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Esos impíos pararrayos que tantas vidas de cristianos salvaron, a pesar de sacerdotes, pastores y obispos varios


Es un hecho histórico innegable que las religiones en general y el cristianismo en particular han sido siempre reacios, cuando no enemigos de la Ciencia porque las conclusiones del método científico siempre han terminado socavado los supuestos dogmas inamovibles pergeñados por siglos de “alta teología”. Y quizás uno de los primeros y más ilustrativos casos de este intemporal enfrentamiento ha sido el de las tormentas y los rayos.

Los sesudos padres de la Iglesia dictaminaron allá por el primer milenio EC que los fenómenos meteorológicos eran manifestaciones de los poderes del Averno. Así, Santo Tomás de Aquino afirmó que

Es un dogma de fe que los demonios pueden producir vientos, tormentas y lluvia de fuego del cielo. La atmósfera es un campo de batalla entre ángeles y demonios. Estos últimos obran el daño constante del hombre, los primeros su mejora; y la consecuencia es esa variabilidad del tiempo que amenaza con frustrar las esperanzas de la agricultura.

Y si las tormentas que destruían cosechas y los rayos que mataban a los cristianos eran causadas por las huestes de Lucifer es evidente que entonces la santa madre iglesia apostólica y romana tenía que tomar cartas en el asunto tal y como argumentaba el famoso teólogo:

Y cuando Lucifer es capaz de conferir incluso al hombre, a los hechiceros y magos, el poder de destruir los campos, las viñas y las viviendas del hombre mediante la lluvia, el granizo y el relámpago, es de maravillarse si la Iglesia, que es la protección del hombre contra el demonio, y cuya misión especial es combatirlo debe ser también en esta esfera su contrapeso, y debe parecer del tesoro de su poder divino, medios adecuados para frustrar sus maldades atmosféricas.

¿Y cuáles, se preguntarán ustedes, eran estos “medios adecuados”? Pues asómbrense queridos lectores porque la solución del paladín del catolicismo era la siguiente:

A estos medios pertenecen las campanas de las iglesias, siempre que hayan sido debidamente consagradas. Los campanarios alrededor de los cuales se agrupan las viviendas bajas de los hombres, deben compararse, cuando las campanas suenan en ellos, a la gallina que extiende sus alas protectoras sobre sus pollos; porque los tonos del metal consagrado repelen a los demonios y alejan la tormenta y el relámpago.

El problema era que, muy a pesar de tanta “alta teología” el cristiano remedio de atizar el badajo en cuanto empezaba a tronar, lejos de alejar a las huestes del Maligno parecía por el contrario atraer con más fuerza si cabe a los demoníacos rayos, de tal manera que a lo largo de la Edad Media miles de iglesias de la cristiandad recibieron el castigo infernal y bastantes sacerdotes y piadosos campaneros murieron en “acto de servicio” tocando el sagrado bronce en medio de una tormenta al ser alcanzados por los rayos del Averno. Tal es así que, lejos de sentirse seguros bajo “las protectoras alas de la gallina” católica los cristianos que mantenían algo de raciocinio se alejaban lo más posible de las iglesias en cuanto comenzaba a tronar tal y como recomendaba allá por el lejano 1746 el filósofo y teólogo alemán Peter Ahlwardts en su tratado  “Razonamientos y consideraciones teológicas sobre el relámpago y el trueno”.

El hecho de que mientras las iglesias recibían la furia infernal, lupanares, prostíbulos, tabernas, casas de juego y otros lugares de mal vivir solían salir indemnes de la tormentas y parecían ofrecer un refugio más seguro que el propuesto por los padres de la Iglesia. Ello reforzaba la idea de una lucha entre ángeles y demonios en la que era más que evidente que la victoria se decantaba por el equipo infernal.

Sin embargo, con la llegada del conocimiento científico en meteorología y electroestática todo este asunto se aclaró: la concentración de rayos en los campanarios no eran por causas maléficas sino porque eran los edificios más altos, que además solían tener en su parte más alta grandes campanas de metal y frecuentemente estaban coronadas con agujas, pináculos o cruces también de metal. Y por supuesto los lugares de vicio y perversión solían ser construcciones mucho más bajas que quedaban a cubierto por esos campanarios y no porque las huestes maléficas las tuvieran en alta estima. Así que en cierta medida y muy a su pesar, los teólogos cristianos inventaron un rudimentario y empírico pararrayos que protegía a los malvados y mataba a los piadosos creyentes ¡menuda ironía!.

