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El Ártico es una bomba de relojería climática a punto de estallar


Aunque los efectos del calentamiento global se pueden observar casi en cualquier lugar del planeta, hay una región especialmente susceptible al aumento de la temperatura y que se está convirtiendo en una bomba de relojería climática a punto de estallar: el cada vez menos gélido Norte.

Y no sólo es que las consecuencias del deshielo en el Ártico amenacen al todo el planeta, es que allí se está produciendo una pérdida de hielo tan acelerada que pueden dejar obsoletas todas las ya de por sí lúgubres predicciones actuales. Así, hace un par de días un consorcio formado por más de un centenar de científicos pertenecientes a más de 50 prestigiosos centros de investigación de todo el mundo han publicado un exhaustivo estudio que demuestra que la tasa del deshielo en Groenlandia ha pasado de unos 33.000 millones de toneladas al año en la década de los años noventa del siglo pasado a los actuales 254.000 millones de toneladas al año, es decir, Groenlandia se derrite hoy en día a una velocidad siete veces mayor que hace 30 años.

Y a esto hay que añadir que la inmensa tundra ártica, que abarca más de 11 millones de km2 del norte de Eurasia y Norteamérica, está colapsando. Y ello es un problema de primera magnitud, puesto que el subsuelo helado de la tundra ha ido acumulando durante millones de años ingentes cantidades de CO2 (en forma de restos vegetales y animales congelados que no tuvieron tiempo de pudrirse), tanto CO2 que las actuales 870 gigatoneladas de carbono que están en la atmósfera son aproximadamente la mitad de las 1.600 gigatoneladas que están enterradas en el permafrost.

Y los científicos están comprendiendo que la subida de temperaturas está desestabilizando el delicado ecosistema de la tundra, de tal manera que el ritmo de deshielo del permafrost, que hace unas décadas se producía a una velocidad de unos pocos centímetros de grosor al año, ahora está ocurriendo en amplias regiones de Alaska, Canadá o Siberia a velocidades de hasta varios metros en cuestión de pocas semanas. Y lo peor de todo es que estos sucesos, al estar todavía poco estudiados, no están incluidos totalmente en los actuales modelos climáticos.

Y los resultados son dramáticamente llamativos, ya que cuando la superficie de la tundra colapsa por su propio peso (al faltar el hielo que la estabilizaba) entonces se producen gigantescos cráteres como el de Batagaika que se muestra en la siguiente fotografía

y que tiene 1 kilómetro de largo, 100 metros de profundidad y se calcula que se expande a una tasa de unos 15-18 metros cada año. Además, un reciente estudio ha demostrado que este tipo hundimientos son ahora unas 60 veces más habituales que en los años 80 del siglo pasado.

Otra muestra de las consecuencias de la desestructuración de la tundra por el deshielo acelerado son los escasos asentamientos humanos en estas frías tierras que, al estar todos ellos construidos encima del permafrost, pueden ser fácil pasto de la propia naturaleza como es el caso de la pequeña población de Newtok en Alaska, en donde el deshielo ha llevado la orilla del río Ningaluk hasta las mismas puertas del pueblo (un poblado que fue sabiamente construido por los aborígenes locales en su momento lo sufiencientemente alejado del río) y ello ha obligado a la “Federal Emergency Management Agency” estadounidense a ordenar el traslado de sus algo más de 300 habitantes a una zona más segura distante unos 14 km del emplazamiento original. Y todo ello con una más que importante factura de bastantes millones de dólares, puesto que todo lo relacionado con la construcción de edificios es tremendamente caro en esas desoladas y remotas tierras.

Y esto por supuesto será moneda cada vez más corriente no sólo en las regiones boreales, sino en todo el planeta (siempre y cuando los afectados tengan la suerte de pertenecer a alguna de las naciones desarrolladas, ya que los que vivan en países como Bangladesh o similar simplemente verán con horror como sus pueblos desaparecen directamente sin que nadie haga nada) puesto que todo el hielo boreal que se derrite bien sea de los glaciares, de la banquisa oceánica o del permafrost, acaba tarde o temprano en forma líquida en los océanos aumentando el nivel del mar.

¡Y luego en Occidente nos sorprenderemos cuando millones de desesperanzados desarrapados se dejen la vida al intentar sortear vallas de nueve o quince metros, repletas de pinchos o concertinas, rayos laser, drones armados o toda la parafernalia tecnológica que la mente humana pueda inventar para intentar mantener fuera de nuestro “edén” a unas personas que sólo quieren huir de un miserable presente al cual nosotros, con nuestra más que derrochadora estupidez de comer cada día una insípida hamburguesa (que colapsa además nuestras arterias) y de cambiar de móvil cada año para poder perder el tiempo en el nuevo y más que necio jueguecito, somos responsables de haber hecho realidad!

