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La religión es otro producto más de la selección natural


Los creyentes afirman (sin prueba alguna, por cierto) que la religión es algo externo a la psique humana, y que las creencias demuestran la existencia de las particulares divinidades que han sido adoradas a lo largo del tiempo por las diferentes culturas. Sin embargo, la Ciencia está desentrañando los complejos mecanismos evolutivos que, en términos estrictamente darwinianos, llevaron a nuestros ancestros a inventar todo el complejo mundo supernatural, tal y como lo explica en el siguiente video el Dr. David Buss, profesor de psicología de la Universidad de Tejas.

Porque en el fondo, por mucho que algunos quieran negarlo, los humanos únicamente somos otra especie más sujeta a la implacable dictadura de la selección natural. Y sólo ahora, con el desarrollo del conocimiento científico hemos empezado a liberarnos de su férreo yugo.

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  1. c
    6 agosto, 2020 a las 13:43

    hay quien necesita religion y quien no sino evolucionar como persona
    pero qe haya quien necesita religion no justifica qe les engañen etc

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  2. Jacinto
    6 agosto, 2020 a las 19:08

    Interesante documental que vincula la religión con la reproducción ¿Explica eso la obsesión con el sexo de las religiones judeo-cristianas? ;-D

    No soy antropólogo social ni nada por el estilo y es sólo una opinión, pero en cuanto a que la religión (¿quizás mejor la religiosidad?) sea consecuencia de un fenómeno de pertenencia al grupo ¿No podría decirse otro tanto del racismo, el patriotismo, el regionalismo y esos “ismos”? Personalmente siempre he visto una gran semejanza entre el patriotismo y el racismo ¿Tendré que unir a estos la religión?

    Muy interesante la explicación científica de la popularidad de la “apuesta de Pascal” como resultado del sesgo cognitivo ocasionado por la gestión de errores: Es mucho más seguro creer que el tigre está por los alrededores aunque no esté, que creer que no está mientras nos acecha entre la cercana maleza…. Y dado que las malas intenciones de los dioses castigadores que adoran los hombres son infinitamente peores que las de cualquier tigre, se comprende.

    No obstante me pregunto, si dejamos atrás el paleolítico hace nos seis o siete mil años y los tigres hace mucho ya que no nos acechan ¿Como es posible que las religiones, tan vacías, conserven tan tremendo poder de convicción?

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  3. 6 agosto, 2020 a las 20:24

    Jacinto presentas ideas interesantes que voy a ir comentando.

    El código de conducta sexual está impreso en todas las religiones, puesto que como comenta Buss la reproducción es el principal motor evolutivo.

    En una entrada ya algo vieja comenté el estudio que relacionaba la obsesión de muchas religiones por controlar la sexualidad femenina con la certeza de la paternidad: una obsesión de muchas culturas, puesto que criar a un niño es un esfuerzo casi titánico y desde el punto de vista evolutivo no hay peor error que criar al hijo de otro. https://lacienciaysusdemonios.com/2013/05/09/una-introduccion-no-exhaustiva-al-estudio-cientifico-de-la-religion-ii/

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  4. 6 agosto, 2020 a las 20:31

    El patriotismo está fuertemente ligado a la pertenencia al grupo, mientras que el racismo y la xenofobia en general parecen más ligados más al contexto de la exposición a los patógenos por parte de nuestros antepasados. Así escribí en otra entrada que:

    “la dinámica coevolutiva entre el huésped y el patógeno implica una continua carrera antagónica, casi armamentística, en donde los humanos evolucionan hacia adaptaciones que generen resistencia hacia el patógeno y estos últimos desarrollan adaptaciones para eludir las defensas del huésped, de tal manera que un grupo de humanos expuestos a los mismos patógenos tienden a tener sistemas inmunes más similares y por tanto, parecidos patrones de resistencia que los miembros de fuera del grupo que pueden estar expuestos a patógenos diferentes. Desde este punto de vista, en ambientes ancestrales la interacción con los miembros del grupo tendría un menor riesgo de transmisión de enfermedades que la interacción con personas de fuera del grupo, y por tanto en términos evolutivos implicaría por ejemplo que los comportamientos xenófobos o etnocéntricos podrían ser una adaptación defensiva, comportamiento que sería mucho más pronunciado en individuos o grupos expuestos a mayor número de patógenos o en situación (aunque sea subjetiva) de riesgo de infección. Para comprobar esta hipótesis se han realizado diversos estudios. Así las personas que se sienten más vulnerables a las enfermedades contagiosas tienen en peor estima a los extranjeros que aquellas que no están preocupadas por el riesgo de contagiarse con un patógeno [1 y 2]. También, mujeres embarazadas en su primer trimestre gestacional (en donde las consecuencias de una infección son más peligrosas) mostraron un claro sesgo a favor de sus compatriotas frente a los extranjeros, xenofobia que disminuía drásticamente al ir avanzando la gestación tal y como muestra la siguiente figura.”

