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A nuestro cerebro no le gustan las matemáticas, aunque ello nos cueste el matrimonio y hasta la vida


Multitud de estudios en el campo de la psicología han demostrado que nuestro cerebro no procesa la información de forma neutral (ni mucho menos racionalmente) sino que, por los siempre inflexibles designios de la selección natural, estamos condicionados a dar siempre mucha más importancia a una señal de peligro frente a lo positivo, lo que conlleva importantes implicaciones tanto en las relaciones personales como incluso en nuestra salud y esperanza de vida.

Aunque nos hemos autodenominado pomposamente como sapiens, es evidente que este calificativo nos viene casi siempre demasiado grande, puesto que nuestro comportamiento está regulado en primerísima instancia por esos mecanismos evolutivos que tenemos grabados en la piedra de nuestro ADN y de nuestros desarrollos neuronal y psicológico. Y a la hora de procesar la información nuestro cerebro tiene claro que es mejor pasarse de precavido con este clásico razonamiento intuitivo de que:

«quizás ese ligero movimiento de las hojas del arbusto sea debido a la brisa, pero vamos a alejarnos por si acaso estoy equivocado y resulta ser un tigre»

que tan útil nos ha sido para llegar hasta donde estamos ahora.

Pero este ancestral comportamiento, idóneo en todo nuestro largo pasado precientífico (en donde el ser humano no disponía de herramientas racionales para ayudarle a tomar decisiones), en la actualidad no sólo es una rémora, sino que en determinados casos puede ser dañino y hasta letal para nosotros.

Supongamos que después de diversas pruebas médicas el especialista de su centro de salud le comunica a usted, estimado lector, que ha encontrado una enfermedad grave que debe ser tratada cuantos antes porque amenaza severamente su supervivencia. Su médico le informa que debe someterse a un procedimiento quirúrgico para solucionar este problema médico. El profesional le indica también que la operación tiene sus riesgos, pero que el 90% de los pacientes operados se mantienen vivos al menos 5 años después del tratamiento. ¿Qué harían ustedes?

Pues la mayoría de los participantes de un estudio en el que se planteó esta misma cuestión (exactamente el 56%) decidió seguir inteligentemente el criterio médico y asumir el pequeño riesgo de la operación que se les planteó. Sin embargo, los investigadores plantearon el mismo problema médico a otra mitad de los encuestados con una ligera variación, a estos individuos se les informó que tras la operación el 10% de los pacientes no llegaban a vivir esos significativos 5 años. Desde el punto de vista racional, la situación era totalmente idéntica a la pregunta del otro grupo pero sin embargo, el hecho de dar como información relevante esa mortalidad del 10% (y no la del 90% de supervivencia) hizo que ahora la mayoría de los pacientes (exactamente el 61%) rechazaran la intervención que les podría salvar la vida.

Y este resultado (y otros muchos similares) demuestran que ante cualquier señal de alarma los humanos tendemos a repetir el cobarde (pero útilmente ancestral) comportamiento de huída (cueste lo que cueste y signifique lo que signifique), aunque ahora con la ayuda de la poderosa Ciencia tengamos elementos de juicio rotundos para pararnos a reflexionar y elegir (inteligente y racionalmente) la opción más adecuada a nuestros intereses. Pero desgraciadamente parece ser una esperanza vana ya que estamos luchando contra millones de años de la poderosa selección natural, aún cuando en este caso esta elección no sea para nada adaptativa y por el contrario vaya en contra de la preservación de nuestros siempre «valiosos» genes, que es lo único que le importa a esta misma rácana selección natural.

Sin embargo, a nuestro cerebro no le importan nada las matemáticas más elementales y ni tampoco la más mínima lógica racionalista, porque seguimos siendo esclavos de ese poderoso tándem de genes, mente y comportamiento grupal. Y así, si nuestro hijo/vecino/cuñado/padre o compañero de trabajo nos cuenta esa siempre impactante anécdota de que algún conocido o de que alguien ha dicho en las redes sociales que nuestra enfermedad tiene una simple «cura» con agua azucarada, varios pases mágicos y los siempre terapéuticos zumos de frutas naturales ¿para qué narices vas tú a poner tu vida en riesgo encomendándote a esos siempre sospechosos médicos que ejercitan su profesión bajo los asépticos designios de la racionalista (y lo que es peor atea) medicina científica?

Y ya para terminar (y dejar así un poco de lado este tipo de trascendentales elecciones de vida o muerte y pasar a cuestiones más prosaicas) nuestra innata tendencia a dar siempre más importancia a lo negativo frente a lo positivo tiene también importantes implicaciones sociales en nuestra vida cotidiana porque, tal y como muy didácticamente indica en este breve video el Dr. John Gottman (profesor emérito de la Universidad de Washington y experto en el estudio científico de las relaciones sentimentales) en el día a día con nuestra pareja tenemos siempre el marcador en contra, ya que por cada error que cometamos deberemos «anotar» cinco puntos positivos consecutivos para mantenernos en el partido.

Así que ya saben ustedes: paciencia y a enmendar (en lo posible) los «errores» de esa tiránica selección natural, porque si no acabarán pagando las facturas, las vacaciones y el coche nuevo de su abogado matrimonial.

Y por supuesto esta «regla» del 5:1 también se aplica a sus relaciones con familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo y demás personas que nos rodean, por lo que quizás a partir de ahora deberíamos ser mucho más precavidos antes de enfrentarnos a nuestros semejantes, porque ya están avisados de que a partir de ahora sabemos que arreglar los platos rotos de nuestro entorno social nos va a costar muchísimo más que una simple disculpa.

