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El caso de la cloroquina demuestra el buen funcionamiento de la Ciencia


En un mundo dominado por la imagen y el marketing y en el que no importan los hechos sino que prevalece el mensaje, en un mundo en fin en donde esa máxima goebbeliana acerca de las mentiras repetidas mil veces casi se ha convertido en ley, queda sin embargo un pequeño fortín, una aldea gala de irreductibles con bata que, armados únicamente de pensamiento crítico y aferrados a los hechos, han creado la mejor herramienta de la que dispone la Humanidad.

El pasado 22 de mayo la prestigiosa revista médica “The Lancet” publicó un impresionante estudio observacional retrospectivo con algo más de 96.000 pacientes de COVID-19 ingresados en más de 600 hospitales de medio mundo. Dicho estudio concluía que la administración de cloroquina a enfermos de la actual pandemia coronaviral, lejos de resultar beneficiosa aumentaba muy significativamente el riesgo de sufrir arritmias ventriculares y generaba una mortalidad de alrededor del doble sobre los enfermos no tratados con el mencionado fármaco. Por ello, diversos países y hasta la propia OMS decidieron parar de manera inmediata todos los tratamientos y estudios en marcha.

Sin embargo, diversos investigadores de diferentes paises mostraron su incredulidad ante un estudio tan completo, capaz de manejar los informes clínicos de casi cien mil pacientes de diversos países, mediante acuerdos de intercambio de información con hospitales que facilitaban registros electrónicos de forma automática y en tiempo real, junto con datos anonimizados de los pacientes. Algo que se parecía mucho al descubrimiento de la piedra filosofal, puesto que existe una maraña de regulaciones médicas diferentes para cada país, con distintas leyes sobre protección de datos de los pacientes. Y a esto además se añadía el hecho de que algunos de los hospitales incluidos en el estudio estaban ubicados en países con recursos sanitarios escasos, en donde las limitaciones técnicas hacían en la práctica imposible su contribución al estudio tal y como estaba planteado.

Una vez levantadas las sospechas, diversos hospitales supuestamente implicados en el estudio informaron que desconocían la existencia de dichos acuerdos. Por ello la revista solicitó a los autores que dieran toda la información de esa maravillosa base de datos que según la empresa propietaria disponía de información “de más de 1.200 centros médicos de 46 países diferentes”, algo que de ser real la convertiría en la mejor herramienta médica disponible en la actualidad. Además el 3 de junio “The Lancet” publicó una nota indicando que hasta que esa información no fuera analizada el artículo quedaba en suspenso.

El presidente ejecutivo de la empresa (que además era firmante del estudio) contestó que no podía ceder esa información porque ello violaría la confidencialidad de los acuerdos firmados. Por ello el día 5 de junio los otros autores que habían participado en el artículo, pero que no habían tenido acceso a los datos primarios, enviaron una carta a la revista retractándose del estudio. Ese mismo día la revista retiró el artículo.

En resumen, todo este desagradable asunto ha sido zanjado a los pocos días de que aparecieran las primeras sospechas. Ahora veremos cuánto tarda la Justicia, si es que alguna vez llega a pronunciarse, en poner cartas en el asunto.

Finalmente, ¿se imaginan que el sistema judicial funcionara como el sistema científico? Entonces ese labriego que dice que la lejía todo lo cura, esas empresas que venden pastillas azucaradas como si fueran medicamentos frente a las más diversas enfermedades o esos chamanes que afirman que las enfermedades desaparecen al alinearse las energías cósmicas tendrían que hacerse responsables de sus desvaríos.

Pero además la publicidad desaparecería prácticamente, puesto que ¿cómo arriesgarse a decir que tomar un yogur con extracto de plantas salvajes del Caribe ayuda a tu sistema circulatorio? ¿qué pruebas tiene el payaso de Micolor o la viajera del futuro de que sus detergentes son los que de verdad lavan más blanco? Es más que seguro que ramas completas de la actividad económica como por ejemplo la Cosmética desaparecerían en la práctica. Y no digamos ya como cambiaría la Economía y la Política si candidatos y gobernantes tuvieran que atenerse solo a los hechos demostrados a la hora de justificar sus muchas veces criminales políticas.

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  1. Punchipú
    8 junio, 2020 a las 16:21

    Y ahora solo me queda preguntar, ¿por qué?

    Entiendo la necesidad de obtener resultados antes que los demás, pero en este caso concreto, ¿a qué viene mentir tan descaradamente?

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  2. 8 junio, 2020 a las 16:39

    Estoy de acuerdo contigo, no entiendo la motivación final sabiendo como sabemos que en el mundo científico hay siempre un montón de gente analizando lo que publicamos. Y más en un caso tan llamativo como éste.

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  3. 8 junio, 2020 a las 19:14

    Las vacunaciones cayeron hasta un 30% en el pico de la epidemia y los pediatras llaman a recuperarlas. https://www.eldiario.es/catalunya/vacunaciones-epidemia-pediatras-llaman-recuperarlas_0_1034496875.html

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  4. 10 junio, 2020 a las 9:22

    Saludos.

    La ciencia, como actividad que necesita medios e inversión se puede resumir en la dependencia de los resultados. Los que ponen el dinero quieren resultados pronto, bonitos y baratos. A la gente se la presiona (en ocasiones, demasiado) y esto ha llevado en alguna ocasión a situaciones absurdas como el saltarse algunos protocolos para acortar plazos, hacer promesas un tanto arriesgadas, mentir en los resultados, y cosas así.

    Ahí tienes la tentación del plagio, (véase la que montó el rector de la universidad Rey Juan Carlos : https://www.eldiario.es/sociedad/escandalo-plagios-obtiene-meritos-investigacion_0_977452384.html ). Se plagia no solo por que te den un plus de investigación, sino que hay quien tiene la obligación que publicar y ante la sequía de ideas, no le queda más remedio que tirar mano de lo que pueda cazar para cumplir con el expediente.

    El hambre, que es muy mala consejera, pero también la tentación de otros pecados capitales… Somos humanos, demasiado humanos.

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