    https://lacienciaysusdemonios.com/2016/01/26/los-patogenos-como-motor-historico/

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  5. 6 agosto, 2020 a las 20:40

    7 milenios son un suspiro evolutivo, sobre todo porque nuestra especie ha pasado el 99% de su tiempo (sin contar con los rasgos heredados de nuestras especies antecesoras) viviendo como cazadores recolectores. Además también hay datos que sugieren que la religión fue un factor importante para cohesionar los grupos de tamaño creciente que se fueron creando una vez que se inventó la agricultura y los humanos pasaron de convivir con unas pocas docenas de personas, sobre las cuales todos tenían información fidedigna de su compromiso con el grupo y su grado de altruismo, a cientos, miles o decenas de miles de individuos viviendo en el mismo poblado, pueblo o ciudad, un entorno en donde era imposible conocer a todo el mundo y lo que es peor, un individuo en particular tampoco podía llegar a conocer nunca el grado de fiabilidad y compromiso de esa multitud que le rodeaba y con la que necesariamente tenía que interactuar “a ciegas”.

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  6. 6 agosto, 2020 a las 20:53

    Es más, hay datos que indican que las religiones más fanáticas y exigentes en pruebas, rituales y demás generan mayor grado de confianza y lealtad entre sus adeptos. Así por ejemplo un ultraortodoxo judío que viajara a otro país durante el Medievo podía llamar a la puerta de otro judío completamente desconocido y sentirse acogido y seguro de que no le iban a estafar, robar o incluso matar, además de recibir alojamiento y comida gratis. Pero claro, la confianza debía ser recíproca y la familia de acogida debía estar también muy segura que merecía la pena ayudar y meter en casa a un extranjero, que lo mismo los podía estafa, robar o matar. Así que el compartir un complejísimo (además de absurdo) y muy completo código de señales: vestimenta, memorización de los libros sagrados, conocimiento de los rituales, etc. permitía a los generosos hospedadores “saber” que el extranjero no era un aprovechado que simplemente se había disfrazado para vivir de gorra de pueblo en pueblo estafando a los judíos.

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  7. Rawandi
    7 agosto, 2020 a las 12:17

    La clave para entender la religión tiene que ver sobre todo con el tercero de los factores mencionados por el doctor Buss: el costo evolutivo relativamente bajo que acarrea la creencia de que algo existe cuando no existe.

    La religión (esto es, el culto animista a los espíritus imaginados como yoes escindibles de los cuerpos sólidos) es básicamente un subproducto de la autoconciencia. Inventar espíritus (o sea, amigos o enemigos ilusorios: almas de antepasados, ángeles, demonios, deidades, duendes…) resulta una operación mental tan sencilla para los organismos autoconscientes que podemos asegurar que cualquier especie alienígena autoconsciente habrá caído inicialmente en el error animista, lo cual significa que muy probablemente habrá pasado por la misma secuencia animista que ha atravesado la especie humana: al principio, personificación de diversos fenómenos y seres naturales (religiones tribales primitivas); más tarde, elaboración de panteones de dioses ordenados jerárquicamente (politeísmo) y finalmente la mezcla de todos los dioses en una deidad enorme (monoteísmo).

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  8. Eduardo Baldú
    7 agosto, 2020 a las 14:05

    En realidad, en el caso del cristianismo, se puede poner en duda que sea un monoteísmo. Parece más bien un politeísmo encubierto. Veamos, además de dios, tenemos a Jesucristo y el espíritu santo. Si se nos afirma que todos constituyen un solo dios, pero con tres personas. ¿Hemos de llegar a la conclusión que estamos ante un dios que padece un desorden de personalidad múltiple? Por otra parte existen un infinidad de personajes de distinta importancia. Están los ángeles, arcángeles, querubines, los santos, la llamada madre de dios. En realidad podríamos considerarlos como un panteón de dioses, aunque sometidos todos ellos al dios principal. Pero eso también ocurre entre los dioses griegos.

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  9. Rawandi
    7 agosto, 2020 a las 17:20

    Tienes razón, Eduardo. La corriente mayoritaria del cristianismo dejó de ser monoteísta en el año 381, cuando el concilio de Constantinopla estableció la doctrina de la Trinidad y condenó como herético a Arrio. En realidad, la postura del presbítero Arrio era bastante menos irracional que la de sus oponentes. Arrio sostenía que “el Hijo no es inengendrado, ni parte del Inengendrado”.

