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La Medicina Tradicional China no funciona ni en China


La Medicina Tradicional China lleva supuestamente milenios “curando” todo tipo de enfermedades y desde que el Gran Timonel decidiera promover su uso frente a la medicina científica, engañando de paso al presidente de los EEUU en su momento, Richard Nixon, como a un chino (nunca mejor dicho) con un teatrillo a base de agujitas durante su visita oficial al país asiático, su uso se popularizó en Occidente. Sin embargo, a pesar de toda la falaz propaganda sobre su efectividad, la reciente pandemia coronaviral ha demostrado que a la hora de la verdad esos pícaros comunistas chinos (los mismos que llevan estafando a incautos occidentales desde hace ya más de medio siglo) olvidaron rápidamente todo ese “saber” milenario y optaron (muy racionalmente por cierto) por la denostada medicina científica.

La Medicina Tradicional China es el conjunto de prácticas pseudomédicas basado en la esotérica creencia de que una supuesta energía cósmico-vital llamada «chi» (totalmente opaca a cualquier tipo de moderno sistema de detección por cierto) y que se afecta por las fuerzas opuestas del yin y el yang (que tampoco nadie ha sido capaz de detectar) recorre el cuerpo de la persona y puede “equilibrarse” mediante pases mágicos manuales, pinchazos de agujitas, produciendo hemorragias cutáneas o tomando los más diversos (y muchas veces respulsivos) mejunjes a base de triturar todo tipo de plantas y/o órganos de animales que se encuentren al alcance de estos chamanes precientíficos, lo que está acelerando la extinción de muchos bellos animales.

Según sus adeptos, todas las enfermedades conocidas y muchas desconocidas (inventadas) para la moderna anatomía y fisiología humanas pueden ser “curadas” por uno o varios remedios de esta superchería de tiempos remotos, pero por supuesto no pidan pruebas o datos, que eso solo es válido para esos incrédulos racionalistas adoradores de esa extraña cosa llamada Ciencia.

Cuando la ya tristemente famosa epidemia de COVID-19 se desató en China, los “expertos” de las más diversas ramas de esta “medicina” se pusieron a disposición del gobierno para combatir al mortal virus con el mismo arsenal «terapéutico» con el que llevaban «curando» desde hace siglos cualquier otra afección respiratoria o infección pulmonar que un oriental pudiera desarrollar, porque de lo que se trata en realidad es de equilibrar la fuerza mágica por yedi con ojos rasgados y no de perder el tiempo estudiando patógenos y demás zarandajas científicas.

Sin embargo, en este punto del año 2020 ocurrió un hecho más que relevante. En esos momentos de zozobra, en donde los muertos se contaban a miles y las ciudades chinas se convirtieron en las primeras del mundo en ser confinadas con estrictos toques de queda, el gobierno comunista chino, ese mismo que llevaba vendiendo durante décadas dentro y fuera de sus fronteras las virtudes de su milenaria medicina actuó de una manera sorprendentemente antipatriótica: empezó a instalar a marchas forzadas hospitales de campaña, militarizó al personal sanitario científico, contrató nuevos médicos y enfermeros, distribuyó mascarillas y ordenó la fabricación en masa de respiradores, medidas todas ellas que indicaban que habían sido seducidos y engañados por esa extraña «teoría» extranjera de que la causa de la epidemia era debida a una cosa llamada infección viral. Decisión gubernamental del todo inexplicable, puesto que ellos debían saber (tras esas largas décadas de publicidad y apoyo a su medicina aborigen) que la pandemia era debida a un simple desarreglo del chi de sus ciudadanos y que con los adecuados pases reikianos, acompañados de un par de sesiones en las que al paciente se le clavan agujitas y se le producen feos hematomas epidérmicos, junto con media docena de pócimas resultado de la maceración de flores de loto del Himalaya con extracto de vesícula biliar de oso, mientras se recitan las frases adecuadas y el sándalo esparce su fragancia por el recinto los súbditos del nuevo imperio rojo quedarían a salvo del mal y volverían a ser felices y comer perdices como reza el viejo cuento popular.

Es más, en un alarde de antipatriotismo médico supremo, el gobierno chino ordenó a sus empresas farmacéuticas el desarrollo acelerado de vacunas contra el SARS-CoV-2,  la primera de las cuales fue aprobada en fase de emergencia en septiembre de 2020 y rápidamente se construyó en las afueras de Pekín una fabrica de 20.000 m2 para la producción masiva del producto.

Así que en resumen, que no nos vengan con cuentos chinos si ni siquiera ellos han tenido ¡MENOS MAL! los redaños de encomendarse a su milenaria «sabiduría» en esos momentos en donde podrían haber demostrado al mundo, de manera concluyente e inequívoca, la superioridad de su «medicina» patria.

P.D:

Y de regalo un video en donde el Dr. Steve Nombela de la Universidad de Yale desvela el timo chino de la acupuntura:

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  1. Trabjer
    11 septiembre, 2022 a las 13:28

    Pues nuestra reina Leticia anda diciendo públicamente por la tele que está a favor de los tratamientos alternativos en oncología. En fín.

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  2. 11 septiembre, 2022 a las 17:44

    Sí, otra a la que se le ha subido la sangre azul a la cabeza y otro caso más del peligro que tienen las testas coronadas. Pero es evidente que cuando se encumbra a alguien por motivos de alcoba, sea está el sitio donde se nace o se fornica como es este caso, estos tipej@s acaban creyéndose los reyes del mambo, nunca mejor dicho.

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  3. Odiseo
    15 septiembre, 2022 a las 20:53

    «La Medicina Tradicional China es el conjunto de prácticas pseudomédicas basado en la esotérica creencia de que una supuesta energía cósmico-vital llamada «chi» (totalmente opaca a cualquier tipo de moderno sistema de detección por cierto) y que se afecta por las fuerzas opuestas del yin y el yang (que tampoco nadie ha sido capaz de detectar) recorre el cuerpo de la persona»

    Me da la sensación de que los antiguos chinos intuyeron hace siglos la existencia del sistema nervioso en el cuerpo humano, de ahí los «canales del chi». Pero no pudieron avanzar nada debido a la carencia de medios y se quedaron en la superchería. Aquí tuvimos a Ramón y Cajal, que identificó la verdadera naturaleza de esos supuestos «canales de chi» y dio origen a la neurociencia. Pero los chinos no han querido enterarse.

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  4. Jero
    17 septiembre, 2022 a las 19:23

    Recuerdo que en Magonia, en que se debatía este tema, uno de los autodenominados escépticos comentó: cuando llegó al poder el partido comunista prohibió la medicina tradicional china, pero como adolecían de un sistema de salud apropiado para poder cuidar de su población la gente empezó a enfermar y morir, por lo que tuvieron que echar marcha atrás y dejar de perseguir y prohibir esa medicina.

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