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La pseudomedicina tiene consecuencias para el paciente y también para el “profesional” sanitario


Los “expertos” en pseudomedicinas suelen tener patente de corso y salvo en contadas ocasiones como en un reciente caso acaecido en Alemania, pueden poner en riesgo y sin consecuencias la salud y la vida de aquellos incautos que buscan desesperada, pero también inútilmente un milagro médico.

Desde la Edad Media en Alemania un “Heilpraktiker” es un “practicante de curación” de cualquier “terapia” no médica. Después de la Primera Guerra Mundial, los Heilpraktikers comenzaron a organizarse en múltiples asociaciones que tras la llegada al poder de Hitler fueron agrupadas en una “Heilpraktikerbund Deutschland” con rango oficial. En la actualidad, aunque estos “profesionales” deben demostrar en un examen tener conocimientos de anatomía, fisiología, patología, psiquiatría y sobre regulaciones legales, no tienen por qué tener titulación médica y sin embargo se les permite administrar casi todos los tratamientos que puede realizar un profesional con formación médica. Además, todos ellos terminan especializándose y ejerciendo en alguna de las más variadas disciplinas chamánicas, desde la curación por la fe, pasando por homeopatía, fitoterapia, reflexología o acupuntura, para terminar en las siempre atractivas medicinas tradicionales china o india.

Pues con estos antecedentes de tanta confianza, una mujer diagnosticada de cáncer de cuello uterino con buen pronóstico decidió poner su vida en manos de uno de estos “practicantes de curación”. Así la paciente ejerció su derecho al libre albedrío (porqué qué narices sabrán esos listillos con un doctorado o veinte años de especialización médica) abandonando la radioterapia y la quimioterapia habituales en estos casos y en su lugar optó por tomar pócimas hechas con veneno de serpiente, que no por casualidad le fueron recetadas por el Heilpraktiker de su confianza, que para eso había hecho un par de cursillos por correspondencia impartidos seguramente por chamanes del Amazonas o de la selva congoleña. Y como no podía ser de otra manera, la pobre ignorante acabó falleciendo. Y aquí podía haber acabado todo este asunto en el siempre privilegiado mundo del chamanismo médico a no ser por la demanda que presentó el hijo de la fallecida.

Ahora un tribunal germano ha condenado a la experta en toxinología chamánica a pagar 30.000 euros al hijo en compensación por el dolor y sufrimiento padecidos por el rápido deceso materno. Pero lo más relevante del fallo judicial es que aunque se admite que

La acusada no aconsejó activamente a su paciente que interrumpiera las radio y quimioterapias que le podría haber salvado la vida

sin embargo

no se opuso a su decisión, que como Heilpraktiker habría sido su deber.

En opinión del tribunal, la Heilpraktiker debería haber aconsejado a su paciente que reanudara la terapia oncológica habitual puesto que

Esta omisión continuada por parte de la acusada durante un período de semanas fue irresponsable y, desde el punto de vista de un profesional de la salud comprometido, completamente incomprensible.

Este fallo judicial, que no permite apelación contra el veredicto, sienta un importante precedente puesto que deja muy claro que estos chamanes no podrán acogerse a sus habituales excusas y podrán ser considerados responsables de negligencia médica no solo por  los tratamientos, sino también por el mal asesoramiento o la desidia profesional.

¡Ojalá este el ejemplo cundiera fuera de Alemania! porque sería el principio del fin de estos timadores de carromato.

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  1. jacinto
    1 abril, 2021 a las 9:27

    Pues no tengo yo tan claro que ese fallo sea positivo, pues en mi opinión, cada cual tiene perfecto derecho a elegir como morir. Si la “chamana” hubiera convencido a la interfecta de dejar el tratamiento médico, aún, pero no siendo así…

    Es que si nos ponemos así, si responsabilizamos a los engañadores más burdos por las consecuencias que sus estúpidas mentiras tengan entre los crédulos e imbéciles y llevando la situación al absurdo ¿No habría que condenar a todos los sacerdotes de todas las religiones a indemnizar a sus víctimas-creyentes? ¿Y a los políticos?

