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Hay que establecer un cordón sanitario de hierro entre las farmacéuticas y los médicos


Se supone que los médicos son profesionales expertos, que tras pasar media vida formándose primero en la Facultad de Medicina y después como residentes hospitalarios, terminan poniendo a disposición de la ciudadanía  todo su conocimiento y experiencia para dar el mejor tratamiento posible al paciente. Sin embargo, desgraciadamente los médicos son también seres humanos moldeados por las mismas presiones evolutivas que nos convirtieron en exitosos primates sociales. Y eso crea un evidente y quizás peligroso conflicto de intereses entre pacientes y las empresas farmacéuticas.

Existe una más que extensa bibliografía científica acerca del papel que la generosidad (interesada o no) ha jugado inicialmente en la formación de las bandas de cazadores-recolectores de los primeros sapiens e incluso de nuestras especies antecesoras, pasando por las sociedades agrícolas hasta llegar a nuestra moderna civilización tecnológica. A nadie se le escapa que recibir un detalle, un pequeño regalo o incluso una simple muestra de atención nos predispone favorablemente hacia ese “generoso” o “atento” individuo. Por eso quizás, esa costumbre norteamericana (omnipresente en todo el cine hollywoodiense) de que cuando alguien se muda a una nueva residencia, rápidamente los vecinos llaman a la puerta y se presentan con la típica tarta de manzana o similar de regalo tiene toda su lógica social al predisponer a los recién llegados a integrarse sin generar problemas en la comunidad. Pero esta civilizada (y más que beneficiosa) costumbre de lubricar las relaciones sociales con pequeños regalos puede ser contraproducente cuando hablamos en términos sanitarios.

Porque, el que una empresa farmacéutica utilice a su favor estos mecanismos evolutivos de reciprocidad entre individuos puede enturbiar el juicio de ese médico que, teniendo una única obligación: atender lo mejor posible a sus pacientes, puede terminar favoreciendo a la empresa, tal y como demostró hace algún tiempo un estudio publicado en la prestigiosa revista clínica “JAMA Internal Medicine”. Los investigadores estudiaron a unos 280.000 clínicos estadounidenses cruzando los datos de sus prescripciones de 4 medicamentos muy habituales y los pequeños regalos que podían recibir de las empresas fabricantes. Esos regalos no fueron para nada ostentosos ya que consistieron en simples comidas por un valor muy limitado, entre 12 y 18 dólares por cada comida. A pesar del poco valor monetario de la comida, equivalente al típico menú que un trabajador puede tomarse en la cafetería de la esquina en medio de su jornada laboral, tal y como muestra la siguiente figura

los médicos agraciados con una comida aumentaron la prescripción del medicamento fabricado por la “generosa” farmacéutica entre un 50% (medicamento A) y un más que llamativo 250% (medicamento B). Es más, las prescripciones de los medicamentos aumentaban con el número de veces que habían sido invitados a comer los sanitarios.

Adicionalmente, tal y como muestra la siguiente figura

 

también se detectó que las prescripciones de algunos medicamentos aumentaban cuando los regalos eran algo más valiosos al superar los 20 dólares.

Es por este tipo de resultados que las farmacéuticas (que monitorizan obsesivamente las ventas de sus productos) despliegan toda una estrategia de visitas a los facultativos, en donde se regalan bolígrafos, calendarios y demás baratijas o seminarios patrocinados con regalo de agendas y similares, todo un continuo flujo de pequeñas atenciones que mantienen activa y muy reforzada la sensación de que cada médico es ”importante” o “especial” para la empresa y le fuerza psicológicamente a practicar ese altruismo recíproco que tan sólidamente tenemos esculpido en nuestros genes y comportamiento desde hace eones. Y entonces, al final el profesional acaba eligiendo el medicamento a prescribir no por su eficacia sino por quien fue el último visitador médico que le regaló un par de bolígrafos.

