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Posts Tagged ‘relatividad’

E es igual a m por c al cuadrado

24 marzo, 2013 38 comentarios

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Bajo esta teoría, la masa ya no es una magnitud inalterable pero sí una magnitud dependiente de (y asimismo, idéntica con) la cantidad de energía.

— Albert Einstein

Allá por el año 1905, un oscuro examinador técnico de tercera categoría de la oficina de patentes de Berna en Suiza revolucionaría el mundo de la física con la publicación de cinco artículos en Annalen der Physik. De entre éstos hay dos: “Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento” (aquí hay una versión en pdf en inglés) y “¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido en energía?” (aqui hay una versión en pdf en inglés) que establecerían la base de la Teoría de la Relatividad Especial.

Naturalmente, ese oscuro funcionario era Albert Einstein y, en el marco de sus postulados teóricos, introdujo la que es, con total seguridad, la ecuación más conocida de la historia de la física: E = mc2. Esta ecuación, que representa la equivalencia entre masa y energía, es el elemento central alrededor del que va a girar este post. Naturalmente, la discusión la voy a hacer desde el punto de vista de un químico (no puedo renegar de mis orígenes) así que, con el perdón de los físicos, sacrificaremos precisión en aras de claridad (espero).

La famosa ecuación es muy sencilla pero el significado físico de las magnitudes involucradas es bastante más complejo. Muchos son capaces de recitar la ecuación de memoria pero son pocos los capaces de concretar qué es masa y qué es energía y esto ha permitido a pseudocientíficos y vende humos de distinto pelaje el llevar el agua a su molino.
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Categorías:Ciencia, Física Etiquetas: , , ,

Antonio Dobado: “La ciencia funciona de una forma acumulativa y una nueva teoría no invalida las anteriores sino que las amplia”

3 octubre, 2011 8 comentarios

Hace ahora una semana, hablábamos del importante anuncio realizado por científicos del CERN acerca de unos inesperados resultados en los que un haz de neutrinos parece haber superado la velocidad de la luz, una barrera infranqueable según nuestros actuales conocimientos de física. Para hablarnos de este experimento, sus posibles consecuencias y el funcionamiento de la ciencia ante los resultados que no encajan con el marco generalmente aceptado, traemos a la Ciencia y Sus Demonios al Dr. Antonio Dobado, Catedrático de Física Teórica de la Universidad Complutense de Madrid, donde realiza su labor de investigación en física de altas energías. Compaginando su actividad investigadora y docente, el Dr. Dobado ha sido secretario de la Real Sociedad Española de Física y responsable del plan nacional de Física y Ciencias del Espacio de la ANEP.

LCyD: ¿Podría describirnos, de la forma más sencilla posible, en que consistió el experimento realizado por los investigadores del CERN?

AD: En realidad se trata de un experimento conjunto entre el CERN y el LNGS (Laboratorio Nacional del Gran Sasso), que es un laboratorio subterráneo que se encuentra en los Apeninos a 730 km de distancia de Ginebra donde se encuentra el CERN. El experimento consiste en enviar desde el CERN un haz de neutrinos de un cierto tipo (muónicos)  en la dirección del detector de neutrinos OPERA,  que se encuentra en el LNGS. Aunque la finalidad inicial del experimento era el estudio de como estos neutrinos se transformarían en otro tipo de neutrinos (tauónicos) durante su viaje a través de la corteza terrestre entre ambos laboratorios, los dispositivos experimentales desarrollados han permitido también realizar una medición de la velocidad de los neutrinos con una precisión sin precedentes.

El sorprendente resultado es que aparentemente los neutrinos se estarían desplazando a una velocidad ligeramente superior a la velocidad de la luz en el vacío.

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Imágenes de la Ciencia y de la Naturaleza: los neutrinos que superan la velocidad de la luz

25 septiembre, 2011 92 comentarios

La hermosa fotografía que traemos hoy corresponde al detector de neutrinos Super-Kamiokande, situado a un kilómetro de profundidad en la mina de Moxumi, cerca de la ciudad de Hida, en Gizu, Japón. La utilizamos para ilustrar una noticia que ha corrido estos días como la pólvora (mejor dicho, como los propios neutrinos) por todo tipo de medios de comunicación: un equipo de físicos ha anunciado que los neutrinos pueden viajar más deprisa que la luz, algo inconcebible por la teoría de la relatividad.