Y lo más curioso de todo este asunto, es que a pesar que Benjamín Franklin inventó el pararrayos científico en 1752 las autoridades eclesiásticas del orbe cristiano se resistieron (como siempre ha sido habitual entre el rebaño cristiano) a un invento que les tiraba por tierra siglos de escolástica y teología y así hasta varias décadas después multitud de templos y catedrales siguieron estando a merced de las huestes demoniacas. Por ejemplo, tal y como lo resume Andrew Dickson White (cofundador de la prestigiosa universidad norteamericana de Cornell) en su interesante libro “Una historia de la guerra de la ciencia con la teología en la cristiandad”, durante años las autoridades de la iglesia de St. Bride en Londres se negaron a colocar un pararrayos, aunque su torre había sido gravemente dañada por un rayo en 1750. Otros templos como la catedral protestante de St. Paul en Londres, no fue protegida hasta dieciséis años después de la invención de Franklin y la torre de la gran iglesia protestante de Hamburgo lo fue un año después.

Un caso muy llamativo fue el de la torre de San Marcos, en Venecia. A pesar del ángel en su cumbre y de las campanas consagradas para ahuyentar a los poderes malignos, de las reliquias de la catedral adyacente y demás “protecciones” católicas, fue dañada por rayos en los años 1388, 1417, 1489, 1548, 1565, 1653 y 1745. Pero incluso con este nefasto historial no fue protegida por un pararrayos hasta 1766, habiendo sufrido dos nuevos ataques infernales en los años 1761 y 1762.

Así entonces, las reiteradas negativas de los sacerdotes de las diferentes variantes cristianas al pararrayos provocaron que el presidente de la Universidad de Harvard escribiera a Franklin:

Qué asombrosa es la fuerza del prejuicio incluso en una era de tanto conocimiento y libre investigación.

Y el problema es que, aunque en pleno siglo XXI ese conocimiento ha crecido exponencialmente, descorazonadoramente miles de millones de creyentes siguen reacios cuando no enfrentados a esa poderosa Ciencia que tan exitosamente ha demostrado su valía.

P.D:

Y de regalo un interesante video sobre Ciencia y Religión.

Entradas relacionadas:

  1. Eduardo Baldu
    19 agosto, 2022 a las 12:34

    Lo que más me ha llamado la atención de la entrada son los párrafos de Tomas de Aquino (de santo nada. Santos somos quienes hemos tenido que aguantar y aprender sus gilipolleces porque nos obligaban a ello en la escuela. Por mis años, yo soy de esa generación), considerado, supuestamente, “un gran pensador digno de absoluta consideración”. Todavía al día de hoy, hay quien considera su filosofía incuestionable y una clara demostración de la existencia de dios. Y es que la subnormalidad está muy extendida y no tiene límites.

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  2. 19 agosto, 2022 a las 17:30

    El problema con los «pensadores» religiosos es que en la práctica nadie los ha leído con un mínimo espíritu crítico, porque cuando se va a sus escritos queda claro que son palabras vacías mezcladas con delirios y aderezadas con machismo, sexismo y fanatismo a rebosar.

    Y así es como dice la Wikipedia:

    «En palabras del filósofo inglés Anthony Kenny, Santo Tomás de Aquino es considerado «uno de los más grandes filósofos del mundo occidental».»

    Así que apañados vamos con Aquino y con el filósofo inglés que es además presidente de la British Academy y del Royal Institute of Philosophy.

    Si Anthony Kenny hubiera nacido en la nación apache ahora estaría llenando de loas al chamán de turno y dirigiendo las instituciones «científicas» más prestigiosas de las Ciencias Sociales indias.

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  3. Far Voyager
    20 agosto, 2022 a las 13:41

    Creo que se está siendo muy duro con Tomás de Aquino, sabiendo la época en que vivió y que por entonces las cosas se veían muy distintas a cómo se ven hoy. Hizo lo que pudo con lo que tenía, cómo los filósofos griegos sobretodo quizás los presocráticos, aunque sea fácil darse cuenta que uno puede cambiar a Dios por la deidad que quiera, varias, etc. -el punto débil de todos esos argumentos, descansar en lo que dice la Biblia- sin necesidad de recurrir a la ciencia moderna.

    Peores son los fundamentalistas religiosos de hoy, evangélicos sobretodo y no doy nombres de la variedad local, que siguen insistiendo que una compilación de leyendas de pastores de cabras de Oriente Medio totalmente sacada de contexto es la verdad absoluta y que si no hacemos caso a lo que escribieron unos tipos hace 2000 años que no sabemos si tenían problemas mentales o si mentían directamente (o si también lo han sacado de contexto) arderemos en el Infierno toda la eternidad, aunque seamos la creación preferida y más amada de Dios por encima de los ángeles y de las estrellas.