Y es por todo lo anterior (y por lo que sabemos de la psicología de la mente humana y de cómo toma sus decisiones) que, por el bien de los pacientes y también por la solvencia de la propia hacienda pública, se debería impedir cualquier tipo de relación entre el estamento médico y las multinacionales farmacéuticas Y que la información sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos fuera adquirida únicamente a través de las publicaciones científicas y no a través de esas más que subjetivas relaciones personales con vendedores del mundo empresarial.

 

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  1. Alberto
    13 diciembre, 2019 de 13:36

    Eso que dices es cierto, y aún más preocupante es que un médico dedica unos 10 años de su vida a formarse, pero luego estará trabajando casi cuatro décadas en las cuales las terapias evolucionarán considerablemente, y la práctica totalidad de su formación en todo ese tiempo dependerá de la industria farmacéutica, cuyo interés no es formar a los médicos sino colocar sus productos.
    En cualquier trabajo la empresa tiene la obligación de dar formación continua a sus empleados en tiempo de trabajo, pero la sanidad pública delega amablemente esa formación en la industria farmacéutica, y además fuera del horario laboral.

  2. Tomas Gondesen
    13 diciembre, 2019 de 19:19

    Economía Controlada por el Estado???? Debería bastar con la ètica de los médicos. De que denominación de la izquierda es el autor????

  3. 13 diciembre, 2019 de 19:55

    Tomas

    El estudio que he comentado en la entrada indica que los médicos ni siquiera se dan cuenta del condicionamiento, por tanto aquí su ética no sirve para nada. Es más, probablemente si se les preguntara (incluso con un detector de mentiras para controlar su grado de sinceridad) responderían que ellos no se ven influídos por este tipo de regalos, porque como todos no son conscientes del poder de los atajos y adaptaciones evolutivas.

  4. 13 diciembre, 2019 de 19:59

    “De que denominación de la izquierda es el autor????”

    Creo haber demostrado que este es un caso de engaño basado en aprovecharse de un “agujero de seguridad” de nuestra forma de pensar y actuar y me entristece mucho que alguien desprecie este conocimiento científico y lo lleve al plano político, aún en contra de sus propios intereses, porque te recuerdo Tomas que la sanidad pública en España se paga con los impuestos de todos (personas de derecha incluídas) y que por tanto un buen control del gasto público debería estar por encima de la lucha partidista. Pero así es el adoctrinamiento mental que sufren algunos, que les lleva como reza el dicho a tirar piedras contra su propio tejado. O eso, o eres parte implicada en el chanchullo, por lo que entonces la que está comprometida es tu propia ética.

  5. Eduardo Baldú
    15 diciembre, 2019 de 19:21

    Creo que en bastantes de mis intervenciones en este foro, he dejado claro que estoy a favor de la intervención del estado en la economía. Pero este tema no es de intervención del elemento público o no. Por lo que la entrada de Tomas me parece fuera de lugar.
    Las reacciones emocionales a las atenciones recibidas son un mecanismo al que todos, en mayor o menor medida, respondemos. Aquí se expone el caso del colectivo médico, pero no es el único entrono en que funciona este mecanismo. Desde las nuevas formas de atención de las entidades bancarias, en las que se te asigna un gestor determinado y puedes acabar haciendo un café con él en las oficinas de la entidad mientras tratas de tus finanzas, hasta las campañas de fidelización de las más variadas empresas, todas se basan en una mayor o menor personalización de las relaciones con los clientes y un cúmulo de pequeñas atenciones que te inducen a una actitud de predisposición positiva.
    Pedir que, en el caso de los médicos por sus implicaciones en cuestiones de salud, se regule y que sea la empresa en la que trabaje el médico (sea esta pública o privada) la que facilite información objetiva y la correspondiente formación necesaria, poco tiene que ver con la intervención directa del estado.
    Las trampas psicológicas a las que estamos sometidos (y de las que muchas veces no somos conscientes) son muchas y variadas. Por ejemplo, y en una materia totalmente distinta y alejada del tema de esta entrada, observad la publicidad que podemos ver en la tele, ¿Qué porcentaje nos da información veraz y real sobre los productos anunciados que nos pueda ser útil en nuestras decisiones de compra, y qué porcentaje pulsa sobre nuestros mecanismos inconscientes para provocar una respuesta visceral y positiva a lo ofertado? Y en todo caso esas respuestas siguen careciendo de consciencia por nuestra parte.