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Cuánto sabemos, qué sabemos…

23 agosto, 2011 75 comentarios

Las limitaciones de la ciencia y del conocimiento científico son un tema recurrente en el que cualquier alternativo o magufo de pro suele entrar con facilidad. “La ciencia no lo sabe todo”, proclaman, como si se tratara de una descalificación, cuando precisamente esta es una de las características que cualquier persona con cultura científica tiene clara en todo momento. El paso siguiente suele consistir en que esa falta de conocimiento absoluto permite pensar en un unicornio rosa rigiendo nuestros destinos desde una realidad alternativa e indetectable. “Tampoco creían a Galileo”, afirman elocuentemente.

Pero tal argumento no solamente es una falacia, sino que transmite la falsa impresión de que los científicos pretenden saberlo todo, negando insistente y fanáticamente aquello que desconocen.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La ciencia no tiene respuestas para todo, efectivamente. Además, pocos científicos piensan que alguna vez lleguemos a alcanzar el conocimiento completo. Es más, posiblemente nuestro conocimiento de la realidad sólo nos esté dando una imagen muy parcial y distorsionada de la misma. Puede ser que simplemente estemos interpretando torpemente un universo que no comprendemos y que jamás lleguemos a comprender debido a nuestras limitaciones, tanto cognitivas como de capacidad de observación.

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La religión de Albert Einstein

6 abril, 2011 30 comentarios


El argumento de autoridad es aquel que emplea a algún personaje ilustre de nuestra historia para dar peso a un argumento. De esta forma, en determinados círculos cristianos se crea la figura del Einstein creyente en un dios personal para concluir diciendo:”¿cómo eres escéptico si hasta alguien tan inteligente como Einstein era creyente?”. Estamos más que acostumbrados a las estrategias de los creacionistas y fundamentalistas religiosos cuando hacen proselitismo religioso, en las que cualquier argucia es válida para ganar nuevas “almas” a su causa.

En este caso (como en muchos otros) están equivocados. Einstein no creía en un dios personal sino que tenia una idea muy particular del sentimiento religioso, que podría aproximarlo a lo que se conoce como panteísmo, en el que la propia Naturaleza sería objeto de devoción. Para darse cuenta de ello sólo hay que repasar los escritos que este genio de la física dejó:
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Velocidad Máxima – George Gamow

10 septiembre, 2009 16 comentarios

Velocidad MáximaAl señor Tompkins le gustaban sus sueños; por eso esperó ansiosamente la conferencia de la semana siguiente, que le daría material para sus aventuras nocturnas. Quedó muy desilusionado, pues, al averiguar que la plática sobre la teoría cuántica había sido la última, y que no se dictarían más en el resto del año. Algo se consoló, sin embargo, cuando logró agenciarse un manuscrito de la primera, a la que no había podido asistir.

Aquella mañana, el vestíbulo del banco estaba casi vacío, de modo que el señor Tompkins, oculto tras su ventanilla, abrió el apretado manuscrito y trató de avanzar por la maraña impenetrable de fórmulas y complicadas figuras geométricas con las que el profesor intentaba explicar a sus discípulos la teoría de la relatividad. Pero sólo pudo comprender el hecho clave en torno al cual giraba la conferencia entera, a saber: que existe una velocidad máxima, la de la luz, que ningún cuerpo material puede rebasar, y que de ello se desprenden consecuencias de lo más inesperadas y extraordinarias. Se afirmaba, sin embargo, que, como la velocidad de la luz es de 300.000 kilómetros por segundo, los efectos relativistas son casi imposibles de discernir en la vida ordinaria. Pero lo más difícil de entender era la naturaleza de tan extraños efectos, y el señor Tompkins tuvo la impresión de que todo aquello contradecía el sentido común. Mientras trataba de imaginar la contracción de las varas de medir y el comportamiento anómalo de los relojes –efectos que eran de esperar a velocidades próximas a la de la luz-, su cabeza se fue inclinando pesadamente sobre el manuscrito abierto.

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