    No, yo creo que la libertad conlleva responsabilidad, así, si somos libre para elegir un tratamiento real o uno imaginario, consecuentemente seremos los únicos responsables de las consecuencias que tal decisión nos acarree. Personalmente que me traten como a un niño sin uso de razón me j–e bastante.

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  2. 1 abril, 2021 a las 11:35

    Entonces quitamos el delito de estafa del código penal

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  3. Eduardo Baldú
    1 abril, 2021 a las 13:20

    ¿Por qué un médico tiene que tener una titulación que le permita ejercer la medicina? ¿Por qué un arquitecto tiene que tener una titulación que le permita ejercer la arquitectura? O más simple aún ¿Por qué un electricista tiene que tener una titulación para poder certificar que una instalación puede soportar una determinada potencia?
    Si aceptamos la libre elección y responsabilidad total de quien elige, no existe motivo alguno para que se exijan ningún tipo de titulaciones para ejercer cualquier actividad. Tú has elegido el supuesto profesional, y si te equivocas, te jodes.
    Pero las cosas no son tan simples, porque desgraciadamente nuestros conocimientos son limitados (En algunos casos muy limitados) y no podemos discernir si el que nos ofrece sus servicios realmente sabe de qué habla, o nos está vendiendo una moto sin motor (O sea, nos está estafando).
    Quien ofrece un servicio, es responsable de los servicios que ofrece, y la ley debería ser especialmente dura con quienes lo que en realidad hacen es engañar a la gente, y si ello implica poner en riesgo la salud y a vida, con mucho más motivo.
    Si he de hablar de la sentencia, decir que no me gusta, pero por ser demasiado suave. Esa farsante (un curandero es un farsante por definición), con su actuación, dando una falsa seguridad a la enferma, es responsable de su muerte (No olvidemos que la responsabilidad existe tanto por acción como por omisión), y como tal la pena no solo debería ser de indemnización (Y por supuesto más alta, bastante más alta), sino también de reclusión e incapacitación, de por vida, de poder realizar cualquier actividad relacionada con la salud.
    Lógicamente, no es la única responsable. Lo son también los legisladores que permiten la existencia de tales payasos estafadores. Que una sociedad, supuestamente avanzada culturalmente, permita la actividad de semejantes individuos, nos demuestra que ni es una sociedad tan avanzada, ni tan culta, ni sus líderes merecen ocupar las responsabilidades que ocupan.
    La propia tolerancia oficial ante semejantes actividades es la que hace creer a la ciudadanía que tales actividades tienen realmente los efectos positivos que predican, con lo que el engaño cuenta con la colaboración del poder público, y fomenta que existan estafados. Así pues la responsabilidad no es, en ningún caso, exclusiva de la víctima.
    Parece que a algunos se les ha subido a la cabeza eso de la “libertad de opción”. Pero si aceptamos que el modelo debe basarse en tal criterio, sobran todas las leyes. No hacen falta. El día en que alguien me haga una trastada (O lo que yo considere una trastada), en nombre de mi libertad de opción, le muelo a palos, le dejo hecho una birria o me lo cargo. Y nadie tiene por qué reclamarme nada. La próxima vez que alguien se plantee hacer la misma trastada, se lo pensará dos veces. Sería más violento que el “lejano oeste”, pero eso o regulamos las responsabilidades de todos los actos que puedan tener consecuencias. O jugamos todos, o se rompe la baraja.

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  4. Renzo
    1 abril, 2021 a las 16:56

    “¿No habría que condenar a todos los sacerdotes de todas las religiones a indemnizar a sus víctimas-creyentes? ¿Y a los políticos?”

    Pues sí, eso sería más que correcto aunque a usted le pueda parecer llevarlo al absurdo. En el caso de los políticos, de vez en cuando alguno pringa, pero en el de los religiosos se suelen ir de rositas y si alguno cae es por cosas no relacionadas con el vender humo, mentiras y falsas esperanzas a los crédulos que les escuchan, ahí no hay quien les tosa.

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  5. 1 abril, 2021 a las 23:18

    Una juez sentencia que la homeopatía “puede poner en riesgo la salud”

    https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2020/01/27/5e2dcf10fc6c83ee3c8b4608.html

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