  6. apalankator
    17 diciembre, 2019 de 21:23

    Parece que se acaban de dar cuenta que en este casino se juega ( comisario Renault en Casablanca).
    El médico que acepta un soborno pequeño o grande sabe perfectamente lo que hace e intenta corresponder para seguir recibiendo, lo saben sus superiores y lo sabe el director del hospital que seguro coge el soborno más gordo. Hasta donde yo sé el premio estrella suele ser un “congreso” de unos cinco días de duración, el último que atendí con mi taxi era de la empresa Jhonson’s, en un resort turístico con muuuucho tiempo libre que se traduce en restaurantes, bares, discotecas y prostitutas en ocasiones, acabo de explicar cómo conozco el asunto de primera mano.
    Todos niegan hipócritamente que sea un soborno y los más espabilados aprovechan las histerias colectivas de las borracheras para “hermanarse” y favorecerse, igual que los católicos en las procesiones o los arribistas en las comilonas de los partidos políticos o sindicatos.
    Esta estrategia es más vieja que el mundo, todo el que tiene que conocerla, la conoce, incluidos altos cargos y ministros que las más de las veces han llegado donde están de esta manera, unidos por la hipocresía de engañar al público figurando que dan lo mejor de sí mismos, mientras la mitad de su tiempo y esfuerzo se dedica a medrar bajo cuerda y trincar sobornos, porque más dinero no sólo te hace más rico, también más influyente.
    Es de ilusos y cerebros lavados negar una realidad tan evidente.
    El que podamos conocer estos estudios sólo ahora, demuestra lo efectiva que es la manipulación informativa a la que seguimos sometidos.
    Que por otra parte solo vamos a leer 4 frikis, ya veréis como no sale en ningún medio con mínima difusión, porque también comen de la publicidad y estas empresas invierten mucho dinero en eso.

  7. 20 diciembre, 2019 de 10:44

    Una empresa farmacéutica ficha a la exministra Fátima Báñez nueve meses después de dejar la política. https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/20/una_farmaceutica_ficha_exministra_fatima_banez_nueve_meses_despues_dejar_politica_102177_1012.html

  8. 20 diciembre, 2019 de 10:52

    La Comunidad de Madrid privatizará de nuevo la donación de sangre con Cruz Roja pese a que la justicia investiga si es legal: https://www.eldiario.es/madrid/Comunidad-Madrid-privatizar-Cruz-Roja_0_975353170.html

  9. Eriberto
    21 diciembre, 2019 de 11:26

    Jode…, ya era hora que desde el movimiento “escépticos” despertarais y os empezarais a dar cuenta que en muchos casos este es un tema de negocio, no de ciencia, ni de ovnis, que es un tema de corrupción en el mundo científico y no de conspiranoias y de leyendas urbanas, por supuesto tampoco todo es así pero esto también existe, negarlo es hacerle flaco favor a la ciencia (por cierto, no creo en la homeopatía).

  10. Damian
    21 diciembre, 2019 de 12:09

    Y esto que os estáis dando cuenta en el escepticismo, que mucha gente hace años denuncia, no pasa solo con farmacéuticas, sino con muchas otras empresas en las que hay tecnologías y dinero (energéticas, telecomunicaciones, biología,…), hay mucha gente honrada, pero otra no tanto, y este sí que es uno de los grandes demonios (muchas veces invisible) de la ciencia, el mundo, la investigación, la universidad, la divulgación y otros ámbitos. Un saludo.