P.D:

Y este conocimiento explica muy bien porque los políticos corruptos se mantienen décadas en el poder, porque el desfalco (aunque sea por valor de 10.000 millones de euros) del erario público es entendido por nuestra mente de primates sociales de la sabana africana como una única acción negativa que puede ser compensada por 3 apretones de manos, cuatro fotos con bebés, bailar un par de veces la conga o la canción del verano con los simpatizantes, 7 abrazos y media docena de besos. En total 22 acciones «positivas» en campaña electoral (adecuadamente amplificadas por los medios de [des]información que besan por donde pisa el insigne prócer de la patria) frente a tan solo «un único error», por lo que la ecuación psicológica se decanta más que de sobra a favor del mangante en cuestión, aunque su punible comportamiento signifique a la larga decenas de miles de muertos por los posteriores recortes al haber tenido que desmantelar la sanidad pública ¡pero para esas matemáticas nuestro cerebro de monos sin pelo no está para nada preparado!.

Entradas relacionadas:

  1. Eduardo Baldu
    17 octubre, 2022 a las 16:03

    Recuerdo haber leído (El hombre anumérico – John Allen Paulos), en uno de sus capítulos, como el presentador de un informativo, y ante la previsión de lluvia de un 50% para el sábado y un 50% para el domingo, llegaba a la conclusión que la previsión de lluvia para el fin de semana era del 100%, evidenciando un total desconocimiento matemático. También, en otro capítulo, exponía el autor que las matemáticas eran el único conocimiento (referido al estudio básico de los años de escolarización) sobre el que la gente se vanagloriaba de ser una total ignorante, incluidas personas con títulos universitarios.

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  2. Lili
    21 octubre, 2022 a las 11:22

    Retrasar la jubilación a los 74 años, «necesario» para restablecer el sistema de reparto español, según IESE.

    [link eliminado]

    También propone duplicar las contribuciones y reducir las pensiones a la mitad.

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  3. 21 octubre, 2022 a las 15:03

    Ya puestos es mejor retrasar hasta los 94 años, multiplicar por 10 las cotizaciones y recortar la pensiones en un 90%.

    Aunque lo ideal para los neoliberales del IESE y similares sería volver a legalizar los siervos de la gleba medievales o directamente la esclavitud.

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  4. Far Voyager
    21 octubre, 2022 a las 17:08

    Lili/Adán Bíblico (posiblemente al menos). Ten cuidado con lo que deseas. Lo puedes conseguir.

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  5. Karen S.
    22 octubre, 2022 a las 14:19

    Genial este artículo!!!!!

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  6. Eduardo Baldu
    22 octubre, 2022 a las 15:21

    IESE es una institución claramente defensora del modelo liberal, y con independencia de lo que demuestra la realidad, y la más simple lógica racional, se dedica a defender, a capa y espada, los absurdos planteamientos liberales, así que su credibilidad es totalmente nula.
    Ya sabemos que los defensores del liberalismo abogan por la desregularización y la total falta de intervención de los estamentos públicos en la economía. Que las consecuencias sean, para el conjunto de la sociedad, totalmente desastrosas, les trae sin el más mínimo cuidado. Su egoísmo, avaricia y total falta de empatía es más que evidente. Y puestos, una total falta de honestidad (Anteponer su ambición a las necesidades de las personas, lo demuestra de forma inequívoca. Su individualismo es vomitivo).
    Pero además son unos falsarios, porque tanto en la crisis de 2008, como en la de la pandemia, fueron los primeros en reclamar ayuda para las empresas (¿No están en contra de la intervención del Estado en la economía? ¿O es una oposición selectiva, según les convenga a ellos?
    Pero además son tontos. Su modelo económico social, que se basa en la progresiva acumulación de riqueza en manos de una minoría y el empobrecimiento de la mayoría, solo puede provocar más y más inestabilidad social. ¿O es que acaso creen que los sectores claramente perjudicados de la sociedad no van a acabar provocando estallidos sociales ante tales desequilibrios sociales? Un modelo social es tanto más estable cuantos más miembros de la sociedad que lo componen se siente integrado y protegido por él. Y no, no existe ninguna razón que convierte un determinado modelo económico social en intocable. El liberalismo es solo un modelo más de los varios posibles. Lo sabe el sector empresarial más listo (no necesariamente el más numeroso) que incluso defienden la institución de un salario social generalizado que impida la radicalización de los sectores más dañados por un reparto de la riqueza tan asimétrico como se está dando.
    Pero los liberales están totalmente ciegos ante tales problemas (Y no solo ante estos: Son totalmente incapaces de aportar soluciones a los problemas que se nos plantean debido al cambio climático o el agotamiento de materias primas). Así que si, llegado el día, grupos de ciudadanos, furiosos ante las consecuencias de tales prácticas, piden sus cabezas, que no pongan el grito en el cielo, que se lo han buscado con toda intencionalidad. Será deplorable, pero totalmente lógico y coherente con sus actos.
    Las falacias relativas al tema de las pensiones, que esgrimen los liberales, son la consecuencia de una visión dogmatizada a partir de unos principios que presentan como intocables, algo totalmente falso. En realidad no existe tal problema, lo que existe es un reparto irracional de la riqueza. La visión falaz del liberalismo es sobrevalorar la propiedad (la riqueza), como si esta apareciera de la nada, cuando es el resultado del trabajo (bienes generados por el mismo) o de la apropiación (las grandes propiedades de la tierra son el resultado de la apropiación, generalmente realizada y heredada de modelos sociales en los que esta se realizaba por la fuerza). No existe por tanto ningún argumento lógico que justifique la inamovilidad de la propiedad, y la supeditación de las necesidades de la sociedad al respeto a esa propiedad que limita el acceso a los recursos en beneficio de una minoría.

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