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Las multinacionales petroleras sabían del cambio climático en el lejano 1959


Aunque el lobby de los combustibles fósiles sigue sembrando dudas acerca de la implicación del ser humano en el calentamiento global, los datos y las predicciones estaban ya meridianamente claras en una época tan temprana como el ya lejano año de 1959. Y esta sombría predicción fue realizada nada más y nada menos que por Edward Teller, un físico para nada sospechoso de ecologismo.

En 1959 se cumplió un llamativo aniversario: el centenario de la industria del petróleo. Y con motivo de tan magno cumpleaños el todopoderoso ”American Petroleum Institute” (la principal asociación comercial de los EEUU que representa cerca de 400 corporaciones implicadas en la producción, el refinamiento, la distribución y cualquier otro aspecto relacionado con la industria del petróleo y del gas natural) y la prestigiosa “Columbia Graduate School of Business” organizaron por todo lo alto el simposio “Energy and Man, evento al que asistieron más de 300 altos funcionarios gubernamentales, economistas, historiadores, científicos y ejecutivos de la industria.

En la mencionada reunión hablaron tan sólo cinco ponentes: Allan Nevins, un historiador especializado en biografías de grandes personajes que había escrito la del magnate del petróleo John D. Rockefeller;  Robert G. Dunlop, un alto directivo de una petrolera; Edward S. Mason, un economista y profesor de Harvard; Herbert Hoover Jr., que además de ser hijo de un presidente estadounidense fue tambien ingeniero, hombre de negocios y político y Edward Teller, el físico al que se considera el padre de la Bomba de Hidrógeno estadounidense.

De todos ellos Teller (que era un individuo nada sospechoso de veleidades ecologistas ya que era un firme defensor del complejo militar-industrial estadounidense y de la superioridad norteamericana en todos los ámbitos y a toda costa) fue el único que había hecho los deberes y terminó aguando una fiesta en la que el resto de los oradores se dedicaron a loar las ventajas de los combustibles fósiles sin ningún tipo de espíritu crítico. Porque en su charla expresó con meridiana claridad el problema de los combustibles fósiles con las siguientes palabras:

Siempre que quemas combustible convencional, creas dióxido de carbono. [….] El dióxido de carbono es invisible, es transparente, no se puede oler, no es peligroso para la salud, entonces, ¿por qué preocuparse por él? El dióxido de carbono tiene una propiedad extraña. Transmite luz visible pero absorbe la radiación infrarroja que emite la Tierra. Su presencia en la atmósfera provoca un efecto invernadero.

Pero es que además de identificar el problema, también había calculado las consecuencias porque, cuando en el turno de preguntas a su charla, se le pidió a Teller que

resumiera brevemente el peligro del aumento del contenido de dióxido de carbono en la atmósfera en este siglo

el físico, que para algo era un brillante científico apegado a los datos expuso una estimación numérica casi clarividente ya que respondió:

En la actualidad, el dióxido de carbono en la atmósfera ha aumentado un 2 por ciento con respecto a lo normal. Para 1970, será quizás el 4 por ciento, para 1980, el 8 por ciento, para 1990, el 16 por ciento [unas 360 partes por millón, si utilizamos la actual forma de medir la concentración de CO2 atmosférico],si continuamos con nuestro aumento exponencial en el uso de combustibles puramente convencionales. Para entonces, habrá un serio impedimento adicional para que la radiación salga de la Tierra. Nuestro planeta se calentará un poco. Es difícil decir si serán 2 grados Fahrenheit o solo uno o 5.

Pero cuando la temperatura aumenta unos pocos grados en todo el mundo, existe la posibilidad de que los casquetes polares comiencen a derretirse y el nivel de los océanos comience a subir. Bueno, no sé si cubrirán el “Empire State Building” o no, pero cualquiera puede calcularlo mirando el mapa y observando que los casquetes polares sobre Groenlandia y la Antártida tienen quizás cinco mil pies de espesor.

Y todo sin necesidad de superordenadores computando complejos modelos matemáticos sobre el clima ya que en su época únicamente existían rudimentarios ordenadores como el IBM 650 y mamotretos del estilo del EDVAC. ¿Se dieron por enterados los hombres de negocio y sobre todo la plana mayor del gobierno estadounidense allí presentes? Pues la respuesta a más de 60 años vista es evidente.