  11. Eduardo Baldú
    22 diciembre, 2019 de 18:11

    A todos aquellos que creen que acabamos de descubrir la pólvora
    Las empresas farmacéuticas son un negocio que maneja muchísimo dinero, y cuando hay tanto dinero por en medio es más que habitual que se busquen atajos para conseguir el máximo beneficio en todos los sectores industriales (La honestidad de los responsables empresariales y de los políticos que permiten y ayudan a permitir ese latrocinio suele brillar por su ausencia).
    Eso, por desgracia, es algo más que habitual. Pero una cosa como esta no justifica otras muy distintas. Así un planteamiento habitual como, “como sus actuaciones son poco éticas en la consecución de beneficios, las vacunas son una estafa y no funcionan”, es falso, por mucho que algunos lo repitan. El uso y abuso de la publicidad, o la actuación comentada, en relación con los médicos, y cuyo único fin es el aumento de ventas de sus productos, son actos carentes de la más mínima ética, y merecedoras de una legislación que las reprima y sanciones de tal forma que las desincentive. Pero ello no merma la eficacia de los productos farmacéuticos, ni desde luego apoya las descabelladas teorías que afirman que tales productos son en realidad los culpables de las enfermedades que padecemos.
    Una cosa es defender supuestas conspiraciones estrambóticas y otra constatar que, como otros muchos empresarios (no es un tema exclusivamente aplicable a las farmacéuticas), los responsables de estas empresas tienen más de salteadores de caminos que de personas responsables. Y eso es algo que muchos venimos afirmando desde hace mucho tiempo. Así que no, no nos acabamos de despertar a la realidad.

  12. Alberto
    23 diciembre, 2019 de 6:46

    Claro que los medicamentos son eficaces. Los mayores problemas de la industria farmacéutica es que te dicen que los nuevos medicamentos son más eficaces o con menores efectos secundarios que los antiguos, cuando la mayor parte de las veces esto no es así: los nuevos medicamentos suelen tener nulas o escasas ventajas en efecto y en efectos secundarios sobre los antiguos, que si existen no justifican los grandes aumentos de precio. Pero son medicamentos eficaces, por supuesto que lo son.
    Esto sucede por las patentes: pasado un número de años la patente del medicamento vence, con lo que cualquier otro laboratorio lo puede sacar al mercado, con un beneficio escaso ya que por la competencia el precio baja radicalmente. El liberalismo que promueve la libre competencia permite esto: si la economía estuviera más controlada por el Estado, o si el Estado no tuviera la obligación de facilitar la libre competencia, un simple paracetamol se seguiría vendiendo a precio de oro, ya que no habría libre competencia y las patentes nunca vencerían.
    Una vez que la patente ha vencido, si el laboratorio quiere mantener sus beneficios debe aportar al mercado un nuevo medicamento, mejor que el medicamento cuya patente ha vencido, para beneficiarse de su precio elevado mientras la patente dure. Esto justifica un esfuerzo de investigación, pero en realidad es muy difícil conseguir medicamentos mejores a los ya existentes, por eso intentan engañar diciendo que tienen un medicamento nuevo y mejor cuando sólo es nuevo.
    Y, cuando sacan al mercado un medicamento que sí es realmente nuevo e incluso revolucionario, le ponen unos precios realmente disparatados, que desequilibran el presupuesto sanitario de cualquier Estado. Como es el caso de los medicamentos antirretrovirales o los nuevos medicamentos contra la hepatitis C.
    Un mercado liberalizado es una garantía de múltiples ventajas para el consumidor, pero esto se debe hacer regulando bien y evitando fraudes.

  13. 23 diciembre, 2019 de 8:23

    Alberto en CyD he escrito diversas entradas, en las que con datos científicos, se demuestra que el sistema de patentes farmacológicas no funciona y termina en una pura extorsión de las farmaceúticas hacia pacientes y estados.

    https://lacienciaysusdemonios.com/2017/01/05/de-como-las-farmaceuticas-extorsionan-a-los-estados-mediante-los-pacientes/

    https://lacienciaysusdemonios.com/2016/09/19/mala-farma-las-inevitables-consecuencias-del-libre-mercado/

