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Premio Nobel al oscuro pasado sexual de los humanos


Para que luego digan que la Ciencia es aburrida. El reciente Premio Nobel concedido al investigador Svante Pääbo ha venido a derruir de manera ya definitiva esa supuesta exclusividad humana, a la que tan errónea como infantilmente lleva apegado el ser humano desde sus más lejanos orígenes al descubrir los más inconfesables secretos de alcoba de la Humanidad.

En la larga búsqueda del conocimiento ha habido tres grandes momentos en la historia del pensamiento científico moderno. Primero, aunque la idea de que la Tierra gira alrededor del Sol fue propuesta en el ya lejano siglo III AEC por Aristarco de Samos, hubo que esperar al siglo XVI, cuando​ la publicación del libro «De Revolutionibus Orbium Coelestium» del matemático y astrónomo Nicolás Copérnico presentó un modelo matemático completamente predictivo de un sistema heliocéntrico, iniciándose así la ya famosa «revolución copernicana». Este hecho junto con la idea de que el Sol no era el centro del universo sino una más entre innumerables estrellas, algo defendido vehementemente por Giordano Bruno, cristalizó en el primer desafío a la vieja cosmovisión teológica, desbancando a los humanos de una centralidad en el Universo que nunca recuperamos.

Después, a mediados del siglo XIX Charles Darwin y Alfred Russel Wallace sentaron las bases del evolucionismo moderno, convirtiendo al supuesto culmen de la Creación en una más de decenas (o cientos) de millones de especies que pueblan o poblaron la faz de la Tierra a los largo de los eones, sin ninguna relevancia especial para una especie que lleva menos de un suspiro cósmico representando su papel en el inmenso y casi intemporal teatro de la vida.

Y ahora, en la actualidad hemos sido testigos presenciales de quizás el último acto que pone fin a esa vieja e infantil idea de que los seres humanos actuales somos algo único y especial.  Svante Pääbo ha sido galardonado con el Premio Nobel por ser el principal impulsor de la  paleogenética (sobre todo en lo referente a la evolución humana) demostrando que los humanos, lejos de permanecer «puros» hemos tenido una complicada historia de alcoba con nuestros primos neandertales y denisovanos, así como con una cuarta especie humana de la que por no tener nada no tenemos ni un mísero hueso, aunque su rastro genético se puede rastrear en el ADN fósil, tal y como se muestra en la siguiente figura

Finalmente en un claro caso de justa ironía científica, todos estos estudios ahora premiados con el máximo galardón científico han demostrado que, lejos de lo que llevan imponiendo durante siglos supremacistas, racistas y demás defensores de la pureza y la prevalencia de la «raza aria», los supuestamente «superiores» europeos (los individuos de tez más blanca y además elegidos por la deidad judeocristiana como pináculo de la creación) somos de los humanos más que mestizos, resultado misceláneo de cruces entre tatarabuelos sapiens con neandertales y al paso que vamos ¡vaya usted a saber!

Y además resulta que al final, la Ciencia está demostrando que son los tan denostados habitantes del África negra los ejemplos más evidentes de la «pureza» de la especie humana, con los sencillos bosquimanos a la cabeza, mientras que los demás tenemos mucho que esconder de nuestros problemáticos árboles genealógicos.

P.D:

Y de regalo un video sobre los humildes, aunque a la larga más que poderosos inicios del racionalismo científico en la Grecia clásica. Un largo camino que ha merecido (y mucho) la pena.

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  1. Jota
    4 octubre, 2022 a las 15:55

    El que hoy en día este hablando de supremacía blanca, como el mismo que habla de hacer leyes de equidad de genero, son racistas. Las leyes deben ser para las personas y no favorecer a un genero sobre el otro, porque ayudar a alguien que no tiene el conocimiento o la capacidad para hacer algo solo porque es de un genero, no debe ser, es contra producente.

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  2. 4 octubre, 2022 a las 17:55

    Jota

    Tu comentario es cierto en parte y profundamente erróneo, ofensivo y hasta casi delictivo diría yo en otra parte. Me explico.

    La lucha contra la imposición de la «mayoría natural» cuando esta discrimina y humilla a las minorías está bien. Pero el ser «equidistante» poniendo al mismo nivel al racista o la persona que defiende los derechos de las minorías, sean estas negros, mujeres, colectivo LGT…, etc., es simplemente (te informo, ya que te veo un poco confundido) tomar partido por los opresores.

    La inclusión social y el ayudar a que los marginados, los perseguidos, los olvidados, etc. puedan en algún momento llegar a ejercer sus derechos al mismo nivel de libertad que los privilegiados de siempre debería ser el objetivo de cualquier persona que se considere mínimamente ética, que no religiosa, que ya sabemos por dónde van los tiros de la irracional superstición. Y por tanto, «consideraciones» como la tuya deberían hacer reflexionar a quienes las hacen sin pensar en lo que al final significa su más que indefendible «neutralidad».

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  3. Eduardo Baldu
    4 octubre, 2022 a las 23:23

    Jota, leo tus frases, y alucino en colorines. ¿Hacer leyes de equidad de género es racista? Es decir, según tu no debe existir equidad en las leyes, en relación al sexo, para que las leyes sean justas, por tanto defiendes que las leyes prioricen un sexo sobre otro. Las leyes deben garantizar los derechos de las personas, y esos derechos deben ser iguales con independencia de sexo, color de piel u orientación sexual. Racismo es priorizar (por tanto dar más derechos) en función de cumplir el canon de ser hombre, blanco y heterosexual, que es el canon que ha imperado durante siglos y siglos. Y mientras existan sectores de la sociedad que defiendan la actitud contraria, las leyes deberán actuar como medio compensador para evitar tal discriminación. Lo ideal sería que no hiciera falta la existencia de leyes compensatorias, pero para eso es necesario que la mentalidad retrógrada y fascistoide existente desaparezca.

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