácticamente todo de las causas de las enfermedades, y algunos de los métodos de tratamiento de las mismas eran perores que la propia enfermedad.
    El cuerpo humano (En realidad todos los seres vivos) son estructuras muy, muy complejas, y apenas hemos empezado a conocerlas con detalle. Queda aún mucho camino por andar hasta que realmente conozcamos en profundidad los mecanismos de la vida, y por consiguiente las causas y procesos de las enfermedades. Y sin esos conocimientos los métodos de curación van un poco a tientas, especialmente cuando hablamos de situaciones que se salen de los procesos más conocidos.
    Lógicamente, si eso ocurre con la medicina, los supuestos tratamientos “milagrosos” basados en la más fértil imaginación, no solo son nulos, sino que pueden (y de hecho son, por activa o por pasiva) ser altamente peligrosos.
    En cuanto al relato narrado, decir que he compartido una situación semblante, pero con resultado negativo. Mi mujer lucho durante algo más de seis años contra el cáncer (cuatro en total, no todos relacionados). Dos de ellos fueron coincidentes en el tiempo (esófago y mama), por lo que hubo de optar por un tratamiento de compromiso. Dado que el de esófago era extremadamente pequeño y admitía excluir la cirugía, se optó por mastectomía y tratamiento del de esófago con quimio y radio. Las expectativas eran buenas, pero un año después el de mama se reprodujo en el hígado (metástasis), con el agravante de aparecer con varios núcleos, lo que le convertía en inoperable. Los tratamientos de quimio fueron ineficaces, y hace cuatro meses murió.
    Pero eso no ha hecho que mi opinión cambie. Creo que hoy por hoy, los tratamientos existentes tienen una alta tasa de efectividad, y que si se apoyara la investigación como debería hacerse, esta eficacia aumentaría aún más.

  4. 31 octubre, 2019 de 13:28

    Aunque se ha avanzado mucho en los tratamientos oncológicos cuando hay metástasis las tasas de supervivencia desgraciadamente son bajas.

  5. Alberto
    31 octubre, 2019 de 18:35

    Normalmente la curación completa se suele conseguir en tumores que se extirpan en su totalidad con cirugía, cuando hay extensión local se complementa con radio y quimioterapia pero la supervivencia ya va descediendo, y cuando hay metástasis la supervivencia suele ser baja. Para los casos extendidos han surgido, además de la radio y quimioterapia tradicionales, los nuevos tratamientos biológicos e inmunológicos, basados en los nuevos conocimientos sobre el comportamiento biológico de las células cancerosas. Estos tratamientos actúan al principio bien sobre el tumor y las metástasis, pero con el tiempo y las mutaciones que van sufriendo las células cancerígenas, siempre aparece alguna célula sobre la cual el fármaco no actúa, entonces por selección natural al cabo de un tiempo ya todas las células del tumor son resistentes al fármaco. Por eso las expectativas que habían surgido con estos nuevos fármacos no se han cumplido en buena parte. Sí se suele conseguir prolongar la expectativa de vida desde meses sin tratamiento, hasta bastantes años en muchos casos. El que abandona los tratamientos científicos a cambio de pseudoterapias alternativas que prometen la curación, estará perdiendo varios años de vida en muchos casos.
    Por todo eso, la batalla contra el cáncer es difícil; siempre prometen haber encontrado el fármaco perfecto que conseguirá convertir el cáncer extendido en una enfermedad crónica, pero siempre las células cancerosas encuentran la manera de hacerse resistente a ese fármaco. Las técnicas de diagnóstico precoz en población asintomática (mamografías, sangre oculta en heces o colonoscopias, citología del cuello uterino), pueden mejorar en algunos casos la supervivencia, en muy escasa medida, mucho menos de lo que la gente cree, pero a cambio de detectar una mayoría de lesiones precancerosas, que en la mayor parte de los casos no supondrían nunca problema alguno porque no suelen evolucionar, pero obligan a tratamientos agresivos que también aumentan la mortalidad. El caso ideal es detectar un tumor cuando produce un síntoma fácilmente identificable, en un estadío no extendido. Pero muchas veces cuando el tumor produce síntomas ya está extendido; o en los estadíos iniciales los síntomas son totalmente inespecíficos. Es por esto que pese a los avances continuos, las tasas de curación permanecen desde hace décadas en torno al 50 %. Y cada vez hay más casos, principalmente por el aumento de la esperanza de vida, pero también por otras razones no del todo bien conocidas.

