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Dejemos que los niños se caigan de los balcones y sean atropellados por bicicletas, que así se harán más fuertes


¿Por qué somos tan protectores con los niños? Como padre prefiero ver a mi hijo ser atropellado por una bicicleta o un patinete (que total, con las nuevas leyes de tráfico van muy despacio) o caerse de la terraza de un primer piso (que tampoco es tanta altura) porque en realidad los menores son muy flexibles, sus organismos están en crecimiento, se recuperan rápidamente y casi siempre sobreviven sin ninguna complicación posterior a los golpes, magulladuras o fracturas varias.

Además, al darles «libertad» desarrollan más rápidamente su sentido de la responsabilidad y aprenden (aunque sea a base de ensayo y error) que es mejor no encaramarse al alfeizar de la ventana o que hay que mirar a ambos lados de la calle antes de cruzar por el paso de peatones. Porque es así como el ser humano ha aprendido en los últimos milenios, desde que vivimos agrupados en pueblos y ciudades. No tengo miedo de que mis hijos sufran un accidente. Hay razones por las que los niños sufren accidentes. Sufrir accidentes no es algo malo.

Imagino ahora mismo a los lectores dudando entre la perplejidad y la indignación ante tamaña ignorante prepotencia. Seguro que algunos considerarían incluso poner en conocimiento de los servicios sociales y las autoridades competentes la actitud negligente (muy próxima al abandono o al maltrato infantil) de un padre que se comportara de esta manera con sus inocentes vástagos.

Pues indígnense de verdad, porque en realidad en el mundo no escasean tan irresponsables progenitores, como una tal Jennifer Margulis madre de 4 hijos que en el documental “The vaccine war” declaró

¿Por qué les damos tantas vacunas a los niños? Reciben cuatro veces la cantidad de vacunas que yo recibí cuando era niña y crecía en los años 70. Como madre, preferiría ver a mi hijo contraer una enfermedad natural y hacerlo de la forma en que se han contraído las enfermedades durante al menos 200.000 años desde que ha existido el homo sapiens. No tengo miedo de que a mis hijos les dé varicela. Hay razones por las que los niños enferman. Enfermar no es algo malo.

Y no se crean que Margulis es una destripaterrones analfabeta, sino que esta señora es miembro sénior del Instituto Schuster de Periodismo de Investigación de la Universidad de Brandeis, centro educativo que se encuentra entre los 40-50 mejores de los EEUU y está ubicado a las afueras de la más que universitaria ciudad de Boston y no en un lugar perdido de la mano de dios del tristemente famoso cinturón de la Biblia estadounidense. Pero esta «cultivada» señora parece incapaz de comprender que desde los años 70 miles de investigadores se han dejado la piel para desarrollar vacunas contra bastantes patógenos que en su infancia mataban a millones de niños. Pero así es la prepotente ignorancia de los estúpidos analfabetos en Ciencia.

Pero lo más curioso es que el Instituto Schuster, ese que le paga un sueldo a esta portento intelectual se se define en su propia página web como

El primer centro de periodismo de investigación del país con sede en una universidad, se inauguró en 2004 para ayudar a llenar el vacío en el periodismo de investigación y de interés público de alta calidad. Como uno de los pioneros en el nuevo periodismo sin fines de lucro, nuestros objetivos son investigar problemas sociales y políticos significativos y cuestiones de derechos humanos, y descubrir abusos de poder corporativos y gubernamentales. Fundado por la periodista de investigación y editora de larga trayectoria Florence Graves, el Instituto Schuster se encuentra entre un puñado de centros de información independientes en los Estados Unidos enfocados en temas locales, nacionales e internacionales, y el único cuyo enfoque central es la justicia social y los derechos humanos.

Pero lo que no parecen entender la Sra. Margulis y el Instituto Schuster es que hasta la invención de las vacunas miles de millones de niños (y adultos también) han muerto en los últimos 200.000 años por esos patógenos: viruela (vacuna desarrollada en 1796), ántrax (1881), cólera (1884), rabia (1885), tétanos y difteria (1890), peste (1897), tos ferina (1926), tuberculosis (1927), fiebre amarilla y tifus (1937), gripe (1945), poliomielitis (1952), encefalitis japonesa (1954), sarampión (1964), paperas (1967), rubeola (1970), varicela (1974), neumonía (1977), meningitis (1978), hepatitis B (1981), Haemophilus influenziae B (1985), hepatitis A (1992), enfermedad de Lyme (1998), virus del papiloma humano (2005), hepatitis C (2009), ébola (2015) y por supuesto COVID-19 (2020) para los que supuestamente “enfermar no es nada malo”.

Pero muy desgraciadamente esta «formadora» de periodistas de investigación ¡qué triste paradoja esa de pagar tropecientos mil dólares de matrícula universitaria para que te «enseñe» a diferenciar hechos comprobados de «fake news» semejante «profesional» del periodismo! no está sola en su analfabetismo científico, ya que algunos médicos como la doctora Allison Krug o el profesor de la Universidad de California Vinay Prasad opinan que

Estas medidas [las vacunas] se basan en la idea de que los niños estadounidenses deben estar protegidos de la exposición a la COVID-19. Sin embargo, lo que los niños realmente necesitan es volver a la normalidad. Y cuando se trata de enfermedades infecciosas, la normalidad significa un mundo en el que están expuestos de forma rutinaria a enfermedades virales y las superan. Para los niños, enfermar y recuperarse es parte de una vida natural y saludable.