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  4. 20 agosto, 2022 a las 17:26

    Far

    Antes del cristianismo los filósofos griegos habían desarrollado siglos de pensamiento racionalista. Aquino, como muchos otros padres de la iglesia, conocía estos escritos a los que despreciaba dentro de su fanatismo por heréticos y «erróneos», porque para atacarlos la Iglesia tuvo que estudiarlos a fondo. De hecho mucho de este pensamiento griego nos ha llegado solo a través de las críticas cristianas como por ejemplo el filósofo Celso:

    https://es.wikipedia.org/wiki/Celso

    y su crítica por parte del teólogo cristiano Orígenes de Alejandría:

    https://es.wikipedia.org/wiki/Contra_Celso

    De hecho Aquino no se diferenciaba en nada de la forma de actuar de los fanáticos de ahora o de los negacionistas científicos, porque utilizaba ese famoso «cherry picking» para nada moderno porque la santa madre iglesia lleva utilizando con fruición milenios:

    https://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_de_evidencia_incompleta

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  5. Eduardo Baldu
    20 agosto, 2022 a las 18:36

    Tomas de Aquino está sobrevalorado. Y lo está porque siempre ha sido útil a la Iglesia Católica. Pero coetáneo de Tomas de Aquino, podemos encontrar a Boecio de Dacia, que, a pesar de tener los mismos condicionantes que Tomas de Aquino, tiene un pensamiento más racional.
    Boecio defiende la racionalidad en el estudio de la naturaleza, incluso cuando esta nos lleva a contradicciones con la verdad revelada (Algunos historiadores creen que utiliza el concepto de doble verdad como forma de escapar ser condenado como hereje o contrario a las verdades reveladas).
    Como puede verse, incluso en un mundo intelectualmente dominado por el pensamiento opresor de la Iglesia Católica, hay pensadores discrepantes. Y por tanto, no hay dureza en nuestra valoración sobre el de Aquino.
    Que la estupidez sea dominante entre todos los fundamentalistas religiosos, no lo pongo en duda. De hecho creo que es algo más que evidente. Estupidez que comparten con todo los que siguen valorando la filosofía tomista como un gran aporte. Incluso concediendo que Tomas de Aquino fue un hombre de su tiempo, y por tanto condicionado por el pensamiento imperante, la pobreza de sus pensamientos debería resultar evidente a los ojos de un pensador de hoy.

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  6. Far Voyager
    20 agosto, 2022 a las 22:05

    Me refiero al contenido de su filosofía. Por lo que he encontrado, usa argumentos para probar la existencia de Dios débiles, porque se pueden usar para probar que por ejemplo varios dioses lo crearon todo, que las cosas fueron cómo en la Teogonía de Hesíodo, y no sigo (incluso la idea de ley natural falla), y otras partes son lo más a lo que se podía aspirar con el saber medieval (que uno de los mejores pensadores cristianos, si no el mejor, sólo dé para eso dice mucho y no bueno por mucho esfuerzo intelectual que sea.)

    En lo que se refiere a apologistas y a considerar todo lo que no es cristiano satánico o peor, nada nuevo y hasta se espera de esa gente. Hay cosas que nunca cambian y se ve que la promesa de una vida eterna más que cuestionable y las amenazas de un Infierno eterno funcionan muy bien para controlar a las ovejitas escuchando a los fundamentalistas que menciono. Quítalo, pon alternativas, o haz que eso o no sea eterno o solamente dependa del comportamiento en vida, no sólo de ser creyente o no, y el negocio va a dejar de funcionar tan bien.

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  7. Eduardo Baldu
    21 agosto, 2022 a las 10:15

    Sobre la filosofía de Tomas de Aquino: efectivamente destaca por sus supuestas pruebas de la existencia de dios, pero no me cabe duda que en la época hubo pensadores que también destacaron por lo contrario, pero que ni siquiera han pasado a la historia (Si en la antigüedad griega ya hubo planeamientos basados en el ateísmo y esos escritos se conservaron, es inevitable suponer que tales razonamientos tuvieran su eco en los siglos posteriores, incluido el XIII) porque el modelo represivo y censurador de la Iglesia lo impidió. Es por eso que digo que está sobrevalorado, máxime si tenemos en cuenta que es el vocero oficial de la Iglesia Católica.
    Por otra parte, incluso aceptando que sus argumentos fueran válidos (En realidad no lo son, ni lo eran en su tiempo puesto que no aporta ningún argumento para justificar los hechos que da por ciertos y probados. Hoy sabemos que sí puede aparecer materia/energía de la nada –aunque sea por un muy corto periodo de tiempo-, por el principio de indeterminación de Heisenberg, o por la comprobación del efecto Casimir, realizada en laboratorio), después se produce un claro salto de pura fe: Un argumento que “probara” la existencia de una deidad, no nos diría nada sobre la misma ¿Cómo llega a la conclusión que esa deidad se corresponde al dios cristiano y no al egipcio Ra?

