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Las alucinaciones debidas a la hipoxia y a la deprivación sensorial de las cuevas crearon el maravilloso arte rupestre


El origen del arte y primero el chamanismo y luego la religión han estado profundamente ligados desde nuestros albores como especie y según un reciente estudio, el arte también es el resultado de las alucinaciones debidas a desequilibrios cerebrales inducidos por situaciones extremas.

Es bien sabido que desde la más remota antigüedad y hasta la actualidad, infinidad de pueblos y culturas diferentes han utilizado diversas sustancias de origen vegetal con propiedades psicotrópicas con fines religiosos. Además, a nadie se le puede escapar el hecho (que no es para nada casual) que prácticamente todas las religiones del mundo hayan sido fundadas y mantenidas por profetas, gurús, santones y el resto de mediadores de lo divino que sólo son capaces de “encontrar” a la respectiva deidad o de ser tentados por el Maligno (según sea el caso) tras profunda soledad, largos periodos de ayuno, deprivación del sueño, mortificaciones varias y agotamiento físico, a ser posible en entornos extremos como los más que “reveladores” desiertos del Oriente Medio. Todos estos comportamientos extremos son capaces de producir estados mentales transitorios que alteran diversos procesos cerebrales tales como la percepción, el ánimo, el estado de conciencia o el comportamiento, y han sido utilizados con profusión a lo largo de la Historia con fines chamánicos y religiosos para acceder a formas no convencionales de “conocimiento” y de relación con un supuesto “mundo espiritual”.

Y este mismo tipo de alteración de la conducta pueden haber sido la base que permitió el desarrollo del maravilloso arte rupestre, porque hay un dato que a primera vista puede parecer simplemente curioso: la mayoría de las pinturas rupestres que pintaron nuestros remotos ancestros fueron realizadas en cuevas con recónditos pasadizos de difícil acceso. Así por ejemplo, tal y como se muestra en la siguiente figura

las pinturas rupestres (marcadas con un punto rojo) de la Cueva de Rouffignac se encuentran a más de 150 metros de la entrada y hay algunas que fueron pintadas a una distancia de más de 700 metros de la misma. Algo similar ocurre en otras muchas cuevas del arte paleolítico: Altamira, 250 metros; El Castillo, 200 metros; Trois-Frères, 400 metros; Pech-Merle, 150 metros; Font de Gaume, 100 metros; Bernifal, 60 metros; Baume Latrone, 100 metros, Lascaux, 100 metros; Chauvet-Pont d’Arc, 900 metros o Cussac hasta 1.500 metros.

Además, algunas de las representaciones de estas cuevas están ubicadas tan adentro como la gente podría llegar, incluyendo gatear por pasajes muy estrechos, subir escalones, cruzar cornisas estrechas y pozos descendentes de varios metros de profundidad.

A lo anterior hay que sumar que las entradas a las cuevas suelen ser relativamente angostas, generalmente alrededor de uno o dos metros. Por ejemplo las entradas originales de Altamira o Pech-Merle tenían tan solo 1,5 metros. Por tanto es razonable suponer que la ventilación tendía ser muy limitada, sino nula.

Y como no podía ser de otra manera, dada la naturaleza de las cuevas, diversos estudios han revelado que nuestros antepasados se sirvieron de antorchas o lámparas para moverse por estas intrincadas galerías y también para realizar las impresionantes representaciones pictóricas.

Entonces, tal y como muestra la siguiente figura

entradas estrechas, galerías profundas y poco ventiladas, junto con la combustión de madera y grasas daría lugar a una disminución importante de los niveles de oxígeno en el interior, con el resultado de hipoxia. Y la hipoxia, antes de llegar a un límite letal, afecta los tejidos nerviosos, particularmente a la corteza frontal y el hemisferio derecho del cerebro, áreas que se cree que están relacionadas con la creatividad asociada con las emociones. Además, la hipoxia causa cambios fisiológicos en el comportamiento, como somnolencia, euforia, errores de juicio y pérdida de capacidad autocrítica. Además, la privación sensorial (que suele ir asociada a este tipo de viajes subterráneos por oscuridad y ausencia total de sonidos) genera un aumento de la dopamina, neurotransmisor que se asocia con sueños y alucinaciones que se caracterizan por experiencias y sensaciones extracorporales, como volar y flotar tal y como ocurre con los niveles elevados de dopamina resultado de la hipoxia entre pilotos de combate expuestos a altas fuerzas de aceleración y en escaladores de montañas de gran altitud.

