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Posts Tagged ‘biologia celular’

¿VIH o exosomas?

15 mayo, 2013 7 comentarios

Figura 0: Imágenes tomadas al microscopio electrónico de exosomas aislados de la orina (izquierda) y de viriones de VIH aislado de un cultivo celular (derecha)

Imágenes tomadas al microscopio electrónico de exosomas aislados de la orina (izquierda) y de viriones de VIH aislado de un cultivo celular (derecha)

¿Por qué llamo a este artículo VIH o exosomas? Porque es una de las preguntas que hay que hacerse cuando se observan al microscopio electrónico células que están produciendo vesículas y/o virus. Existen similitudes entre los exosomas, y otras vesículas, y algunos virus. ¿Podemos diferenciarlos? Hagamos un repaso a la literatura científica para contestar esa pregunta.

¿Qué son los exosomas?

Los exosomas son vesículas que miden entre 30 y 90 nm de diámetro que son secretadas por un amplio rango de células eucariotas (Figura 1). El contenido de los exosomas está formado por proteínas y moléculas de RNA y su función es la de modular la función celular, por ejemplo presentando antígenos a las células T. A su vez contribuyen a la dispersión de enfermedades infecciosas y a la supervivencia de patógenos (Li y col, 2012) ya que la vía de producción de exosomas puede ser utilizada por diversos virus para gemar (salida de la célula arrastrando parte de la membrana celular de la propia célula) o bacterias que lanzan así señales moleculares a las células vecinas. Algunos ejemplos de virus que emplean esta vía son los retrovirus, como los virus que producen inmunodeficiencias en humanos, primates o felinos (Pelchen-Matthews y col., 2004), picornavirus, que produce la hepatitis A (Feng y col., 2013) o el virus de Epstein-Barr que produce la mononucleosis (Raab-Taub, 2012), entre otros.
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La “inmortalidad” de las células madre del músculo

14 junio, 2012 4 comentarios

Autor imagen: Fabrice Chrétien

¿Qué pasan con las células de nuestro cuerpo cuando morimos? Claramente, después de la muerte se produce un desabastecimiento de nutrientes y de oxígeno debido a la parada de la circulación sanguínea. Ante esa situación lo más lógico es pensar que nuestras células morirán en un corto espacio de tiempo. ¿Todas? Recientes investigaciones han demostrado que hay al menos un grupo de células, que al igual que la aldea gala de Asterix, resiste estado letárgico durante un período superior a los 15 días.

El grupo de Frabrice Chrétien, del Instituto Pasteur de Paris, describe en el último número de la revista “Nature Communications” la extracción de células madre del músculo de una mujer de 97 años fallecida 17 días antes, y la recuperación de estas células en cultivo donde éstas se diferenciaron a fibras musculares. El mismo experimento fue repetido con células madre de músculo de ratas fallecidas 16 días antes, con resultados similares.

Parece ser que las células madre del músculo son capaces de alcanzar un estado similar a la letargia mediante la reducción drástica del número de mitocondrias, con lo que se inhabilita el consumo de nutrientes, la respiración y la oxidación. De hecho, se ha comprobado que un buen método de conservación de células consiste en mantener éstas en bajas tensiones de oxígeno a bajas temperaturas. Lo sorprende es que estas células madre fueron capaces de volver a su funcionamiento normal cuando se las colocó en condiciones óptimas de crecimiento, llegando a diferenciarse, cuando los factores adecuados estaban presentes.
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La reducible complejidad de las mitocondrias

25 septiembre, 2009 33 comentarios

Fotografía tomada al microscopio electrónico de una mitocondria

Fotografía tomada al microscopio electrónico de una mitocondria

Los defensores del Diseño Inteligente (DI) citan como evidencia de diseño la complejidad de los componentes celulares. Afirman que éstos no pueden haber evolucionado, en tanto en cuanto, no es posible reducirlo en piezas más pequeñas que tengan funcionalidad por ellas mismas. Por tanto, estos componentes son “irreduciblemente” complejos, por lo que forzosamente han debido de ser diseñados intencionadamente por un ente inteligente. Esta es la tesis propuesta por vez primera por Michael Behe en su obra “La caja negra de Darwin.

Sin embargo, desde que esa afirmación fue formulada se han presentado decenas de trabajos con ejemplos en los que la supuesta complejidad irreducible no existe, sino que se puede explicada en términos evolutivos. Entre esos ejemplos se encuentra la evolución del ojo, la del flagelo bacteriano o la del sistema de coagulación sanguínea. De hecho las evidencias en contra ocupan este volumen, tal y como le mostraron a Behe durante el juicio de Dover.
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