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  8. Far Voyager
    21 agosto, 2022 a las 18:45

    También hay que tener en cuenta que hoy muchos de esos argumentos cómo la apuesta de Pascal, al menos en algunos círculos, existen o fueron creados no para convertir a alguien sino para reafirmar la fe de los creyentes, por mucho que a veces oyendo a esa gente la sangre hierva y uno desee echárselos a la cara para decirles unas cosas.

    Dudar de la veracidad de la Biblia o pensar que por ejemplo a lo mejor los sumerios tuvieron razón y esa gente va a acabar en Irkalla comiendo polvo en vez de en dónde se esperan ni está ni se espera en ellos, salvo para mofarse de esas ideas con justificaciones bíblicas. Al final los límites con una secta son mucho más de carecer de recursos para aislarse del mundo que otra cosa.

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  9. Eduardo Baldu
    22 agosto, 2022 a las 10:42

    De hecho la diferencia entre secta y religión radica en que la creencia forme parte o no de los paradigmas imperantes en una sociedad. Los cristianismos de los primeros siglos (Digo cristianismos, en plural, porque las tendencias cristianas existentes en esos siglos eran variadas y enfrentadas entre ellas. Solo la elección política del emperador Constantino, por intereses espurios, de una de ellas, la convirtió en dominante) no eran más que sectas puras y duras. La conversión de una de ellas (como ya se ha dicho antes) en religión dominante del imperio es lo que transforma la secta en religión, pero los fundamentos no cambian.

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  10. Far Voyager
    23 agosto, 2022 a las 0:08

    No sé si fue aquí dónde se mencionó eso, que las luchas entre las muchas sectas cristianas primigenias trajo más muertos aún que la persecución de los romanos y que cuándo se publicaron esos resultados a la Iglesia Católica no le gustaron mucho. Lo que uno se encuentra leyendo «La Edad de la Penumbra» además no es mucho mejor en ese sentido y hace al cristianismo -para el caso- más odioso aún de lo que ya es, ayudando a explicar qué opinión tenían los autores paganos de entonces de él.

    Si descubrir ya no tragando eso que lo de los cristianos primigenios viviendo en armonía y que Constantino y la Iglesia Católica lo estropearon todo -cosa que siguen creyendo algunos fundamentalistas evangélicos hoy, que dicen buscar y practicar el cristianismo primitivo- es una mentira más, prefiero no saber cómo deben de ser las cosas para esos que se han deconvertido después de pasar toda su vida en ese entorno. Y luego están los modernos, que dicen que la Biblia la has de leer con el corazón y no la mente o que hay que dejar de lado el racionalismo para hacer las cosas sabiendo que estamos en los Tiempos Finales, la sangre del cordero les baña, y hay que hacer así para convertir a cuánta más gente mejor antes de que la cólera de Dios se manifieste (preferiría ver a los dioses paganos uniéndose y aplastándole a Él, a Jesús, y a todos los ángeles. Al menos tendríamos un buen espectáculo viendo a por ejemplo Atenea o a Morrigan, la celta, enfrentándose al arcángel Miguel y derrotándole). O que la gente se vuelve atea por obra del Diablo o que toda España oirá la palabra de Dios lo quiera o no.

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  11. Eduardo Baldu
    23 agosto, 2022 a las 12:49

    Para tener una visión clara de las falacias del cristianismo (desde sus orígenes) no hay como leer “Historia criminal del cristianismo” de Karlheinz Deschner, historiador alemán que tuvo que sufrir el acoso de la Iglesia Católica por su trabajo, pero al que una sentencia que reconocía la validez de sus afirmaciones, destacó como historiador experto en el cristianismo. Difícil de encontrar es su obra en castellano (Y además incompleta). La editorial que publicó la misma fue Martínez Roca, adquirida por el Grupo Planeta en 1992, que conserva los derechos sobre dicha obra. Dicen las malas lenguas que su fundador y propietario, José Manuel Lara, era bastante meapilas y que, al tener la oportunidad de controlar la edición de esta obra, tomó la decisión de actuar como un censor e impedir su publicación.

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