Y así, un grupo de investigadores israelíes han publicado recientemente un estudio en donde han realizado simulaciones del efecto de las antorchas sobre las concentraciones de oxígeno en estructuras similares a las cuevas decoradas del Paleolítico, estudio que ha demostrado que en esas situaciones el oxígeno disminuye rápidamente a niveles que inducen un estado de hipoxia.

Por todo ello, los autores del estudio concluyen que

No fue la decoración lo que hizo que las cuevas fueran significativas; más bien, el significado de las cuevas elegidas fue el motivo de su decoración.

porque en el viaje iniciático por esas aisladas galerías, la deprivación sensorial, la hipoxia y el juego de luces y sombras de sus rudimentarias lámparas o antorchas permitieron a nuestros antepasados tener unas alucinaciones que ellos, dentro de su total desconocimiento de la geología, la física, la química cerebral y la fisiología humanas, interpretaron como el despertar a una conciencia alternativa que les abría la puerta a un mundo diferente de la prosaica y muchas veces dura realidad.

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  1. Narval
    17 abril, 2021 a las 12:32

    No he entendido del todo las conclusiones del estudio. Nos están queriendo decir que a causa del colocón, se animaban a pintar, o lo que podríamos llamar, manifestar arte? O que ya pintaban y el hecho de colocarse es lo que originó que lo hiciesen sobre la roca, y con un estilo y formas características de esa intoxicación?

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  2. 17 abril, 2021 a las 13:19

    Lo que indica el estudio es que las alucinaciones fueron las musas de los artistas rupestres.

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  3. Txema M.
    23 mayo, 2021 a las 3:59

    Pues la explicación dada por los investigadores me convence muy poquito. Casi nada.

    La ventilación en las cuevas, en las cuevas grandes quiero decir, no en cavidades como la de la gruta dibujada en el artículo, suele estar garantizada por existir comunmente más de una entrada de aire. Esas aberturas en el terreno pueden ser muy poco aparentes, tan chicas como una grieta, pero basta con eso para permitir que el aire no permanezca estático. Precisamente una de las supuestas razones de la excentricidad de algunas estalagmitas se achaca (yo creo que incorrectamente) a dichas corrientes de aire.

    Durante la segunda guerra mundial los partisanos yugoslavos aprovecharon su conocimiento de alguna de esas entradas para penetrar en la cueva de Postojna, en Eslovenia. Los nazis habían depositado allí, fuera del alcance de los bombardeos, una gran cantidad de combustible, combustible que ardió durante más de una semana destruído por los partisanos. El tiro de la chimenea lo garantizó el conjunto de discretas entradas de aire.

    La estructura arborescente de la cueva de Rouffignac, como la de muchas otras cuevas cársticas, es un indicador de cuántos sumideros dieron origen a la serie de corrientes de agua subterranea que terminaron por converger. Es más que posible que todas esas entradas lo fueran tanto para el agua como para el aire.

    Por otra parte la hipotética hipoxia causada por la disminución del oxígeno vendría asociada con una peor combustión de las lámparas, que se hubiera manifestado en un incremento acelerado del monóxido de carbono. Esto hubiera dado lugar a una situación muy peligrosa de la que a los pintores les hubiera costado salir.

    Son muchas las cavidades de las que sabemos que su entrada actual se encuentra alejada de la original, la usada por las gentes paleolíticas. Estas entradas colapsaron, haciéndonos a nosotros más difícil saber a cuánta distancia se encontraban de las pinturas.

    Por último, aprovecho para sugerir que se comiencen a hacer catas de sedimentos en las salas de pinturas en busca de ADN. Esto nos permitiría, quizás, conocer el sexo de quienes entraban allí.

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  1. 17 abril, 2021 a las 7:25

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