  6. 1 noviembre, 2019 de 8:59

    ” Es por esto que pese a los avances continuos, las tasas de curación permanecen desde hace décadas en torno al 50 %. ”

    Esta afirmación es incorrecta, los avances en las últimas décadas han permitido mejorar las tasas de supervivencia en prácticamente todos los tipos de cáncer tal y como se muestra en la siguiente figura y seguirán mejorando en los próximos años. De tal manera que en la actualidad es bastante común que una persona diagnosticada con un tipo de cáncer luego se muera décadas después de cualquier otra enfermedad.

     

  7. c
    1 noviembre, 2019 de 9:46

    que poco se habla de que la quimio para el cancer solo sirve en un porcentaje minimo
    dsp qe son las propias fililaes de la farmafia lasq e nos envenenan cn comida basura y azucar en todo etc etc etc
    . Los exitos de la quimio no llegan al 2% en canceres mas habituales

  8. 1 noviembre, 2019 de 10:18

    La quimio es sólo una de las herramientas antitumorales y junto con las demás ha permitido que aumente mucho la supervivencia de los pacientes oncológicos tal y como demuestra la figura que he incluído en mi anterior comentario.

    Y menuda empanada mental tienes con eso de mezclar a las farmaceúticas con la comida basura y el azucar, que son producidos por otras multinacionales.

  9. Eduardo Baldú
    1 noviembre, 2019 de 12:16

    Reconozco que soy una persona altamente sensibilizada ante comentarios como el de “C”. Por lo estúpidos que son, pero también, y de especial manera, por la experiencia vivida.
    El primer cáncer que tuvo mi mujer se desarrolló en un ganglio del cuello, pero las células procedían de otro lugar, denominado este proceso metástasis de primario desconocido (No fue localizado ningún origen tras someterse a un PET). De este cáncer obtuvo el alta (cirugía, quimio y radio)
    Los dos canceres coincidentes (pero de origen no común, esófago y mama, a los tres años y medio del primero) fueron tratados, respectivamente, con cirugía el de mama, y quimio y radio el de esófago. Lo ideal hubiera sido tratar con quimio también el de mama, pero preocupaba el de esófago al ser de carácter más agresivo. Por otra parte el cáncer inicial de mama era tratable con varias quimios y tratamientos hormonales. Solo cambios posteriores en la estructura genética de las células cancerígenas las hicieron resistentes a los tratamientos.
    ¿Fue una decisión errónea? No creo que pueda ser valorado. Es imposible saber qué habría pasado de, por ejemplo, realizar un tratamiento completo para el cáncer de mama y dejar aparcado el de esófago hasta transcurrir el tiempo necesario para poder tratarlo. Pero lo cierto es que con el tratamiento de quimio y radio, el cáncer de esófago desapareció totalmente.
    El de mi mujer es un caso complejo, y afortunadamente creo que no muy frecuente. Ya sé que es un único caso, y que por tanto no se pueden sacar conclusiones generales, pero las afirmaciones que pretenden que la quimio no sirve para nada están fuera de lugar, y desde mi punto de vista, son criminales puesto que ayudan a desmotivar su aplicación. Toda persona que haya vivido de cerca una de estas situaciones, sabe lo mal que se pasa, el enfermo e incluso sus allegados (al ver los sufrimientos de la persona querida). Si estamos diciendo falsamente que ese sufrimiento es inútil, fomentamos su abandono, con las trágicas consecuencias inherentes.
    Como muchos seudo-escépticos, “C” confunde la gimnasia con la magnesia. Las farmacéuticas, que, como empresas privadas, su fin es el lucro, son acreedoras de muchas críticas, especialmente relacionadas con precios abusivos, pero eso no quiere decir que sus productos no sean efectivos, y mucho menos que nos causen enfermedades con toda intención (que todo tratamiento tiene sus efectos secundarios es algo claramente sabido, pero en la decisión de utilizarlo pesa siempre la relación beneficio/perjuicio, y cuando el primero es mayor que el segundo, la decisión es clara).
    En relación a lo que comemos, las farmacéuticas ni pinchan, ni cortan. Una cosa es buscar un equilibrio en lo que ingerimos (sin excedernos en cantidad), y otra muy distinta “demonizar” un determinado producto. Por otra parte, y sin quitar responsabilidades a la “caja tonta” que nos dice que si comemos tal cosa seremos enormemente felices, estamos predispuestos a los abusos. Nosotros y en general todos los animales. Tengo una perrita, plenamente alimentada (algo consentida y mimada por toda la familia). Creo que si le pusiera un enorme bol lleno de comida, comería hasta reventar, y a ella no le influye la “caja tonta”. De hecho, y hasta cierto punto, es verdad que comer y beber nos da un cierto grado de felicidad inmediata. Sea cual sea la cultura, sea cual sea la época histórica, la comida y la bebida han estado siempre presentes en los actos festivos humanos. Así pues lo que realmente hacen los publicistas, para que compremos más los productos que ellos promueven, es aprovecharse de nuestras tendencias naturales. El problema en el fondo es que somos tontos.
    Pero en realidad, cualquier producto es malo, dependiendo de la cantidad ingerida. Hace unos años, en el seno de una familia española dominada por el fanatismo religioso, se obligó a una niña a beber agua (varios litros) con la intención de “expulsar” a un supuesto demonio que la había “poseído”. El resultado fue la muerte de la niña. Era agua, algo esencial para la vida, pero un exceso puede matarnos.
    Y en relación al azúcar, solo un pequeñísimo comentario: Siempre me ha provocado risa la actitud de un gran número de personas que, tras una muy copiosa comida, con abundancia de proteínas y grasas, descarta el azúcar del café y prefiere poner un edulcorante porque el azúcar es malo.