Pero lo que parecen olvidar estos “doctores” es que para muchos niños (y adultos) la “normalidad” tras una peligrosa infección puede ser quedar con terribles secuelas o incluso la muerte, por lo que su frase debería acotarse de la siguiente manera para ser realmente cierta

enfermar y recuperarse [o no] es parte de una vida natural y [quizás si sobrevives] saludable

ya que no hay nada más “natural” que ver morir a tu hijo, cónyuge o familiar (como otros millones y millones a lo largo de la triste historia de la Humanidad) por un patógeno cuya vacuna cuesta unas pocas docenas de euros. En resumen, lo que están proponiendo estos «doctores» es que volvamos a esa no tan lejana época en donde la Naturaleza campaba a sus anchas entre los humanos, es decir pura y simple eugenesia darwiniana o explicado en román paladino “el sálvese quien pueda”, algo que haría muy felices a los fabricantes de ataúdes para niños como muy acertadamente indica el siempre brutalmente racionalista Dr. House:

Así que ya saben, si quieren que sus hijos crezcan “sanos y fuertes”, nada de “ayudas científicas” de ningún tipo que únicamente les debilitan, dejen actuar con total libertad a la siempre infatigable (pero también atroz) selección natural y así en un par de generaciones quizás tengamos superhombres (los que sobrevivan por supuesto) al estilo de los lacedemonios de la imagen de la entrada.

P.D:

Y de regalo el siempre genial Mick Jagger aportando su granito de arena frente a los idiotizados conspiranoicos antivacunas con su tema «Eazy Sleazy«. Les dejo con el fragmento de la canción en cuestión y al final del mismo la traducción al castellano.

Poniéndose la vacuna

Bill Gates está en mi torrente sanguíneo

Es control mental

La tierra es plana y fría

Nunca se calienta

El Ártico se ha convertido en fango

La segunda venida llega tarde

Y hay extraterrestres en el estado profundo

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  1. Eduardo Baldu
    29 agosto, 2022 a las 10:38

    El caso dela periodista es una evidencia de la subnormalidad profunda que podemos encontrar entre personas que practican actividades para las que, supuestamente, han recibido una formación de alto nivel. Lo que esto pone en cuestión es la eficacia de instituciones como las universidades, que, pese a estar adornadas de una aureola de capacidad formativa y de centro de saber, dista mucho, en demasiados casos, de existir correspondencia real entre tal imagen y la realidad.
    Por lo que a los médicos se refiere, creo que al expresar tales opiniones, demuestran una capacidad nula para ejercer su profesión. Deberían serles retirados los títulos, y prohibírseles el ejercicio de la medicina. Si no han entendido algo tan básico como que la vacuna replica, de forma controlada y segura, el mismo proceso por el que el padecer una determinada enfermedad, si sobrevives a ella, te otorga una capacidad de respuesta a la misma (defensas) ante un futuro contagio (Estamos por tanto aprovechando el recurso natural de nuestro propio cuerpo para generar defensas frente a gérmenes contagiosos. Estamos replicando un proceso natural), cabe poner en serias dudas todo el resto de lo que se supone han aprendido en la carrera de medicina, y por tanto, como acto de pura prevención ante posibles actuaciones nefastas, convendría apartarlos de la actividad médica.

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  2. Luis SANCHEZ
    2 septiembre, 2022 a las 23:19

    Lo cierto es que cuando una persona, con conocimientos sobre un tema (porque han tenido que estudiarlos para obtener un título) niega ciertos principios básicos de lo estudiado, si no presenta evidencias claras y contundentes, que sus pares deberán validar, está dando a entender a todo el mundo que su ideología o creencias pueden a sus conocimientos. La famosa disonancia cognitiva.

    No son ignorantes, son DESHONESTOS. La mejor manera de encarar esto, sobre todo en este tipo de casos, es legislar para que estas personas no se vean sometidas a ciertos imperativos legales, pero al mismo tiempo proteger a la Sociedad de sus decisiones, proteger a sus hijos, con la custodia, la vacunación obligatoria si van a vivir en esta sociedad, pues ellos no tienen la culpa de tener unos padres idiotas. Su posicionamiento fuera de los servicios de sanidad social sería el paso siguiente, al que podrían volver cuando quisieran, pero aceptando sus normas.

    Así no habría problemas, harían lo que quisieran, pero no podrían dañar a los demás. Supongo que en unas pocas generaciones no quedaría casi nadie en dichos grupos autoexcluidos, las muertes prematuras y otras barbaridades que les ocurrirían, les dejaría claro el camino. Hay gente que necesita esto, lo malo es que pasan 2 generaciones y la gente, como no lo ve, se le olvida y de nuevo al negacionismo…

    Que le vamos a hacer. No parece haber otra salida, excepto obligarles, y eso está alejado de mi ética y de la de la mayoría.

    Salu2

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