    Sobre la eficacia de los medicamentos, esto es relativo. Por supuesto que hay nuevos medicamentos altamente eficaces. Sin embargo como esos son pocos y necesitan décadas de desarrollo las farmaceúticas han encontrado un filón (porque hecha la ley, hecha la trampa) para seguir aumentando la cuenta de resultados sin necesidad de gastar demasiado en I+D. De tal manera que la gran mayoría de los nuevos medicamentos no tienen ventaja terapéutica reseñable tal y como lo atestiguan las propias agencias sanitarias:

    https://lacienciaysusdemonios.com/2019/07/19/la-gran-mayoria-de-los-nuevos-medicamentos-no-tienen-ventaja-terapeutica-resenable/

  14. 23 diciembre, 2019 de 8:29

    Y ya tu frase de que

    “El liberalismo que promueve la libre competencia permite esto: si la economía estuviera más controlada por el Estado, o si el Estado no tuviera la obligación de facilitar la libre competencia, un simple paracetamol se seguiría vendiendo a precio de oro, ya que no habría libre competencia y las patentes nunca vencerían.”

    demuestra un desconocimiento de la realidad que raya la ignorancia, ya que da la causalidad que el sistema sanitario más liberalizado, el de EEUU, es el más caro y también el peor de todos los de los paises occidentales

    https://lacienciaysusdemonios.com/2013/07/15/32632/

    https://lacienciaysusdemonios.com/2014/05/06/la-sanidad-privada-con-animo-de-lucro-es-ineficaz-y-peligrosa-ademas-de-cara/

    Es por ello que no soy el único que aboga por un sistema de desarrollo de medicamentos basado en una agencia independiente, profesionalizada y pública:

    https://lacienciaysusdemonios.com/2019/09/27/por-una-agencia-estatal-de-desarrollo-de-medicamentos/

  15. 23 diciembre, 2019 de 9:27

    Un pequeño paso en la dirección correcta: Francia obliga a los laboratorios a informar sobre las ayudas públicas que reciben para desarrollar un medicamento.

    https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2019/12/29/en_francia_los_laboratorios_deberan_dar_publicidad_las_ayudas_publicas_que_reciben_para_desarrollar_medicamento_102171_1044.html

  16. Luxcaar
    25 diciembre, 2019 de 11:32

    No entiendo por qué el mayor control del estado tiene que significar necesariamente precios más altos. Si obviamos la oferta y la demanda y se establece, por ejemplo, que un producto no se puede vender por más de 3 veces su precio de fabricación, el precio será el que será (porque por mucho que por la ley de la oferta y la demanda se bajen mucho los precios, ninguna empresa va a vender a pérdidas, al menos no va a hacerlo por mucho tiempo). Y lo de que no haya patentes tampoco lo entiendo.
    Por otro ladi, dices “Un mercado liberalizado es una garantía de múltiples ventajas para el consumidor, pero esto se debe hacer regulando bien y evitando fraudes” ¿esto no es un oximoron? Un mercado liberalizado, por definición, no debería estar regulado, deberia autorregularse según la utopía liberal, ¿no?

  17. Alberto
    25 diciembre, 2019 de 12:48

    Luxcaar: lo que sube los precios no es el control del Estado, sino la ausencia de competencia. Si un servicio lo ofrece una sola empresa, sea pública o privada, podrá poner los precios todo lo altos que quiera. Si hay libre competencia entre muchas empresas, bajarán los precios.
    Con respecto a lo otro, el liberalismo no es la anarquía. Los teóricos del liberalismo del siglo XIX siempre dijeron que tendría que haber una regulación, y es imposible que no la haya, nunca ha sido así. Se trata de coger el punto exacto de regulación que no ahogue la economía pero que evite excesos. Ni mucho ni poco.

  18. 26 diciembre, 2019 de 10:16

    La libre competencia sin contol del estado no existe, puesto que las empresas (como se ha demostrado en múltiples casos) acuerdan formar un cártel y suben los precios de forma coordinada.

