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Tecnología, magia, enseñanza y futuro de la Humanidad


Entre los años 60 y 70 del siglo pasado el famoso escritor Arthur C. Clarke formuló lo que en la actualidad se consideran las tres leyes que llevan su nombre sobre el conocimiento científico. De ellas, la tercera es una certera visión de la realidad de la Ciencia y del futuro de la Humanidad.

En el ensayo de 1973 “Los peligros de la profecía” Clarke escribió que

Cualquier tecnología lo suficiente avanzada es indiferenciable de la magia

Frase, que con los años se ha convertido muy probablemente en la mejor definición del explosivo aumento del conocimiento científico realizado por ese tan particular, incomprendido y muchas veces sospechoso, cuando no tan denostado estamento investigador al que debemos nuestro actual modo de vida, aún cuando la inmensa mayoría de las personas ni lo reconozcan y ni siquiera se den cuenta.

Años después, el mismo Clarke dio un certero ejemplo de esta tercera ley, en el que se reconocerán muchos de los que actualmente ya vamos peinando canas, cuando indicó que

hubiera creído a cualquiera que me dijera en 1962 que algún día existiría un objeto del tamaño de un libro capaz de contener el contenido de una biblioteca entera, nunca hubiera aceptado que el mismo dispositivo pudiera encontrar una página o palabra en un segundo y luego convertirlo a cualquier tipo de letra y tamaño, desde “Albertus Extra Bold” hasta “Zurich Calligraphic”.

Inciso: y hoy en día es muy difícil comunicar a un adolescente, que ha nacido con la posibilidad de obtener en un par de clics del ratón de su computadora todo el conocimiento humano (aún cuando pierda su cibernético tiempo retuiteando idioteces sobre famosos, viendo videos de K-pop o poniendo filtros de orejas de gato y narices de perros a sus fotos en Snapchat) que hubo una época (no tan lejana, porque algunos de nosotros la vivimos) en la que si teníamos alguna duda intelectual debíamos desplazarnos a la biblioteca del barrio o del pueblo con la esperanza de que allí estuviera el libro con la respuesta a nuestra pregunta, porque de lo contrario la odisea de intentar acceder a bibliotecas universitarias era digna de la epopeya de los hobbits Frodo Bolsón y Samsagaz Gamyi. Como anécdota personal, recuerdo la infinidad de veces que acudí en fines de semana a la sección de obras de Ciencia de la última planta de la Casa del Libro en la madrileña Gran Vía a consultar libros universitarios (siempre bajo la suspicaz mirada de alguno de los vendedores, porque al final nunca acababa comprando ninguno de esos voluminosos y bastante caros tratados por cierto que hojeaba con fruición) porque la bien dotada librería se encontraba más cerca de mi domicilio del Sur de Madrid que la lejana Universidad Complutense en donde cursé la carrera universitaria.

Pero volviendo al tema que nos ocupa es evidente que, tal y como nos muestra el siguiente fragmento extraído de la serie de TV “Orphan Black

para cualquiera de nuestros antepasados, no ya de la lejana época de Platón sino simplemente de hace un par de siglos, el poder comunicarse instantáneamente con cualquier persona del globo, realizar vuelos transcontinentales en unas pocas horas, visualizar la Tierra desde la Luna o desde la increíble distancia de 6.000 millones de km como hizo en su momento la Voyager 1, implantar extremidades biónicas o como en el caso de Neil Harbisson conectar una antena a un cráneo que permite “oír” las frecuencias del espectro de luz incluyendo colores invisibles como infrarrojos y ultravioletas; una antena con conexión a internet para recibir colores de satélites, de cámaras externas, así como también llamadas telefónicas directamente, sin necesidad de teléfono alguno

entre la infinidad de desarrollos científico-tecnológicos que conforman la sociedad moderna sería magia de lo más inescrutable.

