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Posts Tagged ‘transicionales’

Endosimbiosis (4): unidos por las Tinieblas

24 octubre, 2013 8 comentarios

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In Science we trust

 

La luz y los compuestos químicos libres en el medio nutren a las plantas. Las plantas alimentan a los herbívoros. Los herbívoros alimentan a los carnívoros. Unos carnívoros alimentan a otros carnívoros, los cuáles alimentan a otros carnívoros… Plantas, herbívoros y carnívoros al morir son fuente de alimento para carroñeros y descomponedores. Estos alimentan a su vez a otros seres que cazan carroñeros y descomponedores. Cuando estos mueran, se convertirán en alimento para sus antiguas presas.

En definitiva, toda una red sustentada únicamente por la luz… Sin embargo, también hay toda una red de vida sumida en las más absolutas y completas tinieblas. Un lugar tan negro e inquietante, un lugar tan inhóspito y peligroso… que hasta el Señor Oscuro Sauron se lo pensaría un par de veces antes de entrar…

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Es bien conocido que la vida sobre el planeta depende de la luz solar. Esta luz, energía radiante procedente de las reacciones nucleares que tienen lugar en el seno de nuestro glorioso dios Ra, es convertida por plantas y algas en energía química. Esta energía química será empleada a su vez por estas mismas plantas para convertir diversos compuestos inorgánicos en moléculas orgánicas. De ese modo plantas y algas se mantienen a sí mismas. Y de ese modo soportan a toda una larga cadena alimentaria, desde la brizna de hierba hasta la hiena y el león, desde la microscópica microalga hasta la colosal rorcual azul, pasando por la humilde gambita de krill.

Por ello los científicos hasta mediados del siglo XX creían que era extremadamente improbable (sino imposible) que pudiera existir abundancia de vida compleja (es decir, animales) en un mundo sumido en total ausencia de luz. Después de todo, es la luz en última instancia lo que mantiene las redes tróficas de continentes, mares y océanos. Sin embargo, el acceso a la luz está muy limitado en los mares y océanos. Desde menos de un metro en aguas extremadamente turbias hasta un máximo de 200 metros en aguas extremadamente limpias, ese es el límite de profundidad en el cuál la luz mantiene suficiente energía como para permitir la fotosíntesis. Esta zona, donde las algas pueden crecer, es llamada la zona fótica y es la que mantiene todas las comunidades de peces y ecosistemas que nosotros, de forma directa o indirecta, aprovechamos.

Sin embargo, más allá de los 200 metros la luz pierde poder y la fotosíntesis no es posible. En los 500 metros de profundidad reina la profunda oscuridad. Más allá de los 700 metros sería muy raro encontrar algún casual fotón perdido en la inmensidades del océano. Más allá de los 1000 metros penetramos en un submundo negro, frío, de elevadas presiones y donde sobrevivir es todo un reto; es un lugar donde las probabilidades de encontrar algo comestible (algún cadáver o partícula orgánica procedente de allá arriba) es extremadamente improbable.

A partir de los 3.000 metros entramos en la zona abisal, donde Mordor a su lado es un patio de juegos. Inmersa en el gélido corazón de las profundidades oceánicas, a priori la zona abisal es un lugar completamente hostil para la vida: no hay nada que comer, salvo algún resto ocasional que llega desde la zona fótica. Por ello, hasta mediados del siglo XX los científicos creían que la vida allí abajo sería principalmente microbiana y que de haber animales, estos serían sumamente raros y escasos, puesto que dependerían exclusivamente de las aleatorias e improbables migajas orgánicas que pudiesen llegar desde la zona fótica.

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Bienvenidos a las Tinieblas: el fondo abisal del Cañón Hudson (New Jersey, USA, océano Atlántico), a profundidades comprendidas entre los 4.000 y 6.000 metros, con algún bicho esporádico. Crédito: NOAA Ocean Explorer

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Érase una vez (3) las Aves (V). Registro fósil, destino: Transiciones evolutivas modernas

30 agosto, 2012 3 comentarios

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! Es… pues vaya, sí que era un pájaro, un gorrión casero sin ir más lejos. La confusión es lógica, puesto que principalmente son las aves los vertebrados más visibles de los cielos, especialmente durante el día, aunque las noches son compartidas con los murciélagos. Sin embargo ¿Cuál es el origen de las aves actuales? ¿Cuándo aparecieron? ¿Cómo evolucionaron? Esas son las preguntas que intentaremos responder en este nuevo capítulo de “Érase una vez…”, nuestra quinta parada en el mundo evolutivo de las aves. Este episodio está dedicado a explorar la evolución de las aves modernas, las Neornithes, durante esa época de la Tierra conocida como Terciario, cuando los mamíferos comenzaron su dominio sobre la Tierra.

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En el primer episodio de “Érase una vez (3) las Aves” presentamos rápidamente a este grupo animal, vimos los peligros que les acechan y cómo la evolución aún incide sobre estos animales; en el segundo episodio estudiamos qué huellas ha dejado la evolución sobre estos organismos, esas reliquias de una era pasada aún visibles hoy; a continuación, hicimos una tercera parada para ver qué aprendieron los científicos cuando analizaron genéticamente a las aves. Por fin, en el cuarto episodio emprendimos el sendero del registro fósil, nos cuestionamos cuando aparecieron las aves modernas y descubrimos la controversia que surgió entre la paleontología y la genética, antes de conocer aves monstruosas y patos infernales. En este episodio, ya la quinta entrega que dedicamos a nuestros sacos de plumas, veremos a los tatarabuelos de  algunas aves del siglo XXI.

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Érase una vez (2) los Proboscídeos: Elefantes y Mastodontes (y III)

7 junio, 2012 7 comentarios

En entradas anteriores (aquí y acá) dedicamos nuestro tiempo a explorar a grandes rasgos el orden Proboscidea, viendo de pasada algunas de sus características importantes, antes de centrarnos en su evolución echando mano del registro fósil. En aquellas entradas vimos los grupos de elefantes que han existido desde el Plioceno hasta nuestros días, para estudiar cómo han evolucionado en los últimos cinco millones de años y conocer su destino final. Vimos a los mamuts y mastodontes, conocimos grupos “exóticos” de elefantes como los deinoterios, estegodones y gonfoterios; y finalmente descubrimos los orígenes de nuestros elefantes modernos y sus versiones chiquitas de diversas islas. Pero… ¿Cuál es el origen de los proboscídeos como grupo? Ese será el objetivo de esta entrada.

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