  19. Alberto
    26 diciembre, 2019 de 12:06

    Para eso está la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia, para garantizar la libre competencia, y la Dirección General de Competencia Europea. Desde luego, cuando no hay competencia alguna es cuando sólo hay una empresa pública que ofrece un servicio determinado, que es a lo que algunos quieren volver. Los que tenemos cierta edad nos acordamos de cuando sólo existía la Telefónica, empresa pública, y llamar de una provincia a otra costaba una fortuna. Por supuesto, es lo mismo si fuera una empresa privada, pero eso el Estado lo tiene que impedir.

  20. Luxcaar
    26 diciembre, 2019 de 13:07

    Sigo sin entender. No hay libre competencia porque el estado controla los precios, pero el laboratorio X pone el precio carísimo que le da la gana. Luego el laboratorio X está poniendo el precio que quiere asi que sí hay libre competencia.

  21. 26 diciembre, 2019 de 14:21

    Con Telefónica pones un ejemplo de libro de robo a mano armada a los ciudadanos. La empresa cobraba mucho pero llevó el teléfono hasta la aldea más remota, puesto que era un servicio público. Los beneficios que obtenía repercutían directamente en las arcas públicas y tenía 4 veces más empleados que en la actualidad, empleados que pagaban sus impuestos y consumían en el país con lo que generaban riqueza aquí. Después se privatizó cuando era la empresa líder en España y Latinoamérica colocando a los amiguetes de Aznar en su cúpula, los beneficios dejaron de ir al erario público ya que a partir de ese momento fueron a sus nuevos dueños, principalmente fondo extranjeros que no dejan un duro en España, tres cuartas partes de los empleados fueron echados o jubilados, asumiendo por supuestos esos costes el propio estado ¡menudo negocio!. Además, la red que habíamos pagado entre todos durante décadas se convirtió en privada ¡total, un pelotazo de libro! Y lo mismo pasó con el resto de grandes empresas públicas, dejando un país que ahora no tiene capacidad de decisión alguna en ningún sector estratégico y que además ha cambiado cientos de miles de puestos de trabajo con alta cualificación por camareros temporales. ¡menudo chollo!

  22. Alberto
    26 diciembre, 2019 de 14:35

    Las redes locales de teléfonos estaban amortizadas desde mucho tiempo antes de ser privatizadas, y pese a eso Telefónica seguía cobrando por llamadas locales, y no poco.
    Claro está que una empresa, para mantener un enorme número de trabajadores bien pagados (antes todo el mundo quería trabajar en la Telefónica, donde se cobraba mucho y se trabajaba poco) y obtener generosos beneficios, necesita ser un monopolio y expoliar al consumidor que no tiene alternativas al tratarse de un servicio esencial ofrecido por una única empresa. Porque con la libre competencia eso es imposible conseguir. Por supuesto, el beneficiado es el político de turno que es directivo de la empresa pública, y el perjudicado el consumidor.

  23. Eduardo Baldú
    26 diciembre, 2019 de 18:27

    Ateo, este es uno de los factores que impiden la existencia de una libre competencia real, pero no el único. Por ejemplo, otra de las condiciones es que los productos que compiten deben ser homogéneos, es decir debe serle indiferente, al comprador, quien es el vendedor. La existencia de marcas vulnera este principio, y por ende, la existencia de patentes, puesto que introduce elementos de exclusividad a los productos y por tanto la competencia resulta ser imperfecta. También es necesaria una información (de empresas y clientes) completa y sin demoras, para que las decisiones de unos y otros no se vean manipuladas. La movilidad de los bienes y factores debería ser perfecta, a costes depreciables, para que el consumidor pudiera escoger la empresa en idénticas condiciones, incluyendo tiempo y costes adicionales. Los cambios de actividad de las empresas (abandono o entrada en una actividad concreta) deberían ser inmediatos, sin dilación.
    Es evidente que tales condiciones, ni se cumplen, ni pueden cumplirse. ¿Hasta qué punto la competencia imperfecta resultante cumple con los efectos esperados de una competencia perfecta? Lógicamente este es un tema donde la subjetividad es un factor importante y en el que es muy difícil un punto de acuerdo entre defensores y detractores del concepto de competencia.