Es por ello que incluso para nosotros, ciudadanos del avanzado mundo occidental, puede resultar inimaginable cómo será la vida de los humanos en el siglo XXIII o XXIV, y mucho menos la de los habitantes del siglo XXX, siempre y cuando por supuesto la conjunción cada vez más cercana de agotamiento de recursos, destrucción de la Naturaleza y cambio climático no desencadene conflictos a nivel global que nos retrotraigan de golpe a la época de las cavernas o simplemente corten de raiz nuestra efímera historia evolutiva.

Pero ni siquiera hay que dejar volar la imaginación hacia el futuro para entender que la comprensión de la Ciencia requiere de un esfuerzo personal arduo y de una reforma radical del sistema educativo para no dejar atrás a esos miles de millones de personas que a día de hoy (y muy desgraciadamente por muchos cachivaches electrónicos que sepan manejar) son analfabetos científicos, tal y como demuestran los cada vez delirantes grupos de personas que creen que un virus compuesto por ARN, proteínas y lípidos puede transmitirse a través de las ondas electromagnéticas del 5G o que Bill Gates ha incluido en una vacuna un chip de “control” para alterar el ADN humano.

Porque como muy bien se expresó en este viejo cómic de 1999

Cualquier tecnología, no importa cuán primitiva sea, es mágica para quienes no la entienden.

Y este proceso de analfabetismo científico masivo va a ser cada vez más acusado a no ser que le pongamos remedio, tal y como he mencionado antes con una reforma radical de todo el sistema educativo, porque es evidente que salvo catástrofe planetaria el desarrollo científico-tecnológico va a seguir siendo exponencial por mucho tiempo y cada vez más gente se va a ir quedando atras. Y eso en un mundo tan complejo como el actual, es un gran peligro para nuestro futuro como especie, tal y como nos está desvelando la mezcla de actual pandemia coronarival en conjunción con los delirios anticientíficos de gran parte de la humanidad.

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  1. Me
    25 enero, 2021 a las 0:54

    Preciosa reflexión; yo recuerdo en mi niñez ir al instituto de cultura de mi ciudad a fotocopiar libros de experimentos de ciencia para niños para practicar en casa y hasta mis primeros años de universidad, asistir a la biblioteca pública y quedarme en ella el día entero entre libros que no podía tener; era la única forma fiable y accesible que tenía para acercarme al conocimiento y hoy me causa tanta frustración e impotencia ver que hay tanto saber a un click de distancia y que esto es fruto del esfuerzo y la genialidad de tantos seres excepcionales que dedican sus esfuerzos a la ciencia para mejorar la calidad de vida de todos y sin embargo este click va solo para alterar la imagen y mostrar falsedades, para agredir a los que piensan y cuestionan la sociedad, para celebrar a aquellos que viven de ofender a otros; como bien lo decía Asimov “existe un culto a la ignorancia y siempre lo ha habido”

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  2. jacinto
    25 enero, 2021 a las 10:44

    Completamente de acuerdo con todo el artículo.

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  3. Alberto
    26 enero, 2021 a las 20:06

    Las ciencias modernas, la física, química, biología, y matemáticas, que surgen a partir de la Ilustración en el siglo XVIII han permitido el espectacular desarrollo tecnológico que hubo a partir del siglo XIX. Sin esas ciencias la mayor parte de las tecnologías surgidas no hubieran podido existir. Esas tecnologías son lo que ha permitido, junto con el liberalismo económico, el espectacular desarrollo de la civilización occidental hasta llegar a un sobrepasar con creces la capacidad de los ecosistemas, lo que conducirá a un muy probable colapso de la civilización más pronto que tarde. O sea que es justo al contrario de lo que dices.

    De no ser por la ciencia moderna, estaríamos aún en la Edad Moderna en la que la tecnología más avanzada era el coche de caballos, la mayor parte de la población, que nada sabía de ciencia, vivía de una agricultura o ganadería de subsistencia, el crecimiento económico era muy reducido, la población mundial era muy pequeña en comparación con la actual, y la humanidad no suponía ninguna amenaza para el medio ambiente, pudiendo haber continuado así hasta el infinito.

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