Es más, en 1968 el “American Petroleum Institute” recibió un informe confidencial sobre la contaminación del aire que había encargado al Stanford Research Institute, que decía claramente:

Es casi seguro que para el año 2000 se producirán cambios importantes de temperatura que podrían provocar cambios climáticos. […] no parece haber duda de que el daño potencial a nuestro medio ambiente podría ser severo. […] contaminantes que generalmente ignoramos porque tienen poco efecto local, CO2 y partículas submicrónicas, pueden ser la causa de serios cambios ambientales a nivel mundial.

Pero oiga, como si oyeran llover porque ya sabemos que el negocio es el negocio. Y lo peor de todo es que el “American Petroleum Institute” siguió durante décadas negando el cambio climático y gastando considerables sumas de dinero en denigrar al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y financiando a políticos y medios de comunicación de medio mundo para torpedear cualquier política medioambiental. Comportamiento que, a la vista de los datos actuales, sólo puede ser considerado como peligrosamente criminal y debería ser perseguido judicialmente en medio mundo. Pero el sistema judicial no fue creado para impartir una verdadera justicia y así nos luce el pelo.

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  1. Eduardo Baldu
    8 septiembre, 2021 a las 10:55

    Como bien dices, el negocio es el negocio, y la avaricia ha sido siempre el motor de esta sociedad, que ha despreciado todo lo que no sea el enriquecimiento.
    Y hoy sigue siendo igual. La única solución real pasa por implantar un modelo de decrecimiento, priorizando la producción requerida para las necesidades reales de las personas y reduciendo (O directamente anulando) toda producción innecesaria, acompañado por una disminución del volumen de población. ¿Vemos que alguien plantee tales soluciones? No, porque ello va en contra del “sacrosanto” derecho a la propiedad y al enriquecimiento. Las pseudo soluciones que se plantean son simples parches, que pueden tener su mayor o menos utilidad, pero que no resolverán el problema. Eso sí, nos dejan la conciencia tranquila, ¡¡Hemos hecho algo por el planeta!!
    La humanidad se autodestruirá por pesar más la avaricia y la estupidez que la razón y la lógica.
    Que sabíamos que esto iba a llegar, pues claro. Siempre se ha sabido. Pero tenemos una gran facilidad de mirar hacia otra parte cuando algo no nos interesa o implica decisiones que van contra nuestros intereses particulares. Además, quienes tenían el poder en 1959, tenían claro que ellos no iban a sufrir las consecuencias de sus actos criminales (La inmensa mayoría ya está muerta, o con una pata en la tumba), y como eso de preocuparse por los demás (Y más aún si son generaciones futuras) es una “tontería” que no ayuda a aumentar el saldo de la cuenta corriente, ¿Para qué perder el tiempo en esas fruslerías? No olvidemos que todo gran directivo dedicado al mundo de los negocios, tiene algo de sicópata, y por tanto carece de empatía hacia los demás.

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  2. Anónimo
    8 septiembre, 2021 a las 11:47

    Sin quitar importancia a la cuestión del CO2, hay que decir que muchas otras industrias son conscientes de sus repercusiones sobre la Tierra.

    Aunque la industria petroquímica y los reguladores sabían, como mínimo desde 1920, de la extraordinaria toxicidad de muchos productos petroquímicos, ambos trabajaron juntos al unísono para ocultar esta información al público y a la prensa.

    Ver información en: https://www.poisonpapers.org/
    El libro de Rachel Carson ‘La primavera silenciosa’ dio origen a una corrección política sobre los agrotóxicos, pero estos documentos demuestran que muchos procesos de regulación de tóxicos han sido un fraude que ha puesto en serio peligro la salud humana y del medio ambiente.
    Que las grandes corporaciones oculten datos no es algo nuevo. La novedad que aportan los ‘Poison Papers’ es la numerosa evidencia de que los reguladores participaban, e incluso instigaban, el encubrimiento de información básica para la protección de la salud.
    Esto no ha cambiado mucho y parece responder a la agenda eugenista de las élites que utiliza cualquier medio, tanto al ecologismo, como a la industria petroquímica, la sanitaria o la de las comunicaciones electromagnéticas, para disminuir la huella ecológica del resto de la humanidad controlando y reduciendo su población, evitando así un supuesto colapso maltusiano que les permita su supervivencia hasta la colonización de nuevos planetas.