  24. 26 diciembre, 2019 de 20:34

    ” el beneficiado es el político de turno que es directivo de la empresa pública, y el perjudicado el consumidor.”

    O yo no me explicado o tú no quieres entender. Mientras Telefónica fue pública los beneficios repercutían en la sociedad en forma de ingresos al erario público, cuando se privatizó a los amiguetes de Aznar los beneficiados fueron los directivos nombrados a dedo, que aumentaron su bonus hasta el infinito, los fondos extranjeros y entramos en una espiral de que para tener un ADSL más barato, todos acabamos con sueldos de miseria en subcontratas con empleos de una semana o un mes. Porque lo que no parece entender la gente es que para comprar el chollo de un viaje a Berlín por 10 euros o una pizza a euro todo el mundo tiene que acabar teniendo los mismos derechos laborales y sueldos que en Bangladesh. Todavía recuerdo cuando hace décadas ser mileurista era un término despectivo y ahora hay millones de curritos en este país que matarían por ese sueldo.

  25. Alberto
    26 diciembre, 2019 de 20:46

    O sea, la Telefónica aportaba ingresos al erario público…. que venían de saquear a todos los ciudadanos que tenían teléfono. Vamos, como un impuesto más.

  26. 27 diciembre, 2019 de 0:50

    Hombre, siempre es mucho mejor que las empresas sean extranjeras, no contraten nada más que a cuatro mal pagados porque todo viene de fuera y aquí solo necesitan al repartidor para enviarte el paquete a casa y que paguen sus impuestos en Alemania o Japón ¡donde va a parar! y mientras tanto los trabajadores de aquí a servir cañas en un chiringuito playero, que parece que ese es nuestro triste futuro económico.

  27. Alberto
    27 diciembre, 2019 de 6:21

    Claro, eso de liberalilzar la economía y abrirla al exterior siempre es muy malo, lo mejor era la autarquía de los primeros años del franquismo, cuando todo lo que se consumía en España se producía en España, apenas había comercio con el exterior, y las principales empresas de servicios fueron nacionalizadas. Eso es lo que cierto sector de la izquierda añora. Por cierto, que fue cuando se dio la mayor hambruna en los últimos siglos, es lo que tiene.

  28. 27 diciembre, 2019 de 9:56

    Se puede abrir la economía como en Francia o como Corea del Sur, teniendo en cuenta lo importante. Pero abrirla sin control ninguno sólo termina convirtiendo al país en una república bananera del Tercer Mundo, lo que además de idiota es suicida. Porque sólo aquellos paises que abieron su economía tras hacerse fuertes en los más diversos sectores sonlos que triunfan, los que la abren sin control acaban siendo simples colonias.

  29. Alberto
    27 diciembre, 2019 de 10:15

    La economía tiene que estar abierta al exterior entre otras cosas porque la Unión Europea así lo exige. En las economías abiertas, cada país se especializa en lo que mejor sabe hacer, y así todos salen ganando. El problema no es, por tanto, que la economía esté abierta, sino que los políticos españoles hayan decidido que la economía debe especializarse en el ladrillo y el turismo de baja calidad. Si nuestros políticos hubieran hecho un esfuerzo en apoyar la investigación, la innovación y el desarrollo, podríamos tener industrias punteras que exportasen al exterior sin estar basadas en los bajos costes de producción, por los bajos salarios, sino en la calidad, como hacen en Francia y Alemania. Pero eso ningún político español, sea de izquierdas o derechas, parece comprenderlo.

  30. 27 diciembre, 2019 de 10:16

    EEUU, el campeón de los mercados liberalizados resulta que practicó durante un siglo el proteccionismo mas duro, saltándose las patentes cuando le pareció oportuno. Sólo cuando desarrolló una industria fuerte fue cuando empezó a exigir a los demás que abrieran sus mercados. Es más, incluso a día de hoy subsidia con decenas de miles de millones de dolares al año a los sectores que le parece oportuno, como por ejemplo el agropecuario o a Boeing. Pero eso sí, luego aparecen esos que quieren ser más papistas que el papa en paises con economías ridículas y así luego les luce el pelo a esas pobres naciones.