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  10. Jacinto
    8 agosto, 2020 a las 12:10

    Muy interesantes comentarios.

    ateo666666, claro que 7 milenios son un suspiro evolutivo pero si nos fijamos en los últimos doscientos años hemos dado un salto evolutivo inmenso en lo social y creo que se ve que se acelera exponencialmente. Por mi edad recuerdo lo que era la sociedad española (y yo mismo, como decía Terencio, humano soy y nada de lo humano me es ajeno). Cuando veo como es la sociedad española hoy, tan diferente, alucino; jamás podría haberlo imaginado.

    Entonces lo que me extraña es que, sobre todo en occidente en pleno siglo XXI, por ejemplo, tenga amigos que siendo médicos me digan que creen firmemente en la transustanciación (a ellos no se lo digo, pero no me lo creo, la verdad, y no obstante lo que más me asusta es que yo me equivoque y que sí se lo crean realmente).

    Rawandi, de acuerdo en que «La clave para entender la religión tiene que ver sobre todo con […] el costo evolutivo relativamente bajo que acarrea la creencia de que algo existe cuando no existe» Y pienso que así era antes, pero ¡¿Ahora!?

    A ver, ser creyente de “misa y olla”, folklórico podríamos decir, claro que no tiene costo alguno y sí recompensas emocionales y fiesteras, pero ser un creyente firme y fiel (otra forma de decir fundamentalista o integrista, o sea, fanático) de cualquiera de las religiones “del Libro” a mi me parece que sí tiene un costo muy elevado a todos los niveles (estoy pensando en los T de J vecinos que conozco o en una novia del Opus que tuve en los setenta). Son esclavos de sus castas sacerdotales que literalmente castran sus mentes y sus vidas.

    Y lo más paradójico es que ateo666666 tiene toda la razón cuando dice que « las religiones más fanáticas y exigentes en pruebas, rituales y demás generan mayor grado de confianza y lealtad entre sus adeptos». Cuanto peor, mejor.

    En fin, siempre digo que no entiendo como hay tanta cosa que no entiendo.

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  11. 8 agosto, 2020 a las 12:26

    Jacinto

    Que una persona instruida siga creyendo en la transustanciación o en el dios cocodrilo tiene una explicación psicológica: se llama disonancia cognitiva.

    https://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2012/11/la-disonancia-cognitiva-como-elemento.html

    Y lo que preguntas a Rawandi de porqué la Teoría de Gestión de Errores sigue funcionando en nuestro cerebro te diré como antes, que 200 años de racionalismo (salvo el breve paréntesis de la Grecia clásica) y ciencia no pueden competir con un par de millones de años de selección natural.

    Todo lo que hemos aprendido usando el racionalismo, el pensamiento crítico y la ciencia choca frontalmente con la manera que tiene nuestro cerebro de procesar la información. Como ejemplo te diré que en estos casos somos como esos grillos (creo recordar) australianos para los cuales una hembra en su momento fértil es algo de color amarillo y ahora en pleno antropoceno mueren a millones intentando copular con botellas de vidrio de un tipo de cerveza australiana.

    Es difícil de asumir, pero seguimos siendo otro producto más de la siempre implacable y más que rácana y chapucera selección natural, a la cual no le importa la verdad ni la realidad, solo la forma más rápida y menos costosa de producir cuantas más copias de ADN mejor.

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  12. Anónimo
    8 agosto, 2020 a las 13:32

    Es raro eso… claro que sólo me lo parece.

    Tanto afán de “la vida” por reproducirse cuando se va a acabar igual.

    Hay límites que nunca va a ser capaz de superar.

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  13. Rawandi
    8 agosto, 2020 a las 16:49

    Jacinto, en las sociedades desarrolladas actuales la creencia tiene un costo ‘psicológico’ notable, ciertamente. Ser creyente resulta cada vez más difícil porque, gracias a la libertad de expresión, los clérigos ya no pueden ocultar el hecho de que sus dogmas son meras supersticiones primitivas incompatibles con el conocimiento científico. De ahí que las sociedades desarrolladas se estén volviendo cada vez menos religiosas. Ahora bien, el descreimiento avanza lentamente porque tiene lugar sobre todo mediante el ‘reemplazo generacional’, lo cual significa que cada nueva generación llega a la mayoría de edad siendo ya menos religiosa que la anterior.

    En resumen, la cosmovisión ilustrada acabará liquidando a las religiones. El avance de la incredulidad es lento, pero, según los sociólogos, se trata de un proceso imparable.

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