  10. Alberto
    1 noviembre, 2019 de 14:08

    Ateo, las estadísticas y gráficas a veces tienen una doble lectura, las cosas no siempre son lo que parecen. Parece ser que buena parte de la mejora en esas cifras de supervivencia a 5 años se debe a que el cáncer se diagnostica cada vez más precozmente, por los programas de detección precoz en población general asintomática, o por hallazgos casuales en pacientes que se hacen pruebas de imagen para estudiar otro proceso. Estos tumores tienen un pronóstico excelente y contribuyen a mejorar las cifras de superviviencia globales. Pero es que, en realidad, estos tumores suelen ser carcinomas in situ, o lesiones premalignas, para entenderlo mejor se podría decir que son tumores que están en un punto intermedio entre lo benigno y lo maligno, aunque estadísticamente se consideran malignos. Y estas lesiones es excepcional que produzcan la muerte, aún sin tratamiento: la mayor parte de ellos no evolucionarán nunca a formas más agresivas que sí producen la muerte, o lo hacen tan despacio que el paciente, si tiene cierta edad, morirá antes de cualquier otro problema. Es más, en muchos casos el paciente no se va a beneficiar sino que se va a perjudicar de ser diagnosticado y tratado, ya que recibirá tratamientos agresivos, que conllevan cierta mortalidad, para tratar un tumor que con muy poca probabilidad le supondrá problema alguno. Estamos hablando, por tanto, de un sobrediagnóstico.
    Los diagnósticos precoces y los sobrediagnósticos son también una de las razones, quizá la principal, después del aumento de la esperanza de vida, del aumento del número de diagnósticos de cáncer. Este tipo de tumores premalignos hace décadas nunca se diagnosticaban, el paciente moría, mayor, de un infarto u otra enfermedad y al hacer la autopsia se descubría que tenía cáncer en un estadío inicial. Obviamente, un diagnóstico precoz de ese tumor no le hubiera supuesto ninguna ventaja a esa persona, al contrario. Por la misma razón, baja la mortalidad relativa, pero la mortalidad absoluta apenas desciende.
    Si obviamos el efecto de este sobrediagnóstico y nos centramos en los tumores que realmente suponen una amenaza para la vida, que son los que se diagnostican al producir síntomas, los avances en la tasa de superviviencia serían mucho más modestos.
    También puedes ver aquí cómo las tasas de supervivencia a 5 años en España son bastante inferiores a las de Estados Unidos, andan por el 53 %. https://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-cancer-cifras-incidencia-mortalidad-espana-20170204080249.html

  11. Alberto
    1 noviembre, 2019 de 14:13

    c, es curioso que los alternativos siempre criticais la poca efectividad de la quimioterapia en el tratamiento del cáncer. Pero es que la quimioterapia no es un tratamiento de primera línea del cáncer, salvo en las neoplasias hematológicas (leucemias, linfomas), en las cuales sí que obtiene tasas bastante elevadas de curación, especialmente en niños y jóvenes. La quimioterapia en tumores sólidos, los más frecuentes, se utiliza para mejorar ligeramente la tasa de supervivencia a 5 años, junto con la radioterapia y los nuevos tratamientos biológicos e inmunológicos, siendo el tratamiento básico la cirugía. ¿Por qué los alternativos no criticais la cirugía, que es lo que realmente cura el cáncer?

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