  31. Alberto
    27 diciembre, 2019 de 21:17

    Hay otros casos diferentes, sin ir más lejos, el caso de España, que empezó a desarrollar un sector industrial importante al abrirse a otros países, a partir de 1956 que es cuando la economía franquista empezó a volver al liberalismo, después del desastre que había sido la economía cerrada y controlada por el Estado, que hoy algunos de la izquierda añoran. O muchos países asiáticos de desarrollo tardío, como la misma China, hoy principal potencia industrial del mundo.

  32. Abraham
    3 enero, 2020 de 11:17

    ¿Y qué tendrá que ver el arroz con los zapatos?

    Primero. El precio de los medicamentos no está regulado. Lo que tenemos es que el Estado negocia un precio de algunos medicamentos con el fabricante, con el riesgo de que si ofrecemos un precio demasiado bajo, haya desabastecimiento.

    Segundo. Regular el precio no es lo mismo que regular la actividad. Una de las funciones del Estado es precisamente regular las actividades económicas para que no supongan un perjuicio para el conjunto de la sociedad. Lo mismo que a una empresa minera se le exige que gestione los residuos tóxicos para que no sean vertidos a los acuíferos, se le puede exigir a los profesionales médicos que no acepten regalos de los fabricantes para no contaminar su elección. Cuando se regula una actividad, por lo general se le están añadiendo costes, lo que significa precios más altos o menores beneficios empresariales, pero se establecen porque el riesgo de carecer de regulación es mayor. Si no se obliga a las empresas mineras a controlar sus vertidos podemos contaminar grandes extensiones de cultivo y el daño ser mucho mayor.

    Tercero. Regular el precio no es el fin del mundo. Si existe un mercado de competencia perfecta o algo que se le parezca, entonces no es necesario regular los precios, ya se regulan solitos. Pero como la competencia perfecta es difícil de lograr, una regulación de precios tendría las siguientes consecuencias. Si el precio se regula por debajo del punto de máximo consumo, parte de la demanda quedará insatisfecha (algunos fabricantes no verán rentable la actividad y fabricarán menor cantidad, dejando a potenciales compradores con las ganas). Si el precio se regula muy por encima, el consumo será menor del máximo posible porque algunos potenciales compradores querrán comprar a esos precios. Es decir, que en casos donde la competencia perfecta no es posible lograrse, el control de precios puede en teoría aumentar el consumo. El problema es que es difícil para una administración pública determinar el precio correcto, con la suficiente rapidez para adaptarse al mercado. Y las administraciones públicas tienen además tendencia a bajar los precios por debajo del de equilibrio por contentar a la ciudadanía, la que le da los votos, causando generalmente desabastecimiento.

    Cuarto. Los monopolios tampoco son el fin del mundo. Suponiendo que el interés de las empresas es siempre maximizar beneficios, a la empresa tampoco le conviene exprimir a sus consumidores a muerte, pues ganaría menos. Si una farmacéutica tiene una cura para el sida y vende la pastillita a diez millones de dólares la unidad, con suerte venderá tres o cuatro. Si la vende a cien mil dólares puede vender miles de pastillas y ganar más. Creo recordar que el efecto de un monopolio era un 20% de reducción de demanda, es decir, que un 20% de personas que podrían haber adquirido el producto se quedan sin comprarlo porque es demasiado caro para ellas.

    Conclusión.
    La propuesta de prohibir los regalos a médicos sería otra regulación del sector, al igual que ocurre con las editoriales de libros escolares, que puede derivar en un mayor precio del producto (tendrán que aumentar la inversión en publicidad, y está el coste de controlar que se cumpla la regulación) pero también en una mejor competencia (recetando genéricos de igual efectividad).

  33. 6 febrero, 2020 de 12:09

    Interesante artículo de Vicenç Navarro, Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.

    “No es cierto que la pobreza en el mundo esté descendiendo”

    https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2020/02/06/no-es-cierto-que-la-pobreza-en-el-mundo-este-descendiendo/

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