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  3. 8 septiembre, 2021 a las 14:18

    Si tanto daño hace el CO2, esperad al metano, no el de los animales sino el que está en el permafrost siberiano y bajo los océanos. Entonces veremos subidas de temperatura espectaculares en poco tiempo, un suspiro en tiempo geológico. Y lo saben (los poderes financieros que nos gobiernan), pero para ellos es una limpieza étnica “gratis” en todo el Mundo. Solo se morirán los más pobres, y ellos no lo son ni lo serán.

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  4. Eduardo Baldu
    8 septiembre, 2021 a las 18:05

    Anónimo, la mierda que te has tomado debe ser muy potente, porque dices unas barbaridades de lo más absurdas.
    Lo de la “Agenda Eugenista” es simplemente una gilipollez. ¿Cuántos años hace que los flipados de las conspiraciones hablan de ella? Pues bien, esos “regidores del mundo”, empeñados supuestamente en reducir la población, son unos inútiles, porque no solo no la han reducido, sino que la han incrementado, justo lo contrario de su supuesta pretensión, y además con una tasa que se ha ido incrementando con el tiempo.
    Presuponer que todo forma parte de un proceso meditado dentro de un margen de riesgo calculado, es otra gilipollez. Los desequilibrios inducidos en el entorno por el cambio climático, son de tal magnitud que nadie con dos dedos de frente se arriesgaría a las consecuencias que puedan darse, suponiendo que el hecho de ser rico te garantiza la supervivencia, algo que es una falacia. Las consecuencias pueden ser tan vastas que impliquen la total desaparición de la actual civilización, un retroceso, para los escasos supervivientes, a condiciones preindustriales. Y os recuerdo que hoy muchas técnicas y conocimientos conocidos en aquella época, se han perdido. A título de ejemplo, hace unos años se intentó reconstruir el proceso de construcción de los grandes cañones navales de hace 300 años, intento que se saldó con un fracaso absoluto. Así que, disponer de dinero no garantiza nada ante la caída de la civilización.
    Lo de la colonización de otros planetas, es otra gilipollez más. ¿Cuántas personas han viajado al espacio desde que el primer humano fue puesto en órbita? No llegan a 600. Y la superficie de la Luna solo ha sido pisada por 12 personas. Si contamos los astronautas situados en el módulo de mando, el fallido viaje del Apolo 13 y las misiones preparatorias, el total de astronautas que han estado cerca de la luna es de 27. Son cifras, todas ellas, de nivel ridículo al compararlas con las de población humana. Es más, siguen siendo ridículas si las comparamos con la proporción de la humanidad que pueden ser considerados integrantes del sector de privilegiados. A ello hay que añadir los costes (No solo económicos, sino también de recursos y humanos necesarios para llevar a cabo un proyecto semejante) que deberían invertirse en hacer realidad tal colonización (No olvidemos que quienes forman el sector privilegiado de la sociedad, no van a ir a vivir a Marte o a la Luna para llevar una vida considerablemente peor de la que pueden llevar a aquí. Requerirían una estructura productiva que le suministre sus necesidades y caprichos, y desde luego no van a ser ellos los que hagan el trabajo).
    Por todo ello, la supuesta “huida” de la clase dominante hacia asentamientos en Marte o la Luna no es más que una fantasía. Hay que añadir que la vida en tales lugares no será un cuanto de hadas. Ni un lugar, ni el otro, cuentan con campo magnético. Eso significa asentamientos enterrados para protegernos tanto de la radiación solar, como de la radiación cósmica. La capacidad esperable de producción de recursos para la supervivencia humana será especialmente limitada, por lo que la capacidad en cuanto a número de habitantes será también limitada (Es decir, habrá dos claras limitaciones: la de llevar personas a los asentamientos y la capacidad de estos para permitir su supervivencia).
    E n una palabra, como cuento de ciencia-ficción, vale. Como posible realidad, va a ser que no.

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  1. 11 septiembre, 2021 a las 6:00

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