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  1. toniMP
    12 diciembre, 2019 de 20:58

    Si, siempre queda duda y lo incierto… Importa el metano natural antiguo acumulado que no combustiona se está liberando más y el que se puede liberar fácil. Diferente al CO2 y metano creado más moderno por humanos. El metano tiene mucho mayor poder de calentamiento climático global. Y luego con poco tiempo o años se convierte por la luz solar, si sigue llegando igual… Yo ni idea si puede escalar a un cambio con altibajos globales raros y muuuy brutales y rápidos… mucho más que el cambio climático sólo por CO2.
    Esperemos que sean elucubraciones y sólo curiosidad que siempre es interesante.
    Sus trabajos de divulgación siempre han sido un buen estímulo para mejorar

  2. Juan Pablo
    13 diciembre, 2019 de 1:22

    Todas son mentiras de 4 científicuchos apoltronados y de cuatro ecologetas y progres perroflautas que quieren vivir de las subvenciones a costa de meternos miedo, y no como esos excelentes científicos (que curiosamente trabajan para la industria petrolera) que son muuú honrados /modovox off

  3. Alberto
    13 diciembre, 2019 de 12:47

    Hombre ateo, si todo eso se debiera sólo a comer hamburguesas y a tener smartphone, tendría fácil solución, pero se debe a que somos 7000 millones y a que tenemos la mala costumbre de comer tres veces al día, tener coche, casa con calefacción, electrodomésticos, y muchas cosas más a las que nadie está dispuesto a renunciar, y los que vienen a Europa (que por cierto es el único continente que muestra un compromiso claro con reducir las emisiones de CO2), a lo que aspiran es a tener todo eso, en Europa si no pueden tenerlo ya en sus países de origen, que cada vez lo tienen más millones de personas.

  4. 13 diciembre, 2019 de 13:01

    Alberto, esos dos ejemplos eran una licencia poética que resume el actual sistema económico actual, en donde hay que consumir compulsivamente independientemente de las necesidades reales de la población.

  5. 14 diciembre, 2019 de 18:09

    Una de las consecuencias del cada vez más asfixiante cambio climático es que, con el deshielo de los casquetes polares, el nivel del mar subirá en las próximas décadas inundando esas zonas costeras donde vive la inmensa mayoría de la población humana.

    Pero como siempre queda esperanza, según una tal Michele Bachmann, política perteneciente al ala más dura cristiano-fascista del siempre ultra partido republicano, no hay nada de qué preocuparse porque el nivel del mar nunca puede aumentar ¡gracias a Dios!. https://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2019/10/cambio-climatico-todos-tranquilos_16.html

  6. toniMP
    15 diciembre, 2019 de 17:52

    Pues prepárense porque parece peor, si somos lo más racionales y siguiendo criterio y buen método. No sólo que se suelte gran parte de este metano del permafrost crearía cambios rápidos , mucho más que el CO2. Hay algo todavía peor, la peor glaciación del pasado, que se esperaría si se calientan los claratos marinos de gases. En el pasado peor parece que se soltaron a los 5 grados de calentamiento. Y los modelos de supercomputación lo esperan a final de siglo!!!! Esta previsión no se trata de algo irracional, sinó de escuchar lo más racional y elaborado por ahora. Lean p.ej. la entrevista publicada 15dic2019 a Fernando Doblas y centros supercomputación climática, en elpais.es titulada ‘Sin la supercomputación se tardaría decenas de años en simular el impacto del cambio climático’ y el subtítulo y texto donde lo pone literalmente.
    Para continuar, curar o no deprimirse va bien ayudar. P.ej. el medio durante el tiempo libre, simbólicamente, aunque hay veces que localmente cambia mucho y sorprende que todo se ve mejor después. Practicad ayuda directa, física, el cerebro funxiona así…. Y en grupo cooperando va mejor. Y cotidianame mejor que puntualmente. P.ej. ahora se dice plogging, eco-swimming, cazar basura. Hay muchos tipos de juegos mejores a los hegemónicos y actividades lúdicas, p.ej. solapad en ellos plantar, cuidar, salvar, remediar… No dejarse llevar por irracional, y ser ecoactivo va bien para los cuerpecitos y cerebros más bonitos

  7. 16 enero, 2020 de 12:47

    La consultora McKinsey llama a empresas, bancos y aseguradoras a incorporar el riesgo del calentamiento global en todas sus tomas de decisiones ya que habrá una millonaria factura climática: daños a infraestructuras, alimentos y seguros más caros, y menos horas trabajadas.

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